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Amor en tiempo de Tormenta El Recreso de Elizabeth

Amor en tiempo de Tormenta El Recreso de Elizabeth

Autor: : Jacinto Jimenez
Género: Romance
Vicente Palacio y Elizabeth Jiménez son los protagonistas de una historia de traición y peligros, Elizabeth es secretaria de una respetada compañía allí conoce a Vicente un socio muy respetado por todos, después de un tiempo Vicente se encariña con Elizabeth y juntos empiezan una historia de amor y frenesí. Todo cambia cuando Elizabeth recibe un aumento y Vicente decide casarse con ella. Paola una famosa estafadora había puesto los ojos en Vicente de quien nadie sabía que él era el hijo de un multimillonario y heredero único de toda su fortuna, Paola y su cómplice Federico Villareal trazan un complicado plan para sacar del camino a Elizabeth acusándola falsamente y logran meterla en la cárcel y estando en la cárcel Paola se entera que ella estaba embarazada de Vicente, entonces planea robarle el bebe y lo hacerlo pasar como suyo, por lo que manda a robarle a su hija y después que la asesinen. Logrando su cometido de separar a Elizabeth de Vicente, el por su parte no cree en las pruebas en contra de Elizabeth y comienza su propia investigación, pero con lo que no contaba es que Paola lo droga en una fiesta de la compañía para así hacerle creer que estuvo con ella y que la dejó embarazada ese día. Paola como ve que Vicente no quería asumir sus responsabilidades va y habla con el padre y accionista mayoritario que era Alfonso palacio, él usa su autoridad paterna e interfiere con su deseo de buscar a su amada por lo que se ve obligado a prescindir de la persona a la que ama: Elizabeth Jiménez. Quince años después, el destino y una fortuita entrevista de negocios, irrumpen entre los dos. Ambos se quieren tanto como la primera vez, pero a veces el rencor y el odio pueden ser tan definitivos como la propia muerte. Una venganza de por medio. Secretos y mentiras quedarán al descubierto. ¿Serán suficientes quince años para olvidar todo y empezar de nuevo? O, de lo contrario, ¿hará que todo sea peor que antes?, ¿Elizabeth podrá recuperar a su hija y al amor de su vida?

Capítulo 1 Capitulo Uno

Cuando por fin logro despertarme me dolía la cabeza como después de una noche de fin de semana, tengo una resaca terrible, siento la otra parte de mi cama fría, lentamente deslizo mis manos buscando el cuerpo cálido de mi novio, pero solo encuentro la vasta y suave colcha que cubre el colchón, seguro que tenía que salir para ir a su casa a cambiarse, no podía ir con la misma ropa a la oficina.

Después de estirarme un rato y de disfrutar el recuerdo de lo que había sucedido en la noche anterior, las caricias, los abrazos, los besos por mi espalda hasta que llegaba a mi cuello, dirigiéndose después a morderme delicadamente mi oreja, nada más de recordar hacía que mi cuerpo vibrara de placer.

En mi entrepierna mi flujo se deslizaba sin parar, de solo acordarme cuando me dio vuelta y siguió con sus besos por todo mi cuello hasta mis pezones, esa sensación fue lo más maravilloso que sentía porque era la primera vez que estaba con alguien, ya que no quería cometer el error de equivocarme en una relación de adolescente.

Así que me conservé virgen para después de encontrar al hombre ideal, bueno o por lo menos alguien que me hiciera sentir muy especial como pasó con Vicente, aunque sé que no se ve bien que una empleada se mezcle con su jefe, pero no lo pude evitar, él es un ser tan maravilloso que pudo evadir todas mis artimañas que había utilizado durante mi juventud para mantener a los hombres a raya.

En eso suena un mensaje en mi celular, apoyándome en mi codo me levanto un poco; en mi dormitorio entraba la luz, así pude saber que ya estaba algo tarde levantándome rápidamente cojo el celular, como era de esperar mi novio me estaba recordando que no llegue tarde a la empresa y que me esperaba en la esquina donde quedaba una cafetería para comprar nuestro desayuno.

De un salto me levanto y salgo rápidamente al baño, duchándome y vistiéndome lo más rápidamente posible, quitando la sábana de mi cama, la eché al lavado mientras terminaba de arreglarme, tomo mi bolso y las llaves, salgo cerrando la puerta tras de mí.

Dirigiéndome hacia la parada estaba un taxista que tenía casi una hora esperándome por órdenes de mi jefe y novio, pasando a su lado, de pronto llamó mi atención:

–Disculpe ¿usted es Sara? –dijo el chofer.

–Si, ¿por qué?

–Su jefe me dijo que la esperara para llevarla a la oficina, él sabía que iba a salir tarde de su apartamento.

Mostrándome su identificación noto que trabajaba para la misma empresa que yo, acepté y él abriendo la puerta trasera me señala que subiera, al entrar encuentro que en el otro asiento había un muy elaborado regalo, era una cesta tejida contenía un peluche rodeado de muchas rosas blancas y rojas, también había muchos chocolates.

–Disculpe, ¿y eso? –pregunté asombrada.

–Eso es de usted señorita –contestó con una sonrisa muy amable.

Ruborizándome termino de entrar al coche, cuando el chofer sube se gira y por la ventanilla me entrega una tarjeta.

–Disculpe esto también es para usted me pidieron que se lo entregara en sus manos. –Volteándose, enciende el auto, poniéndonos en marcha hacia la oficina, la tarjeta era de mi jefe disculpándose por no darme mi regalo en persona, pero tenía que llegar temprano a su casa a recoger unos folios que necesitaba para la conferencia que se iba a dar ese día en la empresa.

Llegando a la oficina el chofer me ayuda a sacar mi regalo subiendo rápido las escaleras, le pido al portero que me haga el favor de abrir, él con mucho agrado me abre la puerta, ya en el vestíbulo me dirijo rápidamente al ascensor.

De pronto impacto con algo sólido, mi recién recibido regalo sale disparado hacia el techo desparramando todo su contenido en el suelo, por instinto retrocedí varios pasos todavía algo aturdida, cuando pude levantar la vista allí estaba parado, mi asombro se había transformado rápidamente en rabia.

–Acaso no puedes tener más cuidado –exclamé.

El imbécil con el que había chocado estaba siendo engreído y me miraba con ojos de desprecio.

–Aquí la única ciega eres tú, tu estupidez no tiene límites.

La furia recorrió todo mi ser.

–¿Qué te pasa?, aquí el único estúpido eres tú, ¿quién te crees? –respondí con ironía.

Él sonrió sarcásticamente, esa no era la reacción que yo esperaba.

–Si no estás ciega y tampoco eres estúpida, entonces chocaste conmigo porque eres una resbalosa y querías que yo te dirigiera mi total atención sin contar que querías tocar mi cuerpo.

¿En serio? Su arrogancia y su ego eran impresionantes.

–¿¡Qué!? Ni en mis peores pesadillas he pensado eso. –Se me salieron las palabras con rabia.

Él serio a todo pulmón que todos los empleados y aquellos clientes que se encontraban en la entrada de la empresa escucharon. Su sonrisa transmitía claramente la poca cosa que era yo para él en ese momento.

–Tú nunca serás mi tipo, cuatro ojos.

Es evidente su broma, yo usaba anteojos, su voz notaba claramente su desprecio hacia mí, su expresión era indudable delante de todos.

–Estúpido, es ¡estupendo!, porque tú si que jamás de los jamases serás de mi tipo –le reclamé ofendida.

Me miró de arriba abajo y en su rostro se notaba claramente el desprecio hacia mí.

¡Idiota! Pensé en gritarle, pero de mi boca no salió ni una sola palabra. Si me hubiera visto en un espejo me había dado cuenta de que mi cara estaba roja de rabia, sentía mis orejas hervir de ira.

–Eres una mocosa mal formada, pareces una tabla de surfear –continuaba él ofendiéndome de mil y una maneras posibles, hasta que no aguanté más.

–¡Basta de insultos! –tras una pausa continué diciéndole– no estoy tan delgada ni tan mocosa como dices tú... tartamudee al final para más vergüenza para mí, toda mi rabia se estaba transformando en complejo de inferioridad. Mi autoestima estaba en cero en ese momento.

Él haciendo una mueca levanta una ceja burlándose:

–Si tú lo dices.

Su sonrisa irónica hizo que me hirviera más la sangre y sin pensarlo levanté mi mano derecha y me acerqué con toda la intención de estampar una bofetada en su engreído rostro, pero él fue mucho más ágil que yo y sujetando mi mano en el aire me dijo:

–¡Ni se te ocurra insignificante escoria!, mi cara es sagrada, no ha nacido nadie que ose tocarme la cara y tú no serás la primera.

Su tono de agresividad me asustó, pero me mantuve firme y no le bajé la cara.

–Lo dudo mucho con lo arrogante, petulante, vanidoso y ridículo que eres, muchos de seguro se habrán visto en la necesidad de ponerte en tu lugar.

–De poder han intentado, pero de intentarlo a hacerlo..., lo dudo mucho.

El brillo de sus ojos maliciosos de seguro podría intimidar a cualquiera, pero yo me mantuve firme, no era la primera vez que nos enfrentamos ni sería la última. No cuando trabajábamos en la misma empresa.

–No tengo más tiempo para perder contigo niñita, apártate de mi camino.

Odiaba cada vez que esa palabra salía de su boca, "niñita", él tenía la facultad de que sonara como un insulto.

–Yo tengo una empresa que representar y dirigir, no tengo tiempo para jugar niñitas.

–Ya basta Federico suficiente. –Desde la segunda planta se hizo sentir una voz con mucha más severidad de la que transmitía el patán con quien yo peleaba, todos los que nos encontrábamos en la recepción de la oficina levantamos la mirada.

Para mi sorpresa era aquel ángel guardián que Dios había puesto en mi camino.

–Vicente ella fue la que se tropezó conmigo, tiene que disculparse de inmediato, mira me ensució mi traje –gruñó con mucha rabia.

–Mira Federico yo estaba observando todo desde mi oficina por las cámaras de seguridad y vi cómo pasó todo, tu pudisteis haberla esquivado si te hubiese dado la gana, chocaste con ella intencionalmente. –Vicente contestó muy sereno. Suéltala de inmediato.

–Ella intentó golpearme, ¿acaso no lo viste?, tiene que irse ahora de la empresa –refunfuñó Federico.

–Ella no irá para ningún lado y además vas a pagar por lo que dañaste.

–¡¿Qué?! Yo no pienso pagar nada.

–¿Quieres discutirlo con los de seguridad y la Junta Directiva que por cierto vienen llegando?

–¡¿Cómo?! –Exclamó Federico volteando hacia la entrada.

Ve que vienen entrando los miembros de la Junta Directiva que iban a tener una junta por un nuevo contrato.

La Junta Directiva ya estaba al tanto de lo ocurrido porque Vicente ya les había comentado, que en la entrada estaba Federico haciendo de las suyas como siempre.

A Federico no le quedó de otra que soltarme, rápidamente se voltea dándome la espalda, se detiene.

–Esto no se acaba aquí niñita, ya arreglaremos cuenta tu y yo –comenta él en voz muy baja, asegurándose de que yo lo escuchara.

Yo ponía todo de mi parte para no ser un parásito, pero aun así recibía las críticas despectivas e insultos de él y sus compañeros.

Capítulo 2 Capitulo Dos

Era consciente de que todas las miradas indiscretas de todos los presentes estaban justo sobre mí, éramos el centro de atención y yo sin duda toda una vergüenza. Mire alrededor de mí lo más discretamente posible. Para mi sorpresa todos me miraban con lástima.

La verdad es que no sé si eso fue lo mejor que me había pasado o lo peor.

¿Qué tan patética me sentía?

Me agaché aturdida para recoger todo lo que pudiera. Levantando la mirada sin más lo vi alejarse por el amplio pasillo seguido de su séquito.

Sí, soy una estúpida. Me dije en voz baja, con lo amplio que es el pasillo y tuve que chocar con él. La verdad es que todavía tenía la cabeza en lo que había ocurrido en la noche y en el regalo que estaba recogiendo, lo menos que quería era ser una vergüenza para la empresa, aunque pensándolo bien, ya lo era.

En eso dos de las empleadas se acercan y me ayudan a recoger las rosas, pasando por mi lado la Junta Directiva, una de las mujeres que iban con ellos se detiene y se agacha a ayudarnos también, cuando levanto la mirada para mi sorpresa era nada más y nada menos que la presidenta mayoritaria de la empresa.

Mi cara pasó del color rojo que cargaba por la rabia a un pálido en cuestión de segundos, bajé el rostro y no podía dirigirle la mirada, cuando terminamos ella se me acercó colocó todo en la cesta, levantándonos me disculpé de inmediato.

–Tranquila no te preocupes, eso suele pasar, sobre todo con patanes como ese –me comentó la directora muy suavemente con voz de ternura.

Volteándose se despide y sigue al ascensor, observándola por un momento, supuse que ese sería mi último día en la empresa, había discutido con uno de los socios, no importaba lo que la noche anterior haya pasado, él generaba ingresos a la empresa, yo no era nadie delante de él.

Llegando por fin a mi oficina me senté en mi escritorio colocándome las manos sobre la cara, no aguanté más y me puse a llorar, pasaron varias horas yo no había salido de la oficina, claro mi trabajo era asistir a Vicente, pero él no me había solicitado en toda la mañana.

El dolor que sentía era más profundo de solo pensar que todo por lo que había trabajado se había ido por el inodoro, no obstante, minutos después llega otra empleada y me informa que debo presentarme en la sala de juntas.

Muchas cosas pasaban por mi mente, cuando por fin llegué no quería tocar la puerta tarde como 10 minutos en armarme de valor, pero al fin la toqué.

–Adelante –se escuchó una voz firme y siniestra.

Mi peor pesadilla se hacía realidad, me despedirán y Vicente no va a querer estar más conmigo.

Tragando grueso abrí la puerta, notando que estaban 5 socios, nada más no observaba a Vicente por ningún lado, eso hizo que mi estómago se sintiera súper estragado del miedo que sentía.

–Adelante niña –otra vez la voz–, pero esta vez sí vi de dónde provenía, era del socio que estaba sentado al frente de la mesa y dirigiendo la reunión, era el señor Alfonso, presidente y dueño mayoritario de las empresas a todo nivel nacional e internacional.

Era tanto el miedo que di varios pasos hacia a otras, pero sentí una mano en el hombro, volteando de inmediato me di cuenta de que era la presidenta Eleonor.

–Tranquila, no temas, no pasa nada. –Con mucha dulzura, se dirige hacia mí.

–Es que yo. –No tenía fuerzas ni para hablar, las ganas de llorar eran evidentes en mi rostro.

Ella me sonrió mostrándome mucha más ternura que antes.

–Yo estoy contigo, no temas no va a pasar nada malo, entremos.

Ella colocando su brazo alrededor de mi hombro logra que me calme un poco y entramos, detrás de nosotras se cierran las puertas.

Mis nervios casi que estallan, de pronto se abre una puerta lateral, era Vicente, de pronto mi corazón saltó de gusto y me sentí algo aliviada, pero él ni notó que estaba yo, él solo pasó, le entregó unas carpetas a su jefe y salió nuevamente.

No se pueden imaginar cómo me sentía, todo mi mundo se desmoronaba en segundos, mi mente divagaba en un momento recordando que el mismo hombre que entró y salió, que pasó toda la noche tratándome como una reina y deleitándose con mi cuerpo, ahora se mostraba tan frío y distante.

Di varios pasos hacia atrás, cuando ya me disponía a voltearme para irme me hablaron:

–Niña por favor serías tan amable de servirme una taza de café –me dijo el señor Alfonso.

Dirigiendo mi mirada al presidente y él me la regresa, vuelve a hablar.

–Me puedes hacer el favor de traerme una taza de café.

–¡Sí claro, como guste! –contesté sin pensar.

Movilizándome a una de las habitaciones laterales, pero antes de salir voltee diciendo.

–Disculpen, ¿alguien quiere algo para tomar o un bocadillo?

La joven que se encontraba cerca del presidente respondió:

–A mí me traes un té de manzanilla, por favor, gracias.

–A mí me traes un café negro con poca azúcar –contestó el otro socio que se encontraba a su lado.

–A mí un marrón, por favor –comentó el que se encontraba a la derecha de Alfonso.

–A mi negro, por favor –solicitó el que se encontraba a la derecha de Alfonso.

–A mi negro, por favor –pidió el abogado que se encuentra cerca de una ventana.,

–Y usted señor presidente, ¿cómo lo quiere? –pregunté con la voz muy temblorosa, pero firme.

–Negro fuerte, sin azúcar, por favor.

–Ok de inmediato.

En la sala de juntas hice mi trabajo como siempre lo había hecho, luego, entrando nuevamente entregué todo lo que me habían encargado, en eso entra en la sala otra vez Vicente.

–Usted va a querer algo, señor Vicente –se lo digo con mi voz casi quebrada.

–No gracias –respondió severamente.

Su tono de voz me hizo tambalear volteándome, espero que terminen y luego de recoger las tazas y colocarlas de nuevo en su lugar, me dirigí hacia la entrada para retirarme.

–Niña, ¿se puede saber hacia dónde te diriges? –pregunta el señor Alfonso algo extrañado.

–Discúlpenme me retiro. –Se notaba en mi voz quebradiza la angustia y el dolor que sentía.

–Acércate niña no hemos hablado sobre ti todavía, esta conversación te interesa –lo dice en tono severo.

Regresando me esfuerzo para no estallar en llanto, me quedo de pie cerca de la gran mesa.

–¡Bueno, ya di bastante tiempo!, ¿qué piensan al respecto? –inquirió el señor Alonso.

–Ya usted sabe lo que opino y cuál es mi decisión –le comenta la directora.

–La mía igual, mi decisión ya fue tomada –dice la socia de la izquierda recostándose del espaldar de su asiento y cruzándose de manos. –No creo cambiarla.

–Yo leí el informe y no me parece justo en nada, estoy de acuerdo con mis colegas aquí presentes –responde el socio de la derecha de Alfonso.

–Yo solo soy el abogado de la compañía, a mí no me pregunten.

–David, sabes que tu opinión también es importante en nuestras empresas, sí eres abogado, pero también eres parte de nuestra familia, lo sabes. –Le recuerda Alfonso.

–¡Está bien! Pero sabes que no me gusta, apoyo a los compañeros aquí presentes –dijo el abogado.

–Explícame tu punto de vista, por favor.

–Bueno, como todos saben él es un patán, no es nada nuevo si no fuese porque tiene buenos contactos que nos interesan ya hubiera votado por su expulsión, son más los problemas que nos trae que lo que aporta.

Escuchando eso, noté que hablaban de otra persona, pero no entendía para qué querían que yo escuchara esto, solo era una simple secretaria.

–Entonces, está decidido que no se hable más sobre el tema, por favor me podrían dejar a solas con ella por un momento.

–Claro, así me da tiempo de arreglarme un poquito –dijo la presidenta.

Todos estábamos claros que cuando ella decía así es que iba al baño a comunicarse con su amante, era buena en su trabajo, pero muy mala por las noches, ella decía que era muy ardiente.

–Voy a dirigirme a palacio un momento, me cuentas como terminó todo esto después, ¿te parece? –le dijo el abogado a Alfonso.

–Claro, tú sabes que es así ve tranquilo y tu Stuart, te noto muy callado.

–Es una decisión algo difícil de tomar, no se puede hacer a la ligera.

–¿De verdad lo crees?, ¿piensas que debemos llamar a los demás para plantearlo mejor?

–No, estaba bromeando yo apoyo la moción.

–Por un momento me angustiaste Stuart, tú siempre tan serio que asustas.

–Es que me da risa el asunto, es todo, observando su desempeño no tiene comparación a ninguna otra que haya trabajado para nosotros.

–Estoy de acuerdo –afirma Alfonso.

–Bueno, supongo que solo quedo yo, no había tomado una decisión porque quería escuchar a todos ustedes primero. Comenta la subdirectora Lilibet.

–¿Y qué opina? –preguntó Alfonso.

Capítulo 3 Capitulo Tres

–Veo que ustedes lo están tomando todo a la ligera, ella se puso a discutir con un socio de esta empresa respetable.

De inmediato capté que hablaba sobre mí y sobre lo ocurrido.

–Que nos asegura que después no va a pasar lo mismo, pero con uno de nosotros.

–Bueno, de eso estamos claro todos Lilibet.

–Todavía no he terminado, espérate no te me adelantes, pero retomando lo que decía, ella nos ha demostrado coraje al enfrentarse a ese patán bueno para nada que se cree mayor que cualquiera de nosotros.

Nosotros a diferencia, ¿qué hacemos cuando él se nos enfrenta?, nos asustamos, esquivamos los hechos y nos hacemos los locos para no enfrentarlo. Ella siendo una simple secretaria defendió su honor, sabiendo que le podía costar su empleo, pero a ella no le interesó eso, o no en el momento.

–¿Y cuál es tu decisión entonces mujer? Ya habla de una vez –exclamó Alfonso.

–Vaya no has cambiado nada impaciente como siempre, apoyo la moción del consejo.

–Bien, déjenos a solas.

Todos los socios se paran y dirigiéndose hacia la puerta lateral saliendo a un balcón que tiene la sala de conferencias para tomas aire.

–Muy bien muchacha, lo que hiciste hoy no tiene justificación alguna, pero todos vimos los videos de seguridad y nos dimos de cuenta que no fue tu culpa, pero a la vez tuviste valor en enfrentarte al problema sin temor alguno. Te felicito.

–¡¿Cómo dijo?! –exclamé sorprendida.

–No muchos se le enfrentan a él como lo hiciste tú, tienes agallas, niña. Y también tengo que felicitarte por haberte ganado el corazón del soltero más codiciado de nuestra empresa.

–¡¿Cómo ha dicho?! –Volví a responder, pero eta vez estaba más sorprendida y confundida.

–Pasa ahora Vicente –gritó Alfonso.

Entrando a la habitación, Vicente observa que solo estaban ellos dos.

–¿Llamó usted señor?

–Claro muchacho adelante, siéntate aquí a mi lado.

En su rostro se notaba que está algo molesto, que eso era increíble porque ya tenía varios años trabajando para la empresa y nunca lo había visto así, ni siquiera cuando han tenido pérdidas millonarias.

–Muchacho te pasa algo, te siento raro –expuso Alfonso.

–Disculpe señor, pero Federico no quiere hacerse responsable de lo que hizo y tuvo el descaro de irse.

–Conque esas tenemos, ¿él acaso no sabía que yo iba a estar aquí?

–Está bien, ya ajustaré cuenta con él en otra ocasión, por ahora quiero disfrutar de este momento, explícame lo que dijiste anoche cuando yo te llamé.

Mi cara se puso pálida del asombro, hubo un momento anoche cuando su cara se encontraba entre mis piernas que le sonó el celular, contestándolo, pero sin dejar de hacer lo que estaba haciendo.

Yo logré escuchar que Vicente decía que no podía hablar porque se estaba comiendo un manjar de dioses, haciendo luego referencia de que se trataba de una vulva jamás explorada por ningún hombre y él se estaba deleitando con ella.

Quedé tan apenada al saber que él estaba hablando con el dueño de la empresa que no sabía qué hacer, mi cara se me caía de la vergüenza.

–Señor, como le conté anoche, estaba acompañado de una mujer especial y que ha cautivado mi corazón.

–Pero no lo puedo creer, tú que siempre nos dijiste que no te ibas a enamorar, que la empresa era todo para ti.

–Lo sé señor, pero no entiendo que fue lo que pasó, ella tiene unos ojos que cuando me miran siento que no puedo resistirme.

Ya me estaba molestando, porque hablaba como si yo no estuviera allí, mi presencia no parecía incomodar para nada, pero a la vez mi corazón saltaba de alegría.

–¡Ya veo! ¿Entonces qué piensas hacer hijo?

–Me voy a ir con ella para las Islas Canarias.

Cuando escuché eso no lo podía creer, las Islas Canarias, eso siempre había sido mi sueño desde niña.

–¿Y para cuando sería ese viaje?

–Tengo que esperar que Sofía termine de arreglar todo para comprar los boletos.

Cuando escuché que él dijo eso me quedé pasmada, él estaba hablando de otra mujer, no podía creerlo, después de todo lo que había pasado él se iría con otra.

Sin reflexionarlo me paré y sin decir nada me dirigí a la entrada lo más rápido que podía casi que corría.

El saltó y salió como una bala detrás de mí, abrazándome por la cintura me detiene.

–Cálmate Elizabeth, estoy jugando tú eres con quien quiero pasar el resto de mi vida, tranquilízate.

Yo estaba enojada, llorando, me esforzaba para que me soltara, pero él era mucho más fuerte que yo, al cabo de un buen rato forcejeando estaba agotada, en ese momento él rápidamente se coloca delante de mí y me abraza.

Colocando mi cara en su pecho lloraba sin parar, con mis manos lo golpeaba en el torso, claro no tan duro porque estaba cansada.

–Es la primera vez que te veo correr detrás de una mujer, ¡en realidad te importa! –expuso Alonso.

–Lo siento señor, ella me hace que haga cosas que no entiendo.

–Acaso ya no es bastante con lo que ha sufrido hoy, ¿para que tú le salgas con esta?

–Tiene razón señor, Elizabeth lo siento, no volverá a suceder, te lo prometo.

Con su suave mano me levanta la cara, me hace a un lado los anteojos y me seca las lágrimas, yo lo quería matar, pero me sentía tan bien en sus brazos que lo que hice fue abrazarlo fuerte.

–Niña cálmate y acérquense los dos por favor.

Él besándome en la frente me dice que me lo va a recompensar en la tarde cuando salgamos del trabajo, eso me lo dice en el oído, retirándose un poco me agarra la mano muy fuerte como para que no se la suelte.

Regresando hacia donde estaba el señor Alfonso nos sentamos junto a él, era tanta mi vergüenza porque no podía dejar de llorar que me le recosté en el hombro a Vicente ocultando mi cara.

–Tranquila niña, yo te entiendo no debe haber sido un día fácil para ti, pero tengo algo que te hará sentir mejor, toma.

Después de un rato pude quitar la cara del hombro de Vicente claro con su amorosa ayuda que me halaba para que viera lo que me estaban dando.

A duras penas logré dejar de llorar, todavía lloriqueando pude ver que se trataba de un sobre manila, Vicente lo tomó y me lo dio en mis manos.

Me quedé observando al señor Alfonso pensando que era mi liquidación.

–Tranquila niña, nadie te va a despedir en más, se pueden tomar el resto de la tarde, los dos vayan a sus casas y descansen.

–Señor, todavía me queda mucho trabajo.

–Mañana es otro día, terminarás mañana, ayúdala, esto es más importante para ambos.

–No entiendo, señor.

–En él sobre, está todo bien explicado, ve váyanse. En eso Alfonso alza la voz, –pueden pasar.

–Entrando los socios, todos ven que ella estaba llorando.

–Alfonso ¿ya se lo dijiste?, preguntó la directora.

–Ella está muy conmocionada por culpa de un mal chiste.

–Disculpen no fue mi intención lo siento. Expuso Vicente rápidamente.

–¿Cómo se te ocurre hacer chiste de mal gusto en estos momentos tan delicados para ella? – Comenta la subdirectora.

–Tranquilos todos siéntense, hay que seguir la reunión ya que Federico se fue.

–¡¿Cómo dijiste?! ¿Ven que es como les digo?, él cree que está por encima de nosotros.

–Cálmate y siéntate, tenemos que llamar a los otros y seguir discutiendo sobre el tema.

–No hay que dejar que esto se salga de nuestras manos. –Comentó uno de los socios.

–Lo sé, ustedes dos ya se pueden retirar, hablaremos luego.

–Señor, pero yo también soy socio y tengo más acciones que Federico, eso me convierte en un socio mayoritario, –comenta Vicente algo molesto.

–Lo sé, pero ya todos aquí saben cuál es tu posición referente a este tema, así que tranquilo, te haré llegar la decisión apenas la tengamos lista hoy mismo.

–¿Hoy mismo?, ¿escuché bien? –Dijo la directora.

–Sí Laura escuchaste bien, desde ahora tomaremos represalias severas para cualquier socio que se crea más que este comité.

–Me agrada escuchar eso –dijo la presidenta con un tono de satisfacción.

–Retírense ustedes hablaremos mañana y descuida te avisaré hoy mismo de la decisión que tomemos.

–Entendido señor, con su permiso.

Saliendo de la sala de conferencia no pude aguantar, me le tiré otra vez en su pecho a seguir llorando, él me abrazó con fuerza.

–Disculpa si te hice sentir mal, no fue mi intención.

–Si, ¡cómo no! –fue lo único que pude decir.

–No fue mi intención de veras, bueno, está bien, me atrapaste, quería ver tu reacción nada más, no pensé que te fuese a afectar tanto, lo siento, te prometo que no me jugaré más contigo.

–¿Sabes? no soy tan fuerte como aparento ser –confesé con voz muy tenue.

Él coloca su mano en mi cara, me seca las lágrimas, pone sus dedos en mi mentón y me levanta la cara, me besa sin importar que alguien nos vea.

Después del emocionante beso me agarra de la mano y nos dirigimos a nuestras oficinas, recogimos nuestras cosas, cerramos, dirigiéndonos al ascensor, yo intenté soltarnos de mano para que nadie se diera cuenta de lo nuestro, pero él, la sostuvo con gran determinación.

Llegando esperamos que abriera al cabo de un rato, se abrió, venía algo lleno, todos se nos quedaron observando, me dio vergüenza que creyeran que soy una trepadora y quise soltarme, pero él me apretó la mano.

Yo traté de que esperáramos el próximo, pero él me halo sin que se notara mucho, cuando estuvimos adentro él se colocó al final, se recostó y yo me paré al frente de él dándole la espalda, todos nos miraban disimuladamente, él no me había soltado la mano dándose cuenta de que todos nos observaban.

Me halo, puso su brazo derecho por mi cintura agarrándome mi abdomen e hizo que me recostara de él, la cara se me caía de vergüenza; en la mañana todo un espectáculo cargando una cesta llena de rosas y chocolate y ahora saliendo abrazada con mi jefe.

Cuando se abrieron las puertas él dejó que todos salieran, después salimos nosotros e igual no me soltaba la mano, llegando a la recepción ambos firmamos el libro de salida.

–Luis, hazme un favor, llama a mi chofer, ¿quieres?

–Claro señor de inmediato –contestó Luis el recepcionista.

Nos quedamos allí parados, él me tenía abrazada, yo no despegaba la cara de su pecho, todos los que iban saliendo se nos quedaban observando, aunque no mucho porque Vicente era uno de los jefes que le tenían mayor respeto.

Él desde que empezó a trabajar en las empresas nunca ha estado involucrado en ningún escándalo, todos lo buscaban para pedirle consejos, era recto, serio.

Al cabo de 15 minutos llega un vehículo negro muy lujoso.

–Señor su vehículo.

–Gracias, Luis –contestándole con mucho agrado.

Yo me puse nerviosa cuando vi cuál era su automóvil, ni en diez vidas trabajando duro, yo podía comprarme un vehículo como ese. Era un BMW negro con vidrios oscuros, tenía un chofer personal.

Él me agarra fuertemente de la mano, saliendo de la empresa nos dirigimos a su automóvil, el chofer nos abre la puerta de atrás subiéndonos, luego cierra la puerta para ir al puesto del conductor, se monta, enciende el auto y pregunta:

–¿A dónde siempre señor?

–No Alfred, esta vez vamos hacia otro lado.

–Ok diga usted señor.

–Arranca, vamos a comprar algo de comer.

–Entendido señor.

El chofer arranca el auto, nos dirigimos al centro de la ciudad hacia un centro comercial, páramos al frente, el chofer se baja, nos abre la puerta y descendemos también, entrando él me pone su mano en mi cintura y caminamos como locos.

En casi todas las tiendas, sin exagerar, él me compró algo, era super detallista, no sé cómo lo hacía, pero lo que me gustaba me lo regalaba, compró dulces, ropa casual y no casual, zapatos, perfumes, comida china para llevar, aquí comimos pizza y algunas palomitas acarameladas.

Por si me preguntan cuáles son mis favoritas, después de caminar por más de tres horas, nos dimos cuenta de que ya era algo tarde y regresamos hacia la salida, pasamos por el restaurante chino para comprarle la cena al chofer, que por cierto eso fue idea mía.

Ya en marcha otra vez nos dirigimos a mi apartamento, creo que lo prefirió así para que no me sintiera más mal de lo que me había sentido en todo el día, si él me llevaba a su casa, si su carro es un BMW no me quiero imaginar cómo es su casa.

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