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Amor fallido de la CEO: su dulce venganza

Amor fallido de la CEO: su dulce venganza

Autor: : Salmon
Género: Moderno
Perdida en un amor no correspondido, el mundo de Dayna se vino abajo al enterarse del compromiso de Jon con otra chica. Decidida a encontrar su propia felicidad, siguió adelante. La carrera de Dayna despegó pronto. Y los admiradores comenzaron a acercarse a ella. Al darse cuenta de su error, Jon quiso recuperarla, pero Dayna solo respondió con una sonrisa enigmática. Luego, publicó en línea sobre Jon, el encantador director ejecutivo con una sonrisa irresistible, buscando una mujer rica, atractiva y virtuosa para casarse. Para empeorar las cosas, también compartió sus datos de contacto en varios sitios web de citas.

Capítulo 1 Se va a casar

Un escalofrío recorrió la espalda de Dayna Allen por el contacto de Jon Matthews, ella se encontraba tensa en la cama y un suave grito se escapó de sus labios.

"¿Tan pronto te rindes?", el hombre bromeó con un tono a la vez burlón y provocador, y su cálido aliento le rozaba la oreja.

Los dedos de Dayna se aferraron a su brazo, mientras él él siguió con más fuerza, mucho más fuerte de lo que ella esperaba. Abrumada, la joven perdió el conocimiento finalmente.

Cuando despertó, la habitación estaba en silencio y Jon se había ido. Sobre la mesita de noche, junto a ella, un reloj reposaba encima de un cheque.

Al levantarse, se vio en el espejo, su piel marcada por la pasión.

Comprendía la cruda realidad de su relación con Jon: solo le interesaba su cuerpo. Desde el principio, fue ella quien se había acercado a él, impulsada por la desesperación de reunir dinero para el tratamiento de su madre. A cambio de su ayuda financiera, había aceptado un acuerdo tácito: ser su amante secreta, nada más.

Sus interacciones eran estrictamente transaccionales, y cada encuentro era compensado. El cheque dejado junto a la cama, un reflejo numérico de la satisfacción de Jon, era solo otra parte de su acuerdo.

El ruido de la puerta del baño al abrirse la devolvió a la realidad. Jon salió, con los contornos de sus músculos resaltados por las gotas de agua y una toalla holgadamente ceñida a su cintura. Sin embargo, la mirada de Dayna apenas se detuvo en él; su mente estaba en otro lugar.

Se movió para prepararle la ropa, con movimientos mecánicos. Las visitas de Jon eran únicamente para satisfacer sus necesidades; nunca se quedaba a pasar la noche.

Mientras le abotonaba la camisa, con cuidado de no detenerse en la sensación de la tela, Jon la miró a los ojos en el espejo. "¿No estás satisfecha?", inquirió con un dejo de burla.

"No, es demasiado", respondió Dayna con voz serena, y mantuvo la compostura en sus impecables facciones. Ocultaba bien su desesperación; su elegante comportamiento enmascaraba el torbellino de sus emociones.

Dayna no se percató de la silenciosa observación de Jon, pues estaba concentrada en ayudarlo a vestirse.

"Me voy a casar", dijo de repente, con voz seria, rompiendo su silencio habitual.

Sus palabras la dejaron helada mientras Dayna levantaba la vista, y un destello de sorpresa cruzó su rostro.

Como su secretaria, ella había gestionado su agenda, organizando las citas con las posibles candidatas que su madre, Helena Matthews, había elegido. Sin embargo, nunca había salido nada de esos encuentros. Dayna había asumido que eran meras formalidades que Jon soportaba para complacer a su madre. Con el tiempo, las había descartado por considerarlas intrascendentes.

"¿Es la hija del director ejecutivo de Tecnologías Pioneras?". La voz de Dayna sonó estable, carente de emoción, aunque por dentro sentía que todo se derrumbaba. Era la más reciente de las citas que le había programado.

"Así es", confirmó Jon simplemente.

Un dolor sordo palpitaba en el pecho de Dayna, pero lo disimuló bien. "Felicidades", logró decir, con una voz que era apenas un susurro formal.

"Nuestras familias tendrán una reunión formal mañana por la noche. Ocúpate tú". Su tono era indiferente, y la orden implícita contrastaba claramente con la intimidad reciente.

"De acuerdo", respondió Dayna, con una voz que era apenas un eco de resignación.

Jon se fue sin decir una palabra más.

Dayna permaneció inmóvil en el mismo lugar mucho después de que su auto se desvaneciera en la noche. No se movió hasta que el lejano zumbido del motor se disolvió en el silencio.

El sueño la eludió, con sus pensamientos enredados en una maraña de confusión y tristeza. Se quedó despierta hasta las primeras luces del amanecer.

Cuando su alarma volvió a sonar por la mañana, la arrancó de su ensimismamiento. Su corazón pesaba. Se saltó el desayuno y se maquilló para ocultar las ojeras de su noche en vela.

Mientras se dirigía al trabajo, la voz de Jon sonó en su teléfono y le dio instrucciones para convocar una reunión improvisada con los ejecutivos.

Dayna se instaló en su rutina de oficina e hizo que su equipo preparara la sala de conferencias, y luego se dirigió al despacho de Jon para hacer los ajustes necesarios para su jornada.

Como de costumbre, organizó meticulosamente los documentos para cada departamento y se aseguró de que el ambiente de la oficina fuera perfecto, y ajustó el aroma y la temperatura hasta que quedaron perfectos.

Jon entró, con su presencia imponente de siempre, vestido con un traje elegante y perfectamente entallado. Su rostro mostraba una expresión seria. Dayna le entregó su café matutino y lo puso al día rápidamente sobre la agenda.

Él apenas le prestó atención mientras revisaba los documentos que ella había preparado.

Mirando el reloj, Dayna le recordó: "Señor Matthews, es hora de la reunión".

Todo transcurrió sin contratiempos y, una vez terminada, Dayna finalmente tuvo la oportunidad de relajarse. De vuelta en su escritorio, notó una caja de regalo.

"Es de parte de la señorita Madison Scott, de Tecnologías Pioneras", le explicó una de sus compañeras.

Curiosa, Dayna abrió la caja y encontró una lujosa pulsera, claramente costosa, en la que el logo de la marca se veía claramente.

"Parece que todas recibimos una", añadió su compañera.

"La señorita Scott sí es generosa. Acabo de revisar, y esta pulsera vale más de 10 000 dólares", comentó una colega, y examinó la lujosa pieza.

"Pero no se trata solo del precio", intervino otra. "Es un mensaje claro. Está dejando claro que el señor Matthews es suyo".

La oficina bullía de susurros, pues la noticia del compromiso de Jon y Madison ya circulaba desde esa mañana.

"¿Deberíamos aceptarlos?", le preguntó alguien a Dayna, con voz incierta.

"Por supuesto. Sería inapropiado rechazar un regalo de la futura señora Matthews", respondió la joven, y extendió el brazo para que su compañera la ayudara a ponerse la pulsera.

Capítulo 2 Un encuentro

Al caer la noche, Dayna llegó temprano al restaurante para asegurarse de que todo, desde el menú hasta la disposición de la sala, fuera perfecto. Poco después, las familias Matthews y Scott empezaron a llegar para el evento.

Jon y su madre, Helena, entraron, seguidos de cerca por Madison y solo su padre, Craig Scott, ya que la madre de la joven había fallecido. Dayna, siempre atenta a su papel, acompañó a cada invitado a sus asientos y se ocupó de servirles agua.

Madison, al fijarse en la pulsera que Dayna llevaba en la muñeca, no pudo evitar preguntar: "¿Esta señorita también forma parte del Grupo Matthews?".

Las mujeres suelen percibir una sutil rivalidad, sobre todo cuando se enfrentaban a alguien tan llamativo como Dayna, que, a pesar de llevar un maquillaje mínimo, tenía una belleza impresionante.

"Es la secretaria de Jon. Se llama Dayna", intervino Helena con rapidez antes de que la aludida tuviera la oportunidad de responder.

"Con razón es tan eficiente y capaz, y además es muy guapa", comentó Madison, con una sonrisa educada pero calculadora.

"Gracias, señorita Scott", respondió Dayna, manteniendo su actitud profesional.

Helena, siempre vigilante, miró su reloj y se dirigió a la secretaria. "Le pedí a Rhonda que trajera el regalo para Madison. ¿Podrías comprobar si está aquí?".

Entendiendo que la intención era despedirla, la joven asintió. Sin embargo, antes de que pudiera alejarse, la ayudante de Helena, Rhonda Blake, entró, flanqueada por dos guardaespaldas que llevaban un joyero adornado. Abrieron la caja para mostrar una colección de lujosas joyas que cautivó incluso a los adinerados Scott.

Craig, con evidente emoción, exclamó: "¡Esto es un lujo increíble!".

Helena, con tono de orgullo maternal, respondió: "Solo lo mejor digno de la futura nuera de la familia Matthews". Luego se volvió hacia su hijo y le ordenó: "Jon, ¿por qué no ayudas a Madison a probarse el collar?".

El hombre, por lo general reservado salvo en la intimidad, cumplió con su deber y colocó el collar alrededor del cuello de Madison.

Helena sonrió con satisfacción y anunció: "Jon lo encargó especialmente para ti".

"Gracias". Las mejillas de Madison se sonrosaron mientras se volvía hacia Jon, con una mirada tierna.

"Dayna, ¿no crees que hacen una pareja perfecta?", preguntó Helena, llamando deliberadamente a la secretaria, lo que atrajo la atención de Jon hacia ella.

Sin dudarlo, la joven respondió con practicada compostura: "Sí, una pareja ideal".

Los años trabajando codo a codo con Jon habían perfeccionado su capacidad para ocultar sus emociones a la perfección.

Helena pareció complacida con el respaldo de su empleada, y suavizó la mirada mientras miraba a la joven pareja.

Craig se sumó a los elogios, claramente emocionado por las perspectivas de unir a su familia con los Matthews.

Al concluir la cena, Craig y Helena crearon un momento privado para Jon y Madison, y planearles una cita, antes de marcharse del restaurante con sonrisas satisfechas.

Sola, Dayna sintió una oleada de agitación. Como no estaba lista para volver a su apartamento vacío, se encontró entrando en un bar cercano, con la esperanza de pasar desapercibida y escapar por un momento de sus emociones confusas.

Una voz conocida interrumpió su ensimismamiento: "¿Señorita Allen?".

Al volverse, Dayna se encontró con Ryan Simpson. Su presencia era inconfundible. Llevaba una camisa gris plateada, con las mangas arremangadas hasta los codos, y su chaqueta, que había tirado con despreocupación, estaba sobre un taburete de la barra. Su aspecto pulido contrastaba con una sutil agudeza en su mirada.

Dayna respondió, asintiendo, con la guardia instintivamente en alto: "Señor Simpson".

Ryan había crecido con Jon, y su relación siempre había estado marcada por una mezcla de amistad y rivalidad, lo que complicaba su relación.

"¿Disfrutando de una tranquila velada a solas, o intentando ahogar la fanfarria de la velada?". La voz de Ryan tenía un tono que mezclaba curiosidad y ligera burla. Ella le dedicó una sonrisa pequeña y evasiva, prefiriendo no divulgar sus pensamientos. La postura relajada de Ryan y el brillo de sus ojos sugerían que estaba muy interesado en su estado actual.

"¿Escuché que hoy hubo una reunión familiar entre la familia Matthews y la familia Scott? ¿Quizás para hablar de campanas de boda?". Ryan encendió un cigarrillo con aire casual, sin apartar la mirada de ella.

Aunque la relación entre Dayna y Jon estaba envuelta en misterio, Ryan tenía un don para ver más allá de las apariencias.

"¿Planeas ofrecer tus felicitaciones? Te perdiste la celebración", replicó Dayna, tratando de mantener un tono neutro.

Ryan la observó de cerca, como si intentara descifrar un enigma especialmente difícil. "Tu lealtad es realmente admirable, señorita Allen".

Dayna ofreció una sonrisa educada, ocultando sus verdaderas emociones. "Simplemente cumplo con mis deberes. ¿De qué otra forma podría justificar mi sueldo?".

Ryan era astuto al observar que Dayna siempre parecía llevar un escudo invisible, controlando perfectamente sus expresiones y respuestas para mantenerse indescifrable.

"Sé sincera conmigo; ¿no sientes nada por Jon después de todos estos años? ¿No aspiras a ser la señora Matthews algún día?".

La sonrisa de Dayna no flaqueó. "El señor Matthews me paga por mi trabajo, y nada más. ¿Qué te hizo pensar lo contrario, señor Simpson?".

Ryan bajó la voz a un susurro burlón, mientras se inclinaba más hacia ella, pasando su brazo por sus hombros. "¿Y si te ofreciera lo suficiente para pasar una noche conmigo? ¿Lo considerarías entonces?".

Capítulo 3 La echó de su casa

Ryan estaba a punto de tocar a Dayna cuando Jon se interpuso. La apartó con una facilidad que dejó a todos atónitos.

"¡Vaya, vaya! Eso es bastante directo, ¿no crees? ¿Tu prometida estaría de acuerdo con eso?", preguntó Ryan, con un tono ligeramente desafiante.

Jon, tan tranquilo como siempre, respondió sin dudarlo: "¿Por qué no se lo preguntas tú mismo?". Acto seguido, sacó a Dayna del bar.

Afuera, Jon no perdió el tiempo. Abrió la puerta trasera de su auto y empujó a Dayna con más fuerza de la necesaria antes de acomodarse a su lado.

El intenso y familiar aroma de su colonia invadió el espacio, y Dayna se movió hacia la ventanilla para poner distancia entre ellos.

Rompiendo el tenso silencio, la joven se atrevió a preguntar: "¿Entonces, la cita no funcionó?".

Había hecho todo lo posible para organizar la velada para Jon y Madison, incluso reservando una habitación de hotel, sin imaginar que terminaría de forma tan abrupta.

"¿Qué? ¿Arruiné tus planes de conocer a otros hombres?", respondió Jon con brusquedad, agarrándola por la barbilla y girando su rostro hacia el suyo.

Dayna, sorprendida por su tono acusador, tartamudeó. "Fue pura coincidencia. La ciudad de Wouford es demasiado pequeña para que...".

Pero su explicación fue interrumpida por los labios de Jon, que se posaron sobre los suyos en un beso cargado de ira.

Al sentir el cambio en su actitud, Dayna lo empujó con firmeza. "¡Señor Matthews!", protestó, liberándose de su agarre.

Jon frunció aún más el ceño ante su resistencia: Dayna rara vez se oponía a él, y eso lo irritaba.

"Ahora tienes prometida. Esto debe terminar", declaró Dayna con firmeza, pues llevaba días reflexionando sobre esa decisión.

"Repite lo que dijiste", ordenó Jon, con voz grave.

Dayna lo enfrentó con determinación. "Señor Matthews, no puede esperar que continúe con este acuerdo después de que se case. Tengo que pensar en mi propio futuro mientras todavía tenga la oportunidad".

Su tono era desapegado, como si su pasado no hubiera sido más que una simple transacción.

La mirada de Jon se posó sobre sus labios. "Así que, ¿de verdad planeas estar con Ryan?".

"Sí", confirmó Dayna sin rodeos, su admisión tajante.

"Entonces estás cometiendo un error", soltó Jon, con un tono amargo y cínico. "Siempre se interesa por lo que es mío. Y solo te quiere porque estuviste conmigo".

La respuesta de Dayna fue calculada, asumiendo el papel que él esperaba. "¿Qué más da? Nunca he estado con alguien como él, y podría ser igual de generoso".

"¿Alguien como él? ¡Qué valiente eres al decir eso!", comentó Jon, con un tono que ocultaba una amenaza bajo su aparente calma.

Dayna, aparentemente ajena a la amenaza, respondió con fría indiferencia: "No se preocupe, señor Matthews. Mantendré nuestra vida personal y profesional separadas". Intentó abrir la puerta del auto, buscando escapar, pero Jon la bloqueó con un chasquido decisivo.

Antes de que pudiera protestar, las fuertes manos de Jon la inmovilizaron con una rapidez inquietante. Mientras sus manos se deslizaban bajo su ropa, preguntó con voz cortante: "¿Crees que puedes decidir cuándo termina esto? ¿Se te ocurrió preguntarme? ¿Desde cuándo pones tú las reglas?".

"¡Jon Matthews, no seas un imbécil!". Era la primera vez que lo llamaba por su nombre completo, y su voz cargaba una severidad que nunca antes había mostrado.

Jon ignoró sus protestas y deslizó sus dedos con crueldad bajo su falda, hasta llegar a su ropa interior.

Dayna ahogó un grito de dolor, mordiéndose el labio mientras él se desabrochaba el cinturón y la tomó con una fuerza que hizo temblar el interior del auto.

A la mañana siguiente, Dayna se despertó en su propia cama, en una habitación silenciosa e inundada de luz, con el otro lado de la cama vacío, como siempre.

Afuera de su puerta, los sonidos extraños la sacaron de su ensimismamiento. Al abrir la puerta, Dayna encontró a Rhonda guiando a un grupo de personas hacia el interior de su casa.

"¿Rhonda?", cuestionó Dayna, mientras se ajustaba la bata sobre la camisola, intentando ocultar las marcas visibles en su cuello.

Rhonda ignoró su intento de retroceder y le bloqueó el paso. "Señorita Allen, lamento la intrusión". Con un gesto de su cabeza, sus cómplices comenzaron a empacar a toda prisa las pertenencias de Dayna en maletas, y finalmente lanzaron fuera tanto el equipaje como a ella misma.

El frío de principios de marzo se clavaba en su piel, especialmente crudo contra su escasa ropa. Pero Rhonda no se inmutó ante el temblor de Dayna mientras ordenaba que cambiaran las cerraduras justo delante de ella.

"La señora Matthews tenía una buena opinión sobre usted, creía que sería astuta. Claramente se equivocó. Ahora, debo ocuparme de esto", declaró Rhonda, con palabras tan frías como el aire.

Rhonda daba sus instrucciones con una frialdad profesional, sin mostrar la menor simpatía. Dayna permaneció en silencio, pues sabía que cualquier intento de discutir sería en vano.

"La señora Matthews mencionó que si sigue cooperando, seguirá cubriendo los gastos médicos de su madre. Después de todo, usted y el señor Matthews tienen una historia bastante larga", añadió Rhonda con un tono cargado de condescendencia, repitiendo el desdén de Helena antes de irse.

La pérdida de su padre y la enfermedad crónica de su madre la habían vuelto más fuerte, o eso creía. Sin embargo, los recientes golpes, que culminaron en su desalojo, hicieron que una lágrima inesperada brotara de sus ojos.

Al final, contactó a su mejor amiga, Caroline Hudson, en busca de apoyo. Cuando esta llegó, encontró a Dayna temblando de frío, vestida solo con una bata delgada.

"¡Qué bueno que esta es una entrada privada, o todo el mundo habría visto este espectáculo!", intentó bromear Dayna, ocultando un tormento que su amiga notó al instante.

En silencio, Caroline envolvió a Dayna con su abrigo, con la preocupación reflejada en sus ojos.

"¿Cómo puedo ponerme en contacto con Jon Matthews?", exigió, con la voz ronca por la ira, lista para confrontarlo por lo que le había hecho a su amiga.

"Por favor, déjame conservar un poco de dignidad", imploró Dayna, frenando a su amiga.

Al comprender la situación de su amiga, Caroline suspiró hondo y sintió una profunda tristeza por ella. Sabía que armar un escándalo no cambiaría nada. A regañadientes, ayudó a Dayna a recoger sus pertenencias. "¡Vámonos de aquí!".

Dayna se refugió en el apartamento de Caroline, pero su mente no dejaba de pensar en su madre. Pronto se dirigió al hospital, solo para encontrar la habitación de su madre extrañamente vacía, y sus pertenencias personales habían desaparecido.

Desesperada, Dayna detuvo a una enfermera que pasaba y preguntó: "¿Dónde está mi madre?".

"¿La paciente Susan Allen? Fue dada de alta más temprano", respondió la enfermera con tono casual.

"¿Quién se la llevó exactamente?", presionó Dayna, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

"Alguien con el apellido Matthews", respondió la enfermera, sin ser consciente del impacto que sus palabras tendrían en Dayna.

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