Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Adulto Joven > Atracción Italiana
Atracción Italiana

Atracción Italiana

Autor: : BELKITO
Género: Adulto Joven
Amaba el romance, pero no creía en príncipes azules ni en finales felices. Más bien me atraía los príncipes negros, aquellos misteriosos hombres, que lo único que hacen en ti, es activar una atracción difícil de quitar, que te hacen descubrir ese lado oculto que todos tenemos, esos que tienen el cartel de prohibido y peligro con luces de neón alrededor suyo. Exacto, los chicos malos. Y Alessandro Rizzo lo era. La primera vez que lo vi, su belleza me deslumbro. La segunda vez que coincidimos, decidí hablarle. Lo que no contaba, era con la ignorada olímpica que me dio, fuera de ponerme triste, me puso ansiosa y deseosa por conseguir su atención. La tercera vez, lo tenía apuntándome con un arma en la cien. La cuarta, lo estaba salvando de la muerte. Sabía que no estábamos hechos para estar juntos, su mundo y el mío eran muy distintos...o eso pensaba yo. Pero la atracción que había, era mucho más fuerte que la razón. Sabía de antemano que solo yo perdería en esto, pero no lo pensé dos veces, y me tire al abismo sin tener la certeza de que sería atrapada al caer. Solo podía pensar. ¿Estará él, al final del abismo?

Capítulo 1 PRÓLOGO

Actualidad

Había pasado una semana en que faltaba a clases con la excusa que nadie cuidaría mejor a Dalila que yo, pude convencer a mis padres en ese momento, no era difícil, una mirada y ojitos de cachorrita y los tenia, una completa manipuladora, lo sé.

Aunque mi subconsciente me jodida a cada momento por eso, el mismo sabía que solo estaba intentado sobrevivir de aquel hombre. Era un hecho de que apenas pisara la universidad moriría, no tan literal, pero de que moriría en la universidad lo hacía, era ley.

Pero no podía morir, primero tenía que probar un latino, si o si.

-Tranquila, no morirás -susurre para mí misma viendo personas entrar y salir de la facultad de medicina. Había acabado el efecto en mis padres.

- ¿Te bajas del auto o te saco? -volteé a ver a mi mellizo con fastidio.

-Necesito mentalizarme en que hoy será un buen día, cállate.

-Te noto rara desde que salimos de casa, ¿Sucede algo?

Evite rodar los ojos cuando se puso en plan hermano mayor preocupado, sabía que se preocupaba por mí, claro, era su hermana y habíamos compartido un estrecho lugar en esa pequeña barriga de mamá.

Aún sigo sin creer como logramos sobrevivir ahí adentro, y lo peor, como esa pequeña vagina nos había expulsado, sí que tenía una vagina flexible, y esperaba tenerla también, claramente no para tener bebes, solo para dejar entrar de vez en cuando tamaños increíbles, si un bebe podía salir de ahí, claramente un gran pene podía entrar. Solo era lógica. -Mierda, yo y mi manía de salirme del tema- ¿por dónde iba?, si, Luciano me amaba y yo lo amaba, éramos inseparables, y por eso mismo lo conocía más que el mismo, así que sabía que detrás de su ¿Sucede algo? quería averiguar otra cosa, indirectamente...como siempre.

- ¿Qué pasa con Lia? -decidí fastidiarlo para que me dejara en paz de una vez por todas. Se tensó de inmediato y huyo de mi mirada.

- ¿Por qué tendría que pasar algo con ella? -pregunto a la defensiva.

-No lo sé, tú dime -lleve mis dedos a un lado de mis ojos, llegando a tocar el final de mis cejas y los estire, de tal forma que quedaron mis ojos achinados, como el del meme.

¿Era un chino, no?

Después de su pequeña crisis epiléptica pudo hablar.

-Por dios Luciana, bajete -di mi trabajo por hecho cuando lo vi sonreír.

-Solo espero que algún día tengas la valentía para confesarme el amor que se tienen ambos, malditos pecadores.

Sonreí al ver su rostro pálido, no había ningún rastro de aquella sonrisa que poseía hace pocos segundos. Salí del auto con mis energías renovadas y me dispuse ir a mi primera clase del día.

Iba tatareando una canción, cuando un jalón de mano -demasiado fuerte, cabe aclarar- hizo voltearme bruscamente. Tal vez le habría dicho un insulto, o simplemente le hubiera hecho una llave, pero vamos.

¿Cómo podría ganarme un nuevo motivo para que Alessandro Rizzo quisiera acabar conmigo?

No dijo nada, al parecer esperaba que yo hablara, lo que claramente no iba suceder. Temía que mi lengua viperina no se callara nada.

No digas nada.

No digas nada.

No di...

- ¿Acaso fue duro el golpe que te di para afectarte el área de broca*? Ya se -sonreí. C a l l a t e-. Me tienes tanto miedo, que en mi presencia no puedes formular una palabra.

Si me tocaría describir exactamente que pude observar en sus ojos, diría: al diablo.

El no dijo nada, solo sonrió, con esa maldita y sensual sonrisa por la cual suspiraba internamente.

Tuvimos un gran recorrido por toda la facultad, hasta que llegamos al final, exactamente, lo que dividía un pequeño bosque de la facultad de medicina y seguimos. Empecé a intentar zafarme de su agarre, pero era en vano, me tenía inmovilizada, a mí, a Luciana Licciardi.

Qué vergüenza.

Aunque una parte de mi quería saber hasta dónde podía llegar Alessandro, algo arriesgado, lo sé.

-Te lo advertí -Susurro con voz grave. Trague fuerte, sintiendo como su aliento golpeaba mi cuello.

-Sería un poco cliché que me mataras en este bosque, ¿No crees?

¿Por qué no te callas de una buena vez Luciana?

-No pensaba matarte, pero gracias por la sugerencia.

-Estamos para servir -solté una risita nerviosa. Claramente tenía que aprender a cerrar mi gran boca.

Nos detuvimos en un gran árbol, sorprendiéndome al ver algunas bolsas tiradas a su alrededor. De repente, siento un fuerte golpe en mi nuca, dejándome inconsciente al instante.

[...]

Siento un dolor agudo en mi cuello, así que trato de llevar mis manos en el lugar lesionado pero no puedo, la verdad, es que no puedo moverme.

Inhalo y exhalo profundo antes de abrir mis ojos. Cuando lo hago, observo como estoy atada en el gran árbol donde nos detuvimos.

- ¡¿Qué mierda?! -grite.

- ¿Las sientes muy flojas? -pregunta Alessandro, llegando al frente mío-. Puedo apretar más las sogas si quieres.

Por primera vez en mi vida sentí el verdadero miedo recorrerme, estaba vulnerable delante el chico más lindo que jamás vi, y el más peligroso. Su mirada daba terror, y la manera en que sonreía, me hacía ver que le satisfacía lo que me provocaba...miedo.

"Por más dura que sea la situación, jamás debes mostrar miedo. Al hacerlo, les estarás entregando el arma que puede destruirte. ¿Entiendes? "

Recordé aquellas palabras que me había dicho mi padre en uno de mis entrenamientos con él, así que cerré los ojos, y controle el remolino de emociones que tenía en ese momento.

-Si quieres vengarte, hazlo -exclame con voz fuerte, no había ni un miligramo de miedo en mí, y mis ojos se lo hicieron saber. Se sorprendió, claro que lo hizo, pero solo por segundos.

-Claro que lo haré, ¿acaso lo dudas? -negué-. Querías conocerme, lo harás. Tengo un solo objetivo en mi vida, matar al hijo de puta que mato a mi padre. No quiero obstáculos, ni distracciones en mi camino, y tu pequeña mujer valiente lo eres. Así que espero, que después de esto, no te queden ganas de estar ni a tres metros de distancia cerca mio.

- ¿Qué harás?

- ¿Yo? Nada, dejare que la naturaleza solo lo haga - ¿Qué mierda?-. Si vives aun no era tu hora, si no lo haces...lamentablemente te cruzaste con la muerte.

Sonríe a boca cerrada dejándome atónita.

- ¡Al menos déjame con un cuchillo! -grité, al verlo marcharse.

-Claro que no, pequeña rencarnación fusionada de Bruce Lee y Jackie Chan. Adios Jacklee.

-IDIOTA -grito con todas mis fuerzas.

Ahora, ¿Quién podrá desatarme?

El área de Broca es una sección del cerebro humano involucrada con la producción del lenguaje.

Capítulo 2 ALESSANDRO RIZZO

Un mes antes.

-Lu-Luciana... te amo.

Parpadee varias veces atónita a lo que escuchaba. -¿Acaso estaba loco?- suspiré, levantándome de la cama para vestirme e irme cuanto antes.

¿Por qué tenía que dañarlo todo?

-Me encantas...enserio, y amo la forma en que lo haces, eres el mejor hasta ahora, pero solo es placer Giulio. Mi primera regla es no involucrar sentimientos.

- ¿Qué quieres decir? -arrugó su entrecejo, levantándose para también vestirse.

-I'm way too good at goodbyes -canté, terminando de ponerme mis bragas.

Busque mi vestido que estaba en la esquina de la habitación, me lo puse junto con mis sandalias, agarre mi bolso y me dispuse a salir.

- ¿Me estas terminando?

-No, si piensas mejor no puedo terminar algo que nunca empezó cariño. Me estoy despidiendo, fue muy bueno mientras duro.

-Eres una perra Luciana Licciardi -escupió con odio.

-Ohh gracias cariño, me lo dicen todo el tiempo -sonreí cínica, mientras le tiraba un beso.

Ahora si me fui de aquel dormitorio de la facultad.

Cada vez que pasaba por cualquier grupito de alumnos, me observaban e inmediatamente se ponían a cuchichear.

"Ella es una Licciardi, es parte de la familia más poderosa de Italia".

"Sus hermanos son unos Dioses griegos".

"Amo a su hermano Liam".

"Amo a su mellizo".

"Es una perra".

"Es jodidamente caliente".

"La quiero en mi cama".

Ya me había acostumbrado a esto, era mi pan de cada día desde que había empezado la universidad, incluso en el colegio. Siempre fui reconocida por mis hermanos, hasta hace un par de meses cuando empecé a modelar, gracias a mi abu y tía Jess.

-Mierda -susurré al ver semejante adonis.

Mi boca se hizo agua mientras mi mirada lo recorría.

¿Acaso era posible ser así de bello?

Cuando estaba por acercarme, alzo su vista y me observo ceñudo para después darme una mirada de asco, y entrar a uno de los salones de prácticas.

Que sexy le queda esa bata por Alá.

Ay por dios, tanto Dalila me está afectando.

-Espera -detuve a una chica, que igual que yo, se quedó observando a semejante semental-. ¿Quién era el chico al que estábamos mirando?

-Es...Es Alessandro Rizzo, está haciendo un posgrado -respondió mirándome confundida.

No hablaba con nadie en esta facultad, salvo a cinco personas, así que si, era una novedad para ella y para mí el que lo hiciera.

- ¿Viste cómo me miro? -asintió-. ¿Siempre es así?

-No, solo con las personas que odia -abrí mi boca incrédula-. Lo siento pero es así, aquel hombre sexy te odia, una menos para poder estar con él.

-Soñar es bueno.

Continúe con mi caminata hasta llegar a la salida donde me esperaba un furioso Luciano.

-Hola mellizo de mi vida -le mande un beso, lo que lo encabrono más.

- ¿Piensas que soy tu maldito chofer? Es la última vez que te espero Luciana.

-Lo siento, pero mi tutora termino más tarde de lo usual -apriete mi labio recordando a Giulio, lo iba a extrañar-. Hoy se acabaron mis tutorías.

Dije con pesar, en verdad lo iba a extrañar. Era único y sé que tardaría en encontrar a alguien como él.

- ¿Por qué siento que en verdad no ibas a ninguna tutoría? -se cruzó de brazos, alzando una ceja.

- ¿Puedo casarme contigo? -Pregunté inocente.

Mi mellizo era una de las personas más hermosas, ¿Por qué tenía que ser mi hermano?

-Luciana -advirtió.

-Sabes que amo ese gesto tuyo, no lo hagas si no quieres distraerme.

-Hablo enserio. Tú no ibas a ninguna tutoría, ¿O acaso me equivoco?

-Si me conoces, ¿Por qué preguntas tanto? -bufe cansada, quería darme un baño-. Quiero darme un baño.

Subí a su automóvil, seguida de él.

Ninguno hablo duramente varios minutos y sentía tensión en el ambiente. Odiaba cuando pasaba, y mucho más con él.

-Estuve acostándome con Giulio todo este tiempo -solté sin más.

Siempre nos contábamos todo, ninguno tenía un secreto que el otro no supiera, aunque Luciano tenía uno, pero ya lo sabía.

- ¿Por qué no sabía de esto? -cuestionó entre dientes, su mandíbula estaba tensa y sus manos apretaban con fuerza el volante.

-Pensé que debería guardármelo para mí misma -susurré-. Sé que tienes secretos que no has compartido conmigo.

-Luci -volteo a mirarme rápidamente-. Es complicado.

-Nunca te juzgaría, siempre estaré para ti. Pero no es suficiente, no me tienes confianza y no tengo por qué tenerla contigo.

-No lo hagas.

-Tú ya lo hiciste cuando empezaste a guardarte todo -respondí triste.

-Tú ya lo hiciste cuando empezaste a guardarte todo -respondí triste

Una semana después.

-Este fin de semana tienes que viajar a Estados Unidos -me recordó mamá.

Escuche un gruñido por parte de mi padre, no pude evitar y rodé mis ojos. Estábamos desayunando en familia.

-Ya habíamos hablado de esto papá -recordé-. Tengo dieciocho, puedo empezar a tener decisiones por mi propia cuenta.

-Pero no una como esa, siempre me negare a que modeles.

-Si es lo que quiere Luciana, déjala, y si se estrella aprenderá a tomar más en cuenta tu opinión -indicó Liam.

-Ahh, se me olvidaba -comentó Leandra señalándome, la vi sin entender-. Tome prestado tu gel, la mía se me acabo.

- ¿Gel? -pregunté.

¿De qué mierda hablaba esta niña?

-Sí, la que estaba en tu mochila, decía lubricante...esa gel.

En ese momento cell sintió el verdadero terror.

Sude frió y mis piernas empezaron a temblar, un silencio sepulcral se creó en la mesa.

Un golpe en la mesa nos sobresaltó, habían sido pocas las veces en que había visto realmente enojado a mi padre, y creo que se sumaría otra más.

- ¿Qu-Que...de que está hablando Leandra?

Mi boca se había secado, y aunque mi cerebro gritaba que dijera algo, no salía nada entre mis labios. Era mujer muerta.

Suspire profundo y voltee a verlo. Grabe error.

-Sí, si tengo un lubricante. Pero no es mío y solo estaba guardándolo.

Festeje cuando no tartamudee, si lo hubiera hecho me hubiera delatado.

-Ahh si, ¿De quién es? -No, no me había creído.

-Es mío, le dije a Luci que me hiciera el gran favor de comprármelo, me lo daría hoy.

Ya enserio, ¿Me puedo casar con mi hermano?

- ¡¿Por qué le pides esa clase de favores a tu hermana?! -Se escandalizo aún más-. Es una niña, no sabe sobre esas cosas.

Justamente estaba bebiendo un poco de jugo cuando lo dijo. Ya me podía imaginar las noticias, sería algo terriblemente humillante.

"Joven estúpida casi muere al ser atragantada por un poco de jugo de naranja".

- ¿Estas bien cariño? -pregunto mamá, asentí, recuperándome.

-Papá, todos los de mi edad saben que es un lubricante -comenté-. Se utiliza para cuando te van a desvirgar por atrás, además tiene muchos usos.

-Luciana respóndeme algo ¿Ya has tenido relaciones sexuales? - ¿Acaso mi mama quería matar a su esposo de un infarto?

Sentí como todas las miradas se posaron en mí.

- ¿Por qué le compre un lubricante a Luciano piensan que no soy virgen, y que ya llevo una vida sexual activa como ustedes y mis hermanos?

Mis padres asintieron.

-No me metas en tus asuntos -me riño Liam.

- ¿Acaso no me conocen? -Pregunte indignada levantándome de la mesa-. Son mis padres, deberían de conocerme y no hacer estas preguntas, mucho menos cuando estamos comiendo.

-Luciana soy tu madre, te conozco, y porque lo hago, al salir de la universidad te espero en el hospital.

Mi padre estaba por decir algo, pero mamá lo impidió. Seguro diría que me enviaría a un internado o convento.

-Y para que sepan que a Leandra le gusta alguien -la nombrada abrió los ojos como platos y vi cómo empezó a temblar su boca-. Los amo familia.

Salí triunfante, y me subí al coche donde me esperaba el chofer. Mis hermanos tenían clases una hora más tarde así que no me podían llevar hoy. Tampoco quería que me llevaran, no hoy.

- ¿Puedes manejar más lento de lo normal? -pregunté-. Quiero dormir un poco más.

-Sus padres se enfadaran si llega tarde.

-Siempre llego tarde y mis padres no lo saben -le guiñe un ojo y solo rió negando.

Me acomode en mi lugar y cerré mis ojos, la noche anterior no había dormido lo suficiente por estar hablando hasta altas horas de la noche con Dalila.

Esa niña es una mala influencia para mí.

Un sonido proveniente de mi celular me sobresalto.

-Mierda -susurré. Ya estaba por retomar el sueño por donde lo deje cuando la alarma me había despertado, en él era la protagonista de 365 dni.

¿Es tan complicado que me dejen terminar mi anhelado sueño?

-Espero que sea algo de suma importancia o juro que te golpeare -amenacé apenas descolgué la llamada.

-Quería pedirte perdón por lo que te dije hace unos días -me sorprendí cuando escuche la voz de Giulio.

-Sigue -sonreí, sabía que llamaría.

- ¿Podemos vernos y hablarlo en persona? No quiero terminar nuestros encuentros...extraño tu cuerpo.

-Involucraste sentimientos, no quiero dañarte y creo que es mejor...

- ¡NO! No tomes una decisión aún -ya la tome-. Hay que vernos, ¿sí?

-Aunque ame tu pene no volveré contigo -Colgué la llamada, viendo como el chofer me veía sorprendido por el retrovisor-. Eres sordo.

- ¿Qué? No escuche lo que me dijo -sonreí complacida.

-Podría besarte ahora mismo, ¿Cuántos tienes? ¿28?

-No escucho.

-Podríamos salir por ahí, escaparnos... Llévame contigo, que no aguanto la aflicción. Llévame contigo, no seas malito y no no -canté una parte de una de las canciones de romeo santos. Escuche como soltó una carcajada y un pensamiento llego a mí.

¿Por qué mierda no había reparado en el hermoso espécimen que tenía como chofer?

-Eres un caso perdido Signori Luciana.

-Puedo ser tu caso -reímos-. Mañana saldremos a comer. Veré que me invento.

- ¿No se supone que sea al revés? Yo invitarla a usted.

-Conmigo no, también las mujeres podemos invitarlos y pagar la cuenta.

-No seré un buen caballero si la dejo hacerlo.

-No necesito un caballero, no soy una damisela en apuro.

El solamente asintió y no volvimos a decir nada más. Cuando llegamos a la facultad me despide de un beso en la mejilla, sintiéndome increíblemente rara cuando sus labios tocaron mi piel.

Tal vez me hubiera tardado más en salir del auto, pero cuando vi a Alessandro bajarse de un automóvil, lo hice de inmediato.

Le hablaría y le preguntaría, ¿Por qué rayos me odiaba si ni siquiera habíamos hablado alguna vez?

Cuando estuve cerca de él lo llame.

-Alessandro -siguió caminando-. Alessandro Rizzo -no se detuvo.

¿Me estaba ignorando?

-Alessandro -otra persona lo llamó y esta vez se detuvo a esperarla, cuando ella llego a su lado continuaron.

Me había ignorado en mi cara. ¿Qué mierda?

Ni siquiera una mirada, por Al... ¡DALILA!

Capítulo 3 Pude ser tú lunática

Días después.

-La noto muy distante, ¿sucede algo?

Volteé a verlo inmediatamente.

¿Qué me pasaba? Tenía a semejante monumento de hombre frente a mí en una cita, y pensaba en el idiota de Alessandro. Sí que me sucedía algo.

-Mande a investigar a una persona, pero no encontraron suficientes cosas -comenté.

No había quedado satisfecha con la investigación a medias que me habían entregado, no decía prácticamente nada, lo cual no ayudaba. Tenía una terrible curiosidad por ese hombre, tal vez era solo un capricho y se me pasaría con el tiempo, pero mientras tanto quería saber todo lo que se pudiera de Alessandro. Nunca había sido ignorada, y que esa fuera mi primera vez, había despertado algo temporal.

-Tal vez podría ayudarla, el investigador privado del signori Licciardi es mi primo y es el mejor. Puedo pedirle que lo haga.

- ¿Harías eso por mí? -pregunté sorprendida.

-Claro que haría eso por usted -mi ceño se arrugó al escucharlo.

-Deja de tratarme así, por dios Esteban, estamos en una cita y empezando algo, aquí no eres el trabajador de mi papá.

- ¿Estamos empezando algo? -cuestionó rápidamente.

-Si -dije obvia-. ¿Acaso no es así?

-Pensé que era una cita para conocernos poco a poco, y ver con el tiempo que sucederá más adelante.

Pero si es bien romántico, me lo como.

- ¿Algo así como estar en una relación amorosa? ¿Ser novios?

-Mmm, si...eso creo -dijo un tanto inseguro al ver mi seriedad, intimidaba...lo sabía.

-No tengo novios ni nada que implique sentimientos de ese tipo -confesé, apoyando mis codos en la mesa y juntando las manos-. Podemos ser compañeros sexuales con tres reglas. Ambos nos haremos exámenes para demostrarnos que estamos completamente sanos, no le dirás a nadie sobre lo nuestro y ultimo pero creo más importante...sin sentimientos, prohibido enamorarse.

Acababa de salir de Giulio y me daría mi tiempo, en el, aprovecharía para conocer a Esteban y terminar por decidir si era adecuado y lo más importante, si sabría no involucrar sentimientos de por medio.

Siempre después de un periodo de tiempo, lo sentimientos hacia la otra persona empiezan a surgir, a veces involuntariamente, y aunque así lo sea, se deben de frenar, aun mas cuando ya estipularon que quedaban totalmente prohibidos, mis dos relaciones anteriores fracasaron por ello, esperaba que fuera distinto con él.

- ¿Estas consciente de que nos llevamos diez años? -asentí sonriendo-. Tu padre me matara si se llega a enterar.

-Tampoco tan literal, mi papá no sería capaz de matar a una persona, de golpear sí, pero no te matara -por su cara vi que no me había creído.

Susurro un "Sí, claro" sarcástico pero lo deje pasar.

-No dejare que te ocurra nada malo, además soy muy cuidadosa con lo que hago.

-Esto es de locos, que una chica diez años menor que yo me proponga esto es algo inusual...pero excitante.

Sonreí, ya lo tenía.

- ¿Entonces qué dices? -cuestioné, levantándome un poco de la silla, e inclinándome hacia delante para estar cerca al rostro de Esteban.

-Si -susurró viendo mis labios.

No nos hice esperar y lo besé, un escalofrió me recorrió cuando nuestras lenguas se encontraron, este hombre besaba como los Dioses, era el mejor beso que habían dado hasta ahora.

Me separe con una sonrisa que fue borrada cuando vi detrás del, ahí estaba, era él.

Alessandro Rizzo estaba a dos mesas más atrás perforándonos con la mirada mientras una mujer a su lado le hablaba. Sonreí arrogante al atraparlo viéndonos. Pensé que retiraría la mirada pero no, no lo hizo. Guiñe un ojo sonriendo para después retirar mi mirada, no se merecía mi atención en estos momentos.

Me acomode en el asiento, y continúe deleitándome de nuevo con la deliciosa carne que servían en este restaurante. Cuando note que Esteban se había mantenido muy callado lo mire.

- ¿Estabas coqueteando con otro tipo en mi presencia? -inquirió entre incrédulo y enojado.

Odio los celos.

-No, no haría algo como eso -bebí un poco de mi vino-. Alessandro Rizzo, así se llama el hombre al que tu primo investigara. Quiero saber todo sobre él y su familia.

-Ok, mañana empezara. Pero, no quiero que coquetees con hombres cuando estemos juntos.

-Para mí no es un coqueteo, y nunca coquetearía con ese hombre -aclaré, ¿Eso era un coqueteo? ¿Pensaría eso también Alessandro? Dios, que vergüenza.

-Yo también tengo reglas -asentí e hice una seña para que continuara-. Exclusividad. Tú no puedes estar con nadie más y yo tampoco.

- ¿Sabes lo que pienso al tu decirme eso?

-No, ¿Qué?

-Que soy una perra -sus ojos se abrieron y empezó a negar-. Esto solo lo he hecho dos veces, tu serias el tercero. No me gusta estar con cualquiera y es por eso que lo hago, me siento en confianza y a salvo, además son personas que conozco muy bien.

-No tienes por qué decirme todo eso, yo lo siento, no quería que lo malinterpretaras...de verdad.

Me encogí de hombros despreocupada, termine de comer y me levante.

-Fue una linda cita, ahora tengo que irme.

Le lance un beso y salí de aquel restaurante. Cuando ya estaba afuera estuve tentada en regresar y pedirle que me llevara a casa, pero no, no podía. Ahora tenía que ir al edificio de Dalila por mi automóvil.

Odiaba tener que hacer esto siempre que tenía una cita, pero más odiaba que mi padre fuera tan controlador conmigo. Tantas prohibiciones lo único que hacían era que quisiera probar todo lo de este maldito mundo y sentirme por fin libre. Estaba oprimida, y nada bueno saldría de esto.

Empecé a caminar mientras tatareaba una canción, ya pasaban las nueve y media de la noche. Las calles estaban solas por estos lares, el vandalismo había incrementado y las personas por precaución no salían a estas horas.

-Un par de cuadras y llegaré sana y salva -susurré para mí misma.

- ¿Sana? -Preguntaron detrás de mí con una voz profunda y atrayente-. Yo creo que no.

Me empujaron hacia un lado, chocando contra la pared. Me trague un jadeo al sentir el dolor en mi espalda por el impacto, su mano agarró mi cuello donde apretaba cada cierto tiempo.

Pero que violento este sujeto.

El sujeto sacó un arma con su otra mano, apuntándome con ella en la frente.

- ¿Qué quieres? -intentaba averiguar quién era, pero el pasamontañas que llevaba no lo permitía.

-Deja de querer escarbar y saber cosas que fueron hace mucho tiempo enterradas.

-No entiendo -mentí, este hombre era Alessandro. La única persona que había mandado a investigar era a él.

Dalila tenía razón, ¿Por qué no le hice caso?

-La próxima vez que lo hagas te matare Luciana.

-Pues te ahorrare el tiempo...hazlo, porque seguiré buscando sobre ti Alessandro Rizzo -se quitó el pasamontañas, mirándome con un verdadero odio.

-Eres una estúpida niña, aléjate de mí si no quieres salir herida.

- ¿Por qué me ignoraste aquel día? -cuestioné enfadada-. ¿No te enseñaron tus padres que es de mala educación?

Su agarre en mi cuello incremento cortando mi respiración de a poco.

¿Acaso había dicho algo malo?

-No te permito que nombres a mis padres en esa boquita de niña rica.

- ¿En-Entonces me odias porque soy rica?, ¿Qué culpa tengo yo?

Bajo el arma hasta mi cuello y aflojo su agarre de este, sus ojos se mantenían fijos en los míos. Acerco su rostro, provocando que nuestras respiraciones se mezclaran, su respiración era pausada y tranquila, lo opuesto a la mía.

Se sentía bien estar cerca de él aunque estuviera apuntándome con un arma que, hay que señalar, aún tenía el seguro, se sentía bien.

-Solo aléjate -susurró, desviando su mirada a mis labios.

-Lo siento, acabo de quedar con mi chico que seré exclusivamente para él -frunció su ceño y alejo su rostro rápidamente-. Ahora sé que no soy indiferente para ti, me mandaste a investigar, y por eso supiste donde estaba. Invitaste a cenar a una de las tantas admiradoras que tienes para que no te vieras sospechoso, fingiste escucharla cuando lo único que hacías era mirarme, es muy acosador de tu parte, ¿Sabes? Por otro lado, deseaste ser el chico con el que me besaba y eso te enojo, tanto que por eso estas aquí haciéndote el rudo conmigo. Pudiste advertirme en la universidad, pero no, decidiste aparecerte aquí y perseguirme. ¿En dónde quedo tu pobre acompañante?

-Aparte de estúpida una loca lunática.

-Pude ser tu lunática -sonreí, tirándole un beso. Hizo un gesto de asco haciéndome reír.

- ¡Deberías de estar suplicándome por tu vida! -apretó nuevamente el agarre. Esto ya me estaba cansando-. Deja tus tonterías conmigo niñita.

- ¡Tu déjate de ser el malo conmigo, papasito!

-Solo aléjate -me soltó, guardando su arma y empezando a caminar devuelta al restaurante.

Su cuerpo estaba tensionado, se veía demasiado molesto.

- ¡Para la próxima no olvides quitarle el seguro al arma! -grité, cuando ya estaba un poco lejos. Se giró de inmediato y arranque a correr por mi vida.

¿Por qué rayos dije eso?

Entre sigilosamente a la casa y todo estaba oscuro, un suspiro de alivio broto de mí

Entre sigilosamente a la casa y todo estaba oscuro, un suspiro de alivio broto de mí.

-Te salvaste -susurré para mí misma.

Continúe caminando lentamente por el pasillo, se sentía como si nunca llegaría, eso era lo malo de vivir en una casa terriblemente grande, te tardabas un siglo en llegar si quiera a las escaleras.

Cuando mis pies tocaron el primer escalón todas las luces se encendieron y una gruesa voz se escuchó detrás de mí. Grite como una completa demente y subí rápidamente los escalones.

- ¡Luciana detente, soy yo! -gritaron detrás de mí.

- ¡No, no eres tú! ¡Eres un demonio que tomo la forma de mi hermosísimo padre!

-Luciana -gritó de nuevo, pero no me detuve, no era una suicida para hacerlo. Continúe subiendo las escaleras lo más rápido que podía.

- ¡Te reprendo! -vociferé.

Llegue hasta mi cuarto y cerré con llave. Me recosté en la puerta intentando controlar mi agitada respiración, era una jodida loca y tendría problemas por eso mañana.

-No importa -sonreí tirándome a mi cama-. Tendré que inventarme una muy buena excusa para que me crea.

"Papá, un indigente se me atravesó en el camino, no lo atropelle, pero debido a que casi lo hacia lo invite a comer" -Muy inventado.

"Casi me robaban y mataban, si no fuera por un buen hombre mañana estarías recibiendo un cuerpo sin vida" -Muy dramático.

"Se me paso el tiempo, sabes que cuando estoy con Dalila nos olvidamos de todo" -Muy romántico, pero creíble.

-Sí, esa será.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022