Los humanos viven sus días pacíficamente, sin conocer todo a su alrededor. Son seres insignificantes; la realidad es que los hemos gobernado por siglos sin ellos saberlo. Nosotros, los licántropos, tenemos el mundo a nuestros pies.
Soy Alfa Kogan. Mi lobo se llama Rax; él no suele hablar, pero cuando toma el control es mejor que no estés cerca, pues no le importa nada ni nadie. Solo nos inclinamos ante nuestros padres. Estoy orgulloso de pertenecer a la manada más fuerte de todas: "Real Blood". Somos grandes, con una fuerza y destreza superior a las otras manadas. Ni siquiera piensan en estar en conflicto con nosotros, porque no quedará nada de ellos.
Soy el mayor de 6 hermanos. No es normal que una pareja de licántropos haya concebido tantos hijos. Mi padre le rogó a nuestra Diosa tener una gran descendencia. Él era el último Alfa de nuestra manada y no permitiría que nuestra sangre se perdiera. A cada uno de nosotros nos entrenó y preparó para ser los mejores Alfas. Nos otorgó una parte de su extenso territorio con más de 800 mil lobos a nuestro cargo y, a donde vayamos, nos tratan con respeto.
Me gusta pensar que los otros Alfas nos temen, ya que soy superior e intocable, y me siento orgulloso de ello. Mi madre me dijo que soy especial: nací una noche de eclipse lunar y, justamente cuando los bordes de la luna se tornan dorados, llegué a este mundo. Ella nos inculcó que todos los lobos de la manada son fundamentales, sean betas, deltas, centinelas, gammas u omegas; todos son importantes y a todos los protejo.
Adoramos a la Diosa Lunar. Sé que tenemos un Dios Lunar, me lo relató mi madre de cachorro. Se dice que él era un licántropo sin control, no tenía piedad de nadie y, cuando encontró a su pareja, dejó de ser temido y pasó a ser respetado, ya que ella apaciguaba al lobo terrible que tenemos dentro. Su compañera se llamaba Luna y, desde entonces, nos dirigimos a nuestras parejas como "Lunas" por respeto a nuestra Diosa.
Tengo 950 años. Agradezco que mi compañero nunca haya aparecido y realmente ¡no lo necesito!
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Miles de kilómetros de distancia, una hermosa mujer de largo cabello castaño oscuro, piel bronceada y ojos color chocolate se prepara para iniciar su jornada de trabajo. Ese día tenía que supervisar diferentes proyectos, revisar algunos planos y diseñar otros. Le había costado mucho esfuerzo y sacrificio ser arquitecta, y desempeñaba su trabajo de la mejor manera posible. Esperando a un cliente, se dispuso a verificar que todas sus exigencias estuvieran corregidas y escuchó abrirse la puerta.
- ¿Cómo has estado? - Ella automáticamente alzó su mirada.
- Hiro, es un gusto volver a verle - dijo con cortesía e inclinándose, mostrando respeto a su cliente.
- ¿Estás ocupada? - preguntó él al verla mirando las grandes hojas de papel en su escritorio.
- Solo reviso los cambios que solicitó - él asintió a su respuesta y tomó asiento enfrente de ella.
Cristal le mostraba las correcciones que Hiro le había solicitado. Era normal que se hicieran arreglos; a pesar de esto, él siempre demostraba gran satisfacción por su trabajo.
- ¿Desea algún cambio adicional? - le preguntó Cristal y él negó con la cabeza.
La arquitecta preparó los planos para entregar con sus respectivas firmas. Pensaba en las exigencias tan extrañas de este cliente; parecía que estuviera realizando una especie de fortaleza, como si estuvieran preparándose para una emboscada, guerra o algo parecido. Se los entregó y él se dispuso a retirarse.
- Elena te envía saludos - mencionó Hiro antes de salir de la oficina.
- Dile que venga a visitarme pronto - ella sonrió.
Él solo la miró y se retiró sin responder. La mujer dejó de contener la respiración; la presencia de este hombre en muchas ocasiones era intimidante.
Comencé a diseñarle a Hiro hace dos años. Conocí a su esposa, Elena, en la universidad y siempre demostró un gran interés en mi forma de diseñar. Estoy muy agradecida porque ellos me habían recomendado y habíamos tenido muchos nuevos clientes en la empresa donde trabajo. Me llamo Cristal Rain, tengo 32 años y soy arquitecta. A pesar de mi edad, tengo una hermosa figura y me ejercito a diario. Tengo el cabello castaño claro y mis ojos son chocolate claros.
Tengo 3 hermanos mayores. Ellos me enseñaron artes marciales, boxeo, a conducir autos y motos, y me hicieron amante de los videojuegos. En fin, no soy la típica mujer obsesionada con el maquillaje, y hasta sé cómo hackear el sistema de seguridad de una vivienda. Como les mencioné, no soy amante de los zapatos altos ni de las carteras; mi estilo es más deportivo. Me gusta andar en jeans, zapatillas y suéter, pero claro, cuando debo arreglarme simplemente acaparó la atención de todos.
Como arquitecta, debo revisar mis proyectos que están en construcción. Tengo muchas responsabilidades a mi cargo, como verificar el control de calidad, los costos de los materiales y otras obligaciones.
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Unas horas después, Hiro se encontraba en el aeropuerto. Se ubicó en una de las rampas privadas esperando a cierto lobo.
- Al fin llegó ese idiota - balbuceó viendo aterrizar su jet privado.
De lejos, Kogan miró a su segundo hermano esperándolo con impaciencia.
- Nunca pensé que vendrías a buscarme, ¡cariño! - le dijo con su tono de voz grueso al estar en frente de su hermanito.
- ¡Te arrancaré la lengua si vuelves a llamarme "cariño"! - gruñó el lobo de Hiro.
- Vamos, Zerox, ¿no puedo molestar a mi hermano o es que estar cerca de los humanos te ha vuelto estúpido? -.
- Los respeto. Hay humanos que merecen ser reconocidos - habló Hiro obteniendo el control.
- ¿Así cómo quién? - le habló Kogan en forma de burla.
- Tengo muchos humanos que trabajan para mí de manera impecable. No todos son iguales - los defendió.
- ¡No son leales! Los detesto - argumentó. - ¡Quiero arrancarles la cabeza! Son débiles, solo sirven para ser carnada -.
Hiro no respondió. No iba a perder el tiempo con su estúpido hermano mayor; sabía el odio que tenía hacia los humanos.
Hace unos siglos, Kogan confió en unos que no tardaron en traicionarlo. Lograron matar a un grupo de humanos que habían hecho un pacto con él. Estos hombres sabían de la existencia de los licántropos y deseaban erradicarlos. Subiendo a su vehículo, Hiro indicó a sus lobos que los llevaran al hotel.
- Ya tengo los planos que solicitaste. Los revisaremos en la suite - le informó a su hermano. Kogan solo asintió. - Mi paciencia se está acabando con el Alfa Zolger -.
- Hermano, si tienes problemas con el bastardo de Zolger, no dudes en llamarme. Tengo siglos con ganas de arrancarle cada pata de su cuerpo - confesó.
- Si continúa permitiendo que los pícaros o lobos solitarios entren a mi territorio, no me quedaré de brazos cruzados -.
- Si yo estuviera tu territorio, los hubiera despedazado hace tiempo - dijo Kogan con duda - ¿Qué te detiene de actuar? -.
- Elena no quiere que haya una guerra y no desea que un lobo de la manada salga lastimado o muerto - le aclaró.
- ¡Por eso doy gracias de no tener a mi pareja! Me volvería estúpido como tú - mencionó Kogan, y su lobo Rax se movió incómodo ante su comentario.
- No lo comprendes. Ellas controlan nuestra ira y nuestros salvajes impulsos de atacar - mencionó Hiro. - Lo mejor es no actuar por ahora. Pienso que Zolger quiere que ataquemos para tener una excusa y así formar una alianza con otras manadas - le respondió con prudencia su segundo hermano.
Kogan meditó sus palabras. En una parte, podría ser cierto. Los pícaros eran un problema en todos los territorios, pero los lobos de la manada Real Blood son fuertes. Para poder derrotarlos, Zolger necesitaría algunas decenas de otras alianzas para darles batalla, y había muchas esperando cualquier desliz para atacarlos.
- Estoy seguro de que esa sabiduría no vino de ti, sino de Elena. Hace siglos hubieras atacado sin problemas -.
- No lo negaré, desde que la encontré, todo es diferente. Lo comprenderás cuando encuentres a la tuya - le explicó.
- ¡Ella está muerta! - enfatizó Kogan con enojo por su comentario, y nuevamente Rax se impacienta, arañando su interior.
- ¡Tu pareja no está muerta! - exclamó Hiro con su tono de Alfa. - Tu lobo no ha aullado de dolor. Simplemente, no la has encontrado y ya no has seguido buscando -.
- Ya pasé los 700 años. ¡Está muerta! Y es mejor así. No necesito una compañera porque no quiero ser idiota como tú -.
- Hermano, hay una reducida posibilidad de que tu pareja no esté muerta. ¡La encontrarás! Cuando eso ocurra, no querrás tenerla alejada y, después, tú dejarás de ser el Alfa. Ellas dan todas las órdenes - bromeó Hiro.
Kogan guardó silencio, no por lo que su hermano había mencionado, sino porque Rax estaba a punto de tomar el control de su cuerpo. Había algo que lo inquietaba.
- ¿Desde cuándo no hablas con nuestra madre? - le preguntó Hiro, notando que Kogan no había respondido y sabía que tenía una pelea interna con su lobo.
- 180 lunas (15 años) - mencionó sin expresión.
Después de cumplir los 700 años, Kogan vivió su vida como esos licántropos que optan por no esperar a su compañero predestinado. Su madre estaba molesta por llevar una vida desordenada y llena de aventuras pasajeras; ella le había inculcado que debía mantenerse puro hasta encontrar a su luna. Sin embargo, su pareja nunca apareció.
- Deberías ir a visitarla - le aconsejó Hiro.
- ¡Sabes que no me aceptará! - declaró tajantemente Kogan. - No hasta que lleve a mi compañera y eso nunca ocurrirá -.
Él recordó el día en que discutió con su madre. Ella era importante para él, nunca imaginó que la estaría decepcionando, pero sus palabras tienen poder:
"Si no respetas a tu compañera, tampoco me respetas a mí".
Esa frase se enterró profundamente en su ser. Kogan no negaba el hecho de que hubo un tiempo en que buscaba a su compañera. Recorrió todo el territorio, visitó varias manadas sin encontrarla. Después, se volvió mujeriego; luego tuvo esa discusión con su madre y desde entonces se concentró en su manada.
Llegando al hotel, ambos se dirigieron a la suite. Hiro llamó a uno de sus deltas para que trajera los planos e, inmediatamente, el lobo de Kogan dio un salto olfateando algo inusual.
"¿Qué te ocurre?".
Le preguntó mentalmente Kogan. Ese día su lobo había estado inquieto.
"Hay un aroma que me atrae", respondió Rax sumiso.
Él no suele hablar; siempre que algo no le gusta, rasguña, golpea, gruñe o muerde. Kogan no le dio importancia en ese momento; deseaba revisar los cambios que había solicitado.
- Espero que cumplan mis expectativas, o voy a exigir mi dinero de vuelta -.
No terminó de hablar. Él y su lobo se estremecieron.
Kogan
Había un olor embriagador, una mezcla de rosas y un fino chocolate amargo.
"Mi favorito", pensé al sentir que ese exquisito olor a rosas me apaciguaba y el olor a chocolate me excitaba.
Controlaba mi inquietud, buscando la fuente del aroma que apenas se sentía en el ambiente, y después de unos minutos ¡Lo encontré!
- ¿Cumplió con tus expectativas? -.
Me preguntó Hiro, sacándome de mis pensamientos.
- No tengo quejas - respondí, sin ver el diseño, al percatarme de que las grandes hojas del plano sobre la mesa tenían la exquisita esencia de mi pareja.
- Fue hecho por uno de los arquitectos de la empresa MACRO -.
- ¿Cuándo fuiste por ellos? - pregunté inmediatamente.
- Esta mañana, lo retiré con sus firmas antes de ir por ti - me informó. - Me indicaste hace unos meses que les asignará este trabajo -.
- Lo... recuerdo - dije pausadamente, recordando vagamente esa solicitud.
"¿Por qué no había sentido este olor antes?".
Mi mente se llenó de dudas. No era la primera vez que tenía frente a mí trabajos realizados por esa empresa humana.
"¡Vamos!", me gritó Rax, golpeando con fuerza en mi cabeza.
"¡No!", le respondí con fuerza, pero esa maldita palabra era mentira.
Tenía la sospecha de que este aroma tan exquisito era causado por mi pareja.
- ¿Te pasa algo? - me preguntó Hiro al verme liberar mis garras, intentando controlar mis deseos de ir por ella.
- Quiero hacer una corrección - dije y señalé cualquier ubicación en el diseño. Mi lobo se calmó al haber cedido a su petición.
- ¿Por qué? ¡Me indicaste los arreglos hace semanas! - sentenció molesto Hiro. - ¡Cerré el trato esta mañana! Eso será un costo adicional -.
- Yo estoy pagando por este servicio, tú solo eres mi intermediario - le respondí.
No le iba a decir a mi hermano de mis sospechas hasta comprobar que realmente esta exquisita esencia era de mi pareja.
- ¡Vamos! - enrollé las grandes hojas y nos marchamos.
En el vehículo mantenía el papel cerca de mí para tranquilizarnos. Ya en la empresa MACRO, su olor se sentía por todo el lugar.
"¡Mi pareja está cerca!", confirmó Rax, y en ese momento comencé a sudar y a alterarme.
¡Deseábamos verla! Mi compañera no estaba muerta. En ese momento recordé las palabras de mi hermano:
"Cuando la encuentres no querrás alejarte de ella".
- ¡Kogan! - me llamó Hiro, indicándome con su mano que lo siguiera, al verme quedado parado como una estúpida estatua en medio de la entrada del edificio.
- ¿Qué te ocurre? -.
- Hay muchos humanos - le mentí, estando a su lado.
Caminamos por un largo pasillo hasta llegar a una pequeña oficina.
- Te pido que no seas grosero con la encargada, es amiga de Elena -.
"No quiero ver a esa humana, quiero ver a mi compañera", pensé, buscando para sentir la presencia de mi pareja e ir por ella.
"¡Viene a nosotros!", gritó Rax al sentir su presencia aproximándose.
Él se movió salvajemente para tomar control de mi cuerpo y, en ese momento, escuchamos abrirse la puerta.
- ¡Buenas tardes! -.
La hermosa melodía de la voz de mi pareja invadió mis oídos. De inmediato supimos que es humana, pero esta delicada mujer estaba muy proporcionada. Tenía unas hermosas curvas, un trasero delicioso y grandes pechos. Vestía ropa de trabajo que estaba sucia, pero eso no interfiere en su belleza.
"¡Es mi pareja!", reafirmó Rax con mucho ánimo.
- Hiro, ¿hubo algún error en las firmas? - preguntó ella con preocupación.
- No - le respondió y me señaló. - Te presento a mi hermano Kogan Real. Has realizado varios trabajos para él. Fue quien solicitó tus servicios y desea hacer un cambio que ¡No informó! - sentenció con voz de fastidio.
- Es un placer conocerlo, señor Real. Soy la arquitecta Cristal Rain -.
Ella extendió su mano para presentarse correctamente y me regaló una hermosa sonrisa.
"No te atrevas a rechazar a mi luna", me amenazó Rax.
"No pienso hacerlo, ¡Estúpido animal!", le respondí y rápidamente me acerqué.
- Es un placer conocerla - tomé su mano y la besé.
Al tocar la piel de mi compañera, sentí todo mi cuerpo estremecer y el vínculo queriendo formarse.
"¡Mío!", Rax gritó, confirmando nuevamente que ella es nuestra luna.
Hiro estaba con la boca abierta por mi comportamiento. Cada vez que estoy cerca de los humanos, siempre expreso mi rechazo hacia ellos, demostrando mi superioridad, y en este caso no lo fue. No me importaba si mi pareja es una humana. Es mi luna y debía tratarla con respeto.
- Señor Real, usted es todo un caballero - me dijo, y sonreí ligeramente.
- ¡Es un idiota! - escupió Hiro, y lo fulminé con la mirada.
Mi pareja comenzó a reír y quedé hipnotizado con su hermosa risa. Todo de ella es ¡Perfecto!
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Cristal
Estando en mi hogar, comencé a preparar los alimentos. Había sido un día agotador. Tuve que revisar los proyectos bajo mi cargo y, antes de irme, tuve que atender nuevamente a Hiro y su hermano.
Los nervios me invadieron y la piel de mi cuerpo se erizó al recordar aquel momento cuando ese hombre besó mi mano. Una descarga eléctrica había recorrido todo mi cuerpo.
"Él te pertenece".
Detuve mis labores al escuchar nuevamente esa extraña voz en mi cabeza, indicándome que ese hombre de cabello negro, piel blanca y ojos negros que había conocido hoy era mío.
Golpeé mis mejillas con las palmas de mis manos, tratando de quitarme esa extraña sensación que todavía tenía latente en mi piel y contener ese fuerte impulso que me hacía querer estar a su lado.
El sonido de la puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos, y conociendo quiénes eran, sonreí de felicidad.
- ¡Madre! -.
La voz de mis hijos resonó por toda la casa y, al identificar que me encontraba en la cocina, corrieron a abrazarme.
Ese hermoso momento de felicidad duró muy poco al ver al padre de mis hijos en el umbral de la puerta. Él estaba vestido de manera elegante, con un gran ramo de flores junto con una caja de chocolates.
Suspiré, estaba cansada y harta de sus intentos para que lo perdonara.
- ¿Podemos hablar? - lo escuché decirme.
- Si es sobre los gastos médicos, de estudio, alimentación, recreación y ropa de mis hijos, ¡Sí podemos hablar! - sentencié con una hermosa sonrisa y dije con voz autoritaria. - Si se trata de algo más, no tengo tiempo, ¡soy una mujer ocupada! -.
- ¡Perdóname, por favor! Deseo que seamos una familia -.
Stuart se arrodilló y sacó de su bolsillo un anillo.
Suspiré nuevamente, pensando que este hombre es un idiota. Giré mi rostro hacia la cocina, donde se encontraban mis hijos, y estos movían sus cabezas en señal de rechazo ante otra propuesta de matrimonio de su padre. Les sonreí a su pedido y, sin pensarlo dos veces, cerré la puerta de un portazo.
- ¡Te amo, Cristal! - lo escuchamos gritar. - ¡Por el bien de nuestros hijos, cásate conmigo! -.
- ¡Cásate con Amelia! - le respondí, mencionando el nombre de su pareja o expareja, y apagué todas las luces para que se marchara.
Olvidando ese pequeño e incómodo momento, volví mi atención a mis hijos. Serví sus alimentos, charlamos sobre algunos acontecimientos del día y después nos dispusimos a descansar.
Me recosté en mi cama pensando en todo el trabajo que debía continuar para el día de mañana. Como había sido un día muy agotador, me costaba mantenerme despierta.
Al ir cerrando mis ojos, recordé nuevamente esa sensación extraña cuando el hermano de Hiro besó mi mano.
"Él te pertenece".
Ahí estaba esa voz nuevamente, indicando que ese hombre es mío.
- ¡El cansancio me va a volver loca! -.
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Kogan
No dejaba de pensar en ella. Apenas salimos de la empresa MACRO, tomé el control del vehículo y manejé a toda velocidad en dirección a donde se encontraba el alfa de estas tierras.
"¡Quiero a mi pareja!", me exigía Rax.
- ¿Qué hacemos aquí? - preguntó Hiro. - ¿Piensas quedarte con estas tierras? - mencionó desconociendo el motivo que me había impulsado a ir hasta donde el alfa.
No le respondí, pero Hiro tiene 900 años a mi lado, él había notado mi extraño comportamiento ese día y me miraba manejar a gran velocidad.
- Alfas, décadas sin vernos - nos habló el alfa Logan, el líder de estas tierras.
Él se encontraba en la entrada de su guarida, esperando nuestra llegada. Al vernos acercarnos, se inclinó en señal de respeto.
- ¡No tengo tiempo para tus estúpidos saludos y aburridas conversaciones, Logan! - solté tajantemente, apenas estuve frente a él. - No es mi costumbre hacer esto. Solo tomo lo que me pertenece y ¡Me lo llevo! - sentencie sin quitar mis enojos de los suyos.
- ¡Compórtate! Estamos en su territorio - habló Hiro al verme molesto.
Tomó una postura de ataque, lo que podría haber desencadenado una gran masacre en ese momento.
- ¿Qué... quieres? - me preguntó el alfa Logan, mirando a sus lobos listos para atacarnos. Podía notar el sudor correr por su frente.
Eso hacía crecer más mi ego: un alfa temiendo a otro. Podrían ser 50 lobos contra mí e Hiro, y los destruiremos en cuestión de segundos.
- ¡Mi luna está en tus tierras! - le declaré.
Hiro, al escuchar mi confesión, volvió a su postura normal, él junto a Logan me miró con asombro.
- No tengo que pedir permiso para ¡Llevármela! -.
Era costumbre y respeto solicitar llevarse a su pareja a los alfas si eran de otras manadas.
Eso me enojaba. Era parte de nuestras leyes hacer todo esto. No soy un licántropo cualquiera, y pedir consentimiento para llevarme a mi pareja me molestaba. Cristal es mía, ¿Por qué debía solicitar llevármela cuando ella me pertenece?
- No debes solicitarme permiso, tenemos una alianza - indicó el alfa Logan con más tranquilidad y nos recordó. - Hace siglos, tu padre vino en mi ayuda sin que yo se lo solicitara. Salvó a muchos de los míos, incluyendo a mi luna. Por eso ustedes entran y salen de mi territorio a su ¡Antojo! -.
Él me miró sorprendido al ver mi comportamiento. Muchos me conocían como el licántropo que agradeció a la Diosa Luna por no conocer a su pareja.
- Si es tu compañera, solo ¡Llévatela! - sentenció.
Sonreí ligeramente ante sus palabras, di media vuelta y empezamos el recorrido de regreso.
- ¿Cuándo planeabas decirme que encontraste a tu luna? - preguntó Hiro.
- Nunca. ¿Por qué debería decirte? - le respondí.
- ¿Por eso has actuado tan extraño hoy? Pensaba que ibas a retarlo para quedarte con su territorio. Estaba por atacarlos sin motivo. ¡Debiste decirme! - dijo Hiro, golpeando la puerta del vehículo.
- ¡Lo sabía! Te dije que tu pareja no estaba muerta. ¿Quién es? Dime, ¿Quién es? - volvió a preguntar y no respondí. - ¡Dime quién es o te saco de mi maldito auto! -.
- ¡Es la arquitecta! - exclamé.
El cambio de color de mis globos oculares indicaba que mi lobo había tomado el control.
- ¡Necesito saber dónde vive! - exigió Rax.
- ¿Qué...? ¿Cristal? Pero... ella... ¡Es una humana! - gruñó Rax al escuchar salir de la boca de mi hermano el nombre de nuestra pareja.
- ¿Estás seguro? ¿Por eso besaste su mano? - mencionó asombrado.
- Haz algo útil y ¡Averigua dónde vive! - le ordenó Rax nuevamente con su aura de alfa.
Hiro tomó su teléfono antes de que Rax le diera la golpiza del siglo. Hizo algunas llamadas y, en un par de minutos, le enviaron la información que necesitábamos. Nos dirigimos al lugar.
Al llegar, me fue fácil descubrir cuál era el hogar de mi pareja al sentir su exquisito olor a rosas y chocolate.
- ¿Quién es ese humano? - gritamos al ver a un hombre llegar con unos niños.
- Ella tiene 2 hijos - me indicó Hiro seriamente. - ¿Estás seguro de que es tu compañera? ¿No será que la quieres para pasar el rato? -.
- Lo mataré si él entra a la casa - hervía de enojo al pensar que mi compañera estaba emparejada con otro.
Hace unas horas, no habíamos sentido otro olor en su cuerpo. Sujetaba el timón con fuerza hasta oír.
- Si la Diosa te otorgó esta sucia humana como tu compañera, ¡Debes rechazarla! -.
Las palabras de mi hermano me hicieron enojar enormemente. Rápidamente, lo sujetamos por su cuello y lo estrellamos contra la puerta, agrietando la ventana.
- ¡Te voy a matar si vuelves a decirlo! - nuestros ojos se pusieron rojos. - Hace unas horas me dijiste que mi pareja no estaba muerta. Me pediste que la buscara, y ahora que la encontré quieres que ¡La rechace! -.
- Ko...o...gan... -.
Hiro sujetó mi brazo al sentir más fuerza en mi agarre y, después de unos breves segundos, lo soltamos bruscamente.
- Discúl... pame - dijo mi hermano, respirando pausadamente. - Es tu pareja... Sé que es el vínculo y nos impulsa queriendo apoderarse de ella - se excusó.
Sabía por qué había dicho esas horribles palabras. Cristal iba a ser una luna y el hecho de que tuviera dos hijos no era bien visto entre los licántropos. No me importaba en lo absoluto que tuviera hijos y que mi pareja fuera humana. Ella, al igual que yo, no éramos ajenos al sexo y, ¡Sí!, me enoja que alguien haya estado entre sus piernas, pero no podía juzgarla cuando yo había actuado descontrolado por dos siglos.
Volviendo la vista hacia la casa de mi luna, aquel hombre estaba arrodillado y la puerta se cerró frente a él. Hiro quiso decir algo, pero se mantuvo en silencio.
- Habla, no estoy enojado -.
- El humano le pidió que fuera su pareja y ella lo rechazó - una ligera sonrisa apareció en mi rostro ante su explicación.
- El alfa Logan dejó que te la llevaras. Ahora, ¿Cómo piensas sacarla? -.
- Primero voy a matar a ese humano -.
- ¡Tienes que pedirle permiso a Logan si quieres matarlo! -.
- Ya lo escuchaste, no necesito su permiso - y rei.
Cristal caminaba en dirección a su cubículo, Después de llevar a sus hijos al instituto y asistir a una reunión con los docentes, Cristal se dirigió a su trabajo, sabiendo que le esperaba una pesada jornada laboral.
- ¡AL FIN LLEGAS! - se escuchó el grito de su jefe, apenas la vio por el pasillo. - ¡Te están esperando desde hace horas! -.
- ¿Quién espera por mí? - preguntó Cristal, confundida, ya que no recordaba ninguna cita programada para esa mañana.
- ¡LOS HERMANOS REAL! - le informó molesto su jefe. - Quiero que te disculpes por tu error de ayer -.
Este hombre obeso de 56 años siempre encontraba una excusa para gritarle a Cristal, a pesar de que ella era una de las mejores empleadas.
La empresa MACRO no tenía muchos años en el negocio, y el señor Isaac Miller, nombrado jefe por los accionistas, no desaprovechaba la oportunidad para demostrar su poder.
- Ya me disculpé con ellos. Pero me sorprende que hayan llegado temprano; ayer quedamos en reunirnos al mediodía - le respondió ella, ocultando su enojo por el grito de su jefe delante de todos.
- Vete a atenderlos rápidamente, recuerda que tienes muchas inspecciones que supervisar HOY - le espetó molesto.
Después de que el señor Miller se retirara, Cristal suspiró. Sabía que él la estaba castigando con más proyectos debido a su error del día anterior. Además, no le gustaba que ella fuera mejor que su hijo Isaac, otro empleado de la compañía.
A unos metros, los hermanos Real Blood observaron y lograron escuchar el regaño hacia Cristal.
- ¿Cómo se atreve ese hijo de puta a hablarle así a mi luna? - gruñó Kogan, lleno de ira.
- Debes calmarte, hermano - respondió Hiro. - Recuerda que ella asumió la culpa para ayudarte a que no pagarás adicional -.
- Si hubiera sabido que ese hijo de puta le iba a gritar a mi pareja, no le hubiera permitido que asumiera la culpa - mencionó Kogan.
Hiro miraba a su hermano, que estaba a punto de perder el control. La noche anterior, logró convencerlo de regresar al hotel y desistir de descuartizar a aquel hombre que se atrevió a proponerle a Cristal que fuera su pareja. Ahora, Kogan tenía ganas de desmembrar a otro. Hiro sabía que debía ayudarlo a llevarse a su compañera antes de que esto terminara con la aniquilación total de todos los humanos en el territorio del alfa Logan.
- ¡Buen día! - dijo Cristal, entrando en ese momento a la pequeña oficina donde Hiro y Kogan la esperaban.
Notó sus rostros de enojo y por un breve momento pensó que estaban molestos por hacerlos esperar.
- Espero que no estés en problemas por asumir la culpa de mi hermano - le habló Hiro, parado frente a una gran ventana que daba justamente a donde el señor Miller la había regañado.
- Era inevitable. Es lo menos que podía hacer; estaba preparada, no deben sentirse mal - pero ella sabía que ese hombre la detuvo en ese preciso lugar para que ellos vieran todo el espectáculo.
- ¿Por qué permites que te hable de esa manera? - escupió Kogan, enojado.
- No debe preocuparse, señor Real. Él siempre... -.
Cristal vio cómo aquel hombre de cabello negro se dirigía hacia la puerta con mucha ira en su mirada. No sabía cómo, pero intuía que estaba por ir a donde su jefe. Por instinto se movió y, antes de que el hermano de Hiro pudiera salir, lo detuvo poniendo sus manos en su pecho.
- ¡Señor Real, le pido que se abstenga de hablar con mi jefe! -.
- ¡Él no tiene derecho de hablarte de esa manera! - espetó con enojo.
- ¡Yo asumí la responsabilidad! Si va a reclamarle, me gritará y regañará nuevamente - le enfatizó Cristal.
"Eres la única que puede controlarlo", escuchó nuevamente esa extraña voz en su cabeza.
Kogan parpadeó varias veces sin quitar su mirada de su pareja. Con solo poner las manos en su pecho, ella había apaciguado su salvaje impulso de matar y todo ese enojo acumulado del día anterior fue reemplazado por el deseo de unir su piel a la de su luna.
Kogan, sin poder controlar sus instintos de querer tener a su pareja, rápidamente agarró sus manos antes de que ella se alejara y, reconociendo el gran poder que ella tenía sobre él, dijo:
- Como ordene, mi luna -.
La voz del alfa se deslizó con tono seductor, sin apartar la mirada de Cristal. Sin poder contenerse, llevó sus manos a los labios y besó sus palmas.
Cristal se sobresaltó y su rostro se ruborizo, ante el actuar de Kogan, pero lo que más la confundió fue ese extraño shock eléctrico cuando sus labios tocaron la piel de sus manos. Ella, recordando que no estaban solos, miró a Hiro avergonzada; sin embargo, él simplemente observaba como si fuera algo normal el comportamiento de su hermano.
A Kogan no le gustó que su luna estuviera mirando a Hiro y se le acercó tanto que Cristal tuvo que dar un paso atrás, confundida por su extraño comportamiento. Vio cómo sus ojos se alineaban con los suyos; estaba lo suficientemente próximo como para oír su respiración.
Hiro quien observa con calma, suspiró, viendo que su hermano claramente se había perdido en sus instintos y que había olvidado que su pareja es humana.
- Llegamos temprano - habló él.
Lo tomó del brazo en el instante en que lo vio inclinarse para besarla, y lo apartó bruscamente a unos metros de Cristal, haciéndolo casi estrellarse contra la pared.
- Sé que acordamos venir al mediodía, pero deseamos informarte algo y necesitamos tus servicios nuevamente -.
- Cla... claro - tartamudeó Cristal, nerviosa y ocultando sus nervios.
Si Hiro no hubiera alejado a su hermano, ¿él la hubiera besado?
- Si Kogan hubiera revisado con más detalle el diseño, hubiera notado que hiciste los cambios perfectamente como él los había solicitado - le habló Hiro, cambiando el ambiente incómodo que Kogan había creado.
- Estamos satisfechos con tu trabajo y deseamos que tú dirijas personalmente a este proyecto en Kanis -.
- ¿Viajar? - soltó asombrada. - No creo... poder ir, tengo... muchas responsabilidades -.
Su habla era pausada, tratando de controlar esa extraña sensación que recorría su cuerpo por el toque de ese hombre.
- No queremos confiarle este trabajo a otra persona. Nos encargaremos de los gastos de transporte, comida y hospedaje -.
- No puedo darte una respuesta positiva - declaró ella.
- Sería una gran oportunidad para ti - continuó insistiendo Hiro.
- Me gustaría decirte que sí, sin embargo, esa decisión no está en mis manos. No puedo dejar mis proyectos -.
- Otro puede hacerse responsable - interrumpió Rax, ubicándose al lado de Hiro.
Kogan tuvo que cerrar sus ojos para que ella no viera el cambio de color en sus globos oculares.
Cristal ni miró a Kogan, sentía su rostro enrojecer con solo escucharlo y la voz en su cabeza le pedía a gritos que se acercara a él.
"¡Hay que convencerla!", le gritó Rax.
Kogan tuvo que cerrar sus puños con fuerza para contenerse de llevársela, porque su aroma lo embriagaba a tal punto de querer reclamarla, y al escuchar que no aceptaba su propuesta, lo estaba descontrolando.
Pero ellos tenían que soportarlo, no podían llevarse a su compañera en contra de su voluntad a su territorio. Era parte de las reglas de los licántropos, y si no hubiera reglas, Kogan se hubiera llevado a su luna desde el primer momento que la vio.
- Hiro, sabes que no debes conversar conmigo sobre este tema -.
- ¡Lo sé! Pero quiero saber si estás dispuesta a hacerte cargo. Me gustaría que fueras la encargada del desarrollo del proyecto - le mintió.
Cristal pensó en las palabras de Hiro. Ir a Kanis significaba que estaría viajando constantemente de un país a otro y, por sus hijos, no podía aceptar su propuesta. En ese momento recordó que su jefe tampoco le permitiría ir, dado que siempre deseaba tenerla cerca para arreglar los errores de los demás.
- Iré si la empresa me envía - le informó después de unos breves minutos de silencio, confiada en que su jefe haría todo lo posible por enviar a otro en su lugar.
- Entonces platicaremos con el encargado - declaró Kogan, entusiasmado por su respuesta.
Era lo que había anhelado escuchar desde un inicio.
- Vamos, Hiro. Entre más rápido conversemos con su jefe, más rápido se irá conmigo -.
Hubo un largo silencio ante las palabras de Kogan.
Cristal parpadeó varias veces, creyendo haber escuchado mal, pero no fue así. Kogan miraba con impaciencia a su luna, deseando alejarse de ella por primera vez, pero solo para ir a hablar con ese hijo de puta de su jefe y antes de que pudieran salir, la puerta de la pequeña oficina se abrió.
- ¡Tienes una entrega! - exclamó una mujer, entrando con un gran ramo de rosas y una canasta llena de chocolate junto con una botella de champán.
La seductora mujer pasó frente a las narices de los alfas con los obsequios, y Kogan vio cómo todos esos regalos fueron entregados a su pareja.
"¡¿Cómo se atreve a cortejar a mi pareja?!", gruñó Rax con mucha ira al sentir el olor de ese humano que había estado en su casa la noche anterior.
- ¡Para el amor de mi vida! - comenzó a leer Micaela, la colega de Cristal, al abrir el sobre que venía entre las flores.
Se sentó seductoramente en el escritorio, sin quitar la vista de Hiro y Kogan, actuando como una perra en celo.
- ¡Ese bastardo de Stuart no se da por vencido! - vociferó ella.
Cristal cerró los ojos, avergonzada por lo que estaba haciendo su colega. El enojo de Kogan se notaba en su rostro; estaba a punto de agarrar el ramo de flores y arrojarlo a la basura, pero Hiro lo sujetó por el brazo y lo sacó arrastrado fuera de la oficina.
- ¡¿Por qué dijiste todo eso frente a ellos?! - la recriminó Cristal, enojada, mientras ignoraba el extraño comportamiento de Kogan y se dirigía hacia Micaela.
- Quería ver a ese apuesto hombre que acompaña a nuestro frecuente cliente. ¿Sabes quién es? - preguntó Micaela mientras abotonaba su blusa.
- Es otro inversionista - la regañó Cristal, incómoda al escucharla preguntar por el hermano de su cliente. - Y por favor, ¡No vuelvas a hacer eso! Sabes qué debes hacer cuando Stuart envía esos regalos -.
- ¡Sé lo que tengo que hacer! - aseguró Micaela. - Necesitaba una excusa para entrar y ver a ese apuesto hombre, además quería que vieras las rosas tan bonitas que te enviaron; debieron costarle una fortuna -.
Cristal miró el gran ramo de rosas de diferentes colores. No podía negar que el padre de sus hijos, Stuart, la conocía bien.
- ¡Tiralas a la basura! -.
- ¡No seas tonta! Acepta la cena en el lujoso restaurante -.
Micaela le mostró la invitación que estaba en el sobre.
- Y de paso, acuéstate con él, así le das una lección a esa perra de Amelia -.
- No haré eso, Micaela - su colega era una entrometida y agregó: - Se le subirá el ego, se lo dirá a todos y ¡Menos me dejará en paz! -.
- Tienes razón, se creerá el hombre más irresistible, pero no puedes negar que se superó esta vez -.
Cristal volvió a mirar el gran ramo de rosas, junto con la canasta llena de chocolates y una botella de champán.
- ¡Tiralas a la basura! - enfatizó nuevamente.
- Si no las quieres, ¿Podrías dármelas? - se escuchó una voz masculina del otro lado de la puerta. - Mi esposa está de cumpleaños y no le he comprado nada - dijo Elías, el ingeniero civil, aprovechando la oportunidad de ahorrarse unos dólares.
- Te las regalo - le indicó Cristal rápidamente.
- ¿Segura? - preguntó dudoso Elías.
- Sí, llévatelas - le aseguró Cristal.
Él las tomó con alegría y se retiró. Mientras tanto, Micaela tomó la botella de champán, agitándola.
- Sé que es tu favorita, pero cómo fue tu ex quien te la mandó, la tirarás a la basura - rio emocionada. - Yo sí le daré buen uso -.
- Llévatela junto con los chocolates - le mencionó.
Micaela salió emocionada de la oficina.
Cada vez Stuart era más insistente. Cristal tomó el sobre, leyó su contenido y rio ligeramente antes de partir en dos el sobre junto con la carta y la invitación a cenar.
- Te cansarás de esperarme llegar ese día - dijo, tirando los papeles a la basura.
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- ¡Es un privilegio que nos tomen en cuenta! Asignaré al arquitecto Isaac Miller para que vaya con ustedes -.
- Queremos llevarnos a la arquitecta Rain. Ella ha diseñado varios de nuestros proyectos y queremos que supervise esto - mencionó Hiro con enojo.
Después de sacar a su hermano arrastrado, ambos solicitaron conversar inmediatamente con el señor Miller.
- ¿Quieren a Cristal? - preguntó con enojo el señor Miller y mintió diciendo: - Ella no es buena en su trabajo y tiene muchos proyectos atrasados -.
- No es la única arquitecta en esta empresa. Asigne a alguien que se haga cargo de sus funciones - replicó Hiro con enojo, demostrando que sabía que lo dicho sobre Cristal no era cierto.
- Ella no es la mejor desempeñando su trabajo - enfatizó el señor Miller, en un intento de convencer a Hiro de la falta de profesionalismo de Cristal, lo cual claramente no era cierto. - Voy a asignarle al arquitecto Isaac - dijo Miller con firmeza, retando a Hiro.
Kogan, sentado al lado de su hermano con gran enojo, observaba a Hiro discutir con ese repugnante humano. Deseaba arrancarle la cabeza solo de recordarlo gritándole a su pareja y por evitar que él se llevara a su luna a su territorio.
- Si ese Isaac es el mejor, ¿Por qué no lo asignó para trabajar conmigo desde el inicio? No me llevaré a alguien cuyo trabajo desconozco - replicó Hiro.
El señor Miller los miró con enojo, sin responder a sus palabras, y solo indicó:
- Supongo que no tenemos un acuerdo - el jefe de Cristal terminó la conversación y se retiró sin mencionar nada más.
- ¡Esos humanos se convertirán en la MIERDA DE UN ANIMAL! - gritó Kogan apenas quedaron solos en la oficina. - Llama a Logan, dile que ordene a uno de sus lobos que se haga cargo de este MALDITO lugar y que ordené que mi compañera se vaya conmigo -.
- El alfa Logan ha intentado comunicarse con nosotros - le indicó Hiro, viendo varias llamadas del alfa de esas tierras.
- Quiere saber quién es mi luna. Todavía no le he indicado que es humana -.
- Debes ir con él. Sabes que debes hacer el pacto antes de llevártela -.
- ¡Eso haré! Y tú, hermanito - Kogan se dirigió a Hiro con enojo. - Habla con el beta de Logan, que le ordene a ese cadáver que le informe a mi preciada luna que se irá ¡CONMIGO! -.