(1)
Mi primer día en Londres fue bastante friolento para poder olvidarlo. El clima era horrible, mientras que mis piernas temblaban como un par de fideos.
Las cosas en Londres son tan diferentes a mi pueblo natal. Todos están de arriba a abajo y nadie se queda quieto, mientras qué hay tantas luces alrededor de la ciudad, que a veces soy cegada por ellas.
Antes de este cambio en mi vida, yo vivía en un pueblo llamado Bunbury, un pueblo donde nunca pasa nada de nada. Así que tuve mucha suerte al poder ser enviada al friolento Londres.
Mi llegada a esta ciudad que parece de ensueño, fue algo triste. No tuve a nadie que me recogiera desde la estación de autobuses, pero a pesar de estar sola, aun así, estoy feliz de estar en esta ciudad y poder trabajar en uno de los hospitales más importantes de Londres.
Pero a pesar de tener buena suerte, me doy cuenta lo difícil que es tomar un taxi en esta ciudad, ya que fue una locura, tal vez porque todos trabajan y siempre están atareados. Pague 3,5 libras al alojarme en un hotel de mala muerte, y aun cuando no fue tan costoso la habitación de hotel, me quede sin fondos de inmediato.
El hotel era macabro, así que tuve que dormir en una cama que olía a humedad, mientras que toda la noche estuve abrazando mi cartera con fuerza, mientras tengo mis zapatos bien puestos, para correr si algo malo pasa.
Por suerte nada paso. A la mañana siguiente me despierto de mejor humor.
Está nevando allá afuera, así que me abrigo bien mientras ya llevo puesto mi viejo uniforme de la escuela. Tuve tanta suerte de ser una de las elegidas para venir a Londres. Aunque tengo que ser sincera, no fui la mejor estudiante de mi generación, ni tampoco fui la más perspicaz en donde hice mi servicio. Fui una alumna más con calificaciones promedio, pero soy muy apasionada y comprometida, daría lo mejor de mí.
Toda mi vida era a base de optimismo, así que tenía que hacerlo bien.
No desayune nada en la mañana por falta de dinero, así que sabía que tendría que esperar hasta que me den mi pago para poder probar un bocado.
Después de escuchar a mi estomago rugir más de una vez, me dirigí al metro de Londres, lo cual también fue una locura por mañana, ya que todos van al trabajo. Tenía que llegar a las siete de la mañana, ni un minuto antes, ni un minuto más tarde, así que estuve un poco estresada al ver que el metro estaba muy lleno.
Y al llegar por fin al hospital, todas mis expectativas se hicieron realidad. Era el mejor hospital de Londres, todo era de lujo y la tecnología era bastante impresionante. Y como esperaba, la sala de esperas estaba llena de pacientes enfermos de gripe, ya que el clima aquí es terriblemente frío.
De lejos puedo ver a una mujer con bolsas negras bajo sus ojos, qué está trabajando en la recepción, así que de inmediato me acerco a ella.
–Hola, soy Jane Jefferson.–Me recargue en barra de madera de la recepción, mientras que la mujer parece estar agonizando de cansancio.–Busco a la enfermera Ross.–Dije con ánimos, leyendo un papel con las indicaciones que me dieron por teléfono, antes de llegar a Londres.
–Arriba.–Murmura malhumorada, mientras está masticando una goma de mascar. Después solo me señala con sus dedos largos el ascensor.–Segundo piso.
–Gracias.–Le contesté agradecida, tomando mi bolso y caminando hacia el elevador. Y al subirme al ascensor, me empecé a sentir feliz puesto que ya había llegado a mi nueva vida. Estaba llena de ilusiones y sueños que quería realizar en esta nueva vida, que he decidido tomar. Pero al mismo tiempo, también me sentía nostálgica al dejar mi vida atrás, incluso a mí familia y amigos.
Y al llegar al segundo piso, las puertas del ascensor se abren lentamente, dejándome ver a miles de enfermeras caminando de un lado a otro con pequeños carritos de metal, dónde llevan los muestrarios y las medicinas para los pacientes.
Con lentitud y timidez, me acerco a la sala principal, en donde descansan las enfermeras, mientras intento buscar a Ross, aun sabiendo que no sé cómo luce ella.
–¿Disculpen, busco a Ross?–Pregunté a los cuatro vientos, mientras nadie contesta mi pregunta. Después me doy cuenta, que delante mío pasa una chica rubia y de ojos azules, mientras que ella se ve menos acelerada que las demás compañeras.
–¿Disculpa...?–Llamó su atención mientras ella me mira de inmediato.
–¿Sí?–Me responder mientras sus ojos azules son tan cálidos y pintorescos, que no dudó en sonreír.
–Busco a la enfermera Ross.–Ahora yo sonrío al estar cómoda con su actitud.
–Soy yo.–Me sonríe despreocupada, mientras recibo la primera sonrisa de mí llegada a Londres.–Tú debes ser la nueva interna, ¿Jane? Si no me equivoco. –Me pregunta mientras sonríe amablemente, recordando mi nombre.
–Sí, soy yo.–Le respondí de inmediato, mientras sonrió al saber que mi nombre ya está tomado en cuenta en este hospital.
–Bien.–Ella toma una lista y la mira por algunos segundos.–Tu jefe aún no ha llegado, así que te tomaré como ayudante. ¿Puedes sacar muestras de sangre a la habitaciones 304 y 305? Tenemos el tiempo contado.–Ella me revisa el uniforme, mientras me esta hablando.–Buena presentación, te deseo suerte.–Me dice con una sonrisa mientras me da algunos papeles, dando por sentado que tendría que hacer esas tareas por ella.
–Gracias.–Le contesté agradecida moviéndome con torpeza, pero ella me detiene antes de que salga volando por los pasillos del hospital.
–Tu carro.–Me señala el carro de metal con muestrarios. Así que torpemente tome mi carro, mientras ella se mofa al ver mis nervios.
Y después de acomodar el catéter del paciente de la habitación 305 y de una prueba de sangre, camino a la habitación 304. Ya en el lugar, me encuentro con una niña de alrededor de diez años, acostada sobre la cama viendo la televisión.
–Hola.–Llamó su atención al entrar.– Soy Jane y voy a hacer tú enfermera.–Me presentó formalmente, ya que eso es lo que tienes que hacer siempre al entrar a una habitación.– Te sacare sangre.–Ella solo estira su brazo sin preocupación, mientras sigue viendo la televisión con mucha atención.
Por mi parte, preparó los instrumentos, para luego desinfectar su brazo con alcohol.–Te dolerá un poco.–Le advierto mientras que se de antemano que la mayor parte de los pacientes se ponen nerviosos cuando ven una aguja, pero ella estaba bastante tranquila, mientras puedo ver qué tiene bastantes moretones, supongo que ha estado mucho tiempo internada.
Lentamente pongo una liga alrededor de su brazo, para luego darle algunos golpecitos en la zona del antebrazo donde está la vena cefálica. Y mientras doy golpecitos esta se inflama y me da una buena visibilidad.
Tomé mi aguja en mano y lentamente la introduzco en su brazo. Después aprieto de está un poco, pero de inmediato me doy cuenta no sale nada de sangre.
Preocupada la muevo más de una vez, haciendo que la niña tuviera dolor al instante.
–¡Sácala!–Me grita con fuerza, mientras yo estoy entrando en pánico.–¡Sácala, tonta!–Me grita una vez más. De inmediato sacó la aguja, temiendo por mi vida.
Después le doy un algodón con alcohol para que su sangre deje de salir, ella por su parte, lo toma y se frota el brazo.–¿Tú eres enfermera?–Me pregunta aun cuando me presente formalmente con ella, hace algunos momentos.
–Si.–Le conteste con miedo, puesto que parece que es ruda a pesar de que se ve que es una niña indefensa o algo débil.
–Me dolió, tonta.–Créanlo o no, una niña me estaba insultando como nadie de su edad lo había hecho. Yo estaba sorprendida, porque incluso ninguna persona mayor que yo, me había hablado de la misma manera que la que ella me estaba hablando.
–¿Qué pasa aquí?
Escuche una voz masculina proveniente de la puerta. Me doy vuelta y veo a un hombre alto, de rasgos finos, pelo rizado y vestido completamente de azul.–Hola Liza.–Dijo el hombre guapo saludando a la pequeña niña, mientras yo miro el suelo algo apenada.
–¡Harry!–La niña expresa amabilidad y dulzura con él joven hombre. Yo solo frunzo el ceño, viendo sus ojos alumbrados. ¿Por qué no me pudo recibir así?
–¿Qué pasa aquí?–Pregunta al ver a Liza enfadada, pero sabía que yo era la que tenía que responder.
–Nada.–No fue mi mejor respuesta, pero la niña me lleva la contraria.
–Me pico y no le dio a la vena, me lastimo. –Dice luciendo indefensa, pero claramente ella podía defenderse con su boca, como lo hizo hace algunos segundos.
–Lo siento.–Agache mi mirada mientras siento mucha pena de haberlo hecho. Después con lentitud, alzo mi mirada y puedo ver que el hombre me mira fijamente, con esos grandes ojos verdes que tiene.
–Tú debes ser la interna, Jane Jefferson.–Yo lo miro con una sonrisa, puesto que sabe mi nombre y eso es agradable.
–Sí.–Le contesté meneando la cabeza luciendo una gran sonrisa.
–Liza debes dejar que la enfermera Jefferson haga su trabajo.–Dice sin más, defendiéndome.–Si no ella no podrá sacarte sangre.–Él toma la aguja y la introduce en su brazo, y como arte de magia la sangre sale. Él llena el muestrario y lo pone en mí carrito.
–Listo.–Le da un beso en la frente a la pequeña, mientras la tapa con una sábana blanca. La niña soñada, suspira como si estuviera enamorada del joven hombre.
Así que yo con la cola entre las patas, salgo de la habitación muy apenada.
–Lo siento, si lo moleste.–Ahora me disculpo, mientras camina a mi lado.–Era mi trabajo sacar la sangre de...–Pero él no me deja continuar.
–No, no hay ningún problema.–Él sonríe amablemente.–Yo estoy aquí para ayudar a los nuevos internos.
–¿Usted es enfermero?–Él solo se mofa de mi pregunta, ya que lo he bajado de nivel.
–No soy enfermero, soy cirujano.–Mi boca cayó al suelo, mientras sé que él puede ser mi jefe, así que cometer errores, no me da ventaja con él. Mi respuesta a ese gran error, es porque estaba usando un uniforme azul, que se me hizo parecido a algunos uniformes de enfermeros, con la diferencia de que en su uniforme estaba bordado su nombre, junto con su especialidad.
–Como lo siento, doctor Steward. –Me disculpo de inmediato miento leo su nombre en su uniforme, mientras miro una vez más al suelo, sintiéndome como una completa tonta.
–No hay de qué preocuparte linda, me puedes llamar Harry.–Sus labios rojos resaltan con la poca luz del lugar, mientras que su nariz respingada hacía la diferencia, haciéndolo ver aún más atractivo.–Me tengo que ir, pero dime si quieres que saque más sangre por tí.–Me comenta coqueto, mientras mi estómago se llena de mariposas, ¿acaso me está coqueteando?
–¡Jane!–Escucho mi nombre en el aire, así que algo distraída volteo y me doy cuenta que es Ross la que me está llamando.
–¡Tu jefe ya llegó!–Me grita mientras él doctor Steward desaparece de la escena. Entonces él no es mi jefe, ¡genial! Mi pecho se inflama por lo que acaba de pasar, así que lentamente camino hacia Ross, sin poder quitarme de la mente a ese guapo cirujano.
Pero luego pienso en mi jefe, que quizás sea un viejo cascarrabias de cuarenta años que tiene mucha experiencia. De inmediato deduzco que será un hombre grande, ya que en la medicina es muy difícil ser uno de los mejores, sin haber pasado años y años de estudio.
–Ven.–Ross me tomó del brazo y me jala con fuerza. Ella parecía estar muy nerviosa, mientras me arrastra hacia la sala de enfermeras. –Arregla tu cabello. –Ella pasa sus manos por mi cabello, tratando de acomodarlo. –Ya viene.–Ella suspira nerviosa mientras yo intento entender porque tanto alboroto.
Segundos después comprendo lo que está pasando. Zapatos finos y limpios, traje perfecto, bata demasiado blanca, nariz respingada, ojos que matan, cejas pobladas y esa boca que provocaba un orgasmo al verlo.
–¡Doctor Mark!–Dicen todas las enfermeras que están a su paso.
–Buenos días.–Dijo Ross mientras el pasa a su lado, como si fuéramos invisibles.
–Buenos días.–Contesta con su voz rasposa, mientras ya me siento amenazada por su impotencia tan grande.
–Doctor, su ayudante llegó.–Comentó Ross mientras me tomó del brazo y me pone delante del hombre. Yo muy nerviosa muerdo mi labio inferior, mientras estoy enfrente de su presencia atemorizante. Su mirada era más fría que el hielo, mientras que no expresa nada al verme.
–Tengo una cirugía.–Murmura después de un suspiro de cansancio, mientras que aunque tiene bolsas bajo sus ojos, luce bastante sexy.
–Ella está preparada.–Ross responder por mí mientras claramente no estaba tan preparada como ella comentaba.
–¿Yo?–Pregunté sorprendida mientras miro a Ross con mucho miedo.
–Si, tu.–Dijo el hombre indiferente.–Por eso la universidad Peyton te mando aquí.–El doctor solo rueda los ojos y sigue caminando.
–Sígueme.–Yo con la cabeza hacia abajo, lo sigo mientras las enfermeras del lugar no le quitan la vista a el guapo doctor, que parece ser un modelo de catálogo. Por lo que veo al pasar, él tiene un alto puesto en este hospital, todos lo saludan y él cómodamente no saluda a nadie, solo camina como si nadie se comparara con él y creo que no lo hay, puesto que doctores mayores le saludan con mucha educación mientras él solo los ignora.
Después de un largo camino hacia unas oficinas, abre una puerta de madera, que estaba al final de un corredor. Él me deja pasar primero, pero aún estoy apenada e intimidada, así qué parezco tomate por mis mejillas rojizas.
Él entra después de mí, para sentarse en su silla de cuero negro, toma unos papeles mientras los lee sin mirarme ni una sola vez. Yo me siento en el asiento del frente, pero siendo sincera, no podía ignorar su gran belleza, su nariz respingada y su boca roja, simplemente no podía.
–¿Tu eres Jane?–Me pregunta sorprendiéndome de mis pensamientos, ya qué lo dijo de la nada, ya que no me dirigió la palabra durante muchos minutos.
–Sí.–Le contesté intentando no gritar, ya que me sentía como en la guerra. Yo solo quería poner mi mano sobre mi frente, diciéndole: "Sí, señor" Él solo suspira una vez más mientras niega con la cabeza, al ver lo nerviosa que estaba.
–Solo espero que no seas una tonta incompetente, si no te irás y no trabajarás nunca en este hospital.–Me amenaza mientras apenas lo conozco. ¿Acaso es adivino?
–Haré lo mejor que pueda.–Intento no caer al suelo, mientras pronuncio con miedo que haré todo lo posible por cumplir las expectativas que este hombre tiene.
–Tienes que hacerlo.–Amenaza mientras que para él no es sólo esforzarse, sino que tengo que hacerlo perfecto.– No hay opción señorita Jefferson.–Yo algo tímida asiento con mi cabeza mirando al suelo.
–¡Alce la cabeza, cuando yo le hablo!–Me grita llamando mi atención. Yo lo miro atentamente, mientras nuestros ojos se entrelazan.–¿Entendió?–Me pregunta con rudeza mientras yo solo trago saliva.
–Sí.–Contesté con miedo de que me haga algo, si contestó que no.
Él se levantó de su asiento y caminó hacía la puerta, abriéndola para mí. Al fin y al cabo, me demuestra que es un caballero, uno muy exigente pero un caballero.
–Venga conmigo señorita Jefferson.–Yo salgo de la habitación aún con las mejillas rojas. Al salir de esta hermosa y grande oficina, otras enfermeras se le acercan con una bata azul para él. Él con prisa se la pone.–¿Ya está mi paciente?–Pregunta con una frialdad en sus palabras, mientras camina con rapidez y las otras enfermeras le seguimos el paso.
–Ya doctor Mark.–Dice una linda enfermera de pelo rubio, mientras ella también lleva una bata azul y un tapa bocas.
–Vamos a cirugía.–Dijo con firmeza, para detener su caminata para mirarme.
¿Ahora que hice mal? Me preguntó.
–Señorita Jefferson, ¿qué es lo que dije en la oficina?–Él ve lo temerosa que estoy, siguiéndole el paso sin saber que hacer.–¡No quiero a otra incompetente!–¿Tenía que gritarlo, cuando estamos enfrente del quirógrafo?
–Sí señor, lo lamento.–Le digo con mucho respeto, a pesar de que somos casi de la misma edad.
Al entrar al quirógrafo, me pongo más nerviosa. Una enfermera me ayuda a desinfectarme, para luego darme una bata, tapabocas y unos guantes.
Cuando la cirugía terminó, pude respirar con tranquilidad.
–Listo.–Gritó el doctor al terminar. Tome un pañuelo y le limpie su frente. Al sentir su piel liza, los vellos de mi piel se me erizaron, mientras trago saliva de los nervios.
Él me miró de reojo y mofó de mí, así que de inmediato, quite mis manos de su piel morena y sudada.
–Gracias a todos, pueden irse.–Agradece para que todos se vayan del lugar, respirando tranquilamente porque fin haya acabó de la cirugía. Todos salen suspirando del cansancio. Después de todo, yo también suspiro y me dirijo a la puerta con todas las enfermeras, pero el doctor me detiene.
–Jefferson, no le he dicho que se vaya.–Corro hacia él de inmediato, ya que luce molesto al llamarme.
–Lo lamento, creí que lo decía en general.–¿Por qué estoy mirando al suelo otra vez? El hombre me hacía sudar la gota gorda, no sólo porque fuera lindo, sino porque me ha dado la impresión de que es un maldito tirano.
–Señorita Jefferson, usted es mi asistente, tiene que estar conmigo todo el maldito día. ¿En serio quiere que la regrese a Peyton?–Me amenaza como si yo fuera una niña.
–No doctor, lo lamento.–Le dije aferrándome a mi brazos. No quería volver a la universidad, ni a mi pueblo natal. Todo era tan aburrido y de tan poca clase. Era una bendición que me hubieran mandado a Londres, aunque fuera una equivocación de un mal sorteo.
–Bien, sígueme.–Yo solo suspiro cansada, sabía que tendría que hacer mucho al lado de este hombre. Lo que me espera con este doctor con el carácter del infierno.
*
Después de trece consultas y dos puntadas, por fin pude salir a comer.
Y aunque no tenía dinero, pude comer algo gracias a Ross, la jefa de enfermeras, quién me invitó a comer en el comedor de hospital. Ella era muy linda conmigo y no parecía ser tan arrogante como las demás enfermeras.
–Tienes suerte, muchas quisieran estar con el doctor Mark.–Me comenta mientras está probando su budín, dentro de la cafetería del hospital.
–Es muy demandante, preferiría estar con alguien más amable.–Solo llevo algunas horas con él y ya estoy agotada.
–El doctor Mark suele ser muy especial y quisquilloso, él suele humillar a la gente, cuando no están en su mismo canal.–Me dice lamiendo su cuchara. – Pero no te lo tomes como si fuera personal, el hombre es bastante perfeccionista, se lo merece ´ha trabajado mucho.
–¿Como que humillar?–Pregunté metiendo la comida en mi boca como fuera posible, también era una bendición comer aun cuando no tenía dinero, así que tenía que aprovechar y comer todo lo que pudiera.
–Nadie es tan buen doctor como él y el hombre lo sabe.–Dijo sin más mientras que podía entender que quizás él mismo se hizo la fama por una razón muy buena.
–Que creído.–Rodé los ojos mientras mastico arroz blanco.
–Pero no me dirás que es un dios griego.–Comentó como una colegiala que hablaba de un chico que quizás era la sensación de la escuela, pero ya no estábamos en el colegio, esto era la vida rutinaria de cualquier persona cuando ya acaba su carrera.
–Si, pero...–Pero me interrumpe, ya que quizás no había peros para esta plática.
–Tienes suerte, él no trabaja nunca con las nuevas, ya que es muy especial y tienes que tener experiencia para trabajar con él.–Supongo que mi racha de buena "suerte", ya no es tan "buena.
–Daré lo mejor para poder llegar a ser, aunque sea un poco buena.–Digo feliz y con algo de optimismo.
–Buena suerte linda.–Me dice la chica mientras me lo dice con tanta sinceridad, mientras siento sus buenas vibras pasando por todo mi cuerpo.
Ross era una mujer de treinta años, hermosa y lista, tenía dos hijos mientras que su marido la dejó cuando nació su segundo hijo. Por suerte ella me dijo que podía quedarme con ella en su departamento, que está en los suburbios, pero es mejor que un hotel de mala muerte.
–Gracias de nuevo.–Le agradezco mientras caminamos hacia los consultorios. Yo estoy con el estómago lleno y la cara llena de felicidad.
–No hay de qué.–Me dice metiendo su termómetro en su bata, pero por causas del destino, una puerta se abre con fuerza, haciendo que me golpeara en el pecho. No pude evitar caer adolorida mientras él hombre de paquetería me mira.
–Como lo siento señorita.–Deja sus cajas y me ayuda a levantar.
–¿Estas bien?–Me pregunta Ross muy preocupada.
–Si.–Les digo levantándome del suelo, pero una mancha roja en mi uniforme dice lo contrario.
–Te has abierto.–Me dice Ross con sus ojos bien grandes, mientras pone sus dos manos en su boca.
–Como lo siento, señorita.–Me dice el joven de paquetería, ya que me ha golpeado con la esquina de una caja grande.
–No se preocupe...–Intenté ser amable con él, ya que yo no era la clase de persona que haría un escándalo por algún error humano.
–Ven, tendrán que checarte.–Ross me lleva a un cubículo y me hace acostarme en una camilla limpia.–Llamare al doctor.–Yo la espero tranquila, aunque me arde el pecho. Y cuando Ross regresa, me empiezo a sentir tranquila, pero mi tranquilidad se va, cuando veo la cara del doctor Mark. De inmediato me incorporó con el susto de mi vida, por otra parte, él me empuja para que me acueste de nuevo a la camilla.
–¿Qué le pasó?–Preguntó cansado y mirando a Ross con frialdad.
–Un torpe entrega cartas la golpeó con una gran caja.–Responde Ross realmente preocupada por mí.
Por otra parte, el doctor suspira una vez más con cansancio, esto era un problema más para el itinerario que el hombre importante tenía.–Sal de aquí.–Le dijo con frialdad a Ross, mientras ella intimidada sale del cubículo, para después cerrar las cortinas.
–Tendrías que ser tú la que haga estas cosas.–Me dice refiriéndose a que revisiones así, las hacemos las enfermeras, no el mejor doctor del hospital.–No alguien como yo.–Escupe sin más.
–Le dije a Ross que estaba bien.–Le contesté molesta de que Ross le llamara a él doctor.
–Abre tu camisa.–Me pide como si me estuviera ordenando.
–¿Qué?–Preguntó atónita, aunque era una persona optimista, era una persona pudorosa y algo tímida con mi cuerpo. A pesar de ser enfermera, me dediqué tanto a esta carrera, que quizás pude dejar a un lado mis relaciones amorosas.
–¡Que la abras!–Gritó con fuerza para luego romper mi camisa, mientras los botones truenan, dejando ver mi cuerpo desnudo.–¿Estabas bien? –Alza la ceja al ver la gran cortada que me hizo una indefensa caja de cartón.–Niña, te golpeo tan fuerte que tengo que darte puntadas.–Él hombre enojado, toma un botiquín y empieza a darme un tratamiento, para después darme tres puntadas que me hicieron sacar lágrimas.
Al terminar, el doctor Mark limpia mi sangre.
–Listo.–Me dice tirando una gaza al contenedor de basura.–Tendrás que limpiarlo unas dos o tres veces al día. No te pongas blusas que tengan el cuello muy arriba, usa algo escotado.–Me da indicaciones que son muy pobres para un doctor de tal categoría como él. Eso parecía muy poco creíble para mí, ya que esa no es una indicación de un buen doctor.
–Si.–Le dije mientras intento ponerme mi blusa, pero al ver que no tiene botones me quedo paralizada.
–Tengo que hacer todo por ti.–Escupe enojado mientras resopla enojado. Él toma mi bata y me la quita por completo, dejando mi sostén rojo a los cuatro vientos. Él me mira solo un poco y me dice.–Toma.–Me da una bata que está colgada en medio del cubículo.
–Gracias.–Le digo apenada mientras él solo golpea el suelo con sus zapatos finos.–Gracias, otra vez.–Le digo ya vestida.
–No he acabado con usted señorita Jefferson.–Ahora me sorprende, ya que yo quería salir corriendo del lugar.
–¿No?–Pregunté nerviosa, porque yo solo quería irme. Él me toma con fuerza y con sus labios rojos me besa mientras mete su lengua en mi boca, haciéndome probar su saliva sabor a fresa. Sus manos recorrieron mis caderas, para después tocarme todo el cuerpo.
–Usted es tan torpe.–Escupe mientras se está alejando un poco de mi.– Una idiota.–Pero sus labios me besan de nuevo, mientras su mano derecha se adentra en mi pantalón blanco, haciendo que me aferrara más a su cuerpo.–Una cabeza hueca.–Expresa aún con sus labios en mí. No entendía que pasaba aquí. Hace algunas horas creí que el hombre me odiaba, pero ahora no sé qué está sucediendo.
El doctor Mark me había besado. No puedo evitar estar realmente sorprendida por ello, ya que pensé que me odiaba. Sus labios se despegan lentamente de los míos, mientras sus manos salen de mi pantalón sin decir más. Después arregla su bata y sale del cubículo sin decirme nada. Él me deja sola, mientras que mi cabeza intenta procesar lo que acaba de pasar.
–¿Por qué permitiste que te besara?–Me regaño a mí misma mientras golpeó mi cabeza con mi mano derecha. Antes de salir del cubículo, me arregle el uniforme para que nadie notará lo que acababa de pasar en el lugar.
Y al salir del cubículo, me encontré con Ross, quién lucía bastante preocupada por mí, después de pasar bastante tiempo en el cubículo.
–¿Que paso?–Me pregunta la rubia, mirando mi cara pálida.–Parece que viste a una fantasma.–Ella pasa sus manos delgadas por mi frente, tratando de ver si tengo calentura o algún otro síntoma que pueda ser relacionado con la medicina, pero yo solo estaba siendo presa de la excitación y la sorpresa.
–Él me...–Le iba a decir lo sucedido, pero mi cabeza me grito interiormente: ¡No lo digas!.–Me dio algunas puntadas.–Termine diciendo mientras mi cabeza está dándome vueltas. En realidad, yo no era una buena mentirosa, no me gustaba hacerlo porque simplemente no era algo que solía hacer, así que sabía que estaba empezando con en el pie izquierdo en Londres.
–Debió dolerte, deberías de tomarte el día.–Me aconseja mientras se preocupa mucho por mí bienestar.
–Es mi primer día Ross, no quiero hacer eso.–Aún cuando mi mente está en la nubes y está pensando en ciento de cosas, tengo que seguir y dejar pasar todo lo que pasó en ese cubículo.
–Esta bien, ve con tu jefe, tiene una paciente en pediatría, habitación 304.–Era la habitación de esa pequeña malhumorada de sangre pesada, pero sabía que tenía que seguir con mi trabajo a pesar de que ella me odiara tanto como pensé que él doctor Mark me odiaba.
Y al llegar a la habitación, me encontré que el doctor Mark ya estaba en el lugar, sentando sobre la cama de la pequeña de ojos cafés y piel pálida. Él parecía ser bueno con los niños, ya que la niña le sonreía abundantemente, lo que no hace con los demás. Era extraño verlos juntos, ya que parecía que allí había algo más que sólo una paciente y un doctor. Parecía que tenían una buena relación.
–Doctor Mark.–Dije anunciando mi llegada.
–¿Otra vez ella?–Pregunta la pequeña, rodando los ojos al verme.
–Ella es mi ayudante Lizzy.–Hasta la llama Lizzy, como si fueran buenos amigos.
–Ella es una tonta.–Escupe la maleducada.–¿Por qué no mejor me dejas ser tu ayudante?–Dante mofa dulcemente al oírle hacer esa pregunta, para luego pasar su mano por su cabello negro y delgado.
–Me encantaría que fueras mi ayudante, pero primero tenemos que curarnos.–Le deja un beso en sus mejillas y se pone enfrente mío.–Ponle una solución de Bifosfonatos.–Me indica.
–Sí.–Le respondí asintiendo con la cabeza, pero me doy cuenta que la pequeña niña no deja de mirar a Dante, ¿acaso está enamorada de él? Aunque no la culpo, es bastante guapo, pero eso no borra su mal carácter y que bese a sus enfermeras descuidadamente.
Pero como no encontré el medicamento en los estantes del cuarto de la niña, tuve que salir de la habitación, para poder buscar la medicina. Después de tomar el medicamento de nuestro cuarto de medicamentos, llegué a la habitación con la medicina en mano, para después pasar la solución por su intravenosa.
–Ya está linda.–Le avise al acabar, sonriendo y tratando de ser dulce con la pequeña.
–Gracias.–Me dice sin mirarme, mientras se le ve distante ante mi dulzura, por otra parte el doctor Mark solo se burla de mí, apareciendo en la habitación sin avisar. Después me indica que salga de la habitación, así que hice lo que él me pidió.
–Adiós.–Le dije a Liza antes de salir por su puerta, pero por su parte, ella me ignora mientras qué se ve que está sintiendo como pasa la medicina por sus venas, ya que hace algunas caras.
Y al salir de la habitación, el doctor Mark me estaba esperando para tener una conversación conmigo sobre la pequeña.
–Esa pequeña tiene cáncer de huesos y de sangre.–Yo de inmediato me siento mal por la niña, así que suspiré con tristeza. –Así que espero que entiendas su comportamiento.–Me dice con sus manos detrás de la espalda, mientras camina con un porte junto a mí.–Ella es algo dura con todo el mundo, pero tengo que decirle, que tiene algo de razón en que usted es una tonta.–Me dice mofando, después de disculpar el mal carácter de la pequeña. Yo por mi parte, no me puedo sentir más que ofendida. ¡Es un idiota! Pero después recapacito conmigo misma, ¿por qué estar enojada con una niña que está tan enferma? Así que me doy cuenta que tal vez pueda ser una idiota, tal y como dijo ella.
–¿Disculpe?–Llame su atención mientras me detengo en medio del pasillo.–Tal vez usted sea mi jefe y todo eso, pero no tiene que ser tan grosero conmigo. Y...–Miro mis dedo con nervios, ya que aun pensaba en su labios tan húmedos sobre los míos.–Usted me beso.–Lo tenía que decir, me estaba molestando mucho el hecho de que fuera un idiota y que a pesar de ser un idiota, fuera tan increíble para besar, llenándome de sentimientos que quería sacar de mi tonto corazón.
–¿Y hay algún problema?–¡Vaya que este idiota, necesita que le den una buena paliza!–Yo puedo hacer lo que quiera con usted.–Termina de decir mientras que mi cuerpo deja de tener pena y se empieza a llenar de enojo
–¿Y lo hace con todas la enfermeras?–Le pregunté mientras el de inmediato gruñe, al oír mi pregunta mientras que su cara bellísima se torna diferente, era como si mi pregunta lo hubiera ofendido demasiado.
–¿Quién crees que soy? ¿Un maldito canalla?–Ahora dice agresivo, tratando de defenderse. Pero para mí lo era.
–Déjeme pensar... sí.–Le contesté enojada mientras cruzo mis brazos, molesta por el simple hecho de recibir una respuesta sin fundamentos.
–Debes de estar loca al pensar que soy de esa manera, y si no te has dado cuenta, tienes manchado tu pantalón desde hace a unos minutos.–Rueda los ojos y se va muy ofendido por el largo corredor, dejándome sola con mi mancha.
Yo me miro atrás sobre el cristal de un extinguidor, reconociendo que tengo una gran mancha de color azul en mi pantalón. ¿Cómo es que llego esa mancha de tinta a mi trasero? Así que confundida, camino a la sala de enfermeras, tratando que la mancha no se viera, pero al entrar a la habitación me encuentro con el doctor Steward, quién estaba hablando con sus enfermeras a cargo.
–¡Hola!–Me dice feliz de verme en cuanto termina de hablar con sus enfermeras, aunque no podía negar que el lucía unas ojeras tremendas, que eran tan visibles que se podrían ver desde otro continente, pero se veía tan atractivo.
–Hola.–Le contesté apenada y tratando de ocultar mi pantalón, mientras me escondía detrás de una mesa.
–Te ves pálida, ¿pasa algo?–Preguntó el hombre realmente preocupado por mí. Claramente todos me estaba preguntando por mi estado, me debía de ver tan mal que es por eso que causó tanta preocupación entre mis nuevos compañeros.
–No, solo tengo que entrar a ...–Pero él me interrumpe antes de dejarme hablar.
–¿Quieres comer conmigo?–Pregunta mientras luce tan encantador con su sonrisa tierna y amable, pero él de inmediato nota que estoy escondiendo mi trasero, así que me da la vuelta inesperadamente y mira mi desafortunado pantalón.
De inmediato y con una reacción rápida, se quita su bata y me la pone en la cintura, haciendo que la mancha no se viera más.
–Te llevare al cuarto de servicio, allí hay uniforme de enfermeras esterilizados.–Toma de mi mano con confianza, mientras que en el camino hacia el cuarto de uniformes, me encuentro a él doctor Mark, quién estaba platicando con unos doctores. Él solo me ve como si yo fuera una pequeña hormiga que no valiera nada, mientras que frunce el ceño al verme con el doctor Steward. Su mirada no para de ver la mano del doctor encima de la mía, mientras que el doctor Steward no demuestra ninguna emoción, mientras que el sigue camino sin mirar a nadie.
Y al llegar a la habitación de servicio, Harry me da un uniforme limpio, que está envuelta en plástico junto a un estante, que estaba lleno de ellos.
–¿Mal día?–Me pregunta aun cuando es obvio que era el peor día de mi vida. Las enfermeras tenemos que ser impecables, no podemos andar por ahí sucias.
–Bastante.–Resople entrando al baño del lugar, mientras él está aún hablando conmigo.
–Bueno, si te hace sentir mejor, yo derramé café sobre mi jefe en mi primer día.–Yo mofe ya qué sé que intenta hacerme sentir mejor, y eso es bastante valioso para mí, no todas las personas son tan consideradas como él.
–¿En serio?–Pregunté incrédula, ya que él lucía bastante perfecto y sin ningún defecto.
–Es normal novata.–Me responde mientras yo salgo del baño sintiéndome mejor por las palabras de aliento del doctor, y también por tener pantalones limpios.
–Gracias.–Le digo dándole su bata, pero el niega con la cabeza al yo mostrarsela.
–Mi bata ahora está manchada de tinta.–Yo de inmediato miro su bata, haciéndome sentir mal, ya que las batas para los doctores eran muy importantes, como para nosotros los enfermeros nuestros uniformes. Así que me sentí mal por la pobre bata, que hasta lleva su nombre grabado.–Puedes quedartela, pero tienes que acompañarme a comer si quieres que te perdone por ensuciar mi bata favorita.–Mis mejillas se ponen rojas, al ver la ternura que esconde el joven doctor.
Harry era un joven de veintisiete años y era el vicepresidente de la estancia de cirujanos, ya que el presidente era claramente Dante Mark, quién además era jefe del área de internistas, pero aún qué tiene un menor puesto que el doctor "todopoderoso", él tenía un papel muy importante en el hospital también.
Por otra parte, él también era una persona muy linda conmigo, a pesar de que solo soy nueva e inexperta.
Gracias a que me ayudó con el uniforme, lo pude acompañar a un restaurante muy fino cerca del hospital, en donde los doctores suelen venir, así que no me sorprendí al ver a algunos doctores que conozco de vista. Pero no pude evitar caer sorprendida al ver al doctor Mark. Quería irme de inmediato, al ver su cuerpo bien formado, entre tanta bata blanca.
Él estaba sentado junto a unos doctores, en una mesa redonda. Todos parecían importantes, ya que portaban esas grandes batas con sus nombres y especialidades marcadas.
–¡Mira allí están mi colegas!–Me dice Harry mientras que yo sólo niego con la cabeza, intentando ir a otro lado.–¡Vamos!–Me obliga a ir tras de él contra mi voluntad.
–No Harry.–Trato de pegar mis pies bien en el suelo, pero él no me hizo caso y me lleva a esa mesa tan imponente y llena de color blanco.
–Hola.–Harry saludó a todos los doctores, mientras que todos lo saludan a él con amabilidad, menos él doctor Dante, quién está entretenido en una plática con un doctor de edad avanzada.–Ella es Jane, la nueva chica de enfermería.–Él me presente ante de todos como si fuera importante.
–Mucho gusto, señorita.–Me dice un joven fornido y atractivo.–Soy Lee Austin, soy doctor en pediatría.–Me dice con una sonrisa muy linda, mientras me estrecha la mano.
–Mucho gusto.–Le respondí apenada, mientras tomo su mano con fuerza.
–Yo soy Noah Simons, soy doctor geriátrico.–Dice un joven rubio y muy apuesto. Todos se presentaban por lo que decían sus títulos de la universidad. Era gracioso, pero así era la vida profesional de doctores y enfermeras.
–Mucho gusto.–Dije apenada de que él me obligará a este acto tan intenso e importante, como era hablar con la gente más importante del hospital. Los doctores.
–Yo soy Leo Brown y soy internista.–Dijo un hombre con cabello castaño y ojos azules.
–Mucho gusto a todos.–Les dije de nuevo, mientras siento que un balde de agua fría cae por mi espalda recta.
–Siéntate.–Me dice Harry con confianza, pero por mala suerte, me tocó sentarme al lado del petulante y grosero doctor Dante, quién seguía hablando con él hombre de edad avanzada, sin intenciones de presentarme como su ayudante.
Después de sentarnos, una mesera se nos acerca, para venir a tomar nuestra orden.
–¿Que van a pedir?–Nos pregunta la chica con una sonrisa, mientras yo miro a Harry sin saber que pedir, ya que todo es costoso y algunos platillos tienen nombres franceses, qué no se pronunciar.
–Dos costillas y dos limonadas.–Contesta el joven Harry, quién parece conocerme bien, ya qué es algo que yo pediría.
–Gracias.–Le dije aliviada con una sonrisa, pero después siento como una mano pasa por mi pierna, yo de inmediato sé que es el doctor Mark, quién me está tomando debajo de la mesa, haciéndome sentir extraña.
Yo miro debajo de la mesa y miro la mano del desvergonzado doctor Dante. Él por otra parte, hace como si estuviera metido en una charla importante, pero sus manos se están paseando por mis piernas. Mis ojos se entrecierran, para después quitar sus traviesas manos de mí. Mi mirada se posa en él, mientras lo miro con enojo. Él se mofa de mí con arrogancia.
Cuando la comida llega, estoy dispuesta a comer, pero una vez más, siento como pasa su mano por mi pierna. Yo quito sus manos de mí, para luego mirarlo con mucha decisión. Estoy realmente enojada, pero él se sigue mofando de mí como si esto fuera un juego.
Pero después el dejó de hacerlo y pude comer a gusto, solo cuando el doctor Lee llamó su atención, para distraerlo un rato.
Al acabar la comida, me di cuenta que todos los doctores eran buenos y muy graciosos, meno el doctor Dante, que era una roca y solo hablaba de medicina o de nuevos estudios que salieron a la luz, para ayudar a los enfermos de ciertas enfermedades.
Él no era nada sociable, pareciera que nada le hacía feliz. No pude evitar mirarlo algunas veces, dándome cuenta que era imposible no estar interesado en su aspecto de perfección.
–¿Nos vamos?–Me pregunta Harry, viendo qué estoy hundida en mi propio mundo.
–Sí.–Le contesté nerviosa para después mirar a el doctor Dante, quién me mira con una media sonrisa. Yo corro tras Harry, intentando no caer en las garras del doctor. ¿Por qué Dante tiene que ser tan sexual, cuando aparenta ser educado y reservado?
*
Al llegar al hospital sabía que tenía que volver a mi realidad, así que me puse a hacer mi trabajo, sacar sangre, bañar a los pacientes, poner soluciones y tomar algunos datos importantes de los pacientes para después ir haciendo un expediente de cada uno de ellos. Las horas se pasaron tan rápido, hasta llegaron las diez de la noche. Yo en ese punto ya estaba cansada y se notaba al arrastrar mis piernas, por los pasillos del hospital.
–Me voy primero.–Me dice Ross tomando sus cosas.–Como eres nueva debes duplicar tu turno, así que tendrás que quedarte en el turno de la noche, pero ven a casa por la mañana, date una ducha y regresas.–Ella es tan dulce, era como la madre que jamás me dio ese ánimo, que ahora está Ross, así que estoy orgullosa. Era una persona realmente extraña, pero al mismo tiempo tan amable, estaba tan agradecida con ella.
–Sí, te veo mañana.–Le contesté despidiéndome de ella, para después verla partir con una sonrisa reconfortadora.
Y cuando se fue, me di cuenta que ahora sería yo y algunas enfermeras, cuidando a los pacientes de noche. Así que me senté en la mesa de nuestro cuarto de descanso, para tomar un poco de café, ya que estaba agotada. Mientras me preparo un café bien cargado, veo entrar a alguien más, que toma una taza de café y se sirve.
Mi mirada pudo ver su cara pero estaba distraída, así que después de unos segundos de estar poniéndole azúcar a mi taza, volteo y lo veo sin poder creer que esté al lado de mí. Él me mira con una media sonrisa, mientras se empieza a reír de lo distraída que soy.
–¿Le tocó el turno de la noche?–Le pregunté, tratando de romper el hielo.
–Todo el día estoy aquí señorita Jefferson.–Me contesta mientras le está dando un sorbo a su café, para saber si está lo suficientemente cargado.–Yo soy el mejor cirujano de este hospital, no puedo dormir ni descansar, es mi regla.–Me dice con arrogancia, mientras yo siento pena por el pobre hombre. Es incluso mucho trabajo, para una persona aparente hecho de piedra como él.
–Bien.–Dije tratando de desviar la plática, ya que estaba un poco confundida, mientras paso mi cuchara por toda la taza, tratando de disolver el azúcar.
–¿Y usted? Viene de Bibury, ¿ah?–Me pregunta, mientras se recarga en la mesa.
–¿Acaso me está acosando?–Le pregunté, alzando una ceja, tal vez queriéndome sentir un poco más importante, ya que siempre hace que me sienta menos.
–No tienes tanta suerte.–Escupe después de mofar, así que lo hizo de nuevo, me hizo sentir menos.–Tengo que saber eso, ya que tus papeles los tengo yo y no eres tan buena enfermera como pensé.–Yo siento mis manos sudar, ya que él sabe que no soy buena.–Pensé que serias astuta, ya que aparentemente lograste venir a un hospital tan importantes, con las notas más bajas de tu colegio.–Me comenta mientras yo empiezo a sentir un balde de agua fría sobre mi cuerpo, ya que no podía creer que él supiera de mis bajas calificaciones en la escuela.–Tal vez pensé en un hacker o algo parecido, pero mírate, eres un desastre.–Él me hace sentir como basura, así que dejé mi taza sobre de la mesa y decidí tomar mis cosas e irme, pero él me detiene.
–Pero tengo que reconocer una cosa.–Ahora me pone enfrente de él, para mirarlo a los ojos.–Es una chica muy hermosa.–Yo de inmediato empiezo a temblar mientras me acorrala hacia la máquina de snacks. –Y con un buen cuerpo.–Me toma con fuerza y lentamente me va desabotonando mi traje, mientras que estoy tan sorprendida, ya que él es tan extraño.–Te dije que dejaras que tu piel se oxigene.–Yo solo trago saliva, al tenerlo tan cerca de mi boca.–Eres jodidamente hermosa y se nota que tu culo está bien formado.–Sus manos se pasan por mi pantalón que es tan delgado, que siento su toque sobre mí.
Después y sin esperarlo de nuevo, sus labios me besan con mucha sensualidad, dejando rastros de su ADN por mis labios, para después alejarse lentamente, mientras me mira con tanta intensidad, que pude jurar que me podía ver desnuda con su mirada. Pero por mala suerte, él no hizo más, ya que después me dejó en esa habitación sola sin saber qué demonios había pasado.
Yo misma no puedo creer lo que estaba pasando, así que quedé con la boca abierta por algunos minutos. ¿Qué juego está jugando este hombre? ¿Y por qué quiere jugar con una tonta como yo?