Los juegos de la vida pueden llegar a ser muy injustos y crueles para muchas personas. A algunos les da más de lo que merecen, y a otros menos de lo que valen, pero es buena para equilibrar la balanza. No son pocas las veces que quienes no tienen nada ante los demás, están completos en su interior. Mientras que aquellos que tienen todo por fuera, están vacíos por dentro.
Ese es el caso de Maia Paris, su familia es dueña de uno de los bancos más ricos del país, que tiene una gran cantidad de sedes alrededor de toda Francia. Ella por su parte también cuenta con una prestigiosa carrera como modelo, pues desde niña ha sido dueña de una extraordinaria belleza. Su cabello rubio rizado y ojos verde oscuro es lo primero que llama la atención de quien la mira, tiene una estatura de 1.70 que es imponente y su delgada complexión es el compás perfecto de su cara redonda y fina.
Pero lo que la hace una de las mujeres más bellas del país es ese porte de grandeza y finura que siempre la acompaña. Eso y el claro contraste de su rostro de ángel, sonrisa de diosa y mirada de diabla, no por nada es conocida como enjil daanav, o ángel del demonio en hindi, dado que su nombre es el de una diosa Hindú. La cual era conocida por enseñar a sus siervos que lo material debe quedar a un lado para poder vivir cerca de la espiritualidad, el corazón y la familia.
Algo que no iba acorde con su personalidad e intereses, que no eran más que egoístas y extravagantes. Un claro ejemplo de ello era el lugar donde esta noche se encontraba de fiesta. El club era increíblemente exclusivo y costoso, solo las personas con grandes cantidades de dinero, como ella, podían disfrutar de ese lugar lleno de lujos. Y el evento en el que se encontraba era el claro ejemplo de ello, era el cumpleaños número 25 de una de su hermana mayor Elisa, quien no escatimó en gastos para poder celebrarlo.
Maia no había ido por gusto, ni mucho menos por amor a su hermana. Lo único que le motivó a hacerlo tenía nombre, apellido y... dueña. Se trataba de Bastian Pierre, quien era nada más y nada menos que el prometido de su hermana. Pero eso a ella no le importaba, conocía a Bastian desde que era una niña, a causa de la estrecha amistad que tenían sus familias y desde siempre lo había amado.
Lastimosamente ni sus padres apoyaban sus sentimientos, ni Bastian los correspondía. Pero eso no era impedimento para alguien como Maia, rendirse no era una palabra que existiera en su vocabulario y estaba dispuesta a ganarse el amor de su "cuñado" costará lo que costara. Por eso esa noche se había esmerado en su arreglo. Usaba un vestido corto y ajustado de color celeste que resaltaba su blanca y cremosa piel, sus tacones y accesorios eran de un tono perla, dándole una apariencia más angelical. En contraste con su cabello que en ese momento estaba totalmente lacio y sus labios mate que la hacían ver más perfecta.
Para su desgracia nada de eso fue sobresaliente para su objetivo, quien sólo tenía ojos para su amada Elisa y a ella la veía como una simple hermanita. Y eso era justo lo que a ella más la enfurecia.
- ¡May ven, vamos a bailar! - le pedía su amiga Léa por encima de la música
- No estoy de humor - le espetó de malas a la castaña
- Vamos amiga, que tu amado príncipe no te haya regalado ni una mirada en toda la noche no significa que debas sumirte en la depresión - comentó sin mucho ánimo
- Si no vas a decir nada productivo mejor cierra la boca - la miró con rabia
- Ay perdón, yo solo decía - se excusa para luego levantarse a bailar
Sin prestarle atención, Maia siguió bebiendo de su cóctel ignorando todo lo que pasaba a su alrededor. De ahí que no notara la presencia de un apuesto joven que se sentaba a su lado mientras se la comía con la mirada. Era un chico que tenía un atractivo imponente, su piel se mostraba muy pálida en contraste con su cabello y sus ojos negros, tenia un cuerpo musculoso y los tatuajes que abarcaba todo su brazo derecho desde sus dedos hasta llegar a la mejilla solo lo hacían más interesante. El hombre intentó llamar su atención de forma sutil, pero Maia ni lo notó, así que optó por ser más directo.
- Deberían hacerte un altar - le susurro con descaro al oído
- ¿Por qué deberían hacerlo? - preguntó sin inmutarse
- Porque es lo menos que merece una bella diosa como tú - dice coqueto
- Te sugiero que uses tus coqueteo mediocres con mujeres que quieran escuchar esas estupideces - suelta arrogante sin mirarlo
- ¿Y qué sí yo quiero usarlo contigo? - le pregunta haciéndose el gracioso
- Terminarás perdiendo tu tiempo y la reputación de conquistador empedernido que seguro tienes - aclara
El chico suelta una ligera risa al oírla y en vez de alejarse se motiva a seguir intentando.
- ¿Cual es tu nombre muñeca? - le pregunta mientras acaricia su hombro con lascivia
Al oírlo Maia detuvo la copa que iba en dirección a sus labios y se volteo a mirarlo con clara molestia. Si algo odiaba incluso más que los desplantes de Bastian era que alguien no supiera quién era ella. ¡Es una supermodelo, por dios! Su rostro estaba en decenas de revistas, comerciales, marcas de ropa, programas de televisión y demás. A eso se le agregaba el poder y la riqueza que poseía su familia. Toda Francia debería saber su nombre y era inaudito que ese tipo no la reconociera.
- No sé si eres muy ciego o muy idiota como para no reconocer quien soy - le hable con rabia - pero solo para que te quede claro soy la única persona que te puede mandar al cielo o al infierno si así lo quiero, aquella que pone al mundo a sus pies por donde quiera que pise y quien puede arruinarle la vida a todo el que me haga enojar. Y tú estás a nada de pasar esa línea, así que te recomiendo que te largues antes de que haga que te arrepientas hasta de haberme mirado. Ahora quítame tus sucias manos de encima, que las basuras como tú me producen asco de solo verlas -
Dicho esto vuelve a girarse ignorando al hombre como si nunca hubiera cruzado palabra con él. El chico apenas es capaz de procesar lo que le acaban de decir. Cuando por fin pudo reaccionar sintió como la rabia invadió todo su cuerpo, si no fuera porque se encontraba en un lugar público la haría pagar por cada uno de sus insultos. Sin embargo en esa ocasión no le quedó más que ponerse de pie e irse tratando de salvar el poco orgullo que Maia le había dejado. Ya se encargaría de hacerla pagar de la peor manera. Por su parte Maia ni siquiera noto la mirada de odio que le lanzó el hombre, y de haberlo notado poco le hubiera importado.
Así pasaron las primeras horas de la noche, y todo parecía ir de mal en peor, hasta que por fin Bastian se dignó a prestarle un poco de su atención. Al verlo acercarse su rostro se iluminó por completo, dejó a un lado su faceta de diosa arrogante para volverse igual que una adolescente enamorada de una estrella de rock. Su corazón latía con fuerza y una sonrisa amenazaba con salir de sus labios, pero se contuvo y trató de mostrar poco interés en su presencia.
- ¿Será que puedo tener el honor de bailar con la dama más hermosa de esta fiesta? - le pregunto con un coqueteo cómico
- No sé si lo merezcas - le siguió el juego - ¿Qué ganaría a cambió? -
- Mi admiración - respondió pensativo
- Creía que eso ya lo tenía - le recordó orgullosa
- ¿Mi cariño, entonces? - secundó dudoso
- ¿Qué no me querías ya? - se hizo la ofendida
- Pues te querré más si aceptas bailar conmigo - aclaró decidido
- No me convence del todo, pero está bien, acepto solo para no dejarte en vergüenza - bromeó tendiendole la mano
Juntos se dirigieron a la pista y comenzaron a bailar la canción que sonaba. El ritmo era movido, por lo que casi no estaban juntos o se tocaban. Aún así Maia estaba eufórica de verse danzando con el hombre que amaba y no dejaba de sonreír por ello. Su cuñado le correspondía la sonrisa, mostrando el gran aprecio que le tenía, después de todo era la hermanita de su prometida y la conocía casi desde niños. Y ahora que ya eran adultos ese aprecio no tenía porque cambiar, aunque los sentimientos de ella hacía él si habían cambiado.
Y es que como no amar a alguien como él, era un hombre muy apuesto. Incluso podría decirse que tenían cierto parecido, Bastian también es rubio pero en su caso el tono es un poco más oscuro, sus ojos son casi negros y su piel era ligeramente más oscura. Era de estatura impresionante, poco más de 1.90 y su cuerpo era digno de envidia. Pero eso no era lo único que atraía el corazón de Maia, pues a pesar de su gran atractivo solía ser amable, considerado y respetuoso, siempre se preocupaba por los demás y era muy hábil en los negocios. Simplemente era imposible no amarlo, o eso era lo que Maia siempre decía. Claro que como toda mujer enamorada no era capaz de ver los defectos que tenía y si los veía, simplemente lo excusaba o lo defendía.
De ahí que nunca notará que en realidad era un hombre indeciso y hasta inseguro. Siempre se escondía tras las riquezas y logros de su familia, nunca buscó un sueño propio y siempre se conformó con lo que sus padres le dictaban. Estudiar economía empresarial, dirigir la corporación de la familia, casarse con la mujer que más les convenía, eran unas de las cosas que él había aceptado y adoptado como meta durante toda su vida. Era una marioneta de la familia Pierre, algo que tarde o temprano le costaría.
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Aquí damos inicio a esta gran historia. Espero sea de su agrado.
Después de dos canciones el ritmo cambió, pasando a una balada romántica que te invitaba a bailar con la persona que amarás. Justo como lo estaba haciendo Maia y aunque su cuñado esperaba retirarse de la pista por el cambio de música ella lo invitó a quedarse, para su alegría él aceptó. Estaban por rodearse con sus brazos para aproximar sus cuerpos, cuando una voz los interrumpió.
- Hermanita, ¿Me dejas bailar está canción con mi amado? - era Elisa quien había interrumpido
Maia deseaba negarse, pero sabía que no tenía ningún derecho de hacerlo. Así que con una sonrisa falsa asintió y se aproximó lejos de ellos.
Desde la distancia los veía bailar muy acaramelados entre giros y abrazos. La canción que sonaba era Je te le donne, de Vital & Salimane. La letra estaba llena de una declaración de amor, la misma que Bastian le recitaba al oído de Elisa. Maia no podía escuchar lo que decía pero por el movimiento de sus labios ya se imaginaba de qué se trataba...
No importa cuánto mienta, todo me trae de vuelta a ti
Puedo sonreír cuando hablamos de ti
No tengo nada más que perder
Nada que ganar
Cuando tú no estás
Allí, donde las palabras hacen que los hombres se amen
Allí, donde otros tienen el corazón palpitante
Si tú lo quieres te lo doy
Eso era más que suficiente para ella, no seguiría torturándose viendo como el hombre que amaba le derramaba su corazón a su hermana con una canción que debería estar bailando con ella. De un trago se tomó su última bebida y se puso de pie dispuesta a salir, pero la mano de su amiga se lo impidió.
- May ¿A dónde vas? - le pregunto cuando está se giró
- A mi casa que no ves - respondió tajante
- Pero, yo creí que nos iríamos juntas - comentó inquieta al no saber quien la llevaría
Sabiendo que era lo que realmente le preocupaba a su amiga, Maia sacó varios billetes de su cartera y se los dio a la chica.
- Pídete un taxi, yo me largo - sin esperar una respuesta se dio la vuelta y salió del lugar
Léa no hizo el intento de detenerla. Por eso ninguna notó que alguien más había visto su repentina huida.
Fuera del establecimiento Maia pudo sentir la brisa fría de la madrugada. La noche estaba sin ninguna estrella a la vista y las calles se veían igual de desoladas. Por ello le pareció extraño sentir que alguien la miraba, aunque al girarse no encontró a nadie, por inercia sacudió sus hombros para espantar el escalofrío que de la nada sintió y con un poco de inquietud siguió avanzando. Caminó a paso rápido por el estacionamiento, aunque estaba algo mareada por el alcohol.
Ya en la puerta de su deportivo negro intentó sacar la llave de su cartera pero sus movimientos se vieron truncados al sentir que una mano fuerte le cubría la boca, mientras que otra mostraba una navaja a la altura de su abdomen. Quería gritar, patalear o hacer cualquier cosa con tal de que ese asaltante desconocido la dejará en paz, pero no era capaz de moverse, su cerebro no reaccionaba. En ese momento lo poco alcoholizada que estaba se había ido por completo, ahora su cuerpo temblaba a causa del temor de lo que pudiera pasarle y la poca razón que le quedaba solo le decía que eso no iba a acabar bien.
- Dame la cartera - ordenó una voz gruesa - ¡Obedece! -
La chica pegó un brinco ante el grito del hombre y con movimientos torpes elevó la cartera, en muestra de que se la entregaba sin objeción.
- Arrojala - fue lo siguiente que escucho
Maia no tardó en inclinarse un poco para lanzar la cartera a un costado.
- Ahora voy a soltarte y tú vas a cerrar los ojos - la voz se oía un poco más calmada - contaras hasta 10 y solo cuando hayas terminado los volverás a abrir. No hagas ninguna estupidez, no grites ni intentes luchar, tampoco pidas ayuda. O te juró que de esta noche no pasas, ¿Te quedó claro? -
Ella solo atinó a asentir levemente ya con algunas lágrimas en los ojos. Pronto sintió que la presión en su boca fue disminuyendo y de manera instintiva cerró sus párpados con fuerza. Apenas dejó de sentir el tacto del asaltante cuando empezó a contar temblorosa en su mente.
"1.. 2.. 3.. 4.. 5.. 6.." _ empezó a contar con lentitud.
Ya estaba por terminar cuando se vio interrumpida por un movimiento brusco que la hizo trastabillar. De inmediato abrió los ojos temerosa. Al principio pensó que el asaltante había cambiado de opinión y quería lastimarla antes de irse. Pero sé sorprendió al notar que no era así, sino que era Bastian quien estaba forcejeando con el asaltante.
Y es que este al ver que su cuñada había salido del club de forma tan abrupta se preocupó, pensando que se había sentido mal por tanto alcohol ingerido y no quería que se fuera en ese estado, mucho menos si era ella quien conducía. Por eso la siguió pensando que podía convencerla de que esperara un poco más para que él la llevará. Pero lo que no se esperaba es que al alcanzarla la encontrará en las manos de un asaltante, por eso decidió defenderla apenas llegó a ellos. No tanto porque fuera alguien muy valiente, sino porque sus hombres de seguridad y los mismos que resguardaban el recinto estaban tardando mucho en llegar, y al ver que el ladrón estaba por huir, pensó que lo mejor era detenerlo.
Ahora ambos hombres peleaban en el suelo, Bastian queriendo someterlo y el ladrón buscando apartarlo para poder huir, aunque la tarea no le estaba resultando tan fácil. No fue hasta que en un descuido pudo golpear a Bastian en la mandíbula, lo que hizo que este cayera al suelo. Con el temor aún en su cuerpo Maia se acercó para ayudarlo a ponerse en pie, mientras que el asaltante también se levantada. Al estar ambos de pie Batiendo intentó atacarlo nuevamente, pero el hombre fue más rápido y logró sacar un arma con la cual les apuntó.
Maia no pudo evitar soltar un grito de terror al pensar que ambos morirían y aunque ella deseaba morir a lado del hombre que amaba, esa no era precisamente la idea que tenía en mente. Su voz hizo que el asaltante prestará su atención en ella logrando definir bien su figura, y principalmente su rostro. Por el contrario, para ella, el ladrón usaba un pasamontañas que solo dejaba sus ojos al descubierto, los mismos que estaban fijos en los de ella. Fueron solo segundos los que pasaron, de eso estaba seguro, pero en su mente es como si hubieran pasado horas, en las que el mundo había parecido detenerse.
El asaltante se obligó a dejar a un lado esos ilógicos pensamientos para encontrar la manera de salir de ahí. Por lo que con voz aguda pero calmada le habló a la pareja.
- No se acerquen ni intenten moverse, o no dudaré en disparar - cargo el arma ante ellos para probar su punto - hoy estoy de buenas y no quiero lastimarlos, pero no prometo que eso siga así. Si intentan detenerme lo último que sentirán antes de morir será el plomo atravesando sus cráneos, y la primera será la chica -
Cómo amenaza dirigió el arma en dirección a Maia apuntando directo a su cabeza. Envalentonado, Bastian quiso atacarlo, pero Maia lo tomó de los hombros para detenerlo.
- No Bastian, solo, déjalo ir - le pidió sorprendente tranquila, pero autoritaria a la vez
Su cuñado no tuvo más remedio que obedecerle, mientras veía al ladrón alejarse lentamente. A cierta distancia se inclinó para tomar la cartera que había salido volando en el forcejeo y así poder irse. Pero sus movimientos fueron truncados al sentir una descarga eléctrica en una de sus piernas que lo hizo caer al suelo. A sus espaldas llegaron los hombres de seguridad que por fin hacían acto de presencia, y quienes no tardaron en someter al asaltante.
- Señorita, necesitamos que nos acompañe a la comisaría para levantar la denuncia - fue lo que dijo el policía
Hace menos de media hora habían arribado al lugar de los hechos y para ese momento ya tenían al presunto ladrón en una de las patrullas. También había un considerable grupo de personas siendo testigos de la situación. Entre ellos estaba Elisa, quien había salido al no ver a su prometido y cabe decir que no le hizo mucha gracia enterarse de que había salido en auxilio de otra mujer, arriesgando su propia vida. Aún cuando esa mujer era su hermana menor.
- Está bien - respondió Maia sin mucho ánimo
- May, espera, yo te acompaño - Bastian la había sorprendido con sus palabras, al igual que a su prometida
- Cariño, le diré al chofer que te lleve a tu casa, yo acompañaré a tu hermana y después la llevaré contigo - se dirijo está vez vez a su prometida
A Elisa no le quedó de otra más que aceptar con una condescendencia fingida, mientras que Maia sonreía por dentro al saber que por primera vez Bastian la había elegido a ella antes que a su hermana.
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Esto ya se puso intenso. ¿Que piensan de Bastian, será tan bueno como parece? ¿En que terminara todo este embrollo?
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Ya en la comisaría tardaron casi dos horas en dar sus declaraciones y levantar la denuncia. Aún así Maia no se sentía cansada, aunque tampoco estaba atenta a lo que le decían, pues su mente solo podía divagar en los que había sucedido tanto con el asaltante como con Bastian. Le emocionaba que su amor platónico haya dado la cara por ella y buscara protegerla. Pero más le inquietaba las acciones del asaltante. Mientras contaba su versión de los hechos pudo notar que el hombre tuvo más de una oportunidad para matarlos, pero de alguna manera pareciera no querer hacerlo.
"¿Porque amenazarme con una navaja, si tenía un arma?...¿Porque después de todo insistía en dejarnos vivir?... ¿En verdad no quería matarnos, qué clase de asaltante se supone que es?" _ ese era el tipo de preguntas que rondaban por su cabeza sin motivo alguno.
- Quiero verlo - soltó sin más
- No creo que sea conveniente - se negó Bastian
- Tengo que hacerlo, necesito verlo detrás de las rejas y asegurarme de que no podrá hacerme daño, o sino no podré dormir - eso no era del todo verdad, pero supo fingir bien
La realidad es que tenía curiosidad por aquel hombre que tuvo la oportunidad de matarla en dos ocasiones, pero por alguna razón no lo hizo. Y ahora su acto de misericordia lo pagaba con la cárcel.
- Está bien ¿Quieres que te acompañe? - su cuñado estaba realmente preocupado
- No es necesario, solo será un momento - le sonrió para intentar calmarlo
El oficial a cargo no tardó en llevarla a la celda dónde estaba aquel hombre y al llegar la dejó sola por petición de ella. Y es que por una razón se sentía confiada de que nada malo le pasaría. Del otro lado de las rejas pudo ver a un hombre sentado en el suelo con la cabeza gacha, sus hombros y espalda se veían tensos, pero se notaba que respiraba con calma. Su cabeza estaba recargada sobre sus rodillas y cubierta por sus brazos pero al sentir la mirada de Maia no tardó en levantarla. A pesar de la poca luz que lo alcanzaba podía divisar sus ojos penetrando los de ella, como había pasado en el club.
- Soy Maia Paris - fue la primera en hablar, aunque no estaba muy segura del porque se había presentado
- ¿Quien? - el hombre estaba igual de confundido
"¿A quién se le ocurre presentarse ante su asaltante?" _ pensó hacia sus adentros.
- Maia Paris, la supermodelo, con un gran reconocimiento en toda Europa, hija menor de Scott Paris, uno de los hombres más adinerados del país, dueño de los bancos más prestigiosos de toda Francia - con cada palabra el hombre la miraba con más duda y a ella le sorprendía que él no supiera quién era ella - ¿En serio no sabes quien soy? -
- ¿Debería? - cuestiono despreocupado
Esa era la segunda vez en una sola noche que alguien no lograba reconocerla y la idea ya la estaba frustrando. Pero por alguna razón, que su asaltante personal no tuviera idea de quién era ella le molestó más que la ignorancia del hombre que intentó coquetearle en el club.
- ¡Soy una de las personas más importantes del país! - se exaspera ante su desinterés - con solo tronar mis dedos puedo hacer que te condenen a cadena perpetua, o incluso te maten ¿Es que no lo ves? -
Ante sus palabras el hombre por fin se levantó y se acercó a los barrotes, los cuales tomó con fuerza entre sus manos. Por su cercanía la luz del lugar marcó más sus facciones y ante eso Maia incluso tuvo que retroceder un poco, ya que era más alto de lo que imaginaba, incluso más que Bastian, lo que ya era mucho decir. Aunque lo que más llamó su atención fueron sus rasgos, y no porque fueran muy sobresalientes o poco comunes, en realidad era todo lo contrario. Su cabello era oscuro como el chocolate, tenía piel canela y sus ojos eran de un castaño claro como el caramelo. Le resultó gracioso el hecho que lo describiera usando dulces como ejemplo, aunque después de todo eso parecía él. Era como la miel o un dulce de leche, alguna especie de caramelo que llamaba su atención, aunque no sabía muy bien por qué.
- ¿Ya terminaste de escanearme? - su voz burlona pero incomoda la sacó de su ensoñación
"Al parecer es un caramelo amargo" _ bromeó para ella.
- ¿Cual es tu nombre? - pregunto en cambio
- Kader Le Roux - le respondió
- Kader... - él pudo sentir como ella acariciaba su nombre con sus labios - ¿Por qué lo hiciste? -
- ¿El que? - de pronto se sentía perdido de la conversación
- ¿Por qué no nos disparaste cuando tuviste la oportunidad? - por fin dejó salir su duda
- ¿En serio estas preguntando eso? - cuestiono con burla - ¿Acaso querías que te matara? -
- No, pero me pareció extraño que no lo hicieras para intentar escapar - le aclaró - si lo hubieras hecho no estarías aquí -
- Si lo hubiera hecho, ahora tendría la muerte de dos personas en mi conciencia - rectificó - tal vez sea un ladrón, pero no un asesino -
- Nadie dijo nada de matar, tal vez solo un disparo en la pierna para crear distracción o algo así - insistió
- Estoy empezando a creer que de verdad querías que te disparará - la miró escéptico
- ¿Para qué sacar un arma si no pensabas usarla? - obvio su comentario
- Supongo que me distraje - levantó los hombros para restarle importancia a su repentina confesión
A Maia le llamó la atención sus palabras, pero cuando estaba por preguntarle a qué se refería la voz del oficial la interrumpió.
- Disculpe señorita, su acompañante le pide que regrese - comentó mientras se acercaba
- En un momento voy - respondió molesta por su interrupción, aún cuando sabía que se trataba de Bastian
Al volver su mirada a su asaltante se dio cuenta de que este ya se había devuelto a su posición anterior en el suelo, esta vez sin mirarla. Le pareció indignante que no le mostrará ni un poco de interés o atención, algo a lo que ella no estaba acostumbrada.
- Fue un placer haberlo conocido señor Le Roux - habló entre dientes para llamar su atención
- Me gustaría decir lo mismo señorita Paris - le dio una leve mirada - lastima que yo no sea hipócrita -
Maia se quedó pasmada ante su comentario y aunque intentó refutar no se le ocurrió nada para hacerlo. Por lo que no le quedó de otra que darse la vuelta y salir del lugar, aún con la sangre hirviendo en su interior. Era inaudito para ella que alguien la ignorara, la ofendiera y hasta se burlara de ella. Lo peor es que la dejaba sin armas para defenderse y eso solo la irritaba más.
Sin darse cuenta llegó hasta donde estaba Bastián, quien al verla no dudó en tomarla por los hombros para verificar de cerca que estuviera bien.
- ¿Está todo bien, te hizo algo ese hombre, que te dijo, te amenazó? - preguntaba sin respirar
- Nada de eso, no tiene importancia - no pensaba decirle lo que hablo con él allá adentro - ¿Podemos irnos? Estoy agotada -
- Claro, vamos a casa para que descanses - asintió más calmando
Antes de retomar su camino a la salida Bastian se quitó la chaqueta y se la puso a Maia, con la idea de que afuera hacía frío y no quería que se enfermara. Se sentía inquieto al no saber qué había pasado durante todo el tiempo que se encontró con ese ladrón en la celda. Y sin poder detener sus movimientos la rodeó entre sus brazos dándole un tierno abrazo, intentando con ello, poder calmar su inquietud. Maia se impresionó ante su acción que era poco común en él. Pero eso no evitó que pudiera disfrutar de ello.
- Me alegra saber que estás bien, me preocupaba que algo malo fuera a pasarte - le dijo sin soltarla
- Tranquilo, estoy bien - le aseguró - llegaste justo a tiempo para salvarme. Gracias, por cierto -
- No tienes que agradecer, estoy para cuidarte - prometió - así es como debe ser -
Y lo decía en serio, no porque tuviera una preocupación desmedida por ella. Más bien se sentía comprometido a cuidar de la familia de su prometida, entre ellos Maia, sobre todo cuando sus padres no estaban en el país como en ese momento. Después de todo debía seguir ganándose a sus suegros, solo así podría obtener los beneficios que su compromiso prometía. Claro que Maia no lo vio así, para ella esas palabras fueron casi como una declaración oculta que aceleró su corazón. Su mente volvió a vagar hacia el ladrón a quien ahora conocía como Kader, y se asombró al ver todo lo que había provocado en una sola noche.
Fue así que una idea astuta pero cruel cruzó por su mente. Si de alguna manera había logrado separar a Bastián de su hermana en el día de su cumpleaños, estaba segura de que podía volver a hacerlo con mayor magnitud si movía las fichas correctas. Y su primer movimiento tenía que ver con Kader Le Roux, él le ayudaría a cumplir con su objetivo, así tenga que obligarlo. Y ya sabía que tenía que hacer para conseguirlo.
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¿Qué estará planeando Maia y cómo encaja Kader en su plan?
Debo anunciar que al final del libro habrá una entrevista para los personajes, así que vayan juntando sus preguntas y no duden en hacermelas saber. También recuerden visitar mi cuenta de Instagram, me encuentran como escritoradeluna.