Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Arder en libertad
Arder en libertad

Arder en libertad

Autor: : Elizabeth Bermudez
Género: Romance
"Besar su piel me sabía a vida, en sus manos alcanzar el cielo y encontrar libertad." Jessica Giovanna Blosson, una joven brillante y valiente chica nota que su alrededor se desmorona a pedazos al descubrir una infidelidad que la hace replantearse su vida entera. Encuentra amor real en quien menos pensó y recupera su libertad, pero para esto necesita librarse de crueles y violentos acontecimientos que amenazan su vida y la hacen sentirse al borde de un precipicio. Recorre un camino duro y tambaleante de lo que alguna vez fue correcto y perfecto a sus ojos, en un despertar feminista que la salvaría a ella misma. Una historia avasallante que te enfrenta a una línea fina que divide la violencia de género y un amor real genuino y sano que advierte mucho más allá que un cuento de sueños y príncipes mágicos. Una pelea contra el mundo por encontrar su identidad, hallar su propósito en quien quiere ser mientras crece como persona, pero, sobre todo, como mujer en un mundo que serlo podría costarle la vida. Una historia para quienes se permiten derramar una lágrima por un amor que lo enfrenta y lo arriesga todo para mantenerse sobre las llamas.

Capítulo 1 Novio perfecto.

"Besar su piel me sabía a vida, en sus manos alcanzar el cielo y encontrar libertad."

-Desde que eres su novio, William, Jessica está mucho más centrada, sus calificaciones en el instituto, su comportamiento, la desobediencia. -Hablaba mamá, sonriendo complacida al chico a mi lado.

-Bueno, en ese caso, ambos cambiamos mucho. -Procuró decir él, dándome una miradita divertida. Luego asintió para mamá. -También creo que cambió, lo noto.

-¿En qué? -Inquirí, enfrentándolo con la mirada. Él soltó una risa junto a los demás.

-El respeto. -Acotó mamá. -Jessica comenzó a respetar a los mayores. ¿Cómo es contigo? -Continuó ella. Y por respeto se refería a guardar silencio y obedecer.

-Soy su novio, debe respetarme. -Me dijo, su tono fue áspero, pero procuró sonreír y reír junto a mi familia, como si fuera un chiste más. -Como a los demás claro.

Aparté la mirada y continué comiendo, intentando mantener mis energías altas, conservando la sonrisa, procurando para mí misma que todo estaba bien. Mi novio estaba aquí, en un almuerzo familiar, y mi familia lo amaba, ¿por qué me sentía de esta forma?

Noté que el hombre frente a mí me observaba crítico, haciéndome inspirar profundo. Odiaba cuando hacía eso.

Observé irritada sus ojos verdes y la intensidad de ella, observé sus facciones, su cabello, observé su cuerpo, los músculos de sus brazos presionando la tela de su camisa. Aparté la mirada, más molesta aún. Recordé sus veinticinco años y tragué saliva. Odiaba que estuviera aquí, es decir, no entendía por qué estaba aquí, no era de la familia. Pierce no era familia y aun así estaba aquí mirando con critica a mi novio.

Papá a su lado le dijo algo y ambos rieron.

-Dime, William ¿Cómo te va en la universidad? -Le preguntó Papá. Pierce, su amigo casi treinta años menor que él deslizó la mirada a William y cuando noté que luego de unos segundos la regresó a mí fingí sonreír mucho, feliz de esta situación.

-De hecho, muy bien, estuve avanzando en las clases de estadística con mayor éxito, me siento muy bien de hecho, con los estudios, el trabajo, Jessica.... -Él me sonrió, besando mi mejilla. Sonreí complacida. -¿Y usted?

-Bueno, en el Hospital todo va bárbaro, no puedo quejarme, tenemos salud, amor, familia, estabilidad económica, amigos. -Palmeó el hombro de Pierce quien sonrió. Su sonrisa era preciosa, tan genuina y encantadora. Pronto al percatarme que sonreía también la borré inmediatamente, Pierce lo notó, y aquella sonrisa angelical se cargó de diversión. También la conocía bien.

-Bueno ¿Quién quiere postre? -Pregunté, poniéndome de pie con mamá para levantar las cosas de la mesa.

-¿Horneaste algo? -Me preguntó William, sonriendo emocionado. Solté una risa.

-Claro que no, como crees. Compramos helado. -Pierce soltó una risa que me hizo sonreír. William sonrió divertido.

Mamá tomó la mitad de las cosas y yo la otra parte. Papá comenzó a hablar con Pierce de trabajo así que quise huir lo más pronto posible, pero cuando estuve por irme, William me tomó del brazo, deteniéndome. Lo miré.

-¿Me traes agua por favor?

-Ahí hay. -Le indiqué, señalándole la que había en la mesa.

-Fría por favor.

-De acuerdo. -Asentí. Me soltó y me fui.

-¿Por qué debemos limpiar nosotras? Somos cinco. -Me quejé con mamá a penas entramos a la cocina. Mamá me miró como si fuera tonta.

Pierce apareció riendo y hablando con los dos hombres de allí en la sala, pero en sus manos tenía algunas cosas que habíamos dejado en la mesa.

-Harry, no te hubieras molestado. -Le sonrió mamá.

-No es molestia. ¿En qué puedo ayudarlas? -Preguntó, mirándome con una sonrisa compradora, preciosa para ser honesta. Aparté la mirada.

-En nada, ve a la mesa, enseguida llevamos el postre. -Respondió ella, negando.

-¡Hay mucho que hacer, Doctor Pierce! Ven y ayuda a limpiar. -Le indiqué, señalándole los platos sucios. Mamá me miró horrorizada.

-¡Qué son esos modales!

-Lourdes, mis modales me impiden volver a la mesa sin hacer mi parte del trabajo.

Presioné mis labios para no reír.

-Está bien, podemos... Tú ayuda aquí, yo limpiaré y alistaré todo allá. ¿Te parece? -Le preguntó ella.

-Bárbaro. -Sonrió.

-Allí hay un delantal. -Le indicó. Pierce al verlo sonrió, asintiendo. Cuando ella se fue él lo tomó y se lo colocó. Intentó atarlo, pero no pudo, así que a regañadientes lo ayudé, al instante me pareció ridículo que no haya podido solo. Al ver su mirada con pizcas de diversión y gusto, supe que lo había fingido.

-Tu lavas, yo seco. -Ordené. Pierce asintió con una sonrisa. -¿Qué te parece tan divertido?

-Nada. -Su acento británico me hizo presionar los labios. -Tu novio es muy... cálido. -Comentó, mientras lavaba. Lo miré con desprecio.

-Al igual que la tuya. -Él soltó una carcajada que casi me hizo reír.

-No tengo novia, Jessica.

-Oh, eso fue un récord. -De nuevo comenzó a reír.

Procuramos quedarnos en silencio y eso no me molestó. No me gustaba nada hablarle porque me sacaba unas cuantas verdades en segundos, me robaba risas cuando no quería y me hacía sentir algo raro en el estómago. No me gustaba estar con él en lo absoluto. De hecho, no le estaría hablando si él no estuviera atacándome.

-Te ves muy feliz allí afuera. -Me dijo entonces, dándome una miradita. Fingí una sonrisa, luego entendí que era sarcasmo.

-¿Puedes apresurarte? Debemos... Mierda, el agua. -Tomé agua fría del freezer y serví en un vaso que acababa él de lavar. Sequé su alrededor y fui con William.

Mi novio me sonrió, agradeciéndome.

Al volver con Pierce él estaba terminando de lavar todo. Secó sus manos y volteó a mí. Intentó decir algo, pero terminó presionando los labios, y bajando la mirada.

-Buen trabajo, puedes volver a la mesa. Ya te serviré helado.

-No necesito que me sirvas, Jessica. -La forma brusca en que me lo dijo me dejó helada, por su tono duro, seguro y serio, pero sin una pizca de maldad, y me hizo dar cuenta qué quiso decirme hace unos instantes.

Aparté la mirada y continué secando los vasos, fingí que lo entendí pero que no me importaba, aunque no fuera así.

-Bueno, y dime. ¿Cómo van esas asquerosas calificaciones disfrazadas por A? -Me preguntó con una sonrisita ubicando en las alacenas lo que yo secaba. Solté una carcajada mirándolo incrédula, aparté la mirada aun riendo.

-Estupendas. -Sonreí. -Mi regla es; no reprobar.

-Es una regla justa. Todos ganan. ¿En qué nota te mantienes?

-D. -Sonreí.

-¿Por qué no subes de ella?

-¿Por qué lo haría? -Le pregunté. Él me señaló sonriente.

-Esa, Blosson, es una excelente pregunta. -

-Tus calificaciones debían ser un grito. -Lo miré, él frunció el ceño sin comprender. Liberé una risita. De pronto soltó una carcajada comenzando a reír entendiendo mi súper chiste. Tomó su estómago riendo tanto que me hizo sonreír aún más. Comencé a reír también, en silencio, negando.

-Pues no, te equivocas. -Me dijo riendo, al componerse. -Mejoraron en la universidad. Tú tienes potencial, educación, eres brillante, inteligente, deberías aprovecharlo. -Me sonrió al darme una miradita.

-¿Qué te hace creer que tengo todo eso? -Le pregunté, confundida, y él, me miró confundido también.

-Porque te escucho siempre, Jessica. Deberías confiar más en ti misma. -

Nunca me habían dicho en tenía potencial ni nada de lo demás, me sentí nerviosa, y con algo de vergüenza.

-Bueno, iré con... mi novio. -

Él asintió.

-Vamos, entonces.

Sentí mis mejillas enrojecerse.

Comimos helado y continuamos con una sobremesa cargada de risas.

Cuando William anunció que debía irse me sentí aliviada de inmediato. Ambos nos pusimos de pie y les dije a todos que lo acompañaría a la puerta.

Allí él me besó y me dijo riendo que debía acostumbrarme alguna vez a tenerlo entre su familia, era cierto, pero me era difícil, y no entendía por qué.

William abrazándome besó mis labios con dulzura.

-Te amo. -Me dijo. Sonreí. William no tenía nada de malo, el no sentirme plena eran problemas míos. Él no tenía la culpa.

-También te amo. -Susurré. Lo besé. La puerta se abrió y al ver a papá nos alejamos.

-Terroncito de azúcar hace frío. -Me indicó con la mano que entrara. Miré el cielo mientras William reía. Había veinte grados más o menos.

Él besó mi frente y se despidió.

Al entrar Harry estaba en el camino, Papá me regañaba con exageración, bromeando en realidad.

-¡¿Puedes creer Harry?! ¡Estaban dándose besos en la puerta! -

No quise ver su rostro ni oír su respuesta, hui a mi habitación.

[...]

Bajé rápidamente en busca de mi teléfono que hace horas había dejado sobre la mesa, pero en cuanto me adentré a la sala la mesa estaba repleta de hombres.

Una reunión del comité del directorio del hospital. ¡¿Por qué diablos no estaban usando la sala de reuniones?! ¿o la sala de reuniones del hospital?

Miré con pánico mi pantalón extremadamente corto y mi blusa. Miré mi teléfono entre los cuerpos enfundados de trajes caros sin ni una arruga, mi atuendo y las escaleras.

Papá al verme y examinarme me lanzó una mirada que me advirtió que desapareciera. Pierce a su lado la notó, me buscó con la mirada y volvió su atención a la reunión, tomando mi celular sobre la mesa.

Corrí escaleras arriba, en pánico.

Odiaba tanto esto.

-¡No debes andar así por la casa! -Me regañó mamá al verme en las escaleras.

-Es mi casa mamá, debería poder.

-¡Pues no puedes! -Me gritó, entrando a su habitación con otros papeles dentro de una gran carpeta.

Oí alguien subir por las escaleras y esperé paciente que papá también me retara, pero no fue así. Era Pierce.

Volví a mirar mis piernas desnudas, maldiciendo, pero él me extendió mi teléfono con calma, sin miradas lascivas ni nada parecido, y lo agradecí demasiado.

-¿Papá está molesto? -

-No mientras no te vea. -Sonrió.

Resoplé.

-No avisó que habría reunión hoy.

-Fue un imprevisto. -Explicó. Asentí, apartando la mirada. -Solo quieren cuidarte, Blosson.

-Si deben cuidarme de los tipos que entran a mi casa, quizás esos tipos no deberían estar en mi casa. -Solté abruptamente. Él me observó unos instantes, con su mirada profunda, como si su mente se hubiera aclarado.

-Tienes razón, Jessica. -Susurró. -Lo siento.

-NO, bueno. -Me miré. -Eres de la "familia", Pierce. -Fingí una sonrisa.

-No me quieres ni un poquito ¿Cierto?

-Oh, creo que te llaman. -Fingí haber oído algo escaleras abajo. Él soltó una risa realmente divertida.

-De acuerdo, me voy.

-Gracias, por el teléfono. -Lo señalé.

-Gracias a ti por... ser tan amable.

Le guiñé un ojo.

-Es un placer.

Bajo riéndose. Borré de inmediato mi sonrisa al entrar a mi habitación.

Capítulo 2 Placer divino.

-Los ángeles lo llaman placer divino, los demonios sufrimiento infernal y los humanos Amor. -La voz dulcificada de mi amiga al citar aquellas palabras me hizo sonreír. Me senté frente a ella, ubicándome como ambas estábamos hace minutos. Ella como yo debía estar leyendo algún libro de su clase, pero en cambio tenía en sus manos uno de sus favoritos románticos que guardaba en mi biblioteca. -¡Había olvidado como comenzaba este libro! -Mintió. Ella al mirarme sonrió con inocencia haciéndome reír.

Tatiana es preciosa, en ella todos sus sentimientos afloran con intensidad, incluso aquellas cualidades que la hacen tan característica, tan loca, arriesgada y divertida.

-Estoy segura que dijiste que tenías un examen. ¿Crees que la aprobarás? -Le pregunté, divertida.

-¿Crees que me vuelva a enamorar? ¿Es decir, de alguien bueno y que además me corresponda?

Aparté los libros de una vez para prestarle atención. Ella no suele hacerse problemas por sus desastres amorosos.

-¿Qué sucede Tati? -Inquirí.

-Estoy cansada de... "los tipos malos" -Sonrió un poco. -La verdad quiero enamorarme. Y que me respeten y me amen y ser... no lo sé, prioridad para alguien.

-Tati eres preciosa, en todo sentido, alguien sabrá amarte como mereces. -Le dije, viendo como ella miraba sus uñas, insegura. -¿Qué pasa con el tipo que sales?

-No es nada importante, como siempre. -Inspiró aire, no realmente decepcionada. Ella no involucra lo sentimental cuando trata con personas que no suman realmente a su vida. Separa las cosas. Diversión, pasatiempo y amor; Asuntos separados. -Al igual que tú. -

-¿Disculpa? -Le di un golpecito en la pierna de reproche. -¿Crees que años dentro de una relación no significa nada? William es importante para mí. ¡Son dos años de relación hasta ahora! -

-Hasta ahora... -Masculló. La miré mal. -¿Lo amas? -Inquirió.

Me levanté a abrir las cortinas para que la luz de afuera entrara a mi habitación.

-¡Por supuesto que lo amo! -Exclamé al voltear.

-¡Tardaste una eternidad en responderme! -Me arrojó un cojín de la cama al cual esquivé muy mal. -¡Ni siquiera me miraste a los ojos! -Ella tomó de mi mano y me devolvió a la cama. -Igual, ya lo sabía, pero es hora de que lo sepas tú. -Negué, en desacuerdo. -Dos años si, pero eso no significa nada. Cariño siento que fueron una pérdida de tiempo.

-Yo si lo quiero Tati. Y mucho.

-Pero no lo amas. -Ella se limitó a no emitir más palabras. Me miró insegura. -Hablando de chicos nefastos, William está llamándote. -

-¿Por qué no lo quieres nada? Él si te aprecia. -

-El mundo entero me aprecia, bebé. Pero él tiene muchas razones para no ser apreciado por el mundo entero. Tu sabes bien cuales.

Dejé de oírla para tomar mi celular que estaba en la cama.

-Quiere que esta noche salgamos. -Le comenté, debatiendo si responderle o no.

-Pero estas conmigo. -Replicó a punto de enfadarse.

-Lo sé, no te preocupes. ¿Te quedas a dormir? -Deslicé el botón a finalizar llamada. Ella besó mi mejilla ruidosamente en agradecimiento. -A ti no te cambio por nada. Lo sabes.

Ella sonrió con orgullo haciéndome reír.

-¿Sabes que más creo?

-¿Uhm?

-Que hay una persona que te hace dudar incluso de tu propia coherencia. Te hace reír de tonterías y de pronto te brillan los ojos. Y oh, casualidad. No se llama William.

-Tonterías. -Resoplé, odiando que lo mencionara.

El día de estudio desapareció y se transformó en un día más de películas y chismes. Ella dijo que la universidad podía esperar, y por mi lado, ciencias no era importante.

Mamá horas más tarde tocó la puerta brevemente antes de pasar.

-¿Bajarán a cenar? Tu padre y Pierce están abajo.

-Por supuesto. Tengo mucha hambre. -Respondió rápidamente mi amiga, antes de que me opusiera. Evité hacer alguna mueca.

-Estaba pensando que podríamos cenar aquí. -Sugerí. Ella sonrió con burla.

-Como quieran. Pero si bajas vístete. -Ella se fue, cerrando la puerta tras ella.

-Estás vestida. -Replicó mi amiga por lo bajo.

Me puse de pie para cambiar mi atuendo de casa por otro pantalón corto, pero no tan corto.

Cuando estuvimos listas me miré un instante en el espejo antes de bajar con mi amiga a mi lado.

Bajamos riendo sin poder evitarlo, no quería aceptarlo cuando de Pierce se trataba, pero las ocurrencias de mi amiga referidas a él me hacían reír nerviosa.

Cuando llegamos a la mesa Tati saludó feliz. Ambas tomamos nuestros lugares. Harry terminó de hablar por teléfono y nos sonrió como saludo. La noté dulce y genuina. Tati me pellizcó y tuve que disimular el dolor y el querer arrojarla de la silla.

-¿Cómo estuvo ese día de estudio? -Preguntó papá animado.

-Uff.... -Emití, limpiando sudor invisible de mi frente.

-Hasta me duele la cabeza. -Suspiró mi amiga con exageración. Pierce soltó una risita, negando.

Pierce se vio involucrado con esta familia cuando papá lo ayudó a ingresar como residente a nuestro Hospital, convirtiéndolo en un doctor increíble, según sus palabras. Ascendió tanto incluso por sus propios méritos que hasta ahora es integrante del directorio. Él lo preparó y lo alistó y desde entonces entró a esta casa como un hijo más, debido a que papá conoció a un chico increíble que aprendió a apreciar más allá de la profesión.

Suele venir a casa seguido, pero aún no me acostumbro. Los fines de semana, exactamente los viernes cenamos todos juntos.

Y lo que me molesta y me impresiona de él. De Harry Edward Pierce, es su facilidad para envolverme en él, sin siquiera esforzarse realmente.

Papá daba vueltas por la sala, con papeles en mano, su teléfono y hablando con mamá de asuntos sin resolver al final del día. Lucía cansado y algo estresado, pero en minutos su actitud cambiaría para nosotros. Finalmente él besó mi frente antes de sentarse en la punta de la mesa, a un lado Harry y del otro yo.

-¿Comeremos o qué? ¡Estoy hambrienta! -Mi pequeña hermana Lou entró a la sala, exhausta de jugar tanto. Ella fue a abrazar a Harry quien reía por su enojo y la ausencia de comida en la mesa. -¡Es la segunda vez que pido comida! -Se quejó dejándose caer en la silla.

-Ya casi está lista, espera un poquito más. -Le dijo Harry, riendo. Besó su mejilla con cariño. Lou sonrió con fascinación arrojándose a sus brazos dramatizando un enamoramiento que era evidente para todos. Pierce reía.

-¿Quieren que encarguemos una pizza? -Preguntó mamá, volviendo de la cocina sin nada en las manos. No nos sorprendió, detesta cocinar y en consecuencia no lo hace bien.

Sonreí escuchando a papá reír con verdadera gracia.

-¿Tan mal salió esta vez? -Comenté burlona.

-Muchacha insolente, ve y encarga pizzas. Iré a tirar todo eso. -Me regañó mamá desaprobando nuestras burlas.

Papá aun riendo me guiñó un ojo.

Cuando las pizzas llegaron papá metió el trabajo en la conversación, y aunque solía ser frustrante para mí, me encantaba la forma en la que Pierce lo hacía de pronto sonar interesante. Aun así, con Tati procuramos hacer evidente nuestro aburrimiento y pareció funcionar porque enseguida Harry cambió el rubro del tema y comenzó a contarnos algunas anécdotas que nos hicieron reír. Harry tenía una increíble forma de hacer que mi familia dejara un poco su estructura seria y correcta y puedan reírse un momento de cosas triviales como estas. Solo por eso me gustaba su presencia.

Mi amiga estaba texteándome bajo la mesa haciéndome reír, me decía todas sus ocurrencias y todo lo que quisiera decir porque sabía que mis padres no estaban listos para oírla.

-¿Con quién hablas? -Preguntó divertida Lou. Llevé el vaso con agua a mi boca intentando pensar en alguien.

-Con William, ¿no es obvio? -Mi amiga esbozó una mueca de asco haciéndola reír.

-Deberías invitarlo más seguido. -Sugirió papá.

-Es cierto, parece que lo ocultas de nosotros. Creerá que no lo queremos. -Añadió mamá.

Esbocé una pequeña sonrisa sin saber qué responder.

-¿Ya terminaron de comer? Limpiaré la mesa y la vajilla. -Porque en esta casa se come pizza con platos y utensilios. Mi amiga se rio entre dientes uniéndoseme para ayudarme.

-El próximo viernes puedes decirle que venga a cenar con nosotros de nuevo. Y mándale saludos. -

-Los viernes son del Doctor Pierce, no es necesario. -Respondí juntando los platos de todos, sin mirar a quien mencioné.

-A Harry no le molesta ¿verdad? -Mi padre sonrió mirando al castaño y éste solo negó mirándome. Mordí mi labio brevemente antes de soltarlo para hablar, pero a la vez tomé una gran inhalación por mi boca.

-Ah cierto. ¡Qué tonta! -Actué de manera exagerada. -William tiene planes para el próximo viernes. Y los otros próximos cinco. -Añadí, pero todos rieron abiertamente de mí.

Tomé todas las cosas de la mesa y me encaminé hacia la cocina sola. Mi amiga me abandonó por estar riéndose junto a ellos. Cuando quiso venir tras mío, mamá la detuvo para hablarle, seguro de mi relación con William.

Dejé reposando toda la vajilla en la isla de la cocina. Luego de un momento refunfuñé por tener que hacerlo sola.

-Me ofrecí a ayudarte. -La voz de Harry a mis espaldas me provocó un leve escalofrío que me hizo sonreír, pero rápidamente fruncí el ceño. Mordí mi labio y dejé las cosas dentro del lavavajillas.

-No te hubieras molestado. -Le respondí cuando me di la vuelta para mirarlo. Él me sonrió. -Haré funcionar el lavavajillas.

-Si no lo hago tus padres pensarán que soy un maleducado.

-Mis padres te protegen para que no muevas un dedo de más Pierce. Y aunque lo pensaran no te dejarían de querer como lo hacen. Sino mírame. Soy esclava aquí. -Exageré. Él rio divertido mientras me veía poner toda la vajilla dentro de aquella máquina. -Eres parte de la familia. -Le dije y ésta vez fui más dulce que la vez anterior.

-Es bonito saliendo de ti...-Murmuró. Intenté encender el artefacto. -Y Jessica, no necesitas seguir llamándome así, con un simple Harry basta. -Añadió a los segundos.

-Así te presentaste la primera vez. Doctor Pierce. -Le dije a regañadientes, molesta con el aparato que se oponía a cooperar.

-¿Cuánto tiempo pasó de eso Jessica? -

-Mucho. -Mascullé. Algunos años. -¡Funciona-de-una-vez! -Golpeé el lavavajillas y ésta vez de un sacudón comenzó a lavar.

-¿Qué miras? -Presioné mis labios.

-A ti. -Susurró y luego sonrió divertido. -Mira. -Me señaló la pila de vajilla sucia que él había traído.

Solté una exclamación de indignación.

-Debías habérmelo dicho. -Apagué el lavavajillas, furiosa. -Lo lavaré mañana. -Me rendí arrojando un paño húmedo sobre la mesa. -Iré a dormir. -Porque de pronto, aunque me sentía bien estando con él, lo que pasaba dentro de mi cabeza y mi estómago me hacía sentir incomoda.

-Lavemos juntos y no tendrás trabajo mañana. -Propuso, con una sonrisa que me convenció al instante, pero pronto cambié de opinión. -O lavo yo y tú haces el apoyo moral.

-No creo que sea conveniente... -Decliné al instante.

Harry dio dos pasos hacia mí y en segundos sentí que me faltaba el aire. Había distancia entre nosotros, él no me invadiría jamás, pero si algo le encantaba a él es cuando yo misma me ponía nerviosa, por él.

-¿Qué cosa no sería conveniente? -Murmuró, sacando suavemente su lengua de su boca para humedecer su labio. Respiré profundo. -No pedí nada que no pudiéramos hacer, Jessica. -Sonrió con descaro.

Las palabras quedaron atascadas en mi garganta. Él jamás había insinuado nada, pero algo tan básico como quedarme un momento con él me parecía una mala idea.

-Qué bonita camisa. -Solté finalmente. ¿De verdad eso había salido de mí?

Él soltó una risa breve. Sus ojos bajaron solo un instante hacia su camisa, y luego regresó a mí, con una profundidad en su mirada que la sentí estrujarme el alma.

-Jessica mi camisa no está en mis labios. -Su voz salió cargada de seducción. Miró a mis espaldas antes de acercarse un poco más a mí. Sentí calor. Sentí que apartarme era malo, pero quedarme ahí donde estaba, podría ser mucho peor.

Mi mente me dijo al instante que me moviera, pero mi corazón golpeando mi pecho con violencia me mantuvo allí, sin siquiera poder quitarle los ojos de encima porque sentí que de pronto me sentía bien. Que mirar sus ojos me hacían sumergirme en un mundo que deseaba demasiado explorar con más libertad. Y su boca, sus labios parecían que podrían acariciarte si él lograra de verdad amarte. ¿podía él amar?

Puse mi mano en su hombro para saber que era real y al sentirlo, en cuestión de segundos lo aparté, porque de otra forma mis pies no parecían tener la intención de moverse lejos, sin embargo, no hice siquiera fuerza realmente, fue el quien tomó distancia. Incluso lo hico con elegancia y notas de gusto.

-¿Te diviertes no? -Me atreví a decirle, volviendo a la realidad. Él sonrió divertido y asintió, pero al instante su sonrisa burlona se volvió genuina.

-Sí, y tu igual. -Subió su mano, y con el dorso de ella su dedo se deslizó por mi mejilla con dulzura. Mi corazón latió con fuerzas. -No dejes que ningún tipo te seduzca de esta manera. -Su mirada se volvió más intensa. -Soy mayor que tú. Nada de un tipo como yo podría acabar bien para ti.

Sentí que el aire se me escapaba de mis pulmones, pero no quise que fuera visible para él y supiera, ni siquiera notara, qué me sucedía en el cuerpo por él. Fruncí el ceño mirándolo con firmeza.

-¿Por qué lo estás haciendo tú entonces? -Enfrenté.

-Porque yo no te lastimaría. -Me dijo, apartándose más. -No dejaría que esto pasara más lejos que... un juego.

-Tampoco lo permitiría Pierce. -Solté segura, atacándolo para defenderme, pero sintiéndome de pronto mal, sin embargo, una vez más me encargué de ocultarlo bien.

-Bien entonces. -Sonrió de nuevo.

-Bien. -

-Bien. -Soltó una risa que terminó por hacerme sonreír.

-¿Por qué tardas tant...o? -Mi amiga apareció y al mirarnos soltó un respingo. -No tenía idea que estabas aquí Doctor Pierce. -Seguro estaba maldiciéndose a sí misma.

-Harry. -Corrigió. -Debo volver con Christian. -Suspiró exageradamente mirándome como si realmente no quisiera. Tati presionó sus labios divertida. -Ya que no supieron aprovecharme tendrán que lavar la vajilla ustedes. -Añadió esta vez llevando su mirada a Tati. No tuve tiempo a objetar ni responder con poderío, porque sus labios abrieron paso a su lengua y ésta humedeció su labio inferior. Sonrió y se fue.

-Lo hizo apropósito. -Susurré una vez solas.

-¡Si y tu caíste! ¡¿Qué fue eso?! -Preguntó ella riendo mirando por donde se había ido Harry. -¿Lo besaste?

-¡Como voy a besarlo! -Exclamé en un susurro regañándola. Ella soltó una carcajada.

-¿Y por qué estás así?

-¿Así como? -Mascullé. Ella resopló.

Capítulo 3 No lo amas

La noche transcurrió entre risas y pláticas de madrugada, vimos películas y nos entretuvimos hasta que el sueño nos venció. A las 03:00am pudimos oír el sistema de seguridad de afuera y supimos que Pierce ya se había ido.

Cuando desperté a la mañana siguiente tomé mi celular y me entretuve unos minutos hasta que mamá entró sigilosa y abrió las cortinas. La luz de lleno golpeó mi rostro.

-Buen día... -Me sonrió ahora sí. -Vamos a desayunar, despiértala y bajen. -Ordenó antes de irse.

Poco tardé en ir al baño y alistarme. Cuando volví con mi amiga me arrojé sobre ella.

La escuché quejarse, pero no se preocupó en moverse.

-¡Ya despierta maldita sea! -Exclamé riendo.

-Quítate de encima, no respiro. -Chilló.

Finalmente sonreí complacida, dándole espacio para que pudiera reincorporarse.

Ambas bajamos distraídas platicando de un sinfín de cosas a la vez, como siempre. De pronto respiró abruptamente, ahogándose con su propia saliva.

-¿Qué diab...?

-Tu hermano le puso me gusta a mi foto. -Emitió, respirando agitada. Presioné mis labios.

-No tengo ningún hermano. -Respondí.

-¡No seas tonta! -Me gruñó, defendiéndolo. La miré horrorizada. -Bruno se sentiría muy mal si te oye decir algo así.

-¡¿Y a mi que diablos me importa si se siente mal?! ¡¿y por qué de pronto te preocupan sus sentimientos?!

-¡No seas así, Jessica, él...! -

Miré al frente y al hacerlo chocamos con Harry vistiendo increíblemente admirable de pies a cabeza. Me confundió verlo por la mañana y me aturdió saber cómo yo iba vestida.

Durante las mañanas los fines de semana siempre estábamos solas. Papá siempre trabaja.

Inconsciente me miré y di un respingo.

No subiría a vestirme nuevamente, sería vergonzoso.

-Buen día. -Dijo él con una hermosa sonrisa.

-Buen día. -Fue mi amiga quién respondió. Mamá mientras servía las tazas de té y café me lanzó una mirada llena de gritos, la desaprobación estaba en sus ojos. Si tan solo me lo hubiera dicho.

Manteniendo la calma de no explotar, en silencio caminé tranquila a las escaleras. Luego subí corriendo a mi habitación hasta al final del pasillo.

Me vestí completamente. Un jean y una blusa de tirantes negra, ésta iba a juego con mis botas altas.

Al mirar lo que acababa de quitarme sentí vergüenza, esos pedazos de tela no era ropa. Reí nerviosa bajando de nuevo.

Mamá hablaba con Tati.

-Sabes que Jessica es un desastre... -Le decía mamá. ¿Y ahora qué hice? Mi amiga sonrió.

-Un desastre increíble Lourdes. -Me defendió ella sin miedo. Mamá suspiró mirándola.

-Se me había olvidado hacer algo. -Me senté frente al café que esperaba por mí.

Tomé la taza entre mis manos y la llevé a mis labios.

-Vestirte. -Mencionó mamá, con una sonrisa cargada de reproche.

-¿Papá? -Ignoré su comentario.

-Trabaja. -Respondió ella, entonces miré a Harry, confundida.

-¿Qué haces aquí? -Solté sin cuidado.

-Me quedaré hasta que mis amigos dejen mi departamento. Estoy cargado de sobre turnos y necesito dormir. -Explicó con calma, tomando de su taza. Al bajarla me miró con interés.

Sonaba a días.

-¿Y dónde dormirás? -

-Deja las preguntas hija. -Me regaño mi madre.

-Anoche dormí en el cuarto de huéspedes. -Respondió. -Espero que no te moleste. -Lo miré unos instantes, sin saber que decir, no sabía si esto era bueno o malo, sin embargo, no debía importarme demasiado. -Si estás en descuerdo me iré, Jessica. Es tu hogar y no voy a invadirlo. Entiendo que aquí la mayoría son mujeres.

Tati sonrió. La había comprado.

-Lou no cuenta, ella te ama. -Respondió mamá, y entonces buscó mi mirada, esperando una respuesta. Me sorprendió no encontrar presiones en ella.

-No, está bien. -Negué respondiendo al fin. Porque después de todo él jamás me había hecho sentir incómoda de una mala manera. De hecho, me costaba aceptarlo y jamás lo diría en voz alta pero muy muy en el fondo me gustaba el ambiente con su presencia.

El cuarto de huéspedes estaba al lado del mío, pero eso no sería conflicto alguno porque cuando cada uno entrara a su habitación estaríamos con nuestra privacidad. Incluso en mi propia habitación tenía un cuarto de baño.

Harry me sonrió y de mí surgió una igual. Negué inconsciente, sin poder creerlo.

Me impresionaba que fuera tan...

Correcto.

-¿No contestarás? -Me habló Tati luego de un desayuno silencioso, o quizás fui yo quien no prestó atención a los siguientes minutos. La miré y ella señaló mi celular que estaba sobre la mesa.

Fue entonces cuando lo oí sonar. Mi mamá, aunque no le gustaban los celulares sobre la mesa cedió a que atendiera. Luego tomó su taza y se encaminó hasta la cocina habiendo ya terminado.

-¿Hola? -Dije sin siquiera haber mirado quien era el dueño de la llamada.

-Buen día cielo... -La voz de William se escuchó en la línea. Tontamente alejé el celular y la pantalla se iluminó con su nombre.

-Buen Día. -Sonreí, mi amiga bufó sonoramente. Evité mirar a los que estaban conmigo en la mesa. -¿Cómo amaneciste hoy? ¿Ese dolor de cabeza ya se fue? -

-¡Tengo una genial propuesta que hacerte! -Sonaba ansioso. -Elton hará una fiesta esta noche en su casa. Quiero, necesito que me acompañes. Quiero que vayas conmigo -Su tono me hizo reír. -Sé que no te dejan salir, lo sé, pero no acepto un "no" como respuesta. -

-No, Will, yo no sé si... -

-Tengo todo fríamente calculado. Pasaré por ti cuando no haya amenaza y te dejaré en la puerta de vuelta antes del amanecer, te cuidaré como siempre y nadie se enterará. -Me interrumpió. Esbocé una mueca.

Ya había hecho eso antes, lo hacía casi siempre, pero no estaba segura de querer seguir haciéndolo. Una vez me descubrieron y pasó con mis padres todo lo que tuvo que pasar, no obstante, poniéndome en sus lugares, tampoco me gustaba el hecho de que no supieran donde estaba.

Harry me estudiaba con determinación, pero su ceño estaba notablemente fruncido. A menudo suelo verlo de esa forma, fuera de casa su imagen es así de seria con el alrededor, y aquí adentro con nosotros la encuentro cuando está muy concentrado en algo, o cuando está disgustado o molesto.

-Te confirmo luego ¿sí? -Murmuré sin estar muy convencida.

-Amor...

-En realidad, -Repuse, -No puedo hablar ahora. -Porque si aceptaba, Harry, fuera lo que fuera, es amigo de papá.

-Oh, entiendo. Está bien cielo. -Me dijo. -Espero tu mensaje con un sí. Te amo. -Y Cortó la llamada.

-Yo a ti. -Respondí a la nada. Me terminé mi último sorbo de café y miré a mi amiga como si nada pasara. Ella puso los ojos en blanco.

-¿Saldrás? -El tono que el Doctor Pierce había usado en su única y concisa palabra fue firme y autoritaria, como si le molestara. Sabía bien todas las reglas de esta casa. Y a mí me molestó demasiado que me haya descubierto todo el tema de conversación con solo mirarme como lo había hecho.

Mamá entró hablándole a Harry logrando que quitara los ojos de mí. Ella y él se pusieron a recoger todo de la mesa. Mi amiga aprovechó la distracción de aquellos dos, tomó de mi mano y me llevó al patio trasero.

-¡Jessica! ¡Mierda! ¡Él actuó como si...! -Mi amiga lucía emocionada a medida que emitía cada palabra. Cerré muy bien la puerta corrediza de vidrio. Ella tomó una gran bocanada de aire. -Tuvo celos. -Soltó al fin. Me senté en el césped negando segura.

-No. No fue eso. Cree que tiene el poder de prohibirme algo solo porque es amigo de papá. Su tono de... autoridad fue obvio. ¿Quién se cree?

-Jessica, se le borró la maldita sonrisa. Y él siempre te mira como su fueras algo bellísimo y jodidamente interesante. Pero ahora... -Ella me miró como si no pudiera creerlo. -Dios, es verdad, no fueron celos, Jessica, es decir, ESE tipo de celos... Él... Yo no creo que él sea del tipo posesivo y estúpido. Creo que él estaba preocupado también.

-¡¿Preocupado?! ¿de qué? Eso es ridículo. -Pero mi voz casi no salió, y justamente por todo lo que acababa de decirme. Pero era tonto pensarlo, él no me miraba de esa forma, de ninguna forma en realidad.

-Los dos dedujimos que William te invitó a una fiesta. Pero tú dudaste, dudaste porque no querías y maldita sea, él te interrumpió cuando quisiste responder.

-Tati. -Esta vez reí. -Las personas suelen interrumpir a otras cuando están emocionadas.

-Y luego te insistió. Vimos que ya no sonreías, Jessica. Tu no lo quieres, sal de ahí.

-No tengo motivos para cortar con William, Tati. No comiences.

-Ya comencé. ¿Estás segura que no tienes motivos? -Replicó.

-Por supuesto que sí.

-Entonces dime todos los motivos del por cual sigues con él, enumérame motivos del por qué lo quieres. Dime todos los motivos que te alientan a ser su novia un día más de tu preciada vida. -Exasperó. Di un respingo.

-Porque... -Miré mis manos -Es bueno. Y lo quiero. -

Ella soltó un quejido.

-¡Fue lo más nefasto que oí de ti! "Porque es bueno y lo quiero" -Me imitó. Abrí la boca, escandalizada. -Jessica ese tipo de ahí afuera te hace sentir más que ese imbécil. Y todo lo que te produce Pierce siempre es bueno.

Le aparté la mirada, harta.

-¿Cuál es tu manía de compararlo con Pierce? Son completamente diferentes porque son diferentes y ni siquiera tiene sentido hacer la comparación. Pierce es solo... Pierce. ¡La idea de algo con él es realmente... graciosa e imposible! Y William es mi novio y no dejará de serlo. - Ella intentó replicar, pero la detuve. -Tati, es suficiente. Tú eres la racional entre nosotras siempre, recuérdalo.

Luego de un rato de silencio ella pareció calmar, pero luego suspiró escandalosamente.

-No te dejarán ir. -Murmuró.

-Exacto, por eso no dejaré que nadie me vea. -Dije con confianza. Ella abrió la boca.

-¡¿Entonces irás, aunque no quieras?!

-Si quiero.

-Jessica, me cae muy mal William, exactamente como una patada al estómago. -Emitió, muy seria. -No entiendo por qué diablos cedes a hacer lo que no quieres solo porque es él.

-No es para tanto, es una fiesta, siempre quiero ir a fiestas. -Sonreí. -Nadie tiene que enterarse. -Ella me miró cansada, sabiendo que no me haría cambiar de opinión.

-Cuidado con Harry, no quiero que te acuse con tu padre y vuelvan a castigarte, y en consecuencia no pueda verte en semanas. -Gruñó. -Y apenas llegas me mandas ubicación, no me fío de ninguno de esos tipos. Recuerda que son universitarios. No son más maduros, solo más grandes.

-Lo haré. -Asentí. -Gracias.

-No estoy de acuerdo.

-Lo sé. -Solté una risa.

Cuando mis decisiones arriesgadas y "peligrosas" no son junto a ella las desaprueba, lo que es entendible al tenerle desconfianza al mundo sin ella a mi lado, protegiéndome. A Tati la conocí hace años y de pronto se convirtió en la más increíble mejor amiga que pude tener en toda mi vida. Si algún día me faltara sería mi fin también.

-¿Estás mirándome con amor para que ya no esté enfadada contigo no es cierto? -Inquirió.

Solté una carcajada, negando.

-Si te miro con amor es porque te amo. -Le dije riendo.

-Bueno, eso ya lo sabía. Pero no me gusta que escapes con él.

La abracé, riendo.

-Voy a estar bien. -Le aseguré. Ella llorisqueó escandalosamente exagerada.

Rápidamente cambiamos de tema. Estábamos riendo cuando de pronto la puerta corrediza de vidrio traslúcido a metros se abrió, dejándonos ver a un castaño que nos miró curioso, y conocer esa mirada en él me produjo cosquillas. Inclinó su cabeza. Ambas, recostadas en el suelo le prestamos atención.

-¿Las interrumpo? -Preguntó, cuidadoso, pero entonces esbozó una sonrisa, asegurándose de que, aunque interrumpiera, respondiéramos que no, encantadas.

Solté una risa negando.

-Sal. -Le indiqué. -¿Qué sucede? -Me senté en el césped para mirarlo con más claridad. Acepté por primera vez que es condenadamente atractivo, y noté que el que tuviera actitudes o solo acciones de chico y no de adulto aburrido elegantemente correcto me producía una curiosidad rara también.

-Tu madre se fue a comprar para preparar el almuerzo o a comprar el almuerzo. -Una sonrisa de diversión brotó de su boca. -Y me sentí muy aburrido y solo ahí adentro. Estar en una casa tan grande solo se vuelve... más grande.

Estuve temporadas enteras sola con mi hermana pequeña cuando mamá y papá viajaban por trabajo, sabía lo que se sentía.

-Ven. -Le dije. Lancé una rápida mirada a mi amiga, la vi sonriente como el mismísimo gato de Alicia. Al percatarse de su emoción disimuló comenzando a teclear en su celular.

Me recosté con calma y Harry lo hizo junto a mí, lo que me sorprendió al siempre tener una postura tan... perfecta.

Cuando a menos de un metro, ambos en el suelo, me miró, encontré a una persona completamente diferente, es decir, no me miró lascivo como cualquier otro tipo, tampoco quiso seducirme con su mirada, no había intenciones de conquistarme mirándome como mira un tipo a alguien que sabe que se derrite si lo intenta. Aun así, sentí cosquillas, porque su mirada seria fue tan profunda que temí que leyera mis verdaderos pensamientos. Y de pronto quise apartar mis ojos de él porque me sentí indefensa, como si estuviera expuesta, desnuda frente a él, pero entendí que no podía.

Porque sus ojos parecían demostrarme que en él no había más que una persona increíble y eso me mantuvo ahí, sosteniéndole la mirada, como si no pudiera alejarla, y me costó aceptar que la persona frente a mí era a quien yo más deseaba.

Odiaba que fuera así.

-¿No irás a trabajar? -Me dispuse a decir, apartando la mirada por fin y dejándola en el cielo.

Él carraspeó, imitándome, antes de hablar.

-Tengo que ir como a las tres. Vuelvo a las nueve, pero si vengo con tu padre lo haré más tarde. -Cuando terminó volvió su mirada a mí y aunque no quise mirarlo también terminé haciéndolo. Mi interior se revolvió con furia.

Harry es diferente, y podría ser chiché decirlo, pero es verdad. Y considero que lo es porque es interesante, e inteligente, elegante y correcto. Es atento, a veces dulce y otras veces divertido. Cuando quiere seductor, un seductor que te hacer cortar la maldita respiración en un segundo. Pero, eso es todo, el que sea "diferente" no significa más. Quizás me atraía la incertidumbre de lo que podía encontrar en él, pero mi certeza me hacía estar consciente de que nuestra relación solo era a veces un juego que nos divertía a ambos cuando intentaba sin vergüenza que me derritiera por él. Además, el día anterior me había dejado claro que no permitiría nada más, y yo tampoco.

Además, quiero a William.

-¿Duermes bien aquí? -Le pregunté entonces, para platicar, pero luego recordé que yo no solía ser tan amable con él, de hecho, solía ser muy dura para que no me viera nunca como una chica más que está muerta por él. Lo vi sonreír. Aparté la mirada.

-Muy bien, gracias.

Asentí.

-Tampoco podrías quejarte... -Respondí. Lo noté sonreír aún más, divertido. -Y tus modales no te lo permitirían. -Entonces soltó una risa.

-Es cierto, pero verdaderamente estoy muy cómodo aquí, con TU familia. -Noté su énfasis y esta vez fui yo quien lo miró divertido.

-No volverás a oír de mí que mi familia es tuya Pierce. -Respondí, riendo. Él sonrió, humedeciendo sus labios con su lengua como un gesto propio de él, pero terminó riendo también.

-Lo intenté, no me culpes.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022