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Amor y Desquite en el Cielo

Amor y Desquite en el Cielo

Autor: : Gong Zi Qing Wei
Género: Romance
Soy Alejandro Vargas, piloto as mexicano con un futuro brillante. Pero mi mundo se vino abajo cuando, de la nada, fui acusado de traición. Sofía, la ingeniera en la que confiaba, la que creí mi "media naranja" profesional, me señaló públicamente con el dedo, acusándome de robar secretos. "¡Todo es tu culpa!" gritó, y cada palabra fue una sentencia de muerte. "¡Robaste los planos de Raúl! ¡Impediste que rindiera al máximo! ¡Si no fuera por ti, Raúl estaría aquí!" La mentira fue devastadora. Fui expulsado deshonrosamente. Mi padre murió de un infarto, incapaz de soportar la vergüenza. Mi madre, engañada por la misma Sofía, murió sola en el desierto. Yo, varado en el extranjero, perecí de frío, abandonado y olvidado. Morí sin comprender por qué Sofía, la mujer que amaba, me había traicionado tan brutalmente, o cómo Raúl, siempre a mi sombra, estaba implicado. Pero el destino me dio otra oportunidad. He renacido. Ahora, de vuelta en la academia, oculto mi verdadero talento y observo a Sofía y a Raúl desde mi segundo puesto. "Veremos quién se lleva el 'Premio Alas de Plata' esta vez."

Introducción

Soy Alejandro Vargas, piloto as mexicano con un futuro brillante.

Pero mi mundo se vino abajo cuando, de la nada, fui acusado de traición.

Sofía, la ingeniera en la que confiaba, la que creí mi "media naranja" profesional, me señaló públicamente con el dedo, acusándome de robar secretos.

"¡Todo es tu culpa!" gritó, y cada palabra fue una sentencia de muerte.

"¡Robaste los planos de Raúl! ¡Impediste que rindiera al máximo! ¡Si no fuera por ti, Raúl estaría aquí!"

La mentira fue devastadora.

Fui expulsado deshonrosamente.

Mi padre murió de un infarto, incapaz de soportar la vergüenza.

Mi madre, engañada por la misma Sofía, murió sola en el desierto.

Yo, varado en el extranjero, perecí de frío, abandonado y olvidado.

Morí sin comprender por qué Sofía, la mujer que amaba, me había traicionado tan brutalmente, o cómo Raúl, siempre a mi sombra, estaba implicado.

Pero el destino me dio otra oportunidad.

He renacido.

Ahora, de vuelta en la academia, oculto mi verdadero talento y observo a Sofía y a Raúl desde mi segundo puesto.

"Veremos quién se lleva el 'Premio Alas de Plata' esta vez."

Capítulo 1

Soy el Comandante Alejandro "El Águila" Vargas, piloto de la Fuerza Aérea Mexicana. Hoy, durante un vuelo de rutina sobre el desierto de Sonora, mis instrumentos se volvieron locos. Justo frente a mi cabina, un objeto metálico y silencioso flotaba en el aire, desafiando cada ley de la física que conozco. Lo reporté de inmediato. Era el primer avistamiento oficial de un fenómeno aéreo no identificado en la historia moderna de México. La SEDENA movilizó a sus mejores equipos, y la noticia se convirtió en un secreto de estado.

Pero para mí, este evento era solo el telón de fondo de una historia mucho más personal y dolorosa. Esta no es la primera vida que vivo.

En mi vida anterior, yo era la estrella de la academia militar. El mejor piloto, el cadete más prometedor. Junto a mí estaba Sofía Ramírez, una ingeniera aeronáutica de un talento deslumbrante. Nos seleccionaron para un proyecto clasificado en el extranjero, y nuestro trabajo conjunto nos hizo ganar el prestigioso "Premio Alas de Plata". La prensa nos aclamaba como el dúo perfecto, el futuro de la aviación mexicana.

Pero detrás de la gloria, se escondía una tragedia. Raúl "El Halcón" Mendoza, un cadete que siempre vivió a mi sombra, era el aprendiz de Sofía. Quedar siempre en segundo lugar lo consumió. La envidia y la presión lo llevaron a una profunda depresión, y se quitó la vida.

Un día antes de nuestro regreso triunfal a México, mi mundo se derrumbó.

Sofía convocó una rueda de prensa. Con lágrimas en los ojos y la voz rota, me acusó públicamente de vender secretos tecnológicos a una potencia extranjera.

"¡Todo es tu culpa!"

Su voz resonó en la sala, y cada palabra era una condena.

"¡Robaste los planos de Raúl antes de la prueba final! ¡Le impediste rendir al máximo! ¡Si no fuera por ti, Raúl estaría aquí conmigo, en este escenario, recibiendo este premio!"

Se arrancó la medalla del cuello y la arrojó a mis pies.

"¡Tú, un hombre tan despreciable, no mereces estar a mi lado! ¡Este premio no te pertenece!"

La mentira fue devastadora y perfectamente calculada. Sofía no solo me acusó, sino que también robó los diseños de aviones de combate de nueva generación que mi padre, un legendario ingeniero aeronáutico, había creado. Los presentó como prueba de mi traición.

La SEDENA me expulsó de forma deshonrosa. Mi padre, incapaz de soportar la humillación y la traición de la que fue su protegida, Sofía, murió de un infarto poco después. Mi madre, desesperada por encontrar una manera de limpiar mi nombre y traerme de vuelta, fue engañada por la propia Sofía. Le prometió ayuda, pero la abandonó en una remota zona desértica. Murió por las inclemencias del tiempo, su cuerpo nunca fue encontrado.

Varado en el extranjero, sin dinero y sin patria, me convertí en un vagabundo. El gobierno mexicano, convencido de mi traición por las pruebas falsas de Sofía, se negó a repatriarme. Morí de frío en un callejón, solo, menos de un mes después.

Pero el destino, o quizás una justicia cósmica, me dio una segunda oportunidad.

He renacido.

Ahora estoy de vuelta en la academia, reviviendo los mismos días, con las mismas personas. Pero esta vez, conozco la verdad. Oculto mi verdadero talento, me conformo con el segundo lugar en cada prueba, en cada simulación.

Observo desde la distancia cómo Raúl celebra su primer lugar, cómo Sofía lo mira con esa sonrisa radiante que una vez fue para mí. Los veo juntos, eufóricos, creyéndose en la cima del mundo.

Y yo, desde mi segundo puesto, les devuelvo una sonrisa fría.

"Veremos quién se lleva el 'Premio Alas de Plata' esta vez."

Sofía y Raúl son mis objetivos. Ella es la mente maestra, la traidora. Él es su cómplice, el peón inseguro y celoso. No permitiré que destruyan mi vida y a mi familia de nuevo.

Y luego está Isabel "La Estrella" Durán. En mi vida pasada, ella fue la única que creyó en mi inocencia. Me esperó, me apoyó incondicionalmente desde la distancia, hasta el final. En esta vida, ella es mi ancla, mi aliada silenciosa. Es una brillante ingeniera de sistemas y mi única confidente, aunque ella aún no sepa la historia completa.

La envidia de Sofía y Raúl me costó todo. Mi carrera, mi familia, mi vida.

Esta vez, la historia será diferente. Protegeré a mis padres. Expondré a los traidores. Y reclamaré la justicia que se me negó. El juego ha comenzado de nuevo, pero ahora yo conozco las reglas.

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Capítulo 2

La pantalla frente a mí parpadeó, mostrando los resultados finales de la simulación de combate aéreo.

1. Raúl "El Halcón" Mendoza: 98.5 puntos.

2. Alejandro "El Águila" Vargas: 98.4 puntos.

Una diferencia mínima, deliberada. Un error de cálculo que solo yo sabría que fue intencional.

El murmullo se extendió por la sala de simuladores. Los otros cadetes me miraban, algunos con lástima, otros con una mal disimulada satisfacción. El legendario "Águila" había sido vencido de nuevo por "El Halcón".

Raúl se levantó de su asiento, con el pecho inflado y una sonrisa arrogante. Caminó directamente hacia mí, deteniéndose junto a mi estación.

"Vaya, vaya, Águila."

Su tono era burlón, condescendiente.

"Parece que el segundo lugar se está convirtiendo en tu hábitat natural. Deberías acostumbrarte."

No respondí. Solo lo miré, manteniendo mi expresión neutra, casi aburrida. Mi calma pareció descolocarlo.

Entonces, Sofía se acercó. Se paró al lado de Raúl, colocando una mano posesiva en su hombro. Su sonrisa era afilada, sus ojos brillaban con un triunfo venenoso.

"No seas tan duro con él, Raúl," dijo, aunque sus palabras estaban cargadas de desprecio. "Algunas personas simplemente no están destinadas a la grandeza. No importa cuántas oportunidades se les den."

Me miró fijamente, y por un instante, su sonrisa vaciló. Una extraña chispa de reconocimiento cruzó su mirada. Inclinó la cabeza ligeramente.

"Es como si la historia estuviera destinada a repetirse, ¿no crees, Alejandro? Siempre habrá alguien que se quede atrás, mirando cómo los demás alcanzan la gloria."

Me quedé helado.

Esa frase. Esa mirada. No era la simple arrogancia de una rival. Era algo más. Era el eco de una memoria compartida.

Ella también recordaba.

Mi corazón empezó a latir con fuerza, pero mi rostro permaneció impasible. Así que no estoy solo en esto. La principal arquitecta de mi destrucción también había vuelto. Esto no era una simple repetición, era una continuación de nuestra guerra. La complejidad del juego acababa de multiplicarse por mil.

El resto de los cadetes comenzaron a cuchichear. Las miradas de burla se intensificaron, pero las ignoré. Mi mente estaba en otra parte, procesando esta nueva y aterradora revelación. Mantuve mi vista fija en la puerta, esperando.

Poco después, el General Torres, el director de la academia, entró en la sala. Su mirada recorrió los resultados y luego se posó en mí y en el dúo triunfante.

"Felicidades, cadete Mendoza. Un rendimiento excepcional," dijo, asintiendo hacia Raúl. Luego se volvió hacia Sofía. "Y a usted, señorita Ramírez, su trabajo en la optimización del software de simulación es notable."

Finalmente, sus ojos se encontraron con los míos. Había una pizca de decepción en ellos.

"Vargas, buen esfuerzo. Pero necesitamos lo mejor para el proyecto internacional." Hizo una pausa. "He tomado una decisión. Ramírez, usted liderará el equipo de ingeniería. Y su compañero piloto será el cadete Mendoza."

Sofía y Raúl intercambiaron una mirada de júbilo. Era exactamente lo que querían.

"Sin embargo," continuó el General, "el talento de Vargas como estratega es innegable. Por lo tanto, he decidido que trabajará en el equipo de apoyo, proporcionando análisis de datos para Ramírez y Mendoza."

Me ofrecían las migajas. Querían que trabajara para ellos, que les entregara mi conocimiento en bandeja de plata.

"General, con todo respeto," dije, mi voz tranquila y firme, "agradezco la oportunidad, pero debo rechazarla. Prefiero continuar con mi proyecto de investigación individual."

La sala quedó en silencio. Nadie rechazaba una asignación directa del General Torres.

Sofía me miró, furiosa. Este no era su plan. Ella no solo quería vencerme, quería humillarme, tenerme bajo su control.

"¡Qué arrogancia!" espetó ella, dando un paso al frente. "Raúl y yo representaremos a México. ¡Es tu deber como soldado apoyarnos! ¿O es que tu ego es más grande que tu lealtad a la Fuerza Aérea?"

"Mi lealtad no está en duda, Ramírez," respondí con frialdad. "Simplemente considero que mi tiempo será más productivo en otro lugar."

La furia en el rostro de Sofía se transformó en una máscara de cálculo. Se giró hacia el General.

"General Torres, el éxito de esta misión es crucial para la SEDENA. La sinergia entre piloto e ingeniero es fundamental. Raúl y yo ya hemos desarrollado esa sinergia," dijo, su voz ahora melosa y persuasiva. "Pero los análisis de datos de Alejandro son... vitales. Su conocimiento sobre aerodinámica avanzada es único."

Hizo una pausa dramática.

"Si él no está dispuesto a compartir sus conocimientos con el equipo, entonces yo no puedo garantizar los resultados que México espera. Exijo que se le ordene entregar todos sus datos de investigación personal para que Raúl y yo podamos usarlos. Es por el bien mayor."

Era un chantaje descarado. Estaba usando su posición como la "ingeniera genio" para acorralarme. El General frunció el ceño, visiblemente contrariado. Miró de Sofía a mí, sopesando sus opciones. Sabía que la reputación de la academia estaba en juego.

"Vargas," dijo el General, su voz pesada, "comprendo su postura, pero la señorita Ramírez tiene un punto. El éxito del equipo es la prioridad. Le pido que coopere. Entregue los datos preliminares de su investigación."

No dijo "todos" los datos. Me estaba dando una salida.

Miré a Sofía, a su expresión triunfante. Luego a Raúl, que parecía un perro faldero satisfecho.

"Como ordene, mi General," dije, inclinando la cabeza. "Entregaré los datos preliminares."

Sabía que esto era solo el principio. Sofía no se detendría hasta tenerlo todo. Pero yo tampoco. Le daría justo lo que necesitaba para empezar a cavar su propia tumba.

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