Loan Zhao descendió de su vehículo, y comenzó a subir las escaleras de roca ya desgastadas por el tiempo, pero, que aún se mantenían firmes dando la bienvenida a todo aquel que fuera al monasterio que servía de hogar a los monjes más antiguos de aquellas tierras.
A diario se podía ver a importantes familias acudir a aquel lugar, no solo para saber que les deparaba el destino a sus familias, sino que muchos acudían para saber si las esposas y esposos que escogían para sus hijos eran compatibles, se podría decir que en las tierras del oriente eran muy creyentes en la fortuna, pero en especial en el destino, para estas personas todo estaba escrito, desde el día que nacían, y solo los monjes lo podían descifrar; para el líder del tigre blanco, no era la excepción, su matrimonio con Jade Renger fue obra del destino y él lo sabía, aunque su esposa que era extranjera se empecinara en decir que solo fue casualidad.
Loan golpeo la puerta de madera maciza, sintiendo un escalofrió descender por su espalda, podía escuchar a la perfección los pasos de alguien acercarse a abrir, y las manos le sudaban, conocía a los monjes, fueron ellos los encargados de escribir en los pergaminos sagrados el nacimiento de sus hijos, pero aún más, de guardar el secreto, ese que incluso sus propios hijos desconocían y es que de los tres jóvenes Zhao, solo uno era hijo biológico del Loan y su esposa Jade.
- Señor Loan Zhao, es un gusto volver a verlo, pase, lo estábamos esperando.
Loan hizo una reverencia en señal de respeto y en completo silencio se dedicó a seguir al monje más joven del lugar, uno que rondaba los 80 años, quizás tenían el conocimiento de la vida eterna, se dijo interiormente Loan, pero de sus labios no salió nada mientras deambulaban por los intrincados pasillos del monasterio, pues el lugar donde le revelarían el futuro del clan, no era el mismo que usaban para ver el destino de cualquier otra familia por más adinerada que estas fueran, claro que no, el tigre blanco era más que dinero, era poder, sabiduría, y protección, desde que Loan había asumido hacia 20 años, era el primer tigre blanco que solo atacaba para defender y no para provocar o doblegar a los demás, se podría decir que era un tigre justo, al cual no le gustaba derramar sangre sin un buen motivo y eso era algo que todos apreciaban.
- Señor Zhao, bienvenido, aunque debo reconocer que esperaba su visita, me sorprende que un hombre como usted quiera dejar su lugar tan pronto. - las palabras del monje tenían sentido, pues Loan recién estaba en sus 45 años, se veía fuerte tanto física como mentalmente, aun podía ser la cabeza del clan por varios años más.
- Gracias por recibirme, y por considerarme aun apto para ejercer mi puesto, pero... creo que ustedes mejor que nadie sabe que nunca fue mi deseo ser la cabeza del tigre...
- Pero era tu destino. - lo interrumpió el monje, quizás un poco molesto a que Loan después de tantos años aún se quejara por su destino.
- Y lo agradezco, no me malentienda, pero me gustaría actuar de una forma distinta a la que actuó mi padre, a mí me gustaría guiar a mi próximo sucesor y no solo enseñarle a llevar el negocio familiar, usted señor Moon, sabe mejor que nadie, que nuestra organización no es como la de otros lugares, mis hijos deberán aprender que solo uno de ellos puede ser la cabeza del tigre y que los demás serán sus garras, no quiero que entre ellos exista ningún tipo de asperezas, como la que tuve con mis hermanos.
- Tus miedos los conozco mejor que nadie Loan, pero si has criado a tus hijos como has guiado al clan, no creo que entre ellos exista celo alguno.
Loan guardo silencio, pues Jade y él habían criado muy bien a sus hijos, pero, aun así, veía las ansias de poder en sus ojos, cada día que pasaba, uno se desentendía de todo y otro buscaba el favoritismo de Loan, algo que lo hacía recordar a su hermano Wang y a él en la juventud, lo que menos deseaba era que sus hijos pasaran por lo mismo que él y sus hermanos habían pasado.
- Bien señor Zhao, déjame ver lo que en tu espalda fue escrito hace 20 años atrás.
Loan se retiró el saco, sentía los dedos sudorosos a medida que desprendía los botones de su camisa, y la piel se le puso de gallina cuando al fin la retiro, no porque sintiera frio alguno, sino porque sabía que lo que el monje dijera ese día, era el destino de sus hijos y nada se podía hacer para cambiarlo.
Giro respirando con profundidad y al fin el monje pudo ver el tatuaje de espalda completa; de hombro a hombro en la ancha espalda había un gigante universo, tan oscuro e inmenso que causaba escalofríos solo de verlo, con algunas estrellas brillando, tratando de iluminar su oscuridad, bajo él, un tigre rodeado de una luz verde avanzaba imponente, mostrando sus colmillos y garras listo y dispuesto a atacar sin piedad a la más mínima provocación, ese tigre representaba a Loan y el brillo verde a su alrededor a su esposa Jade, que era de donde Loan se alimentaba cada noche para sacar fuerzas para guiar a su clan, a la izquierda un rayo brillante zigzagueaba, iluminando todo a su paso, pero siendo impredecible e imparable y a la derecha destellos de jade brillaban, mientras que a los pies del tigre un pequeño cofre lleno de oro y joyas estaba casi oculto pero, aun así era visible.
- Shen Kun, es el nombre de tu hijo mayor, significa vasto universo y eso es lo que veo aquí, un universo oscuro y tenebroso, hambriento de poder, obstinado, altivo e incluso soberbio. - Loan bajo su cabeza con pena, esas no eran las cualidades que debía tener un tigre blanco. - Aunque debo reconocer que lucha por no serlo, las pocas estrellas que brillan en él tratan de concederle un poco de luz, pero no es suficiente, ¿comprendes lo que digo? - Loan respiro con pesadez, lo comprendía.
- La luz que tratamos de darle como familia no es suficiente como para guiarlo. - susurro con pesar Loan.
- Así es, pero no pienses de más, Shen no será el tigre blanco, pero será la garra más poderosa que cuide al próximo líder, aunque...
- ¿Qué? - nunca era bueno que un monje dudara a la hora de hablar del destino.
- Creo que deberías decirle quien fue su madre, porque si él lo descubre por su cuenta, puede que su oscuridad nos cubra a todos. - Loan solo afirmo con la cabeza, pero tanto él, como el monje, sabían que eso no era algo que solo dependiera de Loan, Jade tendría siempre la última palabra, después de todo, ella fue quien lo salvo del destino al que su madre biológica lo había sentenciado.
El monje bajo su vista al rayo que surcaba el lado izquierdo del tigre, y de forma inconsciente sonrió.
- Huang Lei, es el nombre de tu segundo hijo, un trueno brillante, segador al ser portador de tal belleza, como el rayo que aquí decora tu espalda, es imposible no verlo, la luz que posee es tanta que incluso ciega a quien lo ve, pero es un alma libre, él está dispuesto a tratar de escapar de su destino, pero al fin el rayo caerá donde tenga que caer, sin importar que tan prohibido sea ese lugar. - Loan giro con brusquedad y vio con enfado al monje, quien le sostuvo la mirada sin miedo alguno.
- Pocas cosas están prohibidas para un tigre...- rebatió casi de forma desafiante.
- Y ese es el problema, él no será el tigre, y será mejor que digieras lo que acabo de decirte, tómalo con calma, no olvides que Huang puede tener la luz de su padre Park. - Loan trago con fuerza para que el nudo en su garganta desapareciera, pues a pesar de que los años habían pasado, aun le costaba hablar de su hermano menor, ese que murió tan joven y dejándole a Jade el cuidado de Huang Lei. - Pero, por sus venas también corre la sangre de su madre, una asesina que en minutos acabo con desenas de hombres, que los prejuicios que existen para algunas cosas, no te hagan olvidar que Huang puede ser una luz brillante dadora de felicidad y calma como lo era Park o un ángel sin alma como su madre si lo lastiman. - Loan estaba aturdido, no tenía prejuicios ante lo que algunos consideraban prohibido, pero una cosa era él y otra era el clan, aun en tiempos modernos, algunos veían como aberraciones ciertos actos, estaba tan sumido en esto último que no reparo en lo más importante y era la última opción, esa sí que estaba prohibida.
- Mei Ling, tu hija se llama así, destellos de Jade.
- Sí, escogí ese nombre porque tiene los mismos ojos que Jade, verdes, brillantes y... - solo entonces Loan recordó a que había acudido al monasterio. - No puede ser. - dijo al tiempo que giraba y ahora veía con miedo al monje, el cual le sonreía, y por un segundo Loan se planteó la idea de matarlo.
- El destino es el destino y de él nadie escapa, tu hija será la primera mujer en estas tierras en tomar el lugar de líder de un clan, felicidades Loan Zhao, tus hijos son tan fuertes, que ni siquiera lo prohibido los podrá detener, antes pondrán a arder a todo el país de ser preciso.
Loan salió de aquel lugar azotando la puerta de madera maciza, maldiciendo el momento que se le ocurrió ir al monasterio en busca de la supuesta paz que le daría conocer el destino de sus hijos, y consiguiendo solo arder, arder en las llamas del destino.
Los hermanos Zhao hacia más de un año que habían dejado su país, Shen Kun estaba en Chicago, no solo estudiando, también aprendiendo todo de su tío Wang, no era fácil para Shen digerir que el próximo tigre blanco seria su hermana, pero así estaba escrito, aun antes de que ellos nacieran, o al menos eso le había dicho su abuelo antes de morir, el viejo Sug había roto las reglas, se suponía que solo Loan podía acudir a los monjes y pedir que el destino del tigre blanco fuera revelado, pero Sug Zhao rompió esa ley y no queria llevarse el secreto a la tumba.
- Abuelo, deja que mejor llame a mi padre. - pidió el joven de cabello rubio y ojos negros, al ver que el tiempo de su abuelo Sug estaba llegando a su fin.
- No, Loan no sabe, nadie sabe lo que te voy a contar, será nuestro secreto. - Shen no pudo evitar sonreír, iba a extrañar esa complicidad que solo tenían con su abuelo, pues el mayor era el confidente de los tres jóvenes Zhao y viceversa.
- Bien, dime. - dijo dándose por vencido.
- Ahora lo comprendo todo, como te estaba contando, ese día cuando tu padre ingreso a consolar a tu madre, aproveché su distracción y fotografié su espalda. - Shen sonreía, pues la cara de su abuelo parecía a la de un niño que hizo una gran travesura y al fin se podía jactar de ello. - Fui a ver al monje y le conté que tu madre lloraba a amares por solo ver el tatuaje que le acababan de hacer a tu padre, entonces él me dijo, que el próximo tigre sería una niña... - y en el momento que Sug dijo aquello el corazón de Shen se detuvo, era como si una espada lo hubiera atravesado. - Quita esa cara, porque puede que tu no seas el próximo tigre, pero serás un león con reino propio si así lo quieres. - Shen dibujo una sonrisa, demasiado falsa como para engañar al anciano. - Lo digo enserio Shen, tú eres demasiado poderoso como para ser un tigre, tu lugar no es estar a la cabeza, tú serás la garra que proteja a tu familia, debes jurarlo. - pidió lo último tomando con fuerza el brazo del rubio y Shen se asustó al ver tanto dolor en el rostro de su abuelo.
- No lastimare a mi familia abuelo. - aseguro incluso un poco molesto ante lo que él creía era el pensamiento de Sug.
- Lo se muchacho, lo sé, pero, no es por eso por lo que te pido que cuides a la familia... es porque nosotros ya fallamos una vez, yo falle, no pude proteger a mis hijos, a tu madre y por eso perdí a mi nieto. - la confusión paso por el rostro de Shen, ese era otro secreto, a veces el dolor nos impide hablar de ciertas cosas y es solo para no recordarlas. - Antes de ti o tus hermanos, hubo un pequeño tesoro, Bao, ese era su nombre, mi primer nieto paso por esta vida como una estrella fugaz, así de rápido como brillo, así de rápido se apagó, su destino no se alcanzó a escribir y de él solo queda prueba en la espalda de tu padre, eso fue lo que vio tu madre y por lo que tanto lloro, lo que me llevo a ver al monje, el pequeño tesoro que esta tatuado a los pies del tigre de tu padre, era un presagio, pues todo lo que está a los pies del tigre, es lo que traerá dolor al clan y en el caso de Loan, el sufrimiento lo trajo la perdida de nuestro tesoro, es por eso que te suplico Shen, cuida a tus hermanos, protege a tu familia.
- Lo juro abuelo. - y en verdad lo hacía, jamás permitiría que algo o alguien volviera a hacer sufrir a los suyos.
Si, ese día Shen supo muchas cosas, aunque no todas, quizás su abuelo necesitaba dejar en claro que partiría esa noche a cuidar a Bao en otra vida, solo eso explicaría el hecho de que muriera con una sonrisa en los labios.
Luego de que Sug muriera, los jóvenes Zhao decidieron estudiar en el extranjero, era la mejor opción, para no sentir tanto dolor.
Mientras Shen estaba en Chicago terminando de asimilar que el puesto del tigre blanco no sería suyo, Huang estaba en Canadá, había salido con un grupo de amigos a divertirse, festejar el comienzo del receso navideño y el alcohol le estaba causando estragos en su cabeza, veía a Raiden, uno de sus mejores amigos, y sentía que la atracción crecía a cada momento entre ambos, algo que estaba prohibido en su cultura, fue por eso que decidió que lo mejor era salir a tomar un poco de aire, aunque en realidad lo que hizo fue llamar a su hermano.
- Shen.
- ¿Qué sucede? Huang, son las dos de la mañana. - se quejó quien estaría destinado a ser la mano derecha de su hermana.
- Me está pasando otra vez. - confeso en un susurro cargado de miedo y vergüenza.
- ... En ese caso, quizás no se deba a que eres virgen Huang, quizás eres gay. - dijo con tranquilidad, pues a él no le importaba los gustos de su hermano, lo apoyaría siempre, lo cuidaría como se lo prometió a su abuelo.
- Te llamo para que me ayudes, no para que llenes de más dudas mi cabeza. - reprocho con desespero.
- Huang, deja de pensar, solo siente hermano, prueba, solo así sabrás, además ya me estas preocupando, es la segunda vez que me llamas por estar bebiendo, que el negar lo que sientes no te haga perderte. - solo con su familia Shen mostraba humanidad, solo con ellos que eran pequeñas luces iluminando su alma.
- Bien, en ese caso me acostare con el primer hombre que cruce, no pienso perder mi virginidad con mi mejor amigo. - informo contrariado, porque lo que menos queria era que a mitad de algo con Raiden entrara en pánico.
- Así se hace... ¿me dirás si eres pasivo o activo? - consulto divertido, sabiendo que su hermano se enfadaría.
- ¡Shen! Maldito bastardo.
Se quejo terminando la llamada, escuchando las carcajadas de Shen, solo para girar y toparse con una enorme masa muscular que tenía un rostro tan bello como el de Raiden.
- Disculpa. - dijo al tiempo que trataba de esquivar semejante hombre.
- No te disculpo. - rebatió el desconocido al tiempo que lo tomaba del brazo y lo pegaba a la pared del bar.
- ¿Qué rayos haces? - debía golpearlo, con una de las tantas técnicas de artes marciales que manejaba, pero el aroma del desconocido le gustaba.
- Creí escucharte que dormirías con el primero que te cruzaras, bien, ese soy yo.
Sin darle tiempo a pensar los labios de Huang fueron sellados por la boca de aquel hombre, estaba sorprendido, pero poco a poco continuo con el beso voraz que aquel desconocido le estaba dando, su primer beso.
No supo cómo, ni cuando, o porque, solo se despertó en la habitación de algún hotel, su trasero dolía como el demonio, pero al recordar el motivo de su dolor, solo pudo dejar salir una risilla de lo más estúpida, definitivamente era gay, ya no tenía como dudarlo. Se puso de pie y comenzó a buscar su ropa, aunque pensaba darse una ducha, primero queria saber el nombre de esa persona que le dio su primera vez.
- No puedo creer que vinieras a recuperar el amor de mi hermana y te terminas follando al hijo del tigre blanco. - esas palabras lo hicieron clavarse al suelo, con el pomo de la puerta en la mano y está a medio abrir, estaba jodido, se maldijo internamente por no prestar atención a las charlas que su padre y su tío Wang les había dado, los enemigos del clan están en todos lados y solo ahora se planteaba que quizás había caído ante alguno.
- Te lo dije años atrás, era una niña, si tan solo hubiera grabado como gemía y pedía que le diera más duro, toda una putita desesperada. - las carcajadas de aquel desconocido se le clavaron en el pecho como si de puñales se trataran, ¿así se sentían las mujeres al descubrir que solo las habían utilizado?
- Renzo Bach, me quito el sombrero ante ti, eres un maldito bastardo, solo espero que usaras protección, no quiero que contagies a mi hermana de alguna enfermedad. - no podía ser cierto, un Bach, un maldito Bach, peor aún, ese maldito Bach que había enfrentado cuando solo era un niño, no podía creer que el idiota aun recordara aquella insignificante confrontación.
- Por supuesto que use protección, aunque ese culo era virgen, y bastardo y todo, pero te gane la apuesta, paga.
Huang Lei podía tener la alegría y bondad de su padre Park Zhao, pero tenía el alma de su madre, una asesina que poco conocía de misericordia, un trueno puede iluminar tu noche más oscura, pero también es capaz de destruirte y Renzo Bach estaba a punto de descubrirlo.
- No presumas cuando inicies tu camino, presume cuando regreses. - dijo Huang apareciendo frente a ambos hombres, crecer en una cultura como lo era la oriental te templa para muchas cosas, en especial manejar el dolor y enfado, hasta encontrar la oportunidad de sacar todo, sin perder la dignidad.
- Pero mira, el dormilón se despertó. - rebatió con burla Renzo mientras Walter se veía incomodo, estaban jugando con fuego y lo sabían, aunque jamás supondrían hasta donde arderían. - ¿Qué quieres decir con eso? No pienso repetir contigo, por más bonito que seas, a mí me gustan las mujeres. - Huang camino con toda dignidad, Renzo dio un pequeño paso a un lado, creyendo que lo golpearía o así sea gritaría, pero el rubio solo camino hasta la puerta.
- Yo tampoco pienso repetir con alguien como tu Renzo Bach, solo te estoy avisando que tu camino recién comienza, y apuesta lo que quieras que cuando te toque regresar, sufrirás más que yo en este momento.
Puedes creer en el destino o casualidad, puedes creer que todo está escrito o que cada uno escribe su historia, pero debes tener en claro que decidas lo que decidas, nunca apuestes tu corazón, mucho menos tu alma, eso solo te llevara a arder en un destino prohibido.
Huang Lei veía fijamente el techo de su cuarto, no terminaba de comprender lo que había sucedido, o, mejor dicho, no queria comprenderlo, ¿cómo podía ser posible que Renzo Bach le hiciera semejante cosa? solo por un pequeño pleito de niños.
Su mente recreo aquel día, o mejor dicho noche, ese primer y único encuentro que había tenido con el castaño.
Habían llegado a Nueva York, se suponía que solo sería una pequeña parada para luego continuar su viaje a Chicago, aun siendo niños, sabían que lo que sucedería esa noche era importante para el mundo en general, pero más para las mafias, ya que cada clan existente estaba allí y solo eso explicaba el motivo por el que ellos estaban en la mansión Bach, sus enemigos jurados, pero solo porque así estaba escrito en los pergaminos, algo había sucedido muchos años atrás y se había establecido que los Bach nunca pisarían el país que manejaba el clan Zhao, sin embargo el tigre blanco había llegado no solo a los dominios de los Bach, sino que a la misma residencia, y luego cuando vio lo que era, entendió la importancia de que ellos estuvieran allí, era la sucesión de mando de la familia, Kimberly dejaría de ser la cabeza de la familia y su hija Lucero tomaría su lugar: ver una sucesión de poder, no era divertido, al menos no para Huang Lei, ni para Mei Ling, por lo que ambos fueron a explorar el inmenso jardín, la mirada curiosa de otros niños no les preocupaba, estos pequeños estaban acostumbrados a hacerse compañía mutuamente.
- Hola. - dijo una pequeña rubia de la misma edad que Mei Ling. - Mi nombre es Lizbeth, ¿Cómo te llamas?
- Soy Mei Ling y él es mi hermano mayor Huang Lei.
- Hermano ¡creí que era una niña! - se quejó un niño de unos 10 años que venía acompañado por dos niños más.
- Te lo dije Renzo, paga. - lo increpo uno de sus acompañantes.
- Ustedes y sus apuestas los meterán en problemas un día de estos. - se quejó la niña de 10 años. - Hola, soy Dalia, este tonto que te creía niña es mi hermano mellizo Renzo...
- Y él es mi hermano mayor Walter, le has hecho ganar 100 dólares. - intervino Lizbeth riendo.
- Mi tío Wang maneja muchos casinos, deberían ir a apostar allí y no meterte con mi hermano. - rebatió la pequeña Mei viendo mal a Renzo, era la segunda vez en la noche que confundían a Huang con una niña, eso no estaba bien, en su cultura había cosas que estaban prohibidas.
- Mira pequeña, puede que en tu país seas alguien importante, pero aquí... sobre nosotros no existe nadie, somos Bach, somos quienes tenemos el poder y los demás se doblegan... - era tonto discutir con una niña, pero el hecho de que Huang sea un niño no le gustaba a Renzo, él deseaba que fuera una niña, era demasiado bello para ser un niño.
El traje que tanto problema le había traído a Huang por parecer un vestido, aunque era la vestimenta tradicional de un guerrero, fue lo que llamó la atención de los demás niños que en el jardín jugaban, la habilidad con la que el delgado rubio salto por el aire y la rapidez con la que una navaja salió debajo de la amplia manga fue lo que hizo a Ámbar Zabet correr hacia ellos.
- Vuelve a hablarle de esa forma a mi hermana y te matare frente a la tuya. - solo cuando Ámbar vio el colgante que se balanceaba en el delgado cuello del pequeño Huang, fue que supo quién era, su hijo.
- Pequeño trueno. - susurro sintiendo que el alma le regresaba al cuerpo después de 7 años, por escasos segundos se sintió completa, humana.
- Señora. - Huang hizo una reverencia luego de ponerse de pie, ya que había arrojado a Renzo al césped. - Pido disculpas por mi comportamiento. - Ámbar podía ver a Park creciendo en su hijo, podía ver su alma vivir en él.
- ¿Qué? ¿Qué sucede? - indago viendo con fuego en los ojos a Renzo y este tembló un poco, era sabido por todos que esa rubia frente a ellos era una despiadada asesina.
- Solo era una apuesta. - se justificó el hijo de Linda Bach.
- Deberían tener cuidado, el tigre blanco es muy bueno para cobrar deudas de juego... mejor para cobrar el honor de la familia. - Ámbar vio pasar a su lado a un pequeño que tendría la misma edad que Huang, y que también era rubio, solo entonces comprendió que estaba viendo al hijo de Aika Ming, la mujer que había asesinado al hombre que amo con su alma. - ¿Estas bien hermano? - indago el joven con traje rojo, colocándose frente al pequeño trueno y arreglando su cabello largo que por el gran salto que había dado se había desordenado.
- Lo estoy, no te preocupes. - rebatió sonriendo y Ámbar respiro con fuerza, disfrutando de ver la sonrisa de Park una vez más. - No debes de cuidarme siempre.
- Soy el mayor, son mi responsabilidad, mientras yo viva... quien los lastime morirá en mis manos, ahora será mejor que regresen con mamá. - los vio partir, aun atónita, sin poder decir o hacer nada, acababa de ver el amor en carne y hueso, acababa de ver su alma y la de Park, acababa de ver a su hijo, ese que ella misma le dio a Jade.
- Tu hermano no debería de estar con una navaja aquí, es la mansión Bach, nadie puede... - solo era un niño de siete años, y la niña que lo regañaba tenía 10, era más alta, además de que estaba acompañada, aun así, Shen Kun la tomo del cuello y la silencio al cortar el paso del aire por ella.
- Yo puedo matarte con mis manos si así lo quisiera. - susurro mostrando una sonrisa tan diabólica como la que su madre Aika poseía.
- Deja a mi hermana... - Renzo se fue sobre el pequeño Shen, pero este era rápido, arrojo a Dalia al suelo y pateo el pecho de Renzo, cuando Walter quiso defender a su amigo, Shen tomo del cuello a la pequeña y frágil Lizbeth y la dejo frente a él, usándola de escudo.
- Esto es solo una advertencia Bach, nunca más molesten a mis hermanos, o sabrán que tan oscuro es mi universo. - Ámbar jamás había dejado de matar desde que había regresado del oriente, era un ser sin alma, una joya maldita, le decían algunos, pero ahora que había visto a su hijo, ni siquiera podía hablar, estos niños estaban a punto de lastimarse frente a ella, y la rubia no podía ni siquiera gritarle que se detuvieran.
- ¡Shen Kun Zhao! - la voz de Jade lo hizo soltar con más delicadeza a Lizbeth de la que soltó a Dalia. - Será mejor que regreses con tu padre en este momento. - Jade vio a Ámbar y las cientos de preguntas que en sus ojos se reflejaban, pero primero tenía que poner en vereda a su hijo.
- Lo siento madre, no quise ser una molestia...
- No te funcionara y lo sabes, regresa adentro. - conocía cada treta de sus hijos para salirse con la suya, pero en esta ocasión no lo pasaría por alto, no cuando su bienestar estaba en juego, pues sabia quiénes eran esos niños y el poder de sus padres, después de todo, Jade también era una Bach, una que decidió permanecer en el anonimato.
- Su hijo está loco... - comenzó a decir Renzo y Jade lo vio con frialdad.
- Mis hijos, no atacan sin una razón, solo lo diré una vez, si valoras tu vida, mantén la distancia de ellos, o apuesta lo que quieras que terminaras sufriendo.
Huang dejo salir un suspiro, en su mente solo estaba lo que él había hecho, que no era mínimo, pues había amenazado con una navaja a Renzo, pero solo fue eso, además de que solo era un crio defendiendo a su hermana, no se merecía tal venganza de parte de los Bach ¿o sí?
- Hey, ¿estas bien? - Raiden lo veía con preocupación y Huang sintió pena de él mismo, hubiera sido diez veces mejor saber su orientación sexual con su amigo que caer en la burla de Renzo.
- Sí, ¿Por qué lo preguntas? - con la tranquilidad que lo caracterizaba Huang se puso de pie, dejando un poco embobado a Raiden, no era solo la belleza que el oriental desprendía, también era su forma de vestir, Huang estaba orgulloso de su cultura, y sin importar que muchos giraran a verlo, siempre vestía las túnicas destinadas a los guerreros o emperadores.
- Estaba tocando tu puerta y como no abrías decidí ingresar, llevo casi cinco minutos viéndote. - eso hubiera provocado que las mejillas de Huang enrojecieran, en cualquier otro día, pero en ese momento el rostro de Huang estaba tan ceniciento que parecía un muerto, su corazón había casi dejado de latir por escuchar las burlas de Renzo, como se jacto de que lo hizo gemir como una... no lo pensaría, ya no queria pensar.
- Disculpa es que... hace tiempo que no voy a casa, ya sabes, sé que cuando ingrese a la villa Zhao lo primero que hare será buscar a mi abuelo y él ya no está. - no era mentira, al menos no del todo, él tuvo al mejor abuelo del mundo o al menos eso pensaba.
-¿Por qué no vienes a pasar navidad con mi familia, conmigo? - ¿le estaba coqueteando? Al menos eso parecía, le estaba mostrando esa sonrisa que Raiden solo usaba con sus conquistas.
- Gracias, pero no puedo, mi padre pidió por nosotros.
- ¿Y eso? ¿crees que ya escogió al próximo líder de tu clan? - Huang se pateó mentalmente, ¿Cuántos errores había cometido desde que estudiaba en Canadá? Varios, sin lugar a duda.
- No lo sé, y a decir verdad no me interesa, solo... trata de olvidar lo que te conté Raiden, es por tu bien, si mi hermano se entera que tu o cualquiera sabe quién soy, o mejor dicho a qué clan pertenezco, me deberé cambiar de universidad, sin contar que te matara solo para estar seguro de que nuestro secreto está a salvo. - Huang no mentía, Shen era precavido y un poco sádico.
- No te preocupes, puedes confiar en mí, seré una tumba... o me convertiré en una. - Definitivamente era un idiota, debió perder su virginidad con Raiden, pero ya era tarde para lamentarse, seguiría con su vida, como si nada hubiera pasado, o al menos eso pensaba. - Por cierto, creo que ya vinieron por ti.
Un automóvil negro esperaba por el oriental, y sin perder tiempo en un abrir y cerrar de ojos, estaba en el avión privado de su familia.
- Trueno. - dijo su hermana apenas lo vio ingresar en el ave de metal y acto seguido lo abrazo con fuerza. - Mi brillante trueno, el más hermoso de todos. - continúo alabándolo y Huang vio a Shen que estaba en uno de los asientos.
- Mi pequeña hermana está demasiado melosa, con este insignificante hermano, ¿Qué te traes entre manos? - indago luego de darle un beso en la cabellera tan negra como la noche.
- Lo mismo me pregunto, a mí me dijo que era el más fuerte y audaz. - acoto Shen segundos antes de ponerse de pie y saludar a su hermano.
- Esta pequeña es tan astuta como un zorro de siete colas, debe querer algo de nosotros. - murmuro de forma conspirativa Huang.
- Claro que sí, si es una serpiente venenosa con cara de ... - la más joven de los tres golpeo sus cabezas y estos comenzaron a reír.
- Queria hacerlo por las buenas, pero ya que son así... quiero ir a Colombia, quiero ir a la selva, deseo visitar el imperio de tía Agustina y ustedes me ayudaran. - los hombres endurecieron la mirada, no les gustaba que su hermana cada día se empecinara más y más en visitar a Agustina Scott, mejor conocida como la emperatriz, querían a la colombiana, la conocían desde siempre, ya que era amiga y socia del clan, tenía buenos sicarios, pero no le gustaba para nada la forma en la que Juan José, el hijo de Agustina y Esperanza veía a su pequeña y joven hermana.
- No cuentes conmigo. - aseguro Shen y Mei sabía que no lo haría cambiar de opinión.
- Yo no... - comenzó a decir Huang.
- Por favor, Huang, ayúdame a disfrutar solo un poco de la vida, pronto ingresare en la universidad y ya no podre viajar, no sabes lo que padecí estos años entrenando con Melody. - Huang sintió que un escalofrío lo recorría, conocía a Melody al igual que a Agustina, salvo que Melody era una asesina, era como una abuela para los tres y fue la encargada de enseñarles todo a estos jóvenes, la mafia los obligaba a estar preparados, el manejo de las armas y el conocer cualquier tipo de defensa los ayudaría en el futuro, aún más que el estudiar en universidades de prestigio, pero era algo agotador.
- No puedo por más que quiera. - reconoció ahora aún más afligido que cuando subió al avión.
- ¿Por qué? - indago Mei viéndolo de forma fría, no comprendía que les pasaba a sus hermanos, siempre era fácil manipularlos, en especial a Huang.
- ¿Por qué? ¿Aun no te das cuenta? - rebatió casi a grito el rubio, mientras llevaba un mechón de su larga cabellera hacia atrás.
- ¿De qué? - dijo casi con desespero la pelinegra.
- Nosotros no festejamos navidad, son nuestros padres quienes viajan en esta fecha para visitarnos, pero esta vez nos llamaron, eso solo quiere decir una cosa.
- Papá ya sabe quién será el próximo tigre blanco. - Shen no lo estaba preguntando, lo estaba asegurando.
- Con mayor razón, yo no tengo nada que hacer en la villa Zhao, todos saben que ninguna mujer ha podido asumir como cabeza de un clan en el oriente, está prohibido.
- Hermanita, ¿aun no te lo han contado? - Shen acomodo sus lentes y mostro su media sonrisa, que para muchos daba miedo, pero no para su familia.
- ¿Qué cosa?
- Lo prohibido es lo que le da sabor a la vida.