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Atenea: Entre Deseo y Poder

Atenea: Entre Deseo y Poder

Autor: : Mila Warui
Género: Romance
Atenea, la hija del CEO multimillonario, Cedric Brown, encara una nueva vida cuando todo acaba en el romance a escondidas con su chófer Dixon. Mientras que, consiga un nuevo chófer, debe enfrentarse a la verdadera vida adulta que le espera adelante. Cuando Armin acepta el empleo, todo es un reto para ella a partir de entonces. El nuevo chico parece detestable al principio, pero con el tiempo encontrará muchos sentimientos y uno de ellos es el deseo. Sin embargo, Armin oculta un gran As debajo de su manga. Una gran jugada que podría destruir las esperanzas de amor para Atenea.

Capítulo 1 El nuevo comienzo

Caigo rendida en la cama luego del increíble sexo que Dixon me acaba de dar. No siento mis piernas después de tanto temblor, y de ese sexo oral que anteriormente me hizo mientras me tocaba ligeramente los pechos con ansías.

Me doy la vuelta y lo miro. Él solo está mirando el techo.

-Me follas increíblemente, cada vez mejor. ¿Cómo le haces?

No me responde, miro el techo de la misma forma que él.

-Atenea, hace tiempo quiero decirte algo... Y es sobre esto. -Dixon se da vuelta y nos miramos fijamente. Siento algo en el abdomen, algo que me golpeará muy feo.

-Dilo.

Bueno, él sabía cómo mi contestación iba a ser depende de tan grave sea el asunto. Se levantó y se vistió inmediatamente.

Entonces supe que era algo malo.

-Voy a casarme con Melanya.

Fue directo a donde más me dolía. Él tenía una relación desde ya hace dos años con Melanya, una accionista de arte que vivía en Brooklyn. A pesar de la distancia, él y ella llevaban su relación por las nubes. Cómo un rascacielos de Manhattan.

-¿Qué? ¿Me lo dices en serio o es otra de tus bromitas sexuales?

-Te lo digo en serio, Atenea... -me dijo sin más, tomó su celular y vio las llamadas perdidas de ella-. Esto ya no puede ir más a fondo.

Reí por lo bajo.

-De todas formas, seguirás cogiéndome contra la pared a sus espaldas.

Dixon se acercó a mí de forma violenta, me tomó del rostro y me hizo mirarlo fijamente.

-Estoy cansado de tus caprichos, Atenea, estoy harto de tu mierda. Harto de ti, de todo lo que tienes en mente y de lo que me haces. Estoy harto de cogerte, y cogerte de la manera en que siempre lo he hecho por estos tres años. Harto de tener sexo contigo. Ya no quiero más de esto.

Me solté de su agarre y le abofeteé la cara de un solo golpe.

-Mientes. Siempre mientes. Siempre vuelves a mí, esto ya ha pasado. Dixon, eres un gran y maldito mentiroso. No creo en tus palabras, solo tiras mierda de tu boca. -Dixon era una persona violenta, sin control de sus impulsos, y como siempre de alguna forma de lastimaba hasta follarme contra algún mueble diciéndome que era totalmente suya.

Me acostumbré a ese tipo de amor tóxico, fuerte, violento.

Y también a estar ciegamente aferrada a su sexo tan mierda, pero satisfactoriamente duro. Estaba enferma, cegada, lo sé. Pensarás: Que asco de protagonista, tiene una dura y enferma obsesión con el hombre que se ha cogido durante tres años y además le es despreciable. Pero ¿qué? Era sumamente egoísta.

Entonces, el impulso de Dixon me tomó por sorpresa. Me tiró a la cama y me abrió de piernas para luego meter su lengua en mi sexo. Lamió hasta hacerme caer de puro placer, pero luego me acercó a él y me lo dijo claramente:

-Odio hacerte sexo oral, odio todo de ti.

-Cállate y sigue lamiendo, solamente dices tonterías -Dixon se levantó y se sentó en la cama. Otra vez sus mierdas me afectaban.

Tomó los cigarrillos de la mesita de luz y prendió uno.

Se sentó en el borde del ventanal y suspiró.

-Hace tiempo dejé de quererte.

Eso me dio como un puñal en el corazón.

Comenzó a llover a cántaros de repente.

-¿Por qué sigues aquí entonces? Pudiste haberte ido.

-Este trabajo es mi puta vida, Atenea, algo que no entiendes porque jamás has tenido que lidiar con un empleo. Tienes cuentas que pagar, una vida que seguir, una futura esposa que complacer...

Maldita sea Melanya.

Maldito sea Dixon.

-No me interesa tu estúpida vida, Dixon. Solo pienso que exageras, has sido esta persona desde que tengo memoria. Pero ahora piensas que es fácil dejar todo esto atrás porque te casas con esa estúpida neoyorquina.

-Atenea, esto debió acabar hace mucho tiempo. Así que presentaré la renuncia hoy mismo, y me iré hoy mismo a Brooklyn -toma su chaqueta y de allí saca una invitación de bodas. Abro el sobre y veo un diseño elegante con sus dos nombres-. Tú y tu familia están invitados, ya sabes, no dejaría a tu padre ni Rebeca fuera de esto. Ni tu tía Aryan ni tampoco Cameron. Sé que Lucian y Dana ahora cuidan de Georgia, pero ellos también pueden venir si quieren...

Dejé la carta en la mesita de luz y me crucé de brazos.

-¿En un mes? ¿Te casas en un maldito mes? -quiero romper a llorar. Es tóxico su amor, duele, es enfermizo, pero me encantaba. Y odiaba hacerlo, porque sabía que aquello era totalmente malo y oscuro. No podía despegarme de él.

-Melanya lo prefirió así... No tengo más de que huir, solamente de ti.

Abrió la puerta de la habitación, el cuarto de huéspedes que se ubicaba a más de cinco metros de la mansión. Me miró de nuevo como un adiós, pero simplemente fue eso.

Me dejó desnuda y con frío, parada en el medio del pasillo antes de llegar al jardín.

Se había acabado todo con Dixon, como lo fue con todo lo que había soñado.

Maldita vida de rica.

Me visto rápidamente y corro detrás de él. Cuando llego al pasillo de la entrada de la mansión, lo escucho hablando con mi padre en su oficina. Claramente mi padre no estaba nada contento, se notaba por su tono de voz. Furioso, golpeando la mesa. La respiración de Dixon podía sentirla como si estuviese cerca de mí.

-¡No puede ser cierto, Dixon! ¿Recién me lo dices? ¡Tuviste tres años para decírmelo! No puedo creer lo que has hecho... Esto es inaceptable. Sabes que mi hija es tan solo una niña, pero ¿tú haciéndolo? Es algo que no te perdonaré... -Mi corazón se sacudió fuertemente al escuchar esas palabras.

-Lo siento, señor Brown, no era mi intención no decirle lo que pasaba. Me ganó el miedo quizás, pero estoy muy arrepentido y...

-¡Cierra la boca, mierda! -Dixon calló sus palabras al instante-. Estoy decepcionado de ti, ¿cómo pudiste...?

En ese momento había sin querer abierto la puerta, y ambos se giraron a verme.

-Atenea... -musitó Dixon, con lágrimas en los ojos-. Yo no quise hacerlo... Te lo juro.

-Bien, ¿estamos todos ahora? -Tuve que secarme las lágrimas que de repente me salieron de los ojos-. Atenea, ¿es cierto lo qué me está diciendo esta basura sobre ti?

Estaba a punto de asentir, estaba.

-Señor, Atenea no tiene la culpa. La culpa fue mía. No la cuidé como le prometí, y ahora estoy muy arrepentido de ello. Nunca quise... -me quedé paralizada en cuanto me vio, se giró a verme porque sabía que iba a decir esa palabra-. Nunca quise que su socio la tratara de esa forma acosadora. Fue un descuido mío.

Dixon había mentido, ¿el por qué? Para salvarme de mi padre.

Era violento y tóxico, pero de buen corazón a pesar de estar tan enfermo.

-Atenea, hija, ¿por qué nunca me lo dijiste? -Mi padre se acercó y me tomó del rostro, con los ojos casi llorosos. Aquel acoso había sido real, y fue horrible que su socio quisiera comprarme como a una prostituta-. Hija, lo siento mucho. Me siento culpable yo de haberte dejado tan expuesta a ese mundo. No volverá a pasar.

Mi padre me abrazó y me quedé en vista a Dixon.

-Señor... quería decirte que lo siento... -Dixon quiso hablar, pero mi padre no le dejó.

-Estás despedido, Dixon. Recoge tus cosas y lárgate. Y gracias por tu invitación a la boda, pero siento que me has traicionado por completo. No quiero verte más aquí, vete por favor. -Él nos quedó mirando atónito.

Se levantó y se retiró rápidamente.

-Papá, no tuviste que... -tuve que callar mis palabras cuando Maia y Cameron aparecieron en la escena. Cameron traía viejos documentos, ahora trabajaba con mi padre. Maia había entrado a limpiar la oficina.

-Luego hablamos, princesa, tengo mucho trabajo que hacer.

Se fue sin decirme más nada, Maia -mi sirvienta personal y mi mejor amiga desde que tengo memoria- me miró con mucha intriga. Se acercó a mí y me tocó el brazo.

Me conocía de pies a cabeza, sabía lo mal que estaba.

-¿Lo despidieron? ¿Tu padre supo la verdad? -preguntó preocupada.

-No. Dixon mintió y dijo que me descuidó cuando fuimos al aniversario de la empresa cuando Farrell quiso pagar una noche conmigo... Pensé que lo diría todo, lo pensé con fuerzas que cuando mintió no pude creer que me hubiese...

-Protegido. -Maia completó la palabra, me abrazó de repente haciéndome sentir demasiado relaja en sus brazos-. Estoy aquí para ti, amiga. Estará todo bien. Nena, tienes tiempo, tu madre no ha salido aún de la casa. Ve y alcanza a Dixon, habla con él.

Maia daba los mejores consejos de todos, incluso mucho más que mi propia madre.

-Está bien, debo agradecerle al menos.

Dejé los brazos de Maia para ir detrás de mi supuesto amor.

Corrí por el pasillo que conecta a la entrada, bajé las pequeñas escaleras antes de llegar a la puerta principal y vi como Dixon se subía a su coche resignado.

Cuando salí de la casa, me detuve frente a su puerta y él bajó la ventanilla.

-Mentiste... -fue lo único que pude decir.

-Follarte no es un pecado... Dejó de serlo cuando dejé de sentirme culpable porque eras tan solo una niña, Atenea. Tenías tan solo diecisiete años, una niña para mí ojos. Es un delito que podría darme años de cárcel.

-Sabes que jamás te pondría detrás de las rejas...

-Lo sé, por eso mentí por ti -arrancó el coche y luego me entregó el anillo que le había regalado para su cumpleaños ya hace dos años atrás-. Se terminó, Atenea. Se terminó lo nuestro.

Se me cayeron las lágrimas demasiado rápido.

-Dixon, te quiero... -dije de repente.

Él miró hacia adelante y puso el coche en marcha.

-Dejé de quererte hace tiempo, nena.

Aceleró el coche y se alejó luego de que las puertas de la mansión se abrieran a su paso. George, el guardia de seguridad, me miró bastante preocupado. Maia y él sabían de mi amorío secreto con Dixon, y también Dana.

Miré el cielo tornándose gris. Iba a llover.

Aunque en mi interior ya estaba formándose una terrible tormenta.

( * * * )

Un mes después...

Las cortinas se abren y veo a mi madre vestida de blanco con un colgante de perlas super sofisticado. Maia trae el desayuno y unas pastillas para mantenerme despierta. Rebeca sabe cómo caer tan mal, y es obsesiva con eso. La miro de mala gana y sonríe cuando me ve ya con los ojos bien abiertos.

-Ya no quiero que vuelvas a beber así, hija, tu padre tuvo que arrastrarte por toda la maldita casa. -Obvio que me lo dice de mala gana, nada en Rebeca Brown es con humildad y paciencia.

-No es asunto tuyo, mamá, ya sabes que todo esto es difícil superarlo en un mes... -Me senté en la cama mientras Maia me guiñaba el ojo dándome las pastillas. Nuestro trato era cambiarlas por pastillas de fresa, eran similares a las energizantes. Mi madre ha sido obsesiva con los energizantes y la vida saludable.

Tomo las pastillas con el agua y le agradezco a la sirvienta.

-Bueno, sé lo que Dixon era para ti. Tu mejor amigo y chófer, pero siempre me ha dado malas vibras ese chico... -Rebeca miró a Maia con mala cara diciéndole que se fuera. Maia retiró la bandeja dejando el café con leche y las tostadas con queso-. Hija, no quiero excusas el día de hoy. Ni tampoco te comportes como una niña caprichosa.

Se suponía que ese día Dixon se casaba con Melanya en Vancouver, e íbamos a ir a su boda porque simplemente nos había invitado. Excepto mi padre, quién seguía enojado con él por la situación.

Me levanté y vi el vestido rojo que Maia me había dejado a pedido de mi madre.

-No me pondré eso, ya tengo pensado que ponerme -le dije mientras la miraba a ella y al vestido colgado frente a mis ojos-. Así que, no creas que me pondré vestidos de tu estilo porque sabes que no me agradan.

-No seas Drama Queen, Atenea, ya demasiado tengo con tu primo. -Mi madre se levantó y antes de abrir la puerta me sonrío con su sonrisa falsa que tanto odiaba-. Te espero abajo con tu tía Aryan, no tardes, cariño.

Me eché hacía atrás y volví a mirar el vestido.

Odiaba ese color en mi cuerpo, a pesar de que me quedara tan bien.

Me levanté y busqué en mi enorme vestidor algo que dejara a Dixon con la boca abierta. Tan arrepentido de haberme dejado sola, y de haberme dejado por aquella perra artista de Brooklyn. Porque entonces, si la boda iba a ser allá, debíamos viajar aproximadamente dos horas hasta Nueva York en un avión privado de mi padre.

Saqué un vestido, apretado al cuerpo y de color negro. Tenía un tajo enorme que dejaba al descubierto mi pierna y muslo derecho. Tomé unos guantes de color negro, y una boina más unos pendientes de color dorado. Unos tacones negros, brillosos. Y cuando me miré al espejo me dije a mi misma: Eres una perra mala, Atenea.

Bajé las escaleras, y fue como si fuese mi noche del baile de graduación. En cuanto mi madre me miró hizo su cara de desprecio, no me aguanta verme de la forma que no quiere. Ya tengo veinte años, no me vestiré como una santa monja.

Cameron silbó apenas me vio, mi tía Aryan sonrió feliz.

-Ugh... ¿Es en serio? -resopló mi madre dándose vuelta y caminando hacía la entrada-. El negro es muy funeral, Atenea, no vamos a un funeral.

-Sí, vamos a ir un funeral, Rebeca... -dije, contradiciéndola.

Rebeca se dio vuelta sorprendida.

-¿Disculpa?

-Hoy muere mi vieja yo, ¿sabes? Así que córrete del camino, estorbas. -Dije pasando por encima de ella y abriendo la puerta de la entrada-. Ah, y, por cierto, ese vestido de Prada ya pasó de moda hace dos años. Deberías usar algo más nuevo.

Escuché como mi tía Aryan se reía a carcajadas a mis espaldas.

Cameron y yo fuimos en el mismo coche hasta el aeropuerto. Un Audi Q5 que mi padre le había regalado para su cumpleaños. Mientras escuchábamos I Feel Like I'm Drowning de Two Feet su coche, no pude evitar recordar todo lo que había vivido con Dixon.

Cada beso, y cada vez que fallábamos hasta que el cansancio nos dejaba secos.

Apreté mi pierna tratando de no excitarme cuando imaginaba todo eso.

-Te ves inmensamente como una chica mala, Atenea, captarás la vista de todos e incluso de Dixon... -lo miré intrigada pensando en que realmente no lo supiera-. Ese patán se perdió de mucho...

-Espera, ¿Maia te lo dijo?

Levantó sus hombros ligeramente, él y Maia también mantenían una relación secreta detrás del cuarto de lavado. Ambos estaban muy enamorados, pero la madre de Maia no permite que se relacione con nadie de nosotros, excepto conmigo. Con quién sabe que nuestra relación ha sido siempre de amistad y fidelidad.

-No es nada malo, Nea -Cameron solía decirme Nea como forma de cariño, él y Lucian me habían puesto aquel apodo cuando éramos niños. Ellos siempre fueron como mis hermanos mayores-. Así que, tienes tu secreto oculto conmigo, Maia, y por supuesto George. Espero que ese patán se quedé con la boca abierta cuando te vea.

Realmente quería eso, pero de repente no.

Me había vestido como una zorra en busca de atención.

Me sentí avergonzada por un momento.

Llegamos al aeropuerto y vi otro avión privado de mi padre. Me pregunté si él también iría, pero cuando bajé del coche pude ver a Dana y Lucian vestidos también de gala. Corrí con mis zapatos para abrazarlos a ambos y quedaron sorprendidos con mi vestimenta.

-Wow... -dijo Dana con una sonrisa-. Te ves increíble, y tan hermosa.

-Parece que la sangre Brown es demasiado potente... -mencionó Lucian en ese momento, y miró a Cameron quien sonrió por lo bajo-. Nosotros iremos en el otro avión por la seguridad de Rosé. Así que, nos veremos allá en cuanto lleguemos.

Yo tenía que compartir el maldito viaje con mi madre, y soportar dos horas de sus burlas y objeciones. Algo que no quería, por supuesto.

-Iré con ustedes -dije de repente, Cameron se sumó al viaje-. Rebeca me tiene harta con todo esto...

Rosé de repente apareció, había recogido las flores que crecían al costado de la pista de aterrizaje. Me las entregó con una sonrisa y morí de amor por dentro.

-Son para ti, Atenea, eres mi diosa favorita -Dana tocó su hombro y le dijo que ya subiera al avión. Lucian tomó las flores y las colocó suavemente en mi boina.

Quedó como una corona de rosas sobre mi cabeza.

Nos subimos al avión y me acomodé en la ventanilla para poder observar las nubes. Cameron de vez en cuando me mencionaba sobre Dixon, en aquel momento Lucian no sabía del caso, pero era obvio que Dana ya le hubiese dicho.

No me ha juzgado por aquello, sin embargo, era como un hermano mayor para mí. Me tocó la mano para que me relaje, en aquel momento no me di cuenta de lo importante que ellos eran en mi vida. Dana me sonrió igualmente y ofreció apoyo.

No estaría sola para enfrentarlo todo.

Cerré mis ojos y dejé que los rayos de luz me dieran una cálida bienvenida.

Capítulo 2 Olvidar todo es más que difícil

Bajaron los coches de los aviones privados y seguimos nuestro rumbo a Brooklyn ya estando en Nueva York. Cameron y yo seguimos el camino de los demás hasta llegar a la casona donde Dixon y Melanya daban su primer sí.

Todo era de color blanco, la entrada era un gran arco de rosas blancas. Había mesas por todo el campo y luces amarillentas acompañando como un momento íntimo. Pise la alfombra roja y de repente se llenaron de fotógrafos a mi alrededor.

Cameron y yo posamos para las fotos, Dana y Lucian los evitaron por seguridad de Rosé. Mi madre se apoderó de ellos, ella había sido cara de Vanity Fair durante tres años por su compañía familiar de moda. Así que su rostro era muy buscado para las fotos.

Entramos y nos dieron la bienvenida los padres de Melanya.

Fiorella y Gaspar, dos empresarios con mucho dinero en mano. Gaspar era un contador y abogado millonario del Wall Street, y Fiorella una de las empresarias más ricas del país. Dixon no tenía suegros pobres, sino más bien una buena reputación como para trabajar de un simple chófer. Había optado a Melanya, una artista que pasó de ser nadie a ser una de las manos buscadas para estar en grandes museos de arte de los Estados Unidos.

Dixon lo tenía todo. Suegros ricos, una novia talentosa. Y un secreto muy sucio conmigo.

Nuestra mesa decía Familia Brown. Me senté esperando algo de beber, pero nadie aparecía ofreciendo champagne ni una copa de gin tonic. Dana se sentó a mi lado luego de dejar a Rosé jugar con Cameron y Lucian a unos metros de nosotras.

Mi madre se paseaba saludando a medio mundo, en especial a los padres de Melanya. La madre de Melanya y mi madre no se llevaban nada bien. Hace muchos años hubo rumores de que mi madre y el padre de Melanya tuvieron un romance a las espaldas de Fiorella cuando apenas ellos llevaban meses de relación. Y por supuesto, Fiorella dominaba las pasarelas y la moda antes de convertirse en empresaria.

Entonces me di cuenta de que he salido igual de maldita que mi madre.

Dana me tocó la mano de repente.

-Hay rumores que en la cocina esconden el champagne, yo que tú iría a buscar uno o dos. He dejado la lactancia de Rosé hace ya dos años, creo que es hora de que Lucian me cargué en vez de a Rosé... -la miré riéndome, nos levantamos y fuimos a la casona donde estaba la entrada de la cocina.

Un chef muy reconocido nos dio la bienvenida y no pudo dejar de verme el vestido. Ni el escote, ni las piernas, como la mayoría de la gente allí. Una de las meseras se sacó una selfie conmigo, me seguía en redes desde ya hace tiempo.

Tomamos dos botellas de champagne, Dana se encargó de llevarla más dos copas en las que íbamos a tomar. Si queríamos buena noche, íbamos a comenzar desde temprano. Recorrimos el pasillo elegante y de mármol, pasamos por las habitaciones de los novios y pude ver el nombre de Melanya en una de las puertas. Se escuchaban risas.

La de Dixon estaba al frente, y estaba abierta, pero nadie adentro.

Le dije a Dana que llevara todo a la mesa, ella entendió lo que quería hacer apenas vio el nombre del vestidor de Dixon al frente de nuestros ojos. No tuvo problema, tomó todo y se fue por el pasillo donde entramos.

Caminé lentamente hasta llegar a una habitación donde guardaban todos los regalos de los novios. Había de todo, créeme, hasta un lavavajillas.

Vi a Dixon sentado tomando un vaso de vino, toqué la puerta que a pesar de que estaba abierta no pude contenerme en hacerlo. Él alzó la vista me miró de pies a cabeza. Sonrió de lado, realmente me perdió por completo.

Me senté a su lado y tomé una copa para servirme vino.

Dixon me lo impidió.

-Te ves hermosa, malditamente hermosa -me dijo muy cerca de mi rostro, me tocó el muslo sin ninguna otra intención y se acercó rápidamente a besarme el cuello. Pero mi impulso fue primero, puse una mano en su pecho y lo alejé de mí inmediatamente-. ¿Qué ocurre, Atenea? ¿Tienes miedo de que te haga algo el día de mi boda?

No era eso, era que yo también quería dejar de quererlo demasiado.

-Exacto, es el día de tu boda, Debes estar sobrio, Melanya debe de estar muy hermosa seguro. ¿Y tú que haces aquí? -Tomé la botella y se la alejé de él.

-Esperándote, no te vi llegar. Por eso vine a encerrarme.

Algo me dio escalofríos en el cuerpo.

-Aquí estoy... Aquí me tienes... -cerré mis ojos cuando él volvió a tocarme, me tocó el cuello y luego su pulgar acarició mi labio inferior quitando un poco del labial-. Dixon... Ya no podemos seguir esto, lo sabes. Y Melanya debe estar esperándote.

-Que esa perra espere lo que tenga que esperar, yo quiero follarme a mi chica.

Se acercó a mi rápidamente hasta rodearme por completo, besándome los hombros y el cuello. Lo alejé del impulso violento que tuve, empujándolo fuertemente para levantarme y salir corriendo por el pasillo. El primer baño de mujeres que encontré me encerré, en uno de los cubículos. Y me puse a llorar.

Superar a Dixon iba a ser imposible, a primera vista.

Grité fuertemente golpeando los cubículos. En ese momento saqué el teléfono de mi pequeño bolso que había llevado y llamé a Maia. Su tono sonó tres veces hasta que atendió.

-¿Atenea? ¿Qué sucedió?

-Cuando llegue a Vancouver, ¿puedes pasar por mí? Necesito una noche de chicas, no quiero volver a casa... Déjame ir a tu departamento.

-Atenea, sabes que no puedo, además sabes que...

-Cambié tus horarios para que tuvieras día libre hoy, tu madre se quedará en la mansión por esta noche. Necesito estar contigo, necesito poder estar en paz. Por favor, amiga, hazlo por mí. No quiero volver a deprimirme.

Maia se quedó en silencio.

-Niña lista..., está bien. Pasaré por ti en cuanto regreses, solamente avísame. Y por favor, que te traiga Cameron así me aseguro de que llegues viva.

Le di las gracias y colgué el teléfono.

Odiaba el hecho de que tuviera que acudir a Maia para poder salir de mi tristeza. Nos conocíamos desde los seis años, misma edad. Su madre era la sirvienta de mis padres cuando apenas yo era una niña, dejaban que Maia viniera a la casa para que yo pudiera sociabilizar con alguien.

Cuando cumplimos los quince años, nos escapamos a la casa de huéspedes y robamos un vino de la bodega de mi padre. Nos lo tomamos todo hasta quedar borrachas, y prometimos ser mejores amigas hasta que tuviéramos el cabello blanco. Incluso nos dimos un beso de promesa, algo que jamás olvidaremos.

Nuestra amistad era algo que mi madre no aprobaba. Y la madre de Maia al principio tampoco, porque no quería tener problemas con mi padre o madre. Aunque tiempo después pude conquistar su corazón de igual forma.

Maia era una gran artista visual, pintaba como los dioses, y quería haber estudiado en la universidad de Arte de Nueva York. Pero su madre y la doctrina que llevaban sobre el trabajo primero antes que los sueños era algo que me dolía profundamente. Maia se había criado sin su padre, él estaba en prisión por asesinato y también las habían abandonado cuando vivían en Argentina. Mi padre las conoció allá en su viaje de negocios, y las adoptó a la familia. Se mudaron a Vancouver cuando Maia tenía 6 años, y con todo lo que han ganado con su madre se han podido pagar uno de los mejores departamentos del centro. Su vida había cambiado para siempre.

Acomodé mi ropa y salí del cubículo, en ese momento en que salí vi a la madre de Melanya lavándose las manos mientras que también acomodaba su maquillaje.

Me paré a su lado y lavé mis manos igual, se notaba lo mucho que había llorado.

-Me alegra que no hayas salido igual de ridícula que tu madre -dijo de repente, la miré con el ceño fruncido-. No te lo tomes a mal, tu madre siempre ha sido así de... Irrespetuosa, aún hay pobreza en su linaje griego. O no sé, dímelo tú que la conoces mejor. Ahora que es rica y poderosa, se ha olvidado quien le ha enseñado a caminar en esos tacones altos de Gucci.

Quise decir algo, pero Fiorella me dejó con la palabra en la boca.

Se largó al segundo que escuché la música de entrada de la novia al segundo de salir del baño para contraatacarla con algo buenísimo que tenía en mente. Pero vi a Melanya venir por pasillo, su vestido era precioso. Tan delicado, tan preciosa como ella. Su sonrisa espléndida, tan ella y tan hermosa como todo lo que tenía puesto. Una de sus damas de honor llevaba las rosas, cuando pasaron por mi lado es como si no existiese.

Fiorella pasó de nuevo y me sonrió falsamente.

Regresé al patio y vi que Dana ya se había bajado una botella sola. Me senté con ella en las bancas del pasillo donde Melanya iba a caminar hacía el altar. Y vi a Dixon listo esperándola.

Siempre he pensado en la mala relación de Dixon con su padre. Su madre había fallecido cuando él tenía apenas diez años. Él y su padre no se hablaban hace ya muchos años. Los padres de Melanya odiaban que Dixon trabajara como chófer, pero su padre lo había sido por mucho tiempo y hasta había trabajado para el presidente de Italia. Entonces Dixon, aunque no era casi nada rencoroso, quiso serlo también. Ahora estaba aceptando un trato con Gaspar para trabajar en Wall Street, y poder vivir del arte junto a Melanya.

Sonó la música y Melanya se cruzó ante sus ojos como un rayo de luz. Dana me susurró al oído que el vestido de Melanya es una mala imitación del vestido de mi madre cuando se casó con mi padre. Tenía razón, era una mala imitación.

Los ojos de Dixon brillaron cuando la vieron a ella.

Y se apagaron cuando se encontraron con los míos.

En ese momento también me crucé con la mirada de Fiorella.

No sé por qué en el fondo sentí que Fiorella sabía de algo, de algo muy grande.

Pero bueno, siempre he sido una sin vergüenza. Tomé la botella de vino que llevaba entre mis piernas y le di un largo sorbo para luego mirar a mi madre por mi hazaña en la bebida. Y luego miré todo el espectáculo.

Ya quería irme de ese maldito lugar.

Capítulo 3 Nuevas decisiones

Todos estaban bailando muy alegremente mientras yo había dejado de beber para concentrarme en lo lindo que ellos dos se veían. Dana y Lucian bailaban con Rosé, mientras que Cameron había logrado sacar a mi madre a bailar junto a Aryan. Me separé del resto y robé un champagne rosado para servirme en una copa.

-Sírveme a mí también -dijo alguien detrás de mí, cuando me giré vi a mi padre con un traje de color azul marino muy elegante-. Acabo de llegar y esto se ve aburrido. Excepto tu madre bailando Mamma Mia.

Sonreí apenas escuché su voz y le serví completamente su copa.

Bebimos mientras vimos la fiesta prenderse cada vez más.

-¿Qué tal la reunión? -pregunté sin saber que más decir.

-Cansador... -respondió, se veía bastante harto de todo-. Decidí venir no por Dixon, ni tu madre. Aryan no dejaba de mencionarme lo divertido que podía ser dejar los negocios de la familia por esto. No se equivoca, pero la fiesta es algo aburrida sin lo divertido. ¿Quién crees que se emborrache primero?

Los miré a todos y no vi a nadie tan borracho como parecía.

-Probablemente yo lo haga... -dije sin más, mi padre me miró de mala gana-. Es broma, papá. No volveré a casa, me quedaré con Maia. ¿Será qué puedes no mencionarle nada a Rebeca?

-Por supuesto, no te preocupes por ello.

Amaba a mi padre por siempre ser tan bueno conmigo.

Se alejó de mí cuando la tía Aryan lo llamó a bailar. En ese momento cambiaron a la canción How Deep Is Your Love de Bee Gees; mi padre bailó con mi madre en ese momento como si volvieran a conocerse.

Me alejé de todo y volví a la casona. Me metí en un salón repleta de mesas y luces, donde también vibraba la música de la fiesta de afuera. La sala estaba llena de espejos, y de muchas luces de color violeta. Tomé una copa y me serví más champagne rosado.

-¿Qué haces aquí? No puedes estar en esta sala, está cerrada.

Dixon me había seguido. Buscaba la revancha de poder cogerme de nuevo.

-Deja de fingir que la amas y eres feliz con ella. Sé que la odias, odias el arte y la economía. Has dicho siempre que eso es cosa de ambiciosos. -No pude retenerme y le tiré todo lo que quería desde ya hace tiempo.

Él se río por lo bajo.

-Eres tóxica, Atenea, me intoxiqué contigo hasta que el punto en que no puedo desintoxicarme. No podré olvidarme de ti jamás, tengo que amar a Melanya para dejar toda esta mierda atrás. Estoy harto de seguir persiguiendo tu demonio.

-¿Usas a Melanya para olvidarme? Qué gran mierda eres, Dixon. Jamás pensé que esto tenía que terminar en que tuvieras que casarte con otra mujer. ¿Te has olvidado de las promesas que me hiciste cuando follábamos?

Dixon se agarró la cabeza fuertemente.

-¡Lo sé! ¡Sé que lo prometí! Pero no puedo cumplir esas promesas, porque no puedo seguir creyendo que eres la mujer de mis sueños. ¿Entiendes? ¿Entiendes como me siento? Atenea, te amé en algún momento, pero dejé de hacerlo. Cuando conocí a Melanya creí que sería todo mejor para mí. Podría olvidarme, olvidarme de todo lo que habíamos vivido juntos. Odio la razón de amarte y no poder estar contigo, ahora tu padre me odia por el hecho que pasé por arriba. No hay vuelta atrás.

Quería romperle la cara. Había tantas ganas de hacerlo.

-Te amo -dije sin más-, pero quiero dejar de hacerlo. Me he sentido una niña aún, cuando estoy contigo y delante de ti. Esta mañana pensaba en todo esto, en mi vestido y mi cuerpo. He pensado en cómo me cogías, lo fuerte que me tomabas para dejarme todo tu veneno en mí. ¿Para qué? Para nada. Eres una mierda, Dixon.

No supo que más decir, pero aquello no terminaría allí.

-No te pedí que me amaras. ¡Me enredaste a todo esto! Eras una niña maldita desde que tengo uso de razón. Me usaste y sedujiste de la manera que querías. Me envolviste en esto y ahora no sé cómo desenvolverme. Quiero a Melanya, y cuando estoy con ella pienso en ti. ¿Crees que puedo decirle al mundo lo que teníamos y arrebatarte para ser felices? Ya no quiero eso, no te quiero. Comencé a odiar follar contigo, aunque las ganas me consumían. Comencé a odiarte, y a no quererte entre sabanas. Pero siempre has sido tan inevitable. Sacas lo peor de mí. Me has hecho mierda por dentro y es algo que jamás te perdonaré. Eres una maldita zorra.

Abofeteé su cara cuando dijo eso último.

-Te di mi virginidad, mi cuerpo lleno de pudor y mis ganas de vivir la vida, te llevaste todo lo que yo tenía para ahora tratarme de toda esta mierda. Te mereces todo lo que tienes Dixon, y algún día volverás a pedirme perdón, y...

-¡Jamás volveré a la mierda que teníamos! ¡Te odio, Atenea!, ¡Te odio! Lárgate de mi vida, vete de mi corazón. No te quiero, entiéndelo: Ya no te quiero.

Me alejé de su mirada desconcertada. Rompió uno de los espejos con la fuerza de su puño y en el momento que salí de la sala, me topé con Melanya que buscaba a Dixon. Él había venido detrás de mí, y el rostro de ella se volvió sombrío.

Dixon tenía su mano lastimada y llena de sangre.

Cuando salí al patio, mi padre estaba hablando con Gaspar y algunos socios. En ese momento, un mesero y yo tropezamos y su bandeja llena de bocadillos se cayó sobre mi vestido negro dejándolo repleto de salsa blanca.

-Lo siento mucho, no quise hacerlo -él me levantó cuidadosamente y en ese momento mi padre vino a ayudarme tanto a mí como a él-. Señor Brown, no fue mi intención tropezar con su hija, lo lamento mucho.

-No te preocupes, Armin. -El chico se levantó y nuevamente pidió disculpas-. ¿Este es tu último día? -Armin asintió y luego se retiró.

Traté de limpiar el desastre de mi vestido, pero era imposible sacar la mancha blanca.

-Ese chico fue mi chófer durante unos meses, es muy cuidadoso y respetuoso. Armin vino a los Estados Unidos desde Alemania para ayudar a su madre y a su hermana, en especial pagar la universidad de su hermana, Ambos viven en el bajo Vancouver, no tienen mucho dinero que digamos... Su padre falleció hace años, y no pudieron recibir su herencia... Pobre chico, es realmente un pobre chico... -Gaspar lo mencionó entre risas, pero eso no le gustó nada a mi padre.

-Bueno, eso no debería ser motivo para burlarse de él... ¿no es así? -Dijo mi padre, Gaspar dejó las risas de lado y lo miró fijamente-. Pásame su contacto, estoy necesitando de un chofer próximamente.

Me miró con una sonrisa y yo solo quería que la tierra me tragase.

Me despedí de ellos cuando todo ya me había hartado, salí corriendo con mis tacones de punta alta sin antes oír a aquel Armin pedirme disculpas nuevamente.

Lo último que vi fue a Melanya, ella y yo cruzamos miradas. Una mirada que no fue para nada linda, ni tampoco satisfactoria. Luego me ignoró dándome la espalda. Tomé las llaves del Audi de Cameron y salí de la casona para alejarme del resto de ese mundo.

Odiaba las riquezas de mi familia, me había tocado vivir con ella porque no había otra opción. Mi vida era la moda, Nueva York, poder vivir sola y ser solamente yo.

Cuando llegué al aeropuerto, no di autorización de mi padre a que me llevasen, unos billetes siempre arreglan todo. Me subí y me quité los zapatos, el Audi lo había dejado en el aeropuerto, había pedido que se lo devolvieran a Cameron.

Le envié un mensaje a Maia de inmediato, prometió esperarme en el aeropuerto. Cerré mis ojos y caí rendida en el avión. Lo que más quería era escapar de aquel mundo lleno de lujos, los lujos me habían traído tantos problemas y uno de ellos era el amor. El amor tóxico que Dixon me había dado para probar.

Maldito veneno.

Maldito Dixon.

( * * * )

Maia me había prestado una de sus camisetas de Pink Floyd, y nos sentamos a comer hamburguesas con cerveza en su sala de estar. Ella estaba muy callada, no llevaba su ropa de trabajo y se me hacía raro no verla con eso.

Nos quedamos en silencio disfrutando de aquello, mientras que veíamos Diario de Una Pasión en la televisión. Maia me contaba sobre que ya no soportaba seguir en secreto con Cameron, y quería cumplir su sueño de ir a estudiar a Nueva York.

-Estuve pensando que... -dije de repente-. Tú quieres libertad, yo también la quiero... ¿Por qué no nos vamos juntas a Nueva York a cumplirlo? Digo... Puede ser un buen comienzo, alquilamos un lindo departamento cerca de la Gran Manzana y...

-Sabes que apenas puedo pagarme una remera de Pink Floyd -respondió entre risas interrumpiéndome-. Broma, tonta. Lo he pensado, pero a tu padre no le gustará nada la idea. Además, ya no tienes un chófer ni un guardaespaldas como lo era Dixon.

Rodeé los ojos y tomé otro sorbo de cerveza.

-Solamente consigue uno y ya, le planteó la idea. Además, aceptará si se trata de ti, porque te quiere mucho y te considera una hija del corazón. No creo que las creencias japonesas de tu madre vayan a ser un problema, ¿no es así?

Maia se río fuertemente de repente.

-Soy coreana, Atenea, no japonesa. Te lo dije cuando te conocí... -no pude aguantar reírme a su par. Había creído toda la vida otra cosa que no era-. Pero, no importa eso. Y bueno, ya sabes como es mi madre. Sí, sus creencias japonesas son algo como una doctrina. Y sabes que odio el té negro.

Me acosté en su hombro y suspiré, ella me abrazó y me besó la frente.

-Solamente quiero ser libre, y liberarme de toda esta presión.

-Y de Dixon... -agregó.

-Sí, quiero olvidarme de él...

Terminé mi hamburguesa y me acosté en el sofá que Maia me había preparado para mí. Ella durmió a mi lado en una cama en el piso, nos quedamos viendo el paisaje estrellado y las luces resplandecientes de Vancouver.

Cada una con un cigarrillo de menta en la mano.

Le di una calada al cigarro antes de terminarlo y respiré profundo mientras que dejaba que me ardiera el pecho. Estaba tan intoxicada del amor violento de Dixon que un cigarrillo me hacía demasiado bien como también me dejaba ardiendo por dentro. Todo había terminado, quizás por el momento.

Estiré mi mano y su mano se unió a la mía, Maia era como el hogar que jamás había tenido. Pero también me dolía el pecho de que ambas no pudiéramos seguir nuestros sueños como más deseábamos desde niñas.

Cerré mis ojos y me dejé llevar por el ritmo de la ciudad.

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