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Bajo la misma Agenda

Bajo la misma Agenda

Autor: : DaniM
Género: Romance
Clara Montenegro es una CEO poderosa y perfeccionista al frente de una de las empresas tecnológicas más innovadoras del país. Su vida gira en torno a reuniones de alto nivel, decisiones cruciales y un compromiso inquebrantable con su carrera. Pero todo cambia cuando un nuevo asistente, Andrés Salgado, entra en escena. Andrés es inteligente, ingenioso y tiene un talento innato para anticiparse a las necesidades de Clara. A pesar de la barrera profesional, su humor y calidez comienzan a derribar las murallas de la estricta CEO. Entre agendas compartidas, viajes de negocios y momentos de estrés, ambos descubren que el amor puede florecer incluso en los lugares más inesperados. Sin embargo, deben enfrentarse a retos únicos: mantener la ética profesional, lidiar con las opiniones externas y decidir si vale la pena arriesgar sus carreras por algo más grande que ellos mismos.

Capítulo 1 Prólogo

El eco de los tacones de Clara resonaba en el mármol pulido mientras atravesaba el amplio vestíbulo de la sede central de Montenegro Corp. Con cada paso, proyectaba la imagen de una mujer inquebrantable: impecable, estratégica y siempre bajo control. Era una figura que muchos admiraban y temían a partes iguales.

Pero esa noche, algo era diferente.

El reloj marcaba las 11:47 p. m., y las luces de la ciudad dibujaban sombras alargadas en los ventanales del piso 48. Clara permanecía en su oficina, con un vaso de vino apenas tocado en una mano y un sobre sin abrir en la otra. Su escritorio estaba ordenado, excepto por esa carta que había llegado ese mismo día. Llevaba horas mirándola, incapaz de decidir si debía romper el sello.

Afuera, el murmullo de alguien trabajando rompió el silencio. Andrés Salgado, su asistente, parecía estar revisando papeles en su propio espacio, a pocos metros de ella. Clara sabía que él había permanecido allí a pesar de que no era necesario. Andrés siempre encontraba una excusa para quedarse más tiempo, para asegurarse de que ella tuviera todo bajo control, incluso cuando ella insistía en que podía manejarlo sola.

No podía evitar preguntarse por qué se preocupaba tanto. No era solo por profesionalismo. Lo veía en los pequeños detalles: la manera en que le dejaba café justo como a ella le gustaba sin que tuviera que pedirlo, o cómo parecía leer su estado de ánimo con una facilidad inquietante.

Clara dejó el vaso sobre el escritorio y se giró hacia la ventana. La vista de la ciudad le recordaba todo lo que había sacrificado para llegar hasta ahí. Pero por primera vez, sintió que algo faltaba, una pequeña grieta en la fachada que había construido con tanto esfuerzo.

Una voz suave interrumpió sus pensamientos.

-¿Todo bien, Clara?

Ella se giró lentamente. Andrés estaba de pie en la puerta, con su corbata ligeramente desajustada y una expresión que mezclaba respeto y una genuina preocupación. Algo en sus ojos la desarmó, como si pudiera ver más allá de su máscara habitual.

-Sí -mintió ella, guardando el sobre en el cajón y forzando una sonrisa-. Solo estaba despejando mi mente.

Pero incluso mientras pronunciaba esas palabras, supo que no eran del todo ciertas. Algo estaba cambiando, y no sabía si estaba lista para enfrentarlo.

Y menos aún, para enfrentarlo a él.

Capítulo 2 Cruces del Destino

El lunes por la mañana llegó como una tormenta silenciosa. Clara Montenegro caminaba por los pasillos de su empresa con un ritmo que desafiaba cualquier interrupción. Vestía un traje impecable de color negro, y su mirada era la de alguien que no permitía errores. Sus empleados se apartaban a medida que pasaba, como si fueran olas enfrentándose a una roca inamovible.

Sin embargo, esa mañana trajo consigo algo que ella no esperaba.

-Clara, tu nuevo asistente ha llegado -anunció Esther, su jefa de recursos humanos, apareciendo junto a ella mientras ambas se dirigían al ascensor.

-Perfecto. Espero que esta vez hayan elegido a alguien competente. No puedo permitirme más retrasos ni errores.

-Es joven, pero tiene experiencia. Estoy segura de que no te decepcionará.

Clara apenas asintió. Su mente ya estaba en la reunión que tendría en veinte minutos con el consejo directivo. La última presentación del equipo de desarrollo había sido un desastre, y no planeaba tolerar otra falla.

Cuando llegó a su oficina, encontró la puerta entreabierta. Dentro, un hombre alto con una camisa blanca perfectamente planchada y una corbata azul marino revisaba algunos documentos en su escritorio. Su cabello oscuro estaba ligeramente desordenado, y tenía una expresión concentrada mientras organizaba los papeles en pilas metódicas.

-¿Andrés Salgado? -preguntó Clara desde la puerta, con un tono firme que no dejaba lugar a dudas de quién estaba al mando.

Él levantó la vista y sonrió con naturalidad.

-Buenos días, señorita Montenegro. Sí, soy Andrés. Es un placer trabajar con usted. -Extendió la mano con confianza.

Clara lo observó durante un instante, evaluándolo. Finalmente estrechó su mano, aunque de forma breve.

-Espero que lo diga en serio. Aquí no hay espacio para errores, ni para dudas. ¿Está claro?

-Por supuesto. -Su tono era profesional, pero había un brillo en sus ojos, como si estuviera acostumbrado a manejar la presión.

-Bien. -Clara señaló los documentos sobre el escritorio-. ¿Qué es eso?

-Revisé las últimas actas de sus reuniones con el consejo. Noté que hay discrepancias en los informes financieros y algunas proyecciones no cuadran con las estrategias que presentó el trimestre pasado. He marcado los puntos que podrían ser útiles para abordar en la reunión de hoy.

Clara arqueó una ceja, sorprendida de que él hubiera tomado la iniciativa. Se acercó y revisó los documentos. Sus anotaciones eran claras, precisas y, lo más importante, correctas.

-No está mal -dijo finalmente, con un tono que casi parecía un cumplido, aunque rápidamente retomó su actitud fría-. Pero no se adelante. Yo decido qué información se presenta y cómo.

-Entendido. -Andrés no pareció intimidarse.

La reunión con el consejo directivo transcurrió de forma tensa, pero Clara manejó cada pregunta con su acostumbrada habilidad. Sin embargo, mientras hablaba, no podía evitar notar de reojo cómo Andrés, sentado discretamente en un rincón, tomaba notas rápidas y asimilaba cada palabra. Era un detalle menor, pero algo en su postura le resultaba intrigante.

Al terminar la reunión, Clara se dirigió a su oficina. Andrés la siguió, caminando un paso detrás de ella.

-¿Impresiones? -preguntó Clara, cerrando la puerta detrás de él.

-Directos, pero no del todo honestos. Creo que algunos de los directivos no están convencidos de la estrategia a largo plazo, especialmente en lo relacionado con la expansión internacional.

Clara lo miró con interés. Era raro que alguien fuera tan franco con ella, y menos alguien que acababa de comenzar a trabajar en su equipo.

-¿Y cuál es su recomendación?

-Ganar tiempo. Presentar resultados concretos en el próximo trimestre para silenciar cualquier duda.

-Eso ya lo sabía. -Clara cruzó los brazos-. Pero reconozco que no es una mala observación.

Andrés sonrió ligeramente, como si ese pequeño reconocimiento fuera suficiente por el momento.

El primer roce

Esa tarde, Clara se sumergió en su trabajo, revisando contratos, estrategias y presupuestos. Andrés estaba a pocos metros, revisando los detalles logísticos de un evento importante que la empresa organizaría la semana siguiente.

De repente, un correo electrónico apareció en la bandeja de entrada de Clara. El remitente era desconocido, y el asunto simplemente decía: "Cuidado con en quién confías".

Clara frunció el ceño y abrió el mensaje. El cuerpo del correo contenía una foto borrosa de un documento confidencial que había sido discutido en una reunión reciente. La imagen estaba acompañada de un mensaje: "Alguien está jugando en tu contra."

-¿Todo bien? -preguntó Andrés, notando la expresión tensa en su rostro.

Clara cerró rápidamente el correo.

-Nada que deba preocuparle.

Pero mientras decía esas palabras, su mente estaba trabajando a toda velocidad. ¿Quién podría haber filtrado esa información? Y, más importante aún, ¿por qué?

A medida que la noche avanzaba, Andrés seguía trabajando, organizando detalles minuciosos sin que nadie se lo pidiera. Clara, por su parte, no podía dejar de observarlo de reojo. Había algo en su actitud tranquila pero decidida que le resultaba desconcertante.

Finalmente, no pudo evitarlo.

-¿Por qué trabaja tanto? No tiene que quedarse hasta tarde.

Andrés levantó la vista y se encogió de hombros.

-Porque quiero asegurarme de que todo esté perfecto. Y, si puedo ser honesto, porque creo que usted merece un equipo que esté a su altura.

Clara lo miró, sorprendida por su respuesta. No estaba segura de si él realmente lo decía en serio o si era una estrategia para ganarse su confianza.

-Veremos si realmente está a mi altura, Salgado.

Él sonrió, pero no dijo nada más.

El primer secreto

Cuando Andrés finalmente salió de la oficina, Clara volvió a abrir el correo misterioso. Lo estudió con detenimiento, buscando alguna pista sobre quién podría haberlo enviado. La filtración era un problema serio, y no podía permitirse que algo así pusiera en peligro su empresa.

Decidió enviar un mensaje a su equipo de seguridad para que investigaran la fuente. Sin embargo, algo la detuvo antes de presionar "Enviar".

¿Y si el responsable estaba más cerca de lo que imaginaba?

Por un instante, su mente consideró una posibilidad inquietante. Andrés había mostrado una habilidad sorprendente para acceder a la información desde el primer momento. Era eficiente, sí, pero ¿podría ser demasiado bueno para ser verdad?

Clara apagó la pantalla de su computadora y se recostó en su silla, cerrando los ojos por un momento. Había algo en Andrés que no terminaba de encajar, pero no estaba segura de si era una amenaza... o algo mucho más complicado.

Capítulo 3 Ecos del Pasado

La mañana siguiente comenzó con un cielo gris que envolvía la ciudad en una atmósfera sombría, como un presagio de que algo no marchaba bien. Clara llegó temprano a la oficina, como de costumbre, pero con una sensación de incomodidad que no podía ignorar. La filtración del correo anónimo aún rondaba en su mente.

Apenas entró en su oficina, Andrés ya estaba ahí, revisando la agenda del día y preparando un café, tal como a ella le gustaba.

-Buenos días, señorita Montenegro. Aquí tiene su café. -Colocó la taza sobre su escritorio con precisión, sin derramar una sola gota.

Clara lo observó con atención, intentando descifrar algo en su comportamiento. Era impecable, tal vez demasiado.

-Gracias. -Tomó la taza y se sentó, encendiendo su computadora de inmediato-. ¿Algún pendiente urgente antes de la reunión con marketing?

-Nada urgente. Pero revisé las propuestas del equipo y creo que podría interesarle este análisis comparativo que hice anoche. -Le extendió un informe que Clara tomó con cierto escepticismo.

Mientras lo leía, sus ojos se entrecerraron. El análisis era detallado y destacaba varias fallas en las propuestas, algo que su equipo había pasado por alto.

-Es un buen trabajo, Andrés. -Su tono era neutro, pero no pudo evitar reconocer la utilidad del informe-. Aun así, recuerde que este tipo de evaluaciones deben ser aprobadas por mí antes de que las comparta con otros.

-Por supuesto. Sólo quería asegurarme de que usted tuviera toda la información antes de tomar cualquier decisión.

Clara asintió y dejó el informe sobre la mesa. Andrés era eficiente, sin duda, pero no podía quitarse de la cabeza la idea de que sabía más de lo que aparentaba.

La grieta en la fachada

A medida que avanzaba el día, Clara intentó concentrarse en su rutina, pero su mente volvía una y otra vez al correo anónimo. Durante un breve receso, llamó a Esther, la jefa de recursos humanos, para pedirle un informe detallado sobre los antecedentes de Andrés.

-¿Algo en particular que deba buscar? -preguntó Esther, notando el tono serio de Clara.

-No. Sólo quiero asegurarme de que su historial sea tan impecable como parece.

-Está bien. Te lo enviaré en cuanto lo tenga.

Clara colgó y miró hacia el escritorio de Andrés, que estaba vacío en ese momento. Algo en su intuición le decía que no debía confiar del todo en él, aunque no tenía pruebas concretas de que estuviera relacionado con el correo.

La tarde transcurrió con relativa calma, hasta que llegó la hora de la reunión con marketing. El equipo presentó varias ideas para la nueva campaña de lanzamiento de un producto estrella, pero ninguna logró captar la atención de Clara.

-¿Esto es todo lo que tienen? -preguntó, visiblemente molesta-. Necesitamos algo innovador, algo que capte la atención del mercado de inmediato. No podemos permitirnos ser mediocres.

El equipo se removió incómodo en sus asientos, pero nadie tuvo el valor de responder. Entonces, Andrés intervino.

-Si me permite, tengo una sugerencia.

Todos lo miraron, incluidos los miembros del equipo de marketing, que parecían sorprendidos de que el asistente de Clara se atreviera a hablar en una reunión tan importante.

-Adelante -dijo Clara, cruzando los brazos.

-Creo que la campaña necesita un enfoque más emocional. Este producto representa más que tecnología; simboliza un cambio en la manera en que las personas interactúan con el mundo. Sugiero que usemos historias reales de cómo este producto puede transformar vidas, en lugar de centrarnos únicamente en especificaciones técnicas.

Un silencio pesado llenó la sala. Clara lo observó detenidamente, evaluando no sólo sus palabras, sino también la reacción del equipo.

-Es una buena idea -dijo finalmente, para sorpresa de todos-. Pero quiero un plan detallado y ejemplos concretos antes de aprobar algo.

-Lo tendrá mañana por la mañana. -Andrés sonrió con seguridad.

La visita inesperada

Esa noche, Clara se quedó trabajando hasta tarde nuevamente. Estaba revisando el informe de seguridad que había solicitado para rastrear el origen del correo anónimo. La información era limitada, pero lo poco que habían encontrado indicaba que el remitente estaba utilizando un servidor externo para enmascarar su ubicación.

Mientras estudiaba los detalles, escuchó un ruido fuera de su oficina. Al principio lo ignoró, pensando que era el personal de limpieza, pero el ruido persistió.

Se levantó y abrió la puerta. Para su sorpresa, Andrés estaba sentado en su escritorio, concentrado en su computadora portátil.

-¿Por qué sigue aquí? -preguntó Clara, cruzándose de brazos.

Andrés levantó la vista y pareció sorprendido por su tono, pero no se dejó intimidar.

-Tenía algunos pendientes que quería terminar antes de mañana.

Clara lo miró con desconfianza.

-¿Pendientes relacionados conmigo o algo más?

-¿Por qué lo pregunta? -Andrés ladeó la cabeza, como si intentara descifrar su actitud.

-Porque últimamente parece estar demasiado interesado en detalles que no le corresponden.

Andrés cerró su computadora con calma y se puso de pie.

-Señorita Montenegro, entiendo que sea una persona desconfiada. Supongo que en su posición, yo también lo sería. Pero le aseguro que mi único interés aquí es hacer mi trabajo de la mejor manera posible.

-Eso lo decidiré yo.

Hubo un breve silencio entre ambos, una tensión palpable que ninguno parecía dispuesto a romper. Finalmente, Andrés tomó su maletín y se dirigió hacia la puerta.

-Si alguna vez siente que puede confiar en alguien, espero que me incluya en esa lista. Buenas noches, Clara.

Cuando salió, Clara sintió una extraña mezcla de frustración y curiosidad. Andrés tenía una habilidad inquietante para responder a sus dudas sin realmente responder nada.

Una revelación perturbadora

A la mañana siguiente, Clara recibió el informe de Esther sobre Andrés. Según los documentos, su historial era impecable: una licenciatura en administración de empresas, experiencia previa como asistente ejecutivo y varias recomendaciones destacadas. Todo parecía perfectamente normal, excepto por un detalle.

En una de sus experiencias laborales, había trabajado durante un año en una empresa que había sido adquirida por Montenegro Corp. hacía cinco años. Clara no recordaba haberlo visto antes, pero no podía evitar preguntarse si su presencia en su empresa era una coincidencia.

Más tarde, Clara llamó a Andrés a su oficina.

-Cierre la puerta. Necesito hablar con usted.

Andrés obedeció, pero notó de inmediato el tono serio en su voz.

-¿Algún problema?

-Quiero hacerle una pregunta directa, y espero una respuesta honesta.

-Adelante.

-¿Por qué aceptó este trabajo?

Andrés parpadeó, claramente confundido por la pregunta.

-Pensé que mi currículum hablaba por sí solo.

-No me refiero a eso. Hace cinco años, trabajó en una empresa que adquirí. ¿Por qué no mencionó ese detalle en su entrevista?

Hubo un breve momento de silencio antes de que Andrés respondiera.

-No lo creí relevante. Mi posición en esa empresa era menor, y pensé que mi experiencia reciente sería más importante para este puesto.

Clara lo observó con atención, buscando señales de que estuviera mintiendo.

-Espero que no me dé razones para arrepentirme de haberlo contratado.

-No lo hará.

Andrés salió de la oficina con la misma calma de siempre, pero Clara sabía que había algo más en su historia, algo que él no estaba dispuesto a revelar.

Mientras observaba la ciudad a través de los ventanales, no podía evitar pensar que Andrés Salgado era mucho más que un simple asistente. Y estaba decidida a descubrir la verdad.

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