Cuando el turno de la tarde en el Hospital Meridian estaba por terminar, Khloe Cáceres regresó a su consultorio, recién salida de una cirugía.
Apenas había dejado el expediente cuando su celular vibró: era un mensaje de texto de Vernon Delgado.
"Esta noche tengo que trabajar hasta tarde, así que no podré ir a cenar. No me esperes despierta; descansa un poco".
Ese día cumplían tres años de relación.
Khloe había planeado ir a casa, preparar la cena y esperarlo para que los dos pudieran celebrar su aniversario juntos.
También había preparado una sorpresa: un proyecto que el hombre había estado persiguiendo durante seis meses sin éxito, pero ella acababa de conseguirlo para él.
Sin embargo, Vernon estaba ocupado.
Durante tres años, dirigir el Grupo Delgado lo había mantenido ocupado. Para entonces la joven ya estaba acostumbrada a sus frecuentes ausencias.
Por eso, ni siquiera le había contado que la habían asignado temporalmente al Hospital Meridian.
Justo cuando ella estaba a punto de marcar la salida, una enfermera de la sala de emergencias entró apresuradamente a su consultorio.
"¡Doctora Cáceres! Acaba de llegar una emergencia: ruptura de un cuerpo lúteo con hemorragia interna. ¡Se está deteriorando rápidamente!".
Khloe se puso seria de inmediato y se levantó por instinto.
Caminó a paso rápido junto a la enfermera y preguntó: "¿Sabe qué lo provocó? ¿Fue por un traumatismo u ocurrió de forma espontánea?".
La enfermera dudó, claramente incómoda, y respondió: "Eh... al parecer por... sexo muy brusco".
Khloe no preguntó nada más; simplemente aceleró el paso.
Como ginecoobstetra, situaciones como esta no eran nada nuevo para ella. Había tratado a muchas parejas jóvenes que se habían dejado llevar por el entusiasmo. No era una emergencia poco común.
En el instante en que entró al área de tratamiento de emergencias, una furiosa voz masculina resonó entre el alboroto.
"¿Dónde demonios está el doctor? ¡Le duele tanto que apenas está consciente! ¡¿Alguien la va a atender o no?!".
Khloe se detuvo en seco y sintió una punzada en el corazón.
Su mirada atravesó al personal médico que corría de un lado a otro y el equipo circundante, hasta posarse en el hombre alto y de hombros anchos que estaba de pie, rígido, junto a la camilla.
Era Vernon, el novio que había dicho que trabajaría hasta tarde y no tenía tiempo para celebrar su aniversario.
Y sin embargo, allí estaba él, presa del pánico, con los ojos clavados en la mujer que se retorcía en la camilla, apenas consciente.
Khloe sintió que la habitación daba vueltas a su alrededor mientras el ruido del Departamento de Emergencias se desvanecía hasta convertirse en un zumbido agudo en sus oídos.
"¡Ya llegó la doctora!", anunció la enfermera sin darse cuenta de nada.
Vernon se giró de inmediato hacia la entrada y posó su mirada en la mujer que estaba allí de pie, con un traje de cirugía y una mascarilla que le cubría el rostro.
Al ver que no se movía, su rostro se endureció de ira y gritó: "¿Qué está esperando? ¡Sálvela! Si ella muere, ¡haré responsable a todo este hospital!".
Khloe miró en silencio al hombre que siempre había sido tierno y afectuoso con ella, pero que ahora solo mostraba pánico y furia, todo por otra mujer.
Se quedó inmóvil, con las uñas clavándose dolorosamente en las palmas.
No se quitó la mascarilla ni lo confrontó. En cambio, se dirigió al equipo con voz neutra y ordenó: "Tipificación sanguínea y pruebas cruzadas. Quirófano uno, ahora".
Vernon frunció el ceño, pues esa voz le sonaba familiar. Por un breve instante, le recordó a Khloe, pero no podía ser, ya que ella trabajaba en el Centro de Salud Siempreverde y no tenía nada que hacer aquí.
El pensamiento desapareció tan rápido como había surgido y, al instante siguiente, volvió a centrar toda su atención en Ruby Pascual, que estaba tendida en la camilla y gemía suavemente de dolor.
La luz roja sobre la puerta del quirófano permanecía encendida.
Bajo las luces del quirófano, Khloe respiró hondo y sujetó el bisturí.
Pasó una hora antes de que la operación concluyera con éxito.
Ella salió del quirófano junto al equipo médico, mientras sacaban la camilla.
Apenas se abrieron las puertas, Vernon saltó del banco, corrió al lado de Ruby y le dio un beso en la mejilla.
"Ruby... ya estás bien", susurró. "Estoy aquí. No me iré a ninguna parte".
Khloe le lanzó una mirada fría a Vernon; luego se dio la vuelta y se marchó.
Cuando regresó a su consultorio, metió la mano en su bolso y sacó el contrato. Lo rompió en pedazos diminutos, una página tras otra, y los vio caer en el cesto de la basura.
Se quitó el traje de cirugía, llamó a un taxi y se dirigió a la casa que ella y Vernon habían planeado compartir como marido y mujer.
Poco antes de las once, la puerta principal se abrió con un clic después de que sonara el suave pitido del teclado numérico.
Vernon entró, encendió la luz del pasillo y encontró a Khloe en el sofá.
Se acercó y se inclinó para abrazarla. "Cariño, ¿sentada en la oscuridad? ¿Me estabas esperando?".
Ella se puso rígida. Una oleada de asco le revolvió el estómago.
Apenas unas horas antes, esos mismos brazos habían sostenido a otra mujer; ese mismo cuerpo había estado pegado al de otra mujer. Y, sin embargo, aquí estaba él, actuando como si nada.
Sin dudarlo, lo apartó de un empujón.
Tomado por sorpresa, Vernon retrocedió tambaleándose. Su rostro se ensombreció. "¿Qué te pasa?".
Khloe permaneció en silencio. En lugar de responder, se levantó del sofá y se dirigió directamente al piso de arriba.
Vernon frunció el ceño y fue tras ella. Para cuando llegó a la entrada de la habitación, Khloe ya salía, arrastrando una maleta.
En cuanto vio el equipaje, supuso que ella estaba haciendo un berrinche por el aniversario que se había perdido.
Contuvo su molestia y habló con voz suave. "Está bien, metí la pata. Pero el trabajo estuvo de locos hoy, y sabes que todo esto lo hago por nosotros. En cuanto las cosas se calmen, te llevaré a algún lugar, solo nosotros dos. ¿De acuerdo?".
La joven observó su patética actuación y no quiso desperdiciar una sola palabra más en él.
Sacó su celular, abrió el archivo que había descargado del sistema del Hospital Meridian y le puso la pantalla delante de la cara.
Los datos de la paciente y el diagnóstico aparecían claramente en la pantalla: Ruby Pascual, veintidós años, con una ruptura aguda del cuerpo lúteo.
Tan pronto como Vernon lo leyó, abrió los ojos de par en par.
Levantó la cabeza bruscamente y la miró con furiosa incredulidad. Jamás había imaginado que sus contactos pudieran llegar al extremo de acceder a los registros de otro hospital.
"¿Me has estado espiando?", espetó él, frunciendo el ceño.
Ni siquiera se le ocurrió sentirse culpable; solo estaba furioso porque ella se había metido en sus asuntos.
Khloe retiró el dispositivo y lo observó mientras él, consumido por la ira, luchaba por hablar. En ese momento, su comportamiento le pareció completamente patético.
No vio ninguna razón para decirle que ella había sido la cirujana principal en la operación de Ruby.
Vernon interpretó su silencio como una prueba de que sus sospechas eran ciertas.
En cuestión de segundos, la ira tomó el control y desplazó toda razón.
Su rostro se torció en una sonrisa amarga. "Vaya, vaya, Khloe. No pensé que fueras capaz de algo así. ¿Pero y qué? Rompiste todos los lazos con tu familia para estar conmigo. No tienes a nadie ni adónde ir. Si sales por esa puerta, ¿dónde crees que vas a terminar?".
Ella le sostuvo la mirada sin ninguna emoción. En ese instante, todo el amor que le había dado durante tres años le pareció inútil y ridículo.
De repente, un fuerte alivio la invadió. Menos mal que había descubierto la verdad antes de quedar aún más atrapada en su relación.
Entonces, le dio una fuerte bofetada en la cara.
"Vernon Delgado, todo en ti me da asco", dijo con calma.
No ofreció más explicaciones mientras pasaba a su lado con la maleta y se dirigía hacia la puerta.
El hombre se presionó una mano contra la mejilla ardiente y le gritó: "¡Sal por esa puerta y no vuelvas arrastrándote a mí!".
Khloe no se dio la vuelta. En cambio, siguió caminando sin mirar atrás hasta que la oscuridad la envolvió por completo.
Bajo una farola, se detuvo, sacó su celular de nuevo, bloqueó su número y todas sus redes sociales.
Después de respirar hondo y con calma, marcó un número que había evitado durante tres largos años.
Sonó una vez, y luego se escuchó una voz familiar.
Sintió un escozor en los ojos. "Me equivoqué. ¿Puedo volver a casa?".
A las diez de la mañana siguiente, el aeropuerto estaba abarrotado de viajeros.
Arrastrando su maleta, Khloe salió de la terminal de llegadas.
En cuanto encendió el celular, apareció un mensaje de su hermano mayor, Ashton Cáceres, que decía: "Emergencia en la oficina. No puedo ir a recogerte. Envié a alguien en mi lugar".
Khloe se limitó a responder: "De acuerdo", antes de llevar su maleta a la zona de recogida para esperar.
No muy lejos de donde ella estaba, un hombre alto, con pasos largos y seguros, se dirigía hacia la salida de llegadas; era Caiden Morales.
Su expresión era sombría, y el aura gélida que lo rodeaba mantenía naturalmente a todo el mundo a distancia.
Si su padre no lo hubiera amenazado de esa manera, nunca habría pasado la mañana recogiendo a una desconocida y llevándola directamente al Registro Civil para casarse.
Tenía los labios apretados en una fina línea, y la impaciencia se reflejaba en todo su rostro.
Sacó el celular y abrió la foto que le había enviado su padre.
Estaba claro que la habían tomado desde lejos. En ella se veía a una mujer menuda, bañada por la cálida luz del sol, con los ojos entrecerrados en forma de media luna mientras sonreía, y un aspecto inocente y amable.
Se guardó el dispositivo en el bolsillo y recorrió la multitud con la mirada.
No tardó en fijarse en una mujer esbelta vestida con una gabardina negra. Llevaba el pelo recogido de forma informal y, a pesar de estar sin maquillaje, su belleza era imposible de ignorar.
La observó durante un instante antes de acercarse.
Tras detenerse frente a ella, preguntó con voz tranquila y distante: "¿Eres de Esterlandia?".
Khloe levantó la vista sorprendida, claramente desconcertada por la inesperada pregunta.
Como supuso que Ashton lo había enviado, asintió en silencio.
Al recibir la confirmación que deseaba, Caiden no preguntó nada más.
Antes de darse la vuelta y marcharse, dijo secamente: "Sígueme".
Khloe recogió de inmediato su maleta y se apresuró a seguirlo.
Una vez dentro del auto, Caiden se echó hacia atrás y cerró los ojos, dejando claro que no tenía ganas de charlar.
Khloe también guardó silencio, volviéndose hacia la ventanilla para observar el paisaje exterior.
Acababa de dejar atrás un error que había durado tres años. Agotada en todos los sentidos, lo único que quería ahora era volver a la casa que no había visto en años.
Desde el asiento del conductor, el chofer estudió en silencio el espejo retrovisor. Pensó que esos dos no parecían una pareja a punto de casarse.
Khloe parpadeó despacio y volvió a fijar su atención en la vista exterior, pero se quedó rígida en cuanto reconoció el edificio que tenían delante.
Era el Registro Civil de Sokmont.
Se volvió hacia Caiden, completamente desconcertada. "¿Por qué me trajiste aquí?".
Para entonces, él ya había salido del auto y, mirándola con el ceño ligeramente fruncido, respondió: "¿No te explicó nada tu familia? Tal y como están las cosas con ellos ahora mismo, casarte conmigo es tu mejor opción".
Khloe se quedó en blanco al instante. ¿De qué hablaba exactamente?
Entonces, el mensaje anterior de Ashton volvió a su mente de repente. Un horrible pensamiento la asaltó: si su familia estaba en problemas, si las cosas habían llegado a tal punto que su hermano tenía que casarla para salvarlos.
Con dedos temblorosos, marcó rápidamente el número de Ashton, pero la llamada entró de inmediato al buzón de voz.
Volvió a marcar una y otra vez; sin embargo, cada intento terminaba exactamente igual.
Sintió que el corazón se le venía abajo.
Tres años antes, había abandonado a su familia sin mirar atrás. Había cortado todos los lazos por Vernon. Si su familia se enfrentaba ahora a un verdadero desastre, ¿cómo podría volver a darles la espalda? El matrimonio no era más que un trozo de papel. No importaba quién fuera el novio. Si esto podía salvar a su familia, lo aceptaría, costara lo que costara.
Bajó despacio el celular, respiró hondo y salió del auto. "Hagámoslo".
Caiden la miró un instante. Notó algo inusual en su respuesta, pero no tenía ningún interés en hacer preguntas.
Uno tras otro, entraron en el Registro Civil.
Todo el trámite se completó en menos de una hora.
Cuando salieron del edificio, Caiden sacó una llave y se la entregó a Khloe, diciendo: "Villa 8, Villas Cristal. Trasládate cuando quieras. Tengo cosas que hacer; nos vemos más tarde".
Se metió en su carro y se marchó.
Khloe vio cómo el vehículo desaparecía en la distancia y entreabrió los labios, incrédula. ¿De verdad estaba tan poco entusiasmado por casarse?
Aunque, pensándolo bien, quizá así era como debía ser. Su matrimonio no era más que un acuerdo, así que no había razón para comportarse como una pareja enamorada.
Apartando ese pensamiento, guardó la llave en el bolso, se acercó a la calle y tomó un taxi.
Unos treinta minutos más tarde, este se detuvo frente a las conocidas puertas de hierro forjado.
Tras pagar al conductor, Khloe salió.
Al contemplar la casa, le escocieron los ojos.
Tres años atrás, había recorrido este camino jurando no volver jamás, convencida de que el amor era todo lo que necesitaba y de que Vernon era el indicado.
Ahora le parecía una estupidez.
En ese momento, las puertas de entrada se abrieron despacio. Un anciano de pelo canoso corrió hacia ella, acompañado por dos empleados de la casa.
"¡Khloe! ¡Por fin estás en casa!", exclamó Edwin Reyes, el mayordomo de toda la vida de la familia, deteniéndose frente a ella con los ojos llenos de lágrimas. "Te has puesto tan delgada...".
Al ver al hombre que la había cuidado desde que era pequeña, Khloe sintió que el calor se extendía por su corazón. Lo tomó suavemente del brazo y sonrió, diciendo: "Estoy en casa".
"Lo único que importa es que vuelvas", comentó Edwin, secándose con discreción la humedad del rabillo del ojo. Con la voz cargada de emoción, agregó: "Entra".
Khloe asintió con una suave sonrisa y entró en la propiedad a su lado.
"¿Dónde están mis hermanos?", preguntó con la mayor despreocupación posible.
Edwin respondió: "Ashton está atareado con asuntos de la empresa. Pero anoche dio instrucciones a todos para que se prepararan para tu regreso de hoy, así que toda la casa ha estado ocupada desde primera hora de la mañana. En cuanto a Bryson, sigue en el extranjero. Lo más seguro es que aún no se haya enterado de que has vuelto a casa".