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BAJO LA LUNA

BAJO LA LUNA

Autor: : Anatila23
Género: Aventura
En estas tierras se cuenta una historia, la historia de un amor, prohibido por la naturaleza, que se volvió leyenda... Todo comenzó una fría y oscura noche de invierno, un padre y su pequeña hija de ocho años caminaban hacia el río cercano en busca de agua cuando, de repente, dos sujetos los interceptaron para robar sus pertenencias. Lo único de valor que el padre llevaba encima era un viejo reloj de plata, regalo de su difunta esposa, y, al verse en la desesperación de perder tan valioso objeto, se lanzó en lucha con los delincuentes, todo esto ante la temerosa mirada de su hija. Inesperadamente, uno de los ladrones sacó un arma en el medio de la pelea y dio un tiro certero en el pecho del hombre. En tan sólo un segundo todo quedó en completo silencio mientras la sangre brotaba de su corazón, arrancándole, sin pausa, la vida. Los delincuentes no habían planeado tal situación, se suponía que debía ser un arrebato sencillo, y el silencio se quebró cuando el más joven de ambos preguntó: - ¿Y la niña?, ¿Qué haremos con ella?... La pequeña había quedado paralizada por lo acontecido, no emitía sonido alguno, sólo las lágrimas que rodaban por sus mejillas revelaban su sentir. Una idea perturbadora cruzó por la cabeza del ladrón mayor. - La llevaremos con nosotros y la venderemos como esclava en el próximo pueblo... ¡Mírala! Es hermosa como una muñeca, de seguro nos darán unas cuantas monedas de plata por ella. La niña en verdad destacaba, sus ojos azules y cabello rubio, casi albino, llamaban la atención de todos desde que era un bebé. Al hombre más joven le parecía una idea terrible, pero, por temor a desobedecer a su cómplice y acabar muerto también, sólo se limitó a asentir frente aquel plan. Tomó una soga que llevaba consigo y amarró las manos de la niña. - ¿Qué haremos con el cuerpo? ...- preguntó a su cómplice. - Lo dejaremos aquí, de seguro los lobos se encargarán de él, no quedará ni un rastro - respondió. Así, emprendieron viaje hasta el siguiente pueblo, llevando a rastras a la pequeña que aún permanecía casi paralizada, pero que aun en ese estado, atinó a voltear para ver cómo se alejaban del cadáver de su padre que se iba perdiendo a medida que avanzaban. - ¿De verdad vamos a cruzar ese bosque? - habló el ladrón joven, mientras jalaba de la soga. - No tenemos opción, debemos llegar antes del amanecer al siguiente pueblo para no llamar la atención, y el camino más corto es atravesando el bosque. Rodearlo podría llevarnos más de medio día - explicó el mayor. - ¡Pero tú también has escuchado los rumores! ¡¿verdad?! ¡Es un suicidio entrar con esa bestia allí! - ¡SÓLO SON ESO, RUMORES! ¡CAMINA! - ordenó con enojo y se adentraron entre los árboles. La pequeña comenzaba a salir de su estado de conmoción, pero sin entender a qué se referían, sólo pensaba en cómo podía escapar de esa situación. El bosque era un lugar muy oscuro, la luz de la luna apenas penetraba las copas de los enormes árboles y el silencio perturbador hacía sospechar del más mínimo ruido. Continuaron adentrándose más y más en èl, hasta que, en un momento, un gruñido les heló la sangre. Se quedaron inmóviles, uno de ellos tomó su arma y el otro una rama gruesa para defenderse mientras podían escuchar el sonido de varias criaturas pisando las hojas secas: se trataba de una manada de lobos negros, como la misma noche, enfrentándolos. Esperando por quién haría el primer movimiento, los hombres idearon un plan para poder escapar: - La usaremos de carnada... será nuestra única oportunidad para huir. Cuando te dé la orden arroja la niña a los lobos, ¿Entendido? - dijo el mayor. El hombre más joven, que parecía poseer algo de escrúpulos, terminó por corromperse al tener que elegir entre su vida y la de la pequeña. Decidió obedecer el plan, así que jaló de la soga y tomó a la niña del brazo esperando la orden de su cómplice. - ¿Listo?... - ..Sí...- respondió el más joven, agitado por el miedo. - ¡AHORA! El ladrón presionó del brazo a la niña y la arrojó, con todas sus fuerzas, entre medio de los lobos para que estos la atacaran, pero nunca imaginaron lo que sucedió: los lobos ni se inmutaron. - ¿Qué está sucediendo?... ¿Por qué no se mueven? ...- se preguntaron, absortos. La pequeña, aterrorizada, logró reincorporarse del golpe por la caída y se vio entre medio de lobos que gruñían, pero ni siquiera la miraban. En ese momento, una figura apareció detrás de ella. Parecía un ser mitad humano, mitad bestia, tenía la figura de un hombre joven, cabello negro del que sobresalían cuernos retorcidos, vestimenta oscura, sus manos eran negras con enormes garras y una prolongada cicatriz subía por su cuello hasta su rostro cubierto a medias por una máscara de cráneo, dejando ver solamente su rojizo ojo derecho. - No... no puede ser... Es él... ¡ES LA BESTIA! - exclamó, aterrado, el hombre mayor. En voz baja, aquel misterioso ser ordenó: - Váyanse...

Capítulo 1 CAP1

En estas tierras se cuenta una historia, la historia de un amor, prohibido por la naturaleza, que se volvió leyenda...

Todo comenzó una fría y oscura noche de invierno, un padre y su pequeña hija de ocho años caminaban hacia el río cercano en busca de agua cuando, de repente, dos sujetos los interceptaron para robar sus pertenencias.

Lo único de valor que el padre llevaba encima era un viejo reloj de plata, regalo de su difunta esposa, y, al verse en la desesperación de perder tan valioso objeto, se lanzó en lucha con los delincuentes, todo esto ante la temerosa mirada de su hija.

Inesperadamente, uno de los ladrones sacó un arma en el medio de la pelea y dio un tiro certero en el pecho del hombre. En tan sólo un segundo todo quedó en completo silencio mientras la sangre brotaba de su corazón, arrancándole, sin pausa, la vida.

Los delincuentes no habían planeado tal situación, se suponía que debía ser un arrebato sencillo, y el silencio se quebró cuando el más joven de ambos preguntó:

- ¿Y la niña?, ¿Qué haremos con ella?...

La pequeña había quedado paralizada por lo acontecido, no emitía sonido alguno, sólo las lágrimas que rodaban por sus mejillas revelaban su sentir. Una idea perturbadora cruzó por la cabeza del ladrón mayor.

- La llevaremos con nosotros y la venderemos como esclava en el próximo pueblo... ¡Mírala! Es hermosa como una muñeca, de seguro nos darán unas cuantas monedas de plata por ella.

La niña en verdad destacaba, sus ojos azules y cabello rubio, casi albino, llamaban la atención de todos desde que era un bebé. Al hombre más joven le parecía una idea terrible, pero, por temor a desobedecer a su cómplice y acabar muerto también, sólo se limitó a asentir frente aquel plan.

Tomó una soga que llevaba consigo y amarró las manos de la niña.

- ¿Qué haremos con el cuerpo? ...- preguntó a su cómplice.

- Lo dejaremos aquí, de seguro los lobos se encargarán de él, no quedará ni un rastro - respondió.

Así, emprendieron viaje hasta el siguiente pueblo, llevando a rastras a la pequeña que aún permanecía casi paralizada, pero que aun en ese estado, atinó a voltear para ver cómo se alejaban del cadáver de su padre que se iba perdiendo a medida que avanzaban.

- ¿De verdad vamos a cruzar ese bosque? - habló el ladrón joven, mientras jalaba de la soga.

- No tenemos opción, debemos llegar antes del amanecer al siguiente pueblo para no llamar la atención, y el camino más corto es atravesando el bosque. Rodearlo podría llevarnos más de medio día - explicó el mayor.

- ¡Pero tú también has escuchado los rumores! ¡¿verdad?! ¡Es un suicidio entrar con esa bestia allí!

- ¡SÓLO SON ESO, RUMORES! ¡CAMINA! - ordenó con enojo y se adentraron entre los árboles.

La pequeña comenzaba a salir de su estado de conmoción, pero sin entender a qué se referían, sólo pensaba en cómo podía escapar de esa situación.

El bosque era un lugar muy oscuro, la luz de la luna apenas penetraba las copas de los enormes árboles y el silencio perturbador hacía sospechar del más mínimo ruido.

Continuaron adentrándose más y más en èl, hasta que, en un momento, un gruñido les heló la sangre. Se quedaron inmóviles, uno de ellos tomó su arma y el otro una rama gruesa para defenderse mientras podían escuchar el sonido de varias criaturas pisando las hojas secas:

se trataba de una manada de lobos negros, como la misma noche, enfrentándolos.

Esperando por quién haría el primer movimiento, los hombres idearon un plan para poder escapar:

- La usaremos de carnada... será nuestra única oportunidad para huir. Cuando te dé la orden arroja la niña a los lobos, ¿Entendido? - dijo el mayor.

El hombre más joven, que parecía poseer algo de escrúpulos, terminó por corromperse al tener que elegir entre su vida y la de la pequeña. Decidió obedecer el plan, así que jaló de la soga y tomó a la niña del brazo esperando la orden de su cómplice.

- ¿Listo?...

- ..Sí...- respondió el más joven, agitado por el miedo.

- ¡AHORA!

El ladrón presionó del brazo a la niña y la arrojó, con todas sus fuerzas, entre medio de los lobos para que estos la atacaran, pero nunca imaginaron lo que sucedió: los lobos ni se inmutaron.

- ¿Qué está sucediendo?... ¿Por qué no se mueven? ...- se preguntaron, absortos.

La pequeña, aterrorizada, logró reincorporarse del golpe por la caída y se vio entre medio de lobos que gruñían, pero ni siquiera la miraban.

En ese momento, una figura apareció detrás de ella. Parecía un ser mitad humano, mitad bestia, tenía la figura de un hombre joven, cabello negro del que sobresalían cuernos retorcidos, vestimenta oscura, sus manos eran negras con enormes garras y una prolongada cicatriz subía por su cuello hasta su rostro cubierto a medias por una máscara de cráneo, dejando ver solamente su rojizo ojo derecho.

- No... no puede ser... Es él... ¡ES LA BESTIA! - exclamó, aterrado, el hombre mayor.

En voz baja, aquel misterioso ser ordenó:

- Váyanse...

El ladrón más joven tomó del brazo a su compañero para hacerlo volver de su estado de conmoción.

- ¡Oye, reacciona! Mira, ninguna de las criaturas se mueve, quizás crea que la niña es una especie de ofrenda, es nuestra oportunidad para huir, ¡Vamos! – insistió.

Pero él ni siquiera oía la voz de su compañero, en su mente sólo podía repasar todas las leyendas que conocía sobre aquella bestia, no creía que fuese capaz de haber una mínima posibilidad de correr, así que apuntó su arma hacia la criatura y disparó tres veces.

- ¡¿QUÉ HAS HECHO?!- le reclamó su cómplice.

Los disparos impactaron directamente en el pecho de la bestia, pero, como si se tratase de una pesadilla, las balas salieron expulsadas de su cuerpo sin dejar marca alguna.

- No... No puede ser...- dijo, aterrado, aquel hombre.

Con total serenidad, la criatura extendió su brazo con el puño cerrado, luego abrió su palma de golpe y, como si se tratase de una orden, los lobos salieron corriendo, furiosos, a la caza de los ladrones.

- ¡¡¡CORRE!!! - Le gritó, desesperado, a su compañero.

Ambos hombres corrieron con todas sus fuerzas, en vano, pues la manada los alcanzó en cuestión de segundos.

La niña no podía creer lo que veía, todo parecía irreal, pero sabía que los lobos los habían asesinado, ya que sus gritos de agonía duraron sólo un instante. Cuando se dio cuenta de que había quedado a solas con aquella criatura, no pudo dejar de preguntarse qué iba a suceder con ella ahora.

Repentinamente, la bestia la observó y se arrodilló para hablarle a su misma altura:

- ¿Estás bien? ...- preguntó con voz serena.

La pequeña sentía que apenas podía hablar después de todo lo vivido, así que sólo asintió con la cabeza.

- Eres una niña humana... ¿Estás herida? ...- continuó y, con su mano, le tocó el rostro, ella quedó impactada al sentir su calor ya que la helada noche había hecho efecto en su cuerpo congelando sus mejillas.

- Ya veo... a ustedes les afecta mucho el frío, déjame ayudarte...- acabó por decir y la tomó en sus brazos dándole cobijo.

En ese momento los lobos regresaron caminando tranquilamente, como si nada hubiese sucedido.

- Pueden retirarse, yo me encargo de ella...- les dijo la bestia.

- Sí, mi señor...- respondió uno de ellos, se dieron la vuelta y retiraron.

- Vamos, debo llevarte a un pueblo humano antes de que amanezca... - explicó la criatura, a la niña, y comenzó a caminar mientras la llevaba recargada en uno de sus brazos.

La pequeña trataba de espiar, disimuladamente, el rostro de aquel ser misterioso, aunque por su máscara sólo podía distinguir el perfil de su ojo derecho que era de un brillante color rojo.

- ¿Me temes? - preguntó él, quien se había percatado de que lo observaba.

Nerviosa, respondió:

- N-No...

- Los de tu especie suelen temerle a lo que es diferente a ellos, y ese miedo los lleva a cometer actos terribles... ¿Tú qué sientes cuando me ves?...

Aún nerviosa, pero segura, ella dijo:

- Tranquilidad...

- ¿Tranquilidad?... es una respuesta curiosa... Nunca antes había podido hablar con un humano, nuestros encuentros no suelen terminar bien...

La niña no podía explicar lo que sentía, la forma en que la criatura la trataba, su voz serena al hablar y la calidez de su cuerpo la conmovían hasta las lágrimas. Por primera vez se sentía a salvo después de todo lo que había sucedido esa noche.

- Ustedes, los humanos, son criaturas extrañas... Nacen con una energía tan pura como la tuya, pero se terminan corrompiendo hasta llegar a ser como esos hombres...

- ¿Energía? ...- preguntó la pequeña.

- Si. Nosotros no nos guiamos por sus apariencias, sentimos su energía... En cuanto pusieron un pie en este bosque pude percibir la tuya y la de ellos dos... Las energías negativas alteran a las criaturas de aquí y, por experiencia, sabemos que quienes entran con ese tipo de presencia sólo traen desgracias. No puedo permitir que seres así entren aquí, debo proteger a los míos...

- Tú... ¿Comes humanos?...

- ¿Eso es lo que tu gente creé de mí?... No, yo vivo de la energía de todos los seres de aquí. Los lobos sí se alimentan de humanos a veces, pero si esos hombres se hubiesen ido en paz aún estarían con vida...

- Ya veo...

Continuaron caminando a través del profundo bosque hasta que, a lo lejos, se llegaban a ver unas luces pertenecientes al siguiente pueblo. Las estrellas comenzaban a desaparecer en la claridad del cielo, y con el amanecer se acercaba el momento de la despedida.

La criatura bajó a la niña al suelo y se arrodilló frente a ella:

- Allí está, ese es el pueblo humano más cercano... Puedo ver que has pasado por algo muy duro, pero espero que tu espíritu sea lo suficientemente fuerte para sobrellevar el camino de tu vida sin perder esa aura tan pura que tienes...

A la pequeña se le oprimió el corazón, otra vez la sensación de desamparo se apoderó de ella y sus lágrimas empezaron a caer.

- Entonces... ¿Ya no te volveré a ver? ...- preguntó entre sollozos.

- Lo siento, pero esto es lo mejor que puedo hacer por ti... Las hadas tienen prohibido caminar entre los humanos... y los humanos no pueden vivir con las hadas, pero yo siempre estaré aquí... soy el guardián...

- ¿Puedes decirme tu nombre? ...

- Sé que me llaman de muchas maneras, pero mi nombre es Redeye...

- Redeye... El mío es Fressia.

- Ya veo... así que tienes el nombre de una flor - la bestia tomó del suelo una planta al azar y, con su magia, la convirtió en una flor de fresia azulada – Toma, es para ti, es la flor que lleva tu nombre... - le ofreció.

Los ojos de la niña se iluminaron, su rostro se llenó de emoción pues nunca antes había visto algo tan hermoso, era magia pura. Con sus pequeñas manos tomó la flor y miró fijamente a Redeye, en ese instante algo se despertó dentro de ella, un nuevo sentimiento había nacido en su corazón, porque, a pesar de que la mayor parte de su rostro estaba cubierto con una máscara, su mirada dejaba ver una amabilidad que la hacía sonrojar.

- Ve, pequeña, cuídate, se fuerte...- dijo por último él y desapareció entre el dejo de oscuridad que quedaba en el bosque.

- Adiós... Redeye...- suspiró, mientras lo perdía de vista.

Así, con la flor entre sus manos, se marchó hasta aquel pueblo, sin saber qué sería de su suerte.

Llegó cuando el sol ya lo iluminaba todo y el pueblo la conoció como "Fressia, la niña de la flor".

Continuará...

Capítulo 2 CAP2

La llegada al nuevo pueblo no fue fácil para Fressia, su nombre era Fidiore y, a pesar de ser pequeño, sus calles decoradas con llamativas flores lo hacían hermoso.

La niña se propuso buscar trabajo a cambio de comida y techo, aunque era muy joven tenía experiencia en ello pues solía ocuparse de las tareas domésticas para ayudar a su padre ya que vivían solos.

Las características de Fressia llamaban sin duda la atención, no era común ver a una niña rubia de ojos azules, sola, y cuyo único equipaje eran las ropas que vestía.

Aunque les parecía adorable, la mayoría de los habitantes creía que era sospechosa y que terminaría acarreando problemas si es que estaba huyendo de algo. En su relato, la pequeña sólo se limitaba a decir que su padre había sido atacado por los lobos en el bosque y que ella logró escapar, obviando así el suceso con los ladrones y Redeye.

Había pasado todo el día caminando por el lugar buscando trabajo, pero, pese a que la ayudaron con comida, nadie le daba asilo.

Trataba de no desanimarse, ya que sabía que, aunque hubiese regresado a su hogar, no habría podido sobrevivir sola en una casa alejada de todo en la montaña.

Así, terminó de pie frente a la puerta de una humilde panadería, se dijo a sí misma que si no conseguía una respuesta positiva se marcharía al siguiente pueblo.

Colocó todas sus esperanzas en ese pequeño local y entró a preguntar.

Por dentro era un lugar reducido en espacio, pero muy acogedor, en él trabajaba un matrimonio cuyos nombres eran Louis y Ann. Ambos se sorprendieron al ver entrar a Fressia y más aún cuando esta les pidió trabajo.

Louis preguntó por qué estaba sola, la niña dio su relato y estos se compadecieron de ella.

La pareja acordó que le darían asilo:

- Está bien, puedes quedarte con nosotros, Fressia – dijo, sonriente, Louis.

- ¡Muchas gracias! Prometo compensarlo con mucho trabajo - exclamó, agradecida, la niña.

Aquel matrimonio ya tenía dos hijos, Joseph y Elena quienes la recibieron con los brazos abiertos.

De esa manera, Fressia comenzó a vivir con aquella humilde familia. No pasó mucho tiempo hasta que la sintieron una más de ellos pues, con su carisma y bondad, ganaba los corazones de todos, incluso de la gente del pueblo que al principio dudó de ella.

Ni siquiera a su nueva familia les habló sobre Redeye, sentía que, si el rumor se esparcía, la gente iría a molestarlo, así que prefirió atesorar su recuerdo para sí y conservó la flor todo el tiempo que pudo.

En la cotidianeidad de los días recorriendo las calles del pueblo, repartía el pan con sus nuevos hermanos mostrando una enorme sonrisa siempre en su rostro, despertando así el cariño de todos.

El ser generosa y servicial estaba en su naturaleza, y al tiempo no existía persona del lugar que no la conociese. Curiosamente, Fressia comenzó a demostrar un don innato para la danza, esto encantaba a la gente y la atraía al pequeño negocio, incentivándola a participar de los eventos locales.

Unos cuantos años después, la ahora ya joven de quince años, disfrutaba de una vida establecida en Fidiore y pasó a formar parte del ballet local que se presentaba cada año en el festival principal de primavera.

Aunque el pueblo era pequeño, aquella celebración resultaba conocida en todos lados por su colorido. La hospitalidad y belleza del lugar lo hacía un punto de atracción para muchos visitantes durante esa fecha, pero nadie esperaba que uno de esos visitantes fuese el destacado comerciante Vonseri.

Muchos rumores rondaban entorno a su figura, pero nadie dudaba de su poder económico, influencia y cuestionada moralidad.

Concurrió al evento como un espectador más, acompañado de uno de sus sirvientes, llegó en el preciso momento en que el número principal daba inicio. Aquel acto tenía como figura destacada a Fressia, quien bailaba de forma protagónica.

Desde el instante en que salió a escena, aquel hombre no pudo dejar de mirarla, pero no era el único, todo el público hacía un silencio respetuoso sólo para verla, era una artista completa que atraía la atención de los espectadores.

Al finalizar la actuación, los aplausos no se hicieron esperar y Vonseri comentó a su acompañante:

- Es ella. Tiene que ser la estrella de mi negocio...

Ya terminado el espectáculo, el comerciante esperaba poder encontrarla en la parte trasera del escenario, pero ella estaba celebrando con su familia, así que decidió observarla desde lejos y averiguar por el pueblo quién era Fressia.

Al día siguiente, cuando la panadería cerraba, Vonseri se presentó ante Louis.

- Buenas noches, señor Louis, mi nombre es Vonseri, ¿Podemos hablar un momento? Tengo una propuesta para usted...- dijo, quitándose el sombrero.

- Sé quién es usted. Adelante, lo invito a tomar asiento en mi local - respondió Louis, sorprendido por la presencia de aquel comerciante.

Ya dentro, y café mediante, Vonseri expuso su propuesta:

- Seré directo. Ayer tuve la oportunidad de presenciar la actuación de su hija, Fressia, en el festival. Tiene mucho talento y quiero que sea la estrella de mi local principal en Bursov.

- ¡¿Bursov?! Eso está muy lejos de aquí, y Fressia aún es una niña, nuestra familia está instalada en este lugar, no podemos dejarlo todo e irnos allá - exclamó Louis.

- Pero yo no pretendo erradicar a toda su familia, señor Louis, sólo estoy interesado en la muchacha.

- ¿Qué quiere decir?...

- Mis informantes me dijeron que esa jovencita ni siquiera es su hija, así que... ¿Por qué no me la vende? Ponga su precio, estoy seguro de que llegaremos a un acuerdo – dijo, sonriente, el comerciante.

La indignación se apoderó de Louis, no podía creer como esa persona se atrevía simplemente a presentarse ante él y decir, con total descaro, que pretendía comprar a uno de sus hijos.

- Ya había oído rumores sobre su moral, señor Vonseri, pero nunca creí que pudiese hacerme una propuesta tan desagradable. ¡Lárguese de aquí! ¡No vuelva a pasar por mi hogar! - gritó, furioso, el panadero mientras le señalaba la puerta.

Aquel hombre se puso de pie y, con mirada desafiante, advirtió:

- Se arrepentirá de no haber aceptado, señor Louis... Siempre consigo lo que quiero...- terminó, marchándose acompañado de su custodia.

Ya fuera, el custodio consultó a Vonseri:

- ¿Qué desea que hagamos, señor? ¿La raptamos?

- No, no quiero llamar la atención de los pobladores y provocar disturbios. Tengo una mejor idea. Escuché de la boca de un prestamista local que ese panadero tiene una pequeña deuda, no es mucho dinero, pero colocó como garantía su casa, esa será mi arma...- respondió a su escolta, mientras caminaban en la soledad de las calles.

A la mañana siguiente, un hombre vestido con un traje elegante se hizo presente en el local y de inmediato Louis lo reconoció.

- Usted es uno de los sirvientes de Vonseri, creí haberles dicho que no son bienvenidos aquí. Váyase - le exigió, molesto, el panadero.

- Tranquilo, señor Louis, ahora tenemos el mismo derecho que usted de estar aquí - respondió, con burla, aquel hombre.

- ¿A qué se refiere?

- El señor Vonseri se ha hecho acreedor de una deuda que usted tenía con el señor Gerald. Así que, en esta situación, ahora tiene una deuda con mi jefe.

- Es una locura, no puede ser posible.

- Es la verdad, puede comprobarlo en estos papeles.

Louis tomó los papeles y efectivamente pudo comprobar que era cierto.

- Ahora el señor Vonseri es el dueño de este local hasta que usted abone la deuda - explicó el sirviente, mientras le retiraba los documentos de las manos.

- Puedo pagarla, de todos modos, estaba a punto de cancelarla en estos días.

- No, señor Louis, está deuda no se paga con dinero...- sentenció maliciosamente.

Louis quedó petrificado, no sabía cómo responder, y él continuó:

- Mi jefe me pidió avisarle de la situación, si no abona en diez días procederá a rematar esta propiedad.

- Por favor... no pueden hacer esto...

- Entregar un esclavo como pago por una deuda es perfectamente legal, señor Louis – deslizó.

- ¡¡Pero ella no es una esclava!!

- Tampoco es su hija ante la ley. Es una desconocida que decidió darle asilo a cambio de trabajo, todos cuentan la misma historia de su llegada al pueblo.

- No es así... Fressia es mucho más.

- Le daré un consejo, señor Louis, no sacrifique el bienestar de su familia por el de una desconocida. Recuerde, tiene diez días para saldar la deuda, pasado ese plazo se procederá al remate del lugar. Hasta luego - dijo por último aquel hombre y se marchó dejando a Louis desolado, sin saber qué hacer.

Los días fueron pasando, la mente del panadero era un caos, los nervios lo consumían y comenzó a mostrar una desmejora en su salud.

Había decidido no decirle nada a su familia, creyendo que encontraría por sí mismo otra solución, pero le fue imposible. Transcurrido el sexto día del plazo, su esposa decidió preguntar qué lo afligía, ya que era evidente su deterioro físico, y no tuvo más remedio que contarle lo sucedido.

- ¡Es terrible, Louis! ¡Ese hombre es un monstruo! - exclamó, impactada, la mujer.

- Lo sé, Ann, por más vueltas que le doy no puedo encontrar una solución...

- Fressia es como una hija para nosotros, pero esta casa es lo único que tenemos. Si nos la quitan quedaremos en la calle... ¿Qué vamos a hacer?...

- No lo sé... no puedo entregar a Fressia, mi corazón no resiste esa idea - terminó la conversación Louis y se marchó a su habitación.

A la mañana siguiente se encontró con que ya no tenía fuerzas para levantarse de la cama, se sentía muy enfermo. Sus hijos no comprendían la situación, el porqué de su estado.

Cuando regresaron de la escuela, Ann le pidió a Joseph y a Fressia que fuesen a comprar medicina para su padre y estos salieron en su búsqueda.

La tarde comenzaba a caer mientras los jóvenes caminaban alejándose un poco del pueblo principal, ya que Ann les indicó ir a la cabaña de una anciana que preparaba medicinas especiales, pero esta vivía un poco retirada del poblado.

- ¿Ya estamos cerca, Joseph? ¿No nos estamos alejando demasiado? - preguntó Fressia, mientras miraba hacia atrás y apreciaba como las primeras luces de Fidiore comenzaban a encenderse.

- No, es por aquí, vamos por buen camino - respondió Joseph - Fressia ¿Tú sabes por qué papá se enfermó de repente?

- No lo sé, Joseph, se veía algo extraño hace unos días, pero ni él, ni mamá me dicen nada...

- Ya veo... Mira, Fressia, debe ser allí donde se ve una luz – señaló Joseph a lo lejos una luz que parecía ser la de una farola - ¡Vamos!

Pero, al acercarse, la joven se dio cuenta de que se trataba de una antorcha que iluminaba una carroza con dos caballos.

- Oh... Es una carroza, Joseph, nos equivocamos...- comentó Fressia, algo cansada.

De repente, la puerta se abrió y de la carroza salió Vonseri:

- ¡Ah! ¡Fressia! Al fin nos conocemos, eres aún más hermosa de cerca...- dijo, sonriente.

- ¿Quién es usted? ¿Cómo sabe mi nombre?

- Soy Vonseri y he venido a llevarte conmigo para que seas mi estrella... - extendió su mano con cinismo.

Fressia, horrorizada, tomó a Joseph del brazo y exclamó:

- ¡Vámonos, Joseph! ¡Huyamos! - pero su hermano permaneció inmóvil.

- Fressia... Papá enfermó porque este señor llegó a nuestro hogar diciendo que quería comprarte. Él se negó, pero Vonseri encontró la forma de chantajearlo comprando la deuda que teníamos con el señor Gerald, y si no la cubrimos amenazó con rematar nuestra casa...- explicó, afligido.

- Pero... ¿Qué estás diciendo?... - murmuró, incrédula.

- Dijo que, si no pagábamos la deuda en diez días, comenzaría el remate... Papá no pudo entregarte y ante la situación enfermó por la angustia... Si perdemos la casa quedaremos en la calle y no tendremos de qué vivir... Mamá me pidió que te trajese conmigo para poder entregarte y terminar con todo esto... Por favor, entiende, esto es lo único que podemos hacer...

La muchacha quedó impactada, todo comenzaba a tener sentido. Louis nunca había enfermado así y sabía que ellos la amaban mucho, pero, ante la desesperación, la gente a veces actúa maneras impensadas...

- Por favor, Fressia... tienes que entender...- continuó su hermano.

La joven soltó el brazo de Joseph y colocó su mano en el hombro de este.

- Mírame, Joseph... Está bien... lo entiendo...- dijo, mientras lo observaba con ojos tristes y compasivos.

El muchacho, quien no podía dejar de llorar, quedó helado ante la actitud de Fressia.

- Cuida de todos... Y dile a mamá que le agradezco por todo lo que me han dado... - insistió ella.

La joven se dio la vuelta y, enfrentando a Vonseri, preguntó:

- Si me voy con usted ¿De verdad perdonará la deuda?...

- Soy un hombre de negocios, pero cumplo con mi palabra, pequeña – respondió este.

Aquel sujeto sacó de su bolsillo unos papeles y se los entregó a Joseph.

- Toma, muchacho, este es el libre de deuda y la escritura de la casa, he cumplido con mi parte del trato.

El joven tomó los documentos y fue invadido por una terrible angustia, la situación era terrible.

- Esto...no puede estar sucediendo...- se decía a sí mismo, en voz baja.

En ese momento, Fressia se acercó a él y le dio un beso en la frente.

- Adiós, hermano...- se despidió.

Joseph se desplomó, cayendo de rodillas en la tierra, y se deshizo en lágrimas:

- ¡PERDÓN, FRESSIA! ¡PERDONANOS! - imploraba con su voz quebrada.

Aquel beso de despedida fue como un puñal en su corazón, ya que hubiese preferido que ella lo odiase por lo que estaba haciendo.

La muchacha subió a la carroza sin mirar atrás, sabía que si se permitía dudar un segundo podría salir corriendo y terminaría de poner en peligro a la familia que le dio tanto amor.

- ¡En marcha! - ordenó Vonseri al cochero y partieron a Bursov, mientras Fressia veía por la ventanilla como, una vez más, un ser querido quedaba atrás.

En el camino se podía ver a lo lejos el bosque y en la mente de la joven sólo había espacio para un pensamiento...

- Redeye...- suspiró por lo bajo, al mismo tiempo que una lágrima rodaba por su mejilla.

Vencer la miró de reojo y dijo:

- Has tomado la decisión correcta, niña.

- ¿Qué es lo que quiere de mí?... – preguntó con resignación.

- Ya te lo dije: tu talento. Eres un diamante en bruto, y yo me encargaré de pulirte...

Continuará...

Capítulo 3 CAP 3

Burso era el pueblo más grande de los tres que rodeaban el bosque, llegando a rivalizar casi con una ciudad.

Al llegar, el comerciante le presentó a Fressia su nuevo "hogar", se trataba de un enorme teatro, por demás elegante y, en él, ya había otras muchachas viviendo.

- A partir de mañana comenzarás con las prácticas... – le advirtió Vonseri.

Y así fue, al día siguiente, la joven se sometió a un duro entrenamiento para ser una bailarina de excelencia, logrando superarlo con fortaleza.

Su acto se volvió muy popular, ganándose así el sobrenombre de " El ángel de Bursov ".

Ya habían pasado tres años desde su llegada a ese lugar, y aunque para el público aquel teatro parecía un mundo lleno de lujo, al cerrar sus puertas mostraba su verdadera cara...

Al acabar cada función, el local se convertía en un burdel para la parte más exclusiva de la sociedad. Las bailarinas y cantantes eran ofrecidas como prostitutas o damas de compañía, todas excepto Fressia, que, debido a su popularidad, la exhibían en lujosos vestidos como objeto de deseo para aquellos hombres que asistían, pero sin entregarla a nadie.

Aquella situación despertaba los celos y el rencor de sus compañeras, provocando así que ninguna se relacionase con ella en todo ese tiempo.

Fressia había pasado esos años completamente aislada del resto. Vonseri, en su interior, presentía que ella era una muchacha con mucha fortaleza y que sólo fingía ser dócil mientras esperaba una oportunidad para escapar en algún momento, por ello la mantenía encerrada en un cuarto custodiado todo el tiempo y cuya ventana estaba enrejada. Su única compañía era un pequeño niño, huérfano, que trabajaba como sirviente, llevando la comida a los cuartos o vendiendo cigarros durante las noches.

- Con permiso, Fressia, he venido a traerte el almuerzo - dijo el niño, abriendo la puerta.

- Adelante, Joe, tú no necesitas pedir permiso para pasar, siempre eres bienvenido - dijo la joven mientras intentaba ver al exterior a través de las rejas de su ventana - ¿Sabes?... hace tanto tiempo que estoy encerrada que ya no recuerdo cómo se sentía el calor del sol... Es un alivio saber que tú no tienes que estar aquí y que puedes ir y venir, Joe...

Aquel niño era uno de los muchos admiradores de Fressia, pero el único que conocía su realidad y sentimientos. ¿Quién podría imaginar que detrás de una bailarina que daba tan increíble espectáculo se escondía la desolación de un ave enjaulada?

- Fressia... ¿Alguna vez has intentado escapar? - preguntó, entristecido.

- Soy custodiada durante todo el día, de esa forma Vonseri me hace saber que no tengo posibilidad... Aunque muchas veces sentí deseos de marcar mi rostro...

- ¡No lo hagas! La última chica que hizo eso pasó a ser prostituta de baja categoría...

- Lo sé... Otras veces sólo quise morir, pero me prometí que no me quitaría la vida antes de poder verlo una vez más...

- ¿Te refieres a Redeye?...

- Sí... Sé que en algún momento la oportunidad para escapar se presentará y no la desaprovecharé. El deseo de verlo de nuevo es lo único que me ha mantenido entera todo este tiempo...

- Cuando llegue ese momento cuenta conmigo – la alentó.

- Gracias, Joe...

Y la oportunidad se presentó, había un hombre que moría por Fressia: el joven Vincent Lafcrat. Dueño de una fortuna incalculable, estaba dispuesto a pagar lo que sea por la hermosa bailarina y tenerla para gusto personal.

Hacía más de un año que Vincent insistía por ella, pero Vonseri se resistía a perder su atracción principal.

Aquel día, Lafcrat hizo una oferta millonaria que ni siquiera el propio comerciante pudo rechazar y acordaron que, al finalizar las funciones de esa semana, Fressia se iría con él.

- Querida Fressia... en unos días vendrás conmigo. Seré tu nuevo amo, mi hermoso ángel...- dijo Lafcrat, mientras besaba la mano de la joven.

- Estaré esperando con ansias, mi señor - respondió, respetuosa, Fressia.

La delicadeza y docilidad que demostraba la muchacha hacían a Vincent sentir que valía cada centavo que pagaría por ella.

Esa noche, Joe tocó la puerta de Fressia para acercarle la cena.

- Pasa, Joe – habló ella.

- ¿Cómo estás, Fressia?, escuché que te venderán...

- Así es, esta es la oportunidad que he estado esperando y necesito de tu ayuda– deslizó, para luego explicar su plan.

- Pero... ¿Y si intentan matarte?

- Prefiero morir dando hasta mi último aliento huyendo que vivir lo que me queda dentro de las cuatro paredes de su mansión...

El día de la partida había llegado, la transacción se hizo de noche para no llamar la atención. Era invierno y comenzaba a nevar, Fressia llevaba puesto un delicado vestido blanco, botas cortas y una larga capa roja que la abrigaba.

- Hermosa, como siempre, mi ángel. Ya quiero verte usar los vestidos que he comprado para ti - dijo Vincent, mientras tomaba la mano de la muchacha para ayudarla a subir al carruaje.

- Será un placer, mi señor - respondió ella y tomó asiento a su lado.

Lafcrat dio la orden y partieron. Su destino era un país que se encontraba atravesando el mar, la carroza en la que viajaban iría hasta el puerto donde abordarían el barco privado, así que si Fressia quería escapar debía hacerlo rápido.

El viaje transcurría con tranquilidad, Bursov había quedado atrás y comenzaban a verse algunas copas de árboles a lo lejos, la nevada era constante y eso dificultaba la visión.

De repente, la carroza detuvo su marcha.

- ¿Qué ocurre? - preguntó Vincent.

- Disculpe, señor, la carroza se atascó en un pozo. Tardaré un poco en sacarla, pero necesito que desciendan para que los caballos tiren de ella sin peso – explicó el cochero.

- Esto es inaceptable –reprochó, molesto, el joven.

- No se preocupe, mi señor, de seguro que sólo será un momento - dijo Fressia, persuadiéndolo.

- Está bien, bajemos – aceptó.

Lafcrat, Fressia, un asistente y dos escoltas bajaron de la carroza. Mientras el cochero trataba de acomodar la rueda para sacarla del pozo, una piedra salió de la nada y cayó cerca de los caballos alborotándolos. En ese momento de breve distracción, Fressia emprendió su huida en dirección al bosque, aunque este estaba muy lejos.

Uno de los custodios advirtió su escape e intentó tomarla del brazo, pero la joven sacó un abrecartas que llevaba en su portaligas y le hirió la mano. El hombre quedó inmovilizado por el dolor y ella aprovechó aquello para seguir corriendo con todas sus fuerzas

- ¡Tráiganla! ¡Rápido, tras ella! pero no la lastimen ¡La quiero intacta! - ordenó Vincent a sus sirvientes mientras Fressia continuaba avanzando en el medio de la noche y la nieve.

Todo había salido según el plan gracias a Joe, quien cavó el pozo, arrojó la piedra y le consiguió el abrecartas a escondidas.

La idea de Fressia era llegar lo más cerca posible al bosque, aunque en ello se le fuese la vida. Empezaba a sentir que el cuerpo le pesaba y aún le faltaba mucho para alcanzar la meta. La nevada comenzó a intensificarse, pero aun así podía escuchar que aquellos hombres la seguían a la distancia.

« Sólo quiero verlo una vez más... no me importa morir aquí... Pero... sólo una vez más... por favor... »era el único pensamiento que pasaba por la mente de la muchacha hasta que, finalmente, su cuerpo sucumbió al agotamiento, cayendo de rodillas y sosteniéndose con sus manos apoyadas en la fría nieve.

- ...Por favor... sólo una vez más...- dijo en susurros, agitada, mientras miraba el suelo.

De repente, apareció frente a ella un lobo, era enorme y majestuoso. Su pelaje negro resaltaba por sobre la blancura de la nieve, de ojos rojos brillantes, tenía enormes cuernos y una cicatriz que atravesaba su cara hasta llegar por encima de su ojo izquierdo.

Fressia, a pesar del cansancio, lo observó impactada.

- Eres tú... ¿verdad? ...- preguntó ella.

Su corazón le hacía sentir que esa mirada de fuego ya la había visto antes, que en sus ojos podía reconocerlo.

El lobo permaneció inmóvil y ella, lentamente, comenzó a ponerse de pie con las pocas fuerzas que le quedaban, extendió su mano izquierda y la posó sobre el hocico de aquella bestia.

- Sé que eres tú, Redeye... nunca te olvidé...- insistió y lo abrazó posando su rostro junto a la enorme cabeza del lobo.

Lo miró a los ojos por última vez y se desplomó frente a él por el cansancio, cayendo inconsciente.

Los hombres, que continuaban buscándola, lograron reconocerla a lo lejos en el suelo:

- ¡Ahí está! - le gritó uno al otro, pero al acercarse vieron a la gigantesca criatura.

- Pero... ¡¿QUÉ ES ESO?!! - exclamó el custodio.

- ¡ES UN MONSTRUO! – respondió su compañero.

Repentinamente, otros lobos de tamaño normal aparecieron y corrieron a los escoltas que se fueron sin siquiera poder ver si Fressia estaba muerta o no.

La criatura observó a la joven tendida en el suelo y regresó a su forma original. Ella estaba en lo cierto, se trataba de Redeye.

Él no podía entender cómo, a pesar de tener una forma que nunca antes había visto, la muchacha pudo reconocerlo. La tomó en sus brazos y la llevó consigo.

Mientras caminaba por la inmensidad de la nieve, Redeye murmuró:

- ¿Qué te trajo hasta a mí de nuevo?...

Dejando en evidencia que, a pesar de los años, él tampoco había olvidado la energía de la niña que conoció aquella noche.

Continuará...

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