Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > Antes ignorada, ahora inolvidable
Antes ignorada, ahora inolvidable

Antes ignorada, ahora inolvidable

Autor: : Joy Ride
Género: Moderno
Un giro del destino unió a Allison con Derek en matrimonio: ella, una poderosa heredera con innumerables identidades ocultas; él, el hombre más admirado de la ciudad, que ahora yace en coma silencioso. Durante tres años, Allison utilizó sus incomparables habilidades médicas para curarle, mientras se enamoraba en silencio. Pero cuando el viejo amor de Derek regresó del extranjero, le entregó a Allison los papeles del divorcio sin pensárselo dos veces. Decidida a dejar de perseguir sombras, Allison firmó los papeles y dio la espalda al amor, alzándose a la fama como una fuerza deslumbrante en los negocios, la medicina y mucho más. Solo cuando se elevó por encima del mundo, Derek vio por fin su valía. Se arrodilló ante ella, con los ojos llenos de arrepentimiento. "¿Me aceptarás de nuevo?", preguntó.

Capítulo 1 Ya es hora de terminar con este matrimonio

La habitación estaba decorada modestamente, pero irradiaba riqueza. La atmósfera estaba cargada con los suaves gemidos de una mujer, mezclados con los profundos gruñidos de un hombre.

Allison Evans, tendida sobre la lujosa cama, se aferraba con los dedos a la suave seda de las sábanas, sincronizando sus movimientos con las cada vez más profundas embestidas del hombre.

Con una mano, él la sujetaba fuertemente de la cintura, mientras que con la otra inmovilizaba las de ella contra la cama, liberando el deseo acumulado tras un viaje de negocios que había durado un mes.

Allison se mordía los labios, pero ni así logró contener un grito ahogado que escapó de su garganta. Por su parte, él le dio una última y poderosa embestida, sacando la pasión que llevaba mucho tiempo acumulada.

Los dos se aferraron en el éxtasis postcoital. Se quedaron juntos mientras los resabios del placer los abandonaban lentamente.

"Derek, tu abuelo volvió a insinuar que es hora de que tengamos un bebé", murmuró ella en la oscuridad, con una voz suave y firme, impregnada de una intimidad persistente, mientras entrelazaba los dedos con los de su esposo.

En ese momento, podía sentir el cálido aliento del hombre contra su oído; de hecho, cada una de sus exhalaciones le causaba escalofríos.

"¿Un bebé?", repitió Derek Evans, con una sonrisa juguetona, mientras le acariciaba suavemente el cuello.

Allison no podía ver el rostro del otro, pero el hecho de que él no hubiera rechazado la idea de inmediato hizo que una frágil esperanza se instalara en su corazón. "Sí. Todavía soy joven, así que recuperarme en este momento del parto sería mucho más fácil para mí. Y tendría sentido que empezáramos a tener niños pronto, especialmente si decidimos que queremos más en el futuro".

Derek, que segundos antes le había estado acariciando el pelo, de repente bajó su mano hasta su rostro y le apretó con fuerza la barbilla, dejándole una marca roja sobre la piel.

"¿Entonces planeas atarme con un hijo? Qué patético".

Esas palabras, frías y cortantes, la golpearon. Sin detenerse, él se apartó bruscamente, dejándola sola y exhausta en la cama.

Allison sintió que el pánico la invadía al ver la reacción de su amado, así que se apresuró a desdecirse: "Fue una sugerencia de tu abuelo, no mía...".

El silencio se prolongó insoportablemente, antes de que Derek finalmente hablara de nuevo, en un tono bajo y cortante: "Ni se te ocurra aparecerte en la cena familiar mañana".

"¿Por qué no?", preguntó ella, visiblemente confundida, girándose para verlo. Se preguntó si él se había enojado tanto solo por la mención del bebé.

Mañana sería su tercer aniversario de bodas; toda la familia Evans se reuniría en la casa de su abuelo.

"Kaylyn ha regresado", respondió el joven.

En la densa oscuridad, solo el contorno de su rostro era tenuemente visible.

Tras decir eso, las luces del techo se encendieron, iluminándolo todo con su frío resplandor.

El primer instinto de Allison fue jalar las sábanas para cubrir su desnudez, mientras se le quedaba viendo, boquiabierta.

Derek no le dirigió ni una sola mirada. Salió de la cama, completamente desnudo, y se dirigió al baño. Segundos después, el constante sonido del agua fluyendo llenó la habitación.

Allison sintió un peso invisible instalándose en su pecho, seguido de un dolor tenso y ensordecedor. Se quedó inmóvil, aún aferrándose a la manta. En sus oídos resonaba el agua cayendo, mientras viejos recuerdos cruzaban por su mente.

Tres años antes, había sufrido una grave lesión. Glenn Evans, el abuelo de Derek, intervino y la salvó. Cuando finalmente se recuperó, el anciano solo le pidió una cosa: que se casara con su nieto, quien había caído en coma tras un devastador accidente automovilístico.

Agradecida por la bondad de Glenn y desesperada por mantener oculto su paradero, la joven aceptó sin protestar y firmó el contrato matrimonial que la uniría con Derek por tres años. Cuando el tiempo acordado terminara, ambos decidirían si permanecer juntos o separarse.

Desde entonces, ella asumió el papel de la esposa de Derek y lo cuidó con una dedicación inquebrantable. Fue gracias a eso que él finalmente abrió los ojos.

En algún momento, Allison se enamoró de su esposo.

Aunque llevaban tres años casados, el tiempo real que habían pasado juntos era aproximadamente de un año y medio. Y Derek nunca fingió: su corazón siempre le había pertenecido a su primer amor, Kaylyn Stevens.

Fue Glenn quien le contó a Allison que, en el momento en que su nieto cayó en coma, Kaylyn no perdió tiempo y se fue inmediatamente del país. Aunque aseguró que lo hacía para cumplir su sueño de convertirse en diseñadora de moda, la realidad era muy diferente: anduvo con uno y otro hombre, sin mirar atrás ni una sola vez.

Ahora, por algún cruel giro del destino, el final de su contrato matrimonial coincidía exactamente con el regreso de Kaylyn.

Tres años de cuidados, tiernas palabras al oído y pequeños gestos de devoción no podían compararse con el lugar que Kaylyn tenía en el corazón de Derek. De hecho, ninguna cantidad de amor podría ablandar ese corazón que ya tenía dueña.

El agua finalmente se detuvo, permitiendo que un silencio inquietante llenara el aire. Un momento después, la puerta del baño se abrió y Derek salió, con una toalla colgada descuidadamente alrededor de sus caderas.

Cada detalle de su cuerpo parecía esculpido con perfección: era delgado y poderoso, con músculos definidos, piernas largas. Allison había llegado a conocer ese físico de formas muy íntimas.

Él miró hacia la cama y frunció ligeramente el ceño al darse cuenta de que ella se había quedado allí, inmóvil.

Cruzó la habitación, abrió el clóset y sacó una impecable camisa blanca y un pantalón ajustado. Con movimientos lentos y precisos, dejó caer la toalla y se vistió; se abrochó cada botón con una facilidad practicada.

"Dile al abuelo que no te sientes bien y que no asistirás a la cena familiar", indicó Derek, con un tono distante.

A pesar de las perfectas líneas de su rostro y los ángulos afilados de su perfil, no había nada cálido en él. Parecía que cada una de las sílabas que pronunciaba atravesaban el aire, haciendo que la recámara estuviera más fría.

De repente se detuvo y, como si se hubiera acordado de algo, se inclinó para rebuscar en el bolsillo de su saco, que estaba sobre la silla. De allí sacó una pequeña caja de pastillas y la arrojó, sin ceremonia, sobre la cama.

"Asegúrate de tomar tus anticonceptivos".

Allison miró con pesadez la caja. Cuando finalmente habló, su voz sonó áspera y ronca. "Lo sé".

No importaba cuántas veces estuvieran juntos; Derek siempre se aseguraba de que su esposa se tomara las pastillas después, para no dejar ningún margen de error.

Glenn había estado insistiendo en que ella quedara embarazada no solo para unirla a Derek, sino también para mantenerla en la familia Evans.

Con la mayoría de las personas, el joven apenas disimulaba su falta de interés. Solo dos habían logrado romper ese muro: su abuelo y Kaylyn.

"Ya es hora de terminar con este matrimonio", declaró Derek, tras abotonarse por completo la camisa. Acto seguido, abrió bruscamente un cajón de la mesita de noche, sacó un documento y lo dejó caer sobre la cama, justo frente a su esposa. "Fírmalo. Después de eso, tú y yo habremos terminado".

En la parte superior de los papeles se leían las palabras: "Acuerdo de Divorcio". Estas se clavaron en el pecho de Allison como un hierro candente. Con una mano temblorosa, ella agarró el documento y le pareció que los bordes de las hojas le cortaban la piel, como si quisieran lastimarla.

Capítulo 2 Una amante

El momento de terminar con su matrimonio había llegado, pero Allison dudaba en aceptarlo.

Levantó la mirada para encontrarse con la de su esposo; sus ojos llorosos brillaban bajo la suave luz. Le temblaban los labios, pero se esforzó por controlarse, hasta que logró preguntar: "¿De verdad estás decidido a divorciarte de mí?".

"Nunca fuiste la mujer destinada a ser mi esposa. Sin embargo, si deseas permanecer cerca, no me opongo a tomarte como mi amante", respondió Derek, de pie junto a la cama, con el semblante inexpresivo y mirándola con fría indiferencia.

Una leve sonrisa apareció brevemente en el borde de sus labios, mientras que en sus ojos centelleó un toque de diversión distante. La conexión que tenían en el plano sexual era innegable. Y si ella aceptaba el acuerdo, estaba dispuesto a mantenerla cerca.

Esas palabras cayeron sobre Allison como un trueno, rompiendo las esperanzas que le quedaban.

La primera vez que tuvieron sexo fue prácticamente un accidente, una noche impulsada por el alcohol y la pasión descontrolada.

No obstante, al amanecer, cuando ambos recuperaron la claridad mental, él la miraba con tal intensidad que la hizo temer por su vida. Todavía recordaba el remordimiento y el dolor en los ojos enrojecidos de Derek; sabía que él veía esa noche como una traición a Kaylyn.

El joven solo había contenido su ira por respeto a Glenn. Pero desde entonces, siempre variaba la forma de tratar a Allison en la cama.

De hecho, nunca compartieron un hogar. Cuando Derek despertó del coma, empacó sus cosas y se fue sin mirar atrás, dejando a la mujer en la villa vacía, esperando por él como una sombra atrapada en un recuerdo.

Y cuando aparecía, nunca era para conversar o consolarla, sino para su propio beneficio.

¿En qué se diferenciaba eso de ser simplemente una amante?

Además, a los ojos de la familia Evans, Allison nunca había sido realmente la señora Evans. Glenn y su esposa eran los únicos que la habían tratado como si realmente importara.

Allison sintió que la furia, rápida y abrasadora, se encendía en su interior, ahogando el último vestigio de cordura que le quedaba.

"Con la cantidad de mujeres desesperadas por estar contigo, dudo que alguien como yo siquiera figure en la lista de espera", dijo, con una risa amarga.

Los ojos de Derek, que en ese momento estaban fijos en ella, se oscurecieron. Era innegablemente hermosa, especialmente con el contorno de sus ojos enrojecidos y su boca curvada en una sonrisa burlona y rota.

Él nunca negaría que Allison había sido una buena esposa. Aunque apenas la visitaba, cada vez que cruzaba esa puerta, ella lo recibía como si fuera el único hombre en el mundo. Lo hacía sentir como si fuera alguien especial, casi sagrado. Pronto, percibió que ese lugar era un refugio al que podía acudir cuando las cosas se pusieran pesadas.

Sin embargo, encontrar otra mujer no sería un desafío; Allison era reemplazable. Todavía tenía a Kaylyn y a muchas otras dispuestas a llenar el vacío.

"Si así es como lo quieres ver, no tengo problema", contestó Derek con indiferencia. "Revisa el acuerdo. Si te parece que todo está en orden, solo fírmalo".

Acto seguido, miró su reloj y se dio cuenta de que ya eran más de las nueve. Había llegado la hora de irse de la villa.

Allison sintió el dolor irradiando de su pecho mientras hojeaba temblorosamente los papeles con los términos de la separación. Conseguiría treinta millones, un carro, dos propiedades... La generosidad rayaba en lo extravagante.

La mirada de Derek se endureció con desprecio al ver la incredulidad dibujada en su rostro. A fin de cuentas, la codicia, por muy cuidadosamente oculta que estuviera, siempre salía a la superficie.

"Si no es suficiente, siéntete libre de decirlo", soltó con un desdén lánguido. "Quizás incluso añada algo más".

Después de todo, ella lo había cuidado con dedicación durante tres años, así que un pequeño gasto extra no significaba nada.

"Es suficiente", susurró Allison, en un tono apenas audible.

Luego agarró la pluma y pasó a la última página, en donde ya la esperaba la audaz firma de su esposo: cada trazo era afilado y decisivo. Ella añadió lentamente su nombre abajo del de su cónyuge.

Apenas dejó la pluma, una ola de debilidad la invadió. Cerró los ojos y una silente lágrima se deslizó por su rostro y cayó en la sábana. Con eso se finiquitaban tres años de esperanzas e ilusiones.

Derek vio caer esa solitaria lágrima y, por alguna razón desconocida, se enfureció.

Ahora que ella había firmado el acuerdo de divorcio, debería sentirse aliviado, pero en cambio, la inquietud lo desestabilizaba, lo que lo hizo fruncir el ceño con frustración.

"Nos vemos en el juzgado, a las nueve de la mañana".

Luego, sin esperar respuesta, agarró una copia del acuerdo de divorcio, se dio la vuelta y se marchó. Su figura al retirarse se veía distante y fría contra el marco de la puerta.

Un pesado e implacable silencio se instaló en la habitación. Allison abrazó sus rodillas contra su pecho mientras sollozaba. Cuando derramó su última lágrima, guardó los pedazos rotos de su amor por Derek y los encerró donde él nunca podría encontrarlos.

Tres largos años se habían escapado de sus manos. Sabía que no tenía sentido aferrarse al dolor por un hombre que nunca había sido realmente suyo.

A las ocho cincuenta de la mañana siguiente, el auto de Derek se estacionó en la acera frente al juzgado.

Él estaba sentado en el asiento trasero del lujoso Lincoln negro, revisando correos electrónicos en su laptop, con la cabeza inclinada. Mantenía una expresión estoica, aunque había una frialdad inmóvil que se asentaba en sus rasgos, lo que le daba un aire que casi lo hacía parecer intocable.

Rylan Holt, su asistente, estaba en el asiento del copiloto. Con el corazón latiéndole con inquietud, miró a su jefe por el espejo retrovisor.

La llamada de Derek lo había despertado esa mañana y, al escuchar su solicitud, casi se le había caído su celular del susto.

¡¿Un divorcio?! ¡¿Derek y Allison se separarían hoy?!

Había trabajado junto al hombre desde que Derek tenía doce años y se había mantenido leal a través de cada tormenta. Había estado allí cuando el joven cayó en coma, y vio cómo Glenn le arreglaba un matrimonio.

Rylan había pensado que Derek nunca despertaría y sintió pena por la chica. Sin embargo, para su sorpresa, su jefe despertó y su matrimonio había durado sin problemas todos esos años, hasta ahora.

La cuestión era que Glenn había elegido a Allison personalmente para Derek. ¿Qué haría el anciano cuando se enterara del divorcio?

"¿Qué hora es?", preguntó Derek, con voz firme y fría, sacando a su asistente de sus pensamientos.

"Ocho cincuenta y cinco, señor", respondió el otro, tras revisar su celular. "Hemos estado esperando unos veinte minutos".

Un silencio espeso y sofocante volvió a instalarse en el interior del vehículo, roto únicamente por el leve sonido de sus respiraciones.

"Señor, ¿su abuelo lo sabe?", soltó Rylan con cautela, incapaz de contenerse más.

Derek bajó la mirada a sus manos. Él entendía mejor que nadie el profundo afecto que Glenn tenía por Allison. De hecho, era consciente de que, si su abuelo se enteraba, se desataría una tormenta. Por eso, había decidido proceder con el divorcio sin decirle nada.

El significado detrás del silencio de Derek se hizo evidente de inmediato, y Rylan sintió cómo la tensión dentro del auto se apretaba a su alrededor como un nudo corredizo.

Cuando Derek tomaba una decisión, nada ni nadie podía detenerlo, exceptuando una orden directa de su abuelo.

Capítulo 3 Es hora de empezar a preparar el funeral

Rylan, mirando inquietamente por la ventana, comenzó a buscar a alguien por la acera, hasta que finalmente sus ojos se posaron en una figura familiar. "Señor Evans, su esposa está aquí", informó.

Al escuchar eso, Derek levantó la cabeza. A través del cristal polarizado, vio a Allison descender con gracia de un taxi.

Iba con un llamativo vestido rojo que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, y que terminaba atrevidamente justo encima de las rodillas. Además, la parte posterior estaba recogida en delicados pliegues con forma de rosas, y se movía y ondeaba con cada paso que ella daba. La cintura esbelta y la cascada de cabello oscuro y largo que caía por su espalda le daban a la joven un aire de encanto natural, convirtiendo la calle en su propia pasarela.

"Parece que acaba de salir de un sueño", soltó el asombrado Rylan, incapaz de contenerse.

Derek clavó su dura mirada en él, advirtiéndole que se callara y lo pensara muy bien antes de volver a posar su mirada en Allison.

'¿A quién planea encantar apenas se separe de mí?', se preguntó, pero antes de que pudiera pensar en eso, su celular vibró en el asiento, sacándolo de sus pensamientos.

Derek contestó con un movimiento rápido y, tras escuchar unas pocas y cortantes palabras del otro lado, su rostro se endureció. Una tormenta de emociones se desataba en su mirada.

"Vamos a casa de mis abuelos", indicó.

"¿Y la señora Evans?", inquirió Rylan, con los ojos abiertos de par en par.

"Ella también debería venir".

Allison ya se había percatado del Lincoln estacionado a un lado de la banqueta, pero no veía movimiento en él. ¿Acaso Derek esperaba que ella lo invitara a salir?

Se acercó al auto y estaba a punto de golpear la ventanilla cuando la puerta trasera se abrió de golpe y, al momento siguiente, un brazo fuerte la jaló al interior.

Acto seguido, el auto arrancó, con el motor rugiendo con fuerza.

La rápida aceleración empujó a la chica hacia delante, lo que hizo que perdiera el equilibrio y cayera en el regazo del hombre. Su mano tocó algo firme que se movió bajo su tacto, dejándola momentáneamente desconcertada.

En el acto, ella se sonrojó y se apartó con brusquedad, lo que ocasionó que se golpeara la cabeza contra el techo del carro. Hizo una mueca y se sobó el área afectada, mientras su habitual porte elegante se desmoronaba.

"Creí que estábamos aquí para concretar nuestro divorcio", dijo Allison, con la voz tensa por la incomodidad. "¿A dónde me llevas?".

Rylan se animó, creyendo que su jefe había dudado en el último momento sobre su separación. Siempre había creído que Derek había desarrollado sentimientos por su esposa después de todos los años que pasaron juntos.

Sin embargo, el otro parecía imperturbable por el incidente anterior. Con una expresión sombría, respondió: "Lo sabrás cuando lleguemos".

Después, metió la mano en su chaqueta, sacó un caramelo de menta, lo desenvolvió lentamente y se lo metió a la boca, presionándolo contra su paladar, en un intento por calmar su inquietud.

Allison, al darse cuenta de que no obtendría más respuestas, se quedó callada, bajó la cabeza y comenzó a escribir en su celular.

Viajaron por más de una hora hasta que finalmente llegaron a su destino: la finca de la familia Evans. Esta se extendía por hectáreas, fusionando arquitectura tradicional con un diseño paisajístico elegante que incluía puentes, arroyos, glorietas y caminos intrincados.

Justo después de enviar un mensaje, Allison levantó la vista y quedó impactada por el paisaje familiar que se desplegaba ante ella.

"¿Por qué me traes aquí?", preguntó.

Ese día era su tercer aniversario de bodas y los Evans tenían la costumbre de reunirse para cenar, con la intención de celebrar la ocasión. A pesar de eso, la noche anterior, Derek le había ordenado tajantemente que no asistiera. Y como estaban a punto de concretar su divorcio, la desconcertaba el hecho de que él la hubiera llevado ahí.

Al llegar a una villa junto al lago, Derek salió del Lincoln de inmediato, agarró firmemente a Allison de la muñeca y pasaron al lado del preocupado mayordomo, pues su destino era la planta alta.

Jadeando por aire, el mayordomo los siguió, mientras les explicaba apresuradamente: "Señor Evans, su abuela no había despertado en toda la mañana, y justo al hacerlo, de repente colapsó. Desde entonces, entró en coma. Por suerte, su abuelo la encontró a tiempo. El doctor Jackson está atendiéndola ahora mismo".

Con la voz quebrada por la preocupación, continuó: "Esta es la segunda vez que colapsa de esta manera, sangrando por la boca y la nariz. Según el doctor Jackson, sus órganos están fallando. La situación es muy preocupante...".

La mayoría de la familia Evans estaba en el segundo piso, apostada afuera de la recámara.

Glenn y su esposa, Jane Evans, tenían tres hijos. El primogénito, Eric Evans, estaba profundamente involucrado en sus deberes militares y rara vez salía de su base.

Michael Evans, el padre de Derek y el hijo de en medio, había gestionado previamente las responsabilidades principales del Grupo Evans, pero ahora disfrutaba de su jubilación.

El menor, Roger Evans, era alcalde de Oregend, y estaba ausente debido a compromisos laborales.

"Hay quienes no muestran compasión. Valoran el dinero más que a la familia y no aparecen ni siquiera en momentos de vida o muerte", bufó Pamela Evans, la madrastra de Derek, apenas lo vio. Luego, al ver a Allison junto a su hijastro, chasqueó la lengua con desaprobación y añadió: "Vaya, miren nada más quién está aquí. Todavía no se han divorciado y ya actúa como una extraña".

Pamela estaba ataviada con un vestido de seda, y cruzaba los brazos desafiantemente. Aunque su maquillaje era impecable, no ocultaba el desdén en su rostro.

"Derek, tu abuela siempre te ha tenido un cariño especial. Si hubieras llegado un poco más tarde, te habrías perdido la oportunidad de despedirte de ella. Dime algo, ¿para qué sirve todo ese imperio que estás construyendo? Quizás sea hora de soltar un poco esa carga", suspiró Michael, volteando a ver a su hijo.

El recién llegado, cansando de las frecuentes disputas, se acercó a su abuelo y le preguntó: "¿Cómo está ella?".

Glenn, con los rasgos marcados por el cansancio y el cabello y la barba de un blanco más pronunciado por el dolor, parecía encogerse frente a la puerta cerrada de la recámara; además, le temblaban ligeramente las manos.

"El doctor Jackson no es optimista", empezó el anciano, antes de agarrar a su nieto por la muñeca, con una fuerza que desmentía su frágil apariencia. Luego, luchando por hablar, articuló: "Derek, estamos perdiendo a Jane".

Su firme agarre le transmitió al joven la gravedad de la situación. Derek endureció su expresión y dijo con voz áspera: "No. La abuela es una guerrera. No se rendirá fácilmente".

Allison saludó a las personas reunidas cerca de la puerta antes de colocarse justo detrás de Derek. Se quedó allí, con las manos fuertemente entrelazadas, mirando con preocupación la puerta de la habitación. Jane, al igual que Glenn, siempre le había mostrado una calidez sincera.

Y sabía que la situación debía ser grave, pues Derek solo la involucraba en asuntos familiares en situaciones extremas, e incluso la había llevado a pesar de que estaban a punto de divorciarse.

Poco después, la puerta se abrió lentamente y el doctor, Simon Jackson, salió e informó: "La situación fue crítica. Intentamos hacer todo lo posible por ella, pero... Lo siento. Es hora de empezar a preparar el funeral".

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022