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Atracción Peligrosa

Atracción Peligrosa

Autor: : Paola Arias
Género: Romance
A simple vista solemos dejarnos llevar por lo que nos hace sentir un cuerpo hermoso. Para un hombre del común, se le hace tocar el cielo en manos de una sensual mujer que conoce de momento. La atracción es algo inevitable que ocurrirá en una noche de desenfreno. Sin embargo, esa atracción será la mayor de las perdiciones para Andrew, quien inevitablemente resultará enamorado de una vida peligrosa.

Capítulo 1 Mundo de piedra

Nota: La siguiente historia contiene escenas que para algunos pueden generar disconformidad. Por favor, leer bajo su propio criterio. Muchas gracias por la atención, y no siendo más; espero que sea de su total agrado. Besos y abrazos desde la distancia.

***

MANDY

¿Qué puede lograr en la vida una mujer que no posee estudios ni mucho menos cuenta con la experiencia laboral necesaria para buscar empleo en una buena empresa? Quizás muchas logren tener buena suerte y hallar un buen empleo, dónde le brindan tan anhelada oportunidad de salir adelante.

En mi caso, cada oportunidad se ha ido por un barranco al instante que se dan cuenta que no poseo las capacidades suficientes para el puesto de trabajo. El correr de los años me ha hecho dar cuenta cuan importante es una carrera universitaria para la vida del ser humano. Las posibilidades de seguir en un mundo de mierda crecen con cada portazo invisible que me dan en el rostro. Ya perdí la cuenta, de las veces que he salido en búsqueda de un buen trabajo y tener la posibilidad de dejar una vez por todas la vida salvaje y silenciosa de la noche.

Suspiro resignada mientras veo como pasan los segundos en el reloj. Una noche más, un día más, un mes más y un año más dónde sigo siendo presa de mis malas decisiones. Mirando distraídamente por la ventana del pequeño cuarto donde vivo, me doy cuenta que así moriré; sin ninguna oportunidad de ser la mujer que soñé de pequeña. Si mi madre siguiera con vida, no sé cómo seria mi vida en el ahora, quizás hubiese sido algo diferente o tan solo sería una presa más de nuestro destino.

- ¿Ya estás lista? El jefe no quiere errores está noche - asiento dándole una mirada rápida a mi hermano.

- ¿Cuándo no he estado lista, Leo? - sonríe ladeado y coloco un par de guantes negros cubriendo mis manos -. No soy de cometer errores y lo sabes.

- Bueno, has estado muy perdida en las mañanas buscando trabajo, creí que ya te habías cansado de esta vida.

- ¿Tu no lo estás? ¿Te gusta vivir en este basurero de mierda? - se me quedó viendo en completo silencio -. Yo sí, y no encuentro la hora de poder salir de este roto de una vez por todas.

- Dre no te dejará ir tan fácil - asegura y negué.

- Dre no es nadie para detenerme. Si se me da la oportunidad, así se la más mínima; no dudaré ni un segundo para irme de aquí, Leonardo.

- Está conversación no va para ningún lado, mejor vámonos; los demás nos esperan - asiento, mi hermano mayor parece estar en deuda con un hombre que nos salvó de la calle para meternos en mundo de mierda.

No sé porque está tan aferrado a otorgar lealtad a un hombre que puede vender el alma de su madre muerta al diablo.

Salimos en silencio hacia la bodega que se encuentra a un par de calles de nuestro hogar, si es que se le puede llamar así a una sucia ratonera. Al llegar, los chicos ya se encuentran allí, como todas las noches en las que la durmiente noche revive con fuerza.

- Cada uno ya sabe su trabajo, ¿no es así? - todos asentimos con la cabeza -. Perfecto, saben que no me gusta repetir las cosas. Bien, ahora, saldrán en dos grupos. Les voy a pedir encarecidamente que no dejen ningún tipo de rastro, quiero todo limpio en cuanto acaben.

- Sí, señor - contestamos al unisono.

Dre es el jefe de la más poderosa banda criminal de Filadelfia. En su mundo solo puede haber un solo camino, y es seguir cada una de sus reglas sin protesta. La traición es el puñal más grande que él nunca va a tolerar en su vida. El hombre es atractivo y puede tener a cualquier mujer a sus pies, sin embargo se empeña en seguir tras de mí.

- Tú te quedas - me miró fijamente y asentí sin rechistar.

El resto de los chicos se fueron en los autos hacia las cocinas subterráneas de Dre y otros a cumplir el trabajo designado.

- ¿Vas a seguir haciéndote la difícil conmigo? - sus ojos cafés no muestran ninguna emoción -. Sabes que te haría mi reina si así me lo pidieras, mamacita.

Sonreí ladeado sin dejar de mirarlo.

- ¿No te han dicho lo peligroso que es decirle esas palabras a una mujer? - la torcida sonrisa que mostró no me agrada para nada -. Además, que no sería justo con todas esas mujeres bellas, que escojas a una simple mujer como yo para que sea tu reina.

- ¿Estás celosa de mis mujeres? - se acercó y reí -. Ya sabía yo que dentro de ese corazoncito estaba metido.

- No me hagas reír, Dre - sonrió y por alguna razón esa sonrisa me generó algún tipo de cosquilleo en mi estómago -. Ahí nunca estarás, solo porque me digas que me harás tu reina.

- Bueno, quizás no en tu corazón pero si puedo meterme en otros lugares - nunca se había atrevido a ir tan lejos como hoy. Su cercanía me desestabiliza un poco.

- ¿Quieres dejar las estúpidas bromas para otro día? Ahora bien, ¿para qué me has hecho quedar? ¿Qué es lo que tengo que hacer? - se me quedó viendo y sonrió malicioso.

- Tenemos que hacer, mi reina. Nuestro trabajo es muy sencillo. Bueno, más que todo el tuyo.

- Habla y no le des tanta vuelta al asunto, ¿a quien debo pasar a mejor vida? - sonrió.

- Me gustas cuando sacas tu lado más perverso. Cómo me gustaría saber si en la cama eres igual.

- Te quedarás con las ganas de saberlo, Dre - sonreí y me hizo entrega de una tableta.

- Ese es el muñequito que debes cocer - asentí viendo a un hombre mayor iluminando la pantalla -. Te daré el mejor de los tratos si me traes su cabeza en dos días.

- Hecho, pero ya sabes en dónde puedes meterte tu dichoso trato.

- Entre más brava más me gustas, mi reina - envolvió su gran mano en mi nuca y me haló hacia sí -. Enciendes el fuego de cualquier hombre con solo una mirada llena de veneno.

- Ahora eres poeta - rozó nuestros labios y de nuevo apareció el cosquilleo junto a un calor soportable -. De razón las traes a tus pies, jefecito.

- Mejor dime; papi, mi amor o mi vida - susurró lamiendo mis labios -. Tarde que temprano te haré mi mujer, mi reina.

- ¿Cuántas pepas te has metido? - aprovecha que he hablado para meter su lengua en mi boca y besarme apasionadamente. Sus labios son suaves y saben muy bien.

- Ninguna, por ahora. Pero sería una ricura ponerlas en tu cuerpo y probarlas con tu sabor - mordió mi labio inferior y solté un quejido -. Sí, mi reina, así mismo te voy a escuchar cuando estés pidiendo por más.

- Déjale los sueños a los niños, tu ya estás muy viejo para eso - me solté de su agarre y frunció el ceño -. Me pondré manos a la obra. Adiós.

Giré y salí de la bodega dejándolo con una expresión de molestia en el rostro. Al parecer no le ha gustado mi comentario. Un muerto más y mi conciencia empieza a pesarme por todo lo que he hecho durante cinco años que he trabajado para Dre.

En lugar de ir a la ratonera que tengo como casa, me desvío al club nocturno; nada mejor que ponerme a volar antes de seguir manchando mis manos, y que este mundo de piedra siga consumiendo mi sucia alma.

Las calles como siempre de frías, y sin embargo el calor se va apoderando de mi sangre. De lejos veo a Mario quien aspira profundamente de la poderosa química. Sonríe, más no dice nada El diablo se atraviesa como puñales por mis huesos. Mis labios resecos empiezan a ser mojados pausadamente por mi lengua. Al llegar a él; estira la bolsa a mi dirección y con una sola aspirada mi nariz queda cubierta por la blanca cristalina. El veneno está en mi cuerpo mientras siento como la sangre arde en cada una de mis venas y mi corazón empieza a martillar como loco dentro de mi pecho. El duro viaje que se avecina me recuerda que la coca es uno de mis más grandes tropiezos en mi lucha de salir del infierno.

Capítulo 2 Una copa

ANDREW

Supongo que he perdido los mejores años de mi juventud por estar tras una computadora. Mi vida entera gira entorno a ellas; he dejado de ser un hombre social, por convertirme en el nerd informático, cuál trabaja para una de las mejores empresas de seguridad de Filadelfia.

No es que no me apetezca salir a divertirme como lo haría un hombre común, solo que no cuento con el tiempo ni con las amistades correctas para salir a divertirme un poco; aunque mis compañeros de trabajo, insisten bastante para que les acompañe. Charles, mi único amigo ha dicho que no sucederá nada si salgo tan solo por un día. He tratado de evadirlo diciéndole una que otra mentira, pero el ver cómo hablan del magnífico club y del tipo de ambiente, no puedo negar que me da cierta curiosidad por conocer el mundo nocturno.

- Andrew, no seas amargado. Sabemos que tú trabajo es muy importante, pero tampoco es como que te vayas a perder por salir un rato - Annie es una castaña muy hermosa y con el hecho de que esté dirigiéndose a mí, me pone muy nervioso -. Ándale, estaremos allí pocas horas. ¿Qué dices?.

Sus ojos claros se me quedan viendo con gran ilusión, esperando a que mi respuesta sea afirmativa.

- No entiendo porque siguen perdiendo su tiempo en él, sí ya sabemos su respuesta - desde que entré a trabajar a esta empresa pude notar que no le caigo muy bien a Marc.

- No la vas a rechazar a ella, ¿o sí? - Charles me codea y trago grueso. Me pone en una posición tan difícil el tener que hablar con la chica más hermosa de la oficina -. Di que sí.

Todas las miradas se posan en mí. Las palabras no me salen y termino moviendo la cabeza en señal de afirmación; mi madre se pondrá feliz de ver qué su único hijo por fin sale de las cuatro paredes de su habitación.

- Verás que nos vamos a divertir - Annie sonríe y me quedo viéndola. Su sonrisa es muy dulce y bonita.

- Toma - Charles me entrega una hoja y frunzo el ceño -, para que te limpies las babas, tu saliva ha inundado todo el piso.

Aparto la mirada de Annie y me concentro nuevamente en mi trabajo. El nuevo sistema de seguridad está siendo verificado por mi persona; yo mismo creé el nuevo programa el cuál fue aceptado por el supervisor. Ese día casi muero de felicidad, pues pasé varios años creándolo, y ver cómo halagan mi trabajo, vale la pena todo lo que luché para conseguir tal resultado tan efectivo.

El resto de tarde pasó más rápido de lo normal o esa fue mi impresión, o quizás sean los nervios que están presentes en mi cuerpo desde que Annie empezó a hablarme. ¿Cómo hacen para declarar amor tan fácilmente? Aún no le he dicho ni un hola y ya siento que me dará un infarto con solo mirarla. Me gusta demasiado y no sé qué debo hacer para acercarme a ella.

- No la vayas a embarrar, hoy tienes una oportunidad de hablar con ella y darle un poco de cariño - frunzo el ceño, no sé a qué se refiere.

- ¿Cómo así? No crees que es muy pronto - Charles sabe más de mujeres que yo. Nunca he tenido una novia y ya tengo veinticinco años.

- ¿Pronto para qué? Mira, entre copa y copa, y una buena charla, puedes llegar aunque sea a primera base.

- No comprendo a lo que te refieres, pero si crees que soy de esos hombres que tratan de llevar a una mujer a la cama, pues estás muy equivocado.

- Yo sé que no, por tu rostro se te nota lo virginal que eres - desvío la mirada realmente avergonzado. Tiene toda la razón, nunca he tenido contacto íntimo con una mujer -. Me refiero, a qué puedes llegar aunque sea a darle un beso. He notado cierto interés cuando te mira.

- ¿Eso crees? - pregunto algo ilusionado, y asiente -. No estoy seguro de ir a ese club nocturno.

- No la vas a plantar, no de nuevo. Se puede cansar de que la rechaces y mira que hay bastantes buitres rondando esa carne. Con unas copas de ron se te irá lo tímido.

- No soy de beber - resopla negando con la cabeza.

- Eres mi amigo, pero si no abres los ojos y ves el mundo que hay a tu alrededor; terminarás estrellándote bien feo con la realidad.

- Está bien, tienes toda la razón.

- ¿Están listos para la diversión, guapos? - Annie es demasiado alegre y tierna a la vez.

Asentimos y salimos un total de quince personas hacia el club nocturno, del que tanto habían hablado durante el día. Traté de estar sereno y no mostrar asombro a lo que vieran mis ojos.

Al llegar hicimos una mediana fila hasta que por fin nos permitieron entrar. Realmente me sorprendí mucho al traspasar las puertas; la atrayente música hacia que todos quedaran hipnotizada en ella. El lugar está a reventar y los cuerpos parecen moversen en perfecta sincronía unos con otros. Mujeres con vestidos cortos y ajustados a sus siluetas, hombres frotando sus cuerpos en ellas y estás mismas lo disfrutan.

- Por aquí, Andrew - Annie enganchó mi brazo con el suyo y me dejé guiar hasta nuestra mesa -. ¿Te gusta? - levantó la voz un poco.

- Sí, es muy cálido - sonrió y me di una bofetada mental. Mejor me mantengo callado o terminaré diciendo solo estupideces como la que acabo de decir.

- Dicen que a la media noche todo queda a oscuras durante dos minutos, supongo que puedes hacer lo que quieras en ese tiempo - mi mente no captó su indirecta.

- No sabía que hacían eso en estos lugares - pienso en voz alta. Nos sentamos en nuestro lugar y me dió una mirada que no supe descifrar. No me siento para nada cómodo estando en lugar de estos. No creo soportar hasta la media noche.

- ¡Ron para todos! - Marc luce más animado y relajado ahora que en la oficina.

Dejó cada una de las copas sobre la mesa y sirvió una a una del líquido extraño que hay en el interior de la botella. Todos nos encontramos sentados en un círculo y hablar es mucho más fácil. Tengo la vista perfecta de la pista de baile, mis ojos escanean con detenimiento cada uno de los cuerpos brillantes que se mueven sin cansarsen en el centro de la pista.

Mi vista cae en una rubia preciosa, vestida de negro. Su cabello cae en hondas hasta sus hombros y sus caderas se mueven sensualmente al mismo son de la música. Una mano la aprisiona en su vientre bajo y me doy cuenta que un hombre está tras ella moviéndose al unísono. Sus ojos están cerrados mientras sus labios están entre abiertos tomando aire. Su piel brilla de sudor y por las luces que reflejan cada parte de su cuerpo.

Trago saliva repetidas veces, esa mujer me ha hecho secar la garganta con la manera tan deliberada y sexy en que se mueve; de abajo y hacia arriba muy lentamente frotándose contra el hombre. Un cosquilleo intermitente y desconocido se plasma en la punta de mi pene; jamás había sentido está necesidad tan grande de tocarme con el baile de una mujer. Quizás y no sea su baile, si no ella.

¿Qué hago pensando en estas cosas? Estoy pareciendo un pervertido y un completo degenerado, pero por más que quiera apartar mis ojos de ella, no puedo.

Es un imán que atrae con fuerza.

- Bebe de tu copa, Andrew - me sobresalto un poco al escuchar a Annie en mi oído -. El ron no es tan malo.

- Jamás lo he probado - confieso y su aire sopla mi nuca cuando ríe haciéndome estremecer.

- Solo será una copa - la miro de reojo y vuelvo la mirada a la copa frente a mí.

Con que pruebe una vez no me pasará absolutamente nada. Agarro el vaso de cristal y lo llevo a mis labios lentamente, el fuerte olor golpea mis fosas nasales, provocando que arrugue la nariz; cierro los ojos bebiendo del ron completamente de un solo golpe. Mi garganta arde hasta que el líquido llega a mi estómago, un frío me corre todo el cuerpo y, al abrir los ojos, todos celebran de la magistral noche que nos aguarda.

Capítulo 3 Déjate llevar

MANDY

El sudor frío corre por todo mi cuerpo. La sangre bombea fuerte en mi corazón y la necesidad de bajar el fuego que me está consumiendo, me lleva a la pista de baile. Necesito de algún modo tratar de calmar la taquicardia que me volverá loca. Cada uno de mis sentidos explotan al sentir el profundo mar de maravillosas sensaciones que me están dominando. Las luces brillan en mi rostro y mi cuerpo se mueve solo, hechizado por la música.

Me he jurado no volver a caer, pero aquí estoy nuevamente encerrada en mi propia perdición. Mi cabeza no quiere pensar en nada más que no sea en liberar la presión que me genera la coca en mi sistema.

- No deberías estar tan sola, preciosa - Mario me aprieta contra su cuerpo y sonrío frotándome contra él.

Me gusta demasiado, y sin embargo, solo soy una amiga ante sus ojos. El hecho de que me este aprisionando con fuerza, hace que el calor crezca en mi interior, cosa que no ayuda para nada a la liberación que deseo está noche. Su caliente y grande mano se asegura con fuerza en mi estómago y jadeo al sentir nuestros cuerpos rozándosen sutilmente.

- Ya estás aquí para hacerme compañía - giré en sus brazos y nuestros rostros quedaron a escasos centímetros. Su respiración igual de acelerada a la mía, solo causa que mi vientre cosquillee deliciosamente.

- Por supuesto, sabes que nunca te dejaría sola - la comisura de sus labios se elevaron un poco y sus ojos grises me escudriñaron profundamente -. Estás demasiado loca y eres un fatal peligro así.

Sonreí ante su ocurrencia, enlacé mis brazos en su cuello y tiré de él hasta que quedamos rozando nuestras narices. Es mi oportunidad perfecta; estamos en la misma posición, dónde la droga es dueña de cada uno de nuestros sentidos.

- ¿Peligro para quien? - murmuré, mis palabras salían arrastradas de mi boca. Nuestros labios se rozaron fugazmente, y otra vez el calor se intensificó en mi cuerpo.

- Para mí, no quiero quedarme sin cabeza por ti - me giró nuevamente y resoplé.

Maldito Dre, se cree mi dueño sin haber pisado terreno. Cerré los ojos y me desconecté de todo a mi alrededor. Mi cuerpo se relajó por largos minutos, en los que en ningún momento me detuve. Mis sistema aclama por más y más. Deseo que la candela me consuma y me lleve a mi límite. Seguí meciendo mi caderas al compás con Mario, hasta que mis piernas se cansaron y mi sangre pidió por otro poco, el efecto ya está yéndose en su totalidad.

- ¡¿A dónde vas, Mandy?! - gritó Mario a lo que me alejo de él. Él no me dará lo que tanto he buscado de su parte, ya va siendo hora que deje esa ilusión a un lado y siga como si nada.

Camino en medio de todos aquellos cuerpos iguales de perdidos que el mío, las luces y la música retumban con fuerza. La alegría y la relajación se ve reflejada en cada rostro desconocido que va captando mis ojos. Subo las escaleras y tras pasar la barrera de personas, llego a la segunda planta del club.

- ¡Mandy Reynolds! - grita la chillona voz de mi cuñada en cuanto me ve -. Te hacía con los chicos.

Negué, también pensé que está noche me tocaba hacerme cargo a mí, pero Dre se encargó de ponerme un trabajo aparte para dentro de dos días.

- También yo, ¿qué hay de nuevo por aquí? - se encoje de hombros y desliza una mano por detrás de su cuerpo.

- Nada interesante, lo mismo de cada noche - asiento, y sonríe ladeado -. ¿Dónde está la bestia de hermano que tienes?.

Coloca un vaso en la tabla y sirve un trago, al instante; lo desliza a mi dirección. Agarro la bolsa pegada de la parte de abajo y bebo el trago que ha servido. Mala combinación, pero la manera en que estalla es única.

- Trabajando para el estúpido ese - menciono recordando el beso que me dió en la bodega. Después de todo no fue tan desagradable como lo había creído -. Ya sabes que es su sombra.

- Aveces pienso que le dedica más tiempo a él que a mí, pero bueno; que se le puede hacer ante el jefe - hace una nueva y despacha otro trago -. Disfruta, tienes a Mario para ti. Escuché que su novia lo ha dejado.

Asiento con la cabeza y me giro con ese pensamiento. Ya no hay nada que me detenga, aparte del estúpido de Dre. Desinteresadamente busco un lugar en donde pueda aplicar una pizca de magia a mi cuerpo. Hallo el lugar perfecto, entre un estrecho pasillo que da llegada a una zona perfecta para que cualquier persona estalle en segundos.

- ¿Qué estoy haciendo con mi puta vida? - me susurro a mí misma, caminando a paso lento por el pasillo -. ¿Y así quieres salir de esto, Mandy?.

Detengo mis pasos y alguien choca con mi espalda. En un principio llegué a pensar que era Mario, pero para este punto ha de estar volando bien alto.

- Lo siento mucho, Srta. No tenía planeado que se fuera a detener tan de repente - su voz es calmada pero algo ansiosa. Una voz varonil que respira agitada -. Discúlpeme.

Seguramente el hombre se ha equivocado de lugar, porque si fuese uno de los mencionados ya me habría empujado hasta quedar adentro del infierno. Entonces giro lentamente hasta quedar frente a frente de un hombre bastante peculiar; sus rizos dorados caen a un costado de su frente, mientras sus ojos azules se estrechan un poco y sus labios se cierran, casi como conteniendo el aire. Es un hombre atractivo. A pesar de ser delgado, su altura lo compensa muy bien.

- No tiene porqué disculparse, me he equivocado; estos nos son los baños - miento, guardando la bolsa en la pretina de mi pantalón e incomodando un poco mi piel.

- ¿No son los baños? - niego con una sonrisa. Frunce el ceño y suelta una risa contagiosa -. Al parecer nos hemos equivocado.

- Eso parece - enarco una ceja y se nota lo nervioso que está -. Deben estar abajo, supongo. ¿Vamos? Digo, los dos estamos un poco perdidos, así que no está mal hacernos compañía mutua hasta dar con ellos.

- Sí, tiene razón - gira y veo su espalda alejarse unos cuantos centímetros de mí.

Le sigo hasta que bajamos y lo tomo de un brazo para adentrarlo a los baños de los hombres. Se ha quedado sorprendido por mi acción, pero, joder; el hombre o es despistado o nunca ha venido a un lugar de estos.

- Es aquí - digo y asiente. Lo suelto con una sonrisa en los labios -. ¿Te gustaría bailar un poco? Bueno, después de que hagas tus necesidades.

Traga saliva y muerdo mi lengua para no reír. ¿Aún existen hombres ridículos e inocentes?.

- Claro, sí, porque no - se fatiga y ladeo la cabeza -. Vengo con unos compañeros, ¿te gustaría unirte?.

¿Por qué su voz le tiembla tanto? Me pregunto.

- Haz tus necesidades, esperaré fuera - asiente uniendo los labios formando una delgada línea con ellos.

Salgo del baño y doy la espalda quedando de cara contra la pared. Saco la bolsa y la llevo a mi nariz; inhalo profundamente y de nuevo la sangre empieza a correr caliente por mi cuerpo. Limpio todo rastro con la palma de mi mano y guardo la bolsa entre mis zapatos.

- Vamos, te voy a presentar a mis compañeros - dice saliendo del baño, con el rostro menos sonrojado.

- Mejor bailemos, ¿no te parece? - mi corazón bombea fuerte dentro de mi cuerpo. Mis ojos se entornan a él, y afirma con la cabeza dejándose guiar hasta el centro de la pista.

- No sé bailar - murmura.

Pongo sus manos en mis caderas, pego mi trasero a su miembro y empiezo a moverme lentamente de un lado hacia el otro. Sus rígidos movimientos me están desesperando, y en lugar de explotar con esta sensación placentera, solo me está generando gran ansiedad de acabar con un viaje que está yéndose por el lado que no me gusta.

- Déjate llevar - susurro y sus dedos se hunden con fuerza en mi piel, en ese espacio de mi pantalón y mi blusa descubierta, provocando que el fuego estalle en ese punto dónde está tocando -. Muévete conmigo... lentamente.

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