Después de varios meses de haber culminado mi primer libro: Mi única realidad, he decidido continuar la historia de mi protagonista: Leonardo Puentebello, lo he resuelto así por aquellas personas que me han pedido una segunda parte, y el darle otro giro a la vida de mi actor principal, y con esto me refiero a hacerlo responsable de sus actos aunque hayan sido con las mejores intenciones en su momento, porque como dicen: todo lo que haces se devuelve multiplicado (sea bueno o malo).
En este libro encontrarás no solo lo que sucedió exactamente después de que Leonardo se alejara de esa vida de mentira en la cual vivía, sino también su actualidad, pues han transcurrido once años...
Leonardo, Altaír y Emma, ahora tienen nuevas identidades, una vida totalmente diferente a la que algún día tuvieron, aun así, son felices, aunque viven su día a día con un pasado a sus espaldas.
Leonardo Puentebello ahora como Esteban Martinez y Altaír Moreau como Laura Sánchez: creen que algún día ese pasado vendrá por ellos.
Emma, quien ahora se llama Danna Martinez Sánchez, está por cumplir sus 17 años y no recuerda su vida cuando era pequeña, aunque no le da importancia a ello, aun cuando los únicos familiares que tiene son: sus padres, su hermano y una tía.
Carlos es el único hermano de Danna, tiene 7 años, quien a su corta edad se avergüenza de su familia y a veces pareciera que su mayor objetivo es importunar a su hermana día y noche; a pesar de ello, es el mejor en cada una de sus clases, con gran curiosidad y creatividad, con excelente memoria y rápido en aprender.
Junto a ellos ha estado Irina Sharápova (Leanne), ahora llamada: Valeria Sánchez, para todos: Laura (Altaír) y ella son hermanas. A raíz de su pasado, Valeria se ha visto obligada a ser fuerte, ella ha forjado una coraza de hierro invisible para protegerse.
Tras pasar poco más de una década: Esteban, Laura y Valeria se reencuentran con su pasado, aquel que intentaron olvidar y que ahora llega a arrasar con esa nueva realidad que han formado; y lo peor, es que ahora deberán enmendar el peor error que cometieron: Ocultarle todo a Danna.
Ahora Esteban y Laura están dispuestos a todo con tal de recuperar a su hija.
Valeria deberá decidir si perdonar o no a aquel hombre que tanto daño le causó.
Y Carlos aprenderá a valorar a su familia.
"Lo que somos hoy,
lo somos por todo lo que hemos vivido,
aprendido, sufrido, llorado...
Es el resultado de nuestro pasado.
El pasado siempre vuelve por mucho que queramos enterrarlo".
- Use Lahoz.
(Actualidad)
Danna (Emma)*
-¡Por fin terminé este trabajo! Ya solo me falta ponerle mi nombre al cuadro de arte y ¡listo!
-Daaanniii -me llama mi mamá desde el segundo piso.
-¡Voy má!
Bajo las escaleras; la encuentro en su habitación.
-¿Me necesitas?
-Sí hija. Necesito un inmenso favor.
-Cualquier cosa, menos ir a la tienda.
-Pues lamento decirte que sí es ir a la tienda.
Hago mala cara.
-Toma -me entrega dinero- ya Don Jairo sabe qué es, así que solo es pagar y traer lo que te dé.
-No entiendo por qué no va el bobito de mi hermano.
-Tu hermano no es ningún bobo y está muy pequeño para salir solo -expresa ella.
No le respondo y salgo de mi casa para hacer lo que me pidió, al regresar, subo al salón de estudio (como le puso mi papá) para marcar mi tarea y guardarla...
-Espera ¿qué? -me digo asustada. Me froto los ojos y antes de volverlos a abrir respiro profundo y suelto el aire varias veces- esto no es cierto, esto que acabo de ver fue imaginación mía. ¡Tranquilízate Danna! -abro los ojos y veo el hermoso rostro de mi novio que pinté en óleo sobre lienzo, el cual ahora tiene manchones negros por todos lados.
La furia me invade -Mamáaaa -grito mientras mis ojos se llenan de lágrimas -Mamáaaa ¿no escuchas que te estoy llamando?
Ella sube corriendo las escaleras -¿Qué pasa? ¿por qué gritas?
-¿Qué por qué grito? ¡Pues mira! -le señalo mi cuadro- yo ya lo había terminado y era el mejor de todos los que he hecho y mientras fui a la tienda porque tú me lo pediste, Carlos vino y lo arruinó.
Mi mamá sale de su asombro -¡Carlos! -lo llama enojada- Carlos, ven para acá.
-Señora.
Lo veo asomarse en la entrada con cara de angelito, y es que él es de esos que son incapaces de romper un plato, pero la verdad es que sí son capaces de romperte la vajilla completa.
-Dime qué pasó con el cuadro de tu hermana.
Se queda observando mi lienzo sin responder.
-¿Acaso no me escuchaste? Dime qué pasó con el cuadro de tu hermana.
Silencio. Silencio rotundo. Él lo único que hace es bajar su rostro.
-Carlos, ya hemos hablado de esto, ¿cómo es posible que le hagas este tipo de cosas a Danna? ¿acaso te gustaría que ella te hiciera lo mismo?
-Lo hice porque ella no quiere jugar conmigo -rompe el silencio- y yo no tengo con quien más jugar...
¡Y aquí va otra vez! ¡Siempre es lo mismo! Se hace la víctima, el pobrecito, el incomprendido. Ahora sale con que ¿no juego con él?, en dos meses cumpliré 17, soy mayor de él casi 10 años y él pretende que me ponga a jugar con él a carritos y globitos y ...
¡Ahora que lo pienso! Este discurso fue planeado por él, lo sé porque él no juega con carros ni nada de eso. Él es de tocar instrumentos, hacer experimentos, leer, si a mucho: juega Xbox, Lego y rompecabezas de más de 1.000 piezas y todo lo hace solo. No le gusta compartir, no le gusta que le ayuden porque siente que dudan de sus capacidades.
-Danna -mamá interrumpe mis pensamientos- Tu hermano te está pidiendo disculpas.
Aprieto mi boca para después responder -¿y que va a pasar con mi trabajo de artes?
-Ya veremos cómo lo solucionamos, primero acepta la disculpa.
Levanto mi voz -¿Por qué siempre eres así? Siempre le dejas pasar todo, nunca le pones un alto. Por eso hace lo que quiere; por eso él me molesta, porque tú siempre lo defiendes.
Me dirijo rápidamente hacia mi habitación.
Ella camina detrás de mí -Yo no lo estoy defendiendo ¿y como que nunca le pongo un alto? ¿Acaso no recuerdas aquel mes que él estuvo sin sus clases extra?
Llego a mi cuarto y antes de cerrar le digo: -Ese y todos los castigos han sido impuestos por mi papá, sabes, a veces creo que no soy tu... -me detengo y cierro la puerta de un golpe.
Me quedo de pie sintiéndome mal por lo que acabo de decir, aunque no terminé la frase, sé que ella entendió lo que quise decir.
Escucho golpes suaves en mi puerta.
-Nena, ábreme por favor.
Me siento en el suelo, no quiero hablar con ella ahora.
-Está bien, hablaremos cuando estés tranquila.
Mi celular timbra, contesto:
-Hola mi Toni.
-Hola mi Danni ¿Estás bien? Te escucho apagada.
-El mismo tema de mi casa. Ya sabes.
-Tu hermano.
-Así es.
-¿Y ahora que hizo?
-Dañó mi tarea de artes.
-¿y qué era? Si quieres te ayudo a volverla a hacer.
-Sí, es buena idea.
-Entonces, ya voy para allá.
-Espera, mejor yo voy porque no quiero arriesgarme a otro desastre, y dejo mi cuadro allá y me lo llevas mañana al cole ¿sí?
-Bien. Por mí está bien, pero dices que ¿es un cuadro?
-Sí, es un cuadro relativamente grande.
-Entonces voy para allá a ayudarte a traer todo.
-Gracias Mi Toni lindo, te espero.
Su llamada me ha cambiado mi estado de ánimo. Me lavo la cara y salgo de mi habitación para ir al salón de estudio, allí está mi mamá verificando que mi hermano meta mis materiales a una bolsa negra.
-¿Acaso van a botar mis cosas? -pregunto.
-Tu hermano no solo dañó tu tarea; también untó de betún tus pinceles, los lienzos limpios, la paleta, los trapos, el rollo de papel de cocina, los recipientes y como si fuera poco, también desperdició todas las pinturas y los diluyentes.
-¿Qué hizo qué?
-No te preocupes. Cuando él termine de tirar todo a la basura; va a ir por todos los ahorros de sus mesadas y te los va a entregar para que repongas todo y te puedes quedar con lo que quede -voltea a verlo- ¿Cierto Señor Carlos?
-Cierto -responde entre dientes.
-Por mí está bien- digo tratando de disimular que estoy feliz porque sé que mi hermano tiene ahorrado una muy buena suma de dinero, porque él sabe administrarlo muy bien, en cambio a mí me es difícil ahorrar porque todo se me va en salidas con mis amigos y en los regalos para mi novio -Por cierto, Toni viene, quedamos en que él me ayudaría a hacer la tarea, pero en casa de él.
-¿Tu papá sabe?
-Nnnooo. ¡Ya lo llamo!
-Sabes que a él no le agrada Antonio, pero cuando él llegue, le explico lo sucedido.
-Gracias má.
Seguimos a Carlos mientras lleva la bolsa al sótano.
-Mami.
-Dime.
-Lamento lo que te dije -le digo mirándola a los ojos.
-Lo lamento más yo, hija-me abraza.
(Dos días después)
Camino por el pasillo principal de mi colegio y al tiempo saludo a todos. Soy la capitana de las porristas y contrario a lo que muchos se imaginan de las capitanas: No soy una chica fácil.
Se acerca mi mejor amiga, Sara-Siento que voy a perder mi soltería.
-¿y eso?
-¡Tengo nuevos vecinos!
-¿Nuevos? Ni sabía que llegarían nuevos -la miro- por tu cara, deben ser guapos.
-¡Son cinco! Un señor, tres chicos y una chica que se nota es la mayor, ella es muy bonita, pero no me interesa, y tampoco su papá.
-A mí igual.
-Uno de los chicos es blanco, delgado, de cara es normalito...¡sí, muy muy normalito!
Muevo mi cabeza negando -¿muy, muy normalito? ¡Qué exigente!
-¡Ya me conoces! Aunque le pasaría lo normalito, pero su peinado jamás; porque se peina algo raro.
-y cómo es eso de raro.
-Parece lamido de vaca.
-Aaah ok. Entonces supongo está cancelado.
-Exacto. Y de los otros dos, la verdad no sé cuál elegir.
-¿Tan difícil es? Y es curioso eso de: No sé cuál elegir; ojalá el que elijas, también te elija a tí ¿lo has pensado?
-me da un poco de risa.
-A mí nadie me dice que no ¿lo olvidas?
-Ok. Como digas.
Entramos al salón, nos sentamos cerca, sacamos nuestras libretas y mientras le echo una ojeada a mis últimos apuntes...
-¡Descríbemelos!
-Uno es blanco, cabello negro, alto, ojos negros...
Llega la profesora para iniciar clase.
-¡Ésta tarde vas a mi casa! -me dice mi amiga acomodándose en su silla, me sonríe y me guiña un ojo.
Mi amiga no tiene remedio definitivamente.
...
Al llegar a casa de Sara, su mamá deja de trabajar en la computadora para servirnos el almuerzo...
-Preparé una tarta de manzana -nos dice la Sra. Paula.
-¿enserio la preparaste mamá?
-Sara ¿Cómo te atreves a preguntarme eso?
-Me atrevo porque te conozco, siempre las dejas quemar o te quedan super insípidas así que sueles salir a comprarlas.
Su mamá hace un resoplido -Es cierto, puedo engañar a cualquiera menos a ti; es tan frustrante el no poder preparar una simple tarta.
-Eso no es nada del otro mundo mamá, así te amo y es lo único que te debe importar.
-También debo confesar otra cosa -continúa su mamá.
La miramos con cara de incógnita.
-La verdad, la tarta no es para nosotras.
-Ah ¿no? ¿entonces?
Sonríe y hace señas hacia la casa de los vecinos.
-¿Es para los vecinos? Mamá, pero cómo se te...
-¡Hija! Como vecinas debemos darles la bienvenida, ¡no podemos ser groseras!
Sara se queda callada, me mira con media sonrisa y sigue comiendo.
-¿tú nos acompañas, linda?
Sara mueve su dedo índice indicándome que diga que sí.
-Sí, si señora. Yo las acompaño -sonrío.
...
La Sra. Paula timbra en la casa de al lado y abren dos chicos que están ¡Wow! ...
-¡Límpiate la baba! -me dice al oído mi mejor amiga.
La miro feo y la ignoro.
Ellos se presentan y nosotras también.
Hay uno que se me queda viendo, me pone nerviosa y siento que se me eriza la piel. Nos hacen entrar y nos presentan al resto de la familia: el señor Alejandro es viudo, su esposa falleció de cáncer hace dos años; Melani es su hija mayor quien está por terminar la universidad, pero se ausentará por una semana para ayudar a organizar la casa; le sigue el chico rubio que se llama Daniel, él va a iniciar la universidad el próximo semestre y Oscar que es el que tiene el lamido de vaca, que, aunque es alto tiene 14 años. Y el chico de cabello negro que me había alcanzado a describir Sara, es el sobrino del Sr. Alejandro quien está en año sabático y por ahora está con ellos y se llama Sebastian.
-¿Cuál escoges? -me pregunta en voz baja mi amiga.
-Ninguno.
-Yo iba a escoger a Sebastian, pero me di cuenta de que él puso sus ojos en ti, así que me quedo con Daniel.
-¡No sé de qué hablas!
-No te hagas.
-Tengo novio ¿lo recuerdas?
Me hace una mirada de fastidio -No entiendo cómo puedes seguir con él...
Le levanto mi mano derecha indicándole que pare, ella lo entiende y se acomoda en el sofá.
Miro a Sebastian, me gusta su nombre, y él... es muy guapo, me gusta su cabello, y parece que se viste bien, pero ... ¿qué estoy pensando? Mejor dejo de pensar tonterías. Miro a mi amiga y ésta me mira con sus ojos entrecerrados y tiene una leve sonrisa. Miro a la Sra. Paula y ella está ... ¿es enserio? Está coqueteándole al señor viudo y delante de sus hijos ¡qué vergüenza! Pensarán que nosotras dos somos así, miro nuevamente a Sara para decirle lo de su mamá, pero ahora ella está de miradas coquetonas con el rubio y Sebastian no me quita la mirada, siento que me estoy empezando a poner roja, ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
Me hago la boba mirando las fotos que están en las paredes.
Daniel se sienta en una silla pequeña al lado del sofá.
-¡Hola! -saluda a Sara.
-¡Hola Daniel! -le responde sin voltearlo a ver.
-Así que sabes cómo me llamo.
-Me aprendí el de todos.
-Me alegra que vivamos cerca, podemos hablar seguido -saca su celular del bolsillo trasero del pantalón y se lo entrega- Regálame tu número, nena.
-No me digas nena, odio esa palabra -expresa mientras escribe.
-Ok. ¿Entonces te puedo decir Sarita?
¿Se acaban de conocer y ya le quiere decir Sarita? ¡Qué atrevido!
-Bueno chicas ¡ya nos vamos! -nos dice la Sra. Paula.
Me pongo de pie y alcanzo a ver que él le dice algo al oído a ella.
Nos despedimos y cuando llegamos a su casa...
-¿Qué te dijo Daniel?
-Él me dijo: Pensándolo bien, tus amigos deben decirte: Sarita, así que mejor te diré: muñeca.
-¿muñeca? -carcajea su mamá.
-No te rías mamá, el chico es lindo.
-Su padre aún más.
-¡Mamá no te quiero de madrasta de él y mi suegra al tiempo!
-¿y porque no? Sería la mejor suegra de todas.
Y es en momentos así que recuerdo porqué mi amiga es así, salió a su mamá.