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Amor mío, te detesto

Amor mío, te detesto

Autor: : Magali Weaver
Género: Romance
«Admite que me deseas, que añoras lo bien que te hacia sentir y que nadie va a poder darte lo que yo te di ». «¡No! ¡No te deseo y nunca volveré a confiar en ti! ¡Nunca volveré contigo! Casarme contigo fue mi peor error». Suspiré al sentir que me apretaba contra su pecho duro. « ¿No? Tu cuerpo me dice lo contrario». Sus labios acariciaron suavemente los míos. Treinta días, solo debíamos mantener la farsa por treinta días de aquel matrimonio acordado y luego todo se habría solucionado. Iba a ser muy fácil, solo tenía que pulirme un poco para parecer la esposa de clase perfecta, y el resto sería pan comido. Él iba a obtener el trabajo de sus sueños y yo recuperaría mi dinero. Solo teníamos dos reglas: No consumar. No enamorarnos. Pero a veces las reglas se crean solo para romperlas... Y por muchos planes que realicemos, difícilmente podamos controlar el amor. Cameron Hamilton es un abogado meticuloso con aspiraciones a manejar el legado familiar, un hombre que cree tener todo planeado y bajo absoluto control, mientras que Tessa Joyce es lo que podría llamarse un desastre de cabo a rabo que no para de meterse en problemas. De mundos diferentes y sin nada en común, estaban destinados a nunca conocerse. Sin embargo, una noche de tragos en Las Vegas puede poner el mundo de ambos, patas arriba.

Capítulo 1 Una esposa para el lunes

Cameron

Estaba seguro de que mi expediente estaba siendo revisado por los decanos del bufete Royal Dankworth justo en ese instante y realmente esperaba ser su hombre. ¿Por qué no habría de serlo? Era joven, bien parecido, tenía hambre de logros y provenía de una de las familias más importantes del país.

La verdad era que debía a fuerza tener hambre, a pesar de que teníamos probablemente una de las compañías de asesoría financiera más grandes del país, mi padre se había negado a contratarme cuando complete el curso de contabilidad y le dije que deseaba más que cualquier otra cosa convertirme en abogado tributario y formar parte de la junta para un día tomar las riendas como CEO de Hamilton Global.

De hecho me había lanzado uno de sus discursos sobre que debía buscarme la vida y encallecerme en el mundo real. Zambullirme en los desafíos que proporcionaban una oficina pública tan grande como la defensoría publica, un lugar donde los abogados tomaban casos gratuitos por menos de cuarenta mil dólares al año.

¡A la mierda con mi padre! No había estudiado para eso en una de las mejores universidades de derecho, ni tampoco era lo que esperaba de mí, Nicole o su familia.

Nicole era mi novia desde la escuela, luego de terminar la universidad, habíamos coqueteado varias veces con la idea de comprometernos, pero la verdad era que en la posición en la que estaba no tenía mucho que ofrecerle, cosa con la que estaban de acuerdo sus padres; el gran congresista Acher y distinguida esposa.

Esa era una de las grandes razones por las cuales estaba allí, junto a otros cinco postulantes con trajes nuevos, corte de cabello impecable. Nos observábamos de tanto en tanto lanzándonos miradas de odio. Solo había un puesto, por lo que cinco de nosotros se irían a casa con las manos vacías.

El móvil comenzó a sonar en la chaqueta de una forma tan insistente que los que estaban sentados a mi lado comenzaron a mirarme raro. Negué con la cabeza con una sonrisa condescendiente, antes de mirar de quien se trataba.

Era Nicole, claro, ¿quién más podría ser? Por lo que supe que no tenía otra opción que atender de inmediato o iba a estar en serios problemas.

-Al fin...-Bufó contra el auricular. -Estoy muy ocupada, tengo que entregar las notas a papá para las diez y voy atrasada.

Nicole trabajaba con su padre, organizando asambleas que a nadie le importaban.

-Tú me llamaste. -Le recordé en voz baja. -Estoy esperando para la entrevista en el bufete del que hablamos, ¿lo recuerdas?

-Sí, ya. Lo que quiero decir es que solo tengo un minuto. -Hizo una pausa, antes de suspirar. La señal de que la había puesto de mal humor. -Claro, lo recuerdo, sobre todo recuerdo que pagaban ochenta mil dólares anuales. Suena prometedor, espero que lo consigas, estoy cansada de estar todo el día de aquí para allá haciendo recados a mi padre. -Hizo una pausa eterna, durante la cual la imaginé mordiéndose el carrillo, debatiéndose entre si decirme o no lo que estaba pensando. Por lo que carraspee para animarla. -Aunque para ser sincera, me parece basura que estés buscando trabajo, cuando tu hermano recibe medio millón de dólares a la semana. Con eso podríamos casarnos, Cam.

Suspiré profundamente.

-Sí lo hace, pero le cedió a mi padre un porcentaje de sus acciones con derecho a voto, cosa que yo nunca haré.

-Ya lo sé cariño, solo que me gustaría casarme contigo cuanto antes.

Nicole, no aspiraba a demasiadas cosas en el mundo, excepto a conseguir un marido rico, que le permitiese ir de compras tan a menudo como desease con su madre e ir al club a diario a pasar las tardes. Por desgracia yo no era ese hombre por el momento, aunque esperaba poder serlo. Ella era el amor de mi vida. Solo quería hacerla feliz, amanecer con ella entre mis brazos y quien sabe en un par de años tener un par de niños.

Sonreí bobamente ante la idea.

-Yo también. -Convine. -Es un gran detalle que llamases para desearme éxito.

-Sí, claro, pero no llamaba por eso. -La imaginé mordiéndose nuevamente el labio de forma nerviosa. -Te llamaba porque el martes es el cumpleaños de mamá y nos espera a cenar en el club con ellos, a las siete. -Su madre no me gustaba, ni un poco, aunque no dije nada. -Necesito que vayas vestido de manera formal, ya sabes chaqueta y corbata. Puedes usar esa que te regalé hace dos meses, la que compre en Zegna.

-Ya. -Le dije cada vez de peor humor, aquello me sonaba a que era una de esas encerronas tenaces a las que me sometían una vez cada seis meses para ver si podían encarrilarme, haciéndome entrar en el bufete de dudosa integridad de un amigo, o como alcahuete de algún político. Porque al igual que mi propio padre no me creían a la altura para sentarme a la mesa y al igual que él intentaban manipularme a su antojo.

Y para ser completamente sincero a pesar de que la amaba con locura, estaba cansado de que me obligase a comer con sus padres o que me ordenase sobre cómo debía o no vestir.

-Cam...-Me llamó con dulzura. -Es importante para mí, no lo arruines. -Me advirtió. -Te amo y suerte. Debo irme, por la noche llámame para contarme que tal te ha ido. -Dijo, antes de cortarme.

Coloqué el móvil en la chaqueta nuevamente, no sin antes colocarlo en silencio, para no tener ningún momento incomodo en la entrevista.

Una joven rubia de unos veinticinco años, abrió la puerta del despacho del decano y nos miró por encima de la montura de sus anteojos.

-Cameron Hamilton. -Me llamó, me levanté de inmediato ante la mirada de sorpresa de mis competidores, probablemente todos ellos habían oído hablar de Hamilton Global. Ignoré sus murmullos y me acerqué a ella, que me observaba con una sonrisa radiante. -El señor Griffin y el resto de socios decanos lo esperan en la sala de conferencias. -Me señaló con la mano la sala y al entrar vi a Landon Griffind levantarse, abrochándose la chaqueta con una sonrisa radiante.

-Tú debes ser, Cameron Hamilton. -Me estrechó la mano con fuerza, gesto que le devolví con firmeza para proyectar toda la confianza posible. -Es un verdadero gusto conocerte, Cam. ¿Puedo llamarte, Cam, verdad? -Me tomó del hombro y me llevó hasta la silla frente a la mesa donde se encontraban sentados, observándome con atención el resto de los decanos.

-Por supuesto. -Le dije más efusivamente de lo que pretendía, antes de sentarme.

Por lo que a mí respectaba, podía llamarme Tobi o Parker o como se le antojase, si es que consideraba contratarme. Todos parecían estar bastante animados, me ofrecieron café y agua, cosa que hubiese aceptado porque sentía la garganta terriblemente seca, pero necesitaba que fuésemos al grano, necesitaba una respuesta.

Landon ocupó el lugar que le correspondía junto a sus colegas, se inclinó sobre la mesa y apoyó los codos sobre la madera resplandeciente con una sonrisa radiante. Imaginé que era él quien estaba allí para dirigir la charla que definiría mi destino.

-Eres enorme, Cam. Realmente me sorprendió eso de ti. -Dijo alegremente. -Incluso di un vistazo cuando llegué y pude notar que tus compañeros estaban ciertamente intimidados. -Miró una de las hojas impresas donde se reflejaba todo lo que era en letra pulcra, pequeña y doble espaciado. -Aquí dice que jugaste al fútbol, creo que eso explica mucho. ¿Por qué decidiste ser un atleta? Digo, sabemos que eres un posible sucesor de Callum Hamilton. Cualquiera pensaría que no necesitabas de nada de eso para conseguir plaza en la universidad que deseases.

-En mi familia siempre se ha esperado que sea el mejor y era el mejor jugando al fútbol, tanto así que me ofrecieron una beca para estudiar en una de las mejores universidades del país. Por lo que no podía dejar pasar ser el Quarebat de mi equipo, el mejor de la escuela y el prospecto para la universidad que se esperaba para mí. Las expectativas de mi familia no se cumplen con tanta liviandad. -Todos rieron, quizás hubiesen reído aún más si les hubiese dicho que esa exigencia solo aplicaba para el hermano mayor.

-Asombroso y tus notas eran excepcionales.

-No podía ser menos que el mejor. -Convine y ellos sonrieron.

-¿Por qué Contabilidad tributaria e impuestos?

-Porque dicen que es donde se puede hacer realmente dinero y para ser completamente franco, creí que mi padre me consideraría para el puesto de director de operaciones de Hamilton Global. -Me llevé la mano a la boca para fingir que aquello era confidencial. -Spoiler; no me consideraron para el puesto, la familia puede ser un grano en el trasero, supongo. -Dije con franqueza y se echaron a reír, inclinándose hacia atrás.

-¿Quién te dijo eso de que aquí se hace el verdadero dinero?-Preguntó Landon.

-Qué mas da, quien se lo haya dicho, no le mintió. -Sonrío uno de los decanos y supe que los tenia justo donde deseaba.

Los cuatro hombres que estaban frente a mí, con trajes de dos mil dólares, se quedaron mirándome expectantes, esperando que hiciese la gran pregunta, el quit de la cuestión, lo que todo abogado ambicioso quería saber.

-Cuando me llamaron, mencionaron que tendría un magnifico sueldo de ser elegido, ¿Cuánto? -Pregunté sin rodeos.

Se miraron ligeramente durante un largo minuto y finalmente, Landon, habló.

-El primer año tendrás un sueldo base de noventa y cinco mil dólares al año. Membrecía gratuita al club y te ofrecemos un Aston Martin, que nadie ha rechazado hasta la fecha. -Ellos rieron como si fuese un cascarillo interno que solo yo no conocía. -El segundo año, si todo sale como esperamos, recibirás cien mil dólares anuales, más primas y un piso corporativo. -Me sostuve de la silla tan fuerte como pude, era todo lo que soñaba y más.

-Eso...

-Es increíble. -Asintió, Landon.

-Lo es. -Murmuré.

Iba a poder pedirle matrimonio a Nicole, restregarle el Aston Martin a mi hermano y mi padre, reírme de mis suegros.

Landon me miró seriamente.

-Voy a ser sincero, Cam. Eres nuestro candidato de base. Nos gustaste desde que vimos tu fotografía en la carpeta, tu escritura es impecable.

-Gracias, soy muy detallista en investigación. -No lo era, pero lo intentaba.

-Muchos de mis colegas tenían ciertos recaudos porque eres un hombre que cuenta con un fideicomiso que puede amedrentar hasta los mejores pagos de la firma.

-Para ser sinceros creímos que serías uno de esos herederos soberbios que matan su tiempo, fumando mota. -Lancé una carcajada.

-Creo que estás hablando de mi hermano. -Todos se mostraron divertidos y pensé que los tenía comiendo de la palma de mi mano.

-Ya creo que sí. Imagina nuestra sorpresa cuando nos informaron que no bebes, no se te ha visto nunca en un bar de stripers, casi no tienes amigos y la misma novia desde la escuela. Joder, si hasta imagino que fueron los reyes del baile. Además de eso tienes siempre la misma rutina, día tras día y nunca te sales de ella. -Cuando lo decía de esa forma, se escuchaba terrible, era simple y llanamente un pardillo aburrido. Lo peor de aquello es que nunca lo había notado. -No, nos mal intérpretes, ese es el perfil que buscamos, alguien que solo se interese por los negocios. Sin embargo, necesitamos algo más.

-¿Qué? -Pregunté ansioso.

-Que te cases, necesitamos proyectar una imagen familiar, no podemos contratarte si no eres parte del club. -Me mostró el anillo de oro en el dedo.

-¿Esperan que consiga una esposa de aquí al lunes? -Sonreí, debía de ser una broma.

-Estás comprometido hace años, ¿Qué ten difícil puede ser? -Se levantó y apoyó la cadera en la mesa. -Di esos votos esté mismo sábado frente a un juez y conviértete en parte del equipo. ¡Qué rayos, puedes proponerle ir a Las Vegas y cerrar el trato! Seguro que lo considera muy romántico y eso te dará las llaves del reino. Eres nuestro hombre, pero si no das el paso, tendremos que considerar alguna de las opciones que esperan en la recepción.

Capítulo 2 El ultimátum

Cameron

El miedo recorrió cada célula de mi cuerpo y contuve el aliento, al percibir que venía una nueva oleada de cólera. Casi podía jurar que la vena de la frente de Nicole, estaba a punto de estallar y no estaba equivocado, solo bastó que dejase escapar un ligero gemido para que chillase nuevamente, haciéndome encoger en mi sitio de puro pánico.

La había citado por sorpresa a almorzar a un bonito restaurante italiano al que solíamos ir cuando ambos íbamos a la escuela. Me pareció una idea genial, apelar a su lado más nostálgico, recordar ese momento en el que no podíamos separarnos el uno del otro.

No obstante, decir que era una pésima idea se quedaba corto.

En cuanto entró al lugar, miró hacia todos lados con repulsión y solo basto que se sentase para comenzar a mirar compulsivamente el reloj de oro y diamantes que le había regalado su padre por su cumpleaños.

Cuando llegó el champán que pedí, las cosas no mejoraron, porque me recordó nada amablemente que no le gustaba el sabor del que había ordenado.

Sin embargo, estalló de forma salvaje cuando saqué el anillo de oro blanco con un delicado diamante rosa que compré en un rapto de romanticismo frenético de camino a nuestra cita. Anillo en el que había invertido todos mis ahorros.

Lo que Landon me dijo, no hizo otra cosa que avivar los deseos de terminar con esa espera interminable. Le veía mucha razón, ¿Por qué esperar? Nos amábamos y queríamos compartir nuestra vida, todo lo demás era circunstancial.

-¡¿Es qué te volviste completamente loco?! -Me eché hacia atrás cuando el alarido que acababa de dar mi prometida, me perforó el tímpano. -No... Ya sé, no te volviste loco... -Hizo una pausa para respirar y sacudió frenéticamente su dedo índice en el aire. -¿Te drogaron? ¿Es eso? He escuchado que lo hacen en muchas empresas como una forma de estúpida iniciación, sí debe ser eso... Te drogaron. -Repitió como una desquiciada.

Solté el aire lentamente antes de comenzar a hablar.

Bueno, podía entenderla, tenía que hacerlo. Aquello no era justamente la boda soñada que imaginamos desde que salimos de la escuela, la boda que planeábamos cada sábado por la noche en mi cuarto de la fraternidad durante la universidad.

No iba a ser una enorme boda con dos ciento cincuenta invitados, seis damas de honor, un pastel de ocho pisos, ni tampoco tendría probablemente el vestido de sus sueños, diseñado a medida por Vera Wang. Sin embargo, ni en mis peores pronósticos, imaginé que se volvería completamente loca en cuanto le dijese que quizás sería romántico hacer una escapada de fin de semana a Las Vegas. ¿Y por qué, no? Casarnos.

Puede que fuese un completo idiota, pero hasta incluso creí que de inmediato se lanzaría en mis brazos, radiante de alegría, cuando le confesase que no quería esperar ni un minuto más para hacerla mi esposa. Después de todo, no necesitábamos ninguna de esas cosas con las que ella soñaba para ser completamente felices. Nos teníamos el uno al otro y para mí eso era suficiente. Aunque aparentemente para ella, no lo era.

-No me drogaron. -Dije haciendo acopio de todo el autocontrol que tenía. Estaba bastante decepcionado con su reacción para ser completamente sincero. -Solo pensé que te gustaría la idea. -Miré los boletos que tenía en la mano bajo la mesa y me sentí un completo imbécil. Un pardillo, lo que era irónico, porque nunca antes me había sentido de ese modo. No obstante, desde la entrevista de trabajo, no podía dejar de sentirme como uno de los más grandes pardillos de la historia. -No sé, supuse que te gustaría saber que no puedo esperar un solo minuto para comenzar a compartir la vida contigo.

Nicole entrecerró los ojos, suspicaz.

-Sin mencionar que te lo pidieron en el bufete donde fuiste a realizar la entrevista, como condición para darte el maldito trabajo. -Dijo con su tono más borde.

Un camarero se acercó por detrás de ella, aferrando un menú contra su pecho, pero meneé la cabeza, esperando que entendiese que no era un buen momento.

Suspiré aliviado al verlo darse la vuelta.

-Sí, lo sugirieron. -Me sinceré. -Es verdad, pero no por eso mi deseo de casarme contigo en menos legítimo, realmente lo deseo.

Intenté tomarle la mano y ella la retiró, para cruzarse de brazos.

-Sí, ya. -Bufó. -Lo que no entiendo es porque debemos sacrificar todo lo que hemos soñado durante tanto tiempo porque estás encaprichado en no firmar el cambio que hizo tu padre en el fideicomiso. -Abrí la boca para replicar, aunque no tuve la oportunidad. -Déjame terminar. -Me pidió. -Mira, sabes bien que yo siempre te he apoyado en todo lo que te has propuesto, a pesar de que mis padres han recomendado en muchas ocasiones que te abandone, porque se hace bastante claro que una relación que lleva más de nueve años, sin planes de pisar un altar es una perdida completa de tiempo. -Respiró pesadamente y en ese momento supe que diría lo que me temía desde hacía meses. -Cam, te amo. -A pesar de haberme dicho que me amaba, su tono era apagado y distante.

-Pero... -Tragué, saliva con fuerza.

-Creo que hemos llegado a un callejón sin salida con respecto a nuestra relación.

-Ese texto lo redactó tu madre. -Lancé mordaz, la conversación estaba dando rápidamente un giro inesperado.

-No, Cameron. Mamá no me está susurrando al oído lo que estoy a punto de decirte. -Allí estaba, el puñal que me clavaría hasta lo más profundo. -Tampoco es la villana que está en tu contra. Mis padres solo quieren lo mejor para ambos. -Claro, eso era justo lo que ocurría. -Y al igual que yo. Piensan que deberías firmar los cambios del fideicomiso, de esa forma recibirías medio millón de forma semanal al igual que tu hermano. Con eso podríamos realizar la boda que soñamos, comprar una casa, buscar un bebé. ¿No te gustaría eso, Cam? -Preguntó, Nicol, metiendo su dedo en la herida. -Dime, ¿Qué son ochenta mil al año contra eso? ¿Un Aston Martin? Nada de eso puede competir contra lo que te ofrece tu padre. Ya te dejó claro que no te quiere como alto ejecutivo hasta que él lo decida, entonces, ¿por qué sería tan malo disfrutar de su fortuna? Deberías dejar de ser tan infantil.

Una carcajada amarga escapó de mis labios.

-¿Qué tiene de malo? -Me froté la frente, frustrado. -Tiene mucho de malo, a decir verdad. Porque si permito que le entregue acciones con opción de voto a cada una de sus amantes, en poco tiempo no nos va a quedar nada. Ni fortuna que disfrutar, ni compañía, ni nada. -Ella rodó los ojos. - Además, la bruja adicta al poder de su nueva novia, lo convenció de que la nombre directora general en caso de que él enferme. No voy a firmar nuestra sentencia de muerte por medio millón a la semana, si siquiera por diez. -Respiré agitadamente, aunque ella no se dio por aludida. Todo lo contrario volvió a atacar sin darme tregua.

-Entonces, acepta que papá te busque un mejor empleo. -Aguijoneo.

Llevé la copa a mis labios y me la tomé de un solo trago. Ya que había pagado por ella la bebería y diría todo lo que estaba guardando desde hacía años.

-¡No voy a aceptar los favores de tu padre o de los corruptos de sus amigos! -Estallé en un breve momento de valentía y de inmediato me di cuenta de lo que acababa de decir. Aunque ya era tarde para retractarme.

Nicole ahogó un gemido, llevándose la mano a la boca.

-¿Es eso lo que piensas de mi familia? -Me quedé mudo, no podía replicar porque aún no podía creer que hubiese dicho lo que pensaba desde hacía tanto tiempo.

Y a pesar de que racionalmente sabía que lo mejor era disculparme y fingir demencia, volví a atacar.

-Nicole, por favor. -Me sentía a la defensiva y ella también. -No seas hipócrita, yo sé de muy buena fuente que la opinión dominante de tu familia con respecto a mi persona, es que soy un perdedor que no puede ofrecerle un puto departamento a su hija.

Ella apretó los labios en una fina línea.

-Es posible, Cameron, no puedo mentirte que se mencionó en un par de ocasiones que no eres el hombre que desean para mí.

-¿Tú crees eso?

-En este punto, considero que debo ser realista y no dejarme llevar por mis sentimientos. Supongo que eres absolutamente capaz, brillante y talentoso. Sin embargo, en el preciso momento en el que te veo despreciar medio millón sin siquiera pensarlo, bueno... -Hizo una pausa. -Es evidente que careces de ambición y no puedo seguir con un hombre que no desea tener más que esto. Vivir del día a día con trabajos mediocres porque se considera moralmente muy superior al resto. -Parpadee varias veces sin dar crédito a lo que escuchaba.

-¿Eso qué significa? -Le pregunté, sintiendo que la tierra se abría bajo mis pies y era repentinamente succionado.

-Esto es un ultimátum, Cameron. -Me dijo tranquilamente. -Tienes hasta el martes para saber qué es lo que harás. Mientras tanto, solo espero que no me llames, ni intentes contactarme porque no te atenderé.

-¿Me estás terminando? -Pregunté sin poderme creer que la cita planeada para invitarla a una escapada a Las Vegas se hubiese convertido rápidamente en la oportunidad perfecta para abandonarme. -¿Hay alguien más? -La idea de que su familia tenía un prospecto, "más ambicioso". Resonó con fuerza en mi mente.

¿Ella estaría de acuerdo en contemplar opciones?

Esa idea me ofendía muchísimo porque yo nunca hubiese pensado en estar con alguien más que no fuese ella.

Fuese lo que fuese que iba a decir, su largo silencio, me dio a entender que estaba dispuesta en ese momento a ponerlo todo sobre la mesa y quizás a ver qué tal el mercado, ya que evidentemente mis acciones se habían desplomado de un momento a otro.

-En lo que a mí respecta, tú estás por tu lado y yo por el mío. -Fue tajante. -A menos que de aquí al martes recapacites. Si no es así, no te molestes en volver a llamarme por favor. Lo siento, Cam. -Se levantó y tomó su bolso. -Es mi última palabra. -Me dio un beso en la coronilla y salió del lugar sin voltearse a mirar.

Capítulo 3 Canalla

Tessa

Mi abuela siempre me decía que una pequeña decisión tomada en el momento equivocado, puede poner tu vida de cabeza. Lo que no me resultaba un problema, porque por lo general mi vida era un constante vivir patas arriba.

Sin embargo, el día que recibimos la llamada de un abogado que me buscaba para tirarme por la cabeza los veinticinco mil dólares que Boch, el donante de esperma que me engendró. Comenzó una verdadera pesadilla, de esas que comienzan como un sueño maravilloso y terminan siendo un buen fiasco.

Era más de lo que había tenido todo junto en los diecinueve años de vida que llevaba.

El charlatán que llegó con dos cheques bajo el brazo nos dijo que mi papá nos había dejado todo lo que tenía a mi abuela, su madre y a mí. Aunque no era mucho, tampoco compensaba que me hubiese dejado a los dos años al cuidado de mi abuela por unas horas para no volver jamás, pero de todas formas lo tomamos. Necesitábamos la pasta para pagar la renta, comprar comida y los medicamentes. Mi Nona, esperaba que ocupase mi parte del dinero para volver a estudiar.

Ilusa.

Tenía planes muy distintos para ese dinero y allí estábamos, listas para ejecutar aquellos planes en la jodida ciudad de las luces.

-Necesitamos actitud ganadora. -Bianca, recibió el cambio que le entregaba el taxista. -Y más de esto, si es que queremos entrar al club donde nos espera el contacto de Gabriel. -Tiró del escote del vestido rojo que me había prestado hacia abajo para dejar mis senos un poco más expuestos.

-¡Eh! -Me quejé. -No pensé que cuando dijiste que nos íbamos a emperifollar para parecer más grandes, significaba que tenía que pasearme lista para que me pongan a tiro. -Bianca me miró de reojo, al tiempo que caminábamos hasta la larga fila de personas que esperaban a las afueras del club nocturno, solo para entrar probablemente menos de una hora. Lo que me parecía absurdo, de ser por mí hubiese estado tapada hasta las narices.

A pesar de mi reputación, no era una de esas chicas fiesteras y todo me parecía novedoso.

Sonreí al ver a algunas chicas que caminaban dando saltitos con sus tacones de quince centímetros delante de nosotras, chillaban ante la expectativa de encontrar algún magnate o famoso que se las llevase a continuar la fiesta a una lujosa suite.

Par ser sincera, en principio no me gustó demasiado la idea, mi mejor amiga era un imán para los problemas. Sin embargo si todo salía como planeábamos, obtendría la invitación para la mesa de póker ilegal que esperábamos. Era la llave que necesitaba para desplumar algunos gallos viejos, triplicar mi dinero y con ello comprar la casa que mi Nona, se merecía.

Suspiré profundamente, encaminándome tras ella por la orilla de la acera, esquivando a los zorrones que se pavoneaban mostrándose con sus carteras súper lujosas y los vestidos de diseñador que apenas le tapaban los muslos. No es que yo fuera de las más decentes, pero al menos estaba segura de que estaba allí por una buena razón, sacar del agujero de ratas a mi Nona, solo por eso valía la pena vestirme todas las noches como un putón si era necesario.

-Tómalo como un papel, como si fueses una actriz a punto de interpretar el papel de su vida. -Agitó las manos en el aire, antes de tomarme por el brazo, al tiempo que un grupo de mujeres pasaban a nuestro lado mirándonos con asco. -Debe parecer que eres una zorra tonta que está buscando atención masculina. Todos saben que la mejor manera de camuflar una estafa es con un buen par de tetas al aire. Eso impide que les llegué el agua al tanque, Ya te lo digo yo, esos te entregan hasta su madre cuando vean la buena impresión que les deja. -Echó la cabeza hacia atrás riendo como una loca y el grupo que nos acababa de rebasar, lanzaron una risita entre dientes.

-Sí ya veo que planeas que le deje dos buenas impresiones. -Me levanté el escote un poco y tiré el dobladillo del vestido hacia abajo.

Había dos cosas mal con ese modelito que Bianca me colocó a presión; una era era que parecía un zorrón que buscaba mostrar muslo y senos. Bueno en honor a la verdad, puede que quisiese conseguir la entrada y luego distraer a los demás jugadores un poco, pero eso ya me parecía un exceso.

Si alguno no se había tomado la pastilla, les iba a provocar un infarto.

La segunda era que ese vestido era como dos tallas menos, seguramente a ella que era bastante más delgada le iba de perlas, cosa que no ocurría en mi caso. El vestido rojo, apenas me cubría el trasero y se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel.

-Corrientes. -Mascullo una rubia deslumbrante que parecía una jodida Barbie, mirándonos de reojo.

El resto de su grupo comenzó a reír y apreté los dientes, dando dos pasos adelante.

Si esa siliconada pensaba que iba a reírse de mí y mi amiga no estaba ni tibia.

-Déjalas. -Me dijo Bianca, tomándome del brazo para impedirme que me fuese sobre ellas. -No les hagas caso, tanto botox no las deja pensar. Aunque sabes que me encanta que pongas en su lugar a ese tipo de víboras, no estamos ni vestidas para la ocasión, ni podemos perder tiempo. -Ambas miramos la fila que crecía a cada segundo y ahogamos un gemido. Entrar a hablar con el tal Carter, iba a ser muy complicado y por un instante dude de ella y sus estrategias, cosa que no hacía a menudo.

Bianca era mi mejor amiga desde que éramos niñas, confiaba en ella ciegamente, por eso cuando me dijo que podía triplicar los veinticinco mil dólares de la herencia del donante de esperma, en una mesa de póker clandestina, ni lo dude. Ella siempre tenía buenas ideas a la hora de desplumar tipos. Era algo que hacíamos de vez en cuando para sacar unos cuantos dólares extra.

Teníamos ciertos números ensayados desde la universitaria ardiente en apuros que estaba siendo asaltada, hasta una forma para hacernos de comida y tragos gratis solamente porque nos gustaba darnos un lujo de vez en cuando.

También solíamos despeluchar en el póker de vez en cuando a los clientes del bar que atendía su mamá. Éramos una pasada en eso de las cartas. Nos había enseñado uno de los novios de Manddy, la mamá de Bianca y ambas nos considerábamos lo bastante buenas, aunque todos decían que yo tenía un talento natural. Hasta tenía uno de esos apodos idiotas y mi fama crecía a cada partida.

Era momento de ver si realmente era puro talento como decían, con unos cuantos pesos pesados de Las Vegas, eso sí lográbamos pasar al bendito club.

Nos quedamos pasmadas viendo como las siliconadas que acababan de burlase de nosotras, se dirigían hacia la entrada y el matón que estaba apostado allí, les levantaba el cordón de terciopelo rojo dejándolas entrar.

La Barbie, nos lanzó una última mirada, con una sonrisita maliciosa en los labios.

Estaba a punto de decir algo, a punto de gritarle unas cuantas verdades cuando lo único que pude decir fue:

-¡Me cago en todo lo que se menea! -Chille cuando una limusina paso sobre un charco de agua, bañándome por completo y dejando el modelito que era nuestra entrada a la gloria, como un modelito perfecto para entrar al chiquero.

Bianca se llevó las manos a la boca horrorizada, justo en el momento en que la puerta del coche se abría.

Dos especímenes que bien podían haber salido de unos anuncios de bóxer o algo por el estilo, salieron del vehículo riendo como dos morsas, sin darse por enterados de lo que acababan de hacer.

Mi amiga abrió los ojos de par en par por la sorpresa.

Uno de ellos era rubio, con el cabello oscuro y una mirada risueña, mientras que su acompañante, era moreno. De esos que te cortan la respiración y te inspiran caer en todas las tentaciones.

Sin dudas era uno de esos engreídos que me caían como el culo porque les importaba muy poco el resto de la humanidad. Sin embargo, no podía negar que también era de esos que te hacían olvidar todos los prejuicios y el pensamiento más puro.

Lo miré con descaro de arriba abajo. La camisa se ajustaba demencialmente a su pecho duro y el abdomen marcado.

Tenía un cuerpo duro, muy duro. Me relamí, antes de volver a mi centro y reprocharme por estar pensando en cosas duras.

Mis ojos se movieron nada discretamente un poco más allá de la pretina de los pantalones súper costosos que llevaba. Santa madre de los bíceps. Aunque de pronto sentí una mirada impertinente sobre mí y con suma cautela, levanté lentamente la vista para encontrarme con don buenorro, mirándome con una sonrisa canalla en los labios.

Además de tener el cabello negro, tenía los ojos azules más intensos que hubiese visto jamás y una sonrisa deslumbrante que me decía que tenía una moral de dudosa procedencia. Justo mi tipo, uno de esos en los que no se puede confiar ni de coña.

Sacudí la cabeza, intentando salir de su hechizo cuando sus preciosos ojos azules se clavaron en los míos.

Se encogió de hombros el muy canalla, sin pedir disculpas o darse por aludido. Y se dio la vuelta para continuar su camino hacia el club, al ver que el rubio al fin y a duras penas comenzaba a caminar tambaleándose, con una botella de champagne en una de sus manos.

Apreté los labios furiosa al ver que ignoraba completamente el haberme dejado como una sopa. Lo que me hizo sentir como la bilis me subía por la garganta.

-¡Eh, tonto del culo! -El chillido me salió entre un rebuzno y un relincho. Él moreno que se sintió evidentemente tocado se dio la vuelta perezosamente, llevándose un dedo al pecho para señalarse. Era evidente que estaba más borracho que una cuba. -Sí a ti. -Espeté. -Me mojaste el vestido y de aquí no te vas sin pagarlo.

-Te hablan a ti, Cam... -Se burló el rubio llevándose la botella a los labios, sin dejar de reír.

En dos zancadas, estaba prácticamente sobre mí. Era un ropero que se cernía sobre mí y me hacía sentir muy pequeñita.

Su tamaño, su perfume, la barbita de tres días o esos labios generosos, que se me antojaban repletos de pecado. Me intimidaron más de lo que podía soportar y aunque que no tenía una gota de alcohol en las venas, di un paso hacia atrás aturdida, trastabillando. Perdí el equilibrio y casi me fui de culo.

Pero a pesar de su tamaño, era ágil, por lo que esas manos híper masculinas que se cargaba rodearon mi cintura, evitando que cayese al suelo e hiciese el ridículo. Bueno que hiciese más el ridículo.

Nos quedamos mirándonos durante un par de segundos, el muy descarado aprovechó a darme un repaso exhaustivo, para luego brindarme una sonrisa de lado que me hizo prácticamente derretirme entre sus brazos.

-Lo siento...-Dijo en un murmullo.

No lo sentía, que descarado.

Coloqué una de mis manos en su pecho para incorporarme y una especie de calor abrazador me recorrió haciendo que desease que alguien me echase un cubo de agua helada.

-No creo que lo sientas. -Mascullé.

-No. -Sonrió. -Claro que no, de otra forma no podría haberte invitado a bailar conmigo. -Me levantó suavemente, lo que me provocó una especie de incendio forestal en la tripa.

Se me escapó una risita tonta. ¿Desde cuándo me sonrojaba y me reía como una boba?

-No creo que podamos si quiera entrar. -Repliqué, alisándome el vestido. -Pero eso no te va a salvar de pagarme la tintorería. -Lo apunté con el dedo y una carcajada áspera escapó de sus labios.

Acercó su rostro y sus labios rozaron ligeramente el lóbulo de mi oreja. No sé si tenía el pulso así de acelerado o fue su cercanía lo que me lo provocó. Solo podía estar segura de que por poco casi me fui de espalda nuevamente.

-No te preocupes. -Su aliento acaricio mi piel, dejándome al borde del colapso. -Nos dejaran pasar, somos invitados Vip. Puedo ayudarte a pasar si bailas conmigo. -Me mordí el carrillo para no chillar como una loca. -Una canción y eres libre.

-¿Solo una? -Casi jadee.

-Solo una y eres libre, si eso quieres... -Volvió a sonreír, clavando nuevamente esos ojazos en mí y tuve mis dudas sobre aquello de querer la libertad.

-Haznos entrar y te daré lo que quieres. -Le dije y me ofreció una sonrisa de lado.

-¿Lo que quiera?

-Canalla. -Sonreí.

-Siempre. -Replicó, ofreciéndome el brazo.

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