Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Amándote hasta mis cenizas
Amándote hasta mis cenizas

Amándote hasta mis cenizas

Autor: : Yise_Uribe
Género: Romance
Rebecca Klein y William Smith se conocen por aquellas casualidades de la vida que ni nosotros mismos podremos entender, ella pensaba que su destino se había cruzado con el de William porque así estaba escrito en él, no era una mera casualidad, pues desde que cruzaron miradas una sensación electrizante comenzó a recorrer todo su cuerpo. Rebecca o, cómo le gustaba que la llamasen, Becca era la típica niña buena, tímida, no le gustaba llamar la atención, no iba a fiestas, entre otras. En cambio, William, a pesar de su corta edad, había recorrido aquellas calles del placer y había estado viviendo su vida al máximo y sin limitación alguna, aunque de alguna forma constantemente se encontraba buscando aprobación en sus compañeros de parrandas y en sus compañeras de cama. Él se enamora de Rebecca, y al menos eso pensaba, al igual que la hermosa Becca queda perdidamente enamorada de aquel chico tan misterioso y lleno de esas cualidades a las que un día ella aspiraba a poseer, privada de una vida llena de experiencias nuevas debido a sus padres sobreprotectores y a la manera en que ella misma ponía una barrera que la mantenía alejada de todas esas cosas que eran sinónimo de William. Ambos formalizan una relación poco convencional que poco a poco los lleva al fracaso, tienen que poner ambos de su parte y dejarse llevar por lo que sienten y no por lo que los demás dicen para poder salvar su amor, ambos deben crecer para poder dejar de necesitar la validación de su entorno y poder vivir a fuerza ese amor que tanto desean.

Capítulo 1 Prólogo

«Sin duda el pasado siempre nos perseguirá, el recuerdo de las personas que fuimos, cómo nos comportamos, la manera tan especial en que fuimos reconocidos por los demás, Will, aún te recuerdo, aún una parte de mí sigue extrañándote, no para volver contigo, simplemente anhelando reencontrarse con el hombre que alguna vez fuiste cuando estabas conmigo, cuando intentabas conquistarme»

-Mamá. -dijo mi pequeño hijo de seis años-. ¡Mamá, dónde estás! -exclamó, siempre lo hacía, le daba terror que me desapareciera, algún día aquello cesaría, mientras tanto, aprovecharía de tenerlo lo más cerca posible.

-¡Aquí estoy, bebé! -respondí en un tono un poco algo para que pudiera escucharme-. ¿Le dijiste a tu tío Sebastián que comprase lo que faltaba en casa? -pregunté de pronto.

-Claro que sí, mami. Llegamos con todo. -mencionó-. También me compró una pelota de futbol. -dijo con cierto entusiasmo. Sebastián apareció detrás de él, poniendo sus manos en señal de perdón, también haciendo un puchero, no me gustaba que él tuviera que comprarle esas cosas a Samuel, en especial porque estaba haciendo una colección de balones.

-No te enojes con él, Becca. Fui yo quien quiso comprárselo. -mencionó Sebastián intercediendo por el muchacho-. Anda, Samuel, ve a jugar al patio, todo está bien. -agregó.

-Sabes que no me gusta que le compres cosas a mi hijo. -mencioné sonriendo de lado.

-Y te he dicho que no tengo problemas en comprarle todo lo que desea. -comentó-. No es mi hijo, pero es tuyo y es parte de ti, quiero ser parte de ti, y ya vamos para cuatro años juntos, he visto crecer a Samuel cómo su padre y si no fuese porque tu decidiste que me dijera tío me llamaría papá. -agregó.

-Samuel tiene a su padre. -mencioné sonriendo-. Pero eso no quita que te quiera cómo si lo fueses también.

-Lo sé, no es lo que quería decir. -mencionó-. Ven, sabes que no me gusta que discutamos. -mencionó sonriendo nuevamente, esta vez acercando sus manos a mis caderas para luego jalarme hasta donde estaba y besar nuestros labios-. ¿Ves? Así está mucho mejor.

-No te pases, Sebastián. -dije en apenas un susurro, el recorrido que sus manos estaban haciendo cerca de mi ombligo me estaba torturando lentamente.

-Sabes muy bien que puedo hacer que cambies de opinión a mi voluntad, solo tengo que tocar por aquí o llevar mis labios a esta zona. -dijo en apenas susurros sobre mi oreja, mordiendo levemente el lóbulo de esta, provocándome, haciendo que mi cuerpo se estremeciera debajo de sus manos y sus labios.

La noche nos arropó con su manto, Sebastián se encontraba junto a Samuel en su habitación, estaban viendo una serie de caricaturas, algunas noches me quedaba junto a ellos, pero esta no era la ocasión, estaba preparando el bolso del niño, este fin de semana pasaría con su padre, con Will.

-¿Cómo te sientes? -preguntó Sebastián, rompiendo el silencio que había en la habitación que compartíamos hace algunos años.

-¿Por qué lo preguntas? -respondí sonriendo levemente.

-He notado que últimamente actúas diferente, me gustaría saber por qué. -comentó mientras ponía una de sus manos sobre mi abdomen-. ¿Serás que estás pensando en lo que hablamos la última noche? Lo de intentar tener otro bebé.

-Siempre pensé que no querrías ser padre, en el sentido de que aún no estabas preparado para serlo. -mencioné sonriendo-. He visto cómo has cuidado y protegido a mi hijo, cómo si también fuese tuyo. -agregué.

-¿Y eso significa que...? -preguntó.

-Creo que no tendremos que intentarlo demasiado, Sebastián. -susurré-. Estoy embarazada. Tendremos un bebé y seremos una familia, nosotros cuatro. -agregué sonriendo.

Capítulo 2 El mensaje que lo cambió todo

Me encontraba acostada en mi cama, hacía frío y cómo no, si estábamos en pleno invierno, lo recuerdo perfectamente. No estaba de muy buen ánimo, me sentía dolida, tanto por mi corazón cómo por mi cuerpo, últimamente ocupaba el ejercicio para reparar el resto de los pesares que me atormentaban, sonreí de lado cuando comencé a leer aquella frase que cambió mi manera de vivir la vida de una manera extraordinaria, o más bien, la vivencia que abrió mis ojos con respecto al mundo que nos rodea, y es que dicen que del amor al odio hay un solo paso y tienen razón, en una parte.

No te odio, William, pero gracias a ti y a todo lo que viví a tu lado ahora soy la mujer que tienes enfrente, me ha costado, pero aquí estoy luchando cada día por ser una mejor versión de la que fui, de la que tuviste y no aprovechaste, porque sí, te amé y probablemente sigo haciéndolo, pero esa es una historia para otro día, ¿No?

La ironía de la vida, cuando pensé que podía alcanzar el cielo desde tus brazos, tú me soltaste sin siquiera avisarme, sin siquiera decirme, -Ey, no puedo estar más contigo, no te amo-, no... Sigo pensando en ti cada día, William, y aunque quisiera que todo volviera a ser cómo antes, en el fondo sé que lo quiero para no sentirme sola, a pesar de mis sentimientos hacía ti, fui yo quien te soltó y puedes hacer con tu vida lo que se te dé la gana, pero déjame en paz, no me hables, no me llames, no vuelvas a decir que me amas, porque la niña que creía ciegamente en cada una de tus palabras no existe más.

Esta historia es para ti, el amor más doloroso de mi vida, William.

Una rosa es suave y delicada, pero también cuenta con espinas afiladas para defenderse y no dejaré que sigas destruyéndome, necesito volver a florecer de las cenizas en las que me dejaste.

Mensaje William: Hola. -comentó aquel desconocido, William, se llamaba, dudé en responder, no lo conocía de ningún sitio, simplemente había respondido a una de sus publicaciones con aquellos retos que parecen fáciles, pero que tienen su pillería cuando comprendes bien el significado de cada oración. Terminé quedándome dormida, vi su mensaje cerca de las dos de la mañana, cuando desperté producto de la sed, me levanté al baño en busca de agua, la bebí casi de un sorbo, si qué estaba sedienta, apenas me acosté nuevamente, me quedé dormida sin prestarle mayor atención a su mensaje.

«Si hubiese sabido antes que ese mensaje causaría tantos cambios en mi persona, tanto dolor... un mensaje que pronosticaba un cambio, para mí, para mi vida, y también la vida de las personas que me rodeaban, pero en ese momento no lo entendí y deje pasar»

Desperté, lavé mis dientes, me coloqué el uniforme y me dirigí a la escuela, como de costumbre, allí reí con mis amigas que siempre tenían algo nuevo que contar, no como yo, que sabía perfectamente lo aburrida que era mi vida y solo me quedaba anhelar algún día hacer las cosas que ellas comentaban, sonreí de lado mientras soñaba despierta, eso nunca pasará Rebecca, nunca te lo permitirán. En la escuela chismoseamos e inventamos distintas suposiciones de distintas personas, realizamos todas las actividades pendientes que eran muchas, pues estaba terminando el semestre y los profesores siempre terminan atrasándose a pesar de tener todo planificado antes de empezar.

Mis días allí no eran muy complicados, eran cómo los de cualquier alumno, supongo...

Muchas veces nos saltábamos el desayuno y almuerzo para poder completar todo lo que teníamos faltante, el tener que trabajar duro para destacarnos sobre el resto era una parte de mi vida y de mi vocabulario y no es que se tratase de una competencia, si no que debemos esforzarnos para obtener buenos resultados cómo todo en la vida...

Cuando llegué a casa completé mi rutina de ejercicios como siempre hago, me gustaba hacerlo, era una manera de liberarme de todo lo malo que cargaba encima, de todos los problemas que tenía en mis hombros y de todo el peso que pusieron encima de ellos, literalmente desde que comencé a hacer ejercicio toda mi vida mejoró, mi autoestima, mi confianza, mi físico, literalmente todo.

Mensaje Rebecca: Hola. -decidí responderle a William una vez volví a ver mi teléfono y a darme cuenta de que no le había contestado nunca, sí, me sentí mal de alguna manera, él solo trataba de ser amable, ¿No?

Mensaje William: ¿Cómo estás? -respondió casi de inmediato, pero no sabía que más decir, o si seguir respondiéndole, es más, ni siquiera sabía quién era.

Mensaje Rebecca: Bien gracias, ¿Tú cómo estás? -pregunté mientras sonreía a la pantalla, no sabía que estaba haciendo, pero de igual forma lo hice, le respondí porque un impulso me hizo hacerlo, ni siquiera yo me entendía.

Dejé el teléfono a un lado para conectar un parlante y poner la música que tanto me gustaba, luego de eso realizaría ejercicio cómo cada mañana cuando me encontraba en casa, era mi manera de pasar las mañanas que no iba al colegio y la manera de sacar los malos pensamientos de mi mente, esos que parecían querer acabar conmigo, pero que por el momento se mantenían a raya.

Agradezco tanto cuando me decidí por esto, es cómo una nueva vida que estoy adoptando progresivamente y que cada vez parece encantarme aún más, solo esperaba no perder aquello, era lo que me daba calma entre tanto estrés que me perseguía en cada paso que daba.

Mensaje William: Bien también. -respondió él, no se demoraba ni siquiera tres minutos en demorarse para responder, cosa que volvió a provocar una sonrisa en mis labios. Vi su mensaje después de realizar mis ejercicios.

Mensaje William: ¿Qué haces? -agregó minutos después de enviar ese primer mensaje.

Mensaje Rebecca: Aquí descansando después de hacer ejercicio, ¿Y tú? -respondí a su mensaje adjuntando una cara sonriente con mejillas rojas, supuse que iba para la ocasión.

En uno de mis cuantas idas al liceo, un viernes que salía temprano, organizamos una pequeña junta con William, nos veríamos por primera vez, claro que ya llevábamos cerca de un mes conversando y la verdad es que nos sentíamos bastante bien, y había aprendido a tenerle afecto, aunque fuese un poco retraído y no quisiera contarme la mayoría de sus cosas, aunque seguía esperando a que sí lo hiciese.

Capítulo 3 Mi primer encuentro con él.

Capítulo 2: Mi primer encuentro con él.

-Juguemos a algo. -mencioné cuando por fin decidíamos sentarnos en una plaza, después de estar más de media hora debatiéndonos entre sí y no.

-¿Qué tienes en mente? -preguntó sonriendo, debo admitir que me encantó ver su sonrisa, además de sus ojos achinados que provocaron que mi cuerpo se estremeciera-. ¿Qué miras? -agregó poniéndose serio, no sabía si le molestaría o no lo que le diría.

-Me gusta tu sonrisa. -respondí mientras sentía cómo mis mejillas enrojecían de vergüenza, me sentí como si fuera una persona de cristal, no sabía si estaba bien o no sentirse así... con él-. Perdón, no sabía si te molestaría lo que diría, creo que mejor me quedo en silencio. -agregué bajando la cabeza y sin saber cómo reaccionar o qué decir de ahora en más.

-Tranquila, es solo que a mí no me gusta mucho sonreír, pero no entiendo cómo me salió natural contigo. No quise que te sintieras mal ni mucho menos. -comentó, no pude evitar sonreír con sus palabras, aunque aún no me atrevía a mirarlo... él por su parte, levantó mi barbilla para que mis ojos dieran con los suyos-. Te ves hermosa cuando sonríes. -agregó volviendo a sonreír.

Estuvimos por un largo rato conversando de la casualidad que tuvimos de conocernos por una red social, nunca imaginé juntarme con alguien que no conocía y que me sentaría sin ningún tipo de protección pensando en que algo podía salir mal, además conversamos de su familia, de cómo vivía, de las muchas veces que se ha cambiado de sitios, entre otras cosas que me parecían interesantes sobre él y que seguro yo nunca sería capaz de hacer.

-Definitivamente has realizado muchas más cosas que yo. -comenté sonriendo, él también lo hizo y nos sentimos bien, nunca me había sentido así con nadie.

-Seguramente piensas que soy interesante, pero creo que es algo que todos deberíamos realizar. -mencionó-. No te sorprendas de lo que hago. -agregó-. Algún día tú también podrás hacerlo. -agregó nuevamente.

-Lo sé, pero nunca he hecho algo diferente a lo que mis padres aceptan. -respondí sonriendo, estaba un poco sonrojada, me daba un poco de vergüenza comentar cosas de mi vida frente a él, sentía que nos conocíamos tan poco, pero a la vez teníamos cosas que nos complementaban, o algo así-. Siempre he sido cuadrada respecto a lo que debo y no debo hacer y eso a veces me aburre un poco. -agregué.

-No te imagino rompiendo las reglas, eres demasiado buena para romper las reglas. -mencionó sonriendo, lo había dicho cómo en un tono entre risas, pero no pareció nada burlesco. Asentí en respuesta.

-Creo que sí. -respondí-. Hace calor. -mencioné mientras me levantaba de la banqueta en la que nos encontrábamos para quitarme la chaqueta que llevaba puesta.

-Sí, ¿Quieres un helado? -mencionó sonriendo y levantándose detrás de mí-. Sé que casi entramos en invierno, pero no nos hará mal un helado, ¿O sí? -agregó nuevamente, está vez me miró con unos ojos que parecían penetrar mis ojos, me sentí incómoda por unos segundos.

-Em... bueno. -respondí sonriendo avergonzada, no tenía idea si es que me estaba invitando a un helado o si solo quería que tomáramos un helado, en todo caso no dejaría que pagara el mío.

- Tranquila, no pasa nada. -mencionó-. No tienes porqué ponerte rojita. -agregó y me puse aún más roja, sonreí por lo bajo, pero mi vergüenza no pasó, es más siguió aumentando.

Caminamos hasta llegar a una tienda de helados y otros dulces, ambos escogimos lo que queríamos, y también ambos pagamos, porque no me gustaba mucho que los demás pagaran por mí, a menos que no tuviera dinero y a menos que enserio no tuviera dinero, llámenlo cómo quieran, pero, tal vez, aquella cuestión provocaría ciertos cambios en la manera en que William me miraba, y sí, lo digo enserio.

Cuando llegué a casa le iba a comentar a Will, sí, lo sé, muy pronto para usar cualquier tipo de abreviatura para su nombre, pero es que en verdad siento que las cosas con él son tan simples, llámenlo admiración, aprecio, cómo quieran. En fin, le comenté lo mucho que me había gustado verlo y compartir con él, pero él lo había hecho mucho antes, parecía que nos entendíamos muy bien y eso me hacía sentir bien, mucho más de lo que me había sentido hace mucho.

Me apresuré a leer su mensaje.

Mensaje William: Me encantó este día, espero poder repetirlo pronto. -mencionó William, enviando también una carita sonriente y un corazón rosa.

Mensaje William: Espero que no te pongas incómoda. -agregó, sonreí con su mensaje.

Mensaje Rebecca: A mí también me encantó, claro que lo repetiremos. -respondí, nuestras vidas se habían cruzado por casualidad y ahora nos estábamos volviendo amigos, cosa que me llenaba de felicidad, por qué tal vez sentiría algo más que solo esto, supongo, no estoy muy segura.

Mensaje William: Creo que me iré a dormir, mañana tengo que trabajar. -escribió el chico con el que había pasado una de las mejores tardes en mis últimos años, claro que entendía eso, y claro que yo también tenía mucho sueño, mañana era un día en el que podría levantarme tarde, pero obvio, no tenía que hacerlo, tenía que compensar el ejercicio que no había hecho hoy.

Mensaje Rebecca: Yo también me iré a dormir. -respondí, mi cuerpo se sentía exhausto y lo comprendía, no soy mucho de hacer estos planes, últimamente prefiero más dormir, quedarme en casa escuchando música o haciendo ejercicio, fue fácil quedarme dormida después del día ajetreado que tuve y después de todo lo que mi corazón había sentido, o creo haberlo hecho.

La presencia de William en mi vida había llegado de manera inusual, pero hasta el momento no creo haberme equivocado con ello, no me arrepiento de todo lo que estoy comenzando a sentir. ¿Si me da miedo? Claro que sí, estoy completamente aterrada, pero tal vez esta es la decisión correcta, quizás ha llegado la hora de que pueda ser feliz junto al hombre que creo conveniente.

Al día siguiente mis padres preguntaron por qué había llegado más tarde de lo normal, respondí que me había quedado con unas amigas comiendo y paseando por una plaza de la ciudad donde estudiaba, y aunque, ellos no me habían creído mucho al inicio, logré convencerlos, terminaron entendiéndolo, aunque me sentía mal cuando decidí mentirles, pero sabía que era algo necesario para mí tratar de romper las reglas de vez en cuando.

Llegó el momento en que William tuvo que ir a mi casa a conocer a mis padres y familia, sólo fue cómo amigo, claramente, no quería que en mi casa se armara la segunda batalla de troya, pero ambos sabíamos que nuestros corazones sentían algo más, o por lo menos el mío sí lo sentía, quería estar con él y demostrarle mi afecto, cómo mi corazón latía con fuerza cada vez que se acercaba y claro, luego de vernos por más de dos meses a escondidas era más que obvio que comenzaría a sentir este tipo de confusión.

Esta manera tan fácil de conocernos, la manera en la que compaginamos juntos, es cómo si el destino hubiese querido que ese día nos conociéramos y comenzáramos a escribir esta historia que llevamos juntos hasta el momento.

Estaba dudando de decirle a mis padres que Will vendría, después de todo lo tomamos a modo de juego, le dije que mis padres eran muy especiales en cuanto se tratase de que un hombre amigo mío viniera a la casa. Cuando lo vi aparecer por la puerta mi primer pensamiento fue, «Llegó William» y mi corazón comenzó a latir con fuerza, tratando de escapar de mi pecho y correr en su búsqueda, «William, te estás convirtiendo en todo para mí» volví a pensar. Mi madre se enojó al instante porque no le había avisado y con justa razón debo admitir, pero tenía miedo de que pusiera alguna excusa o que comenzaran con sus interrogatorios que no venían al caso, pues Will y yo éramos solo amigos, hasta el momento.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022