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Amor entre sangre

Amor entre sangre

Autor: : Amit Raivos
Género: Romance
Andrea es una chica muy normal, que vive una vida muy normal, hasta que un día descubre algo increíble, que los vampiros si existen. Tras ser secuestrada y vendida a un vampiro, su antigua vida quedará atrás. Tendrá que intentar adaptarse a su nueva vida, sobrevivir en ese mundo y aprender a lidiar con Jaume, su dueño.

Capítulo 1 1. El extraño

Faltaban cinco minutos, tan sólo cinco minutos para terminar su jornada laboral. Dejó el cepillo que había usado para barrer su puesto de trabajo y se disponía a ir a la salida. Tenía muchas ganas de llegar a casa después de ocho horas de duro trabajo. Había sido un día bastante malo, ya que habían tenido muchos problemas con las máquinas y su jefe le había llamado la atención en varias ocasiones, como hacía siempre. Así que solo tenía ganas de que terminara ese día e irse a casa, además ya era viernes y tenía todo el fin de semana por delante para poder descansar.

Andrea llevaba dos años trabajando en una fábrica de automoción, ubicada en una pequeña ciudad donde había vivido toda su vida. Era un trabajo muy duro, pero necesitaba ahorrar algo de dinero para lograr cumplir su sueño, tener su propio negocio.

Era de noche y hacia frío. Andrea corrió a su coche que había aparcado cerca de la entrada. Se montó y condujo hacia su casa. Llegó pronto a su barrio pero no encontraba sitio para aparcar su coche, después de conducir por las calles durante cinco minutos, decidió aparcar en el aparcamiento que había al final de la calle. Se encontraba bastante retirado de su casa, pero no le quedaba otra opción, tendría que aparcar allí e ir andando hasta su casa. No le gustaba aparcar allí y menos por la noche, pues era un lugar con muy poca luz y solitario a esas horas de la madrugada.

Andrea era bastante miedosa, casi todo le daba miedo, así que se dispuso a bajar del coche e ir corriendo por la calle hasta llegar a su casa. Cerró el coche y echó a correr, aunque al momento tuvo que parar en seco. Vio a lo lejos, en el aparcamiento, la figura de un hombre. No lo distinguía demasiado bien porque estaba bastante oscuro y eso le asustaba. Tenia que pasar por donde se encontraba aquel extraño para poder salir del aparcamiento. Después de pensarlo un momento, decidió que seria mejor volver al coche y esperar hasta que aquel extraño se marchara de allí.

Se giró para volver a su coche, pero cuando había dado unos pocos pasos notó que tenía a alguien justo detrás. Se dio la vuelta y se encontró al extraño de frente muy cerca de ella. No pudo evitar dejar escapar un grito por el susto. Había un chico joven mirándola fijamente de pelo negro y alborotado y ojos oscuros. Era alto y delgado y vestía un pantalón vaquero y una camiseta de manga corta negra.

Andrea en ese momento no sabía qué hacer ni que decir. Quería correr pero le fallaban las piernas, estaba demasiado asustada.

- ¿Quién eres? -se atrevió a preguntarle -¿Qué es lo que quieres?

Él no le respondía pero no dejaba de mirarla fijamente y eso a Andrea le ponía muy nerviosa. Dio dos pasos hacia atrás y aquel chico dio otros dos pasos hacia adelante, no la iba a dejar ir en paz.

- Me estas asustando, si no te vas gritaré...

- ¿Tanto miedo me tienes? -le preguntó aquel chico dejando asomar una media sonrisa.

- No es eso, es sólo que... me están esperando, si no voy pronto se preocuparan...

- Nadie te está esperando, sé que vives sola, Andrea.

- ¿Cómo lo sabes? –le pregunto ella muy desconcertada -¿De... De que me conoces?

- Sé algunas cosas sobre ti...

Ella se quedó muy sorprendida. No entendía como aquel chico tan raro podía conocerla, ni saber su nombre si quiera. Él empezó a acercarse cada vez más a ella y Andrea cada vez se encontraba más y más asustada.

- ¡No te acerques! ¡Déjame ir a casa, por favor! -le suplicó.

- Lo siento, pero no puedo hacer eso...

Aquel desconocido se acercó a Andrea y la cogió por los brazos. Ella intentó soltarse pero él acercó su rostro al suyo, parecía que la iba a besar. En ese momento, ella sintió que tenía demasiado sueño, casi no podía mantenerse en pie ni mantener los ojos abiertos. Entonces se cayó al suelo, no podía aguantar despierta más tiempo, así que cerró los ojos y cayó en un profundo sueño.

Andrea se despertó sobresaltada. Pensó que lo ocurrido en el aparcamiento había sido tan sólo un horrible sueño, aunque pronto se dio cuenta de que estaba equivocada. Se intentó levantar pero no podía, estaba metida en una jaula demasiado pequeña para poder ponerse en pie y tenía un tobillo atado a la jaula con una cadena. No podía creer lo que estaba pasando, alguien la había secuestrado y la había encerrado en aquella jaula.

Pudo ver a través de las rejas de la jaula que se encontraba en una especie de almacén oscuro, había muchas jaulas esparcidas por el almacén pero no veía a nadie. Intentó gritar pidiendo auxilio, pero no obtenía respuesta alguna. No sabía dónde se encontraba, ni por qué estaba encerrada, tampoco sabía lo que iba a ocurrirle. Estaba muy nerviosa y asustada, muchas cosas horribles pasaban por su mente en aquel momento.

De repente, pudo escuchar un gruñido que provenía de una de las jaulas. Se dio cuenta de que había más gente encerrada en algunas jaulas, pero no se movían. No sabía si esas personas estaban dormidas o muertas. Eso le aterraba.

- ¿Dónde estoy? ¿Hay alguien? -preguntó una temblorosa voz de mujer.

- Hola, estamos encerradas, no sé dónde estamos –le dijo Andrea - ¿Estas bien?

- Creo que sí, sólo estoy un poco aturdida ¿Quién eres?

- Me llamo Andrea ¿Y tú?

- Me llamo Sofía ¿Cómo has acabado aquí?

- No estoy segura... me encontré a un chico muy extraño cuando iba hacia casa y de me entró mucho sueño y me dormí, creo que me drogó o me hizo algo para dormirme. Cuando desperté ya estaba aquí encerrada.

- ¡A mí me pasó lo mismo! –le dijo Sofía – un chico me seguía y al acercarse a mí me entró mucho sueño y me dormí de repente y acabo de despertarme ya estando aquí.

- ¿Qué crees que quiere de nosotras? ¿No será un violador o un traficante de personas o algo así?

- No lo sé, pero tengo mucho miedo...

- Yo también tengo miedo ¡Tenemos que salir de aquí como sea! –le dijo Andrea.

En ese momento, alguien entró y encendió las luces del almacén. La luz cegaba a Andrea porque llevaba mucho rato estando a oscuras. Cuando por fin se le acostumbró la vista a la luz, vio que se acercaban dos mujeres de aspecto muy siniestro. Una era visiblemente más joven que la otra, eran bastante pequeñas de estatura y de cuerpo grueso, ambas vestían de negro. Le llamó la atención la piel tan pálida que tenían aquellas dos mujeres y las ojeras tan pronunciadas, les hacían tener un aspecto muy demacrado.

Se acercaron con paso muy animado a donde se encontraban Andrea y Sofía. Las sacaron de las jaulas junto a dos chicas más que había en otras jaulas. Esas dos chicas estaban dormidas, las dos mujeres de aspecto siniestro se acercaron a ellas y las despertaron moviéndolas muy bruscamente.

- ¡Arriba bellas durmientes! –les dijo una de las mujeres entre risas dándoles una patada en las piernas.

- ¡Saki, no seas tan bruta, las vas a lastimar! ¡Ya sabes que las quieren en perfecto estado!

- ¡Oh Anaria, déjame divertirme un poco! –le suplicó Saki.

Las chicas recién despiertas se levantaron temblorosas y visiblemente muy asustadas. Una de ellas se puso a gritar y a llorar.

- ¡Cállate ya, estúpida! -le gritó Anaria a la vez que le estiraba del pelo -¡Tenemos que prepararos para nuestros señores!

Andrea se quedó estupefacta al escuchar esas palabras. Las iban a preparar para después ser entregadas o vendidas a saber a quién. En ese momento tuvo una idea, ellas eran cuatro y esas siniestras mujeres sólo dos. Si unían sus fuerzas podrían aplacarlas, además iban desarmadas.

En ese momento, la chica que no había parado de llorar desde que se había despertado, echó a correr. Entonces, Anaria, dio un gran salto con el que casi llego a rozar el techo del almacén, hasta llegar a donde se encontraba la chica y cayó justo encima de ella. Después de un rato de forcejeo, Anaria accidentalmente arañó la cara de la chica, dejando una gran marca de sangre en su cara.

- Ya no me sirves -le dijo Anaria a la vez que le cogía de la cabeza y se la giraba bruscamente, partiéndole el cuello.

La chica se quedó muerta en el suelo y Andrea y las otras dos chicas empezaron a llorar muy asustadas. Era increíble como una simple mujer podía haber dado semejante salto y tener tanta fuerza como para poder partirle el cuello a una chica en un segundo y sin nada de esfuerzo, como cuando partes un palo muy fino.

- ¿Alguien más quiere irse? -preguntó Anaria con tono desafiante a las chicas- ¿No? Entonces venga, las tres en fila, calladitas y seguidme.

Capítulo 2 2. Los vampiros existen

Las tres chicas siguieron sin rechistar a aquellas mujeres. Atravesaron un pasillo y una puerta que había a un lado del almacén y que llevaba al cuarto de baño. Era bastante grande, había cuatro lavabos, dos bañeras y varios utensilios de higiene personal, como jabones, peines, maquillaje, etc.

Al fondo había un armario sin puertas bastante grande, lleno de ropa blanca. Anaria y Saki lavaron un poco a las tres chicas, les peinaron el pelo y les pusieron un poco de maquillaje en la cara. Sacaron tres vestidos largos de color blanco del armario y las obligaron a ponérselos.

Andrea se miró en uno de los espejos, con el maquillaje habían tapado gran parte de sus ojeras, siempre las había tenido bastante pronunciadas. La habían dejado muy guapa con el maquillaje que le habían puesto. La sombra de ojos resaltaba sus ojos negros y le habían peinado su pelo castaño con una trenza a un lado. Con ese vestido blanco parecía una novia que se preparaba para casarse el día de su boda.

Ya vestidas, Anaria y Sakí sacaron a las tres chicas del almacén. Fuera hacia frío y seguía siendo de noche. Se encontraban en una especie de pueblo donde había bastantes estructuras o pequeños almacenes repartidos por aquel lugar. Había bastante gente, hombres y mujeres, se veían bastante jóvenes y vestidos con ropa de color oscuro o negra en su mayoría. Todos ellos tenían la piel pálida y rostro ojeroso, parecidos al de Saki y Anaria.

Todos se quedaban mirando a las tres chicas al verlas pasar. Algunos les dedicaban macabras sonrisas, otros simplemente se quedaban mirándolas fijamente. Aquel lugar era siniestro y daba bastante miedo.

Llegaron a una parte del pueblo donde había un pequeño escenario, todas esas personas parecían dirigirse allí. Anaria y Saki llevaron a las tres chicas hasta aquel escenario, Saki se quedó abajo con ellas y Anaria subió al escenario y se dispuso a hablar a la multitud.

-¡Hola a todos! Traigo a unas exquisitas invitadas que espero os complazcan , en especial a mi señor Bruno y mi señora Tania –dijo mirando a una mujer y un hombre que estaban sentados en unos sillones a un lado del escenario.

Anaria ordenó a Saki que subiera al escenario a las tres chicas. Y las colocó de manera que ambos pudieran verlas bien. Debían de ser los jefes de aquel pueblo. Bruno se puso en pie y asintió complacido.

- Como siempre, nunca nos decepcionas, Anaria. Me gustaría entregar está mercancía a mis hombres, te pagaré generosamente.

- Si las quiere son suyas, mi señor.

Aquel hombre asintió satisfecho y sacó una gran bolsa negra y se la entregó a Anaria. Ella miró el contenido de la bolsa y sonrió poniendo cara de gran satisfacción.

- Es un placer hacer negocios con usted, mi señor.

Anaria y Saki se marcharon de allí con su buena recompensa. Entonces Bruno se levantó y se acercó a examinar su nueva adquisición.

- ¡Julio, acércate! -grito Bruno -tú serás el primero en elegir.

De repente, salió de entre la multitud un hombre alto y corpulento. Era muy grande y de aspecto monstruoso. Llevaba a una chica vestida con lencería negra, atada con una cadena al cuello, de la que tiraba para que ella le siguiera.

Daba pena ver a la chica. Apenas podía andar y estaba llena de heridas y moratones. Tenía muy mal aspecto, parecía estar muy enferma. Julio llegó hasta el escenario, abrazó a la chica y la besó, entonces le mordió el cuello. Siguió absorbiendo de su cuello hasta que la pobre chica, tras dejar escapar un pequeño gemido, dejó de respirar. Entonces él la tiro desde lo alto del escenario al suelo y miró hacia donde se encontraban Andrea y las otras dos chicas con una pequeña risa malévola.

Andrea y las otras chicas se quedaron horrorizadas. Jamás hubieran creído que los vampiros existieran realmente, pero allí estaban, en un pueblo de vampiros y ellas iban a ser las próximas víctimas de esos monstruos. Su sentencia de muerte ya estaba escrita.

Aquel hombre se acercó a observar detenidamente a las tres chicas, se le veía que estaba muy satisfecho.

- Gracias mi señor por este honor- dijo el hombre monstruoso- Elegiré con mucho gusto a una de estas tres joyas...

- ¡Padre, madre!- gritó un chico acercándose al escenario, que Andrea reconoció sin problemas- ¡No es correcto por vuestra parte poner por delante a este engendro antes que a vuestros propios hijos!

Era aquel chico del aparcamiento, el que había hecho dormirse a Andrea. Ella lo miró con odio apretando los puños. Miró a Sofía quien estaba igual que ella, mirándolo con odio y apretando los puños. Ambas se miraron, parecía ser que ella había pensado lo mismo, también lo odiaba porque había sido aquel chico el que las había dormido a ambas y por su culpa se encontraban en aquella situación

- Marcus, tú siempre dando la nota, hijo- le dijo Tania, la jefa de los vampiros, sonriéndole.

- Madre, ya han pasado varios meses desde que tuve a la última, creo que me toca elegir.

- Está bien, pero más vale que te dure más que la última...

- Seguro que sí, esta es una mercancía de primera. Quizás hasta Jaume se anime a elegir a su primera chica- dijo entre risas señalando a otro chico que se acercaba.

El chico que se acercaba se parecía mucho a Marcus, aunque este tenía el pelo más corto que él y era algo más delgado. Se acercó hasta donde estaba Marcus y se quedó mirando a Andrea fijamente. Ella también lo miró, estaba claro que era un vampiro pero parecía diferente a los otros, no tenía aspecto de malvado, ni le miraba con esa sed de sangre como hacían los demás. Era difícil de explicar.

- ¡Venga hermano, anímate! Nunca has querido tener una esclava humana, pero ya va siendo hora... -le dijo Marcus a Jaume- ¡Te dejo elegir a ti primero!

- Vale...la elijo a ella -dijo Jaume señalando a Andrea.

Todos los vampiros que había a su alrededor parecieron quedarse asombrados por lo que Jaume había dicho. Incluso los jefes se levantaron de sus sillones a la vez que aplaudían y se les veía muy contentos.

- Por fin hijo ¡vas a ser un vampiro de verdad! -le dijo Bruno, su padre.

- ¡Estamos muy orgullosos de ti hijo! -dijo su madre.

- ¡No me lo puedo creer hermano! Después de tantos años negándote a esto, por fin te has decidido -dijo Marcus dándole unas palmadas a su hermano en la espalda.

Después de que Jaume eligiera a Andrea, Marcus eligió a Sofía y la chica que quedaba le fue otorgada a aquel vampiro de aspecto monstruoso llamado Julio. Marcus agarró a Sofía y como ella no quería irse con él, después de un leve forcejeo, la cogió en brazos y se la llevó. La pobre chica que tenía que irse con aquel monstruo intentó huir, pero Julio le colocó una cadena en el cuello y se la llevó tirando de ella y arrastrándola por el suelo. Andrea estaba quieta aún en el escenario, miró a Jaume quién no le quitaba la vista de encima, él le hizo señal con una mano de que le siguiera y ella se fue con él.

Lo siguió por el pueblo, atravesando calles rodeadas de casas hechas con lo que parecían placas metálicas. El pueblo parecía encontrarse en medio de un bosque. Pasaron por lo que parecía la entrada del pueblo, no había puertas ni nada que separase el pueblo del bosque.

Andrea sintió la gran tentación de salir huyendo al bosque. No se veía a nadie vigilando, quizás esa fuera su única oportunidad de escapar. Entonces Jaume la agarró del brazo, se había dado cuenta de como miraba hacia la entrada y de sus intenciones.

La guío sin soltarla hasta que llegaron a una casa muy alta, era más alta que el resto de casas y había que subir bastantes escaleras para llegar a la puerta de la entrada. Él le hizo señal de que ya habían llegado, esa era la casa se Jaume y ahora sería también el hogar de Andrea, viviría allí hasta su último día de vida.

AMOR ENTRE SANGRE

2. Los vampiros existen

Las tres chicas siguieron sin rechistar a aquellas mujeres. Atravesaron un pasillo y una puerta que había a un lado del almacén y que llevaba al cuarto de baño. Era bastante grande, había cuatro lavabos, dos bañeras y varios utensilios de higiene personal, como jabones, peines, maquillaje, etc.

Al fondo había un armario sin puertas bastante grande, lleno de ropa blanca. Anaria y Saki lavaron un poco a las tres chicas, les peinaron el pelo y les pusieron un poco de maquillaje en la cara. Sacaron tres vestidos largos de color blanco del armario y las obligaron a ponérselos.

Andrea se miró en uno de los espejos, con el maquillaje habían tapado gran parte de sus ojeras, siempre las había tenido bastante pronunciadas. La habían dejado muy guapa con el maquillaje que le habían puesto. La sombra de ojos resaltaba sus ojos negros y le habían peinado su pelo castaño con una trenza a un lado. Con ese vestido blanco parecía una novia que se preparaba para casarse el día de su boda.

Ya vestidas, Anaria y Sakí sacaron a las tres chicas del almacén. Fuera hacia frío y seguía siendo de noche. Se encontraban en una especie de pueblo donde había bastantes estructuras o pequeños almacenes repartidos por aquel lugar. Había bastante gente, hombres y mujeres, se veían bastante jóvenes y vestidos con ropa de color oscuro o negra en su mayoría. Todos ellos tenían la piel pálida y rostro ojeroso, parecidos al de Saki y Anaria.

Todos se quedaban mirando a las tres chicas al verlas pasar. Algunos les dedicaban macabras sonrisas, otros simplemente se quedaban mirándolas fijamente. Aquel lugar era siniestro y daba bastante miedo.

Llegaron a una parte del pueblo donde había un pequeño escenario, todas esas personas parecían dirigirse allí. Anaria y Saki llevaron a las tres chicas hasta aquel escenario, Saki se quedó abajo con ellas y Anaria subió al escenario y se dispuso a hablar a la multitud.

-¡Hola a todos! Traigo a unas exquisitas invitadas que espero os complazcan , en especial a mi señor Bruno y mi señora Tania –dijo mirando a una mujer y un hombre que estaban sentados en unos sillones a un lado del escenario.

Anaria ordenó a Saki que subiera al escenario a las tres chicas. Y las colocó de manera que ambos pudieran verlas bien. Debían de ser los jefes de aquel pueblo. Bruno se puso en pie y asintió complacido.

- Como siempre, nunca nos decepcionas, Anaria. Me gustaría entregar está mercancía a mis hombres, te pagaré generosamente.

- Si las quiere son suyas, mi señor.

Aquel hombre asintió satisfecho y sacó una gran bolsa negra y se la entregó a Anaria. Ella miró el contenido de la bolsa y sonrió poniendo cara de gran satisfacción.

- Es un placer hacer negocios con usted, mi señor.

Anaria y Saki se marcharon de allí con su buena recompensa. Entonces Bruno se levantó y se acercó a examinar su nueva adquisición.

- ¡Julio, acércate! -grito Bruno -tú serás el primero en elegir.

De repente, salió de entre la multitud un hombre alto y corpulento. Era muy grande y de aspecto monstruoso. Llevaba a una chica vestida con lencería negra, atada con una cadena al cuello, de la que tiraba para que ella le siguiera.

Daba pena ver a la chica. Apenas podía andar y estaba llena de heridas y moratones. Tenía muy mal aspecto, parecía estar muy enferma. Julio llegó hasta el escenario, abrazó a la chica y la besó, entonces le mordió el cuello. Siguió absorbiendo de su cuello hasta que la pobre chica, tras dejar escapar un pequeño gemido, dejó de respirar. Entonces él la tiro desde lo alto del escenario al suelo y miró hacia donde se encontraban Andrea y las otras dos chicas con una pequeña risa malévola.

Andrea y las otras chicas se quedaron horrorizadas. Jamás hubieran creído que los vampiros existieran realmente, pero allí estaban, en un pueblo de vampiros y ellas iban a ser las próximas víctimas de esos monstruos. Su sentencia de muerte ya estaba escrita.

Aquel hombre se acercó a observar detenidamente a las tres chicas, se le veía que estaba muy satisfecho.

- Gracias mi señor por este honor- dijo el hombre monstruoso- Elegiré con mucho gusto a una de estas tres joyas...

- ¡Padre, madre!- gritó un chico acercándose al escenario, que Andrea reconoció sin problemas- ¡No es correcto por vuestra parte poner por delante a este engendro antes que a vuestros propios hijos!

Era aquel chico del aparcamiento, el que había hecho dormirse a Andrea. Ella lo miró con odio apretando los puños. Miró a Sofía quien estaba igual que ella, mirándolo con odio y apretando los puños. Ambas se miraron, parecía ser que ella había pensado lo mismo, también lo odiaba porque había sido aquel chico el que las había dormido a ambas y por su culpa se encontraban en aquella situación

- Marcus, tú siempre dando la nota, hijo- le dijo Tania, la jefa de los vampiros, sonriéndole.

- Madre, ya han pasado varios meses desde que tuve a la última, creo que me toca elegir.

- Está bien, pero más vale que te dure más que la última...

- Seguro que sí, esta es una mercancía de primera. Quizás hasta Jaume se anime a elegir a su primera chica- dijo entre risas señalando a otro chico que se acercaba.

El chico que se acercaba se parecía mucho a Marcus, aunque este tenía el pelo más corto que él y era algo más delgado. Se acercó hasta donde estaba Marcus y se quedó mirando a Andrea fijamente. Ella también lo miró, estaba claro que era un vampiro pero parecía diferente a los otros, no tenía aspecto de malvado, ni le miraba con esa sed de sangre como hacían los demás. Era difícil de explicar.

- ¡Venga hermano, anímate! Nunca has querido tener una esclava humana, pero ya va siendo hora... -le dijo Marcus a Jaume- ¡Te dejo elegir a ti primero!

- Vale...la elijo a ella -dijo Jaume señalando a Andrea.

Todos los vampiros que había a su alrededor parecieron quedarse asombrados por lo que Jaume había dicho. Incluso los jefes se levantaron de sus sillones a la vez que aplaudían y se les veía muy contentos.

- Por fin hijo ¡vas a ser un vampiro de verdad! -le dijo Bruno, su padre.

- ¡Estamos muy orgullosos de ti hijo! -dijo su madre.

- ¡No me lo puedo creer hermano! Después de tantos años negándote a esto, por fin te has decidido -dijo Marcus dándole unas palmadas a su hermano en la espalda.

Después de que Jaume eligiera a Andrea, Marcus eligió a Sofía y la chica que quedaba le fue otorgada a aquel vampiro de aspecto monstruoso llamado Julio. Marcus agarró a Sofía y como ella no quería irse con él, después de un leve forcejeo, la cogió en brazos y se la llevó. La pobre chica que tenía que irse con aquel monstruo intentó huir, pero Julio le colocó una cadena en el cuello y se la llevó tirando de ella y arrastrándola por el suelo. Andrea estaba quieta aún en el escenario, miró a Jaume quién no le quitaba la vista de encima, él le hizo señal con una mano de que le siguiera y ella se fue con él.

Lo siguió por el pueblo, atravesando calles rodeadas de casas hechas con lo que parecían placas metálicas. El pueblo parecía encontrarse en medio de un bosque. Pasaron por lo que parecía la entrada del pueblo, no había puertas ni nada que separase el pueblo del bosque.

Andrea sintió la gran tentación de salir huyendo al bosque. No se veía a nadie vigilando, quizás esa fuera su única oportunidad de escapar. Entonces Jaume la agarró del brazo, se había dado cuenta de como miraba hacia la entrada y de sus intenciones.

La guío sin soltarla hasta que llegaron a una casa muy alta, era más alta que el resto de casas y había que subir bastantes escaleras para llegar a la puerta de la entrada. Él le hizo señal de que ya habían llegado, esa era la casa se Jaume y ahora sería también el hogar de Andrea, viviría allí hasta su último día de vida.

Capítulo 3 3. Vida de esclava

Andrea y Jaume subieron por las escaleras y entraron en aquella casa. Dentro estaba bastante oscuro, pero se veía todo muy ordenado. La casa era una especie de dúplex abierto, abajo había una cocina abierta con un salón y un baño. En el piso de arriba había una gran habitación desde la que se podía ver casi todo el piso de abajo. En el salón había dos sofás, una librería muy grande, una lámpara de suelo, una pequeña televisión y una mesa con cuatro sillas. No había ningún cuadro, ni planta, ni ningún adorno que diera un poco de vida a la casa.

La única puerta que había era la del baño, además de la puerta de la calle. Había ventanas, tapadas con cortinas gruesas para evitar que entrara la luz del sol.

- Puedes dormir en el sofá -le dijo Jaume a Andrea sin siquiera mirarla-. Yo me voy a dormir.

Cerró la puerta de la calle con llave, subió al piso de arriba de un salto y se tumbó en la cama. Andrea se sentó en uno de los sofás, no paraba de pensar en todo lo que le había ocurrido esa noche, aún pensaba que se despertaría de ese horrible sueño y se encontraría tumbada en su cama, en su casa.

Entonces, se dio cuenta de que tenía hambre ya que no había comido desde hacia bastantes horas. Se levantó, fue a la cocina y abrió la nevera. Aunque dentro no había nada que ella pudiera comer, sólo había bolsas de un líquido rojo espeso, que probablemente sería sangre. También había un par de botellas de cristal de lo que parecía ser agua. Miró por todos los armarios que había en la cocina pero no encontró nada que pudiera comer.

Así que decidió tumbarse en el sofá, se tapó con una manta que había allí doblada e intentó dormir. Al poco de tumbarse cayó rendida en un profundo sueño, aunque no dejó de soñar con los sucesos acontecidos aquella noche. En sus sueños aparecía la chica del almacén a la que Anaria había asesinado partiéndole el cuello. También apareció en sus sueños aquel vampiro monstruoso, volvía a morder a aquella pobre chica y ella moría tras dejar escapar un angustioso gemido.

Andrea se despertó sobresaltada, había tenido otra de esas pesadillas tan horribles. Miró a su alrededor, no había rastro de Jaume. Se asomó a mirar por una de las ventanas y vio que casi se había hecho de noche.

En ese momento le dio por pensar en ese vampiro, Jaume. Pensó que aunque le había dado la impresión de no ser tan malvado como los otros, él era un vampiro. Tendría sed de sangre y seguro querría probar la suya, además ella ahora era de su propiedad y podría hacer lo que quisiera con ella. Empezaron a pasar por su cabeza ideas muy macabras de todo lo que probablemente él querría hacerle. No podía dejar que él le hiciera alguna de esas cosas horribles o incluso, llegar a matarla. Así que se puso a buscar por toda la casa algo con lo que defenderse.

Miró en la cocina, pero no encontró ningún cuchillo ni nada que pudiera usar como arma. Había un armario grande de pared pero estaba cerrado con llave, era imposible abrirlo. En el salón tampoco había nada, tan sólo había libros y más libros. Fue al cuarto de baño y tampoco encontró nada, no había si quiera un espejo, sólo había un bote de jabón, un peine y una toalla de mano. Había un pequeño armario de metal pero estaba cerrado con llave y Andrea, aunque lo intentó, no pudo abrirlo. Fue al salón y se sentó en el sofá, estaba apunto de rendirse cuando miro hacia la cocina, desde allí vio la nevera y recordó que dentro había dos botellas de cristal. Cogió una de las botellas y vacío su contenido en el fregadero, entonces volvió al salón, se sentó en el sofá y escondió la botella de cristal debajo de la manta.

No llevaba mucho tiempo sentada cuando oyó a Jaume levantarse de la cama. Andrea empezó a ponerse nerviosa, no sabía que querría hacer aquel vampiro con ella. Se quedó sentada en el sofá, mientras que con una mano sujetaba la botella escondida bajo la manta, por lo que pudiera pasar.

Jaume bajó por las escaleras al piso de abajo y miró a Andrea de reojo, no le dijo nada, solamente siguió su camino hasta la cocina. Abrió la nevera y sacó una bolsa llena de sangre y comenzó a bebérsela. Cuando terminó, se quedó quieto en la cocina andaba de un lado a otro, a la vez que se tocaba la cabeza, parecía estar bastante nervioso y pensativo. Al momento, se acercó al armario cerrado de la cocina, sacó una llave y lo abrió. Comenzó a sacar varios productos de limpieza, un cepillo para barrer y un recogedor, una fregona y un cubo, trapos y botes con productos de limpieza variados.

- Quizás podrías limpiar un poco por aquí abajo -le sugirió a Andrea a la vez que se giraba hacia ella y la miraba.

A Andrea le extrañó la petición de Jaume, no era lo que ella esperaba, pero era mucho mejor eso que lo que ella pensaba que él querría, así que aceptó asintiendo con la cabeza. Jaume asintió aliviado, estaba claro que tenía dudas de que Andrea aceptará sin poner ninguna pega. Fue hasta la puerta de la entrada, la abrió y se fue sin decir nada, cerrándola con llave. Andrea pensó en escapar pero estaba segura de que estaría todo el pueblo lleno de vampiros despiertos, así que hizo lo que Jaume le había pedido.

Limpió los polvos de los muebles del salón, también limpió un poco el baño y la cocina y barrió y fregó todo el suelo del piso de abajo. No estaba demasiado sucio así que no había mucho que limpiar. Entonces, miró hacia el piso de arriba, aunque Jaume le había dicho que solo limpiara el piso de abajo, tenía curiosidad por ver cómo era su habitación. Así que subió las escaleras hasta llegar al piso de arriba. Era una habitación bastante grande, tenía una gran televisión y una cama enorme. Un armario de cuatro puertas que ocupaba una pared entera y una mesa escritorio con una silla giratoria.

Tuvo curiosidad por ver lo qué guardaba en el armario, así que lo abrió y miró lo que había dentro. Había muchísima ropa, la mayoría oscura, mucha de color negro, Andrea no sabía para que querría tanta ropa. Abrió las otras puertas del armario y se sorprendió al ver muchas maquetas de figuras en miniatura de coches y motos, estaba claro que le encantaba a Jaume el mundo del motor. Le llamo la atención algo que había al fondo del armario, era una especie de caja fuerte. Intentó abrirla pero estaba cerrada, necesitaba una llave para poder abrirla.

- ¿Qué estás buscando?- preguntó Jaume a Andrea a la vez que la agarraba del brazo y la sacaba de allí de muy malas maneras- ¿Qué crees que estás haciendo? Te he dicho que limpiaras abajo, no que subieras aquí y mucho menos registrar mis cosas.

Andrea se asustó mucho ya que no se lo esperaba, ni siquiera lo había oído llegar. No sabía que decirle ni que escusa ponerle, le había pillado registrando sus cosas y él estaba muy enfadado, prefirió quedarse callada y agachar la cabeza.

- No pasa nada - le dijo al cabo de un rato con tono más calmado- pero no me gusta que registren mis cosas, espero que no vuelva a ocurrir...

- Lo siento... No volveré a subir a tu habitación - dijo Andrea y seguidamente se dirigió a las escaleras para bajar al piso de abajo.

Jaume la miró mientras bajaba las escaleras rápidamente. Parecía sentirse arrepentido de haberla tratado así, pero no dijo nada. Se tumbó en la cama, mientras que Andrea se tumbó en el sofá. Ambos no volvieron a dirigirse la palabra el resto del día. Andrea no dejaba de pensar en el enfado tan exagerado de Jaume, quizás escondía algo y por eso no quería que Andrea registrará sus cosas.

Llegada la noche, alguien llamo a la puerta. Jaume se levantó y la abrió, había un vampiro que le dijo algo que ella no pudo escuchar. Jaume miró a Andrea y le hizo una señal con la mano para que fuera hasta donde él se encontraba.

-Vamos, tenemos que ir a la plaza, ven conmigo- le dijo Jaume.

Andrea se levantó y siguió a Jaume. Por el camino, vieron a muchos vampiros ir hacia la plaza también. Algunos de ellos iban acompañados por humanos, entonces se dio cuenta de que ellas no eran las únicas personas a las que los vampiros habían capturado, habrían capturado a muchas más personas a lo largo de los años. La plaza era el lugar donde estaba el escenario en el que habían vendido a Andrea y el resto de chicas. Cuando llegaron, vieron a Anaria subida en el escenario y a Saki, subiendo a dos chicos al escenario, iban vestidos de blanco.

En ese momento, Andrea supo que esos dos chicos iban a ser vendidos también. Tras unas palabras de Anaria, los dos chicos fueron entregados a quienes serían sus dueñas. Andrea sintió lástima por ellos, había estado en su piel y sabía lo mal que lo estarían pasando.

Jaume se acercó a sus padres y estuvo hablando con ellos. Andrea se quedó al margen pero vio como los padres de Jaume se quedaban mirándola, no entendía por qué lo hacían. Al rato, Jaume le dijo que iban a volver a casa. Por el camino de vuelta, no dejaba de pensar en aquellos chicos. Iban a tener una vida miserable a partir de ese día, como la suya, una vida sin libertad, una vida de esclava.

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