Veo como mi madre tiembla a mi lado, el frio, aunque es mucho, no es el responsable de ello, el temblor en su cuerpo solo es la señal de la poca vida que le queda, el miedo y la incertidumbre crecen en mi interior ante la posibilidad de quedarme finalmente sola en el mundo.
- Mamá. - mi voz es chillona, y maldigo a mi cabello, ahora pajoso que se pega en mi cara y me dificulta el poder ver con claridad el rostro de quien fue la gran reina Estrella de reino Kael.
- Mi princesa... - susurra y su pecho sube con gran esfuerzo, tratando de llenar sus pulmones con un poco de aire. - Júrame que vivirás, júrame que no permitirás que nuestros secretos perezcan con nosotras. - su mano brilla y el miedo me invade, no podemos usar magia en tierra de lobos, en realidad ya no podemos usar magia en ningún lugar o nos enfrentaremos a una muerte segura.
- Mamá. - suplico mientras trato de tomar su mano, pero ella solo la deja sobre el charco de agua que la fuerte tormenta está formando a un lado nuestro.
- Ve tu futuro mi niña, lucha por tu vida, y nunca te des por vencida, nuestro legado queda en tus manos. - mis ojos se dirigen al charco de agua, el cual me muestra a un hombre de cabello blanco, su ropa es elegante, aunque la pena en su rostro es grande, me sobresalto al verme tomarle la mano y llamarlo padre.
- Esto... - veo con miedo a mi madre, pues yo no sería capaz de manchar la memoria del gran Firuis llamando padre a otro que no sea él.
- Se llama sobrevivir, Antara, no lo olvides y que no te de vergüenza lo que dabas hacer para prevalecer, la vida es una eterna batalla, si la ganas, morirás muy vieja en una cálida cama rodeada de tu descendencia, y no aquí, en un sucio callejón, tendrás un entierro memorable y hablaran de ti por miles de años.
- Mamá. - mi voz casi no sale, el llanto estrangula mi garganta y solo puedo tomar sus manos con fuerza, como que con ello pudiera evitar que su vida se termine.
- Te amo Antara, mi bella princesa.
Esa fueron sus últimas palabras, pero no mis ultimas lágrimas, llore, llore hasta que mis ojos se secaron y cuando pude hidratarme continue llorando, hasta varios días después, aunque para mí el tiempo se detuvo en su último suspiro.
- Aquí esta Duque White, esta humana ha perdido la razón, no permite que nadie se lleve el cuerpo de esa mujer, vea, se está pudriendo. - uno de los trabajadores del mercado me apunta con su sucio dedo, lo reconozco, es el esposo de la mujer que debes en cuando nos daba pan duro a mi madre y a mí.
- Duque, creo que la mujer era su madre, las vi antes merodear el mercado, tenga piedad Duque, es solo una niña. - sí, no estaba equivocada, la señora se asoma detrás de su esposo y es cuando veo la figura de un gran hombre aparecer, aunque el sol que da en su espalda me impide ver mucho más que su silueta.
- ¿Padre? - indago confundida, se parece a mi padre, Firuis era tan alto, como este hombre, aunque en el fondo sé que es imposible, mi padre a muerto, al igual que mi madre, y al fin se lo que es estar sola.
- No soy tu padre, mi nombre es Duque Elías White, y tú, ¿cómo te llamas? - el hombre acerca su rostro al mío y es cuando me doy cuenta de que es la misma persona que mi madre me mostro con su poder adivino.
- Yo...yo... - sobrevivir, prevalecer, soy la princesa de las brujas, no puedo darme por vencida. - ¿Puedes ser mi padre y darme un nombre? Yo ya no tengo a nadie. - el nudo crece nuevamente en mi garganta, el dolor llega a mi corazón y creo que no podre continuar hablando, porque ya no puedo ni respirar, de su respuesta depende mi existencia.
- Por ahora, puedo serlo, ven, vamos a casa Eleonor.
El agua fría bañando mi rostro me saca del recuerdo convertido en sueño, salto de la cama aturdida y un poco desorientada, ante tal despertar.
- Pero ¡¿Qué mierda haces?! ¡maldita perra! - casi de inmediato me abalanzó sobre Iris, mi dama de compañía, la que debería cuidarme, pero que siempre me ha despreciado por ser humana, aunque debo reconocer que, si supiera que soy una bruja, ya me habría matado.
- ¡¿Que rayos haces tu Eleonor?! ¡¿Cómo te atreves a tratar de este modo a Iris?! - Cameron hace su entrada triunfal y mi enfado se incrementa.
- ¡Que seas mi hermano no te da derecho a entrar de esa forma en mi habitación!
- ¡Yo no soy tu hermano! ¿Cuándo lo vas a comprender? - la forma amenazante con la que me ve el hijo menor del Duque White hace que mi lengua se entumezca. - Iris, deja a esta humana y sus estúpidos berrinches, te libero de tener que soportarla.
- Si, joven maestro. - responde la perra loca, no sin antes dejarme ver una diminuta sonrisa.
Aun luego de que ambos se marcharan de mi recamara, sigo parada en medio de mi habitación, no me molesta la actitud de Cameron, aunque debería, es mayor que yo por dos años, pero se comporta como un niño mimado, y esa perra de Iris, ella realmente está buscando su muerte, son demasiadas cosas que he pasado por alto, pero ¿esto? Atreverse a lanzarme agua helada, es sobrepasar los límites.
Salgo de mi aturdimiento, decidida a acusar a esa mujer con el duque Elías, pero primero lavaré mi rostro, o eso intento, ya que al ver la bandeja con agua que ha dejado Iris... ¿ella realmente se atrevió a dejar agua sucia para que me aseara?
- ¿Que rayos?
No puedo evitar exclamar al ver como la fuente con agua comienza a brillar, no, no, esto no puede estar pasando, aún falta unas semanas para que cumpla 18 años, aunque mis poderes han estado luchando por manifestarse antes de lo debido, los he podido manejar, pero esto... es imposible, yo no puedo tener el poder adivino de mi madre, ¿o sí?
Luego de asegurarme que la puerta este cerrada, me acerco a la fuente, ver el futuro siempre es bueno o eso decía mi madre.
Lo que observo me hela la sangre.
El Duque encontrara a su hija, la verdadera señorita White y yo... seré lanzada al olvido.
- Imposible.
El susurro doloroso sale de mis labios, el dolor se apodera de mi corazón, pues pensé que me querían a si sea un poco, al menos el Duque, ¿acaso no he sido una buena hija?
Y es cuando me doy cuenta de que no lo he sido.
Me dejo caer en la cama, nadie se extrañará de no verme, después de todo, aún estoy bajo arresto domiciliario y ya no recuerdo porque es, creo que, porque insulte a la hija del barón Arto, no, eso fue el mes pasado, ha sí, ya recuerdo, le lance el té a la hija del conde Kol.
- No, no he sido una buena hija.
Esa es la verdad, recuerdo que al principio trate de encajar con estos lobos, adaptarme a lo que sería mi nuevo hogar, llamando padre al Duque, hermano mayor a Emir, hermano a Cameron, pero ellos nunca permitieron que me acercara, siempre me alejaban y me recordaban que yo solo era una copia barata de su hermana Felicia, pues resulta que el Duque me trajo a su casa no porque se lo pidiera una niña andrajosa, que paso más de cuatro días al lado del cuerpo de su madre, no, él me dio un techo porque me parezco a Felicia, mi cabello es negro, al igual que el de ella, mis ojos son verdes, al igual que los de ella, tantas similitudes, que le hicieron ablandar el corazón a ese viejo lobo, pero no a sus hijos, y ahora... heche todo a perder, no fue apropósito, no es fácil vivir entre lobos, más cuando te creen una simple e inútil humana, y ni el Duque, ni sus hijos, me defendían, entonces, tome las cosas por mi cuenta, no pude recapacitar a tiempo de que ya no era una niña de 8 años, debí saber que mi conducta acabaría conmigo, pero... en el fondo, solo queria un padre, un hermano, algo de lo que una vez tuve y que el maldito Rey Goldeblack me quito, queria pensar que aún era la princesa Antara primera del reino Kael.
Me cubrí con las mantas, sin importar que estuvieran mojadas, la sensación de ser una niña tendida en un callejón, regreso a mí, solo faltaba tener a mi madre a mi lado, ese era el futuro que me esperaba, regresar a las calles a mendigar un pedazo de pan, juntar el agua de la lluvia para tener algo con que refrescar mi garganta, no sé en qué momento comencé a llorar, tampoco sé si era por saber que no podria cumplir con el pedido de mi madre o si era el hecho de saber que para los White, nunca deje de ser una inútil humana, un remplazo del cual su tiempo se estaba acabando, sea como sea, el dolor se arraigó en mi corazón, y luego de llorar por lo que creo fueron horas, alguien ingreso en la habitación, aunque solo podía ver una silueta, como aquella tarde que el Duque fue por mí.
- ¿Padre? - la figura se acercó un poco más y pude distinguir que no era el Duque Elías, sino su hijo mayor Emir.
- Mi padre dice que ya puedes salir de tu cuarto, ¿acaso mi hermano no te lo dijo? - era ridículo escuchar cómo se esforzaba por aclarar que era su padre y su hermano, y pensar que este hombre tiene 4 años más que yo, como extraño mi antigua vida, fueron solo 8 años, pero fueron los mejores de mi vida, fueron años en lo que fui la princesa de las brujas. - ¿Acaso estas sorda?
- Quiero a mi mamá. - las palabras se escurren por mi boca, sin poder o querer evitarlo, mi voz sale patosa, extraña, no es por el llanto que derrame, es como si mi lengua pesara.
- ¿Qué dices?
- Quiero ir con mi mamá. - es la verdad, vi lo que me espera y no quiero, no deseo sufrir todo eso, ya tengo de sobra con sus rostros largos y asqueados al verme, como para mendigar un plato de comida, un vaso de agua en un futuro no muy lejano.
- Eleonor ¿a que estas jugando ahora? - Emir toma las mantas para descubrir mi rostro, ya que estoy cubierta hasta la nariz. - ¿Por qué esta mojado...? ¿Eleonor? - su cabellera blanca esta frente a mí, su rostro denota una preocupación que jamás había visto dirigida a mí. - ¿Por qué tus mantas estan mojadas? - podria decirle el porqué, pero sería gastar energías, él no me creería, nunca lo hacen, para los White, soy yo quien comienza todos los problemas, como si no supieran que tan problemáticos son los lobos. - Tienes fiebre. - exclama luego de tocar mi rostro, eso explicaría lo mal que me siento, pero tampoco me preocupo, solo cierro mis ojos, o eso intentó. - ¡Eleonor ¿Qué has hecho?! - sí, esa es la historia de mi vida, yo hago todo, yo soy la culpable de todo.
- Nunca me creen, siempre me culpan, ¿por qué no solo me dejó morir con mi madre?
No sé si lo dije o lo pensé, la verdad, que ya no pude saber nada más, pues mis ojos se cerraron.
El Duque Elías White, estaba en su oficina, revisando las ganancias de su mina de esmeraldas, cuando un joven y muy enojado Cameron ingreso, sin siquiera tocar.
- Padre, debes hacer algo, esto ya es insoportable. - el viejo duque vio a su hijo menor, su cabello blancos se veía desordenado por los rizos, todos ellos eran peliblancos, menos su hija, la dulce Felicia al igual que su difunta madre, tenía el cabello Negro.
- No sé qué es lo que debo hacer, si no me dices que ha pasado. - la calma del mayor era grande, cultivada a través de los años, algo que, por supuesto sus jóvenes hijos no tenían, por lo que Cameron suspiro con molestia y lo vio con dureza.
- Como si no supieras quien es la única que trae problemas en esta casa. - murmuro lo suficientemente alto como para que Elías lo escuchara.
- ¿Qué pudo hacer tu hermana si esta con encierro provisorio? - los dientes del joven trinaron y sus ojos se agudizaron.
- Ella no es mi hermana. - especto molesto y ahora fue el turno del Duque de suspirar.
- Cameron, Eleonor...
- Es una vulgar humana, acaba de llamar perra a Iris, no puedes permitir tal atropello, esa humana es una mal agradecida, Iris ha sido su dama de compañía por 10 años y...
- ¿Eleonor no te dijo que fue lo que sucedió? Debe de haber un motivo para que dijera tal cosa. - Elías no era tonto, pero entre las enseñanzas que debían recibir sus hijos, estaba la de saber lidiar con los problemas, aunque era más que evidente que era algo que les costaba mucho, a los tres por igual, aunque claro que Eleonor siempre sería más señalada, al ser solo "un reemplazo" ante los ojos de la sociedad lobuna.
- ¿Decir? Sabes lo mentirosa que es, padre, ya hemos pasado por esto, Eleonor solo sabe mentir y ser grosera, no sé porque aún lleva el apellido White...
- Lo llevara hasta el día que muera. - el duque dejo ver su altura, y Cameron enmudeció, el viejo lobo sí que había aprendido a querer a esa joven como propia, aunque no lo demostrara. - Puede que no la veas como tu hermana, no te obligare a lo contrario, pero Eleonor es una White desde el día que la traje conmigo, eso no cambiara, nunca. - sentencio sin poder evitar que sus ojos negros se volvieran verdes, señal de que su lobo pensaba de igual forma.
Cameron no comprendía la actitud de su padre, para este joven, Eleonor solo era una arrimada y aprovechada, por lo que al ver que no conseguiría nada con Elías, fue con su hermano mayor, Emir.
- Si padre no dijo nada, e Iris no se siente ofendida, no me involucrare. - sentencio el mayor, sin perder de vista los documentos que estaba leyendo, ser el sucesor de la familia no era una carga fácil de llevar.
- Eres el joven duque, tú también puedes castigarla... - alego el menor, comportándose realmente como un niño caprichoso.
- Cameron, la única forma de deshacernos de esa copia barata de Felicia es encontrando a nuestra verdadera hermana. - el más joven de los lobos arrugo sus labio y giro para ver el único retrato de Felicia que había en la sala, cada día le costaba más el recordar el poco tiempo que paso con su pequeña hermana.
- Si padre no pudo encontrarla, no creo que tu puedas. - se lamentó Cameron, deseaba encontrar a su hermana, pero sabía que eso era imposible, ella solo había desaparecido.
- Si padre no pudo encontrarla, fue porque los mejores rastreadores estaban con el rey Eduardo en la guerra de los reinos, guerra que acabo hace dos meses, cuando al fin cayó el reino de los vampiros. - explico con una gran satisfacción, pues por fin, luego de diez años, podía poner en marcha su plan.
- ¿Eso que quiere decir?
- Que ya le pedí al emperador una audiencia para solicitarle un par de rastreadores para encontrar a Felicia. - al fin el rostro de Cameron se ilumino.
- Bien pensado hermano, ahora si nos desharemos de esa basura humana. - el golpe de un bastón silencio a ambos hombres, el duque acababa de entrar a la sala y no le gustó nada de lo que escucho.
- ¿No eras tu quien me pedía un castigo para Eleonor por llamar perra a Iris? Sin embargo, ¿tu si puedes insultar a tu hermana? - indago con dureza viendo a Cameron, quien busco ayuda en su hermano mayor.
- Ella no es nuestra hermana, es solo una humana... - Emir se sentía traicionado con el actuar de su padre, él realmente no lo comprendía.
- Tu madre también era una humana, ¿o ya no lo recuerdas Emir? - por segunda vez en un día, el lobo de Elías se manifestó, algo que los hizo poner nerviosos, pues su padre podria ser mayor, pero su lobo, era uno de los más poderosos.
- Mi madre era la princesa de los humanos... - atino a decir Emir, tratando de marcar una diferencia entre la impostora que ocupaba el lugar de su hermana y su madre.
- El primer reino que cayó en manos del rey Alpha. - recordó con amargura Elías, pues él había ayudado a que eso ocurriera. - Tu madre perdió ese título y paso a ser solo una esclava, si no fuera porque la marque como mi compañera, ella hubiera tenido el mismo destino que aquella mujer. - no era fácil para el mayor recordar que el amor que su esposa le tuvo, siempre se vio un poco opacado ante el recuerdo de la batalla que acabo con gran parte de los humanos y de la que él tuvo una actuación estelar al acabar con los que hubieran sido sus suegros; los hermanos White se vieron por un fugaz momento sin comprender a que se refería su padre, al decir "aquella mujer" pues el duque nunca explico nada de Eleonor, solo llego un día con ella y la presento como la jovencita White.
- ¿Aquella mujer? - indago Emir, al reconocer la poca disposición del mayor a continuar hablando.
- La madre de Eleonor. - aclaro Elías y sus hijos se tensaron, desde el momento que el duque llevo a Eleonor a la casa, ambos pensaron que podría ser una hija ilegitima, después de todo, no se olvidaban de que su madre murió al dar a luz a Felicia y lo irónico de la situación, la única hija humana del duque, provoco la muerte de la esposa que también era humana.
- ¿Cómo murió la madre de Eleonor? - pregunto Emir, con verdadero interés.
- ¿Cómo se llamaba la madre de Eleonor? - indago Cameron en simultaneo, era la primera vez que estos hombres realizaban aquellas preguntas, pues cuando Eleonor llego, ellos eran demasiados jóvenes como para decir algo que al duque no le gustara.
- No supe su nombre, Eleonor no supo decirlo tampoco, cuando la encontré estaba tan traumatizada que ni siquiera recordaba su propio nombre. - eso fue una sorpresa para los jóvenes White, no podían recordar alguna vez que hubieran visto a Eleonor "débil" aunque claro que tampoco sabía que el duque espero más de tres meses para llevarla a su hogar, cuando ella ya estaba mejor mentalmente.
- ¿Eleonor no es Eleonor? - Emir estaba aturdido, una de las razones por la que odiaba al remplazo de hermana era por su nombre, ya que era el mismo que el de su difunta madre.
- ¿Por qué estaba traumada Eleonor? - intervino Cameron, dicen que la curiosidad mato al gato, pero este no era el único animal curioso, los lobos también lo eran, más cuando son jóvenes.
- Ese día, me llamo un mercader, faltaba poco para que el rey partiera a conquistar el reino de los vampiros, los soldados pasarían por la calle principal para ser despedido como los héroes que son y tenían un problema, había una mujer humana pudriéndose en un callejón, especulaban que había muerto por desnutrición o neumonía, hacia como una semana o un poco menos, y no la podían sacar, porque su hija se aferraba a su cuerpo. - ambos hombre respiraron profundo, comprendiendo a donde iba todo, pero el duque ya había comenzado con su relato y no estaba dispuesto a detenerse, sus hijos ya no eran niños, ahora eran hombres, mismos que debían cuidar a esa niña, quizás de esa forma, Elías se aseguraba que el karma jugara a su favor y alguien estuviera cuidando a su hija. - Pedían mi permiso para matar a la niña y así llevarse ambos cuerpos. - Emir se recordó que no podía ser débil y mostrarse tan horrorizado como se sentía, por lo que mantuvo su rostro sin expresión, sabía que esas decisiones algún día recaerían en él, pues los humanos, eran una plaga problemática, al igual que los brujos, aunque estos últimos eran más astutos, ambos causaban problemas, por eso llegado el caso, la muerte era la mejor opción. - Pero cuando la esposa del mercader pregunto si se podía quedar con la niña, pues le gustaba el color negro de su cabello y sus ojos verdes... pensé que podía ser Felicia, que por alguna razón la diosa luna me la regresaría, y fui a ver... pero solo encontré a una niña humana que me confundió con su padre, aun aferrando un cuerpo que estaba a punto de reventar por el estado de descomposición en el que se encontraba, una imagen que está grabada en mi... era tan pequeña y se veía tan desorientada que, cuando me pidió llamarme padre, no me pude negar, y ya que no recordaba su nombre, le di uno. - no se arrepentía de ello, quizás de no haber puesto a sus hijos en vereda un poco antes, de no enseñarle lo que es la empatía, pero jamás se arrepentiría de darle un hogar a Eleonor.
- Entonces ella está loca, por eso su actuar. - dedujo Cameron, quizás el no salir del ducado le estaba afectando al más joven, no ver la miseria ajena le estaba poniendo un velo en los ojos y adormeciendo sus sentimientos, algo que molesto a Elías.
- Si Felicia está viva... espero que no esté a merced de alguien que piense como tú. - Cameron retrocedió ante la mirada censuradora del duque. - Emir, dile a mi hija. - dijo remarcado cada palabra. - Que quiero cenar con todos hoy, su castigo termino.
Emir a diferencia de Cameron, no podía enfadarse con su padre, él era quien más recorría las calles de la ciudad, en especial desde que el príncipe heredero marcho a la guerra como respaldo de su padre, el cuidado de la ciudad recayó en el ducado White, era por eso que comprendía un poco mejor a su padre, pero, aun así, no podía evitar pensar todas las veces que Eleonor los había hecho quedar mal, a tal punto que ninguna señorita queria ser cortejada por los hermanos White y todo por temer tener de familia a la humana.
- ¡Padre! ¡padre! - los gritos del mayor hicieron sonreír a Cameron, pensando que seguro Eleonor estaba con una de sus crisis de nervios rompiendo todo y el pobre de Emir había recibido algún golpe con algún objeto, con suerte su padre le daría más encierro domiciliario, era lo mejor, mientras más pospusieran la presentación en sociedad de Eleonor, mayor oportunidad tendrían de encontrar a su verdadera hermana y deshacerse de la inútil humana.
- ¿Y ahora qué? - indago el duque casi con aburrimiento.
- Eleonor, está mal, tiene fiebre, su cama esta mojada, no sé qué sucedió.
El duque corrió junto con sus hijos, si bien era raro para ellos enfermarse, sabían lo frágiles que eran los humanos, un simple resfriado podria acabar con sus vidas.
Antara:
Las gotas de agua caían acariciando mi rostro, la temperatura era agradable, y la mano de mi padre aferraba la mía.
- Un día tu poder divino será tan grande como el mío. - el gran rey Firuis fijo sus ojos negros en mí, y no pude evitar soltar una risilla como la niña que era.
- Pero, padre, ¿de qué hablas? Tu poder no tiene comparación. - alagó conocedora que eso a mi padre siempre le agradaba.
- Mi princesa. - rebatió él, acariciando mi negro cabello. - Tu poder será aún mayor que el mío, al igual que tu responsabilidad para con tu gente. - los pasos de mi padre se detuvieron y con ellos los míos, elevo sus manos al cielo y solo entonces vi sobre nosotros.
- Papá. - del miedo que me dio ver las nubes negras y como de ellas caía tanta agua, se me olvidaron las formalidades, y eso si hizo sonreír a mi padre.
- No debes temer, mi pequeña Antara, nosotros manejamos el agua, no ella a nosotros, no lo olvides, porque si lo haces, muchos perecerán.
El rey Firuis agito sus manos y solo entonces comprendí que aquello no era una llovizna de primavera, eso era una tempestad que golpeaba nuestro reino, como si el propio cielo lo quisiera hacer desaparecer, algo que solo el rey pudo evitar, ¿Cuántas veces mi padre había salvado el reino? ¿Qué veneficio traía manejar el agua? Hasta ese momento pensaba que el poder de mi madre era bueno, creo que lo que debía de haber aprendido, era que ambos trabajaban en equipo, la reina Estrella veía el peligro acercarse y mi padre se preparaba para enfrentarlo, pensaba que eran indestructibles... cuan equivocada estaba.
- Papá. - aun con los ojos cerrados distingo mi propia voz y lo mal que suena.
- Aquí estoy Eleonor, aquí estoy. - no podía abrir mis ojos, pero podía saber que el que tomaba mi mano no era Firuis rey de los brujos, ese que estaba a mi lado era el duque White.
- Lo siento. - susurre, no sabía si me disculpaba con mi padre biológico por haberlo echado al olvido en los últimos años o si le pedía perdón al duque, por no ser la hija que él merecía.
- Todo estará bien, mi bella Eleonor.
Seguía sintiendo el agua escurrir por mi rostro, pero esta vez no era el recuerdo de un pasado feliz, ahora sabía que eran mis lágrimas, las que aun en medio de la inconciencia surcaban mi rostro.
- En verdad Duque, no sé qué sucedió, yo lleve todo lo necesario para que la señorita se aseara y de pronto ella comenzó a insultarme, luego de eso el joven Cameron me pidió retirarnos, por lo que no sabría decirle porque la habitación de Eleonor estaba en esas condiciones, tal vez ella lo hizo... - Iris, maldita perra mentirosa, la oía y más me indignaba el no poder rebatir sus mentiras, pero es que realmente vagaba entre la conciencia y la inconciencia.
- Tu... - la voz fría de mi padre me quita el aire inclusive a mí. - ¿Te atreves a llamar por su nombre a mi hija? ¿a la joven señorita White? - ahora más que nunca queria abrir mis ojos y disfrutar del rostro de Iris, sabía que debía estar pálida y aterrorizada.
- Mi señor... yo...
- Emir, lleva a esta mujer al calabozo, hasta que descubra que fue lo que sucedió.
- Mi señor, no...
- Es mejor que no digas nada más, y que le reces a la diosa porque mi hija reaccione y diga que fue lo que sucedió, o no solo acabare con tu vida, toda tu familia te acompañara en tu destino.
Ese fue el momento donde el anhelo de despertar desapareció, deje que la negrura me llevara una vez más, porque, aunque esa loba fuera una verdadera perra conmigo, no podía olvidar que sus hermanos eran apenas unos cachorros, el duque no sería capaz de cumplir con su amenaza ¿verdad?
- ¡Antara primera del reino Kael! - la voz del vocero del palacio hace vibrar mis pies, debo reconocer que el delirar no es tan malo, siempre que me muestre mi antigua vida.
- ¿Cómo hace eso? - era apenas una niña de siete años, la curiosidad y las ansias de saber todo, desbordaban de mí.
- Brandon maneja el aire, y cuando lo desea provoca que el aire lleve su voz tan lejos y fuerte como lo desee.
- ¿No te da miedo que un día se enoje contigo y te grite hasta hacerte volar? - mi pregunta inocente fue captada por el joven vocero y me vio con espanto y preocupación.
- Creo que aprecia demasiado su vida como para no intentarlo nunca. - rebatió mi padre y yo solo lo veía con asombro.
- ¿Lo matarías? - no tenía miedo al preguntar aquello y Firuis se dio cuenta de ello, por lo que, hincando una pierna en el piso, dejo nuestros rostros uno frente al otro, asegurándose que tuviera toda mi atención y sí que la tenía.
- No necesitas ser un rey para quitar una vida, pero debes tener en cuenta que deberás vivir con ello, lo que tus actos provoquen, después de todo, nadie está solo, así como tú me tienes a mí y a tu madre, los demás también tienen familia, seres que los aman y buscaran vengarse por el sufrimiento que les provoques, más si actúas desde un arrebato, sé que si algún día Brandon perdiera el control y me gritara, estaría en un gran problema, pero ¿Qué clase de rey seria si no le doy una oportunidad de remendar su error? Mejor aún, ¿Qué clase de persona seria si en lugar de actuar como un rey que cuida de su pueblo, tomara revancha desde el enojo, sin pensar en que estaría no solo acabando con una vida, también lastimando a toda una familia?
Mi padre era un hombre sabio, y yo... yo había estado equivocada por demasiado tiempo.
El sol iluminaba mi recamara, se podría decir que era casi medio día cuando abrí los ojos, aunque no podria determinar cuánto tiempo llevaba dormida, si podía apreciar que mi cuarto estaba rodeado de flores, grandes ramos con notas en las que se deseaba mi pronta recuperación eran de otros aristócratas, y sabía que ninguno deseaba mi pronta mejoría en realidad, si habían enviado algún presente allí, solo era por la reputación que mi padre poseía.
- Eleonor. - la voz cargada de alivio me hizo girar, y mi corazón se conmovió, por no solo ver a Elías White, su hijo mayor Emir, también estaba allí y se notaban que poco o nada habían descansado.
- Padre. - alcance a pronunciar antes de toser un poco por la resequedad de mi garganta.
- Toma, bebe un poco de agua. - el silencio que continuo no fue por mi garganta reseca, sino era la sorpresa de que mi hermano mayor me ayudara así sea en darme un vaso con agua.
- Gra- gracias. - me sentía incomoda, no de mala manera, más bien era rareza lo que sentía, nunca antes me había enfermado, sabia por lo poco que había podido estudiar de mi gente, cuando era princesa que los brujos nos debilitamos al alcanzar la mayoría de edad, cuando nuestros poderes se manifiestan en su totalidad, y que solo nos recuperamos al cien por ciento cuando encontramos un compañero que complete nuestras almas divididas, creo que a partir de ahora, será aún más parecida a los humanos, ya que no creo poder encontrar en este reino el verdadero amor.
- ¿Cómo te encuentras? el medico no sabía el motivo de que estuvieras tantos días desmayada, ya que la fiebre bajo al segundo día. - mi padre hablaba de forma apresurada, queriendo quizás encontrar algún indicio de enfermedad letal en mí.
- ¿Cuántos días...? - no me sentía débil, más bien descansada, como si hubiera estado cargando un gran peso sobre mí y al fin lo hubiera dejado caer.
- Una semana. - interrumpió Cameron desde la puerta, su mirada no había cambiado, siempre acusadora y fría, dirigida solo a mí.
- Ah. - fue todo lo que pude decir antes de sentirme un poco cohibida al estar rodeada por los tres.
- Iré a llamar al médico para que te revise, necesitaras una buena dieta para que te alimentes como es debido. - padre salió como alma que busca escapar de un demonio, y yo deseaba que mis hermanos se fueran con él.
- Debes decirle a padre la verdad. - la exigencia casi en grito de Cameron me hizo sobresaltar.
- ¿La verdad? - por un escaso segundo mi corazón tembló, ¿y si en la inconciencia algo escapo de mis labios? ¿y si ellos sabían quién soy?
- Que todo fue tu culpa, gracias a tu berrinche Iris está en el calabozo, y padre está dispuesto a pedir la pena máxima por incumplir con sus responsabilidades con un miembro de la nobleza y, de ese modo ponerte en peligro. - concluye lo último con cierta burla y mis manos se cierran con fuerza, aunque luego recuerdo que no me siento como si estuviera enferma, más bien liberada.
- Eso no sucederá. - murmuré y supe por el rostro de ambos que me estaban malinterpretando. - Iris no será castigada, has que venga, hablaremos con padre. - no pensaba seguir perdiendo tiempo en estas trivialidades, no cuando debía planear como sobrevivir cuando la verdadera hija del duque apareciera y yo sea lanzada a la calle.
- Sabía que mi padre estaba equivocado. - se jacto Cameron antes de salir por Iris, aunque Emir se quedó y solo me veía en silencio, con su rostro tan serio como siempre.
- Puedes regresar a tus deberes joven maestro, aquí no sucedió nada interesante. - le advertí al mayor de los hermanos, porque en verdad ya estaba comenzando a sentirme cohibida ante su mirada penetrante.
- Yo decido si es o no interesante, no lo olvides Eleonor, y no vuelvas a llamarme joven maestro. - Emir salió ofuscado de mi habitación y ahora si no comprendía nada.
La relación con ellos nunca fue buena, ni siquiera grata, no debe preocuparse por mí y estoy segura de que no lo hace, pero lo que más me confunde es que ahora no sé cómo debería llamarlo, nunca les agrado que les dijera hermano, por lo que los llamaba joven maestro y joven Cameron, pero ahora... no podria solo decir su nombre, aunque sea una hermana sustituta, no tenemos ese nivel de confianza y aunque él me llame por mi nombre, sé que no es confianza, sino poco o nulo respeto hacia mi persona.
- Señorita, señorita. - Iris ingreso corriendo, sus lágrimas no eran por mí, sino por ella, sabía que su vida y la de su familia estaba en mis manos. - Señorita en verdad...
- Por favor, déjenos a solas. - no sé qué clase de mentira diría esta mujer, pero sería mejor aclarar las cosas, pues Firuis era un hombre sabio, no puedo olvidar lo que trato de enseñarme, más ahora que sé que pronto quedare a merced de cualquiera, no necesito de personas tras de mi queriendo tomar mi vida.
- Eso claro que no, seguro y molestas a Iris...
- ¿Acaso te gusta? - la voz fría de Emir silencio a Cameron e incluso le hizo dar un brinco, mientras Iris se sonrojaba, solo yo sabía que eso era ridículo Iris era incluso mayor que Emir por un año, Cameron solo hacia todo aquello para molestarme.
- ¿Cómo te atreves a decir tal cosa? - lo increpo el menor.
- Necesito asearme antes que llegue el doctor. - intervine con una gran verdad, de la cual nadie se había percatado o simplemente no les importaba, estaba toda pegajosa por los días en esta cama, que ahora me doy cuenta no es la mía, seguro y tuvieron que traer una nueva, ya que la otra quedo empapada con lo que Iris hizo.
- Solo no te pases o ... - estaba cansada de sus amenazas injustas, puede que no quisiera más enemigos sobre mí en un futuro, pero debo admitir que Cameron ya es mi enemigo.
- Si vas a hacer algo, solo hazlo ¡me tiene cansada joven White! - el mencionado retrocedió como si lo hubiera abofeteado, aun así, no pudo rebatir nada, ya que Emir lo tomo del brazo y lo jalo fuera de mi cuarto.
En el tiempo que me llevo ponerme en pie, Iris se dejó caer de rodillas, al parecer su miedo era autentico y no puedo negar que si yo estuviera en su lugar estaría de igual forma.
- Señorita, yo... lo siento, realmente lo lamento tanto, sé que mi actuar no tiene perdón, mi constante acoso hacia usted solo fue subiendo y no sé cómo me permití que acabara de esta forma, sé que el poner su vida en peligro es imperdonable, y cumpliré mi castigo, solo le pido piedad por mi familia. - su llanto, su pose, ¿Cuántas damas vi en ese estado? Rogando por la vida de sus esposos cuando los lobos llegaron.
- Ponte de pie Iris, no pienso dejar que el duque dañe a tu familia... y tampoco a ti. - la joven loba levanto de golpe su rostro, el cual reflejaba el shock que mis palabras le causaban.
- Señorita...
- Solo quiero saber ¿Por qué me odias? ¿Qué fue lo que hice para ofenderte de esta manera? No es solo recibir tu acoso diario, es el de todos en esta mansión, desde como jalaban mi cabello al peinarme, hasta que decidí hacerlo yo sola, hasta que me den de comer alimentos en mal estado, ¿Qué les hice además de existir? - quizás, si supiera que era lo que estaba haciendo mal, podria solucionarlo, porque nadie me podria culpar de ser abusiva con los demás si ellos lo son conmigo primero.
- Señorita, no... - Iris deja salir un gran suspiro y al fin se pone de pie. - Nos molesta el hecho de que trate de ocupar el lugar de la señorita Felicita. - su gran revelación no es tal, al menos para mí.
- Nunca quise ocupar el lugar de la señorita White, jamás lo pedí tampoco, solo queria un lugar al cual llamar hogar. - Iris baja su cabeza quizás apenada o arrepentida. - Acosaron a una niña que todo perdió, sin siquiera pensar en lo que me estaban convirtiendo, porque créeme que ustedes... olvídalo, ya nada importa, solo... algo me dice que la señorita White regresara pronto, entonces yo desapareceré, será un mal recuerdo para todos, asique, llevémonos bien este último tiempo. - eleve mi mano, para sellar un trato no de amabilidad, solo tolerancia, al menos eso. - Puedes llamarme Eleonor, veme como lo que soy, un ser que siente, que tiene alma y corazón, no me veas como la señorita White, porque créeme que sé que no lo soy.