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Antes de Conocerte

Antes de Conocerte

Autor: : Mayra Gisel
Género: Romance
¿Qué sucedería si cada noche cuando te vas a dormir tenés sueños mojados con una misma persona de forma recurrente?

Capítulo 1 Prólogo.

¿Qué sucedería si cada noche cuando te vas a dormir tenés sueños mojados con una misma persona de forma recurrente?

¿Qué pasaría si a la otra persona también le sucede lo mismo? ¿Si por alguna razón sus almas estuvieran conectadas y en cada sueño dieran riendas sueltas a la pasión?

¿Qué pasaría si un día, el desconocido que te roba noches enteras de placer se aparece por la puerta de tu restaurante y resulta ser la competencia?

Samantha, creía tener toda su vida arreglada, un prometido maravilloso, con el que se iba a casar en un mes, una cadena de restaurantes exitosos, una casa de ensueño, planes de formar una familia, pero todo aquello se desmorona cada vez que cierra sus ojos y se duerme profundamente, porque lo que nadie sabe es que Sam, como sus amigos la conocen, está obsesionada con el hombre que le hace el amor cada noche en sus sueños.

Dante, siempre se caracterizó por ser un Don Juan, por jugar con las mujeres sin comprometerse con ninguna, por tener a sus pies a todas las que quisiera, a excepción de una, a quien aún no conoce, la de sus sueños. Por alguna extraña razón que desconoce, se ha empecinado en buscar a la mujer con quién pasa noches enteras de sexo desenfrenado en sus sueños y lo que nunca se iría a imaginar que estaría a una calle de distancia.

Sam siempre fue una mujer ordenada y que necesitaba tener el control de todo. Dante se caracterizó por ser un rebelde que lo único que le interesaba era la herencia de su abuela, quien al morir y leer su testamento se llevó una gran sorpresa. Con solo 20 años de edad, se ve en la obligación de trabajar en uno de los restaurantes de la difunta por el lapso de un año para poder hacerse de su parte de la herencia.

Sin saberlo Sam va a luchar contra el deseo que siente porque Dante la lleve a su cama. En tanto él, va hacer todo lo posible por probar en la vida real que tan excitante puede ser esa mujer en la cama y no escatimará en acciones necesarias para lograr acostarse con ella.

Ellos se han enamorado y se han amado justo antes de conocerse y ninguno de los dos sospechan que sus vidas están predestinadas a caminar juntas.

Capítulo 2 Sueños Mojados.

La Ciudad de Buenos Aires recibe el invierno con un frío helado y una lluvia salvaje que azota sus calles y obliga a toda la población a permanecer dentro de sus casas. Las calles vacías, los espacios verdes desolados sin los gritos de los niños jugando y los adultos riendo y compartiendo mates.

Los bares cerrados por el miedo de que el temporal arruine sus negocios y más de un millón de personas encerrados en sus moradas tratando de que el mal tiempo no les arrebate por lo menos, el deseo de divertirse mirando una buena película comiendo palomitas acompañados de una bebida, ya sea jugo, gaseosa o un rico chocolate caliente, o bien buscando la manera de calentar los cuerpos en esta noche de frío helado.

En el séptimo piso, de uno de los departamentos más caros del barrio porteño de Palermo, dos cuerpos arden al calor de la hoguera, del deseo. Dos almas extrañas por alguna razón se han encontrado en ese espacio, en esas cuatro paredes, sobre la suave y fría tela de seda roja que viste la cama y han dejado fluir la sed de sexo que un cuerpo siente por el otro.

Ella, clava sus uñas en la espalda de él mientras "canta" una hermosa melodía de gemidos en su oído, haciendo que sus notas se aferren con fuerza a su cabeza, a sus recuerdos. Su miembro se encaja en el suyo como si Dios los hubiese creado para ser uno solo, para completarse porque en sus vidas habían sentido que sus genitales encajan perfectamente en los del otro.

Sus besos tatúan cada espacio de la piel, mojando de deseo incentivando sus propias ganas, sus más íntimos deseos de ponerse el uno al otro, de sentirse tan profundo, de tocarse, de amarse. Los machos de cabello de ella caen sobre el rostro de él que se encuentra tendido en la cama mientras se deja llevar por el vaivén del cuerpo de la desconocida meciéndose sobre su miedo, saltando una y otra vez, haciéndole tocar el cielo con las manos.

Su piel se siente suave al tacto de sus manos que aprietan su carne provocando que ella grite, besando uno a uno sus gemidos. Sus piernas se entrecruzan en la espalda de él mientras que cruza sus manos por detrás de la cabeza haciendo que sus cuerpo se peguen el uno a otro, sintiendo los latidos del corazón en el pecho.

- Te deseo tanto. –

Le escucha decir mientras se pierde dentro de ella, de su estrecha vagina, mientras se escucha en el ambiente el ruido de sus fluidos mezclándose, esa exquisita melodía que endulza sus oídos. Él también la desea, él también la necesita en su cuerpo, en sus manos.

- Yo también te deseo Sam. – Cómo sabía su nombre, quién se lo dijo, se conocían. – Sam, Sam. -

Su cuerpo comienza a removerse de un lado al otro y puede sentir como alguien sacude su cuerpo y al abrir los ojos ve frente suyo como todo se desvanece, como el extraño. Se pierde bajo sus manos, bajo su abrazo y la voz de su prometido se empieza a escuchar cada vez más cerca.

- ¿Estás bien Sam? – le dice Bruno, su prometido.

- Si, si. – le contesta Samantha aún aturdida por el sueño que acababa de tener, un sueño con aquel hombre que tenía de forma recurrente.

- Bueno amor, voy a bañarme, tengo que entrar temprano hoy volveré tarde a casa, tengo reunión con los Italianos. – y luego de darle un beso se perdió de su vista.

Samantha era la fundadora de la cadena de restaurantes "Sabores Primavera", cuyas franquicias en Estados Unidos, Italia, México y España le habían hecho ganar más de doscientos cincuenta mil millones de dólares.

A Bruno Navarro lo había conocido en uno de sus viajes de negocios, hace siete años atrás y desde entonces no sé han separado de hecho estaban comprometidos y la boda sería exactamente en un mes. Él era un reconocido abogado penalista que no solo atendía casos de grandes figuras nacionales, sino que también llevaba casos de grandes artistas internacionales por lo que su trabajo le permitió conocer varios países del mundo y en uno de sus viajes a España la conoció a ella, al amor de su vida. El flechazo fue instantáneo y aunque demoro meses en enamorarla y años en que le dé el sí, sabía perfectamente que no podría ser feliz con nadie más, porque había nacido para amarla.

Por su parte Samantha, trabajaba en una de sus sucursales, la que se ubicaba en Barrancas de Belgrano y la que más disfrutaba dado que amaba el paisaje y la gente de ese barrio. Con ella trabajaba Silvina, una mujer alta de cuerpo de infarto con cabellos por la cintura color chocolate, ojos de color verde y un lunar en el pómulo derecho que la hacían hermosa y única. Ella no solo era su compañera de trabajo, era su mejor amiga, su mano derecha y quién sabía todo de ella, especialmente lo de aquel hombre de sus sueños.

Samantha se sentía avergonzada e incómoda el tener ese tipo de sueños húmedos con un hombre que no era su prometido, su futuro marido y lo pero de todo es que cada mañana amanecía con su respiración entrecortada, el cuerpo caliente y toda mojada. Algo de la situación le intrigaba, ese muchacho le llamaba la atención y todo lo que en sus sueños le hacía porque hasta la manera bruta y salvaje de hacerle el amor le provocaba que por las mañanas sintiera haber participado de una batalla y cada espacio de su cuerpo le dolía.

- ¿Y esa cara? – le pregunta su amiga preocupada por el aspecto demacrado de Sam. - ¿Otra vez esos sueños.? – bastó con solo mirarla a los ojos para saber la respuesta. – ay amiga, no más quisiera yo un hombre que me folle así de rico. – concluyó dejando escapar un gemido de sus labios.

- Silvana, pro favor no digas locuras. Yo estoy felizmente comprometida. – le responde ofendida a su amiga aunque la realidad era que ya no sabía si realmente era la "feliz futura esposa de Navarro" .

- Bueno, en fin. Hoy tenemos la cena con los chinos. –

- ¿Qué? ¿No era mañana? – pregunta confundida.

- No, ¿A caso no estuviste organizando todo estas últimas semanas para hoy? ¿Ya lo olvidaste? –

Sam se agarraba la cabeza ¿Cómo era posible que se le haya pasado la cena con los chinos? Estaba a punto de cerrar un negocio importante, un proyecto que llevaría a unir dos cadenas de restaurante que la llevaría a ganar mucho dinero y lo había olvidado.

- Lo olvidé. –

- Tranquila, previniendo tu olvido es que yo misma me encargué de los últimos detalles. – dice Silvana ultimando horarios en su tablet.

- ¿Qué haría sin vos? –

- Nada amiga, no harías nada. – y luego de darse un fuerte y sentido abrazo ambas comenzaron a trabajar.

Mientras tanto, en otro extremo de la Ciudad de Buenos Aires un muchacho de unos veinte años se despierta sudado y duro luego de haber, nuevamente, soñado con esa mujer.

Dante llevaba meses soñando con esa hermosa mujer de cabellera negra que podría su cuerpo como ninguna. Si bien no perdía oportunidad de llevarse a quien quisiera a su cama últimamente se había obsesionado con esa morena que se le aparecía cada noche en sus sueños y que ya había probado cada parte íntima de su cuerpo.

Con solo veinte años de edad y habiendo terminado la secundaria hace dos años, Dante se la pasaba perdiendo el tiempo en fiestas y con mujeres, gastando el dinero de su abuela en vez de estudiar una carrera o trabajar en algo. Dante había crecido con sus abuelos y una hermana diez años mayor que él, ella estaba casada y tenía dos pequeños mellizos de cinco años.

Él jamás se había tomado nada enserio por eso no tenía novia ni planes de casamiento, ni nada. A él solo le interesaba hacerse d ella herencia de su mamá, como le decía para poder irse de mochilero por todo el mundo. Sabía que era cuestión de semanas o de días para hacerse del dinero que le correspondía y no es que no amara a su abuela, claro que sí pero entendía que la pobre vieja ya no quería vivir luego de la muerte de su marido, el estar sola la estaba consumiendo en vida y realmente no tenía nada que hacer en esta tierra.

- ¡Dale infeliz, ¿Cuánto más vas a dormir?! – le grita su hermana luego de tirarle una cubeta de agua.

- ¡Ey, Lucía ¿Por qué? Haces eso? – reclama enojado al verse y ver toda su cama mojada. - ¿Por qué lloras? – al darse cuenta de la expresión en su rostro es que preocupado le pregunta qué sucede. – llamaron de la clínica, la abuela murió. –

El escucharla decir aquellas palabras le hizo sentir un frío correr por todo su cuerpo, ahora había quedado completamente huérfano. Con solo tres años de edad, se había quedado huérfano de padres y a la edad de dieciocho un infarto se llevó la vida de su abuelo.

Con mucho dolor y conteniendo a su hermana es que fueron a reconocer el cuerpo y a realizar los trámites necesarios para el sepelio. Ella antes de morir les había hecho prometer que no la velarán y que la enterrarían justo al lado de su marido y ese deseo se lo iban a cumplir.

- Hasta el día para morir eligió la Nana. – dijo afligido Dante.

- Si, ella siempre decía que el mejor día para morir tenía que ser uno con mucho frío y lluvia. Creía que era romántico. – recordaba con una sonrisa Silvana. - ¿Crees que está con el abuelo en el cielo? – y no pudo contener las lágrimas.

Dante y su hermana siempre tuvieron un vinculo basado en el respeto y el compañerismo por eso tenían una relación casi de amistad, porque a él le generaba mucha confianza su hermana y pese a que tenía amigos en quién confiar, nadie podría entenderlo como Silvana.

- Sr y Sra. Montenegro, lamento mucho el fallecimiento de su abuela, pero necesito que mañana a primera hora se hagan presente en mi despacho para hacer la lectura del testamento, dado que el que ustedes conocen ha sufrido algunas modificaciones a pedido de la Sra. Candia de Montenegro una semana antes de morir. –

Los hermanos lo miraron confundidos ¿Cómo es que su abuela hace cambios en el testamento y ellos son los últimos en enterarse? Pero todo tenía una explicación y no debían esperar mucho para saberlo. En la vida de Dante las cosas van a cambiar y él no puede siquiera imaginar cómo.

Capítulo 3 Maldita Claúsula.

El negocio de había concretado exitosamente y Silvina y Samantha no pudieron evitar alzar sus copas en lo alto y brindar por ello. El funcionar ambos restaurantes no solo le permitiría ganar millones, sino que podría combinar dos culturas y hacer que otras personas, en otros continentes disfruten de la comida argentina.

- Tenemos que aprender chino. – comento eufóricamente Silvana mientras volvía a llenar las copas de alcohol.

- No hace falta, se contrata un traductor y listo. – y volvieron al momento de festejo.

Samantha era una mujer muy astuta para los negocios, con tan solo 19 años, luego de hacerse de la herencia de su abuelo, había comprado un local en extremo abandono y lo había convertido en lo que hoy era. Amante de la cocina la motivo para abrir su primer restaurante que título " Sabores Primavera" en honor a su abuelo. Sabores porque decía que la única palabra que caracterizaba y representaba a la gastronomía era Sabores, en tanto Primavera por qué se trataba de la estación del año que amaba su abuelo y en la que decidió partir hacia el paraíso. Era algo así como un homenaje. Fue tal el éxito que obtuvo que en menos de un año ya tenía franquicias en varios puntos de la Argentina. Al cabo de dos años ya "Sabores Primavera" funcionaba en varios países. Se podría decir que tuvo suerte o bien que era su momento de brillar y lo hizo.

- Te felicito amor. – no faltó las felicitaciones de su prometido al llegar al local a buscarla.

- Gracias mi amor. – contesto con amor y se lanzó a sus brazos para besarse desaforadamente.

- Perdón, hay gente aquí junto. – dijo con carraspera al ver que la pareja amiga se estaban devorando a escasos centímetros de ella.

- Lo siento Silvina, cómo estás. – y le da un beso en la mejilla.

- Bien, por suerte bien. – y los tres se sentaron en una mesa a disfrutar de un buen vino y una rica cena.

- Y bien ¿Cuándo se casan? – ambos se miraron y con entusiasmo gritaron la fecha.

- ¡6 de Marzo! – por poco y no hacen que su amiga caiga al suelo del susto.

- ¡Ay no lo puedo creer! ¡Cuando me dijiste que era en un mes no te creí! – de sus poros brotaba felicidad.

- Lo sé, pero eso no es todo. – Sam y Bruno se miran para generar expectativa e intriga en su amiga y cuando voltean y depositan toda la atención en ella lo que dicen deja sin aliento a Silvana.

- Queremos que seas la madrina del casamiento. – dicen al unísono y pueden ver y sentir la emoción de la chica que se abanicaba el rostro para no llorar y arruinar su maquillaje.

- Ay, me voy a morir, me voy a morir. – si había algo que caracterizaba a Silvina era lo exagerada que podía ser y lo estaba siendo en el preciso momento.

Las risas invadieron el lugar y entre copa y copa se les pasó la hora, por lo que decidieron irse cada quien a su casa, dado que al otro día Sam iría hacerse la prueba del vestido y debía ir descansada.

Ni bien Bruno y ella cruzaron la puerta de su departamento, sus bocas se encontraron para dar rienda suelta al deseo. Él no esperaba el momento de hacerla su esposa, en tanto ella deseaba tanto convertirse en la Sra. De Navarro que no podía contener la emoción en el cuerpo.

Sus besos pasaban de ser rápido, torpes y fogosos a ser los más dulces y lentos que pueden existir. Cada aves que sus cuerpos se juntaban era como si tuvieran el universo en sus manos. Se amaban tanto el uno al otro que estaban seguros que no podía haber nada ni nadie que destruya un amor tan fuerte y sólido como el que construyeron a lo largo de los años.

Con cuidado la recostó sobre la cama pudiendo sentir en su piel el frío contacto de la seda. En ningún momento el dejó de besarla, amaba tanto saborear la miel de sus labios que sabía que podía vivir toda su vida haciéndolo. Sus cuerpo estaban como dios los trajo al mundo, sin nada que los oculte, porque tan bien se conocían el uno al otro que hasta sus imperfecciones los tenía fascinados. Sus manos se enredaron en el pelo de ella y con firmeza pero sin hacerle daño comenzó a jalar de el. Adoraba ver la expresión en su rostro cada vez que realizaba esa acción. Sus dientes mordían su labio inferior y como siempre podía saborear su sangre, algo que la enloquecía pro completo. El sentir como pasaba del amor a la rudeza a la hora de hacerle el amor la volvía loca, le hacía perder la razón.

- Te amo tanto, no sé que haría sin vos. –

Ella era incapaz de articular frase. Perdida en el placer es que se dejó llevar por el deseo de su prometido de hacerla suya una vez más. Él sabía que debían aprovechar al máximo esos momentos en los que podían dar rienda suelta a la pasión, a las ganas que lo consumían en vida, porque cuando vinieran los niños iría a ser difícil tener momentos de placer para compartir.

Él soñaba con una gran familia, con una esposa como ella rodeado de mucho hijos. Si mayor deseo era poder armar una familia numerosa y que todos se amén y respeten.

- Yo también te amo y siempre vamos a estar juntos. – realmente ella creía que irían a envejecer juntos, la realidad era que él destino ya le atendía preparado otra cosa.

Mientras tanto en otro parte de la ciudad Dante y su hermana acababan de terminar de escuchar la lectura del testamento y él no podía creer lo que su abuela le había hecho.

La difunta no podría muchos activos, más bien solo tenía un restaurante en Palermo, uno de los barrios más pudientes del conurbano bonaerense, un departamento en la costa Marplatense, otro en Barracas y una pequeña fortuna de tres millones de pesos.

La Nana había dividido sus activos de la siguiente manera. A Flavia, la hermana mayor le dejaba el inmueble de Barracas, en tanto a Dante la casa donde se crio con su abuela. Respecto al inmueble de la costa, el mismo se los dejó en partes iguales en tanto la plata lo mismo, la única diferencia era que Dante no podía hacerse del dinero sin antes cumplir una cláusula importante en la cual se incluía el restaurante. En cuanto a la hermana, ella podía disfrutar del millón y medio como mejor le pareciera.

- ¿Por qué tengo que hacerme cargo de ese inmundo restaurante si no sé nada respecto del funcionamiento. –

El inmueble gastronómico no estaba en funcionamiento y el deseo que manifestaba la abuela en su testamento tenía que ver con volver abrir sus puertas y hacerlo próspero como cuando sus abuelos se habían conocido. Por otra parte, entendía que Dante ya tenía edad para pensarse y armarse un futuro, de aprender a ser responsable y el sacrificio que es el poder ganarse el dinero. Por eso, había dejado como cláusula que si él en el lapso de un año era capaz de sacar adelante el restaurante podría disponer de la parte de su herencia. Pero no todo iba a ser tan fácil, de hecho el sería un empleado más allí, dado que su abogado sería el encargado, junto al contador de la familia, de realizar no solo los pagos a los empleados sino todo aquello que tenga que ver con el mantenimiento del lugar. Esto quería decir que no importaba que sea el nieto de la dueña, allí no habría status, todos eran iguales y como tan tendría su sueldo mensual.

- ¡No, me rehusó a trabajar como cualquier inmundo de clase baja! – a Flavia no le gustaba que menospreciar a las personas que no tenían el poder adquisitivo como ellos y siempre que se le iba la boca como ahora, bastaba un cachetazo para bajarlo a tierra.

- ¡Que sea la última vez que te referís a las personas de ese modo, pro qué si vamos al caso ellos se ganan la vida trabajando en cambio vos no t ella ganas, te cae dale cielo! Ahora vas a saber lo que es el sacrificio.-

Dante le tenía mucho respeto a su hermana y sabía que estaba en lo cierto, pero no era su culpa siempre fue criado así, todo lo que quería lo tenía, si su abuelo lo hizo así ¿Por qué cambiarlo ahora?

- Discúlpenme, pero necesito sus firmas y entregarles las llaves de los inmuebles.-

- ¿Cuánto va a ser mi sueldo? – lo único que le importaba a Dante era seguir manteniendo su nivel de vida

- Jornada laboral de 8 hs, su puesto de trabajo va a ser el de Mesero líder y se le pagará lo que estipulo por el ministerio de trabajo.. – solo escuchar e imaginar que sería un mesero le hizo sentir mucha rabia.

- Maldigo el momento en el que me arruinarte la existencia Nana. – grito mirando al cielo, rendido porque no le quedaba más que cumplir con la cláusula.- ¿Y dónde queda? –

- En Palermo. – encima debía levantarse temprano, cosa que a él no le agradaba ello.

A Dante no le gustaba para nada la idea de trabajar y menos por un sueldo mediocre, pero no le quedaba otra más que aceptarlo si quería quedarse con todo aquello que su abuela le había dado, porque lo que él no sabía era que si rechazaba el pedido, es decir, no cumplía con la cláusula no solo no se haría de su parte de la herencia sino que tampoco podría disponer de lo que su abuela le había dejado, incluyendo la casa y el auto que tanto amaba.

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