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Angelina: Liberación

Angelina: Liberación

Autor: : LE.Fenix21
Género: Romance
Entre el deseo y la locura solamente hay un paso ¿Puede un psicópata amar realmente?... Angelina junto a su madre trabajan como criadas para ganarse la vida en una lujosa Mansión de Londres, Inglaterra; pronto Clara Elliot junto a su hija Angelina descubren de mala manera que deberán luchar con lo poco que tienen para salir adelante y escapar de las sombras de la poderosa y arrogante familia Greenwood, dueños de la propiedad donde trabajan; no obstante, su mayor amenaza es Caden Greenwood, el hijo del acaudalado Lord Gerald Greenwood. Caden, un joven de carácter volátil con un perturbador secreto, se obsesiona con Angelina desde la primera vez que la ve, jurando que no descansara hasta tenerla. Su ira se volverá más profunda cuando su padre contrate al nuevo domador de caballos que se instala junto a las caballerizas en compañía de su hijo Michael. El nuevo integrante de los trabajadores de La familia Greenwood (Michael) tendrá un breve romance con Angelina, cuyos afectos desatara sentimientos contrapuestos, marcando para siempre la vida de los protagonistas, creando así un triángulo amoroso entre Angelina, Caden y Michael. Este romance trasciende en el tiempo, trayendo consigo amor, pasión, dolor y fuertes enfrentamientos entre Michael y Caden por el corazón de Angelina. El amor y el terror que envolverá a nuestra protagonista le enseñará que, únicamente, la fuerza de su espíritu podrá salvarla, y a su vez reconocer que en las tierras más inhóspitas de nuestras almas y en los corazones más oscuros también nacen flores extrañas y hermosas. Ambientada en la Inglaterra victoriana e inspirada en los relatos góticos, Victoriano "Angelina" te hará suspirar y te envolverá desde el primer momento.

Capítulo 1 LA LLEGADA DE ALYSSA Y CADEN

Londres, Inglaterra 1879

Desde una de las ventanas del tercer piso de la mansión, Angelina contemplaba el coche de la familia llegar.

-¡Madre!, el Sr. Greenwood ha llegado con su esposa, y trae a sus dos hijos con ellos –expresó feliz la joven de doce años, tomando a su madre por la falda, interrumpiendo sus labores.

-Angelina, hija -susurró Clara-, tienes que calmar esos ímpetus. Sé que te emociona ver niños en esta mansión que es tan grande, pero debes recordar lo que hablamos; tienes que mantenerte alejada de ellos, no debes olvidar lo que dijo Marie. -Angelina puso cara de no entender, porque para los mayores era sencillo mantener las distancias por líneas invisibles, que ellos no alcanzaban a ver, cuando a ella se le hacía imposible discernir esa pared establecida que separaba a las personas en grupos; Angelina simplemente era una muchacha que aún no comprendía por qué la hija de la criada no podía hablarles a los hijos del patrón.

-¿Por qué no puedo jugar con los hijos de los dueños? ¡Hacerlo sola siempre me aburre! Y yo no estoy enferma.

-Precisamente por eso, porque son los hijos de los dueños y los hijos de los dueños no juegan con los hijos de los sirvientes, y esa es una regla que deberás aprender y obedecer, recuerda que necesitamos el sustento -. El rostro de decepción de Angelina rompió el corazón de la madre -no pongas esa cara, me complacería que las normas fueran diferentes, pero debemos conformarnos con lo que tenemos.

-¿Quién dicto esas reglas?

-La sociedad.

-¡Odio la sociedad!

-Cariño, eres tan joven que sería una pena que cultivaras ese sentimiento tan destructivo en tu alma, tu labor es sonreír y ser una niña obediente -Angelina se quedó quieta mirando a su mamá, ella le sonrío.

Luego de que Clara terminase de arreglar la cama, tomó la mano de su hija:

-Sé que eres muy joven para entender, pero en la sociedad existen muchos parámetros que no se pueden romper, y por desgracia solo favorecen a la clase alta -en ese punto Angelina interrumpió a su mamá.

-¿Cómo los dueños de esta casa? -Clara suspiró por la pregunta de su hija.

-Sí, y todos aquellos que poseen cargos importantes, por ejemplo: los dueños de propiedades de más de cuatro mil hectáreas; propietarios de casas donde pasan los meses de verano yendo a vivir en invierno en ciudades como esta -. Clara colocó las manos sobre el hombro de Angelina –hija, esta gente no tiene en sus planes que sus hijos se mezclen con los de nuestra clase, para ellos los sirvientes somos algo similar a los animales, y a veces hasta peor; porque la esposa de lord Greenwood trata mejor a sus mascotas que a nosotros... Angelina, no sabes cómo me duele que desde pequeña deba decirte esto; así que, por favor, pórtate bien y no te acerques a esos niños. Sé que es la primera vez que los vemos, apenas llevamos unos pocos años aquí, y debemos estar agradecidas con Dios y con Marie que nos consiguió este trabajo, no olvides que tu padre ya no está para apoyarnos y no tenemos a dónde ir, así que prométemelo.

-Te lo prometo -contesto la niña de mala gana.

Angelina acompañó a su madre a la planta baja de la mansión, caminaron silentes en dirección a la cocina, ahí se encontraba Marie, la cocinera de la familia que llevaba ya casi diez años bajo el servicio de los Greenwood. Gerald Greenwood, al igual que su esposa Liza, eran arraigados a las costumbres y reglas sociales, así que sus hijos, Caden, de catorce años, y Alyssa, de doce, no serían la excepción. El olor a mermelada de fresas cambió el semblante de la joven, aquella era uno de sus dulces favoritos, Marie, la agradable mujer de 47 años de edad, lo notó rápidamente y le ofreció un poco a Angelina.

-Gracias -dijo Clara en nombre de su hija.

-¿Le sucede algo a Angelina? -preguntó la mujer al ver el rostro preocupado.

-Si Marie, me preocupa que Angelina cometa un error que me pueda costar el trabajo, ella anda empecinada en acercarse a los hijos de los patrones y sabes que eso me puede ocasionar problemas. No es mi deseo que maltraten a mi hija.

-Tienes razón, pero eso no pasará si estamos pendientes, es más, Angelina es una niña muy inteligente y de gran corazón -. Andrew, el mayordomo de la casa, entró a la cocina para dar órdenes de tener preparado el té y la merienda de los niños que ya estaban por llegar, la casa estaba agitada y los demás sirvientes ya se ponían en su lugar.

-Quédate en la cocina -le pidió Clara al salir.

Ya todos estaban formados en el gran salón dándole la bienvenida a los dueños, Angelina no soportó la curiosidad y se asomó sin ser vista a observar. Lord Greenwood daba instrucciones, mientras su esposa abrazaba a sus hijos. Angelina se sorprendió por la belleza de la niña, a la que llamaron Alyssa; tenía el cabello rubio y unos grandes y hermosos ojos verdes; llevaba puesto un sombrero color rosa con encajes que lo decoraban y un majestuoso vestido del mismo color. Aquella niña parecía una de esas muñecas costosas que adornaban los grandes vitrinas de las tiendas de lujos por donde pasaba con su madre y que siempre quiso para Navidad, pero que nunca llegó; entonces las comparaciones no se hicieron esperar, ella era tan diferente, todo lo contrario a Alyssa.

Angelina tenía los ojos de color ámbar, su piel era pálida y el cabello cobrizo oscuro, y a decir verdad nunca vio muñecas que se parecieran a ella, la mayoría eran rubias o de cabellos castaños claros. ¿Por qué ninguna de las muñecas eran como ella?, se preguntaba. Entonces recordó las palabras de su madre donde hablaban de las desigualdades, estas hicieron ecos en su cabeza y no pudo evitar sentirse triste por su diferencia; sus ojos quitaron la vista de aquella niña perfecta y se posaron en Caden su hermano mayor, él al igual que Alyssa era rubio, pero sus ojos eran verdes azulados, Caden Greenwood era unos centímetros más alto que su hermana.

Angelina cerró la puerta y se sentó en la mesa, continuó degustando su mermelada de fresa, y aunque aún era muy joven comprendió que necesitaría más que un trago dulce para soportar las realidades crueles que la vida le habría de mostrar.

Capítulo 2 LAS DIFERENCIAS ENTRE UN TOMATE Y OTRO

Desde muy tempranas horas de la mañana Angelina vio al joven Caden ir hacía las caballerizas. El joven iba acompañado de Gustavo, uno de los mozos de cuadra, al notar su cercanía se escondió entre los arbustos, no era su deseo traerle problemas a su madre, así que esperó a que entraran en los establos para luego continuar su camino. Le habían encomendado buscar a Jorge el jardinero y por desgracia para llegar al jardín debía ir por el camino cerca de las caballerizas.

Cuando entraban en las caballerizas, Angelina decidió seguir su camino lo más rápido posible, pero por desgracia el deseo de volverse invisible no sucedió, Gustavo la sorprendió.

-Hola, Angelina –Angelina contestó su saludo entre dientes sin levantar el rostro.

-¿Qué pasa contigo hoy? ¿Te han cortado la lengua en la cocina? ¡No pareces la niña que conozco!

-Estoy apurada debo buscar a Jorge.

-No hace falta que camines mucho, ese viejo testarudo está aquí -le indicó, y en acto seguido le gritó a Jorge: -¡Jorge, viejo testarudo te necesitan en la mansión! -Dicho aquello, Jorge salió rezongando, Gustavo y Caden comenzaron a reírse, de igual manera Angelina.

-No te quedes ahí, acércate -Angelina dudo, pero accedió. Ya cerca, Gustavo paso la mano por el cabello de la joven.

-¿Qué te pasa Angelina? ¿Por qué no querías venir?

-Ya te dije, buscaba a Jorge.

-¿Y por eso andas cabizbajas? Seguro esa expresión de avestruz es porque Clara te regañó, o mi madre no te quiso dar chocolate -Angelina trató de contestar, pero temía enormemente verle el rostro a Caden.

-¿Marie hizo chocolate? -preguntó Caden introduciéndose en la conversación.

-Es muy probable que sí, el ama de llaves siempre da instrucciones que prepare postres –le respondió Gustavo. Caden suspiró y dijo: -mi madre es muy estricta y hasta insoportable en ese aspecto, siempre me prohíbe comerlos; bueno... únicamente lo permite luego de algunas comidas -dijo el chico, luego se dirigió a Angelina.

-¿Te llamas Angelina?

-Si -respondió ella casi en un susurro y sin levantar el rostro.

-Mi nombre es Caden -, en acto seguido le extendió la mano, pero Angelina no lo notó, puesto que aún parecía un avestruz.

-Angelina, el señorito Caden te está extendiendo la mano, no seas mal educada -solamente así la niña levantó la cara y pudo ver de cerca el rostro del joven Caden.

Sus ojos eran de un verde profundo, los más verdes que ella había visto en su vida. Caden Greenwood le pareció un joven dulce luego de regalarle aquella sonrisa de complicidad.

-Dime Angelina, ¿quieres que te ayude a robar chocolate? -los ojos de la niña se iluminaron.

-¡Será un placer!

-Oigan chicos no creo que haga falta, mi madre se los daría si se lo piden.

-¿Entonces dónde estaría la gracia? -dijo Angelina apelando a la travesura, Caden volvió a sonreír.

-Exacto donde estarían la travesura.

-¡Dios los hace y ellos se juntan! Pero me temo jovencitos que sus aventuras serán para después, le recuerdo joven Caden que ya su caballo está listo -.

-Angelina, ¿sabes montar?

-Un poco, gracias a Gustavo que me ha enseñado.

-¡Entonces ven conmigo! -dijo el chico entusiasmado -Alyssa es tan aburrida y aquí no tengo muchos amigos.

-¿Tu hermana no sabe montar? -

-No, mi madre dice que no es deporte para señoritas.

-¡Angelina! -la voz de Clara rompió la pequeña plática.

-Es mi madre debo irme -la muchacha echó a correr, mientras se alejaba Caden le gritó: -¡No olvides lo del chocolate, es un pacto!

-Tampoco lo olvidaré -le respondió ella emocionada y a la vez pensando que aquel chico no era tan malo como su madre le había hecho creer.

Angelina entró a la cocina manifestando una amplia sonrisa, el espacio estaba muy agitado; todos los cocineros de la mansión, entre ellos Marie, estaban amasando y desplumando aves.

-Te he estado vigilando, ¡Te dije que no te acercaras a los hijos de los dueños! -la reprendió, Clara apenas la vio entrar, Angelina no prestó atención, su mente estaba en otro lugar, un lugar donde ella se sentía emocionada; veía en aquel joven rubio de ojos verdes un nuevo compañero de aventuras -. Lo hago por tu bien hija -enfatizó Clara sacando a Angelina de su ilusión.

-No volveré a hablar con él, lo prometo -contestó la joven, cruzando sus dedos tras sus espaldas.

Los Greenwood planeaban hacer una fiesta donde asistirían las aristocracias más prominentes de Londres, Angelina veía por la puerta de la cocina como los empleados iban y venían con prisa, moviendo y decorando los interiores de la mansión; mientras los observaba no pudo evitar imaginarse bailando con un vestido elegante en aquel inmaculado piso, el soñar no le estaba prohibido, pensó.

-Angelina, ayúdame a subir la merienda de los señoritos -le pidió Martina (una de las sirvientas de la mansión) rompiendo la burbuja de cristal en donde se había sumido la niña.

Martina y Angelina subieron las grandes escaleras entre risas y anécdotas, Martina antes de llegar a la puerta de la alcoba tomó una de las galletas que llevaba y se la entregó a compañera.

-Será nuestro secreto, guárdala en tu bolsillo -le indico, Angelina obedeció. Ya frente a la puerta de la habitación, Martina tocó.

-Pasé-dijo una voz aguda; al abrir Angelina pudo ver a una joven de su misma edad, era hermosa en todo su esplendor; los rayos de sol que entraban por la ventana chocaban contra los risos perfectos de color oro de su cabello, Alyssa no parecía de este mundo ¡Ella tenía que ser un ángel!, pero Angelina pronto se dio cuenta de su equivocación. El cuarto estaba lleno de hermosas muñecas y cajas musicales; cada objeto se encontraba bien ordenado. Angelina guardó la esperanza de que Alyssa al verla encontraría de inmediato en ella a una cómplice de juegos, tal como le había sucedido con su hermano, no obstante, aquello no sucedió, todo lo contrario; la presencia de Angelina fue como un fantasma para Alyssa que ni siquiera dejo de leer su libro para voltear a verla. Cerca de la cama de Alyssa, reposaba un elegante vestido, era de color rosado con adornos de finos encajes y complicados bordados.

-Es hermoso -pensó Angelina. Las voces en su cabeza se silenciaron, cuando Martina comenzó a colocar en la mesa la merienda de la joven; en ese momento entró Caden.

-¡Llegue a buena hora! -exclamó con una sonrisa mordaz en sus labios.

-Es mi merienda -aclaro Alyssa con desdén.

-Es mucho para ti, no te lo comerás todo -replico su hermano.

-No hay porque pelear, traje suficiente -dijo Martina para calmar los ánimos, Alyssa giró a verla con mirada despectiva, Angelina sintió un frío golpearle el alma, en la mirada de Alyssa ella conocía la maldad.

-¡Nadie le ha pedido que hable! -riñó la joven con sorna.

-¡No seas grosera! La señora merece nuestro respeto; recuerda lo que te ha dicho mi padre -la reprendió Caden.

-No se preocupe, señorito -agradeció Martina por su intervención -, es mejor que nos marchemos -. Caden no había notado que Angelina yacía escondida detrás de Martina, la joven deseó ser invisible, pero aquello una vez más no se le cumplió, Caden la había dejado al descubierto.

-Hola, Angelina -saludó el chico, -¿Aún sigue en marcha lo de nuestro plan? -le recordó con complicidad. Angelina le sonrío, ella sintió que Caden era diferente a su frívola hermana, fue en ese momento que Alyssa se dignó a contemplarla, Angelina deseo que nunca lo fuera hecho, aquella mirada marcaría para siempre el inicio de un camino de humillaciones y heridas por parte de Alyssa.

La rubia contempló a Angelina con altivez y repudio, luego de un breve sondeo manifestó refiriéndose a su hermano: -¿Por qué le hablas a esta niña con tanta familiaridad?

-Es mi amiga y me cae bien, ella no le teme montar a caballos como tú.

-¡Yo no les temo a los caballos! -riño lanzando el libro contra el piso, Martina abrió la puerta para marcharse llevándose a Angelina para salvarla de aquella rabieta, pero Alyssa la detuvo.

-¡No les he dado permiso para que se retiren! -Martina quedó lívida con el genio que se gastaba aquella mocosa de doce años, deseo ferozmente darle una buena tunda, era más que evidente que le hacía falta, ¡si así era de pequeña no querría verla ya de mujer!

-¡No puedes juntarte con esta niña, es una sirvienta! -gritó casi arrancándole la cabeza a una de las muñecas para lanzársela a Caden. Angelina sintió pavor de aquella joven que hace poco había comparado con un ángel, entonces comprendió que las apariencias solían engañar, la dulzura no siempre venía encerrada en un estuche de belleza física.

-¿Y qué con eso? -, la reto su Caden con una gran sonrisa que logró molestar más a su hermana -, deberías de jugar con nosotros a ver si de una vez por toda se te quita ese genio de los mil demonios que te acompaña.

-¡Jamás jugaré con esa sirvienta fea y mal oliente! -las palabras malvadas e hirientes de Alyssa rompieron el corazón de Angelina que salió corriendo de la alcoba envuelta en lágrimas; entonces entendió a su madre y odio a Caden por haberle dicho a su diabólica hermana que era su amigo cuando no era cierto ¡Solamente se habían dirigido un par de palabras!

Angelina corrió escalera abajo, los ojos llenos de lágrimas no la dejaban ver bien, con el dorso de su mano los limpios bruscamente, debía haberle hecho caso a su madre. Martina venía tras sus pasos, la alcanzó y la detuvo.

-¡Angelina, óyeme! -le pidió, pero la niña no quería subir el rostro.

-No debes llorar por los insultos de esa señorita ¡Debes ser fuerte!

-Ella tiene razón, somos diferentes, yo soy fea y ella no lo es... no hay muñecas que se parezcan a mí-

-Qué mal estás Angelina ¡No repitas eso nunca más! No sabes lo que dices -seguidamente le limpio las lágrimas con el delantal -vamos a la cocina, quiero mostrarte algo.

La cocina por alguna extraña razón estaba desierta, Angelina agradeció que así fuera. Ya en la cocina Martina le acercó dos tomates, uno era grande, rojo y muy brillante; el otro pequeño y rojo, pero no muy atractivo, aunque estaba en buen estado.

-Dime Angelina ¿Cuál de estos dos tomates escogerías? -la interrogó extendiéndoselos, al principio no entendía, sin embargo, se decidió por el más bonito.

-Ahora pruébalo -la insto, Angelina lo hizo.

-¿Qué tal su sabor?

-No está mal.

-Bien, ahora prueba al tomate que rechazaste -. Angelina lo tomó e hizo lo que Martina le pedía, cuando lo probó y saboreo el rostro le cambio, notó que su sabor era mejor, más jugoso y dulce; comprobó que el primero era desabrido, entonces entendió por qué Marie siempre escogía estos tomates para sus famosas salsas ¡El secreto eran ellos!

-¿Cuál te ha gustado más?

-¡El segundo! -respondió rápidamente, Martina sonrío.

-¿Notaste que el que rechazaste por la apariencia sabe mejor?

-Si -dijo la niña en un hilo de voz.

-Angelina, así es la señorita Alyssa, ella es como el primer tomate que escogiste por ser más grande y brillante, pero que al probarlo es desabrido y sin gracia, en cambio, tú eres como el segundo tomate; quizás no uses esos vestidos fastuosos como ella, ni tu cabello sea rubio como el sol; sin embargo, tu alma es más hermosa y por si no lo has notado al señorito Caden le caíste en gracia -Angelina no pudo evitar sonrojarse. Martina lo notó y la abrazó sonriendo.

-Jamás dejes que alguien rompa tus alas, la belleza es relativa, cada persona tiene su propio concepto de lo que es atractivo y de lo que no lo es, así que seca esas lágrimas, eres muy joven para estar sufriendo por esa vanidad humana -Angelina abrazó con fuerza a Martina

Horas más tarde.

Los invitados fueron llegando a la mansión de los Greenwood, todo estaba hermosamente decorado.

-Hija, no vayas a hacer ninguna travesura que comprometa mi trabajo -le pidió Clara amarrando el lazo del único vestido decente que tenía, luego le cepillo el abundante cabello y lo recogió en una coleta sencilla.

-Eres la niña más bella -susurró a su oído, luego le dio la vuelta y la besó en la frente -nunca lo olvides -agregó estrujando su nariz con la de Angelina.

Ya en la cocina Clara le pidió a su hija que se quedara en un rincón sin estorbar, aquello estaría movido; la mansión estaba llena de aristócratas y un solo error causaría que cabezas rodaran, así que la presión era fuerte; Marie revisó minuciosamente los servicios, el orden y el tipo de comida con que iniciarían el banquete siguiendo las órdenes de los señores Greenwood. El primero se dedicaba a la fruta, y otros platos de temporada, luego se serviría el potaje; tras este venían los «platos fuertes», que correspondían principalmente a las carnes, sazonadas con especias de origen exótico (el jengibre blanco, el azafrán, el comino o la pimienta) era otro elemento de distinción social. La escogida por Liza Greenwood para aquella velada era la carne de caza (ciervo, jabalí, perdices...), reservada justamente para los festines, dado que no se consumía a diario; luego venía la volatería de corral –capones, ocas, gallinas, incluso cisnes– y en tercer lugar las carnes rojas y consistentes (ternera, carnero). Los platos se sazonaban con salsas hechas de especias y zumos de frutas ácidas. En cuanto a la bebida, se servía vino, champaña, sidra o hidromiel.

Todos los empleados usaban el uniforme de gala que era de color negro y delantal blanco inmaculado. Angelina pensó que, aunque su madre llevaba aquel uniforme tan frío y nada atractivo, no lograba opacar lo hermosa que era, y, a decir verdad, Clara era una mujer atractiva a sus 26 años de edad; era alta y esbelta, sus ojos eran de un color miel claro. Angelina reflexionaba, mientras la veía, que su madre nunca le habló de la muerte de su padre. La joven dejó sus pensamientos de lado al oír la hermosa melodía que se colaba en la cocina, se alejó del rincón donde su madre la había confinado y a hurtadillas se coló por la puerta. La muchacha quedó hipnotizada bajo aquella luz escarchada que emitían las hermosas lámparas de arañas que pendían de los techos sobre el inmaculado salón; no pudo evitar volver a soñar, su imaginación volaba como un cisne y al ver su vestido ella con el poder de su imaginación lo iba transformando en uno más hermoso que el de Alyssa. Su mirada se posaba en cada una de las damas invitadas, y de cómo aquellos trajes de amplias faldas giraban al son de la música.

-¡Yo seré el patito feo que se convierte en un cisne! Ser diferente me hace única –se dijo a sí misma, para superar el ataque que había sufrido por parte de Alyssa Greenwood.

Angelina continuaba bebiendo de la magia que le ofrecía aquel gran baile, pudo analizar que el mundo se dividía en demasiadas piezas, pero los fragmentos de aquella noche le parecían hermosos, como hermoso era su corazón roto por los misterios de la belleza; su mente era como grifo que seguía goteando lleno de preguntas, era como el perro que arañaba la puerta suplicando que lo dejasen entrar y Alyssa era el ruido de la ventana cuándo es azotado por la lluvia más infernal; el trueno que no la dejaba dormir por el temor que le causaba. Aquella joven de cabellos color oro, se había vuelto para ella en el frío que no se puede sacudir. Angelina trató de mitigar aquellos recuerdos y dio gracias a Dios y a su padre que la cuidaba desde el cielo que Alyssa y Caden no la habían visto, aquella noche su deseo de ser invisible se había cumplido.

Capítulo 3 CADEN GREENWOOD, UNA MEZCLA AGRIDULCE

El sol mañanero había inundado con su luz todos los rincones de la mansión. Los dueños aún no se levantaban, pero la servidumbre ya había comenzado su faena desde temprano, los pisos ya volvían a ser limpios e inmaculados, el pan ya estaba en el horno y las maderas chasqueaban en las chimeneas dando calor a la gran casa.

-¡Huele a gloria! -Dijo Gustavo al entrar a la cocina y oler la leche recién batida con miel que Marie, su madre, le ofrecía.

-El patrón me ha pedido que saque al joven Caden para sus clases de equitación -le informó a Marie mientras tomaba un sorbo de su leche-

-Madre, ¿no queda más pan de centeno?

-Si hay, ya te lo alcanzó -afirmó la mujer, seguidamente giró para picar otro trozo de pan, luego opino: -El joven Caden se ve más llevadero que su hermana-

-No puedo comparar madre, aún no he tratado a la señorita Alyssa.

-Espero que no lo hagas -se introdujo Martina -¡Esa niña es una majadera!

-El joven Caden es diferente -apoyó Angelina a Marie.

-Aun así, no quiero que te acerques a él -intervino rápidamente Clara. Gustavo se tomó todo el contenido del plato y contempló a Angelina, luego a Clara.

-Querida Clara, me temo que no será tan fácil, el joven Caden me ha pedido que Angelina esté presente en las clases-

-¡Eso no puede ser!, los patrones se molestarán-

-Se lo he prometido al chico y ni modo que rompa mis promesas-

-Clara tiene razón -le apoyó Marie -Lord Greenwood no le parecerá que su primogénito se mezcle con la hija de la servidumbre.

-Son, solamente niños. ¡Ustedes son unas exageradas!, es más para que se calmen, el chico me ha dicho que su padre le ha dado su consentimiento-

-Quizás el padre sí, pero Lady Liza no lo creo, ella casi ni nos ve a la cara-

-Hija, lo siento, pero tu lugar es aquí en la cocina... mi respuesta es no -Angelina sintió odiar a su madre por aquella negativa, luego se sintió culpable por experimentar aquel sentimiento tan pernicioso, suspiró y dejó que sus malos sentimientos se ahogaran en el mar negro de su egoísmo.

Minutos más tarde.

Angelina en silencio ayudaba a su madre a lavar las verduras para la sopa. Lady Greenwood había contratado a un experto de cocina para que la complaciera en sus gustos culinarios más exigentes; el hombre estirado únicamente permitía que Marie, Martina y Clara cortara los ingredientes. La cocina, que había sido su refugio, ahora se volvía otro salón más donde debían tragarse sus opiniones personales por miedo a que Dimitri (el nuevo jefe de cocina) les fuera con el chisme a los patrones.

-¡Niña, las verduras deben quedar impecables! -riñó el hombre regordete, mostrándole a Angelina una papa que ella había limpiado.

-Disculpe señor Dimitri -la excusó Clara -Yo la corregiré-

-Hágalo, porque no se puede perder tiempo, enséñela que este siempre será su lugar y por ende debe hacer sus labores bien. -Aquel recordatorio hirió a Clara; ella quería para su hija algo mejor que una cocina para limpiar, pero de nada servía lamentarse. El remedio a aquella desidia era continuar trabajando y ahorrar, así algún día podría abrir su taller de costura, talento oculto que muchos ignoraban en aquella casa y que se le daba muy bien. Clara, había nacido con ese don y sin que Angelina lo supiera, había comprado muchas telas con bordados bastante aceptables, soñaba con hacerle un guardarropa decente, muy dentro de ella sabía que su hija alcanzaría algo mejor de lo que la vida le había ofrecido a ella. Sus pensamientos se diluyeron cuando la voz jadeante de Caden irrumpió las labores de la cocina.

-¡Angelina! -Exclamó -¿Qué haces en la cocina? ¡Te he estado esperando en los establos! -Angelina sonrío, entretanto Dimitri ya elevaba su rostro para investigar-

-Joven Caden -dijo Clara en voz pausada -, mi hija ayuda en los quehaceres de la casa, sus padres se pueden molestar si la dejo ir con usted, es mejor que busque a su hermana para que sea su compañera de montar-

-¡Tonterías! Mi padre está al tanto, y Alyssa es un ser insoportable que por toda llora -Clara quiso insistir en que no estaba bien, pero Dimitri se introdujo en la conversación.

-Clara, ¿piensa contradecir al hijo del dueño? Si Lord Greenwood lo ha aprobado, entonces su deber es obedecer y no refutar -Clara no dijo nada ante el comentario del hombre, y con su negatividad oculta no le quedó de otra que aceptar. Angelina se lavó rápido las manos mientras sus labios se curvaron en una gran sonrisa, antes de salir de la cocina su madre la llevó hacía ella, secó sus manos y le pidió que se comportara, seguidamente le acarició el rostro y se contempló en los ojos de su hija; no pudo reprimir el hecho de experimentar preocupación al ver como el joven Caden se había obsesionado con ella, suspiró y con pesar dejo a Angelina salir de la cocina.

-¡Clara, ya dejé a su hija en paz! Y mejor concéntrese en el postre, ya mande a traer dos cestas de frutas de la estación y dos pirámides de pastelería ligera que irán en los extremos de la mesa, coloque bizcochos, confituras, compotas de fruta, almendras, pasas, higos secos y queso. Deseo que los señores queden muy bien ante la visita de la madre de Lord Greenwood; Lady Jazmines tiene un paladar muy exigente y pienso complacerla, así que vaya puliendo también los platos pequeños, cuchara y tenedor de plata. -Las recomendaciones de Dimitri desaparecían en el aire, no llegaban a tocar los oídos de Clara que miraba a su hija mientras se perdía en los jardines traseros de la mansión.

***

-Gracias -le dijo Angelina a Caden por haberla sacado de la cocina.

-Te lo debía -le respondió el chico, luego suspiro –Angelina, te debo una disculpa en nombre de mi hermana.

-No es necesario joven Caden-

-Por favor no me digas "Joven Caden", solamente dime Caden, no quiero formalidades, quiero olvidarme de ellas y ser libre -aquel comentario había hecho sonreír a Angelina -. Te traje algo -dijo luego, Angelina lo miró con sorpresa.

-¿A mí? -Inquirió con dudas-

-Si, a ti -Caden metió su mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó varios bombones.

-¡Son para mí! -la emoción de Angelina se desbordó.

-Estos bombones se los robé a mi madre. Los compró en uno de sus tantos viajes, son costosos y quiero que los pruebes-

-Puedes meterte en problema -Angelina, a pesar de estar emocionada por el gesto, sintió que el presente de Caden podría traerle problemas. -Caden, no puedo aceptar-

-No acepto un "No" como respuesta, es más, si tu temor es que te regañen, entonces creo que tu espíritu aventurero no está muy remarcado. -Caden tomó uno de los bombones y se lo llevó a los labios -¡Son una delicia! -Expresó luego de la primera mordida, seguidamente le extendió uno a Angelina, esta vez la niña no se negó y probó el bombón. Su paladar experimentó un sabor angelical desmedido, aquel bombón guardaba en su interior el más dulce sabor del chocolate mezclado con avellanas y almendras, cerró los ojos y deseó que no desapareciera.

-¿Valió la pena? -la interrumpió Caden.

-Si, ¡Claro que valió la pena! -le respondió sonriente, la mirada y entusiasmo de Angelina causó que Caden experimentase algo nuevo, le era extraño que aquella joven se conformara con tan poco, tan solo con un bombón de chocolate; cuando su hermana y su madre eran tan quisquillosa y exigentes, ¡nada le parecía suficiente! Los vestidos, joyas y muñecas, al igual que los viajes, nunca calmaban sus ansias; y a la final siempre pedían más, esa era la clase de mujer que él había conocido, la vanidad de su madre, y el egoísmo de Alyssa; únicamente su abuela paterna Jazmines mostraba un poco de caridad y humanidad. Siguió observando a Angelina que sonreía como un sol, y le pareció que aquella muchacha no era lo que había dicho Alyssa, sino todo lo contrario, le parecía bonita. Las líneas bien definidas de su rostro habían captado la atención de Caden y vaya que él era muy detallista y observador. Caden Greenwood podía descubrir la belleza más profunda en los lugares donde otros les costaba ver, aquel sentimiento lo había tomado por sorpresa y al momento no lo supo interpretar debido a su corta edad, pero la atracción hacia el sexo opuesto ya comenzaban a poseerlo. Angelina notó como los ojos verdes de Caden la miraban, ella al igual que él no supo interpretar porque la veía de aquella manera tan extraña y sintió que sus mejillas se teñían.

-No eres fea Angelina, así que no le hagas caso a mi hermana. Alyssa siempre ha sido odiosa y malcriada -Angelina quedó sin habla ante las palabras de Caden, que él le dijera que no era fea, le parecía imposible. Caden acercó la mano a sus cabellos y tocó uno de sus mechones.

-Es lo más bonito que tienes, tu cabello cobrizo... aunque tu sonrisa ya le hace competencia.

-¡Jóvenes vengan! -le gritó Guillermo rompiendo la conversación, Angelina agradeció a Dios por aquella intervención.

Caden y Angelina habían entrado a los establos junto a Gustavo, dentro se encontraban Joseph y Larry tratando de calmar a uno de los caballos nuevos que habían llegado. Caden se emocionó al ver el caballo y sin pensarlo se acercó.

-Joven Caden, es mejor que se aleje; este animal no está domado -dijo Larry, pero el chico hizo caso omiso, había quedado pendido de la belleza imponente del animal, continuó acercándose para admirar su anatomía.

-Su padre lo ha adquirido, quiere que lo domemos para usted -le explicó Guillermo; sin embargo, Caden no dijo nada, continuaba maravillado por la magnificencia del animal.

-Es hermoso –dijo después de un rato; intento acariciarlo, pero el animal no se dejó.

-Es un bello ejemplar -le apoyó Joseph -, esta pura sangre es el producto de una cruzada con sementales árabes importados para crear corredores de distancia, ya mide casi 1,73 metros y tiene un carácter muy delicado.

-¡Quiero montarlo! -dijo Caden.

-Señorito, este animal no se ha dejado montar y su padre dio órdenes específicas de que lo domáramos antes de que usted lo montase –le recordó Gustavo.

-¡Llevan horas haciéndolo, y aún no logran calmarlo! Yo soy el hijo del dueño y quiero montarlo o si no yo mismo hablaré con mi padre -todos se vieron la cara sin saber qué responder. Angelina estaba sorprendida por el comportamiento caprichoso de Caden, bastaron solo segundos para que su carácter diera un vuelco negativo, ya no era el chico dulce de hace unos momentos, ahora facetas de Alyssa se dejaban ver en él.

-Joven es peligroso –insistió Guillermo, tratando de hacerlo entrar en razón.

-¡Ya basta! Amárrenlo y sosténganlo bien, quiero que Angelina me vea sobre mi nuevo caballo-

-Caden, no es necesario, deja que ellos lo domen primero –intervino Angelina con la esperanza de hacerlo cambiar de opinión, pero su intento fue fallido.

-¡Quiero subirme ahora y es una orden! -Insistió, Caden estaba decidido a demostrarle a Angelina que él no temía al animal.

Los tres hombres no pudieron sacarle aquella idea a Caden de la cabeza, así que como pudieron llevaron al animal del establo al corral, ahí amarraron al caballo para que se calmara, haciendo intentos de suavizar su carácter; el hermoso animal quedó tranquilo de momento. Gustavo insistió una vez más con Caden pidiéndole que le dieran tiempo, pero la negativa del chico era inquebrantable. Joseph y Larry sostenían con amarres al caballo para que Caden subiese, el muchacho logró montarse, luego contempló a Angelina sonriente, logrando que los tres hombres suspiraran de alivio, no obstante aquella paz fue corta. El caballo comenzó a brincar y saltar reventando las sogas; lanzando a Caden de su lomo con furia, y relinchando dañó el corral, y se fue galopando velozmente. Joseph, Samuel y Gustavo fueron a auxiliar a Caden que continuaba en el piso quejándose; Angelina sintió que el corazón se le paralizó del susto, pero sus ojos se habían pendido del caballo que corría libre hacia su libertad, entonces no pudo evitar sonreír y agradeció que Caden no lo notara.

-¡Déjenme y vayan tras ese caballo! -gritó el chico lleno de furia, dándole paso a una terrible rabieta, no soportaba haber caído ante la mirada de Angelina. -¡Les ordeno que maten a ese animal cuando lo atrapen! -En ese momento Angelina vio la faceta oscura de Caden, y no pudo evitar que su mirada se empañara, y sin decir una palabra salió corriendo del lugar.

-¡Angelina! -Gritó Caden, pero ella no se detuvo, no quería volver a hablarle a aquel joven cruel que resulto ser peor que su hermana.

Días después.

Luego de aquel incidente, el frágil corazón de Angelina se había sumido en la tristeza, de pronto el entorno le parecía una fiesta de disfraces, donde todos usaban máscaras hermosas, pero que al caer dejaban al descubierto monstruos despiadados. Clara, veía con preocupación cómo su hija llevaba casi cinco días enferma, no obstante lo que más le afligió es que Angelina fuese tan frágil de alma, eso era condenarse a muerte, en un mundo tan cruel como lo era este. Clara entró a la pequeña habitación de servicio que les habían asignado a ambas, llevó un poco de mermelada de fresas que Marie hacía muy bien, acompañado de un panecillo de arándanos que no se podía negar, le quedaban deliciosos a Dimitri. Clara le acercó la mermelada y el panecillo, pero Angelina parecía no entusiasmarle, esa actitud causó que Clara se alarmara.

-Hija, ¿qué te sucedió con el joven Caden? -Las preguntas se amontonaban en su boca.

-Él no me ha hecho nada, solamente que una vez más tú has tenido toda la razón... Caden es malo -una lágrima recorrió el rostro de la niña.

-Dices que no te ha hecho nada, pero, aun así, aseguras que es malo, creo que tendrás que esmerarte en la explicación porque no te estoy entendiendo.

-¡Caden tiene el alma más oscura, que su macabra hermana!

- ¿Por qué lo dices?

-Ese día le mostraron un hermoso caballo gris que le había comprado su padre, el plan era que lo montara una vez estuviera domado –una lágrima recorrió la mejilla de Angelina -. Gustavo, Larry y Joseph le explicaron que lo debían domesticar primero, pero él no entendió y armo un berrinche porque quería montarlo -Clara veía como la rabia ya iba ganando terreno en su hija; sin embargo, la dejo continuar en su desahogo, sabía que eso le haría bien. -Cuando llevaron el caballo al corral, Joseph y Larry lograron estabilizarlo y Caden lo pudo montarlo; pero el caballo le entró un ataque de ira, como si sintiera el alma egoísta de Caden, y comenzó a dar saltos logrando que Caden saliera elevado por los aires lanzándolo al suelo. -Clara no pudo evitar poner cara de sorpresa, si a Caden Greenwood le fuera sucedido algo malo, toda la ira de los señores Greenwood se volcarían sobre Larry, Gustavo y Joseph.

-Por suerte nada sucedió -finalizó la niña.

-Gracias a Dios -suspiró Clara -, ya no te sientas mal por ese incidente, más bien agradece a Dios que te mostró el verdadero rostro de ese joven. Caden es malcriado como su hermana porque eso es lo que le han enseñado. Por otro lado; hoy cuando fui al despacho a llevarle el café al Lord Greenwood escuché como Lady Jazmines, la madre del señor le reclamaba por su carácter frágil cuando se trataba de enfrentar a su esposa; le pedía que no se dejara dominar por ella, también se quejaba de la malcriadez de Alyssa. Angelina vi en esa señora una actitud más complaciente, ojalá se quede una buena temporada en esta casa -en ese instante la puerta sonó, era Martina que se había escapado de los quehaceres para ver como seguía Angelina. Martina entró con una gran sonrisa en sus labios y en su delantal llevaba escondida una hermosa manzana.

-Mira lo que te he traído niña delicada -le informó, Angelina sonrío al ver la fruta.

-Gracias -dijo Clara en nombre de su hija, tomando de la mano a su amiga -te veo muy feliz –agregó después de agradecer el gesto.

-¡Cómo no estarlo! Sabes que escuche a Lord Greenwood reprender a su hijo, pero como siempre Lady Liza lo protegió, creo que el joven Caden anda rabioso porque no pudo dominar el caballo nuevo que le han traído -el comentario logró situar nuevamente a Angelina en su angustia.

-Él dice que lo va a mandar a matar -declaró la muchacha con pena, y la mirada se le cristalizó.

-¡Niña, no llores! -Le dijo Martina -, tú y yo hemos hablado de mantenernos fuertes ¿Lo recuerdas? - Angelina asintió -. Si lo que te aflige es que el niño Caden quiera asesinar al hermoso corcel que por cierto se llama Zeus, olvídalo; su padre lo puso en su sitio.

-Zeus -repitió Angelina con más luz en el rostro.

-Sí, Zeus -le reafirmó Martina, y luego continuó con la historia -. El señor mando a traer a un experto domador de caballos, ya que Larry, Gustavo y Joseph no han podido domesticar al animal, ¡por Dios, Angelina! ¿Crees que Lord Greenwood va a mandar a sacrificar a un caballo tan costoso como ese, solo porque su hijo no lo pudo montar? -La noticia desterró por completo el malestar de Angelina, y la sonrisa le iluminó el rostro.

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