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Atrapada En El Fuego De Tu Pasión

Atrapada En El Fuego De Tu Pasión

Autor: Christopher W
Género: Romance
¿Puede el amor florecer en la tierra estéril del odio? ​Tras presenciar el asesinato de su padre, Greeg Hathaway hizo una promesa ante su tumba que marcaría el resto de su vida: destruir al hombre que le arrebató todo. Durante veinte años, el rencor fue su único motor, transformando al niño herido en un hombre calculador y despiadado. ​Cuando por fin encuentra a su enemigo, el destino le juega una broma macabra: Amadeo Bathekey está atrapado en un estado vegetativo, prisionero de su propio cuerpo. Pero para Greeg, la piedad no es una opción. Si Amadeo no puede sentir el peso de su castigo, lo hará a través de lo que más ama en el mundo: su única hija, Angeline.
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Capítulo 1 Traicionada

​Londres, Inglaterra – Hace veinte años

​¡PUM!

​El estruendo de un disparo desgarró el silencio sepulcral de una solitaria calle londinense. En el asiento trasero de su lujoso sedán, el CEO Matt Hathaway agonizaba. La herida era certera y mortal.

​A su lado, Marcos, su leal chófer, luchaba contra el terror mientras intentaba conducir hacia el hospital más cercano, aunque en el fondo sabía que el tiempo se había agotado. Con su último aliento, el hombre más influyente de Inglaterra pronunció un solo nombre:

​- Amadeo Bathekey...

​Su antiguo socio y mejor amigo fue su último pensamiento antes de que la luz se apagara en sus ojos. Marcos, impotente, solo pudo presenciar el final de su patrón.

​Veinte años después

​- ¿Papá? Hoy se cumplen veinte años desde que nos dejaste. Mi madre, mi hermano y yo quedamos a la deriva.

​Greeg Hathaway se puso en pie, secando las lágrimas que empañaban sus ojos verde esmeralda. Tras depositar una flor sobre la fría lápida, su expresión se endureció. El niño de ocho años que lloró sobre ese mismo suelo ya no existía; en su lugar, había un hombre consumido por una promesa.

​- Te juro venganza. Ese hombre pagará por haberte arrebatado la vida. Amadeo Bathekey se arrepentirá de haber nacido.

​El odio había sido su único compañero fiel durante dos décadas. No descansaría hasta ver destruido a quien le robó su infancia.

​Los Ángeles, Estados Unidos

​- ¡A despertar, señorita! Hoy es el gran día. Es tu graduación, Angeline. ¡Vamos, abre los ojos! -exclamó Anna Bathekey con dulzura mientras descorría las cortinas, permitiendo que el sol californiano inundara la habitación.

​- Cinco minutos más, mamá... solo cinco -murmuró la joven, hundiéndose entre las sábanas con una sonrisa perezosa.

​- ¡Ni un segundo más! Llegaremos tarde a la ceremonia.

​- Tienes razón. -Angeline se incorporó de un salto, recogiendo su larga cabellera negra con agilidad-. ¡Qué emoción! Iré a despertar a papá.

​Londres, Inglaterra

​- ¿Señor? Qué bueno que llega. El detective Makebsi lo espera en la biblioteca -anunció Tadeo, el mayordomo de los Hathaway.

​- ¿Mi madre lo sabe? -preguntó Greeg, visiblemente inquieto.

​- No, señor. Ella y su hermano han salido.

​Greeg sintió un vuelco en el corazón. Llevaba años tras la pista de Amadeo, quien parecía haberse esfumado de la faz de la tierra aquel trágico día. Entró en la biblioteca con paso firme.

​- ¿Detective? Dígame que tiene noticias. Usted prometió no volver sin novedades.

​- Así es, señor Hathaway. Lo encontré. Sé dónde está Amadeo Bathekey.

​La satisfacción brilló en el rostro de Greeg, pero la seriedad del detective lo frenó en seco.

​- Pero debo advertirle algo, señor. Ese hombre está en estado vegetativo. Sufrió un accidente hace poco más de un año y está confinado a una silla de ruedas.

​Greeg guardó silencio. Una sombra de decepción cruzó sus ojos, seguida rápidamente por una frialdad absoluta.

​- Eso es poco para lo que se merece -sentenció-. Que no crea que su estado lo salvará de mí. Aún no ha sufrido lo suficiente.

​- Aquí tengo el expediente completo -dijo el detective, entregándole un portafolio-. Datos personales, ubicación y su entorno actual.

​- Perfecto. Quiero saberlo todo. Absolutamente todo.

​Greeg sonrió con malicia. El destino finalmente le había entregado su presa.

​Los Ángeles, Estados Unidos

​- ¡Y graduándose con honores: Angeline Bathekey!

​Entre aplausos y vítores, la joven subió al estrado. Tras años de esfuerzo, finalmente era arquitecta, siguiendo los pasos de su padre. Al recibir el diploma, sus ojos café claro se cristalizaron de alegría. Lo primero que hizo al bajar fue correr hacia el hombre que la esperaba en primera fila.

​- ¡Mira, papá! Ya soy arquitecta, como tú.

​Amadeo abrió los ojos de par en par, reflejando un orgullo inmenso. Sus labios temblaron, intentando dar forma a palabras que se quedaban atrapadas en su garganta. Estaba inmóvil, prisionero de su propio cuerpo, pero su mirada gritaba todo el amor que sentía por su única hija.

​Londres, Inglaterra

​- ¿Qué vas a hacer, hijo? ¿Cómo que te vas a Estados Unidos? ¿Y las empresas? -preguntó Emily Hathaway, angustiada.

​- No te preocupes, mamá. Kevin es muy inteligente y está capacitado para hacerse cargo -respondió Greeg mientras cerraba su maleta con decisión.

​- Kevin es casi un niño, acaba de terminar la universidad. No tiene la experiencia necesaria.

​- No es una discusión, mamá. Me voy a Estados Unidos.

​- ¿Pero a qué? No tenemos negocios allá. ¡Exijo una explicación!

​Emily creía que el tiempo había sanado las heridas de su hijo, pero no podía estar más equivocada. Greeg le dio un beso frío en la mejilla y se dirigió al aeropuerto, donde su jet privado ya calentaba motores.

​Dos días después – Los Ángeles

​En la oficina principal de la Constructora Bathekey, un hombre esperaba.

​- ¿Señor Hathaway? Es un honor recibirlo. Espero que nuestra firma cumpla con sus expectativas. Soy Joaquín Spencer.

​- Créame, arquitecto Spencer, estoy seguro de que las cumplirán -respondió Greeg con un apretón de manos firme y una mirada impenetrable.

​- Pase a la sala de juntas. La arquitecta Angeline Bathekey, nuestra presidenta, no tarda en llegar. Su padre fundó la empresa, pero lamentablemente él ya no puede dirigirla.

​Greeg entró en la sala y se detuvo frente a un retrato al óleo. Era un hombre mayor, elegante y de presencia imponente.

​- ¿Ese es Amadeo Bathekey? -preguntó Greeg, con la voz cargada de un matiz que Joaquín no logró descifrar.

​- Así es. El alma de esta constructora.

​Greeg clavó sus ojos verdes en la imagen del hombre que odiaba. "Infeliz", pensó, "ya estoy aquí. Y voy a empezar mi venganza destruyendo lo que más amas: tu legado y a tu hija".

Capítulo 2 Iniciando

​- ¡Lola, buenos días! Lamento la tardanza, pero hoy papá tenía terapia y quería estar presente -dijo Angeline, entrando apresurada a la oficina.

​- No te preocupes. Joaquín ya está con el nuevo cliente en la sala de juntas. Por cierto... es increíblemente atractivo -comentó Lola con una sonrisa pícara.

​- Lola, para ti todos son atractivos. Iré a la sala, el pobre Joaquín debe estar esperándome.

​Angeline se soltó el cabello, permitiendo que sus ondas negras cayeran sobre sus hombros, y se dirigió a la reunión. Mientras tanto, en la sala de juntas, Greeg escuchaba a Joaquín con una cortesía distante.

​- La constructora tiene una trayectoria impecable -explicaba Joaquín-. Solo díganos qué desea y nosotros lo haremos realidad.

​En ese momento, la puerta se abrió y Angeline entró.

​- Buenos días, lamento la demora.

​Greeg se levantó lentamente. Al verla, sus ojos verde esmeralda se clavaron en ella con una intensidad que lo dejó sin aliento por un segundo. Angeline era mucho más bella de lo que las fotografías del detective sugerían; sus ojos café claro transmitían una luz que él no esperaba encontrar.

​- Buenos días -respondió él, recobrando la compostura de inmediato.

​Angeline, por su parte, se sintió intimidada por aquel hombre de porte imponente y elegancia británica. Había algo en su mirada, un magnetismo oscuro que la inquietó de una manera nueva.

​- Angeline, él es el señor Greeg Hathaway -presentó Joaquín.

​- Mucho gusto, señor Hathaway -dijo ella, extendiendo su mano.

​Al estrecharla, una corriente eléctrica recorrió el brazo de Angeline, haciendo que su corazón se acelerara. Fue un contacto breve, pero cargado de una tensión que ambos sintieron.

​- El gusto es mío -respondió Greeg con voz profunda.

​- El señor Hathaway ha elegido nuestra firma para la construcción de su primer hotel aquí en Los Ángeles -añadió Joaquín.

​- Es una excelente decisión -aseguró Angeline, recuperando su tono profesional-. Le garantizo que no se arrepentirá; somos una de las constructoras más prestigiosas del país.

​- Lo sé. Por eso decidí venir personalmente. No tiene idea de lo importante que es este proyecto para mí -contestó Greeg con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

​Esa noche, en la soledad de su suite en el hotel, Greeg se sirvió una copa de whisky y brindó frente a la ventana que miraba a la ciudad.

​"Angeline Bathekey... así que eres la luz de sus ojos", pensó con amargura. "Para Amadeo, verte sufrir será una agonía peor que su parálisis. Lo siento, Angeline, pero eres el arma perfecta para mi venganza".

​Al día siguiente, Greeg regresó a la constructora.

​- Buenos días, necesito hablar con la arquitecta Bathekey -le dijo a Lola.

​- Ella aún no ha llegado, señor Hathaway, pero puede esperarla en su oficina si gusta. ¿Desea un café? ¿O prefiere té? Sé que a los ingleses les encanta -dijo Lola, casi suspirando.

​- Un té estará bien, gracias -respondió él con una galantería ensayada.

​Minutos después, Angeline entró y se sorprendió al verlo allí.

​- ¿Señor Hathaway? No lo esperaba. Lamento haberlo hecho esperar.

​- No se preocupe, no ha sido molestia -dijo él, poniéndose en pie.

​Sus miradas volvieron a cruzarse, sosteniéndose más tiempo de lo necesario. Angeline, tratando de romper el hechizo, lo invitó a pasar.

​- Estuve revisando el anteproyecto anoche -comenzó ella una vez sentados-. Sé que su cadena de hoteles tiene una estructura estándar, pero me gustaría darle un toque distintivo por ser el primero en Estados Unidos. ¿Qué le parece?

​- Me gusta cómo suena -respondió Greeg, bajando el tono de voz a uno más seductor-. ¿Por qué no perfeccionamos la idea durante el almuerzo?

​- ¿Almorzando? -preguntó ella, sorprendida por la invitación personal.

​- Prefiero los ambientes informales para la creatividad. Estoy seguro de que, en un lugar más agradable, a una mujer tan brillante como usted se le ocurrirán ideas aún más maravillosas.

​Angeline se sonrojó, y Greeg supo en ese instante que ya tenía el control.

​El almuerzo fue solo el inicio. Durante una semana, Greeg la llenó de atenciones, flores y cenas en los lugares más exclusivos. Se mostraba como el hombre perfecto: culto, atento y misterioso.

​Una noche, mientras Angeline se preparaba para otra cita, su madre, Anna, entró en la habitación.

​- ¿Todavía escogiendo vestido? Ese hombre te tiene muy entusiasmada, hija.

​- Greeg es diferente, mamá. Es atractivo, interesante... tiene un magnetismo que nunca había sentido en nadie más -confesó Angeline frente al espejo.

​- ¿Y cuándo lo conoceremos? Si es tan especial, deberías presentarlo.

​- Aún es pronto. Salimos por el proyecto del hotel, aunque... -Angeline suspiró-, te confieso que me estoy enamorando. Tiene algo de misterio que me atrapa.

​Mientras tanto, en Inglaterra, el teléfono de Greeg sonaba con insistencia. Era su hermano menor, Kevin.

​- ¿Greeg? ¿Cuándo piensas volver? No puedo manejar todos los hoteles solo, es demasiado trabajo.

​- No te preocupes, regresaré pronto -respondió Greeg, observando su reflejo en el espejo con frialdad-. Pero no volveré solo.

​- ¿De qué hablas? Mamá está preocupada por este viaje repentino.

​- Muy pronto lo sabrás, Kevin. Pero esto queda entre nosotros; mamá no debe enterarse de nada por ahora. Si todo sale según lo planeado, en un par de días regresaré con la victoria en mis manos.

Capítulo 3 La trampa

​- Estás hermosa -susurró Greeg al ver a Angeline salir de su casa.

​- Gracias -respondió ella con una sonrisa radiante, sintiendo que las mejillas le ardían.

​Como el caballero perfecto que aparentaba ser, Greeg le abrió la puerta del auto y la ayudó a subir. El trayecto fue silencioso, cargado de una expectativa eléctrica.

​- ¿A qué restaurante vamos esta vez? -preguntó Angeline con curiosidad.

​- Esta noche no hay restaurantes. Tengo algo mucho más especial preparado para ti.

​Greeg la llevó hasta la azotea de un exclusivo edificio corporativo, donde un helicóptero los esperaba con las hélices en marcha. Angeline ahogó un grito de asombro. Minutos después, aterrizaban en una pequeña isla privada iluminada solo por la luna y decenas de velas que rodeaban una mesa servida frente al mar.

​- ¿Qué es todo esto? ¡Es increíble! -exclamó Angeline, fascinada.

​- Solo una pequeña muestra de lo que mereces. Ven -le dijo él, tomándola de la mano-. Quiero que esta noche te sientas como lo que eres: una princesa.

​Angeline sentía que su corazón iba a estallar. Las dudas de su madre se habían esfumado; estaba convencida de que Greeg estaba tan cautivado por ella como ella por él. Lo que no sabía era que cada detalle, cada vela y cada palabra, eran parte de una estrategia para desarmarla por completo.

​- Angeline, creo que mis intenciones han sido claras -comenzó Greeg, acortando la distancia entre ambos-. No puedo seguir fingiendo. Me gustas... me gustas demasiado. Quisiera pedirte que seas mi novia oficialmente.

​- Yo... claro que sí. También me gustas, Greeg -respondió ella, entregándose al momento.

​Él la tomó por la cintura y la besó con una intensidad que la dejó sin aliento. En ese beso, Angeline entregó su alma; para ella era el inicio de un sueño, pero para Greeg, era el sello de un contrato de venganza. Ella era el "conejito indefenso" que acababa de saltar voluntariamente a la jaula del lobo.

​Al llegar a su hotel esa noche, Greeg se sentó al borde de la cama. El rastro del perfume de Angeline aún estaba en su ropa, pero su expresión era gélida.

​- Caíste mucho más fácil de lo que pensaba, Angeline Bathekey -murmuró para sí mismo con una sonrisa amarga.

​A la mañana siguiente, Angeline despertó con una felicidad que la hacía cantar frente al espejo. Cuando su celular vibró, contestó de inmediato.

​- Buenos días, princesa. Espero que hayas dormido bien -dijo la voz de Greeg, cargada de una ternura fingida.

​- Todavía estoy procesándolo todo -confesó ella-. Ha sido muy rápido.

​- Así es el amor, llega sin avisar y nos cambia la vida -respondió él, con un matiz oscuro que ella no percibió-. Y te aseguro, mi amor, que tu vida aún tiene mucho por cambiar.

​Esa noche, Greeg dio el siguiente paso: conocer a los padres de Angeline. En la entrada de la mansión Bathekey, ella se detuvo, nerviosa.

​- Greeg, hay algo que debo decirte. Mi padre... él está paralizado. Hace un año tuvo un accidente que lo dejó en estado vegetativo. Te dije que estaba enfermo, pero quería que supieras la verdad antes de entrar.

​- No te preocupes, mi vida. Lo importante es que está con ustedes -respondió él, fingiendo compasión mientras sentía que las náuseas le subían por la garganta al pisar el hogar de su enemigo.

​Al entrar, Anna los recibió. Al escuchar el nombre de su invitado, la mujer palideció ligeramente.

​- ¿Greeg Hathaway? -repitió Anna, confundida-. Es extraño... hace mucho no escuchaba ese apellido. Desde... Bueno, no importa, debe ser una coincidencia. Es un placer conocerte.

​- El placer es mío, Anna -respondió él, forzando una sonrisa cordial.

​- Ahora, quiero que conozcas a mi papá. Está arriba -dijo Angeline, guiándolo de la mano.

​Al entrar a la habitación, el olor a hospital y el sonido rítmico de los monitores golpearon a Greeg. Allí estaba él: Amadeo Bathekey, postrado e impotente. Angeline pidió a la enfermera que saliera un momento.

​- Papá, él es Greeg Hathaway... mi novio.

​Amadeo clavó sus ojos en el joven. Al instante, algo en la mirada de Greeg lo inquietó. No era la mirada de un enamorado; era una mirada fría, penetrante, cargada de una oscuridad que le produjo escalofríos. En ese momento, Anna llamó a su hija desde el pasillo.

​- ¿No te molesta quedarte un momento a solas con él, amor? -preguntó Angeline.

​- Para nada. Ve con tu madre -respondió Greeg.

​En cuanto la puerta se cerró, Greeg se acercó lentamente a la cama. Se inclinó sobre Amadeo hasta que sus rostros estuvieron a pocos centímetros. El pánico empezó a reflejarse en los ojos del hombre inmóvil.

​- ¿Así que tú eres el gran Amadeo Bathekey? -susurró Greeg con desprecio-. Eres mucho más insignificante de lo que imaginé.

​Amadeo movió los ojos con desesperación, intentando emitir algún sonido.

​- ¿Te preguntas quién soy? -Greeg soltó una risa seca-. Te lo diré, pero no hoy. Te lo diré el día que tu hijita sea mi esposa y la tenga completamente bajo mi control. Ese día sabrás quién volvió para destruirte. Y créeme... será muy pronto.

​Los monitores empezaron a pitar con fuerza, alertando sobre la frecuencia cardíaca disparada de Amadeo. La enfermera entró corriendo.

​- Se ha alterado mucho -exclamó la mujer, tratando de calmarlo.

​Greeg se apartó, fingiendo preocupación, pero antes de salir le guiñó un ojo a Amadeo de forma burlesca. Al cerrar la puerta tras de sí, una sonrisa triunfal se dibujó en su rostro. La cacería apenas comenzaba.

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