Capítulo 1
"El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas.»
Marcel Duchamp
Ella se sienta frente al computador, digita su clave y abre su firebook. Algunos mensajes, notificaciones y una nueva solicitud de amistad. A diferencia de otras tantas veces, algo de esa solicitud, le llama la atención, por lo que sin pensarlo mucho, decide aceptar esta nueva amistad.
Él está conectado desde su iPhone; sentado en el pequeño restaurante, observa hacia la vidriera, mira la hora em su reloj, toma un café. Le llega una notificación: Solicitud aceptada.
Cuando revisa, es ella; la chica hermosa, a la que, minutos antes, se atrevió a enviarle ese mensaje:
–Gracias por aceptar mi solicitud; espero sea el inicio de una gran amistad.
–Hola, de nada. Realmente no soy muy dada a aceptar esas solicitudes. Pero, algo me condujo a aceptarte.
–Me alegra entonces, que me hayas permitido estar entre tus selectas amistades.
–👍
–¿De dónde eres Karem?
–Soy del norte ¿y tú?
–Que coincidencia, yo también. Disculpa la pregunta, pero
¿tienes novio?
–Nop y ¿tú, estás casado?
–Divorciado...
Ella sonríé y sigue revisando los post de sus amistades. Curiosa, decide entrar en el perfil de él; "pueda que sea alguien que ella conoce y quiera hacerle una jugada". Busca información sobre aquella nueva amistad, mas, encuentra apenas, su nombre, sexo y fecha de cumpleaños.
La interrumpe en su búsqueda un nuevo mensaje. Se pone algo nerviosa. "Siempre que se revisa un perfil de otra persona, no sé por qué sentimos como si la otra persona estuviese viendo que la estalkeas" piensa, mientras sale rápidamente de allí para ver el mensaje nuevo.
–¿Ocupada?
–No, reviso algunas notificaciones.
–Eres, y disculpa mi franqueza, una exuberante mujer. Espero no te moleste mi comentario.
–Gracias por tu cumplido. La verdad, es que más que ser una mujer "bella" preferiría me viesen como una mujer inteligente y sensitiva.
–Wow, disculpa es que hasta ahora hemos conversado
poco. Y tu foto de perfil muestra tu singular belleza.
–Sí, tienes razón. Es algo que sólo se descubre cuando tienes más contacto con alguna persona.
–Tus palabras demuestran que eres una mujer muy segura de sí misma.
Ella prefiere no hablar de ello. Responde con un emoji:
–😉
–¿A qué te dedicas, Karem?
–Soy periodista ¿y tú?
–Realmente eres una mujer sorprendente. Yo, me dedico a crear a través de la imagen. Soy pintor.
–Muy interesante. De hecho, tengo una columna, donde el arte es el protagonista.
–Debes saber mucho sobre arte.
–Realmente lo necesario. Cuando veo un cuadro o leo algún poema y éste consigue atraparme, entonces busco información sobre quién lo creo.
–¿Y que opinas del arte?
Transcurren algunos minutos y no llega respuesta. El revisa su conexión.
Karem Smith (2min)
Una de los inconvenientes de las redes, es que no sabes si la otra persona, se ocupo en algo o si realmente se fastidió de la conversación. Eso suele irritar a quien sólo tiene como respuesta un (visto)
Vuelve a mirar su reloj, se levanta de su asiento, se dirige hacia la caja, paga la cuenta y sale.
Es casi mediodía, el sol está en su máximo punto. Camina algunas cuadras, saca y revisa su teléfono dos y tres veces para ver, si ella le ha respondido. Entra a la tienda de arte; revisa en uno de los estantes, toma algunas pinturas y trementina. Se acerca al mostrador. La mujer de facciones maduras, lo saluda:
–Hola, Diego. ¡Días que no venía por acá!. ¿Estaba de viaje?
Él revisa su teléfono, sube la mirada y sonríe sin dar respuesta. Entrega la tarjeta a la mujer.
–Son 20 pesos–dice la mujer, al momento que le devuelve la tarjeta con el recibo.
–Gracias, doña María– responde mientras toma la tarjeta, guarda la facturas en la bolsa de compras. Y Sale de regreso a su apartamento.
Abre la puerta, coloca sobre la mesa la bolsa. Abre la nevera, toma un vaso con agua. Se dirige al pasillo y levanta la cortina de bambú. El cuarto, prolijamente arreglado, muestra que es un hombre comedido y cuidadoso. En la esquina de la habitación, próxima a la ventana, un caballete cubierto con una tela de chiffon roja, deja entrever un retrato. Se acerca. Levanta la tela. Observa el rostro de aquella mujer con detenimiento, acaricia con sus dedos las líneas de sus labios, los lleva hasta su boca, los besa y los lleva de nuevo al lienzo.
Da dos pasos hacia la ventana, saca por quinta vez su celular, revisa si ha llegado algún mensaje. Sigue sin recibir respuesta. Abre la foto del perfil de Karem y dice en voz alta:
–¡Eres increiblemente hermosa! Tienes que ser mía.
Guarda el teléfono en el bolsillo de su jeans, cubre el retrato como quien cubre su tesoro más preciado; enciende un cigarrillo, sale de la habitación, y camina hacia la pequeña sala, se asoma en el balcón.
Cavila en silencio las diferentes hipótesis por las cuales, debería o no volver a escribirle tan rápidamente. "Quisiera confesarle, el porqué de mi interés en conocerla", "quisiera hablarle de lo que siento" y entre varios quereres piensa, que es algo presuroso hacerlo.
¿Es pronto para decirle lo que él siente? Para ella, quizás lo es; pero no para él. Su rostro lo persigue a cada instante, desde aquella tarde, en que vió la foto del perfil, y le pareció la mujer más genuina que antes hubiese visto. Por ello, decidió contactarla e intentar traspasar ese misterio, que envuelve su mirada y esa dulzura que esparce su sonrisa.
Saca su teléfono. Entra en su cuenta. Ella está en línea, aún así, no ha respondido, ni visto su mensaje.
El impulso de querer escribirle, es tan fuerte; como lo es ver un lienzo en blanco y no arriesgarse a crear lo imposible.
Si algo caracteriza a un artista, es su capacidad emotiva e irracional. No en vano, siempre se oye decir que todo artista es en sí, un retrato de locura.
"No parece estar interesada en mí", "si le escribo, me responderá" "Tal vez piense que soy fastidioso" "no puedo dejar que todo suceda por su cuenta" " arriesgarse es de valientes"
Uno tras otro pasan por su cabeza, cada uno de estos pensamientos.
–Hola... espero tengas buen provecho.
Digitando...
Sus palpitaciones son más aceleradas, al ver que le responderá:
–¡Gracias, idem!
–Me quedé esperando tu respuesta.
–Disculpa estaba un poco ocupada. Pero, creo que mi opinión sobre el arte puede ser diferente a la tuya. Yo admiro el arte en sí mismo como arte. Y tú, como tú creación.
–Ciertamente, el arte es mi creación. Mas, esa creación proviene de expresar mis emociones y a través de trazos y colores, es mucho lo que puedo expresar.
–Exactamente. Y es lo que debe percibir quien recibe tu mensaje. En verdad pienso, que el arte es un vínculo entre quien crea y quien observa la creación.
–Realmente eres una mujer capaz de descifrar el más grande misterio de un hombre.
–Bueno, no llegaría a ese extremo de certificar que puedo conocer a alguien sólo por sus obras; en este caso por tus pinturas.
–Yo sí lo creo. Muy pocas personas saben aproximarse a una obra e interpretar los sentimientos de quien la creó.
–Gracias por tu percepción sobre mí. ¡Me halagas!
–No es un halago. ¡Es la verdad!
–😊💗
«El arte nos atrae solamente cuando revela en nosotros secretos.»
Jean Luc Godard
Karem, cierra su cuenta. Se arregla el cabello. Toma su bolsa y sale de la oficina.
–¿Ya vas de salida?–pregunta Virginia.
–Sí, debo hacer unas compras, y ¿tú?
–Estaba esperando a Camila, pero no va poder venir por mí. Se le presentó una reunión de último momento.
–¿Si quieres, puedo darte un aventón hasta el metro?
–Sí, me serviría–responde mientras recoge apurada su chaqueta y cartera.
Ambas caminan rumbo al estacionamiento.
–¿Viste el nuevo director de edición?–pregunta con picardía a Karem
–No, no lo he visto. ¿Cuándo comenzó?
–Hoy, yo bajé al departamento de edición y estaba allí sentádote. Es un tipazo. Atractivo y muy agradable. Claro si me gustasen los hombres, le brincaría encima– afirma Virginia mientras, se apoya en el hombro de Karem
–Estás loca de veras. Si te oye Camila, te asesina.
Ambas mujeres sueltan la carcajada. Karem aprieta el botón del control; abre la puerta de atrás para que meter sus carpeta y bolso. Virginia sube al auto.
–¿Tienes urgencia en llegar a tu casa? ¿Puedo llevarte si me acompañas a hacer las compras?
–Perfecto, te acompaño; ya te comenté que Cami tardará en llegar al apartamento.
–¿Terminaste ya tu artículo sobre la pandemia?
–Sí, ya está en revisión con el nuevo editor. Por eso lo vi hoy. De verdad que está guapísimo.
–Yo aún estoy un poco retrasada con mi redacción de arte. Aunque temprano, estuve conversando por firebook con un tipo todo misterioso, que es pintor.
–¿Y por qué no lo entrevistas y sales de eso?
–Oye; no lo había pensado. Tienes mucha razón. En lo que llegué a casa, me monto en eso. Me has salvado con esa idea– responde, mientras choca su puño con el de Virginia.
–Para eso estamos, Ka.
Llegan al centro comercial, Karem entra a la tienda de regalos. Mientras Virginia se distrae observando en la vidriera algunos vestidos.
Karem observa algunos detalles, cuando una de las vendedoras, se acerca:
–¿Busca algo en especial?
–Sí, es un detalle para una niña de unos 5 años. Está de cumpleaños y quiero algo que sea muy especial.
–Sígame y le muestro, lo más novedoso que nos ha llegado en tecnología.
–Realmente, es lo que no quiero. Es una niña y de verdad, pienso que no deberían venderse ese tipo de cosas para los niños a esa edad. Es una aberración coartar su creatividad tan temprano.
La mujer la observa un poco sorprendida. Y le responde:
–Entonces, dígame ¿qué le gustaría llevar a la niña?
Virginia entra y se aproxima a su amiga:
–¿Ya compraste?
–¡No!, justamente estaba pensando en qué se le puede regalar a una niña de 5 años que la ayude a disfrutar de su infancia.
–Pues, en mis tiempos era suficiente un par de muñecas. Pero hoy en día, los niños se divierten con vidrojuegos y cosas así.
–Se lo dije señorita. Tecnología a la vanguardia– interviene la vendedora.
Karem la mira, algo molesta por el comentario:
–Creo haberle dicho, que no le daría ese tipo de regalos a una niña a esa edad.
–¡Disculpe!–sólo quería ayudarla.
–Disculpe usted. Creo que quién se equivocó fui yo, debí entrar a otra tienda que se adapte a mis ideas antimecanicistas.
Virginia intenta calmar la situación tan tensa:
–Pues vamos, que es temprano aún y nos quedan unas 50 tiendas por revisar sólo en este piso.
Las dos mujeres salen de la tienda. Virginia, susurra:
–!Wow! Dejaste en shok a la chica.
–Estoy un poco estresada, creo que fui algo tajante; pero ya le había dicho que no quería nada de aparatos para una niña tan pequeña.
–Vamos entonces, a la tienda de peluches y le compras una Pepa del tamaño de la nena.
Karem, la mira de reojos:
–¿Pepa? ¿Tú estás oyendo lo que dices?. No pienso contribuir al idiotismo de la niñez.
–¿Idiotismo? Regálale entonces, el libro de Historua de la Filosofía de Heidegger–responde soltando una carcajada.
Karem sonríe ante la idea de su compañera.
–Vamos a una librería. Pueda que allí, encuentre algo para ella.
Karem lleva a su amiga hasta el edificio donde vive.
–Gracias por acompañarme.
–Tranquila hija de Shopenhauer–responde sonriendo.
Cuando Karem llega, baja del auto, toma su bolso y la bolsa rosada con el lazo. Entra al edificio. Sube las escaleras. En la entrada a su apartamento, encuentra a la niña, jugando con una caja de zapatos y una Barbie, que por su aspecto debió pasar por la quinta generación.
La niña levanta el rostro y le sonríe. Karem la ayuda a levantarse y la abraza:
–Feliz cumple Elena. Ten, esto es para ti.
Los ojos de la niña se iluminan como el resplandor de la luna azul. Toma la bolsa. Saca una caja de dulces. Una caja de colores, un block de ilustraciones para dibujar y el libro de cuentos del Principito.
–Gracias Ka–dice la niña mientras la abraza por la cintura.
–¿Sabes leer?
–No–responde la niña, con cierta tristeza.
–No te preocupes. Yo te lo leeré todas las noches.
La niña recoge su caja y entra a su apartamento. Karem la observa con ternura. Abre la puerta y entra.
Coloca las llaves y la carpeta sobre la mesa. Desabotona su camisa, mientras con un pie quita uno de sus zapatos deportivos y luego el otro. El típico atuendo de adolescente, descuido de su cabello y forma de pensar, no concuerdan con su edad. Ya pronto cumplirá sus 30 vueltas al sol y a diferencia de sus amigas, aún sigue sin casarse y sin tener hijos.
Abre la nevera, saca una manzana y se recuesta en el sofá. Toma de su bolsillo el teléfono y entra en su cuenta. 10 mensajes de messenger. ¿Quién le escribiría con tanto afán? ¿Su madre, o su padre? Ninguno de los dos son tan preocupados por ella. Incluso desde los 12 cuando ambos se separaron y formaron sus nuevas familias. En medio de tener que escoger entre su padre y sus innumerables mujeres y su madre, poco afectiva; decidió vivir con su abuela paterna. Y a los 18 cuando ella murió, tuvo que comenzar a trabajar de noche como correctora de textos en un periódico local, mientras ingresaba a los 20 años a la universidad para estudiar periodismo.
Al abrir el messenger, se sorprende de ver que son de Diego:
1:00
–🎨
1:01
–🖌
–♥️
1:10
–😉
1:11
–🥰
1:12
–😍
1:30
–🙃
2:15
–🤔
3:00
–😔
–😶
¿Diez emojis?. ¿Quién envía 10 emojis, sin que alguien, le esté respondiendo?
Esa actitud genera en ella, cierto desconfort. Decide no escribirle. Justo cuando ya está por salir del messenger, ve que él está conectado y está escribiendo:
Digitando...
–Disculpa, me preocupo ver que no escribiste y pensé te habías molestado.
–No, para nada.
–Me alivia saberlo. ¿Qué haces?
–Reviso tus once mensajes 😉
–¿Qué tal estuvo tu día?
–Normal, trabajar y trabajar. Ahora que me preguntas.
–¿Podrías ayudarme en algo? Tengo que hacer un artículo
para mi columna de arte yestoy bloqueada. ¿Me dejarías que te entreviste?
–Por supuesto, me encantará ayudarte.
Karem inicia la entrevista. Cada pregunta que hace a Diego, es respondida con tanto conocimiento y creatividad, que se siente encantada frente aquel extraño hombre. Había escrito tanto sobre arte y entrevistado a tantos artistas pero con él, las preguntas fluían con levedad y todo resultaba gracioso.
Diego se siente satisfecho de haber ayudado a Karem. Siente que eso fue un puente que se tendió entre ellos y ya sólo faltará poco para cruzarlo y poder entrar al mundo de ella. A ese mundo que le permita descubrirla y amarla. Finalmente se queda dormido luego de releer por quinta vez su conversación desde el principio.
Es fin de semana. Desde muy temprano despierta con una taza se café y un cigarrillo encendido. Camina hasta su taller, desviste el cuadro. Coloca el cigarrillo y la taza de café en la mesa. Toma el pincel y su paleta. Comienza a dibujar al rededor del rostro femenino, algunos trazos multiformes.
Observa su trabajo y allí permanece. A ratos se detiene para pensar y recordar cada palabra de su conversación con Karem y a ratos traza una o dos líneas, toma café ya frío, enciende otro cigarrillo y vuelve al lienzo.
«No tengas miedo de la perfección, nunca la alcanzarás.»
Salvador Dalí
Karem no ha querido levantarse de la cama. Oye que tocan a la puerta. Mira el reloj. Ya casi las 10am. Se levanta, se asoma en el ojo mágico, no ve a nadie. Cuando sé regresa suena nuevamente la puerta y decide abrir. La sonrisa de Elena, es suficiente para enternecer su alma y sonreír.
–Has madrugado hoy, ven pasa– dice, mientras se aproxima a la niña y la levanta.
–¿Tú mamá, ya está en casa?
La niña asiente con la cabeza.
–Veo que trajiste tu cuento.
–Sí, quiero que me lo leas. Mi mamá llegó a dormir y sólo despierta cuando ya tiene que volver a salir.
–Está bien reinita. Mamá llega cansada. Eso debes entenderlo. Trabaja muy duro.
La niña sonríe sin entender mucho, a lo que se refiere Karem.
–¿Desayunaste?
–No.
–Bueno vamos a comer cereal y luego pastel de chocolate. ¿Te gusta?
La niña asiente com su cabeza.
Desayunar juntas. Ven un poco de television. Karem sirve el pastel y van a su cuarto, para leerle el primer capítulo de aquel cuento.
Las horas transcurren rápidamente. Ya es hora de almuerzo. Pide una pizza para poder desocuparse y sentarse a transcribir su artículo. En ese instante, siente una emoción inusitado al recordar lo agradable de su conversación con Diego.
–Vamos a almorzar juntas una mega pizza y luego irás a casa con mamá.
Yo debo hacer un trabajo en el computador.
La niña se alegra y a la vez, entristece.
–¡Hey! ¿por qué esa carita?
–Mamá está durmiendo. Siempre estoy sola hasta que ella se va y llega mi tía Mary para cuidarme. Ella sólo se sienta a ver la tele y me manda a dormir.
–Está bien Elena, puedes quedarte viendo la tele mientras yo trabajo. Pero no hagas ruido, sí, debo concentrarme.
Karem coloca unas palomitas de maíz en el microondas. Le sirve en una taza grande a Elena para que se distraiga.
Se sienta en el sofá. Coloca la lapto en sus piernas y mientras escribe, a su mente viene la conversación entre Diego y ella. No sabe las razones, pero ya no le parece tan intenso. Incluso, le resulta un tanto agradable. Algo cambió en ella, ¿su perspectiva hacia él o tal vez, es ella quien está cambiando sus sentimientos y dejándose llevar por aquella agradable sensación?
Cae la noche. Diego recoge sus pinceles, los coloca en el encase con tiner. Revisa su teléfono. No hay mensajes de ella. Piensa: "por lo menos debería escribirme para saludar" "quizás sólo me respondió anoche porque necesitaba de mì" "tal vez le pareció desagradable nuestra conversación" " me estoy volviendo loco de tanto pensar".
Respira, enciende un cigarrillo. Relee nuevamente cada mensaje. Abre una vez más su perfil, detalla con emoción la imagen de Karem. En ese momento ve que ella está escribiéndole. Es esa sensación de susto que le invade. Saber que la piensa y ella aparece como por arte de magia.
–Hola, Diego. Espero estés bien. Quería agradecer nuevamente tu apoyo. He recibido muchos elogios, gracias a ti.
–Hola, Karem. No tienes nada que agradecer.Fue un placer poder ayudarte en esto.
–De igual manera, gracias. Fue una experiencia única
–Yo no he dejado de pensaren esa conversación. Siento que algo me conecta a ti. Y es algo que no sentía desde hace algún tiempo.Pude ver que soy un poco mayor que tú Tengo 40 años.
–Sí, en un mes cumpliré 29.
–Para tu edad eres muy madura e inteligente
–😊
–Siempre te sonrojas. Eres una mujer hermosa. No tienes porque dudarlo.
–Gracias otra vez, soy algo tímida.
–¡No puedo creerlo! Eres joven y bella, inteligente y sensual.
–Espero no te molestes por mi sinceridad Como pintor, soy amante de la belleza y tú eres, inigualablemente bella.
Las palabras de Diego son halagadoras. Pero Karem suele ser muy insegura de sí misma. Nunca recibió tantos cumplidos. Aquel hombre la seduce de tal manera, que nunca se creyó tan vulnerable. Mejor dicho, nunca quiso serlo. Aparentó ser fuerte y segura. Mas, no es lo que se aparenta, sino lo que se es, lo que te hará flaquear.
Otra vez, espera su respuesta. Otra vez, se desconecta sin despedirse. Diego se siente irritado y desconcertado. Ella tiene poder sobre sus emociones y eso es para él, inentendible e inaceptable para su ego machista.
Siempre fue su costumbre controlar cada situación, en cuanto a relaciones amorosas se refería. Ser el anfitrion en una galería o ser el profesor que facilitaría alguno de los talleres de fin de semana, le dieron fama y oportunidades de conocer y tener innumerables distracciones amorosas. Así que luego de cada exposición o al finalizar alguna de sus aulas de pintura. Siempre había uma mujer adinerada interesada en comprar uno de sus cuadros, y si iban acompañado de una cita con el artista que lo creo alguna, sería una noche perfecta. A veces, era una promotora, quien le invitaba unas copas, mientras cuadraban alguna exhibición de sus obras. Otras veces alguna estudiante, que se deslumbraba con su atractivo profesor o algún amigo pintor que no perdía las esperanzas de que en medio de uma noche de tragos y arte, se dejará llevar y sucumbieron em el deseo carnal. Siempre fue él quien dejaba las conversaciones a medias. Él que desdeñaba a las mujeres. Ahora parece que todo gira y siente su orgullo doblegado. Se siente incapaz de darle clip a la opción de bloquear y olvidarse de Karem. El impenetrable, emocionalmente, ahora es vulnerable ante la presencia y la actitud de esa mujer, incluso más joven que él por 12 años.
Ese domingo Karem se dedicó a descansar. Desactivó sus datos para no ocuparse en atender mensajes en sus redes. Sólo quería dormir hasta muy tarde y no verse envuelta en esa habitual melancolía que la visitaba o invadía desde el amanecer dominical. Muchas veces pensaba en que, su tristeza se debía al hecho de que, cuando era pequeña, los domingos eran para ir con su abuela a la misa; luego iría con ella a su casa, allí podoa correr en el enorme patio y comer dulces. Era tan feliz en esos momentos, hasta que a los 9 años, su abuela enfermó de cáncer y murió al poco tiempo. Ya orar no le parecía tan agradable, ni menos ir a misa.
Durmió hasta tarde. Sólo se levantó un momento para hacer el pedido de su almuerzo por delivery. Mientras esperaba, se levantó, se cepillo, lavó su rostro, se miró al espejo como queriendo darse ánimos a sí misma. Sonó el timbre, camino hasta la sala, abrió la puerta, pagó al joven y regresó hasta su cuarto.
Abre la bolsa, saca las papas fritas y la hamburguesa; destapa el refresco. Come, coloca la bolsa a un lado y vuelve a recostarse en su cama.
No quería pensar, ni recordar que era domingo. Era como si se abriese una archivo y por cada carpeta colocada en forma ordenada y alfabética fuese saliendo uno a uno
Sintió algo de frío. Se levantó de la cama y cerró la ventana y pronto comenzó a caer una fuerte lluvia.
Domingo y lluvia, una combinación algo nociva para la mente de Karem, quién se niega a ver el pasado como lo que es, pasado.