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Anhelando tu amor

Anhelando tu amor

Autor: : Alfonsina
Género: Romance
Karen Romano es una famosa, elegante y genial diseñadora de modas que ha triunfado en una carrera vertiginosa, al grado de que era una de las mejor pagadas en el mundo del diseño convirtiéndose en multimillonaria por la venta de sus hermosos y atrevidos diseños de ropa para damas y caballeros. Pero en el amor su vida era un completo desastre, se casó muy joven y según ella muy enamorada, pero a solo seis meses de haberse casado su esposo tuvo un accidente trágico. Luego conoció a otro hombre que podría borrar su dolor, pero solo vino para aumentarlo, después de casarse con ella, la engañó con la que creyó ser su mejor amiga dejando su corazón roto y vacío para el amor. Así ella lo había decidido entregando su vida al mundo de la alta costura Farid Haziz, era un millonario comerciante de telas exclusivas que importaba del lejano y cercano oriente, apuesto, sagaz y observador, en una sola palabra un hombre astuto, disfrutaba de la vida en familia, los compromisos serios. Un día su camino se cruzó con el de Karen Romano, al verla por primera vez el amor atravesó su pecho deseando conocerla, pero el camino hacia el maltrecho corazón femenino estaba plagado de espinas y obstáculos que serían un desafío para su paciencia y sagacidad, aunque su sangre morisca lo llevaría de la mano para derretir el frío corazón femenino.

Capítulo 1 Karen 3

Karem Romano se sentía nostálgica ese día, su mente volaba hacia muchos años atrás, cuando era tan joven, pero estaba muy enamorada y su boda era lo más grandioso para ella, en esa oportunidad.

Se encontraba mirando por el gran ventanal de su apartamento en la quinta avenida de Nueva York hasta allí llegaban sus recuerdos nostálgicos.

En ese tiempo tenía tantos planes y sueños con su futuro esposo, para ella la felicidad era sinónimo de estar enamorada, que tonta.Su sueño dorado de ser amada por el resto de sus días por su príncipe azul, su gran amor había durado muy poco.

A los dos meses, de estar felizmente casada, su esposo resultó fatalmente herido en un accidente automovilístico, del cual no sobrevivió después de luchar por dos días por su vida, la vida de Jeremy terminó para siempre.

Ahí había quedado ella, una viuda jóven y desconsolada, sintiendo no sólo, que su felicidad se volvió trizas, sino que su corazón sufrió por el dolor tan profundo que sentía.

Karem sintió que sus ojos adquirieron un brillo que no le gustaba sentir, era un lágrima que pugnaba por asomarse, lo mejor era dejar la nostalgia atrás y ocuparse de lo que realmente importaba:

Diseñar para hacer dinero.

Hacía mucho había decidido dejar a un lado emociones, pues consideraba que era infantil y que solo llevaban a que perdiera su valioso tiempo, a pesar de que a veces su mente le jugaba malas pasadas como éste día.

Era esta maldita lluvia que la hacía sentir nostalgia, se quitó del ventanal, mejor manos a la obra, sino terminaría rememorando un día peor, el día del funeral de su esposo.

"-Karem, sacude tu cabeza y mejor empieza a crear"- se dijo- deja de pensar en pendejadas.

Ella era una mujer poderosa al quedar viuda, culminó su carrera universitaria para olvidar su dolor, se dedicó de lleno al diseño de modas, concentrándose en crear ropa atrevida y vanguardista.

Esto le hizo subir vertiginosamente en el mundo financiero, siendo ahora una de las diseñadoras mejores pagadas en el mundo de la moda.

Mencionar a Karem Romano era hablar de buen gusto, elegancia, dinero, creatividad y dureza en el mundo social, no se le conocía un romance, muchos se atrevían a decir que era un árbol seco para el amor.

A ella poco le valía los comentarios que se tejían alrededor de ella, sabía lo que era y lo que representaba, no permitía que nadie se le acercara de manera romántica.

No creía en esa fábula de pacotilla, como decía ella, para está mujer el mundo se componía de trabajo creativo para obtener el éxito, lo otro no existía en su lenguaje cotidiano.

La vida le había enseñado que para salir adelante, los hombres solo existían para estorbar la existencia a mujeres como ella, y Karen Romano no estaba dispuesta a dejarse embaucar por ningún hombre que se acercara con intenciones de conquistar el corazón de ella.

Ya una vez después de quedar viuda, creyó que nuevamente se podía dar el lujo de abrir su corazón a una nueva oportunidad romántica, pero esto fue un desastre mayor para su corazón, al descubrir amargamente la peor traición que puede sufrir un ser humano.

Desde ese momento su corazón se secó al amor, si, le gustaba la comparación que se hacía de ella, "soy un árbol seco".

Los hombres sólo estaban para obedecer las órdenes de Karen.

Era una mujer implacable a la hora de buscar un objetivo, se trazaba metas exigentes, y también las imponía para los que trabajaban para ella.

Era de mediana estatura, de líneas muy definidas, rostro ovalado, facciones muy armoniosas, pero su gesto adusto hacía que la gente no se le acercara mucho.

Tenía pocos amigos, de la época de su juventud, sólo conservaba como amiga a su hermana mayor, la única que hasta ahora no le había fallado.

Sus padres eran personas muy exitosas a nivel de negocios, pero no le gustaba depender de ellos y por eso creó su propia empresa de modas que le reportaba al año millones de dólares.

Decidió salir a su lugar de trabajo, su oficina y empresa de diseño estaba relativamente cerca, aunque con el tráfico no se podía calcular muy bien las distancias.

Un gran y hermoso escritorio la esperaba, habían muchas carpetas esperando por la revisión de sus manos, de inmediato comenzó a abrir, necesitaba concentrarse, en especial ese día.

No entendía porque su cabeza le estaba jugando una mala pasada, trayendo recuerdos, que habían estado por años guardados, en lo más recóndito de su memoria.

- «¿Por qué ese día en particular tendría que venir Elsie a su memoria?» Era otra de las preguntas que se hacía Karen.

«Maldita, quien se vendió como su mejor amiga, la había conocido desde la preparatoria, compartieron tantos momentos juntas, para al final salir, con la peor trastada"

Nuevamente sacudió su cabeza, se negaba a recordar estos eventos de su vida que solo habían dejado dolor y desastre a su existencia.

Otro rostro apareció en su memoria y se levantó de un salto enojada, dando un fuerte golpe a la superficie de madera de su escritorio.

«-Karen Romano, tienes prohibido seguir el hilo de los pensamientos que llevas, deja el pasado donde está, muerto y enterrado! ¡Nadie más existe en tu mente, solo tú!»

Ésto se repetía, una y otra vez esta mujer de hierro, no quería sucumbir a sus malditos recuerdos, necesitaba hacer algo y pronto; pulsó el botón solicitando a su asistente, para que se presentara ante ella.

- Dígame señora Romano- dijo la chica.

- ¡Ven acá de inmediato!- dijo Karen con voz áspera.

- Voy señora- dijo la muchacha con voz nerviosa.

Sabía que cuando hablaba de ésta manera estaba enojada por algo, unos minutos después estaba al frente de la temida mujer.

- Necesito saber si ya confirmaste la reunión de hoy o aún lo estás pensando. - dijo Karen con énfasis.

- Señora Romano, casualmente cuando me llamó acababa de terminar la llamada,- a las dos de la tarde está pautada la reunión y todos han confirmado su asistencia.

-Excelente- dijo ella complacida- me estoy durmiendo y necesito despertar, tráeme un café muy cargado.

- Sí señora - dijo la chica.

Iba a salir cuando se volvió y dijo:

- Señora hay un invitado de último momento- dijo la asistente.

Karen arrugó el entrecejo y dijo:

- ¿De quién se trata?- preguntó ella.

- Es el dueño de los textiles "TEXCO" una de las mayores empresas textiles del mercado de la moda, se llama Farid Aziz- dijo la chica- no sé si lo conoce.

Capítulo 2 Reminiscencias

-He escuchado de él, pero no tengo el gusto- dijo Karen.

- El es hijo del...- empezó a decir la chica.

La mujer paró en seco la explicación de su asistente.

- ¡Te dije que sé a quién pertenece el nombre!- exclamó cortante Karen.

La chica pegó un respingo y de inmediato se preparó para salir.

- Disculpe señora, voy por el café- dijo la chica.

Karen que aunque dijo saber quién era el hombre, se centró en buscar en su cabeza donde había escuchado este nombre, tampoco era imperativo que conociera a cada uno de los que asistían a ésta reunión de proveedores.Si no los recordaba ya los conocería en la reunión dentro de poco tiempo, la asistente entró nuevamente con una humeante taza de café.

Karen la tomó y empezó a sorber casi por inercia, ese día se sentía bastante contrariada, vio la hora, apenas eran las once, sería bueno si se daba un tiempo para salir y comer algo.

Uniendo el pensamiento a la acción tomó su bolso y salió al exterior del edificio, buscó un lugar donde sentarse a ordenar sus pensamientos.

Empezó a recordar el porqué estaba tan nostálgica, había despertado esa mañana en medio de un sueño con su ex, no entendía de donde surgió aquel sueño, en su mente maldijo aquel sueño.

Lo menos que quería ahora era recordar a éste desgraciado, a su memoria de inmediato vino que había pasado un año desde la muerte de su primer esposo cuando lo había conocido.

Tenía una sonrisa radiante y unos ojos increíblemente vivos, casi de inmediato empezó a cortejarla, la hizo sentir nuevamente mariposas en el estómago, se sentía agradable hablar con él.

Era un hombre muy culto, de conversación ligera y muy interesante, a los seis meses ya estaba comprometida para contraer nuevamente matrimonio.

Nuevamente la ilusión inundaba su corazón, soñaba con formar una familia, por fin llegó el maravilloso día y salió ataviada con su hermoso vestido blanco y muy radiante para la ceremonia, y ahi estaba de nuevo, soñando con una vida color rosa.

Que ilusa había sido, el desgraciado era más falso que un billete de tres dólares, seis meses después lo había encontrado revolcándose con su mejor amiga en su propia casa y cama.

"¡Que descarados e irrespetuosos habían sido, además de desconsiderados, ese día su corazón nuevamente se llenó de dolor, pero un dolor peor que el primero, porque la traición era peor que la muerte".

Decidió que el amor no se diseñó para ella, desde ese momento se dijo que ya nadie la haría sufrir, mejor se quedaba sola, así que cerró su corazón al amor, para siempre.

Aunque detestaba los recuerdos, éstos con su ex le ayudaba de vez en cuando a tener estos eventos presentes, así la resolución de quedarse sola se fortalecía cada día, esto estaba sucedido ahora que los recuerdos habían vuelto. Ya habían pasado diez años desde aquel día fatídico de la traición de aquellos dos canallas, aunque ya era una mujer curtida para el sufrimiento, este recuerdo le causaba repulsión hacía el amor.

Terminó de comer y se preparó para enfrentar una reunión de negocios, eran varios comerciantes de telas exclusivas que venían a ofertar para que ella escogiera al mejor proveedor. Ese día, tenía el fastidio subido a lo más alto de su cabeza, ya había cerrado el ciclo de recordar, ahora a sacar todo lo hábil que era para mantenerse en el tope del éxito.

Cuando llegó al edificio donde funcionaba su empresa, faltaba poco para que los proveedores de telas llegaran; allí también funcionaba su atelier y la oficina.

Desde el día en que Farid Aziz, le había pedido a su padre, un préstamo para iniciar su propia empresa de exportación e importación de telas exclusivas, ya habían pasado 5 años, a éstas alturas era reconocido como uno de los más grandes e importantes proveedores de los más afamados diseñadores del mundo de la moda.

Esa tarde tendría una reunión con Karen Romano, una mujer fascinante, la había visto por primera vez en el aniversario de bodas de plata de sus padres, ella se había encargado del diseño del vestuario de su madre y hermanas. Se veía tan lejana y a la vez tan cautivadora.

Esa noche se había acercado a ella, en ese tiempo estaba iniciando su negocio de las telas y no era muy conocido en el mercado, solo se había acercado porque le había interesado como mujer, pero ella era de hielo, fría; no le brindó ni siquiera una sonrisa de amabilidad.

Eso le llamó más la atención, después de ese encuentro no tuvo más oportunidad de volver a verla, hasta ahora, él se había concentrado tanto en sus negocios que la conquista de una fémina quedó relegada, hasta ahora que había enviado su propuesta de negocios y había sido aceptada.

Se sentía optimista, había conquistado este mundo del negocio de telas con mucho tesón y empeño, sabía que ésta mujer era implacable a la hora de negociar, él no le tenía miedo, sabía cómo usar estrategias para convencer al cliente más obstinado.

Ya pronto estaría al frente de ésta bella mujer, nuevamente los recuerdos de esa noche vinieron a su memoria.

- Buenas noches, me presento, soy Farid Aziz - había dicho él, galante- un gusto tener a una mujer tan hermosa entre los invitados de mis padres.

Ella lo había mirado como se mira a un insecto despreciable, diciendo.

- Lamento no tener el mismo gusto, has perdido tu tiempo al acercarte a mi para coquetear, no estoy en exhibición, con permiso - dijo ella.

- ¡Oye por qué eres tan agresiva, solo quise saludarte!- respondió él.

- ¡Pues yo no deseo tu saludo!- dijo ella - ¿Me permites el paso?

Él se había apartado un poco y ella salió de allí muy altiva sin siquiera voltear su cabeza hacia atrás, que orgullosa que era, quizás era su estatus que no le permitía darle cabida a cualquier persona en su círculo de amistad.

Esa tarde tenía las expectativas altas; ¿Se acordaría ella de aquél incidente? Esperaba que aquello no le cerrara las puertas a su negocio floreciente de telas exclusivas.

A las diez menos dos, entró en el edificio donde funcionaba la empresa de Karen Romano, respiró profundamente al cerrar el ascensor que lo llevaría al gran salón de reuniones, otros competidores estarían allí que al igual que él debían demostrar el porqué debían escoger las telas que ellos representaban, ya cada uno había enviado sus muestrarios de telas y allí se hablaría de precios y oportunidades.

Una hermosa chica lo condujo al enorme salón, allí estaban tres empresarios dos damas y tres caballeros que se reunirían con la gran Karen Romano, unos minutos después entraba la bella mujer y les saludaba.

- ¡Buenas tardes, damas y caballeros!- saludó ella con una sonrisa- siéntase bienvenidos a ésta reunión.

Farid no podía quitar sus ojos de admiración de aquella mujer, desde aquella vez que la había visto por vez primera había sentido una extraña sensación y ahora nuevamente había surgido, aunque allí estaba por negocio, su corazón palpitaba fuertemente dentro de su pecho.

Capítulo 3 Sentimientos encontrados

Karem Romano se dirigió a los proveedores con un saludo mecánico, a pesar de lo que sentía Farid dentro de sí, se esforzó por mantener su mente centrada, debía pensar por lo que realmente estaba allí esa tarde, ganar la licitación para que sus telas fuesen las seleccionadas.

La reunión tardó unas cuántas horas, cada uno de los presentes quiso ser el elegido para mostrar sus telas en la próxima colección de éste magnate de la moda.

Ella escuchó todas las ofertas, pero ya había hecho su selección y después de algún tiempo dijo:

-Ya escuché a cada uno de ustedes, en las próximas 24 horas les haré llegar mi respuesta, buenas tardes.

Salió del gran salón sin dignarse a dar una despedida personal, ella era la reina y ellos sus servidores, así era Karem Romano, los había atendido con una sonrisa fría y cordial, los mejores aperitivos y licores fueron servidos, no tenían quejas de eso, pero una vez terminada la reunión, los dejó allí y se internó en su oficina sin decir nada más.

Algunos de los proveedores se sintieron incómodos, recogieron sus muestrarios y salieron malhumorados ante aquel desplante de aquella mujer, menos Farid Aziz, quien observó a la mujer, era imponente su presencia, su actitud, toda ella, si no lo elegía se daba por satisfecho, ya la había visto y por lo momentos eso lo conformaba, suspiró y recogió sus cosas y fue el último en salir, todo aquel lugar , denotaba elegancia y distinción.

Unos toques en la puerta la alertaron, pensó que era su asistente y dijo:

- ¡Pasa!

Sin alzar su mirada preguntó:

- ¿Trajiste mis analgésicos?

- Lo siento, nadie me informó - dijo Farid.

Ella se levantó de un salto y dijo:

- ¡Señor!, ¿sucede algo?

- Solo quise despedirme personalmente, decirle que si no elige mi empresa, me voy satisfecho por haberla visto bella mujer- dijo él apasionado.

- ¡Qué insolente es usted! ¡Salga de mi oficina por favor!- dijo ella.

- Fue un gusto verla señora Romano- dijo Farid- ya me voy.

Salió haciendo una reverencia y cerró la puerta dejando a ésta mujer bastante contrariada, ella después de unos instantes sonrió, « Sí que era atrevido y osado este señor» pensó, lo había detallado bien, aunque estaba cerrada al amor, era mujer y tenía ojos para admirar.

Era muy guapo, ya había recordado dónde lo había conocido, nuevamente sonrió para luego recriminarse y pensar:

- « Recuerda, solo es un depredador »

Karen estaba cansada, le dolía terriblemente la cabeza, llamó nuevamente y pidió dos analgésicos a su asistente y luego meditó sobre lo que miró en aquella reunión, las telas de Farid Aziz, eran fascinantes, tenían un aire sofisticado que le encantó, definitivamente trabajaría con éste proveedor, aunque implicaba peligro para ella, le gustó el aspecto de él.

Era un hombre joven, pero algo que le llamó la atención es que no era sumiso como los otros que pedían a gritos ser seleccionados, él se veía con aires de suficiencia que al principio le chocó un poco, pero después le agradó la actitud de aquel hombre de negocios.

Sí, definitivamente ese sería su proveedor para aquella colección, tenía grandes expectativas con aquel lanzamiento, había mucho que hacer y ya mañana se reuniría con éste hombre para después empezar con las modelos que tendría que seleccionar, era un trabajo arduo, pero esto le daba sentido a su vida, la mantenía viva.

Necesitaba ir a casa y descansar, ya que aquel día había sido intenso para ella, demasiado para su gusto, ese día salió temprano de sus empresas, siempre era la última en salir, pero hoy quería hablar en la intimidad de su habitación con su mejor amiga, su hermana mayor.

Farid se dirigió al hotel donde se estaba quedando, en una semana estaría en Europa, así era su vida desde que había iniciado su empresa de exportación e importación de telas, para él era un negocio excitante y fascinante.

Aunque más le fascinaba ver a Karen Romano, de piel tan blanca y cremosa con su hermosa cabellera oscura y de ojos profundos y hermosos, tenía que dejar de pensar ya en ésta mujer o se iba a enfermar de obsesión, debía pensar que ella era una cliente más y sacarla de su cabeza, porque lo más probable era que no la viera en un buen tiempo.

Karen llegó a su departamento y después de tomar un baño, se preparó para hablar con su hermana.

- ¡Hola! ¿Cómo está mi ardilla favorita?- respondió la hermana de Karen ante la llamada.

- Hola mi ardilla- dijo Karen con voz de hastío- necesitaba escuchar tu voz.

- ¡Tan linda mi hermana menor! - dijo la hermana - ¿Que está sucediendo contigo mi ardilla predilecta? ¿Porque esa voz tan apagada?

- Estoy hastiada de que de vez en cuando vengan malditos recuerdos - dijo ella - necesito que te vengas unos días a visitarme para someterme a una de tus malditas terapias.

- ¡Vaya, vaya! Hasta que te dignas a reconocer que necesitas de mis terapias, ardillita- dijo la hermana de Karen.

- Si me rindo, Lissette- dijo Karen - ya sola no puedo, quiero que deje de perseguirme ésta maldita amargura.

- Que bueno mi ardilla linda, mañana mismo me cambio a tu departamento y veremos qué puedo hacer por tí- dijo Lissette.

Cerró la llamada y en la intimidad de su habitación se permitió dar rienda suelta a su recuerdo. ¿Que le había activado éste episodio que creía muerto y enterrado?

Esa mañana de lluvia, había visto a un hombre mientras esperaba el cambio de la luz del semáforo, cruzó al frente de ella, por un momento creyó que era su ex pareja, pero luego se dió cuenta que aquello era imposible, él estaba a millones de kilómetros de allí.

Ésto la había alterado terriblemente y le hizo vivir un terrible día, habían pasado 10 años desde aquel terrible día que había llegado de improviso a casa por unos bocetos de diseño que había olvidado y escuchó ruidos, cuando se suponía que no había nadie en casa.

Al principio sintió temor de que alguien hubiera entrado en su residencia, pero se armó de valor y se dirigió hasta donde creyó escuchar los sonidos de conversación, tenía el estómago extrañamente oprimido, una cruel sospecha cruzó por su mente y abrió la puerta de la habitación de repente.

Allí estaban su esposo y su mejor amiga revolcándose en su propia cama, ellos al verla se quedaron petrificados, ella sintió náuseas, aquello era demasiado para las ilusiones de amor que tenía, apenas tenía seis meses de matrimonio y él ya estaba con otra mujer que era como una hermana para ella.

No había nada que explicar, todo estaba muy claro para ella, a pesar de que ellos intentaron justificar lo injustificable, los sacó a empujones de su casa, de inmediato pidió el divorcio, no quería saber nada del amor y mucho menos de promesas.

Ahora diez años después aún seguía creyendo que las promesas de amor sólo eran basura para sus oídos, aunque unos años atrás unos ojos muy limpios le habían impresionado , pero solo fue un instante y había salido de allí sin volver atrás.

Ahora recordaba quien era Farid Aziz, era el dueño de aquellos ojos mágicos que solo por breves segundos la habían atrapado y hoy había estado nuevamente frente a ella, en aquella reunión de proveedores, solo concentrado en ofrecerle sus telas, definitivamente ese chico sabía cómo hacerse interesante.

Sabía que esa noche se había mostrado interesado en ella, pero no intentó seguirla, ni mucho menos insistió como la mayoría de babosos que querían atención de ella, no había vuelto a verlo, hasta hoy.

Esperaría hasta mañana para pedirle a su asistente que lo llamara para darle la noticia de que ella quería hacer negocios con él por sus telas.

A la mañana siguiente, estuvo a las ocho y media en su oficina, ya la asistente estaba tras su escritorio, a ella le dió la primera orden del día.

- Buenos días, señora Romano, ¿Cómo está usted hoy?

Ella sin responder al saludo de su asistente dijo:

- Señorita, llame al comerciante Farid Aziz y dígale que haremos negocios con él.- dijo Karen Romano.

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