La primera vez que me vi en el espejo y me di cuenta de que era de belleza promedio, no me sorprendió, porque siempre que me tomaba fotos al lado de mi hermana y prima, notaba que ellas se veían mejor que yo, siempre.
Pero entonces me dije que debía aprovechar mi belleza promedio antes que se acabase. Porque sí, las bonitas por naturaleza duran mucho más y cuando se envejecen, les queda la elegancia y eso es algo que yo no tengo.
Entonces, cuando entré a la universidad me dije que gozaría a lo grande. Deseaba ser esa tía solterona con dinero que vive la vida disfrutando entre los brazos de los hombres y gastando mucho dinero en ropa cara y viajes.
No soy de las que se les da bien el ser amorosa, aunque soy buena para escribir, el romance en mi vida no se me da. Por eso quería ser una solterona millonaria.
Pero entonces fue cuando lo conocí a él. Carl.
Lo conocí cuando daba clases en el campus de la universidad a unos estudiantes. Lo primero que pensé fue "¡wao!, ¡qué inteligente es!" porque explicaba muy bien cálculo matemático.
Después descubrí que ese era su lugar para dar tutorías extracurriculares. Me encantaba que, aunque era bastante guapo, con ese perfecto cabello castaño oscuro, sus ojos verdosos y piel bronceada, era bastante inteligente.
Me sentaba en una banca cerca de su mesa y lo veía escribir números en el tablero de concreto que había cerca del lago. Estaba satisfecha con eso. Lo veía de lejos e imaginaba que era su novia y lo esperaba terminar una de sus tutorías. Era... mi fantasía perfecta.
Sin embargo, una vez, en medio de una clase de razonamiento matemático, él entró con dos chicos más y sentí que mi corazón se me quería salir, ¡¿qué hacía ahí?! Era una clase de primer semestre (ya sabía que estaba mucho más adelantado que yo).
La profesora lo presentó junto con los otros dos jóvenes y explicó que, si queríamos, podíamos reforzar clases con ellos.
Estaba muerta de los nervios y lo veía muy fijamente, algo que llamó mucho su atención y cruzamos miradas. Inesperadamente, él me sonrió.
Como muy buena tonta, voltee hacia atrás de mi puesto al creer que veía a alguien más allí, pero no, detrás mío estaba un tipejo gordo con acné en el rostro que copiaba las fórmulas del tablero en su cuaderno de apuntes.
Intenté no volver a mirarlo y esperar a que se marcharan. Pero cuando menos creí que iba a pasar, él se me acercó y dejó un papel pequeño sobre mi escritorio con su número de celular.
Rápidamente alcé la mirada y ¡Carl me seguía sonriendo!
-Escríbeme y acordemos una cita -me dijo.
-Ah... Claro -solté con nerviosismo.
Lo juro, pensé que fue porque le había gustado. Porque... sino... ¿para qué me daría su número?
Pero no fue así. Estaba totalmente equivocada.
Al día siguiente habíamos acordado vernos en esa misma mesa donde siempre se situaba. Me había bañado en perfume, también me llevé mi mejor falda -que era una de color rosa- junto con una camisa blanca de mangas cortas. Como si fuera poco, le pedí a mi hermana que me hiciera uno de esos maquillajes milagrosos en los cuales era experta.
Y ahí estaba yo, acompañada con cinco compañeros más de clase que estaban recibiendo la tutoría de Carl. Me había dado el número porque...
-Siempre te veía de lejos y estaba seguro que necesitabas ayuda -me dijo una vez se acabó la tutoría-. ¿Te sirvió? Estuviste bastante callada en la clase.
-Ah... sí -acomodé un mechón de cabello detrás de mi oreja-. Muchas gracias. -Desplegué una sonrisa tímida.
-Bien, si necesitas ayuda, puedes escribirme. -Mostró una sonrisa amable-. Con gusto te ayudaré.
Tomé mis libros de la mesa y le di una última mirada.
-Bien, muchas gracias por todo -me despedí con una sonrisa.
Una semana después me enteré que tenía una novia. Con el paso de los meses terminó con ella, pero a las dos semanas tenía una nueva con la que duró seis meses, después otra y... así...
¿Qué fue lo que pasó conmigo en todo ese tiempo? Pues... no había mucho cambio. En mis ratos libres lo seguía viendo de lejos, pero esta vez en una banca más lejana donde estaba segura que no me podía ver. En ese semestre donde lo conocí me reuní con Carl varias veces para poder reforzar la materia de razonamiento matemático y así ganarla. Pero después de eso... era difícil el poder acercarme a él, no tenía alguna excusa. Yo estudio licenciatura en lengua castellana, así que después de primer semestre no volví a ver más números. En cambio, Carl estudia ingienería mecatrónica, así que siempre está envuelto en números y... es el mejor de su facultad hasta el momento.
Siempre me he imaginado teniendo hijos con Carl, porque al ser yo una amante a las letras y él un estudioso de los números ¡nuestros hijos saldrían superdotados!
Pero esas son simplemente fantasías, porque... él nunca se fijaría en mí. Han pasado tres años en los que me volví una conocida para Carl, a la que saluda cuando nos cruzamos en el campus.
El amor es un tema complejo, es como tratar de recoger las fichas de un rompecabezas que están dispersas en un inmenso bosque.
Carl no sabe que me ha hecho mucho daño, que... cuando me daba falsas expectativas, como un mensaje donde me saludaba, un abrazo cuando nos encontrábamos en un evento de la universidad... al darme cuenta que había confundido todo, me dolía mucho. Pero nunca he podido decírselo, ya que todo está en mi mente, él únicamente juega su papel de chico amable que saluda a una conocida.
En este tiempo de tres años intenté jugar mi papel de chica soltera rebelde que antes de entrar en la universidad decidí ser. Y sí, lo he hecho bien. Así como también he roto algunos corazones de chicos que creen que pueden enamorarme, pero claro, ¿cómo lo van a hacer si el mío ya tiene dueño?; ese es un punto a favor del amor no correspondido.
-Zaideth, ¿y tu ganadito te respondió? -me pregunta Eva, mi hermana, que está acostada en la cama.
-Nada, pero ese va porque va -respondo mientras termino de ponerme el pantalón jean.
-Eso espero, porque debe mandarse las cervezas esta noche -comentó mientras se acomoda a medio lado y ve la pantalla de su celular.
-¿Y no te vas a cambiar? -inquiero mientras la veo por el reflejo del espejo.
-Sí, cuando te responda.
-¿Por qué?
-¿Qué tal que nos deje como el último que te dijo que sí iba y nos dejó cambiadas?
-Este no es así -replico-, ya lo probé, le dije que me comprara una pizza y lo hizo, es fácil sacarle plata.
Mi hermana suelta una gran carcajada entusiasmada y se sienta en la cama.
-¿Fue la que nos comimos el viernes? -pregunta con una mirada de emoción.
-Claro -respondo mientras peino mi cabello con una mano-, sabes que no gasto dinero comprando cosas innecesarias, para eso están ellos.
-Ah... bueno, si es así, entonces sí me cambio -se levanta de la cama y sale de la habitación.
Sí, lo acepto, utilizo a los hombres para sacarles algo de provecho. Pero no crean, sé muy bien que esos hombres hacen lo mismo con mujeres como yo, así que no hay problema; nos destruimos mutuamente.
De camino a la discoteca, estando acompañadas por mi prima Carla (somos un grupo inseparable), veía por la ventana del taxi el paisaje urbano nocturno. Me sentía como un recipiente vacío, un florero que siempre debía estar bien puesto, nada más. Tal vez el jugar con hombres e ir a divertirme de noche era mi escapatoria para mi vacío en el corazón.
Llegamos a Bambam, una discoteca en el centro de la ciudad que solíamos concurrir los sábados por la noche.
Nicolás, uno de los chicos con los que estoy saliendo recientemente, nos estaba esperando a las afueras de Bambam junto con otros dos amigos más. Son los típicos chicos planos que son amantes al fútbol, estudian derecho (no en mi universidad) y creen que son capaces de poner a las chicas a sus pies. El mismo perfil que buscaba para poder pasar el rato, nada más, porque sé muy bien que nunca podría sentir algo por ellos.
Eran altos, delgados y se notaba que se pusieron su mejor ropa para esa noche.
Se acercaron a nosotras y nos barrieron con la mirada, demostrando que estaban a gusto con lo descrito anteriormente y que serían capaces de gastar dinero en nosotras.
Después de los saludos entramos a Bambam y nos situamos en el segundo piso de la discoteca, en una mesa cerca de la baranda para poder tener una panorámica de toda la discoteca.
Lo único que me interesa en esta noche es poder embriagarme y pasarla bueno, nada más. Nicolás no me gusta para tener sexo, es demasiado bruto, no tiene nada de interesante. Parece que mi hermana y prima también piensan lo mismo, ya que únicamente están tomando cervezas y hablando entre sí, dejando a los chicos en segundo plano.
Nicolás se acerca a mí y me susurra en el oído que vayamos a bailar, a lo que yo acepto por amabilidad y vergüenza porque nos estamos gastando su dinero y ninguna da el brazo a torcer para una conquista.
Bajamos al primer piso y nos adentramos en la pista de baile. Lo bueno es que la música es de mi gusto y al tener los tragos subidos a la cabeza puedo pasar un buen momento. No bailamos solamente una canción, ya que estoy animada por el buen ambiente y debo aceptar que Nicolás baila bastante bien, así que bailamos unas cuantas más.
Cuando estoy en el mejor momento, siento que me toman de un brazo y me jalan bruscamente hacia la derecha. Es Nicolás, me está apartando de una pelea que se está creando cerca de nosotros.
Siento que algo duro golpea mi brazo derecho, en el antebrazo, y suelto un pequeño grito.
-¿Estás bien? -me pregunta.
-Ah... sí -busco con la mirada entre la muchedumbre, pero no logro encontrar dónde se está formando la pelea, sin embargo, se pueden escuchar algunos gritos y se ve un gran revuelo de personas.
Logro divisar a unos guardias que se acercan a la muchedumbre y comienzan a sacar a algunas personas.
-Qué desgraciados -gruñe Nicolás.
Suelto un quejido por el dolor en mi brazo. Malditos borrachos que me acaban de dañar la noche. Estoy segura que se me debe estar formando un moretón en el brazo. Lo más seguro es que mis padres me van a preguntar después el por qué tengo ese moretón y deducirán que me sucedió algo malo en la discoteca; algo que no será del todo mentira.
Nicolás y yo subimos hasta donde se encuentra nuestro grupo que observa lo que sucede por los locos que se pusieron a pelear.
Me acerco acariciándome el brazo y llevo un rostro amargado.
-¿Qué te sucedió? -pregunta mi hermana preocupada.
-Uno de los idiotas que estaba peleando lanzó una silla y la golpeó -explica Nicolás cerca del oído de mi hermana-. Intenté apartarla, pero alcanzó a rozarle la silla.
-¡No puede ser! -suelta mi hermana tomándome del brazo, a lo que yo me quejo porque me está lastimando-. Ay, no...
Carla enciende la linterna de su celular y alumbra mi brazo, a lo que todos se sorprenden porque parte de mi antebrazo se ve hinchado y casi que seguro que pronto se pondrá morado.
-Dios... qué locura -suelta uno de los jóvenes.
-Ay, yo me quiero ir a casa -confieso con mal humor.
-Sí, es lo mejor -acepta mi hermana al entender el por qué estoy de mal humor.
A los minutos, después de los chicos pagar, salimos de la discoteca. Allí todavía se seguía desarrollando lo que parecía ser una gran discusión que iba a terminar nuevamente en golpes.
Había dos mujeres, una blanca y otra morena con cabello rizado y tres hombres que debía aceptarse que estaban bastante musculosos cerca de la esquina de la calle y se gritaban bastante fuerte.
Las chicas trataban de calmar a dos de los jóvenes junto con otro de los muchachos. Una de ellas que era la de cabello rizado se puso en medio de los jóvenes y le suplicaba a uno de ellos que tenía el cabello castaño oscuro que se calmara, sin embargo, él no le prestaba nada de atención.
Nosotros, como buenos curiosos, nos quedamos observando como muchas otras personas.
-Están lindos, hay que aceptarlo -susurra Carla cerca de mi hermana y yo.
De pronto, el joven que la chica trataba de calmar, se abalanzó a su contendiente y se formaron los golpes. Afortunadamente el tercer muchacho logró apartar a la chica a tiempo para que no recibiera un golpe. Menos mal, porque los locos se estaban golpeando bastante fuerte.
-Dios... ¡se van a matar! -soltó mi hermana asustada.
-Alguien que llame a la policía -se escuchó detrás de nosotros.
Y sí, la verdad es que se estaban golpeando bastante fuerte, de hecho, el chico que anteriormente la joven trató de calmar le hizo una llave a su contendiente y lo lanzó al piso, para después subirse encima de él y llenar su rostro con golpes.
-¿Ese no es Pablo? -dice uno de los chicos que nos acompaña.
-¡Anda, sí, ¿qué hace ahí?! -suelta Nicolás.
No logro guardar un gesto de desagrado y miedo. Aquel joven... iba a matar al otro y nadie hacía nada, simplemente miraban.
Afortunadamente, el joven que acompañaba a los de la riña, logra reaccionar y arranca a su amigo del chico.
-¡Te voy a matar como te vuelvas a acercar a ella! -gritó el joven hirviendo en cólera.
-Ah... era pelea de faldas -suelto con aburrición.
Típico. Ese tipo de hombres que hacen espectáculos en la calle normalmente pelean faldas. De seguro la chica está entre ellos. Y algo me dice que es la que anteriormente intentaba calmarlos.
-¿Qué hace Pablo ahí? -inquiere Nicolás animado- Quien lo ve tan tranquilo.
-Vamos, vamos -insiste su amigo-. Así averiguamos el por qué se estaban peleando.
-¿Quién es Pablo? -pregunta mi hermana.
-El imbécil que estaba intentando separar a los bestias esos -suelta Nicolás sonriente.
-Ni loca nos vamos a acercar a ellos -refuto molesta-. Ya me quiero ir a casa.
Nicolás me mira cortando la sonrisa.
-Pero es que está en problemas, somos sus amigos, no lo vamos a dejar tirado -explica intentando poner interés en sus palabras-. Espera un momentico, ahorita nos vamos.
-Pero esos imbéciles me golpearon, ¿qué vas a ir a buscarlos? -regaño, indignada-. Además, él vino con su grupo, no contigo.
Vemos que el chico golpeado se marcha junto con unos dos hombres que no sabemos en qué momento se acercaron a él.
Ya calmada la precipitosa situación, el grupo de Nicolás insiste en acercarse a ellos. Carla y mi hermana se ven un poco animadas en querer hacerlo también. Puedo leer en sus ojos que ellas están interesadas en los chicos de la riña, claro, como están guapos, se les olvida que alguno de ellos me golpeó con una silla.
Observo al chico que antes molió a su oponente a golpes que está escupiendo sangre en una zanja de la calle, algo que me repugna en gran manera. Él está muy campante con unos cuantos moretones, en cambio, el otro chico se lo llevaron con la cara molida a golpes y llena de sangre. ¿Qué tan burro hay que ser para comportarse de esa forma tan bárbara? Encima, estoy segura que debió ser él quien aventó la silla. Con lo bruto que es, no me sorprende que lo haya hecho.
Me acerco detrás de mi grupo como quien no quiere la cosa. Veo que los tres chicos que nos acompañan se saludan con el tal Pablo, lo hacen como si no acabara de suceder nada: sonrisas y risas.
-Hey, ¿qué pasó? -pregunta Nicolás.
-Nada, un men ahí que quiso molestar -responde Pablo-. Pero se llevó lo que vino a buscar.
El amigo de Pablo sonríe mientras con su lengua tantea la comisura derecha de su labio que está lastimada.
Logro ver que tiene brackets. Algo que parece gustarles a Carla y a Eva, porque sonríen con él.
-Walter -se presenta el joven.
Después que se presentan los chicos, mis familiares están muriéndose de la emoción mientras estrechan las manos con el tal Walter.
Me entero cuando las chicas se presentan que una de ellas es hermana de Walter y era quien lo estaba tratando de calmar, es la morena de cabello rizado, su nombre es Stela. Algo que me desconcierta porque Walter es bastante blanco y de ojos claros, no se parecen en nada.
La pobre chica aún se ve un tanto nerviosa, aunque finge una sonrisa. Me da pena por ella, porque tener un hermano así de agresivo debe ser un problema.
Estoy tan sumida en mis pensamientos críticos que no me doy cuenta que todos me están mirando. Walter tiene los ojos puestos en mí y yo no oculto mi mala cara; cuando quiero ser odiosa no me limito en lo absoluto y lo menos que me gusta ser es hipócrita.
No me presento y pongo los ojos en blanco para después dar un paso atrás y cruzarme de brazos.
-¿Nos podemos ir? -pregunto cerca del oído de Nicolás.
-Espera un momento -pide un tanto molesto.
-¿Esperar? -inquiero-. Me quiero ir, ¿no te das cuenta?
Mi voz suena un poco fuerte y todo el grupo pone sus ojos fijos en mí.
-¿Me voy sola? -reconvino- ¡Porque si quieres te dejo aquí con estos imbéciles, no tengo problema!
-Zaideth, por favor -suelta serio-. No seas tan grosera, ¿podrías?
-¿Grosera yo? -respingo una ceja mientras pongo mis brazos en la cintura-. Uno de ellos me golpeó con una silla, ¿y la grosera soy yo?
Se escuchan unos susurros.
Con la luz de las farolas de la calle se logra ver en mi brazo el moretón que ya es bastante visible.
-El que lanzó la silla fue el otro, no yo -dice Walter de repente.
Volteo a verlo de manera fulminante.
-¿Yo te pregunté? -inquiero tajante-. No te metas en lo que no te incumbe.
-Zaideth, por favor -pide Eva.
-Vámonos, vámonos -sugiere Carla con rostro de vergüenza.
-No, pero yo tampoco pedí que me llamaras imbécil -replica Walter con una leve sonrisa torcida-. No sabes el por qué peleamos, pero si lo supieras, estoy seguro que no me llamarías imbécil.
-No te preocupes, no necesito saberlo -suelto con sarcasmo-. No se necesita saber que eres un bruto que va por ahí golpeando al primero que se le cruza en el camino y hace un espectáculo de tal calibre en la calle. Agradece que no llamaron a la policía.
Walter suelta una risa irónica y pone las manos en su cintura, algo que lo hace ver un tanto imponente frente a mí.
-¿Qué le pasa a esta perra? -suelta Stela.
Pero su hermano la contiene al ponerle una mano en el hombro.
-Déjala, las personas suelen pecar por ignorantes.
Comienzo a odiar en gran manera su ridícula sonrisa que quiero quitársela con un puño, ¿qué tanto le da gracia? ¿Yo?
-Vámonos -mi hermana me toma de un brazo con fuerza.
-¡Espera! -la detengo con rabia. Sigo observando fijamente a Walter.
-¿No quieres ir ya para la casa? -inquiere ella-. Vamos...
-¿Pero por qué? -gruño mientras quito su agarre de mi brazo-. ¡Él me golpeó con una silla!
-Te acabo de decir que no fui yo -refuta con voz burlona.
-Está borracha -aclara Carla.
Mi grupo comienza a arrastrarme lejos de Walter mientras me van regañando.
Me despierto con un fuerte dolor de cabeza y con el estómago revuelto. Me acomodo a medio lado en la cama. A mi mente llegan los recuerdos de los sucesos de la noche como bomba: "No se necesita saber que eres un bruto que va por ahí golpeando al primero que se le cruza en el camino y hace un espectáculo de tal calibre en la calle", "¡Porque si quieres te dejo aquí con estos imbéciles, no tengo problema!"
Qué vergüenza. No debí actuar tan desagradable. Debí verme igual de vulgar que ellos. Aunque por dentro sentía un alivio de esos cuando recuerdas que únicamente eran desconocidos, sé que nunca más los volveré a ver, pero todavía puedo sentir un mal sabor de boca, porque tenía mucho tiempo que no hacía un espectáculo estando ebria.
Me siento en la cama con rostro arrugado, llevo una mano a un ojo y lo rasco. Es domingo, debo hacer un trabajo de epistemología que debo entregar mañana lunes.
Es así como me levanto de la cama en busca de algo de agua o jugo para tratar de aliviar mi malestar.
Cuando estamos tan sucumbidos en nuestras rutinas, no pensamos en nada más, simplemente existe nuestra vida y las que están a nuestro alrededor, no es que importen mucho.
Así fue como después de tomar jugo de lulo, me dirigí a mi pequeño rincón en la sala donde se encontraba mi escritorio con todos mis libros, laptop y notas adhesivas que me esperaban ansiosas por ser cumplidas.
Así que me siento con la intención de adelantar todo lo que sea posible. El reloj marca la una de la tarde, así que tengo hasta las cinco y media para poder terminar el trabajo de epistemología, contactarme con mis compañeros, para después, cuando ya sean las seis de la tarde, leer un libro que será evaluado en esta nueva semana.
Saco los lentes del estuche que está al lado de la laptop, los limpio con su pañuelo y después me los coloco. Al encender la laptop siento que todo mi alrededor se vuelve blanco, únicamente existe este momento donde me convierto en una chica muy estudiosa y aplicada.
Han pasado tres días y el recuerdo del sábado es casi inexistente para mí. Únicamente tuve un momento desagradable cuando Nicolás me reclamó por la vergüenza que lo hice pasar frente a sus amigos. Lo batee enseguida porque me desespera que los hombres me hagan berrinches, sin embargo, personas como él no son tan fáciles de echarlos de tu vida, siguen ahí, insistiendo, insistiendo, hasta que debes hablarles fuerte para que entiendan que no te interesan en lo absoluto.
Estaba comiendo una hamburguesa en el comedor mientras hablaba con Eva que se encontraba en la cocina terminando de preparar uno para ella.
-¿Sabes quién me habló? -suelta con tono lleno de interés.
-No, ¿quién? -pregunto mientras termino de mascar un bocado de la hamburguesa. Subo los pies sobre el cuero de la silla y me cruzo de piernas.
-Pablo, el chico que estaba en la pelea -informa con una ligera sonrisa-. No sé cómo hizo, pero se consiguió mi número.
La observo con impresión mientras mastico lentamente. Entreabro mi boca mientras trato de procesar lo que acaban de escuchar mis oídos.
-¿Cómo rayos consiguió tu número? -inquiero.
-Eso mismo le pregunté, pero me dijo que no puede decirme. -Lleva la hamburguesa ya preparada a su boca y le da un mordisco mientras se acerca al comedor.
-Por favor, Eva -bufo.
-¿Qué? -Sube los hombros-. Está buenísimo, ¿acaso no lo recuerdas?
-Recuerdo que ellos me golpearon con una silla. -Le muestro el moretón que aún sigue en mi brazo-. Casi matan a un chico... -Termino de tragar y la escudriño con la mirada-. ¿Te invitó a salir?
-A cine, paga todo, también comeremos pizza -suelta animada-. ¿Quieres ir?
-¿Qué carajos? Claro que no... -replico-. Es tu cita. Además, ellos me caen como patada en el hígado.
-Pero le dije que te iba a llevar.
-¿Eh?
-Sí... Es que, sabes que no lo conozco y si voy sola me sentiré incómoda.
-Si voy lo más seguro es que llevará a un amigo -bufo-. Las dos estaremos incómodas. Si no querías ir, ¿por qué aceptaste?
-Nunca dije que no quería ir. Únicamente no quiero ir sola, sabes que soy miedosa de conocer a alguien, ¿qué tal y me lleve a un lugar que no conozco?
-Por eso -regaño-, nunca debes aceptar esas citas. Ya viste que es violento.
-El violento era su amigo, él no estaba peleando. Además, tu ganadito lo conoce.
-Ay, Eva, eso no cambia nada. ¿Ahora qué vas a hacer?
-Te voy a llevar. -Termina de tragar el bocado de hamburguesa y me muestra una sonrisa de satisfacción-. Tú ve a comerte la pizza y pide un combo enorme con perro caliente cuando diga qué comeremos mientras vemos la película, sabes que yo debo fingir que me compadezco de su billetera. Lo exprimimos y lo mando a partir palito.
-¿Y si te gusta? -inquiero.
-Pues lo violo y ya. Sabes cómo son las cosas.
Despliego una gran sonrisa al sorprenderme por el modo de ser de mi hermana. Somos tal para cual.
¡Puff! No sé qué hago aquí, me siento como una tonta. En instantes como este es cuando me pregunto qué estoy haciendo con mi vida. Sé que no necesito ser mantenida por un hombre, que sea quien cumpla con mis caprichos. No sé... si es por la influencia que ejerce Eva y Clara en mí, que me dicen que no debo ser una tonta, que debo aprovechar ahora que estoy joven para vivir mi vida, que, como dice mi madre, al estar vieja me voy a arrepentir de lo que no hice de joven.
Algo que me gustó de estar cerca de Carl es que puedo ser yo misma con él. Parece que encajamos tan perfectamente, siento que no tengo que buscar nada en otros hombres, porque lo tengo a él. Si tan sólo... pudiera tenerlo conmigo... creo que podría ser una mejor persona, porque él me inspira a serlo.
Veo a mi hermana hablando por celular mientras sostiene una gran sonrisa. Ella no quiere aceptarlo, pero está bastante emocionada con la cita; ese chico Pablo, realmente le gusta. Hasta los corazones de hierro en algún momento se encaprichan, ojalá no se enamore, porque perderá en su propio juego.
Ella se vino cambiada con un short alto, una camisa de mangas cortas de color negro y unos botines negros de gamuza. Y ni qué hablar del maquillaje ahumado que se hizo y las horas que pasó arreglando su cabello.
Mientras que yo, toda sencillita con pantalón jeans, camiseta de Avengers y sandalias bajitas, ah... y como no quise peinarme, me hice un globo y listo, ni maquillaje ni nada. ¿Para qué? Si yo únicamente vine a comer. Ni para decir que no quiero opacar la belleza de mi hermana, porque ella hasta con mis fachas se ve mucho mejor que yo, en serio.
Hoy vengo en plan de espantar a cualquier amigo que Pablo invite y crea que me puede echar encima.
Eva se acerca a mí con rostro emocionado.
-Ya están aquí -informa-, están en el ascensor.
Mis ojos ruedan al fondo de la gran sala, mucho más allá de las sillas del comedor del centro comercial, donde se puede ver el ascensor de cristal. Al fin llegó mi cena, porque me muero de hambre y desde que ella me contó que tendría esta cita se me antojó un perro caliente de los que venden en este cine.
-¿Sabes? Averigüé el descuento de los combos hoy y el "tú y yo" está con treinta por ciento de descuento -le digo sin dejar de mirar al fondo de la sala-. Ese es el que trae el perro caliente gigante, ¿te acuerdas que una vez lo compramos cuando vinimos a ver Los juegos del hambre?
-Ajá -suelta Eva sin prestarme mucha atención.
-Bueno, ese es el que debemos quitarle -prosigo-. ¿A todas estas, qué película vamos a ver?
-¿No averiguaste los estrenos?
Volteo para ver la cartelera que está a mi espalda. Se me desfigura la emoción del rostro al ver que no hay nada bueno.
-Ah... pero salió Bad Boys -tarareo la canción del intro de la película mientras hago unos movimientos con las manos-. Bad boy, bad boys, whatcha gonna do, whatcha gonna do, when they come for you? -Lo repito varias veces porque es lo único que sé de la canción.
Mi hermana voltea a verme y me mira con gesto de desagrado, pero yo la ignoro y sigo repitiendo la canción mientras hago varios sí con la cabeza mientras muevo las manos mientras finjo ser un rapero.
Pero me detengo al ver que se acercan a nosotras dos hombres altos, fortachones, uno bastante blanco y el otro mucho más bronceado. Estoy segura que el blanco no debe ser de la ciudad, porque su semblante se ve mucho como si fuera del interior del país, donde todo el tiempo hace frío. Reconozco al chico bronceado, es Pablo, lo logro distinguir porque Eva me mostró varias fotos de él. Y sí, es bastante alto, es justamente como a ella le gusta. No puedo decir que tiene una belleza que es única, de esas de revistas, porque no es así: cabello negro, ojos marrones oscuro, alto, acuerpado y piel bastante bronceada por el sol. Pero lo que lo hace lindo es que se nota que se cuida, su cabello liso está perfectamente peinado a medio lado, tiene un sombreado de barba que lo hace ver más masculino y le luce muy bien, además, viene cambiado con una camisa gris estilo clásica que está remangada hasta sus codos y lleva puesto un jean oscuro.
El joven a su lado me está mirando fijamente mientras me sonríe y a la vista se muestran unos brackets de color violeta oscuro, detrás de ellos se puede ver lo que ya son unos perfectos dientes blancos. Me parece que ya he visto esa desagradablemente hermosa sonrisa en otro lugar. Sube un poco los hombros y después los relaja haciendo que su pecho se vea mucho más ancho.
Wow, es muy guapo. Está únicamente vestido con una camiseta roja, jeans negros con algunos desgarros, tenis y listo. Pero se ve jodidamente bien.
Es en ese momento en que te arrepientes de ser tan descuidada con tu apariencia, cuando deseas que la tierra se abra y te trague. Quiero salir corriendo y hacerme bolita en mi cama. ¡Ay, Dios!, ¡déjame regresar el tiempo para arreglarme bien diva apoteósica! ¡¿Qué hice para pasar semejante humillación?!
Trago en seco e intento que mis mejillas no se ruboricen. Pero mis labios han comenzado a temblar y siento que mis axilas empezaron a transpirar -me sucede cuando estoy demasiado nerviosa-, algo bastante malo porque la camiseta que llevo puesta refleja mucho el sudor. Pero ¿yo qué iba a saber que me iba a encontrar en esta situación?
-¿Esperaron mucho? -pregunta Pablo con una voz que se escucha bastante amorosa.
-Ah... no, acabamos de llegar -responde Eva con una amplia sonrisa.
Mentira, me dijo que no podía hacerlos esperar, por eso llegamos diez minutos antes, y ellos se retrasaron diez minutos, así que tenemos veinte minutos esperando.
-Qué bueno, es que... -Pablo lleva una mano detrás de su nuca, eso me hace ver que está bastante nervioso- tuvimos un pequeño problema antes de salir.
Algo me dice que no se decidía por la ropa, porque como está vestido, se nota que la escogió meticulosamente, todo lo contrario a su compañero, que se nota que se puso lo primero que encontró.
-No te preocupes -suelta mi hermana y después sube sus hombros con timidez.
Parpadeo varias veces mientras observo la escena. Esos dos... se nota que se gustan muchísimo... Ay no, eso es una mala señal.
-Ah... -Pablo me mira-, ¿tú eres Zaideth?
Vaya, por fin se dieron cuenta que yo existo.
-Sí -respondo mientras acentúo con la cabeza-. Soy su hermana.
-Eso veo, se parecen mucho. -Sus mejillas se ruborizan-. Se parecen mucho, son igual de hermosas.
No logro retener una pequeña carcajada. ¿Me acaba de comparar con mi hermana? Y justo con las fachas que estoy vistiendo esta noche...
-Somos uña y mugre, inseparables -dice Eva mientras rodea mi espalda con un brazo.
-Si deseas conquistarla primero debes conquistarme a mí -digo con seguridad mientras sostengo una sonrisa-. Y a mi estómago.
-Ah... sí, claro. -Pablo ríe mientras me repara-. Ya me dijo tu hermana que te encantan los perros calientes de aquí y que eres capaz de comerte tres de ellos.
Ay, no, ¿cómo se le ocurre decir eso cuando tiene al lado a semejante hombre? Qué vergüenza. Voy a matar a Eva por contarle eso a su futuro novio.
Escucho una pequeña risa y lentamente volteo a ver al joven al lado de Pablo. Qué horror, se está riendo de mí. A todas estas, ¿quién es? Ni lo han presentado.
Parece que Pablo comprende mi confusión y posa una mano encima del hombro de su amigo.
-¿No te acuerdas de él? -inquiere, y yo comienzo a presentir lo peor.
Ya se me hacía conocido, pero... hasta ahora mi mente comienza a escarbar en mis recuerdos.
-¿No me recuerdas? -pregunta el joven.
Ahora que escucho esa voz...
"No se necesita saber que eres un bruto que va por ahí golpeando al primero que se le cruza en el camino y hace un espectáculo de tal calibre en la calle" recuerdo.
Siento que me vuelvo pequeñita, que mi rostro se ruboriza y mis piernas se vuelven débiles.
Mi imprudente boca y yo. Aish... ¿Por qué tuve que decir todo eso esa noche?
-Claro, sé quién eres -suelto con desgana.
Me siento inofensiva. Esa noche llevaba puesto un vestido negro corto ceñido al cuerpo, estaba maquillada como una gran diva, aparte que tenía puestos unos tacones que me hacían ver diez centímetros más alta de lo que soy. Agréguenle a eso varios tragos en la cabeza y obtendrán a una Zaideth que cree que puede comentar todas las cosas que sus neuronas le envían.
Walter muerde por unos minutos su labio inferior mientras sigue sonriendo. Se nota que está gozando que yo me sienta ahora como un zapato viejo. Qué desagradable.
-Bien, ¿vamos a comprar las entradas? -pregunto, ignorando por completo a Walter-. Quiero ver Bad Boys.
-Lo que usted ordene, cuñada -acepta Pablo.
-Oye, todavía no vas a recibir ese título -bufo mientras camino delante de ellos.
Lo mejor que se puede hacer en momentos tan incómodos como este es tener una buena actitud, así la gente no se sentirá en el derecho de pasar por encima de ti. Lo menos que quería que se me pasara por la mente es que Walter tomaría este momento como venganza por lo mal que lo traté. No iba a permitir que me humillara.
Intenté ser lo más extrovertida posible y dar un ambiente agradable a la cita. Así fue como volví a mi plan inicial: comer y que no me importara nada.
Me tocó sentarme al lado de Walter (algo bastante incómodo, porque estaba demasiado callado) pero no como un tipo tímido, sino de esos que inspiran misterio y demasiada seguridad, tanta, que no deseas sentarte cerca de ellos.
Como me habían prometido, Pablo me compró el combo que traía el perro caliente y las entradas eran para las sillas VIP de la sala de cine. Como la película fue bastante buena, pude reír y gritar de la emoción (suelo concentrarme mucho en las películas). Nada comparado con Eva y Pablo que únicamente sabían conversar y reír como dos buenos tontos.
Me alivió ver que pude sobrellevar bien el estar al lado de un chico que había humillado una semana atrás. También me sentía tranquila que Walter fuera mi compañía en la cita, porque de esa forma no estaba tentada a que me llamara la atención, que fuera a encapricharme con él y después, al llegar a mi casa, llorara en el baño al sentirme ridícula por no haberme arreglado para la cita.
Pero todavía falta ir a la plaza de comidas para tomar algo y esperar a que se hiciera media noche para que Eva se decidiera volver a casa.
Y aquí estamos los cuatro. Bueno, más bien los dos, porque Eva y Pablo están en su mundo, teniendo su propia conversación. ¿Para qué nos invitaron si van a estar así?
Es re incómodo estar al lado de Walter y que haya ese silencio pulsante entre los dos. Bueno, yo me siento así, porque él está muy tranquilo comiendo su pizza de pepperoni mientras en ocasiones revisa su celular.
Yo intento hacer lo mismo, pero no estoy hablando con nadie, porque en momentos como este a ninguna persona que conoces se le ocurre escribirte. Así que reviso una y otra vez el inicio de Instagram y después me voy a los estados de WhatsApp y así estoy desde hace hora y media. Trato de poner cara de que sí, wow, está muy interesante lo que veo, pero claro, únicamente estoy fingiendo. De hecho, es tanta mi incomodidad, que he abierto uno de los grupos de trabajos de la universidad y leo los mensajes que han enviado mis compañeros preguntándole a los profesores por temas de los trabajos que ellos nunca respondieron porque se perdieron en el océano de mensajes que todos ignoran.
Y llega mi punto de quiebre. Bajo el celular y dejo salir un suspiro mientras mis ojos se clavan en la gran pizza a medio comer que está en el centro de esta. Lentamente subo la mirada hasta Walter que está casi en frente de mí. Me sorprendo al ver que está tomando su jugo de piña mientras observa la panorámica de la plaza bastante tranquilo, como si nada lo atormentara.
Es bastante diferente a como lo conocí. Pensaba que era violento y prepotente, pero ahora parece ser de esas personas que es difícil de hacer enojar.
Nuestras miradas se cruzan y él me muestra una sonrisa ladeada.
-¿Aburrida? -pregunta.
-No -respondo con rapidez.
-Ahorita te veías más entusiasmada.
-Sigo estándolo -replico mientras tomo un trago de mi gaseosa.
Veo que Eva se levanta de su silla, a lo que mi corazón salta del temor.
-¿A dónde vas? -pregunto seria.
Ahora es Pablo quien se está levantando.
-Ya... venimos -informa Eva sonriente, inocente de lo que está sucediendo.
-¿Pero a dónde van? -insisto ahora con una voz un tanto molesta.
-Si se demoran me como toda la pizza -dice Walter con voz tranquila y despliega una sonrisa amable.
Me acomodo en el espaldar de mi silla y dejo salir un suspiro al darme cuenta que esta noche será más larga de lo que llegué a imaginar.
Veo a Eva partir con Pablo tomados de la mano mientras conversan alegremente. He perdido a mi compañera de locuras.
Un gran silencio invade la mesa. Antes no se marcaba tanto porque podíamos escuchar la conversación de Pablo y Eva, pero ahora... Dios... esto es demasiado incómodo.
-¿Eres novia de Nicolás? -pregunta Walter de repente.
-¿Qué? -volteo a verlo. Proceso la pregunta-. ¿Por qué preguntas eso?
-Esa noche discutieron como si lo fueran.
Tomo una torreja de pizza que estoy segura que no lograré hacer que pase por mi garganta.
-No debes saber de mi vida privada -evado la pregunta-. No te interesa, así como a mí no me interesa la tuya.
Walter ríe entre dientes y me contempla mientras entorna la mirada. Siento que quedo sin respiración y debo bajar la mirada hasta la pizza para poder calmarme.
-¿Es tu novio? -vuelve a preguntar.
-Aish... claro que no. -Alzo la mirada y frunzo el entrecejo.
Walter acentúa con la cabeza mientras me observa fijamente.
-No te acordabas de mí, ¿verdad?
Dejo salir un suspiro tembloroso.
-Sí estabas ebria esa noche -dice Walter entre una risita burlona-. Menos mal no tomé en serio tus palabras.
-Realmente eres desagradable -suelto con tono aburrido.
-¿Por qué?
-¿No eres capaz de darte cuenta?
-No soy adivino -suelta con tono obvio.
Tomo un trago de mi gaseosa que siento que pasa lento por mi garganta.
No tengo nada que perder con este hombre, ya he dañado todo entre él y yo.
Me gustaría saber en qué momento una chica tan grosera como Zaideth se convirtió en mi dolor de cabeza.
La estoy viendo tomar su gaseosa sin preocupación alguna mientras me ignora, como siempre.
-No me agradas, Walter -me dice después de dejar el vaso de gaseosa sobre la mesa-. Así que deja de preguntar por mi vida privada. No me arruines la noche.
Dejo salir un jadeo al no poder creer lo que estoy escuchando. ¿Por qué cuando nos rechazan, más deseamos estar cerca de esa persona?
Verán, terminé planeando esta tonta cita donde quedé como un cero a la izquierda cuando la conocí una semana antes en una discoteca.
Una semana atrás:
Esa noche mi hermana me invitó para que conociera a su novio con el que llevaba un mes. Aparte de nosotros, también iría Pablo con su prima que me estaba insistiendo para que le diera una oportunidad.
Como no estaba haciendo mucho desde que había llegado a la ciudad, decidí ir sin muchos ánimos. Únicamente para conocer al dichoso novio de Stela (mi hermana) que no me inspiraba muchas buenas vibras.
El punto de encuentro fueron las afueras de Bambam. El primero en llegar fue Pablo con su prima Alessa; todas las veces que he vuelto de vacaciones ella intenta pegarse a mí como un chicle, eso es muy molesto.
-Walter... -saluda ella con una gran sonrisa-, hola...
-Alessa -saludo con una leve sonrisa.
Después de varios minutos que me parecieron algo eternos, el celular de Stela comienza a sonar.
-¡Debe ser Luis! -suelta con rapidez mientras contesta-. Hola, ¿dónde estás?
-Tienes un novio muy puntual -suelto con sarcasmo.
Ella ignora lo que digo, pero se ve nerviosa, sabe que tengo la razón.
-Mira quien está ahí -comenta Pablo con un cierto tono de sorpresa-. ¿Te acuerdas que te hablé de Nicolás? El que estudia conmigo.
Volteo a verlo.
-Sí, ¿qué sucede con él? -respondo.
-Ahí viene -contesta mirando hacia la derecha-. Y está muy bien acompañado. Mira a la rubia, wow, es muy hermosa.
Logro encontrar al grupo que está a unos metros de distancia, donde al lado de la chica rubia de la que habla Pablo, se encuentra una joven de piel trigueña y cabello negro liso acompañada por una joven pelirroja.
Mis ojos se centran en la chica de cabello negro, porque, aunque está muy arreglada con su vestido negro, con el cabello perfectamente ondulado e intenta sonreír, se ve triste. No es la más hermosa del grupo, su belleza es sencilla. Tampoco tiene unas prominentes curvas, al lado de esas dos chicas, se ve bastante sencilla.
Aunque, Nicolás habla con ella, rodea su cintura con un brazo y le da un beso en una mejilla. Es su novia.
Dejo de observar al grupo porque ha llegado un joven a saludar a Stela y estoy seguro que es su novio. Lo logro reconocer por las fotos que anteriormente me mostró, no sé qué le vio mi hermana a este hombre, porque es feo y tiene rostro arrogante.
-Mucho gusto, Luis -me saluda mientras estira una mano.
-Walter -me presento mientras estrechamos manos.
Después de los saludos entramos a Bambam y buscamos una mesa cerca de una esquina del primer piso. A los minutos nos traen unos tragos y un buen ambiente aterriza sobre la mesa.
Alessa se pone de pie y me muestra una mano. Pablo me anima para que acepte bailar con ella y esto me entusiasma a hacerlo.
Llegamos hasta el centro de la pista de baile y Alessa comienza a bailar de manera sensual mientras acaricia su cabello. Pasea sus caderas bastante cerca de mí. Intento seguirle el ritmo, pero me incomoda que esté tan cerca de mí, como si quisiera besarme.
Intento hacer un poco de distancia, pero ella parece percibirlo y se arrima mucho más. Ahora se voltea y me da la espalda, sigue moviendo sus caderas cerca de las mías. Debo aceptarlo, Alessa es muy hermosa, con una belleza latina y tropical que enamora a cualquier hombre, aunque, por alguna razón, a mí no me gusta. La veo como una amiga, una hermana que debo cuidar, ya que la conozco desde que somos niños.
Cuando teníamos catorce años llegamos a tener una relación de un mes, pero lo hice en un intento por enamorarme de ella, aunque no funcionó y desde ese momento ella me ha buscado, ha insistido en que nos volvamos a dar una oportunidad.
Seguimos bailando, pero reflexioné que ella podría tomarlo como un malentendido, creer que yo le estoy dando indirectas que no son ciertas. Por esta misma razón después de acabarse la canción le dije que volviéramos con el resto del grupo.
-Pero ¿por qué? -inquiere con rostro triste. Me toma de una mano.
-Alessa, por favor -pido-. No compliquemos las cosas.
-¿Hay alguien?
-¿Qué? -frunzo el entrecejo-. No...
Ella se abalanza sobre mí, rodea mi cuello con sus brazos y apretuja sus labios con los míos. Intento apartarla, pero se aferra mucho más.
Al poder hacer espacio entre los dos, me alejo de ella con paso largo y me acerco a la mesa donde el resto del grupo sigue compartiendo. Sin embargo, noto algo extraño entre mi hermana Stela y su novio Luis.
Decido quedarme quieto lejos de ellos para poder observar la situación, ya que no quiero que él finja que todo está bien si me ve, ya saben, para aparentar.
Lo veo poner una mano detrás del cuello de Stela, la toma con fuerza y le grita cerca del rostro. Ella se ve que está llorando, pero trata de fingir para no llamar la atención de Pablo que está concentrado en su celular mientras toma una cerveza.
Llevo una mano a mi frente para intentar calmarme, sin embargo, la sangre ya me está hirviendo.
Lo peor sucede cuando veo a Luis darle un bofetón a Stela, la toma del cabello y la obliga a mirarlo y parece decirle algo amenazante a lo que ella responde con tímidos movimientos de cabeza.
No puedo dejar que la siga lastimando. Debo detener esto.
Me acerco a ellos y aparto a Luis con un empujón en el pecho. Él cae recostado en el mueble y yo aprovecho esto para tomarlo del cuello.
-¿Te gusta sentirte grande golpeándola? -gruño- ¡Vamos, golpéame a mí! -Analizo su rostro de impresión-. ¡¿Qué? ¿Te volviste gallina?!, ¡anda, golpéame! -grito con fuerza.
Stela suelta un grito y se levanta del mueble mientras lleva las manos a la cabeza.
-¡Walter, no, por favor! -suplica.
Luis parece salir del impacto y despliega una sonrisa de ironía. Me da un empujón que me hace retroceder y debo maniobrar para no perder el equilibrio.
Se levanta del mueble y respinga las cejas mientras se burla. Toma a Stela de un brazo y la jala hacia él.
-¡¿Y qué pasa si la golpeo?! -pregunta-. ¡Es mi novia y debo corregirla, para que no se vuelva a portar mal!
Aprieto con fuerza mi mandíbula al sentir que la sangre me hierve con mucha fuerza.
Pablo ya está de pie, perplejo, observando la discusión. Guarda su celular en uno de los bolsillos del pantalón y se acerca a Luis.
-Suéltala -ordena.
-¿Y qué pasa si no la suelto? -pregunta con tono burlón.
Pablo no responde. Se acerca a Stela y la toma bruscamente para dejarla detrás de él, después, golpea el pecho a Luis.
-¡¿Qué te pasa maldito imbécil?! -gruñe-, ¡¿quieres morir?! -Lo mira fijamente a los ojos, como si deseara matarlo-. ¡Vete!, ¡lárgate!
-¡¿Qué te pasa?! -grita Luis-. ¿Te crees muy bravito?
Pablo le responde dándole un fuerte puñetazo en el rostro que lo hace caer al piso, pero Luis se levanta rápidamente y se abalanza a él.
En ese instante se acerca Alessa y suelta un fuerte grito al ver a Pablo peleando con Luis e intenta intervenir.
-¡Pablo, Pablo! ¡No! -suplica.
Mi amigo se desconcierta, algo que aprovecha Luis para intentar aventarle la pequeña mesa de madera en la cabeza.
Al ver esto, mi piel se hiela y me abalanzo a Pablo para ayudarlo a esquivar la mesa que, si llega a golpear su cabeza, podría matarlo.
Se comienzan a escuchar fuertes gritos de personas que están a nuestro alrededor. Me doy cuenta que todo se ha vuelto en espantosa situación gracias al gran patán que mi hermana se consiguió como novio. Ahora deseo matarlo, se ha metido con lo que más me importa en la vida: mi familia y mis amigos.
Pablo y yo estamos en el piso, nos levantamos para abalanzarnos sobre Luis. Lo comenzamos a moler a golpes, pero sentimos que unas enormes manos nos toman del cuello de la camisa y nos arrastran hacia la entrada de la discoteca.
Cuando quiero ver, estoy volando en el aire y únicamente puedo protegerme para no lastimarme al chocar contra el duro piso.
-¡Mátense afuera! -escucho una voz gruesa de uno de los guardias de seguridad.
Alessa y Stela corren a socorrernos al ver a Pablo y a mí retorcernos del dolor por la torpe caída en el piso.
-¡Por Dios, ¿estás bien?! -pregunta Stela mientras me ayuda a levantar.
Pero no soy capaz de prestarle atención, mis ojos están buscando a Luis, ¡lo voy a matar!
Lo veo levantándose del suelo con torpeza, me da una mirada rápida y comienza a alejarse. ¡Se está escapando! Ah... no creas que te vas a salvar de esta...
Corro a él y lo tomo del cuello, apretándolo con fuerza.
-¡NO!, ¡WALTER!, ¡BASTA, POR FAVOR! -suplica Stela corriendo para tratar de calmarme.
Veo el rostro de Luis enrojecerse mientras me mira con sus ojos rojos.
Stela me toma de un brazo, intentando que suelte el agarre que tengo en el cuello de Luis. Veo que está llorando y temblando del miedo.
Arrojo a Luis al piso. Ahora se ve como un perro miedoso. Me da asco.
-¿No la ibas a corregir para que no se portara mal? -le pregunto mientras lo veo levantarse del suelo tosiendo-. ¡Anda, vuélvela a tocar!
-Pregúntale lo que estaba haciendo -dice él con la voz maltratada mientras lleva las manos a su cuello-. Tanto que la defiendes y es una perra. ¡Una maldita zorra!
Quiero volver a abalanzarme a él, pero siento que me toman de los brazos. Es Pablo y Alessa.
-Basta, amigo, no vale la pena -dice Pablo cerca de mi oído-. Estamos en la calle, podría venir la policía en cualquier momento, sabes que no es bueno para ti. Él no vale la pena. Mejor vámonos.
Stela está en medio de los dos y puedo observar su mejilla enrojecida donde antes ese imbécil la ha golpeado. Ni siquiera nuestros padres le han puesto una mano encima para que venga ahora este don nadie a lastimarla. Y lo peor, se está burlando de ello.
-Vaya... parece que el soldadito tiene miedo ahora -se burla Luis-. ¿No se supone que me ibas a golpear? Adelante, quiero verlo.
Pablo ve que yo estoy a punto de explotar, así que decide soltarme, sabe que ya no hay vuelta atrás. Toma a Stela de una mano y la jala para quitarla de en medio.
Luis estaba preparado, logra encertar un puñetazo en una de mis mejillas, pero es tanta la cólera que siento en el momento que no puedo sentir el dolor de mis brackets desgarrando la parte interna de mis mejillas.
Después de darle fuertes golpes, logro golpear con una rodilla su estómago, algo que lo hace retroceder y tambalear. Le hago una llave que logra hacer que su espalda choque contra el piso, me subo encima de él y con mucha rapidez golpeo su rostro.
La sangre salpica en el pavimento. Escucho los gritos de las personas a mi alrededor, pero no soy capaz de detenerme, ¡deseo matarlo!
-¡Walter, por favor, basta! -suplica Stela entre el llanto-. ¡No lo mates, por favor! ¡Yo no quiero esto!
Sus últimas palabras golpean mi mente y me hacen volver en sí. Siento que me toman de los brazos. Me detengo. Siento mi respiración agitada. Parpadeo varias veces y trato de reincorporarme.
-¡Te voy a matar como te vuelvas a acercar a ella! -grito mientras lo veo retorcerse en el piso-. ¡LÁRGATE, ANTES QUE ME ARREPIENTA!
Luis, con las pocas fuerzas que le quedan, se tambalea mientras intenta levantarse. Dos jóvenes se acercan y lo ayudan a levantarse para después llevárselo.
Siento mi boca llenarse de sangre. Me acerco a una zanja para escupir. Ash... me reventó toda la boca.
Al regresar con mi grupo veo que unos jóvenes se están acercando a nosotros. Es el grupo de Nicolás.
-Hey, ¿qué pasó? -pregunta Nicolás a Pablo mientras se saludan con un juego de manos.
-Nada, un men ahí que quiso molestar -responde Pablo-. Pero se llevó lo que vino a buscar.
Me acerco a Pablo y sonrío mientras tanteo la comisura derecha de mi labio que está lastimada. Siento que toda mi boca duele y parece que se va a comenzar a hinchar.
Paseo mi mirada por las chicas que me están sonriendo, menos una. Mis ojos se posan en la chica de cabello negro que me está reparando, diría que demasiado, es un poco incómodo, pero me da curiosidad saber qué está pensando, porque me mira con desprecio y enojo, ¿qué tendrá contra mí si ni siquiera nos conocemos?
-Walter -me presento con Nicolás.
Pablo me ha hablado tanto de él que tengo curiosidad por conocerlo, y más por conocer a su novia. Ella está logrando que mi cólera se disipe con su ocurrente rostro.
La chica rubia y la pelirroja se presentan y por fin sé que se llaman Carla y Eva. Pero, lo más curioso es que la novia de Nicolás está ahí, con su cara de piedra y no disimula, mucho menos se presenta. Parece que no soy el único que nota esto, ya que todos lo están mirando.
Ella se acerca al oído de Nicolás y se susurran algunas cosas. De pronto, la chica alza la voz y comienza a reclamarle.
-¿Esperar? -pregunta-. Me quiero ir, ¿no te das cuenta? -Se ve demasiado molesta-. ¿Me voy sola? -reconvina-. ¡Porque si quieres te dejo aquí con estos imbéciles, no tengo problema!
Respingo mis cejas por la impresión que me da el oír sus palabras. A la vez, me da mucha curiosidad saber el por qué me está catalogando de esa forma si no me conoce.
Es demasiado antipática, pero a la vez me da mucha gracia. ¿Cómo puede Nicolás soportarla?
-Zaideth, por favor -suelta serio Nicolás-. No seas tan grosera, ¿podrías?
-¿Grosera yo? -La chica pone las manos en su cintura-. Uno de ellos me golpeó con una silla, ¿y la grosera soy yo?
Mierda, ¿de verdad la silla que aventó Luis la golpeó?
Veo que en uno de sus brazos hay un fuerte moretón que se está formando. Siento que comienza a tener bastante razón su enojo. Está hablando con los mismos chicos que, seguramente dañaron su noche. Pero... esperen, ¿está tratando de insinuar que yo la golpee?
-El que lanzó la silla fue el otro, no yo -me defiendo.
La chica voltea a verme, pero parece querer matarme con la mirada. Mierda, creo que he metido más la pata.
-¿Yo te pregunté? -inquiere tajante-. No te metas en lo que no te incumbe.
-Zaideth, por favor -pide Eva.
-Vámonos, vámonos -sugiere Carla con rostro de vergüenza. Me mira con una mirada de disculpa.
Pongo las manos en mi cintura. Siento que es cansado tener esta discusión después de haber tenido una pelea. Además, esa chica parece estar un poco borracha. Sin embargo, algo dentro de mí quiere explicarle que se está equivocando.
-No, pero yo tampoco pedí que me llamaras imbécil -explico, sonrío al sentir que es absurdo tener que hablar con una borracha, aun así, sigo hablando-. No sabes el por qué peleamos, pero si lo supieras, estoy seguro que no me llamarías imbécil.
-No te preocupes, no necesito saberlo -responde ella tajantemente-. No se necesita saber que eres un bruto que va por ahí golpeando al primero que se le cruza en el camino y hace un espectáculo de tal calibre en la calle. Agradece que no llamaron a la policía.
No logro contener una risa. Me parece que se ve muy chistosa enojada, además, el saber que está completamente equivocada en lo que dice, el querer catalogarme sin que me conozca, me parece sumamente ridículo.
-¿Qué le pasa a esta perra? -suelta Stela.
Al escuchar a mi hermana siento que algo dentro de mí me advierte que es mejor detener todo esto, ella aún sigue muy sensible por lo que acabó de suceder hace minutos atrás, de hecho, yo también lo estoy.
-Déjala, las personas suelen pecar por ignorantes -la calmo mientras pongo una mano en su hombro.
El grupo de Nicolás comienza a regañar a la chica y poco a poco la arrastran lejos de nosotros mientras me explican que está borracha, que no le preste atención.
Es una pena que nos conozcamos de esta forma, porque es muy linda, da mucha gracia y algo me dice que pudimos habernos llevado mejor en otras circunstancias.
-Qué maldita... -refunfuña mi hermana mientras los vemos marcharse.
Ruedo la mirada a Pablo que se le ve con una enorme sonrisa estúpida.
-¿Qué te pasa? -inquiero.
-La rubia, Eva -responde victorioso-, me dio su número sin yo pedírselo.
-¿Qué? -arrugo mi rostro-, ¿en qué momento?