Gia.
Fui elegida para ser parte del staff del grupo de bailarines Pavel, y todo es gracias a mi mentor, el fotógrafo profesional conocido mundialmente como Lev.
Conocí a Lev en mi ciudad natal, Nueva York, en una conferencia sobre la revolución de la IA. Él estaba presente como invitado, me acerqué a saludarlo, y luego de ello me pidió tomar algunas fotos con los colaboradores en el escenario. Le gustó mi trabajo, y aunque parezca de ensueño, desde ese momento me adoptó.
Agradezco trabajar con él, pero este proyecto ha sido maravilloso. He viajado a diferentes ciudades del mundo, siguiendo de un lado a otro a cada bailarín, tomando fotos excepcionales.
Hoy es el último día de la gira, y la harán aquí, en Rusia, país de origen de los bailarines y de Lev. No es mi primera vez en Rusia, así que me he ido adaptando al ambiente algo frío pero misterioso que, en ocasiones, me hace sentir como si hay algo importante aquí para mí.
Y sé que es momento de que busque algún rumbo fijo en mi vida, ya que soy una mujer de veinticinco años, nómada por naturaleza. No tengo un grupo de amigos extenso, y tampoco una gran experiencia amorosa que contar.
Con el pensamiento de uno de mis ex en mente, Lev y yo bajamos de su auto para caminar hacia el teatro Bolshói. El vigilante nos deja entrar sin problema y luego me encuentro con el equipo tras bambalinas.
De inmediato hago una evaluación de todo el equipo asegurándome de que todos estén presentes para la foto antes de salir al escenario. Una vez que tomo las fotos, voy a la zona VIP. Luego los telones se abren y los bailarines salen a dar lo mejor, y con ello, mi cámara los capta, en cada paso, sonrisa y movimiento.
La emoción se apodera de mí cuando terminan porque ha sido una hermosa experiencia, así que algunos de ellos me abrazan agradeciendo mi apoyo.
-¿Lev te invitó al After Party? -cuestiona una de las bailarinas, y entonces niego.
Sé que siempre hay una celebración al terminar cada show y este será importante, pero la verdad es que solo he ido a dos como mucho ya que me gusta hacer el proceso de edición de las fotos en la noche, cuando el silencio me abraza ya que me concentro mejor.
-¿Vas a la fiesta o vas a casa? -cuestiona Lev, rodeando mis hombros como siempre.
-Voy a regresar, quiero editar esto lo más pronto posible.
-Por eso ni me molesté en invitarte -dice rodando los ojos, pero con diversión. Su mano va a mi mentón para darle un apretón y agrega: -¿Sabes qué? Iré a casa contigo, no le dirás que no a una copa de vino, ¿o sí?
Sacudo la cabeza, riendo. Este hombre ama el vino y yo no puedo negarme. Entonces nos despedimos de todos y subimos a su auto. En el camino hablamos sobre el show, y el hecho de que ahora tengo una muy buena cantidad de dinero en mi cuenta bancaria.
-No por favor, no presiones con eso -le pido, recostando la cabeza en el asiento del auto.
Él quiere que abra mi propio estudio fotográfico pero la verdad es que es algo difícil para mí. No quiero volver a Nueva York que realmente es el lugar donde más contactos propios en la industria tengo. Pero tampoco quiero irme a otro lugar desconocido sin ninguna influencia.
-Sé lo que estás pensando, y cariño... Parece que vives en otro mundo. ¿Quién crees que es tu mentor? Yo puedo hacer todo posible para ti. Ahora que has trabajado con Pavel los contratos te lloverán, lo sé. Aprovéchalo, te recomendé porque tienes talento, y lo mereces.
Sus palabras llegan a mi corazón, como siempre, así que mi mano va hasta su antebrazo para darle una caricia con cariño. Luego lo veo a la cara unos segundos y sonrío.
Lev además de ser mi mentor, realmente es como un padre para mí. Sé que si no fuera porque es abiertamente gay, todos pensaran que soy una caza fortunas, aunque realmente la fortuna se ha puesto de mi lado al conocerlo.
Lev no tiene una familia unida, como la mía, ya que desde que se declaró gay sus hijos y toda su familia lo alejaron. Pues parece que la cultura de los rusos es muy estricta, y bueno, él decidió ser valiente y romper los esquemas.
Veo por la ventana el cielo estrellado, la fría brisa pega en mi cara y suspiro pensando en si debería considerar abrir mi estudio aquí.
Estoy mirando luego hacia la carretera, ya casi rumbo a la avenida que lleva a su gótica mansión, cuando de repente, dos motocicletas se atraviesan en nuestro camino. Es extraño porque nunca había visto motocicletas en este camino, así que miro a Lev, el cual va a la izquierda para evitarlos; no obstante, otras dos motos aparecen, deteniendo de forma abrupta el auto.
Mi corazón se acelera cuando los motociclistas se quitan el casco, llevan pasamontañas, pero lo que me asusta son las armas que apuntan hacia el parabrisas mientras estos hombres gritan palabras en ruso.
-No salgas del auto, quédate aquí -me advierte Lev, con un coraje y valentía que no comparto.
-No, no, no salgas, ¡Lev!
Mis piernas parecen gelatina cuando lo veo bajar. Las luces del auto apuntan el camino, uno de los motociclistas va hacia mi ventana señalando y Lev me ve para luego decirle algo a ellos. Es inentendible ya que no conozco el idioma, pero puedo darme cuenta que no es nada bueno.
Me llevo las manos a la boca para detener el grito cuando el cuerpo de Lev es pegado al capó del auto bruscamente. Uno de los hombres revisa sus bolsillos. Luego dos de ellos lo llevan hacia el lado del conductor, y en cuanto la cabeza de Lev se asoma a la puerta con los tipos obligándolo a buscar algo, no puedo evitar sollozar, aterrada.
-Es solo un robo, cariño. No te harán nada, me quieren a mí...
-P-Pero... Lev...
Uno de los hombres me apunta con el arma desde afuera y luego soy obligada a salir. Lev grita para que me suelten pero el hombre me aprisiona por la cintura y yo estoy demasiado débil para hacer algo.
Es sin duda una de las situaciones más aterradoras de mi vida, y eso que he vivido demasiadas.
Dos hombres más revisan el auto sacando todo lo que encuentran, incluso mi cámara, por la que sollozo. Pero luego Lev parece darse cuenta de algo ya que comienza a hablar hacia uno de los hombres con mucha rabia. Al hombre no le gusta lo que dice porque se acerca para golpear su cara, pero Lev se suelta de quien lo sostiene, forcejea con el que parece el jefe del grupo, y antes de que pueda verlo venir, un disparo se escucha, y un jadeo tembloroso se escapa de la boca de Lev mientras su cuerpo cae el suelo.
Los hombres se ven entre ellos, y el que me sostiene me suelta, dejándome caer al suelo. Los escucho irse mientras se gritan entre sí y entonces me arrastro hasta Lev, temblando y sollozando viendo cómo la sangre brota de su boca.
-L-Lev... No... Por favor no... No te vayas, no...
Mi mentor, mi amigo, ve mis ojos e intenta hablar, pero la vida de sus ojos desaparece y entonces sé que he perdido a la única persona que realmente me ha querido de verdad.
Gia.
Las siguientes horas después del trágico evento son un borrón. De alguna manera paré en el hospital, la policía hizo preguntas pero tuvieron que buscar a un traductor. Fue entonces cuando recordé que mi cámara y teléfono tienen GPS, y al dar los códigos, se pusieron a trabajar en la ubicación de los maleantes.
Pero era real. No era una pesadilla. Al ser la única persona allegada a Lev tuve que verlo en esa horrorosa mesa de metal, identificando su cuerpo como si no hubiera presenciado su homicidio. Todo ha ocurrido por un simple robo, pero había sido emboscado, eso sin duda.
Ahora estoy en una sala de la policía, con la traductora cuestionando todo el tiempo si tengo algún lugar a donde ir. Le respondo que me quedo en la mansión de Lev pero volver allí sin él se siente terrible, así que pronto estoy llorando de nuevo.
Mis lágrimas se detienen cuando un hombre llega a la sala y pide hablar a solas diciendo que es el abogado de Lev, lo cual me desconcierta.
-Primero que todo, lamento su perdida señorita Norwood. Sé sobre la relación que tenía con mi cliente y es terrible lo que ha vivido -expresa así que le doy un asentimiento. Él se aclara la garganta mientras se sienta a mi lado y abre su maletín-. Señorita Norwood, hace unos meses mi cliente mandó a redactar su testamento...
Eso me deja sorprendida.
-¿P-Por qué? Él no estaba enfermo, no debía...
No puedo hablar más porque el nudo llega a mi garganta. Lev solo tenía cincuenta años, era joven aún, en buena salud.
-Señorita Norwood, solo cumplo con mi trabajo. En este testamento, el señor Stanislav dejó algo muy en claro en caso de que algo le ocurriera; todos sus bienes deben ser entregados a usted...
Mi corazón recibe un impacto. No puedo creerlo. Debe ser una broma.
-No... Yo... ¿P-Por qué?
El abogado se alza de hombros, luego parece entender mi situación y suspira.
-Tengo entendido que nadie de su familia lo quería así que, no es de extrañarse que le quisiera heredar todo a usted -expresa, pero estoy demasiado sorprendida para hablar-. Sus dos autos, sus dos mansiones, su galería, sus alianzas y todo lo que hay en sus cuentas bancarias en el extranjero. Todo es suyo. Solo tiene que firmar aquí, darme una copia de su cedula y yo me encargaré de todo lo demás...
Todavía no he salido de mi asombro cuando veo pasar por la ventana de vidrio a unos hombres vestidos de negro, parecidos a los motociclistas. Me levanto, ansiosa, pero el abogado me detiene antes de salir, mencionando que deje todo en manos de la justicia.
Al menos me da algo de paz saber que tendrán su merecido.
-Lo siento, abogado... Yo no...
-Solo piénselo, ¿sí? Si no firma estos bienes van al gobierno, no querrá regalarles todo su trabajo a personas que no tienen que ver en su arte, ¿o sí?
Entiendo su punto pero no es fácil para mí. Sin saber qué hacer le pido que salgamos de aquí. Él es lo suficientemente amable para ayudarme en lo que prosigue tras la muerte de Lev, e incluso se encarga de protegerme de la prensa que al enterarse de lo ocurrido aparecen por todos lados.
Ahora estamos en el cementerio, mientras los trabajadores tiran tierra a su urna y no puedo creer que todo esté pasando tan rápido. No dejo de llorar, me siento muy débil y lamento en serio que una persona tan hermosa como él haya abandonado este mundo.
Antes de irme me despido de él con una flor y el abogado entonces me pregunta que si quiero ir a la mansión en la ciudad o a la otra, pero no quiero ir al lugar donde se supone que estaríamos riendo a esta hora, por lo que le pido que me lleve al otro sitio.
Ya que no veo el camino y solo me pierdo en mis pensamientos, llorando de vez en cuando, no me doy cuenta cuando entramos en una carretera aislada y desierta. Por un momento pienso que algo malo pasará, que es una trampa, pero el abogado comenta que a Lev le gustaba este lugar porque es demasiado discreto para personas que quieren huir.
Unos minutos después pasamos varias mansiones, hasta que nos detenemos en una con un aspecto gótico bastante parecido a la mansión en los suburbios.
Bajamos del auto pero mi piel se eriza cuando una SUV negra se detiene a mi costado. Doy un brinco del susto y voy con el abogado del otro lado solo para darme cuenta que frente a la mansión gótica hay otra mansión, con aspecto bastante moderno color crema.
Un perfume invade el ambiente, haciéndome estornudar, y aunque el abogado me pide que avancemos hacia la mansión de Lev, algo me detiene.
Como si estuviera hipnotizada, mi mirada no se puede despegar del hombre algo mayor, de cabello negro con reflejos blancos, vestido de blanco, con guantes de cuero negro en mano los cuales se pone mientras baja de la SUV.
Trago hondo al sentir su aura dominante mientras habla en ruso con sus hombres, y al darme una mirada, me acelera la respiración. Pero rápido camino tras el abogado, el cual me insta a entrar.
Apenas la puerta se cierra, ni siquiera le presto demasiada atención a la mansión, mi cabeza repite la imagen de ese hombre como si acabara de ver la fotografía más sensual y oscura que he visto en toda mi vida.
-Veo que quedó impresionada con el señor Orlov... -comenta el abogado.
Trago hondo, porque hasta su apellido es... oscuro.
-¿Orlov? ¿Quién es...?
-Un colega -murmura de mala gana, lo que me sorprende.
¿Ese hombre es un abogado? No puede ser. Los abogados no lucen como él, es... Dios mío no puedo creer que esté pensando en un hombre desconocido en lugar de concentrarme en mi realidad.
Me abrazo a mí misma, finalmente detallando la mansión. Se siente fría, sola, pero tiene cosas que son muy de Lev así que, rápido me entra la tristeza.
-¿Y... qué se supone que...? No tengo su vida, yo no...
Mi vista se enfoca en un retrato de Lev que está en la pared justo a mitad de la sala, y recuerdo sus palabras antes de la tragedia.
"Te recomendé porque tienes talento y lo mereces". Eso junto a todo lo que pasamos, más el hecho de saber que me quería como yo a él, me hace pensar. Siempre he seguido todos los consejos de Lev, y creo que... Si era su voluntad que me hiciera cargo de su legado, entonces supongo que podré al menos intentarlo.
-¿Va a firmar, señorita Norwood?
La pregunta del abogado me hace asentir, aunque aún conmovida. Entonces vamos a la cocina donde hay un hermoso ventanal que da hacia las afueras de la mansión. Estoy leyendo el documento cuando siento un peso en mi cuerpo, así que alzo la mirada hacia la mansión de al frente.
El tiempo se detiene para mí cuando lo veo. Orlov, el hombre que parece todo menos un abogado, tiene las manos metidas en sus bolsillos mientras me ve fijamente, y ni siquiera se molesta en apartar la mirada, lo cual me hace sentir incomoda, pero también curiosa.
¿Quién es este tipo realmente? ¿Y qué se supone que voy a hacer ahora con todo lo que Lev dejó para mí?
Mientras firmo el documento sintiendo la mirada de ese hombre en mí, pienso que tal vez esta mansión no fue lo único que heredé. Tal vez es una puerta a algo profundo y oscuro, algo que podría hacerme más daño, o no...
Gia.
Tras darle mi documentación al abogado este me sugiere que descanse este día, que él pasará por mí mañana para asistir a algunos eventos que seguro organizará el manager de Lev. Luego lo veo dirigirse a la cocina para revisar la reserva y me mira.
-Hay algunas cosas para que comas, me aseguraré de traerte un mercado en la mañana si es que piensas quedarte aquí un tiempo.
Ya que seguimos en la cocina y ese hombre sigue viendo hacia acá, muerdo mi labio ligeramente, abrumada, y camino con el abogado hacia la sala, pensando en que debo colocar algunas cortinas.
-No quisiera quedarme en la otra mansión es... demasiado. Me quedaré aquí unos días mientras pienso cómo organizar esta... nueva vida -suspiro, viendo todo el lugar sin sentir que me pertenece-. No voy a quedarme aquí para siempre, estoy muy alejada de la sociedad y... ese hombre no parece de fiar...
Quiero que esto sirva como un empujón para que el abogado me hable más de él, pero no lo consigo. El abogado solo saca de su bolsillo un número y me señala el teléfono local que descansa en una pequeña mesa aquí en la sala.
-Llama si necesitas algo. Estaré aquí temprano.
Asiento, y lo acompaño a la puerta. Luego le doy las gracias y al verlo subir a su auto mi vista va de inmediato a la ventana desde donde ese hombre me veía, pero ya no está, así que solo suelto un exhalo y me vuelvo a adentrar a mi nuevo... destino.
Me siento demasiado agotada emocionalmente como para motivarme a comer algo o hacer otra cosa que no sea acostarme en el sofá, llorar y finalmente quedarme dormida en posición fetal.
Luego me despierto sin ser consiente de dónde estoy, pero aunque el miedo me gana unos minutos, reacciono. Todo está demasiado oscuro, así que mis pies se dirigen a las paredes y lámparas para encenderlas.
Camino por toda la mansión, sintiendo el peso de la oscuridad y soledad. Lev es... era... demasiado gótico y yo no lo soy, así que, este lugar debe tener algo de color, al menos la que será mi habitación, ya que no quiero que desaparezca por completo la esencia de mi gran amigo.
Visito cada habitación, descubro cuál era la de Lev, y la curiosidad me lleva a revisar sus gavetas. Consigo una vieja cámara, de esas que dan fotos instantáneas a blanco y negro, por lo que la llevo a mi pecho con una sonrisa nostálgica.
Camino hacia el balcón de la habitación para tomar aire fresco, pero cuando hago a un lado las cortinas, puedo ver que la mansión de al frente está muy bien iluminada, como si hubiera una fiesta. Hay autos lujosos fuera, y algunos hombres de traje bajando de sus limusinas mientras este hombre extraño les da la bienvenida en la puerta.
Mi vista se fija en él, a detallarlo desde la distancia. Ahora tiene un traje completo color pastel, y esos mismos guantes de cuero de antes. Me pregunto por qué los usará. Mi corazón se acelera a medida que sigo observándolo. Hay una mujer con un vestido brillante que aparece en la puerta, y lo lleva hacia dentro. Me pregunto si será su esposa.
Me recuesto de la ventana alejándome de esa vista, y trago hondo. Hay cosas más importantes qué hacer.
Logro elegir una habitación para mí, cambio las sabanas a una color gris. Y luego, al no conseguir el sueño de nuevo, comienzo a limpiar la mansión.
Mirando el reloj en la sala me doy cuenta que ya son las dos de la madrugada, así que voy a mi habitación para darme una ducha y descansar. Sin embargo, este baño no tiene nada, así que voy al de Lev, en donde puedo escuchar algunas voces fuera.
Quiero entrar al baño pero la voz de una mujer y varios hombres me detienen. Entonces, molesta conmigo misma por sentir esta curiosidad, voy hacia la ventana, apartando un poco las cortinas.
-¿Qué demonios...? -jadeo sorprendida, al ver a una mujer desnuda en el capó de una limusina con un collar extraño, siendo el centro de atención de los hombres.
Mi estómago se revuelve, y no es por pudor, sino por ahora saber que lo que sucede en esa mansión es algo bastante oscuro.
Mi vista va hacia el traje pastel, pero él no está entre ellos. Entonces buscó en las ventanas con luces encendidas, y mi corazón se detiene cuando, justo al frente de este balcón, Orlov se encuentra mirando hacia acá, mientras sus manos con esos guantes aprietan las rejas del balcón.
Con el corazón acelerado me agacho, sabiendo que la luz está encendida y seguro vio mi sombra. No soy muy inteligente a veces, lo sé, pero esto es de verdad estúpido.
Me arrastro por todo el piso hasta estirar la mano, apagar la lámpara, y luego, me quedo en el suelo, sentada, abrazando mis piernas, pensando en que parece que ese hombre es un traficante sexual, y por qué de repente me siento así... tan observada.
...
Despeinada, mal oliente y con dolor en el cuerpo soy despertada por el tono de un teléfono. Al ver el sol entrar por la ventana, rápido bajo las escaleras. Voy al teléfono pero entonces escucho la puerta, así que voy primero allá pensando que el abogado me espera.
Abro la puerta sin pensar en dar explicaciones por mi aspecto, cuando un hombre de traje negro y fornido aparece frente a mí. Con un jadeo retrocedo pero lo veo a la cara, curiosa.
-¿Señorita Norwood? Mi jefe, el señor Arthur Orlov, lamenta la pérdida de su amigo. Esto es para usted.
Mi corazón se detiene por la sorpresa. ¿Cómo sabe lo que pasó? ¿Cómo sabe mi apellido?
Apenas el hombre me da una caja blanca con un lazo negro, y se va, mi mirada va hacia la mansión pero no lo veo a él.
Arthur Orlov...
Cierro la puerta con fuerza, y voy a la cocina para lavarme la cara, pasar las manos por ella y poner la caja en el mesón. Mis dedos tiemblan ante el miedo de que este hombre me quiera castigar por observarlo esta madrugada, pero la curiosidad me gana así que quito el listón y la tapa.
Mi garganta se seca al ver una tarjeta.
"Necesitas algo de distracción después de lo ocurrido. Ven a mi casa esta noche, vestida de negro."
Observo la invitación sin entender qué demonios pasa por la cabeza de este sujeto, y alzo la mirada hacia la ventana. Entonces allí lo veo, dándome un asentimiento.
Le doy la espalda con la tarjeta en mis manos, nerviosa, pensando. Jamás pondría un pie allí... Aunque una parte de mi cerebro me está recordando lo bien que me veo vestida de negro.