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Apresada. Hasta que la muerte por fin me libere

Apresada. Hasta que la muerte por fin me libere

Autor: : Nathaly H Vegas
Género: Adulto Joven
Alexa despierta después de una monumental borrachera sentada en un viejo faro y sin recordar nada del día anterior ni de cómo llegó allí, salvo que la sangre que cubre sus manos y ropas no es de ella. Ella se permite navegar en su mente y recapitular lo que recuerda de los últimos días y de aquellos momentos de su vida, que la han llevado a ser la persona que hoy en día se encuentra en ese faro. Con mucha paciencia deberá reconstruir las escenas eliminadas de su memoria teniendo como únicas pistas: Un cuchillo ensangrentado, una golpiza, una violación y un resurgimiento No todo lo que brilla es oro y a veces la muerte, es lo único que te libera.

Capítulo 1 CAPITULO 1

Hoy, 21 de Noviembre de 2015

Sentada a orillas del Faro, la poca estructura que sobrevive el pasar el del tiempo, un oleaje salpica mis pies haciéndome pequeñas cosquillas. La marea amenaza con ir subiendo poco a poco a medida que pasen las horas. A lo lejos observo un pequeño yate, e imagino a sus tripulantes, una pareja disfrutando de lo que para ellos es un excelente día de verano, con un sol resplandeciente y un cielo despejado; la brisa fresca y marina refrescando sus rostros, mientras una fina copa con algún vino demasiado caro para cualquier otro mortal, se calienta en sus manos. Una charla amena, ligera, divertida los mantiene riéndose por horas y horas. Cuando hayan hablado lo suficiente, él se acercará a ella y comenzará a seducirla, con dulces palabras, con caricias certeras, quitará el cabello de su rostro, y comenzará a besarla con si temiese romperla con solo el poder de su pasión.

Desvío mi atención de esa línea de pensamientos, tan rápido como es posible. Respiro tan hondo como mis pulmones me permiten, llenándolos a su máxima capacidad de aire salino. Para mí es un día triste, nublado, opaco y confuso; muy confuso.

No sé cómo he llegado hasta aquí, literal y filosóficamente hablando. Volteo a ver la única compañera que amaneció en mis brazos cuando el sol comenzó a calentar mi rostro, una botella de Smirnoff, ahora vacía, con rastros de lo que fue, o eso espero que sea, mi pintura de labios. Las náuseas vuelven a hacer acto de presencia, así que alzo mi vista al infinito mar para apaciguarlas, abro mi boca y aspiro la brisa marina, disfrutando la sal en mi boca y mi garganta.

El yate sigue en ese mismo lugar, flotando, meciéndose en las olas; esa pareja sigue allí, feliz; y yo sigo aquí, sentada a orillas de un viejo faro, con el maquillaje corrido, oliendo a vómito, con el cítrico sabor ligeramente amargo del vodka, acariciando mi paladar, refrescándome aún después de tantas horas. Y para mi extrañeza descansada; tratando de evitar a toda costa revivir las últimas horas de cordura que recuerdo.

Algunas imágenes vuelven a mí, muchas de ellas son fruto de decisiones apresuradas, desequilibradas y del Smirnoff. (¿Por qué debía tener Smirnoff?) ¿Lo compré, me lo dieron? Oh Dios, ¿lo robé?) Y después estaba la llamada.

Esa llamada es la que me tiene aquí sentada junto al faro, esa llamada es la que me hace balancear mis pies sin que me importe que las olas comiencen a humedecerlos. Esa llamada me trajo hasta este éste momento, desencadenando toda una serie de hechos, de pesadillas que me trajeron hasta este odioso presente, con un pasado borroso y sin un futuro a la vista. Porque si algo tengo claro, es que después de hoy, no existe futuro, y la única salida a este presente abominable se encuentra a mis pies, en esa agua fría y espumosa. Mientras el sol comienza su lento pero seguro recorrido hasta la cúspide del cielo, lucho por poner en orden mis pensamientos. Una presencia, acaricia con sutileza la superficie de mi consciencia, es una pieza de un gran rompecabezas de mi último día; una pieza sin forma, sin principio y sin final, uno que no quiero hacer, un laberinto que no quiero recorrer, pero allí estoy, luchando contra esa imagen, aterrorizada de lo que puedan significar o de lo que pueda descubrir si la permito emerger del todo. Pero mi obsesión por la organización no permite semejante desorden en mí, incluso aquí, en lo más profundo de mí, tengo la necesidad de juntar las piezas.

Cierro los ojos y dejo el recuerdo apoderarse...

¿Eso es todo?- Pregunta el cajero de la licorería.

Tiene un aspecto como aburrido y cansado; es joven, con ojeras bien pronunciadas, un cabello desordenado y negro azabache, unas pocas canas comienzan a aparecer en su cabello, dándole apariencia de tener reflejos de luz. Donde estuvo sentado segundos antes ahora yacen muchos recibos de servicios parcialmente arrugados.

Sí. - Respondo por inercia. Me doy cuenta que tengo tan pocas ganas de hablar como las tiene él. Ambos queremos terminar la transacción y continuar ahogándonos en nuestros problemas. En mi caso, trataré de ahogar mi problema; en su caso, quizás él ya está ahogado en los suyos.

Un chocolate, una botella de Smirnoff, una pintura de labios, Rojo Coral. - Dice enumerando mis productos para mantener sus pensamientos concentrados en mi factura, y no en las suyas que lo acosan desde su silla. - Son 15,37$.

Le entrego la Tarjeta de Crédito mientras escarbo en el bolso algunas monedas de propina. Algunos billetes sueltos se tropiezan con mi mano, y un frasco de pastillas rebota en el interior.

Gracias - Me dice mientras intercambiamos mis bolsas por su propina.

A ti. Buenas noches. - Y le dedico una pequeña sonrisa sincera.

Igual para usted. - Me contesta al tiempo que levanta un lado de su boca, en lo que debe ser la mejor sonrisa que puede tener bajo sus circunstancias.

***

Abro los ojos y vacío mis pulmones de un aire que no sabía que estaba conteniendo. No fue tan malo como lo temía. Por lo menos sé que no robé el Smirnoff; pero no sé qué pastillas eran esas. Fuerzo un poco mi creatividad para darle claridad a esa vaga imagen del frasco de pastillas, pero no tengo éxito. Frustrada, dejo caer mi cabeza hacia atrás, y me doy cuenta de algo. Abro los ojos y miro hacia la botella.

-Ok, ese no es Rojo Coral y no es la misma botella de la licorería- digo en voz alta.

Un nuevo recuerdo burbujea en mí y la llamada, esa maldita llamada.

Capítulo 2 CAPITULO 2

11 de Noviembre de 2015

¿Alooou? - Digo distraída mientras hago zapping en la televisión.

¿Alexa? - Pregunta una mujer de voz ronca. Tan ronca que parece un gato ronroneando en mi oído

Sí, ¿Quién es? - Su voz despierta mi concentración.

Tú sabes quién es. - Contesta de forma arrogante.

Esa voz, ya la he escuchado antes. Al principio no entiendo nada sobre lo que está pasando. Miro como una estúpida el teléfono para confirmar que hay una llamada en curso, y no son imaginaciones mías; pero sobre todo lo miro con la esperanza de ver algún número desconocido o el nombre de algún contacto existente en mi agenda, que me genere la tranquilidad de que estoy en medio de una broma, aunque sea una de pésimo gusto. Sin embargo, es un número que conozco muy bien.

¿Estás allí?- De nuevo me perturba su voz; es tan grave que la puedo ver vibrar en el parlante.

Sí- Respondo mientras llevo el teléfono de regreso a mi oreja.

Una pequeñísima y tímida voz en mi interior me pide que cuelgue, pero ese sexto sentido femenino, que se manifiesta como una pequeña gota de agua helada corriendo a lo largo de la espina vertebral, me mantiene pegada al teléfono. Lo apretó tan fuerte que temo romperlo.

Casi puedo ver como la sonrisa se dibuja en su rostro.

-Nosotros también. - Ronronea divertida y cuelga el teléfono sin decir más, y sin esperar mi respuesta.

Con el celular aún en las manos, veo el anuncio de llamada finalizada, como esperando que sea mi teléfono el que me ofrezca las respuestas a todas mis confusiones, lo miro sin parpadear, pero nada sucede. ¿Qué hace ella llamándome? ¿Cómo tiene su teléfono?... ¿"Nosotros"?

***

21 de Noviembre de 2015

Esa simple llamada es la que me trajo hasta este viejo faro. Esa llamada acabó con todo lo que conocía y cómo lo conocía. Sin embargo, sé que en algún instante le agradeceré esa llamada, hoy no será, pero quizás algún día. Esa llamada me sacó del hueco donde estaba y en estos momentos, a orillas de un precipicio, estoy mejor.

11 de Noviembre de 2015

Me sentí como una idiota cuando comprendí lo que significaba esa llamada. Mi existencia en este santiamén fue la burla de ellos. Imbécil. ¿Cómo no lo vi antes? ¿Cómo no lo supe? Aún estaba sentada en la cama con las piernas acalambradas, la boca seca, un helado derretido a mi lado y completa y absolutamente furiosa.

* * *

04 de Octubre de 2015

¡Hola! - Digo alegre, incluso antes de que Dominic diga algo.

- Responde cortante.

¿Cómo estás?- Intento otro acercamiento. Sé que en el trabajo no le gusta recibir llamadas.

¿Todo bien?

El hecho de que pregunte preocupado por mí, me derrite un poco el corazón.

Sí, todo bien. Solo quería saber a qué hora vienes a casa. Estoy preparando una receta nueva de Buzzfeed. - Trato de contagiarle mi entusiasmo. - ¡Te encantará!

Unas risas de fondo, la de Dominic incluidas, llaman mi atención.

Dame un segundo - Dice Dominic hablando con otra persona. Siempre pasa lo mismo, solo debo esperar.

¿Amor? - Pregunto para llamar su atención.

Ya va. - Responde otra vez cortante. ¿Conmigo sí emplea su tono seco? Comienzo a molestarme...

Sé que tapó el auricular porque no lo escucho ni respirar. Cierro los ojos e invoco toda la paciencia que tengo en mi cuerpo para no explotar en cuanto vuelva a nuestra conversación. Por unos segundos que parecen eternos, no escucho nada, hasta que el ruido de fondo se reactiva en el teléfono.

Tengo que colgar. - Dice apresurado. - No voy a ir a cenar. Tengo mucho trabajo. - Lo conozco tan bien, que sé que estaba sonriendo y que trata de parecer serio. En otras palabras, me está mintiendo.

Está bien, yo te espero y comemos juntos. -Cambio mi táctica otra vez. No quiero perder esta pelea.

Iré tarde. Al salir, iré con Noé.

Ese nombre, cada vez que aparece en una conversación implican dos cosas: uno: no vendrá a cenar; dos: no vendrá a la casa; y bueno, creo que implica tres, porque cuando aparece el nombre de Noé siempre habrán mujeres.

Pero ya hice la comida. - Trato de poner voz de puchero. No puedo evitar sentirme arrastrada mendigando por su tiempo, pero aparto ese sentimiento de mi cabeza, tan rápido como llega.

Tengo que colgar. Me están esperando. - Las risas en el fondo se repiten y esta vez escucho risas de mujeres, lo cual hace que me hierva la sangre.

Pelear nunca ha sido mi fuerte, pero tengo bien claro que pelear por teléfono, no sirve de nada, porque finalmente el igual saldrá y no quiero que salga molesto conmigo pues solo estará susceptible a cualquier otra situación que alegre su noche y empeore la mía.

Está bien. - Trato de sonar despreocupada, pero él también me conoce y sabe que no estoy bien, sin embargo, lo más doloroso es saber que a él, eso no le importa. Nunca he sido competencia de Noé o de una botella.

Tranquila, ¿okey? Te amo. - Me dice con esa voz que me derrite, con esas palabras que me hipnotizan. Su voz, casi en susurro directo en mi oído, hace que lo pueda sentir justo a mi lado.

Lo sé... - Suspiro - Te amo.

Dominic llegó a casa 20 horas después de esa llamada.

***

11 de Noviembre de 2015

Me levanté y despotriqué todas las groserías que sabía, las que no, y unas inventadas con mucha creatividad. Ofendí a todos sus ancestros, y a todos sus familiares y amigos vivos.

- ¡Tarada!- Grité al aire.

Eso es lo que era, una gran e inmensa tarada, por no darme cuenta, por no querer ver lo que siempre estuvo delante de mí.

Cuando la rabia inicial pasó, cansada de gesticular al viento y golpear rostros imaginarios, me senté en la cama, cubrí mi rostro con las manos y lloré. Muchos instantes felices pasaron por mi cabeza en ese tiempo, muchas risas, sonrisas, lágrimas de felicidad y también de tristezas, de miedo, pero esas últimas las aparté de mi memoria, como sabía hacerlo tras años de práctica.

Nada podía hacer en ese minuto, nada podía hacer esa noche. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que recuperé el control de mis hipidos, y cuando lo hice sentí una paz muy extraña en mi interior, la paz de saber que había llegado el momento esperado, pero sin saber qué momento era.

Recogí lo que quedaba del helado, que ya estaba invadido por grandes hormigas y lo deseche en el lavaplatos. Aseguré que la puerta de la entrada estuviese cerrada y me volví hacia el cuarto. Un rostro me devolvió la mirada. Era una muchacha joven, con unos cuantos kilos de más, el cabello enmarañado, seco y maltrato recogido en una coleta, con una blusa 2 veces su talla, unos pantalones manchados y descalza. Me costó comprender lo que ese espejo con mi imagen me decía.

No es que ellos se hubiesen burlado de mí, es que yo lo había consentido e incluso incitado. Como todo en mi vida, era la culpable de mi propia autodestrucción. Sí, para ellos Alexa Lassen era un colorido arlequín, un ser que les alegró la noche con muchas risas y burlas a su propia costa, un bufón; pero había sido participe de esa situación cuando me olvidé de mi ser y mi persona y me entregué a la comodidad, una que irónicamente me incomodaba; porque ninguna mujer disfruta depilarse y todas sueñan con el día en que lo deje de hacer, pero cuando eso pasa, no siente bienestar en sus piernas velludas.

Así que allí estaba lo que quedaba de mí. Mi cabello otrora largo y sedoso de color miel, ahora estaba maltratado, corto por los hombros, enmarañado, ni siquiera lograba recordar la última vez que estuve en una peluquería. Mis ojos marrones lucen apagados y cansados. Incluso mi nariz, mi parte favorita de mi rostro, esta roja e hinchada de llorar. Mi ropa ancha está vieja y desgastada, no beneficia mi figura, que con el pasar de los años y el aumento de mi peso se ha deformado, no tengo ni una gota de maquillaje que resalte mis pómulos, destaque mis pestañas largas o mis labios carnosos. Toda la inversión que hice en mi maquillaje MAC se encuentra guardada llevando polvo en mi cómoda. Casi puedo escuchar a las asesoras de belleza que me atendían cuando lo compré regañándome por no cuidar mi cutis con los mejores productos, por no aprovechar las fortalezas de mi rostro y resaltarlas.

¿Cómo me puedo quejar de algo que yo misma ocasioné?

Capítulo 3 CAPITULO 3

21 de Noviembre de 2015

Idiota. Así me sigo sintiendo desde esa llamada, pero por razones muy distintas. Hoy estoy segura de mi idiotez por no recordar mi último día, y sobre todo considerando que podría ser mi último día en esta existencia. Solo una verdadera imbécil ahoga sus problemas en el alcohol, ¿es que acaso no aprendí nada estos últimos cinco años? ¿Cuándo el alcohol ayudó? ¿Cuándo no me arrepentí de haber tomado, mientras organizaba mis recuerdos confusos y en algunos casos buscaba mi ropa?

Siempre creí que cuando tomaba mi gemela malvada emergía para humillarme y avergonzarme. Como aquella vez que hizo que participara en un concurso de canto, en aquel bar de mala muerte, donde me descalificaron cuando mi gemela vomitó en medio del escenario.

¿Y qué pasó con esa promesa que me hice aquel funesto día de jamás volver a tomar? Eso, es lo que me molesta en estos instantes. Tiré por el caño todo el esfuerzo que hice en todos estos meses sin tomar.

Los recuerdos que viven en mí son dolorosos. El problema con la depresión es que te persigue aunque quieras huir de ella. Es un villano bastante insistente que busca tu desdicha y se alimenta de tu desgracia, de las cuales he tenido muchas para alimentarlo.

Mi vida siempre ha sido un desafío constante y continuo. Conté con grandes amigas y amigos que fueron tan solidarios conmigo en mis peores momentos, y que borré de mi vida. Si los tuviese a mi lado ahora, si los hubiese tenido a mi lado hace unos días, quizás mi historia sería distinta, primero: recordara mí historia; segundo: no me hubiesen dejado tomar; tercero: no estuviese rostizándome bajo este sol absurdo, auto castigando mi falta. Y la lista puede seguir.

Pero soy de nuevo la responsable de mi autodestrucción. Nunca quise explicarles las cosas que estaba viviendo, pues no soportaría sus ojos reprobatorios, sus juicios y mucho menos sus rechazos. Así que me fui apartando de ellas. Evitando fiestas, celebraciones, cumpleaños, reuniones. Ignorando llamadas, mensajes y correos. Debo darles el mérito a la persistencia e insistencia; porque vaya que me costó ignorarlos.

Pero más pudo mi miedo y en definitiva me aislé en ese nuevo mundo donde estaba, un mundo que dicho sea de paso nunca me gustó, pero era el mundo donde creía pertenecer. Así me encerré en mi torre, mi propia cárcel personal. De la cual estoy segura que logré salir ¿pero mi salida es una liberación real?

Unas risas me sacan del pequeño letargo donde comenzaba a sumergirme.

- ¡Ay! No sabíamos que estaban....

La muchacha deja la frase justo a la mitad, en el momento en que nota que no es "estaban" sino "estás". Mira hacia la botella vacía con tanto asco como me mira a mí. Intento por puro reflejo arreglar mi camisa, no sé para que la quiero sin arrugas, si debería preocuparme más por el vómito que la adorna. Ella por supuesto, está perfecta con un - demasiado corto- vestido de verano de Bershka, que resalta su figura perfecta en los puntos indicados, con una caída casi angelical y delicada sobre su muslo; y él, bueno, como salido de un anuncio publicitario de Banana Republic, unos pantalones cortos blancos, unas Vans azul celeste que combinan con su camisa, unos lentes Ray Ban sobre su cabeza, y con cara de tonto agarrado a su cintura. Él me ignora por completo, solo tiene ojos para ella. Y decido odiarlo, no porque no me mire, sino porque puede mirarla a ella así; a ella la odio no solo por su perfecto cabello a pesar de la brisa, sino por tener a alguien que la mire así, aunque ella no le devuelve la mitad de la devoción.

No me molesto en responder, así que aparto la mirada de ellos y me concentro en el oleaje.

-Es su cumpleaños, ¿sabes? Y queríamos un espacio para algo romántico...- Dice ella mientras él sonríe en su cabello, inhalando su aroma. La piel de ella se eriza y no puede evitar sonreír.

Sé que está pidiéndome que me vaya, sé que está siendo cortés, pero también sé que no me importa. La ignoro por completo. Algunos segundos de silencio después, él entiende primero que ella que no me moveré. Ella no es bruta, solo tiene esperanzas de lograr su cometido. Está acostumbrada a obtener lo que quiere. Su sorpresa es que ese no será el caso hoy, por lo menos no de mí no obtendrá lo que pide.

Escucho una exhalación de frustración y se marchan. Vuelo a la paz de mi soledad, pero se ha perdido cualquier rastro de sueño.

No puedo evitar recordar mi último cumpleaños. No fue hace mucho, solo 3 meses. Celebraba mis 27 años en absoluta soledad, tratando de convencerme que eso era lo que quería. A todo el que llamó les dibujé una reunión imaginaria donde estaban todos mis no existentes amigos. Era una noche calurosa de agosto, así que me mantenía hidratada a base de limonada fría. A las 10 de la noche, después de una llamada de Dominic, donde avisaba que no llegaría, porque según me dijo había mucho trabajo en la empresa, decidí darle play a la canción de cumpleaños en Youtube y soplar mi vela.

Guardé algunas porciones de torta y el resto la devoré sin pudor, total, era mi cumpleaños, y sin mucho espaviento celebré un año más de vida, una vida triste y vacía.

Recuerdo haberme visto en el espejo antes de acostarme a dormir, y haber puesto la misma cara de asco que tenía la muchacha hace unos momentos. Miré la mancha de vomito en la camisa, y sentí el mismo asco. Pero luego vi la mancha de sangre en mi pantalón. Lo levanté esperando encontrar una bastante fea herida que la justificara, pero no había nada. La sangre no era mía.

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