Luis Punto de Vista
Oír el tono de mi mamá era como oír una alarma. Nada podía despertarme más rápido de un sueño que su voz.
Me di la vuelta para responder cuando me di cuenta de que no estaba solo. Esperaba que para cuando me levantara, Carlos se hubiera deshecho de las jóvenes que buscamos en el club la noche anterior.
Al girarme, le di un codazo a la chica y me senté con el teléfono en la mano, pero mi madre ya había colgado. Cuando me dispuse a llamarla, zumbó un mensaje de texto en el móvil y aparecieron dos palabras en la pantalla que me pusieron en movimiento.
No jodas!
Me levanté y corrí por el pasillo hasta la habitación de Carlos, con la esperanza de que mi mejor amigo y hermano del alma actuara rápido.
Abrí la puerta y entré, antes de fijarme en su cara o en la pelirroja que estaba inclinada hacia atrás y montada en su entrepierna. Se cubrió los pechos, pero continuó balanceándose sobre él, mientras yo me detenía en seco.
-¡Está en camino! -Esas palabras pusieron a Carlos en movimiento y gruñó al tiempo que la levantaba.
-La fiesta ha terminado, Williamssa. Es hora de irse.
-Pero tú ni siquiera te has corrido -gimoteó en protesta y arrastró las nalgas hasta el salón, donde estaba su amiga que había llegado alarmada por el alboroto.
Carlos se vestía al tiempo que corría por el salón, a mi lado, como dos soldados preparándose para la inspección.
Las chicas se dirigieron hacia la puerta y la pelirroja se giró para mirarme, desde el otro lado de la habitación.
-Llámame -pidió con una sonrisa.
Sacudí la cabeza en respuesta y las conduje hacia la puerta para que terminaran de irse, pero no sirvió de nada que nos diéramos tanta prisa porque al abrir, se cruzaron con mi mamá.
-Si continúa este tipo de comportamiento, haré que se muden los dos de nuevo a la casa principal. Ya no eres un niño, Luis. -Miró a Carlos que se abrochaba la camisa.
Yo llevaba en la mano la misma camiseta que había usado la noche anterior. La miré y vi que estaba arrugada, además, no estaba seguro de no haberla usado para limpiarme cuando me corrí. La revisé mejor para ver si estaba sucia y me di cuenta de que la mancha la llevaría mi mesonera sexy en la suya. Menos mal.
-Tú tampoco eres un chiquillo, Carlos. -Mi madre regañó a mi amigo y luego regresó a mí.
Al ser su hijo, sabía que recibiría la mayor parte de la bronca, con sus respectivas opiniones y las más grandes expectativas.
-Solo fuimos al club y conocimos a algunas señoritas -defendí mi derecho a salir de marcha con mujeres, como tantas otras veces en mi vida.
-Esas strippers no eran damas -ladró.
-Eran mesoneras -intervino Carlos como si eso ayudara.
Ella sacudió la cabeza.
-He permitido que actúes como un sinvergüenza desde la muerte de tu padre, porque sé que es una forma de liberar las emociones; pero ha llegado el momento de sentar cabeza y, preferiblemente, con alguien que no lleve una etiqueta con su nombre.
-Dios no quiera que termine con alguien por debajo de mi posición e ingresos. Como si el mundo estuviera lleno de multimillonarias. -Siempre despreciaba a mis amigas.
-No voy a quedarme sentada mientras una de esas zorras vulgares se te acerca por tu dinero. Conoces a muchas chicas buenas, de familias ricas, que no son buscadoras de oro ni quieren mamar de la teta de la familia Williams.
Carlos se rió de la palabra y le di un codazo.
-Lo siento, no sabía que había una teta -murmuró.
Sacudí la cabeza mientras mi madre hablaba de cómo iban a cambiar las cosas.
-He decidido organizar otra gala. Ha pasado un tiempo y me gustaría centrarme en la generación más joven, así que enviaré las invitaciones correspondientes.
Sentí que la sangre me hervía.
Gabriela era conocida por organizar grandiosos eventos antes de que muriera mi padre. Normalmente se anunciaban en la prensa y le servía para encontrar un nuevo amante, que es lo que había ocurrido a lo largo de los años. Sabía de lo que hablaba, pero no me parecía el momento adecuado y, sobre todo, lo consideraba un desperdicio de dinero. No necesitaba que me usara como excusa para hacer su pesca habitual.
-¿Consideras apropiado hacer un evento de lujo? Ni siquiera han pasado dos años completos de la muerte de mi padre. ¿No crees que podrías darle más tiempo? -Mantuve el tono calmado, pero ella no lo hizo.
-¿Te atreves a hablarme de lo que es adecuado, cuando has estado trayendo mujeres como si esto fuera una casa de huéspedes con una puerta giratoria? Yo decidiré lo que es apropiado.
Entorné los ojos y al mirarla me encontré con los suyos, igual de feroces.
-Siempre lo has hecho, Gabriela. -Llamarla por su nombre de pila, en lugar de utilizar un apelativo cariñoso o maternal, era como tirarle agua helada a la cara.
Se paró frente a mí e irguió los hombros.
-La gala se hará -aseveró con fuerza-. Te sugiero que aproveches el evento para encontrar una buena chica y, sobre todo, que cambies tus costumbres antes de que dejes preñada a una basura de mesonera y manches el apellido de la familia.
-No lo sé, Gabriela, tu sucia reputación no lo echó a perder.
Carlos se puso rígido a mi lado y los hombros de mi madre descendieron, aunque mantuvo la cabeza en alto. Había tenido una vida complicada y pasó su adolescencia rebelándose contra una madre déspota, solo para abrirse camino en el negocio de la música como productora.
-Quiero lo mejor para ti. Yo tuve que buscarme la vida sin ayuda de nadie. Sin embargo, tú tienes una oportunidad, no la desprecies.
Se dio la vuelta y se alejó furiosa, con los tacones golpeando el suelo como si fuera un soldado.
-Vaya, ha sido brutal, ¿no crees? -advirtió Carlos, dándome a entender que me había pasado con Gabriela.
Creía que mi amigo estaría orgulloso, ya que era el maestro de los insultos y no se impresionaba con nada, pero tenía debilidad por mi madre. Ella lo acogió cuando era un niño y su padre murió en un accidente de avión, junto con el resto de su banda. Nunca conoció a su madre y Gabriela había ocupado ese papel hasta el punto de ganarse su respeto.
-Siempre estás de su lado. -Me di la vuelta y fui al sofá donde me senté, metiendo la cabeza entre las manos y los codos apoyados en las rodillas.
-Es una fiesta. Hasta tú sabes que las galas siempre atraen a las damas y esta es para ti. Oye, podemos convencerla de que organice una de esas cosas de disfraces, contratas a alguien que se haga pasar por ti y podrás marcharte sin que nadie se entere. -Se sirvió un trago del bar, mientras yo me sentaba derecho.
-No es mala idea. Si todos usan máscaras, no sabrá a quién he invitado.
Bebió su bebida de un trago y se paró frente a mí.
-Solo estaba bromeando. Esas fiestas son el sueño húmedo de cualquier adolescente; cuentos de hadas, magia y la excusa perfecta para lucir un vaporoso vestido. Ya es suficiente incordio tener que llevar esmoquin para aguantar todo lo demás.
-Sí, pero lo haremos de todos modos. Con Gabriela empeñada en que conozca a la chica de mis sueños, me gustaría que la lista de invitados fuera algo más que zorras ricas y muchachos mocosos con fideicomisos. Quiero conocer a una chica de verdad, una que no se eche a perder por la riqueza, que tenga una vida sencilla con pasatiempos normales y un trabajo. Ya sabes, con cerebro.
Carlos se rió.
-Buena suerte con eso, vale. Sabes que tu madre enviará las invitaciones oficiales. Nadie podrá entrar sin una.
Tenía razón. Ella siempre ponía especial cuidado en asegurarse de que la lista de invitados fuera de lo más selecta.
-Por eso me vas a ayudar a enviar duplicados de las nuestras. Conseguiremos que la misma empresa imprima invitaciones extras y las repartiremos por toda la ciudad. Todos traerán un acompañante y nos aseguraremos de decirles que vengan con una amiga.
-Gabriela te va a matar cuando las olfatee en el evento. Ella puede oler el perfume barato a una milla de distancia.
-Eso es porque ella creció usándolo. La única razón por la que no quiere que termine con alguien real, cuyos padres no están en nuestra clase social, es porque tiene miedo de que la chica le recuerde su juventud.
-¿Hablas en serio? Seguro que hay una chica con dinero y el suficiente cerebro para tener un hobby, además de ser lujuriosa en la cama y poder hacer feliz a tu madre.
-Hemos pasado más veces por todo eso y no la he conocido. Tengo que intentarlo. Entonces, ¿estás conmigo o no? Quién sabe, puede que tú también encuentres una buena chica. -Sonreí de forma pícara, pero él sacudió la cabeza.
-Una buena chica -repitió-. No me importa si es una zorra rica o no, quiero una con grandes tetas que me deje cogerla por las nalgas cuando me apetezca y si son dos iguales, mejor.
-Tu fantasía de gemelas se queda anticuada, pero estoy seguro de que te gustaría que las hermanas Red figuraran en la lista de invitados.
Carlos estaba encaprichado con ellas desde hacía seis meses, cuando se enrolló con Mariel, la más rara de las dos. No sabía qué le había hecho, pero había llamado su atención y desde entonces parecía obsesionado por verla.
-Aunque no vengan, me apunto a perseguir a las otras contigo.
Se inclinó hacia adelante, extendió su mano y se la estreché con la mía. Si lo conseguía, esta gala sería la última y le mostraría a mi madre que no podía controlarme. Mi vida era mía.
Helen Punto de Vista
Aunque el hogar de la familia Red era una enorme mansión, decorada en tonos cálidos, con lujosos muebles y estallidos de color, todavía parecía una fría cueva de piedra. Era como si las gemelas poseyeran una fuerza que absorbiera la vida, como si robara el aire y la luz del lugar. Ni siquiera tenían que estar en la misma habitación conmigo para hacerme sentir así. Daba la sensación de que su energía contaminaba la casa constantemente.
En los dos últimos meses me había cansado de trabajar para ellos. Necesitaba ganar lo suficiente para encontrar mi propio sitio, pero por ahora tendría que aguantar un poco más. Al menos el viaje al trabajo era fácil. Me levantaba todas las mañanas y ya estaba en mi destino, aunque preferiría conducir a través del país que vivir con las gemelas.
Iba de camino a la habitación de invitados cuando pasé junto a Scott Red en el rellano del primer piso. En ese momento, se me cayó un anillo del dedo, golpeó el suelo de baldosas con un tintineo y rodó hasta detenerse a sus pies.
-¡Uy! -Se agachó, lo tomó en su mano y me lo entregó. Sus ojos brillantes y azules, casualmente del mismo tono claro que los míos, me miraron y me asombró que su rostro se iluminara. No resultaría llamativo si no se tratara del legendario rockero que había recibido esa mirada de millones de personas en su vida. Sacudió la cabeza y pareció volver de su aturdimiento. -Te pareces a tu madre cuando tenía tu edad. Todavía me cuesta creer que se haya ido.
Nunca le había oído hablar tantas palabras a la vez, especialmente sobre mi madre, y me tomó por sorpresa.
-Sí, a mí también me da la impresión de que fuera a verla entrar en cualquier momento. -Su enfermedad avanzó tan deprisa que no nos dio tiempo a aceptarla, antes de que el cáncer se la llevara.
Hizo un gesto y señaló el anillo con la cabeza.
-Es una pieza inusual.
Era de oro y plata y mi madre me lo dio poco antes de su muerte.
-Sí, es una pieza reformada que hizo con dos anillos diferentes. Dijo que era especial, pero no me explicó por qué. Tengo que arreglarlo para que me ajusten mejor, pero desde que perdí la casa no estoy segura de dónde colocar el instrumental.
-¿También haces joyas? -Se cruzó de brazos y pareció sorprenderse.
-Aprendí de lo mejor, me enseñó todos sus trucos.
Compartimos una risa y se acercó un poco más.
-Deberías bajar a cenar. -Me tomó del brazo con delicadeza, mientras una voz sonaba detrás de mí.
-Es una idea maravillosa. -Carmen se acercó y enlazó su brazo en el suyo y se unió a nosotros para bajar-. Somos casi familia y eres bienvenida a nuestra mesa en cualquier momento. Pensé que lo sabías, ya que vives con nosotros.
Se encogió de hombros y se alejó, entrando en el comedor delante de nosotros.
Las gemelas fruncieron el ceño cuando entré del brazo de su padre y me senté al lado de Mariel que jugaba con su teléfono. Sadie tomó asiento con la misma cara imperturbable de siempre, como si el mundo pudiera estallar en llamas y a ella le diera igual. Ninguna dijo una palabra de inmediato.
Scott se colocó en la cabecera de la mesa y luego Millie entró para hacerlo en el extremo opuesto. Carmen se sentó junto a Scott y esperó mientras se servía la cena. Sonreía, aunque estaba claro que no lo hacía por mí. Nos llevábamos bien, pero yo sabía cuál era mi lugar y tenía la sensación de que no me quería en su mesa.
Mariel no dejaba de reírse, como si los mensajes de texto que estaba recibiendo fueran los mejores chistes del mundo. Se inclinó hacia mí cuando colocaban una porción de lasaña en mi plato y me mostró la pantalla de su teléfono. Al mirarla, vi la imagen con la que ella esperaba sorprenderme: unos largos dedos masculinos sostenían un pene completamente erecto. Tuve que admitir que el tamaño era impresionante, pero la preocupación de Mariel por sorprenderme era excesiva.
Miré a las gemelas y se rieron hasta que su madre las regañó. Quien nos viera pensaría que teníamos doce años y estábamos sentadas en clase.
-Tengo una pequeña sorpresa para vosotras, chicas. -Se aclaró la garganta, esperando que todos la miráramos. Sabía que no debía pensar que me incluía, así que seguí comiendo mientras las gemelas parecían reacias a prestarle atención. Helen levantó un sobre y lo agitó. -Hace un rato ha llegado esto en el correo.
Era evidente que la tarjeta del interior se trataba de una invitación formal. Eché un vistazo al grueso cartón con letras doradas en relieve donde destacaba una corona y la letra W.
-Es de la familia Williams, como anfitriones de su gala anual. Una buena fuente, a través del club, me ha informado de que Gabriela Williams quiere destinar la fiesta para conseguirle una novia a Luis. Al parecer, está lista para que su hijo se case.
Scott se aclaró la garganta.
-Le deseo buena suerte. No se puede arrear a la gente como si fuera ganado y esperar que ocurra un milagro. Sería mejor que le dejara ser un hombre y encontrara a su novia a la antigua usanza.
-¿Y qué manera es esa, querido? -Carmen parecía divertida, pero Scott se encogió de hombros y bebió un trago de vino antes de continuar con su cena.
Millie se aclaró la garganta.
-No todo el mundo es un fanático, hijo.
Me tragué un trozo de lasaña y desvié la mirada mientras tomaba un poco de vino para pasarlo.
-¿Mamá era una fanática? -Mariel hizo un cariño a su padre, pero Carmen se había puesto muy seria.
-Difícilmente me llamaría a mí misma una groupie. Era muy fan, pero lo conocí a través de Aline. -Alcé la cabeza cuando Carmen mencionó el nombre de mi madre-. Supongo que podríamos decir que Helen era una groupie, ¿no es así, querido? La conociste entre bastidores en uno de tus conciertos, ¿verdad?
Scott me lanzó una mirada de disculpa y luego aclaró.
-En realidad, no. La conocí una mañana, en una cafetería, cuando se averió nuestro autobús de la gira a las afueras de la ciudad.
-Estoy seguro de que es una historia encantadora, querido. -Lo cortó y se inclinó sobre la mesa-. No hagamos que nuestra invitada se sienta incómoda.
Tuve la impresión de que Helen estaba mucho más incómoda con el tema de mi madre que él.
-No tenía ni idea de que conocías a mi madre antes de conocer a Carmen. -Sonreí a Scott-. Me encantaría que me lo contaras en otro momento.
Carmen me miró como si pretendiera lanzarme dagas por los ojos y después a Millie, que sonreía como si estuviera satisfecha.
-Sí, en otro momento -dio la conversación por terminada y miró a sus hijas-. Las chicas tenemos una gala de la que hablar. Estoy segura de que quieren ir. Luis Williams es un buen partido desde la muerte de su padre. He oído que su patrimonio entero vale más de tres mil millones de dólares en la actualidad y no deja de crecer.
Scott silbó.
-Es mucho dinero para un joven. -Luego se giró para mirarme-. Deberías ir a esa fiesta, Helen. Te vendría bien un poco de diversión.
Las gemelas dejaron lo que estaban haciendo y se giraron en sus sillas. Carmen se apresuró a intervenir para dejar clara su negativa.
-Estoy segura de que la invitación no es extensiva.
Crucé las manos en mi regazo con gesto nervioso, sin saber qué decir, mientras gotitas de sudor comenzaban a brotarme por la nuca.
Esta vez, Carmen lanzó sus dagas en dirección a su marido.
-Bueno, la invitación va dirigida específicamente a las gemelas -aclaró para zanjar el tema.
-Tonterías, es una fiesta. Cuanta más gente vaya será más divertida. Estoy seguro de que solicitan la confirmación de asistencia y si se irá con acompañante. -Tomó la tarjeta de las manos de Carmen y asintió señalando algo-. Sí, aquí está. Además, por eso la contratamos, ¿no? Como las chicas siempre se meten en problemas, no les vendrá mal tener a Helen cerca para supervisarlas, además, no solo es su asistente en los viajes de negocios.
-¿Hablas en serio, papá? No necesitamos una niñera. Ya tenemos más de veintiún años. -Sadie entornó los ojos con aspecto angelical, aunque su labio arqueado hacia arriba la hacía parecer un perro salvaje, listo para morder.
-No creo que pase nada malo. A Helen le encantará la fiesta y será bueno que conozca gente.
Mariel miró a su hermana e intercambiaron una mirada traviesa.
-Gracias por la sugerencia, papá. -Llevó el vaso de vino a los labios y me miró con una sonrisa tan grande que pude ver el destello de sus dientes.
No se me ocurrió qué decir, así que sonreí también.
-Sí, gracias, parece divertido.
Al desviar los ojos me topé con la mirada de disculpa de Millie y supe que iba a ir a la gala me gustara o no.
Luis Punto de Vista
Carlos y yo habíamos conseguido la invitación oficial de la gala y teníamos duplicados hechos por el autor original para poder repartirlos a nuestro antojo. Mientras paseábamos por nuestro local nocturno favorito, él ya había entregado todos los sobres y a mí solo me quedaban unos pocos. Los estaba guardando para las chicas del club de campo, pero mi plan estaba en marcha.
Estábamos sentados la zona vip y enseguida me fijé en una de las mesoneras que había llamado mi atención por su impresionante escote.
Carlos me dio un codazo y se inclinó para hablarme con una sonrisa inmensa.
-Mira quién está aquí. -Su voz sonó entusiasmada, mientras señalaba a las chicas que se acercaban.
Enseguida reparé en dos pares de piernas y unas tetas capaces de volver loco a un hombre. Las gemelas Red eran unas hembras calientes, no hay duda de ello, pero sus formas ásperas me espantaban desde que las conocí, dos años atrás.
Mariel era la más hermosa de las dos. Llevaba una estrella diminuta tatuada en la mejilla que, al parecer, se hizo durante la primera temporada de su reality show. Tenía el pelo negro y las puntas estaban teñidas de color azul, como si se tratara de su marca registrada. Se paró delante de Carlos pero recorrió mi cuerpo con los ojos.
Sadie hizo lo mismo y luego se sentó a mi lado, mientras su hermana se inclinaba sobre Carlos, prácticamente tumbada en su regazo.
-Recibimos tu invitación -dijo Mariel, mientras llegaba una tercera chica a la mesa. Era rubia, de aspecto sencillo, y buscaba alrededor con gesto nervioso, como si se sintiera fuera de su elemento. Cuando Mariel volvió a hablar, dejé de prestarle atención-. No puedo esperar a que comience la gala, supongo que me guardaréis un baile -dijo mirándonos a los dos.
Sadie se inclinó hacia a mí como si fuera a devorarme de un bocado.
-Me gustaría que me dieras algo más que un baile. -Su declaración resultó toda una oferta. Al moverse tan cerca ofreció una vista generosa de la parte delantera de su vestido.
Era evidente que no llevaba nada debajo de la fina tela de seda que apretujaba sus perfectas tetas.
Colocó una mano en mi muslo y la deslizó peligrosamente cerca de la entrepierna. Ya imaginaba que pasaría algo así cuando las vi aparecer.
Su hermana no se quedó atrás y, aunque se inclinó sobre el regazo de Carlos, se me ofreció con voz sensual.
-Estoy segura de que tienes para las dos.
-¿Así que todos esos rumores son ciertos? -preguntó Carlos, sin liberar la cintura de Mariel que en ese momento se inclinó sobre él.
Le pasó la mano por los pantalones y la movió sobre su entrepierna
-Tú también puedes participar, Carlos. -Ambas se rieron cuando la mano de Sadie repitió el mismo gesto conmigo y se acercó para hablarme al oído-. Lo pasaríamos muy bien.
Tenía el mismo pelo negro que Mariel, solo que el suyo no estaba tintado de azul, y tampoco llevaba un tatuaje con una estrella. Era la más natural de las dos, aunque su expresión dura la convertía en una mujer exótica y peligrosa, como si pudiera matarte con una de sus frías miradas.
Alzó la cara, se giró hacia su gemela y le echó un brazo al cuello para atraerla hacia ella.
-A lo mejor les apetece vernos jugar, hermana. -Lamió la mejilla de Mariel con un golpe largo y lento; luego se miraron y se dieron un beso rápido en los labios.
En ese momento, la rubia torpe se atragantó con su bebida, la dejó sobre la mesa mientras tosía y la derramó. Sucedió tan rápido que el líquido corrió a través de la mesa y se deslizó hasta mis pantalones y la parte superior de Mariel.
-¡Estúpida! ¡Idiota! -Sadie la miró con censura, mientras su hermana se incorporaba.
La chica seguía tosiendo y yo aparté a Sadie de mi lado para levantarme.
Al ver que me marchaba para limpiarme, Carlos me siguió.
-¿Vas a aceptar la oferta? -Al principio, pensé que le molestaría que me incluyeran, pero las deseaba de cualquier manera. -Amigo, tienes que probarlo.
-Pensé que las querías para ti solo. Regresa allí y acepta la proposición. Por mí, pueden irse a casa con su niñera. -Pasé al baño y me crucé con un par de niños cursis que estaban allí compartiendo éxitos.
-Tío, no eres divertido -gruñó Carlos-. Como si no hubiéramos compartido antes. Si sigues así, acabarás con alguien como esa chica torpe. Qué desastre. -Fingí que estaba de acuerdo, mientras me limpiaba los pantalones.
-Esas dos no son mi prioridad. Además, son muy jóvenes.
Habían cumplido veintiún años unos meses atrás y lo sabía porque celebraron una gran fiesta. Allí fue donde Carlos se cogió a Mariel.
-No encontrarás maravillas más grandes en la cama, amigo mío. No me importa su edad, no son adolescentes y es legal a su edad. ¿Qué más puedo pedir? Hazme el favor, ven con nosotros y nunca más te pediré nada.
-Eso dices siempre, pero ni siquiera mi madre querría verme con una de ellas, mucho menos con las dos. Tienen mala prensa y sus vidas están documentadas en ese maldito reality show. Me sorprende que esa mierda siga en el aire.
-No son tan malas. -Carlos permitía que la promesa de una buena sesión de sexo le nublara el juicio, pero yo no iba a caer en eso.
Además, no estamos tan necesitados en ese sentido.
-Por última vez, no. La gala es dentro de una semana y quiero concentrarme en conocer a alguien que me guste. Si me pillan con las gemelas, ninguna chica decente se acercará a menos de un metro de distancia, con o sin millones de dólares.
-De todas formas, las que te conozcan estarán al tanto de tus miles de millones. ¿Cómo sabrás que no es eso lo que buscan?
-Lo sabré en mi interior. Esa chica será real, sin que haya sido salpicada por el glamour y sin interés por mi fortuna. Solo querrá conocerme a mí, ¿comprendes? Me he dado cuenta de que eso es lo que necesito. Todas están tan pendientes de mi dinero que lo único que buscan es que lo gaste en ellas. La mitad de las mujeres con las que he salido ni siquiera saben mi segundo nombre.
-Bueno, es un nombre de estudiante; te interesa que no salga a flote, Bernard. -Carlos soltó una carcajada y lo miré dándole a entender que yo también podía burlarme de su nombre y su origen.
-Ese comentario es un poco hipócrita, viniendo de alguien que se llama como un globo aerostático.
-Me pusieron ese nombre por la banda favorita de mi padre, una de las más grandes de todos los tiempos, jódete tío -replicó mientras salíamos del baño.
Le indiqué que buscáramos una nueva mesa, ya que la nuestra tenía nuevos ocupantes, y nos sentamos en la primera que vimos disponible.
Se acercó una camarera y al verla me di cuenta de que me había acostado con ella hacía unos meses.
-¿Puedo ofrecerte algo? -Miró a Carlos y le sonrió.
-Una cerveza, por favor -pedí, mientras la miraba de arriba abajo.
No pude evitar recordar sus largas piernas alrededor de mi culo desnudo, mientras la penetraba.
–-Claro, cariño. Te traeré tu cerveza con la misma prisa que me llamaste después del sexo que tuvimos. -Se alejó con gesto altivo y tuve que reconocer que llevaba razón.
Cualquier otra se sentiría igual de insultada, pero no me lo habría dicho tan claro.
-Me encanta esta mujer. -Carlos se rió a carcajadas hasta que se giraron varias cabezas para mirarnos.
-Ella es buena, deberías probarla.
Hizo un gesto con la cara para indicarme que podría hacerlo.
-Hace un rato le di una invitación para la gala y, por la forma en la que se desenvuelve, las cosas podrían ponerse interesantes.
En ese momento, vimos correr por delante de nosotros a la rubia que había derramado su bebida. Iba en dirección al baño y, a juzgar por las prisas, parecía que se había manchado de nuevo. Llevaba la parte delantera de la blusa empapada y aprecié lágrimas en sus mejillas al pasar.
Carlos frunció los labios y me dio un codazo.
-Pobrecita, estoy seguro de que Mariel y Sadie se la comerán viva.
Sin mirar a la pobre criatura, busqué en la dirección opuesta.