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Atrapada (Sin salida)

Atrapada (Sin salida)

Autor: : Lea Faes
Género: Romance
Cuando Anya descubre la traición de su prometido Misha con su prima Katya, su mundo se viene abajo. Herida y furiosa, una noche de escapa en un bar la lleva a conocer a Alexei, un desconocido con quien comparte más de lo que esperaba. Lo que inicia como una noche para olvidar, se convierte en un vínculo permanente, cuando un acuerdo entre sus abuelos los obliga a casarse para unir sus influyentes familias y negocios. Atrapados en un matrimonio sin amor, Alexei decide hacerle la vida difícil a Anya como venganza por lo que él cree que fue una plan para atraparlo. Mientras tanto, Anya lucha por mantener su honor y su libertad. Pero cuando las mentiras se descubren y la verdad sale a la luz, Anya y Alexei deben enfrentar no solo los fantasmas de su pasado, sino también el amor inesperado que surge entre ellos. Anya y Alexei descubrirán que a veces el corazón tiene sus propios planes. En medio de esta complicada relación, aparece Viktor, el amigo de toda la vida de Alexei, cuya presencia amenaza con cambiarlo todo. ¿Podrá el amor verdadero redimir una relación nacida desde el sufrimiento? ¿Qué hará Alexei cuando descubra que Anya huyó con Viktor llevando en su vientre a su hijo?

Capítulo 1 Traicionada

La mansión Ivanov resplandecía con luces y decoraciones festivas. Era el cumpleaños número 70 del abuelo de Anya, Vladimir, y toda la familia se había reunido para celebrar.

Anya se paró frente al espejo, admirando su elegante vestido rojo que abrazaba sus curvas, esa noche era especial por dos razones: no solo compartiría la felicidad de sus amados abuelos, sino que también esperaba que su novio Misha le propusiera matrimonio después de años de noviazgo.

-Te ves hermosa, querida. -susurró su tía, abrazándola por detrás -Misha es un hombre afortunado.

Anya sonrió radiante -Gracias tía. Siento que esta noche será mágica.

Bajaron al gran salón donde la fiesta estaba en su apogeo. Familiares y amigos reían, bailaban y brindaban por la feliz pareja. Anya buscó a Misha entre la multitud, ansiosa por estar a su lado.

-Oye, ¿Has visto a Misha? -preguntó la mejor amiga de su prima Katya con una sonrisa maliciosa -quizás se cansó de esperar y fue a buscar compañía más... interesante.

Anya la fulminó con la mirada. Katya y sus amigas siempre habían estado celosas de su relación con Misha.

-Cierra la boca, víbora. Misha me ama.

La chica soltó una risa burlona y se alejó contoneándose. Anya sintió una punzada de inquietud. ¿Dónde estaba Misha? Decidida a encontrarlo, se abrió paso entre los invitados hacia las escaleras.

Subió al segundo piso y recorrió el pasillo, revisando cada habitación. Entonces escuchó ruidos sospechosos provenientes del baño principal. Con el corazón acelerado, abrió la puerta de golpe.

Lo que vio la dejó paralizada. Misha y Katya estaban teniendo sexo desenfrenado contra el lavabo, gimiendo y jadeando sin pudor.

-¡Malditos bastardos! -gritó Anya, sus ojos de llenaron de lágrimas de rabia y traición.

Misha y Katya se separaron bruscamente, intentando cubrirse con las toallas.

-A-Anya, mi amor, puedo explicarlo... -balbuceó Misha, pálido como un fantasma.

Pero Anya ya no escuchaba. El shock inicial se transformó en una furia ciega. Se lanzó hacia adelante y abofeteó a Misha con todas sus fuerzas.

-¡Hijo de puta! ¡Cómo pudiste hacerme esto, y con mi propia prima!

Katya sonrió con satisfacción.

-Acéptalo Anya, nunca fuiste suficiente mujer para satisfacer a Misha. Siempre venía a buscar en mí lo que tú no querías darle.

Anya se abalanzó sobre Katya, tirando de su cabello y arañando su cara.

-¡Zorra traicionera! ¡Siempre supe que eres una víbora ponzoñosa!

Misha intentó separarlas, pero Anya le dio un rodillazo certero en la entrepierna, haciéndolo doblarse de dolor.

-¡Al diablo con los dos! ¡Ojalá se pudran juntos en el infierno!

Y con esas palabras, Anya salió corriendo del baño, con el maquillaje corrido y el vestido desgarrado, ante las miradas atónitas de los invitados que se habían aglomerado atraídos por los gritos.

Humillada y destrozada, Anya huyó de la mansión sin mirar atrás. Su cuento de hadas se había transformado en una pesadilla grotesca. Necesitaba ahogar sus penas urgentemente en alcohol y olvido.

Anya entró al bar, con el corazón destrozado y la rabia corriendo por sus venas. El ambiente era oscuro y cargado de humo, perfecto para perderse y olvidar. Se sentó en la barra y le hizo una seña al cantinero.

-Vodka. Doble. Y que siga viniendo.

El cantinero, un hombre mayor con un bigote espeso, la miró con comprensión.

-Parece que alguien tuvo una noche de perros.

Anya soltó una risa amarga.

-No tienes idea.

-Bueno, aquí tienes tu medicina -el cantinero le sirvió un vaso generoso de vodka -cortesía de la casa. Parece que la necesitas.

-Gracias -Anya tomó el vaso y lo vació de un trago, sintiendo el líquido quemarle la garganta.

-Vaya, eso sí es saber beber -una voz profunda y masculina llamó su atención.

Anya giró y se encontró con un par de ojos verdes que la miraban con intensidad. El hombre era alto, de cabello oscuro y facciones cinceladas. Vestía un traje a medida que acentuaba su cuerpo atlético. Exudaba una confianza y un magnetismo animal que hizo que Anya se estremeciera.

-¿Acaso estás espiando a una dama en desgracia? -preguntó Anya, alzando una ceja.

El hombre sonrió de lado, con un gesto pícaro y seductor.

-No pude evitar notar a una mujer hermosa bebiendo como si quisiera olvidar hasta como se llama.

-Quizás eso es exactamente lo que quiero -Anya se encogió de hombros -Olvidar.

Él se sentó a su lado, haciendo una seña al cantinero.

-Otra ronda para la dama, y un whisky para mí -luego se volvió hacia Anya -¿Y qué es eso tan terrible que quieres olvidar, si puedo preguntar?

Anya lo estudió por un momento. Normalmente no hablaría con extraños, pero había algo en este hombre que la atraía como un imán. Quizás era el alcohol, o el deseo de venganza, o simplemente la necesidad de sentir algo más que dolor.

-Digamos que acabo de descubrir que mi novio y mi prima son unas basuras infieles -escupió Anya.

-Ouch -el hombre hizo una mueca -eso debe doler.

-Como el infierno -Anya tomó otro trago -pero ¿sabes qué? Al carajo con ellos. Esta noche, solo quiero divertirme y mandar todo al demonio.

El hombre sonrió, un brillo travieso apareció en sus ojos.

-Esa es la actitud. Mira, sé que soy un desconocido, pero si quieres desahogarte o simplemente pasar un buen rato, soy todo oídos.

Anya lo consideró. Una parte de ella sabía que esto era una locura, pero la otra parte, la que estaba herida y furiosa, anhelaba un poco de consuelo y emoción.

-Está bien, señor misterioso -Anya le tendió la mano -Acepto tu oferta, pero con una condición, nada de nombres. Esta noche, solo somos dos desconocidos en un bar.

Él estrechó su mano, y Anya sintió una descarga eléctrica ante su contacto.

-Trato hecho, hermosa desconocida.

Las siguientes horas pasaron entre tragos, risas y una conversación cada vez más cargada de insinuaciones.

Anya se encontró cautivada por el ingenio y el carisma de este extraño. La hacía sentir deseada, emocionada, viva.

En algún momento, entre el vodka y los roces sutiles, sus bocas se encontraron en un beso apasionado y desesperado. Se devoraron el uno al otro, sin importarles que estuvieran en un lugar público.

-Vamos a mi hotel -susurró él contra sus labios -quiero hacerte olvidar hasta tu nombre.

Anya, perdida en un torbellino de lujuria y adrenalina, asintió febrilmente.

Se subieron a un taxi, sin dejar de besarse y acariciarse. Llegaron a un lujoso hotel, y entre risas y besos torpes, se dirigieron al ascensor. En cuanto las puertas se cerraron, él la empujó contra la pared, atrapando sus muñecas sobre su cabeza.

-Eres un sueño hecho realidad -gruñó él, mordisqueando su cuello -no puedo esperar a tenerte en mi cama.

Anya gimió, restregándose contra él.

-Entonces no me hagas esperar.

Llegaron a la habitación en un frenesí de manos ansiosas y ropa arrancada. Se dejaron caer en la cama, sus cuerpos desnudos se enredadon en una danza frenética de placer y deseo.

-Oh, Dios -jadeó Anya cuando él se hundió en ella, un dolor lacerante amenazó con partirla por completo, pero después de eso, se sintió invadida por un cúmulo de sensaciones.

Él empezó a embestirla con un ritmo castigador. Anya se perdió en las sensaciones, en el éxtasis de ser tomada por este hombre misterioso que la hacía sentir tan viva.

Hicieron el amor con abandono y pasión, perdidos en un mundo donde solo existían ellos dos y el placer que se daban mutuamente. Llegaron al clímax juntos, gritando de éxtasis.

Después, exhaustos y saciados, se quedaron dormidos en los brazos del otro, sin saber el nombre de su amante y sintiendo una conexión innegable.

Pero cuando la mañana llegó, Anya despertó con un sobresalto. Los recuerdos de la noche anterior la inundaron con culpa y vergüenza. ¿Qué había hecho? Se había entregado a un perfecto desconocido en un arranque de despecho y locura.

Sigilosamente, se levantó de la cama, recogiendo su ropa esparcida por el suelo. Se vistió con manos temblorosas, mirando al hombre que dormía profundamente, con una expresión pacífica en su hermoso rostro.

Una parte de ella quería quedarse, explorar esta conexión inesperada. Pero el miedo y la realidad fueron más fuertes. Esto había sido un error, una noche de debilidad que debía olvidar.

Con el corazón encogido, Anya salió de la habitación sin mirar atrás, alejándose de su amante misterioso y una parte de sí misma.

Cuando Alexei despertó unas horas más tarde, se encontró solo en una cama vacía, con el aroma de su amante aún impregnado en las sábanas. Buscó alguna nota, alguna pista de su paradero, pero no encontró nada.

Se dejó caer en las almohadas con un suspiro frustrado. Esa mujer había sido un sueño hecho realidad, un bálsamo para su alma solitaria. Y ahora se había ido, dejándolo con un anhelo inquietante y muchas preguntas sin respuesta.

Pero mientras se duchaba, un pensamiento lo golpeó como un rayo. Recordó las sábanas manchadas de sangre, la mueca de dolor en el rostro de ella durante su encuentro apasionado.

-Era virgen -murmuró Alexei, apoyando la frente contra los azulejos fríos.

Lo invadió una sensación extraña, se sentía confundido, ¿Quién era esa mujer misteriosa? ¿Por qué había huido sin dejar rastro?

Alexei apretó los puños, sintiendo una mezcla de ira y anhelo.

Capítulo 2 Confundida

La cena familiar en la mansión Ivanov estaba en pleno apogeo. Anya se sentó junto a su abuelo Vladimir, tratando de mantener una sonrisa educada mientras por dentro se sentía desmoronar. La traición de Misha y Katya aún quemaba en su corazón como ácido.

De repente, las puertas del comedor se abrieron y dos figuras entraron. Anya se tensó al reconocerlos. Eran Misha y Katya.

-Lamentamos llegar tarde -dijo Misha, su voz suave como la seda -tuvimos un pequeño contratiempo.

Katya soltó una risita, sus ojos brillaban con malicia.

-Sí, un contratiempo.

Anya apretó los puños bajo la mesa, luchando contra el impulso de saltar y arrancarle los ojos a su prima. ¿Cómo se atrevían a venir aquí, a su casa, después de lo que habían hecho?

Pero no podía hacer una escena. No con su abuelo y toda la familia presente. Así que forzó una sonrisa y se levantó para saludarlos, tal como dictaban las normas de etiqueta.

-Katya, querida -dijo con falsa dulzura, besando el aire junto a las mejillas de su prima -qué sorpresa verte aquí.

Katya le devolvió el gesto, sus labios rozando la piel de Anya en una caricia burlona.

-¿Sorpresa? Pero si somos familia, Anya. ¿Dónde más podría estar?

El doble sentido de sus palabras no pasó desapercibido para Anya. Apretó los dientes, pero mantuvo su sonrisa.

-Misha -saludó fríamente, evitando mirarlo a los ojos -bienvenido.

Misha tomó su mano y la besó, su pulgar acarició su piel en un gesto íntimo.

-Anya, mi amor, luces tan hermosa como siempre.

Anya retiró su mano bruscamente, como si su toque quemara. Se sentía sucia, contaminada por su presencia.

Pero antes de que pudiera responder, su abuelo habló.

-¡Misha, muchacho! Ven, siéntate a mi lado. Tenemos mucho de qué hablar sobre tu futuro en la empresa -el abuelo no tenía idea sobre lo que Misha había hecho a su nieta.

Misha le dedicó a Anya una sonrisa triunfante antes de obedecer. Katya, por su parte, se sentó frente a Anya, mientras sus ojos se mantenían fijos sobre su prima.

Durante toda la cena, Anya tuvo que soportar las miradas cómplices entre Misha y Katya, sus risitas secretas, era una tortura, un recordatorio constante de su traición.

Pero lo peor fue cuando Katya se inclinó sobre la mesa, su escote reveló más de lo apropiado, y susurró en un tono meloso:

-Anya, cariño, tienes que probar este postre, está divino. Aunque claro, no tan divino como otros... postres que he probado recientemente.

Anya sintió náuseas ante la insinuación. Sabía exactamente a qué "postre" se refería Katya. La imagen de ella y Misha juntos, de sus cuerpos desnudos y entrelazados, la perseguía como un fantasma.

Pero no podía derrumbarse. No les daría esa satisfacción. Así que esbozó una sonrisa tensa y respondió:

-Gracias Katya, pero creo que paso. He perdido el apetito.

La sonrisa de Katya se ensanchó, sus ojos brillando con cruel satisfacción.

-¿En serio? Qué pena. Pero bueno, más para mí entonces. Nunca me canso de los... dulces placeres de la vida.

Anya apretó su copa con tanta fuerza que temió que se rompiera. La rabia y la humillación ardían en su garganta como bilis.

¿Cómo podía Katya ser tan cruel? ¿Y cómo podía Misha sentarse ahí, sonriendo y charlando con su abuelo, como si no hubiera destrozado su corazón?

Después de la cena, Anya pidió hablar con su abuelo Vladimir en privado. Una vez en su estudio, lejos de oídos indiscretos, Anya se derrumbó.

-Abuelo, tengo que decirte algo -dijo con voz temblorosa, las lágrimas ardían en sus ojos -es sobre Misha y Katya.

Vladimir frunció el ceño, preocupado por el estado de su nieta.

-¿Qué pasa, Anya? ¿Qué han hecho esos dos?

Entre sollozos entrecortados, Anya le contó todo. La traición, el engaño, cómo los había encontrado juntos en su propia cama. Para cuando terminó, estaba temblando de rabia y dolor.

El rostro de Vladimir se puso rojo de ira. Se levantó bruscamente, golpeando su escritorio con un puño.

-¿Cómo se atreven? -rugió -¡Esos malditos ingratos! Después de todo lo que hemos hecho por ellos, ¿así es como nos pagan?

Anya se encogió ante la furia de su abuelo. Nunca lo había visto tan enojado.

-Los echaré a la calle -siseó Vladimir -no volverán a poner un pie en esta casa, ni a acercarse a ti. Lo juro por mi vida.

Pero Anya negó con la cabeza.

-No, abuelo, no quiero más escándalos. Ya he tenido suficiente humillación.

Vladimir la miró con tristeza, trató de disipar su ira.

-Oh, mi niña, no mereces esto. Mereces ser feliz, ser amada y respetada.

Anya esbozó una sonrisa triste, mientras las lágrimas en sus ojos continuaban amenazando con traicionarla.

-Gracias, abuelo. Pero ahora mismo, solo quiero olvidar. Seguir adelante con mi vida.

Vladimir suspiró, pasándose una mano por su barba canosa. De repente, sus ojos se iluminaron con una idea.

-Anya, ¿Recuerdas a mi viejo amigo Anatoly Petrova?

Anya asintió, lo recordaba claramente, era un magnate del petróleo, tan rico y poderoso como su propio abuelo.

-Bueno, resulta que su nieto, Alexei, está en edad de casarse -continuó Vladimir -y Anatoly y yo siempre hemos soñado con unir nuestras familias.

Anya parpadeó, confundida.

-¿Qué estás diciendo, abuelo?

-Estoy diciendo que tal vez sea hora de que conozcas a Alexei -Vladimir tomó sus manos en las suyas -sé que es repentino, pero piénsalo. Un matrimonio con los Petrova nos daría aún más poder e influencia. Y Alexei es un buen hombre, Anya, es fuerte, inteligente y decidido. Sé que te trataría como la reina que eres.

Anya se mordió el labio. ¿Casarse con un desconocido? Sonaba descabellado. Pero al mismo tiempo... tal vez era justo lo que necesitaba. Un nuevo comienzo, lejos de los recuerdos y el dolor.

-Alexei ha estado viviendo en el extranjero por años, por eso no se conocen, añadió Vladimir, como si leyera sus pensamientos -pero estoy seguro de que congeniaran. Y si no... bueno, siempre pueden divorciarse. Pero al menos habrán intentado.

Anya tomó una profunda respiración, era una locura. Una completa y absoluta locura.

Pero también era una oportunidad. De empezar de cero, de reconstruirse a sí misma lejos de la sombra de Misha y Katya.

-Abuelo, no creo que casarme con alguien a quién no conozco sea una buena idea,

-No me respondas ahora, piensalo con calma, después me dices cual es tu respuesta.

Anya salió de ahí confundida, eran demasiados eventos para procesar en tan poco tiempo, en cuanto ella se alejó, Vladimir tomó el teléfono para llamar a su amigo.

Días después, en la mansión Petrova, el poderoso magnate Anatoly Petrova enfrentaba a su rebelde nieto Alexei.

-¿Cómo te atreves a desobedecer mis órdenes? Tú deber es casarte con la nieta de mi amigo y socio para asegurar el futuro de nuestro imperio -rugió Anatoly, su rostro rojo de ira.

Alexei soltó una risa desdeñosa.

-¿Mi deber? Lo siento abuelo, pero no soy un peón en tu juego de ajedrez, no me casaré con una mujer que no conozco solo para satisfacer tus ambiciones.

La bofetada resonó en el estudio. Alexei se llevó la mano a la mejilla, sus ojos verdes ardieron de furia.

-Cuida tu lengua, muchacho insolente - siseó Anatoly -harás lo que yo ordene, o atente a las consecuencias. ¿Acaso quieres que tu primo Nicolai se quede con todo?

Alexei apretó los puños, la mención de su odiado primo era un golpe bajo. Nicolai siempre había codiciado su posición como heredero y haría cualquier cosa para quitarlo del camino, además que se había atrevido a hacer algo que jamás podría perdonarle.

-No metas a ese bastardo en esto -gruñó Alexei.

-Entonces sé un hombre y cumple con tu deber -Anatoly se sirvió un vaso de vodka y lo bebió de un trago -la boda será en un mes. Y más te vale poner tu mejor sonrisa y comportarte como el caballero que supuestamente eres.

Alexei apretó la mandíbula, su mente trabajaba a mil por hora. Sabía que no tenía opción, pero eso no significaba que se lo pondría fácil a su misteriosa novia.

-Bien, me casaré con ella, concedió al fin, pero tengo mis condiciones. Quiero un acuerdo prenupcial a mi favor, y me reservo el derecho de agregar las cláusulas que considere necesarias.

Anatoly entrecerró los ojos. -¿Qué estás tramando, Alexei?

-Nada que te incumba, abuelo -Alexei sonrió con malicia -solo digamos que esa mujer deseará nunca haber aceptado este matrimonio -dijo para sí mismo.

Mientras tanto, en su apartamento, Anya se miraba al espejo con lágrimas en los ojos. Su reflejo le devolvía la imagen de una mujer destrozada, traicionada por aquellos en quienes más confiaba.

-¿Cómo pudieron hacerme esto? -susurró, tocando el frío cristal.

El timbre de la puerta la sobresaltó. Con el corazón acelerado, se acercó a mirar por la mirilla. Al ver quién era, abrió de golpe, la furia renovada ardiendo en sus venas.

-¿Qué demonios haces aquí, Misha? - espetó.

Su ex novio, con un ramo de rosas en la mano, le dedicó una sonrisa suplicante.

-Anya, mi amor, por favor déjame explicarte...

-¡No me llames así! -Anya le arrebató las flores y las tiró al suelo -perdiste el derecho de llamarme así cuando decidiste revolcarte con mi prima cuando te daba la gana.

Misha palideció. -Fue un error, una estupidez del momento, pero a quien amo es a ti, siempre has sido tú.

-Ahórrate las mentiras -Anya se cruzó de brazos, conteniéndose para no abofetearlo -lo nuestro se acabó, no quiero volver a verte nunca más.

-Anya por favor... -Misha intentó tomarla del brazo, pero ella se apartó bruscamente.

-¡He dicho que te vayas! Antes de que llame a seguridad -amenazó.

Misha apretó los labios, una vena palpitaba en su frente.

-Esto no se quedará así, Anya, tú me perteneces. Y tarde o temprano volverás a mí, así tenga que obligarte.

Con esa amenaza velada, Misha se dio la vuelta y se fue, dejando a Anya temblando de rabia.

Capítulo 3 Celebración y circo

Anya no tuvo mucho tiempo para procesar lo ocurrido, porque en ese momento su celular sonó, era su abuelo.

-Anya, querida, tengo excelentes noticias -la voz de Vladimir sonaba llena de júbilo -¡Alexei Petrova ha aceptado casarse contigo! La boda será en un mes.

Anya se dejó caer en el sofá, aturdida. ¿En qué momento había aceptado esa absurda propuesta? Y con un hombre que ni siquiera conocía.

-Abuelo, ¿Estás seguro de esto? Yo... su voz tembló -aún no lo he decidido.

-Sé que es repentino, pero es lo mejor para todos -Vladimir suavizó su tono -Alexei es un buen hombre, Anya. Sé que cuidará bien de ti. Y juntos, llevarán a nuestras familias a nuevas cumbres de poder y prosperidad.

Anya cerró los ojos, derrotada. Sabía que no tenía opción, su abuelo no la dejaría en paz, ya lo había decidido.

-Está bien abuelo. Que se haga tu voluntad -susurró.

El día de la boda llegó con una frialdad inusual para la primavera moscovita. Anya se miró en el espejo, apenas reconociendo a la novia de blanco que le devolvía la mirada.

-Estás preciosa, cariño -susurró su tía, con lágrimas en los ojos -como una verdadera princesa.

Anya forzó una sonrisa, pero por dentro se sentía vacía. Este debería ser el día más feliz de su vida, pero en cambio, se sentía como si estuviera caminando hacia su propio patíbulo.

-Es hora -anunció su abuelo, entrando a la habitación -el novio espera en el altar.

Con un nudo en la garganta, Anya tomó el brazo de su abuelo y se dejó guiar hacia la lujosa limusina que la llevaría a la catedral.

Al llegar, la pompa y el esplendor la abrumaron. Cientos de invitados, arreglos florales opulentos, una orquesta en vivo... todo gritaba poder y riqueza. Pero para Anya, eran solo cadenas doradas que la ataban a un destino no deseado.

Cuando las puertas se abrieron y la marcha nupcial resonó en el recinto, Anya alzó la barbilla y comenzó a caminar hacia el altar, su ramo temblaba casi imperceptiblemente en sus manos.

Y entonces lo vio. Alto, guapo y elegante en su esmoquin negro, Alexei Petrova la esperaba con una expresión indescifrable. Sus ojos verdes se clavaron en los de ella, y por un momento, el tiempo pareció detenerse.

Fue entonces cuando Anya lo reconoció. Esos ojos, esa boca, ese aura de peligro y sensualidad... era él. El hombre de aquella noche de pasión desenfrenada. Su amante misterioso.

Alexei también la había reconocido. Su mirada se endureció con una mezcla de sorpresa, ira y algo más oscuro y primitivo.

Cuando Anya llegó a su lado, Alexei le tomó la mano con fuerza, casi haciéndole daño.

-Tú... -siseó entre dientes -debí imaginarlo, lo planeaste todo perfectamente.

Anya palideció ante su veneno.

-Yo... no sabía quién eras -susurró.

-Claro -Alexei soltó una risa amarga -pero yo sí sé quién eres tú. La niñita mimada que juega con los hombres para luego botarlos. Pues bien, ahora estás atrapada conmigo. Y te juro que pagarás por lo que me hiciste.

Anya se estremeció ante su amenaza velada. ¿En qué lío se había metido? Pero no tuvo tiempo de responder, porque el sacerdote comenzó la ceremonia.

Mientras recitaban sus votos, Anya sentía la mirada de Alexei quemándole la piel. Cuando llegó el momento de besarla, él la tomó por la nuca y estampó sus labios contra los de ella en un beso duro y castigador, marcándola como su propiedad frente a todos.

Los invitados aplaudieron, ajenos a la guerra silenciosa que acababa de desatarse. Pero Anya y Alexei sabían la verdad.

Este no era un matrimonio, era una sentencia, una maldición, Alexei estaba decidido a hacer de la vida de Anya un infierno.

Mientras salían de la iglesia, Anya vio a Misha entre la multitud, mirándola con una mezcla de rabia y anhelo, a su lado, Katya sonreía triunfante.

Anya tragó saliva, un escalofrío le recorrió la espalda. Tenía la sensación de haber entrado en un nido de víboras, y ahora estaba atada a la más peligrosa de todas.

El salón de la mansión Petrova resplandecía con opulencia. Invitados elegantemente vestidos bebían champán e intercambiaban rumores sobre la pareja de recién casados.

Anya y Alexei abrieron el baile con el tradicional vals. Pero lo que debería haber sido un momento mágico, estaba cargado de tensión.

Alexei apretaba a Anya contra su cuerpo con fuerza excesiva, sus dedos se clavaban en su cintura.

-Sonríe, moya zhena -siseó entre dientes -que todos vean lo felices que somos.

Anya forzó una sonrisa, aunque por dentro quería gritar. La farsa de su matrimonio la asfixiaba.

Mientras giraban por la pista, fragmentos de conversaciones llegaban a sus oídos.

-¿No es la misma chica que iba a casarse con Misha Sokolov? -preguntó una mujer mayor.

-Sí, pero por lo visto cambió de novio como de vestido -respondió otra con malicia.

-Y pensar que juraba amarlo con locura. Qué rápido se le pasó.

-Bueno, con un partido como Alexei Petrova, hasta yo mandaría mi amor al diablo.

Las risas crueles se clavaban en Anya como agujas. Quería defenderse, gritar que ella no era así, que las circunstancias la habían obligado. Pero ¿Quién le creería?

Alexei también escuchaba los comentarios, su mandíbula se tensaba con cada palabra. ¿Con qué clase de mujer se había casado? ¿Una veleta que cambiaba de amores como de estación? ¿O una cazafortunas que iba tras su dinero y posición?

La ira y la desconfianza bullían en su interior, envenenando cada pensamiento. Apretó su agarre en Anya, haciéndola jadear de dolor.

-Me estás lastimando -susurró ella.

-Acostúmbrate -gruñó él -esto es solo el comienzo.

De pronto, un alboroto estalló en el salón. Los invitados jadearon y murmuraron escandalizados.

Misha, claramente ebrio y desaliñado, se había abierto paso a empujones hasta la pista de baile. Cayó de rodillas ante Anya, las lágrimas surcaban sus mejillas.

-Anya, mi amor -balbuceó, aferrándose a su vestido -perdóname. Fui un estúpido, pero te amo, siempre te he amado, no me dejes, no te cases con él.

Anya se quedó paralizada, su corazón latía desbocado.

-Misha, por favor -suplicó, tratando de zafarse -no hagas esto, ya no hay nada entre nosotros.

-¡No! -Misha se aferró con más fuerza, su voz se alzó en un sollozo desgarrador -no me rendiré, lucharé por ti, contra él, contra el mundo entero si es necesario. Eres mía, Anya. ¡Mía!

Alexei, que había observado la escena con una calma mortal, decidió que ya había tenido suficiente.

Se inclinó y tomó a Misha por las solapas, levantándolo del suelo como a un muñeco de trapo.

-Escúchame bien, pedazo de escoria -siseó, acercó su rostro a centímetros del de Misha -Anya es mi esposa ahora. Mía. Y no comparto lo que es mío. Así que más te vale desaparecer de nuestras vidas, o te juro que te hundiré tan profundo que ni los gusanos encontrarán tu cadáver. ¿He sido claro?

Misha, con los ojos desorbitados de terror, asintió frenéticamente.

Alexei lo soltó con desprecio, dejándolo caer al suelo en un montón tembloroso. Luego tomó a Anya del brazo y la arrastró fuera de la pista, lejos de las miradas curiosas y las habladurías venenosas.

Una vez a solas, la acorraló contra la pared, presionó su cuerpo contra el suyo en un gesto posesivo y amenazante a la vez.

-Tú y yo tenemos mucho de qué hablar, moya zhena -gruñó, su aliento cálido y peligroso en el cuello de Anya -empezando por tu larga lista de amores y tu cuestionable lealtad.

Anya tembló, aunque no supo si de miedo o de anticipación, la cercanía de Alexei, a pesar de sus palabras crueles, despertaba en ella un fuego oscuro y prohibido.

-No hay nada de qué hablar -replicó, alzando la barbilla en un gesto desafiante -mi pasado es asunto mío. Y en cuanto a lealtad, tú eres el menos indicado para exigirla, lyubov moya.

Los ojos de Alexei se oscurecieron con algo primitivo y hambriento, por un momento, Anya pensó que iba a besarla, a devorarla entera hasta que no quedara nada.

Pero en lugar de eso, él se apartó bruscamente, como si el toque de Anya le quemara.

-Tienes razón -dijo con una sonrisa peligrosa -no tengo derecho a exigir tu lealtad. Pero ten por seguro que me ganaré tu obediencia, de un modo u otro.

Y con esa amenaza velada, Alexei se dio la vuelta y se alejó, dejando a Anya temblando contra la pared, con el corazón acelerado y la piel ardiendo allí donde sus cuerpos se habían tocado.

La fiesta continuó a su alrededor, los invitados cotilleaban y especulaban sobre el futuro de los novios. Pero Anya apenas los notaba.

Su mente y su cuerpo estaban consumidos por Alexei, por su oscuridad, su intensidad, su innegable atracción.

Y aunque una parte de ella temía el infierno que les esperaba, otra parte, la más secreta y primitiva, no podía esperar para quemarse en sus llamas.

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