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Atentamente, tu ex esposa

Atentamente, tu ex esposa

Autor: : ARGrimán
Género: Romance
Alicia creía vivir una vida casi perfecta. Se había casado con el hombre que amaba desde que era una adolescente y durante 5 años tuvieron un buen matrimonio, pero las cosas habían comenzado a desmoronarse cuando Alicia no lograba quedarse embarazada. Lo habían intentado todo desde el mismo momento en que se casaron, pero nada parecía ayudarles a concebir ese hijo que tanto deseaban. Mark Vitolli era el heredero de una poderosa firma de moda. Era arrogante y pretencioso, pero Alicia estaba segura que él la amaba tanto como ella a él, hasta que un día, su vida perfecta se vino abajo. Recibió dos noticias que cambiaron todo y se convirtieron en sus más grandes secretos, pues al volver a casa descubrió que aquel hombre que por tanto tiempo amó, le era infiel. Un amargo divorcio será el inicio de la historia de Alicia, quien aprenderá a dejar atrás a la niña débil e inmadura que solía ser, para dar paso a la mujer que logrará conquistar el mundo de la moda y regresará con la cabeza en alto a la vida de Mark, cuando él y su familia tengan que rogar por ayuda. Ella buscará demostrarles lo equivocados que estaban al despreciarla, pero en el camino, Mark comenzará a sospechar de esos dos secretos que Alicia oculta y que podrían cambiar el rumbo de las cosas.

Capítulo 1 Prólogo

La pierna de Mark Vitolli se movía agitadamente, la ansiedad lo estaba matando. Llevaba más de una hora esperando por la mujer que le habían prometido, sería su salvadora. Toda la junta directiva se encontraba estresada por la situación de la empresa, pues no les quedaban muchas opciones.

– ¿A qué hora piensa llegar esta mujer? ¡Es una irresponsable! –exclamó con furia.

– No te quejes tanto, es tu culpa que estemos en esta situación –le aclaró su socia– ahora nos toca aguantar lo que sea que esta mujer quiera hacer o perderemos la compañía –replicó con furia.

– Yo no sabía que el desfile sería un fracaso.

– No tenías por qué hacer una inversión tan grande. Sabías muy bien que era un riesgo que estábamos corriendo y aun así, decidiste meter más dinero en juego.

– Se debe invertir en grande para ganar en grande.

– Estamos con la soga al cuello Mark. Dale gracias a dios que esta mujer aceptó ayudarnos y más te vale que no la riegues otra vez, porque no tenemos más opciones.

Mark se disponía a responder aquel comentario. No le gustaba quedarse callado y menos en una discusión. No le importaba ni siquiera que estuviese en una sala acompañado por toda la junta directiva. No era de los que aceptara perder, pero antes de que pudiese decir una palabra más, las puertas de aquella enorme oficina se abrieron de golpe. Una de las asistentes anunció la llegada de Alicia Greenswood.

Todos los ojos se posaron sobre aquella dama que entraba a la sala. Su porte y elegancia hizo suspirar a más de uno. Isabel, a diferencia de su socio, mostraba una sonrisa amigable hacia la invitada. Por su parte, los demás miembros de la junta directiva murmuraban entre ellos acerca de aquella mujer que veían llegar.

– ¡Qué hermosa es! –se escuchó decir a uno de los hombres presentes.

– Lo sé –respondió otro– me dijeron que está divorciada.

– ¿En serio?

– Sí –susurró– no sé cómo el estúpido con el que estuvo casada pudo dejarla ¡Solo mírala! Es perfecta.

– ¿La dejó?

– Sí y el muy idiota se fue con otra.

– ¿Cómo? ¡No te lo creo! No puede haber una mujer más hermosa.

– No la hay, te lo aseguro –ambos sonrieron a la invitada cuando esta pasó junto a ellos.

Mark apretaba los dientes con molestia escuchando aquellos comentarios. Todos parecían haberse enamorado a primera vista de la invitada y por las conversaciones que se oían, Mark supo que los presentes estaban de acuerdo en que Alicia Greenswood era la mujer más hermosa que habían visto. Lo que más le sorprendió era que incluso las féminas de la junta directiva estaban impresionadas con Alicia, pues no solo se trataba de su belleza física, sino que había algo más que la hacía destacar y es que el aura de seguridad y poder que la rodeaba, hacía que no pudiese pasar desapercibida.

Todos los presentes observaban de forma atenta a aquella mujer, en especial Mark, quien siguió con su mirada cada uno de los pasos que daba, detallando cada aspecto de su presencia. Una cintura pequeña, de alta estatura y cutis perfecto. Su cabellera lacia y oscura caía suelta por su espalda cubriendo un poco el escote que tenía el vestido que llevaba. Alicia miró por un momento a Mark antes de voltear nuevamente hacia el frente y en ese instante, él pudo notar la pequeña marca que resaltaba en esos ojos claros. Él permanecía tan estático observándola que cualquiera diría que aquella mujer le había cautivado por completo con su belleza e incluso, que le había robado el corazón. Parecía estar contemplándola casi como hipnotizado o al menos, eso era lo que todos creían, pues la realidad era otra.

Mark frunció el ceño cuando la mujer estuvo lo suficientemente cerca para saludar a Isabel, ambas se abrazaron y se dieron un beso en la mejilla con cariño. Él se sintió traicionado al ver esa escena.

– Alicia ¡Qué alegría que hayas llegado! Hemos estado esperando por ti –exclamó Isabel con una sonrisa.

– Lamento el retraso, pero debía resolver algunos asuntos antes de venir para acá –explicó de forma tranquila mientras volteaba a ver a Mark con el rabillo del ojo. Este permanecía sin inmutarse y sin quitar los ojos de ella.

– No te preocupes. No nos importa –respondió Isabel con una sonrisa– toma asiento para que podamos comenzar.

Alicia Greenswood se acomodó en la silla junto a Isabel, quién se apresuró a acomodar las carpetas y documentos que tenía sobre la mesa para iniciar la reunión, pero antes de poder completar su tarea, Mark la tomó del brazo y tiró de ella para hablarle de forma privada.

– ¿Qué hace ella aquí? –preguntó con furia en voz baja. Isabel lo miró con malhumor.

– Ya te lo dije, ella ha venido a ayudarnos –respondió de mala gana.

– Sí, pero de todas las personas que existen en este planeta ¿por qué tenía que ser ella? –exclamó molesto, pero sin elevar la voz, por primera vez no quería que los demás presenten escucharan la discusión.

– No hay nadie más. Te lo aseguro.

Isabel lo miró por un momento. Ambos sentían rabia, Mark por la sorpresa de encontrarse con aquella invitada no deseada e Isabel por tener que aguantar la actitud de su socio. Ella lo miró de arriba a abajo con disgusto y se volteó para continuar con lo que estaba haciendo.

– ¿Ocurre algo? –preguntó uno de los miembros de la junta directiva que se encontraba cerca de ellos.

Al parecer su pequeña discusión no había pasado del todo desapercibida y Los presentes permanecían observándolos en busca de una respuesta. Isabel miró a Mark quién continuaba de pie junto a ella con su peor cara, luego volteó hacia el resto de la junta y con una gran sonrisa, respondió.

– Mark solo está molesto porque la persona que he decidido contratar para que nos ayude a arreglar el desastre que hizo... –volteó de nuevo a verlo con una sonrisa burlona– es su ex esposa.

Capítulo 2 El Peor Día

Alicia estaba nerviosa. Se encontraba en la sala de espera de su médico. Él la había llamado unas horas antes pidiéndole que fuera a su consultorio porque tenían que hablar. Ella no sabía que le diría exactamente, pero temía lo peor. Desde hacía varias semanas se había estado sintiendo mal y su médico de confianza le había mandado a realizar varios exámenes. Ahora se encontraba esperando para hablar con él sobre los resultados, pero por el tono que había usado durante su llamada, Alicia intuía que las cosas no estaban bien.

– No son buenas noticias –había comentado el hombre en cuanto comenzó su reunión.

Ella ya lo sabía, pero no podía evitar sentirse destrozada. Observó las hojas que su médico le entregaba con los resultados de sus exámenes, mientras este intentaba explicarle lo que ocurría.

– No es un escenario alentador –confesó el doctor– pero aún hay cosas que podemos intentar.

Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos mientras escuchaba aquella información. Respiró profundo y se dijo a si misma que todo estaría bien. Mark estaba con ella, estaba segura que él la apoyaría durante todo este proceso y la ayudaría a salir adelante. Juntos, saldrían adelante.

Media hora después Alicia se encontraba sentada en su auto frente a su casa. Sentía tanto miedo sobre su futuro, pero confiaba en su esposo y que él siempre estaría ahí para ella. Respiró profundo y salió del auto.

– ¿Mark? –llamó a su marido al entrar en la casa, pero nadie contestó.

La confusión se apoderó de ella. Su hogar estaba completamente en penumbras y el silencio la arropaba. Se suponía que Mark ya debería estar de regreso del trabajo. Él solía llegar antes que ella y preparar la cena.

– Bueno, aún es temprano –se dijo mirando su reloj de muñeca.

Ella se había adelantado ese día. En ese momento eran las 4pm y usualmente llegaba a casa a las 6pm, así que era posible que su esposo aún no se hubiese desocupado del trabajo. Alicia suspiró, pero de golpe un recuerdo llegó a su mente. Se asomó por la puerta y miró hacia el garaje, pensaba haber visto el auto de su esposo, por lo que quiso volver a revisar y efectivamente, ahí estaba. Eso le extrañó, pero intentando buscar una respuesta lógica a la situación, pensó en que quizás él se había quedado dormido o estaba en la ducha, así que no quiso darle mayor importancia.

Terminó de entrar en la casa y se disponía a ocuparse cuando se escuchó un ruido que provenía del piso de arriba. Eso le confirmó que Mark estaba en la alcoba del primer nivel, así que decidió subir las escaleras para buscarlo, pero cuando estaba a punto de llamarlo, la risa de una mujer la interrumpió. Alicia se detuvo a mitad de la escalera, no sabía si estaba imaginando aquello o en verdad lo había escuchado.

– Me haces cosquillas –exclamó la voz femenina mientras volvía a reír.

El corazón de Alicia se aceleró mientras continuaba su camino escaleras arriba. Intentó hacer el menor ruido posible hasta llegar a la alcoba. La puerta de la habitación se encontraba entre abierta, así que se acercó e intentó observar lo que ocurría dentro. Sus ojos se abrieron por la sorpresa al ver aquella escena. Su esposo y su secretaria estaban en la cama desnudos manteniendo relaciones.

Las lágrimas comenzaron a correr una vez más por sus mejillas, pero en esta ocasión, era más por la rabia y la frustración que sentía. Acababan de darle la peor noticia de todas, le quedaba poco tiempo de vida y como si eso no fuese suficiente, ahora se encontraba con que su esposo la engañaba.

Ella había escuchado los rumores, pero se negaba a creerlo. Siempre amó a Mark y confiaba ciegamente en él. No quería creer lo que le decían, pero ahí estaba la vida dándole una bofetada de la peor manera. Alicia pensó en lo tonta que había sido y por primera vez decidió que no se quedaría simplemente llorando. Nunca más seria la mujer indefensa y víctima de todos. Desde ahora en adelante y por el tiempo que le quedara, demostraría que ella era fuerte, capaz de superar cualquier adversidad. Se limpió las lágrimas, respiró profundo y dándole un golpe a la puerta, ingresó en la habitación.

– ¡Eres un imbécil! –le gritó a su esposo quien la miró asustado.

– Alicia ¿Qué haces aquí? –respondió Mark conmocionado.

– ¿Cómo que qué hago aquí? ¡Esta es mi casa! –gritó molesta.

– Señora Vitolli no es lo que cree –quiso explicar la amante. Alicia rió de forma burlona.

– ¡Qué descaro tienes tú! No te es suficiente con ser la zorra que se revuelca con mi marido, sino que ahora quieres tratarme como idiota.

– Será mejor que hablemos –le pidió Mark en tono serio poniéndose los pantalones.

– No hay nada de qué hablar –sentenció– a lo que a mí respecta, este matrimonio se acabó –escupió mientras caminaba fuera de la habitación y cerraba la puerta tras de sí.

A partir de ahí, Alicia hizo todo lo posible por mantenerse alejada de Mark y de esa vida que solían llevar. No esperó mucho para llamar a su abogado e iniciar el proceso de divorcio. Sin embargo, la habladuría de la gente no se hizo esperar y pronto comenzó a escuchar todo tipo de rumores, incluyendo uno en que le daban una noticia aun peor que las que ya había recibido.

– Ella está embarazada –le había comentado su amiga Lisbeth refiriéndose a la amante de Mark.

Alicia y Mark habían pasado 5 años casados durante los cuales, ella había intentado todo lo que estaba en sus manos para quedar embarazada y aun así, no había sido posible, Mark siempre se lo había reprochado. Habían tenido muchas peleas a causa de eso y él solía hacerla sentir mal al recordarle que no había sido capaz de darle ese hijo que tanto deseaba. Ahora, tan solo unos días después de que su proceso de divorcio iniciara, ella descubría que él iba a tener finalmente el hijo que siempre había pedido con otra mujer ¿Acaso la vida podría tratarla peor?

La respuesta era que sí, pues con el tiempo descubrió que la familia de su ex esposo la odiaba más de lo que ella sabía. Con el avanzar de los meses, Alicia se enteró como Mark convertía a su amante en su nueva esposa y la familia de él trataba a la mujer con el mayor cariño del mundo, todos parecían excepcionalmente felices con esa unión, pero sobre todo, con el futuro nacimiento del bebé que aquella mujer llevaba en su vientre. Los obsequios y salidas especiales que su ex cuñada, ex madrastra y ex abuela le daban a la nueva esposa de Mark, hacían sentir a Alicia que en realidad, ella nunca fue querida ni mucho menos apreciada por esa familia. Se sentía tan estúpida.

– Estás mejor sin ellos –le había dicho Isabel, quién además de ser una de sus más queridas amigas, era también socia y prima de Mark.

Isabel era la hija mayor de uno de los dos herederos de la firma de moda Vitolli, Mark, era el hijo mayor del otro heredero, pero a pesar de pertenecer a la misma familia, eran muy diferentes. Alicia siempre había pensado que el núcleo familiar de Isabel era distinto al de Mark. Ellas solían bromear con que el padre de Isabel había sido adoptado y por eso su esposa e hijos eran completamente opuestos al resto de la familia. De cualquier manera, Alicia e Isabel se habían hecho grandes amigas. Desde que se conocieron en una reunión familiar, habían congeniado y su amistad creció tanto que Isabel solía pasar más tiempo con Alicia que con Mark.

En ese momento tan difícil de afrontar, Isabel y el resto de las amigas de Alicia, eran la única razón por la que ella se mantenía en pie. Desde el día uno habían estado ahí para levantarle el ánimo y ayudarla a seguir adelante, después de todo, cada una de ellas había pasado por experiencias similares y por eso, comprendían muy bien cómo se sentía Alicia.

– Somos como el club de las fracasadas en el amor –había dicho Camila una vez.

– No me gusta ese nombre –continuó Isabel intentando pensar en uno nuevo.

– Yo tengo uno mejor –aseguró Alicia. Las otras 5 mujeres voltearon a verla con expectativa– El club de las felizmente divorciadas –exclamó con una sonrisa. Todas se echaron a reír aprobando aquel nombre.

A partir de ese momento, las 6 amigas pasaron a llamarse "El club de las felizmente divorciadas". Ese era el título que usaban para sus reuniones especiales. Ellas tenían años conociéndose y como si fuese una burla del universo, todas fueron testigos de cómo cada una de ellas iba desde un comienzo romántico y dulce en su relación, hasta el triste y amargo final. Alicia acababa de introducir los papeles de divorcio y era la última de ellas que pasaba por ese agrio proceso, por lo que sus amigas estaban más que dispuestas a apoyarla, sobre todo porque sabían que su condición era muy distinta de la que ellas enfrentaron, pues parecía que Alicia se había ganado la lotería de la mala suerte y le había tocado afrontar el peor escenario.

– ¿Qué te dijo el médico? –había preguntado Camila con preocupación.

Sabían lo mal que se había sentido en los últimos meses y esperaban que los resultados de los exámenes no hubiesen sido tan malos como Alicia profetizaba, pero la realidad era otra y todas se quedaron de piedra cuando ella les explicó que su médico le había dicho que tenía leucemia.

– Saldrás adelante. Solo necesitas seguir tu tratamiento y todo estará bien. Nosotras estamos contigo –aseguró Isabel y las demás estuvieron de acuerdo. Alicia sonrió de forma amarga.

– No me voy a tratar –afirmó con tristeza.

– ¡Qué locura dices! –exclamó exaltada Lisbeth. Todas comenzaron a hablar al mismo tiempo causando un revuelo. No sabían cómo sobrellevar el miedo que sentían ante aquella noticia.

– Ok. Calma por favor –ordenó Isabel– vamos a calmarnos todas –pidió nuevamente y las demás hicieron silencio intentando controlar sus emociones– cariño ¿qué dices? ¿por qué no te harás el tratamiento? –preguntó con ternura. Alicia permanecía con la cabeza agachada.

– No puedo –susurró a punto de llorar.

– ¿Es por dinero? Sabes bien que todas estaremos para apoyarte –aseguró Camila y las demás estuvieron de acuerdo.

– No es solo eso... es... algo más –confesó.

– Por favor no me digas que es por todo lo que está pasando con Mark –exclamó preocupada Isabel.

– No –rió tristemente como si aquello que planeaba decir se trataba de un chiste cruel.

– ¿Qué es? –preguntaron todas al borde de los nervios.

– Estoy embarazada.

Capítulo 3 Una difícil decisión

Aquel día el médico había comenzado su charla dándole la noticia de su leucemia y lo mucho que le preocupaba, pues parecía avanzar muy rápido. Por varios minutos, Alicia se sentó a escuchar sobre un panorama terrible y casi imposible de superar, pero ella estaba decidida a seguir adelante. Aunque las probabilidades estuviesen en su contra, no se iba a dejar vencer, confiaba en que Mark la apoyaría y que incluso si las cosas terminaban mal, él estaría con ella hasta el final.

– Hay una situación que complica todo –le aseguró el médico. Alicia lo miró confundida.

– ¿Qué sucede? –el doctor suspiró intentando agarrar fuerzas para darle aquella noticia. Había tratado a Alicia por años y conocía bien su historial, sabía que lo que le diría le afectaría más que todo lo demás que ya le había dicho.

– Estás embarazada –soltó finalmente.

La respiración de Alicia se cortó en ese momento. No podía creerlo. Durante los 5 años que llevaba casada, había intentado de todo para embarazarse y no había sido posible. Intentó cada tratamiento y medicina que encontró. Desde las convencionales hasta las alternativas e incluso, las más extrañas posibles. Todo lo que le decían, ella lo probaba, no descartaba ninguna opción porque deseaba mucho tener un bebé y había luchado tanto por ello que ahora le parecía una cruel broma del destino que ocurriese cuando estaba enferma. Una idea apareció de golpe en su cabeza, un pensamiento que le destrozó el corazón.

– No puedes tenerlo –dijo el médico confirmando sus mayores temores.

– No me harás perderlo –susurró Alicia dejando caer algunas lágrimas.

– Lo lamento, pero es demasiado riesgoso.

– Sabes muy bien cuanto tiempo he querido tener a este bebé. Sabes todo lo que he intentado para lograr quedar embarazada. No me puedes decir esto ahora.

– Lo sé –exclamó con amargura– pero no puedes recibir el tratamiento para la leucemia estando embarazada y si no te lo doy, pues... ni siquiera sé si podrás sobrevivir esos 8 meses que restan.

– Lucas –el hombre se sorprendió. Por más años que llevase conociendo a Alicia, ella nunca lo había tuteado– entiendo los riesgos, pero no voy a matar a mi bebé. Saldré adelante. Mark y yo hemos deseado tanto tener un hijo que estoy segura que cuando se lo diga, él me va a apoyar. Estará ahí para mí y... –calló un momento sin poder controlar el nudo en su garganta– si yo muero, pues... me iré feliz sabiendo que él no estará solo, tendrá a nuestro bebé para que lo acompañe.

– Alicia, no digas locuras, por favor. Esto es serio. Por más agresivo que sea el cáncer, aún podemos tratarlo, todavía hay posibilidades de que puedas superarlo, pero debemos actuar rápido.

– ¡No! –exclamó firme. Lucas se asustó ante aquella reacción– No lo haré. No acabaré con la vida de mi bebé. Incluso si eso significa poner en riesgo la mía.

Alicia había salido de esa reunión decidida. Estaba asustada por el terrible panorama, pero al mismo tiempo, estaba segura de lo que haría. Quería tener a su bebé y confiaba en que Mark apoyaría su decisión. Él sabía todo lo que ella deseaba ese bebé, pues él también lo deseaba tanto como ella. De hecho, esa era la razón por la que su matrimonio se había estado deteriorando. Lo habían intentado por tanto tiempo que ya estaban decepcionados y él comenzaba a alejarse de ella, pero Alicia estaba segura que en cuanto él descubriera que ella estaba embarazada, las cosas cambiarían, todo mejoraría y él la apoyaría como siempre lo había hecho. Lamentablemente las cosas no habían salido como ella esperaba y tras descubrir la infidelidad de su esposo, todo había cambiado.

– ¿Se lo dirás? –preguntó Isabel durante su reunión de amigas.

– No –susurró negando con la cabeza.

– No creo que eso sea correcto, deberías decírselo, está en su derecho de saberlo –expresó Camila. Alicia la miró pensativa.

– No puedo, tendré que decirle también lo de mi leucemia y todo lo que está pasando y... no puedo. No quiero –aclaró.

– ¿Cómo se supone que debo actuar cada día frente a él sabiendo todo esto? –exclamó Isabel –por más idiota que sea, sigue siendo mi socio y peor aún, también es mi primo, así que no puedo simplemente dejarle de hablar –dijo molesta. Alicia la miró pensativa.

– Lamento ponerte en esta posición. Es solo... no lo sé... realmente no quiero lidiar con él, con esa familia que no me quiere y... con esa mujer.

– Lo entiendo –repuso Isabel suspirando con pesar. Se mantuvieron en silencio unos segundos, cada una sumida en sus propios pensamientos– ¡¿Por qué Mark tenía que ser un completo imbécil?! –exclamó frustrada.

Los días pasaron entre conversaciones con sus amigas y el proceso de divorcio. Alicia intentaba mantener el buen ánimo y seguir adelante con su vida, pero en ocasiones se le hacía increíblemente difícil. Estaba bastante mal de salud y a veces creía que su médico tenía razón en que posiblemente ella no llegaría al final de su embarazo. Eso la preocupaba demasiado porque esperaba al menos lograr ver nacer a su bebé.

Alicia se miró en el espejo en uno de esos días en que se encontraba sola en casa. Había estado vomitando toda la mañana y se sentía terrible. Observó su reflejo. En los últimos días su cuerpo había estado cambiando, pero a diferencia de lo que hubiese esperado, no era para mejor. Aún no se veía su vientre crecer, pero su piel lucía pálida y estaba ojerosa. Su enfermedad iba avanzando rápido. Sentía ganas de llorar.

Permaneció de pie frente a aquel espejo detallando cada parte de su cuerpo. Suspiró en el momento en que sus ojos se posaron sobre su pequeño defecto. Ella había nacido con Coloboma de iris en su ojo izquierdo, esto hacía que faltara una parte de su iris y por tanto, fuese muy sensible a la luz, tuviese una visión algo borrosa en ese ojo y sufriera fuertes dolores de cabeza en los días soleados, pero en general, no le causaba demasiados problemas a excepción de la actitud de su ex marido, pues con los años, a él le había comenzado a molestar ese defecto que lucía como una mancha en su ojo y había empeorado su disgusto al punto en que en los últimos meses, la estaba obligando a usar lentes oscuros cuando salían en público para que nadie lo notara.

– A él solía gustarle –le dijo a su reflejo en el espejo– él decía que se veía bonito ¿Cuándo comenzó a odiarlo? –se preguntó en un susurro con tristeza. Aquella pregunta hizo que su mente se perdiera entre los recuerdos.

Tenía tan solo 13 años cuando conoció a Mark Vitolli y ese había sido un día terriblemente triste para ella. Era el funeral de su madre. Su progenitora había muerto de cáncer, de la misma manera en que lo había hecho su abuela. Aquel terrible historial había abrazado a su familia por largo tiempo y parecía que Alicia tampoco había podido escapar de ese destino. Siempre le atemorizó aquella enfermedad a la que ahora tenía que enfrentarse, pero esperaba que Mark estuviese con ella, pues él había aparecido en su vida en el primer encuentro que había tenido con aquel mal.

El padre de Alicia trabajaba para el padre de Mark, por lo que al morir la madre de ella, aquel señor había asistido a dar el pésame a su empleado y por alguna razón, había decidido que su hijo debía acompañarlo. En esa tarde nublada y triste, Alicia había conocido al joven que cambiaría su vida. Ella lloraba desconsoladamente escondida entre los arbustos cuando el chico de 17 años se acercó.

– Las cosas se pondrán mejor, ya verás –le había dicho aquel muchacho que parecía querer animarla.

– ¿Cómo puedes decir eso? –preguntó Alicia entre sollozos, no creía posible que algo se pudiera llevar su tristeza.

– Yo también lo viví –confesó el joven con melancolía sentándose a su lado. Alicia lo miró sorprendida– ese dolor apesta, lo sé, pero seguirás adelante –le aseguró.

– ¿Tu madre también...? –ni siquiera pudo terminar aquella frase.

– Sí –afirmó en voz baja– yo era más pequeño que tú. No es algo fácil de entender y menos de afrontar –expresó mientras su mirada se perdía en el vacío.

Alicia lo observó por un momento. Era un chico bastante apuesto. Cabellera oscura, ojos claros y un estilo que parecía sacado de una revista de moda. Él volteó a verla y le sonrió. Ella no pudo evitar dejar salir una sonrisa cuando se perdió en esos ojos azules. Él se acercó más y con su dedo pulgar, limpió una pequeña lágrima que se escapaba para correr por su mejilla.

– Que bonitos ojos –le había dicho. Ella giró el rostro avergonzada. Él, entendiendo lo que ocurría, la tomó de la barbilla con delicadeza y la hizo mirarlo de vuelta– me gustan –exclamó– ese detalle en ellos hace que sean únicos y hermosos.

La sonrisa que se dibujó en el rostro de Alicia fue enorme. Mark también sonrió con cariño. Se miraron por unos segundos hasta que una voz los regresó a la realidad. El padre de Alicia la llamaba.

– Todos te están buscando –le susurró Mark– aunque creo que yo fui el único que logró encontrarte –sonrió.

– ¿Cómo supiste que estaba aquí?

– Yo también me escondí aquel día. Quería estar solo y hacer que el mundo desapareciera –confesó– así que luego de dar una vuelta por la propiedad, me pareció que este era el sitio correcto para alguien que quería esconderse –Alicia sonrió– pero no puedes quedarte aquí para siempre.

– Quisiera hacerlo.

– Lo sé y quizás si puedas, pero no deberías. No es lo que tu madre querría. A ella seguramente le gustaría que siguieras adelante y fueses feliz –Alicia reflexionó un momento aquellas palabras y luego asintió de acuerdo.

– Está bien –dijo limpiándose las lágrimas con las manos.

– Ven –exclamó poniéndose de pie y ofreciéndole su mano para ayudarla a levantarse. Ella aceptó con una sonrisa.

Ambos regresaron a la sala donde estaban los adultos reunidos y Alicia corrió a los brazos de su padre. Él agradeció a Mark por ayudar a encontrarla y de igual manera a su padre por acompañarlos ese día. A partir de ese momento, aquel joven se convirtió en la mayor ilusión de Alicia y con el pasar de los años, ese sueño de niña se hizo realidad. Mark pasó a ser su primer y único novio a la edad de 17 años y con tan solo 3 años de noviazgo, se casaron en una hermosa ceremonia. Su vida con él había sido casi perfecta hasta ese momento, 5 años después de la boda cuando ella había descubierto su infidelidad y todo se había venido abajo. Él la había traicionado y ahora ella sentía que todo lo que alguna vez habían vivido, había sido una completa mentira. Ya no estaba segura de si Mark llegó a amarla como tantas veces le dijo.

Alicia permanecía en su debate interno cuando el timbre en la puerta la sacó de sus pensamientos. Caminó con calma hasta la entrada para averiguar de quién se trataba. Sonrió al ver a una de sus amigas.

– Hola linda –le saludó Camila en cuánto la vio.

Camila se asustó un poco por el aspecto de Alicia. De todas sus amigas, ella era quien estaba más preocupada por su condición y se había dedicado a investigar una manera de ayudarla. Ese día estaba ahí para llevarla a un sitio que había encontrado y sin que ninguna lo supiese, aquel lugar se convertiría en el inicio del viaje que cambiaría la vida de Alicia para siempre.

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