Maxine.
Siento que un peso hunde el colchón a mi lado, sin embargo, estoy tan dormida que no presto demasiada atención, el día está fresco y anoche me dormí hasta tarde por estar viendo mi serie favorita en Netflix.
-Maxine – oigo que alguien susurra mi nombre, pero sigo medio dormida, y pretendo estar asi hasta por lo menos el medio día – Maxine – vuelve a decir aquella voz.
Siento que algo acaricia mi piel, el roce es delicado y está acariciándome bajo las sabanas, creo que no es producto del sueño porque se siente muy real, tanto que siento que me hace cosquillas en todas partes del cuerpo, suelto un murmullo que ni siquiera yo misma alcanzo a entender y entonces comienzo a abrir los ojos lentamente.
Por la ventana de mi habitación entra luz, pero es muy opaca, lo que indica que caerá un aguacero, igual a los últimos dos días, lo cual es extraño teniendo en cuenta que vivo en el estado de Arizona, un lugar mas bien seco la mayor parte del año.
-Maxine – vuelven a susurrar, y esta vez quien sea que me este jodiendo la vida suelta una risa tonta.
Yo me tapo con la cobija, percibiendo un aroma, es masculino, como a tabaco y a perfume, detesto el olor a tabaco, lo que me obliga a taparme la nariz con mis sabanas que huelen a flores porque recién las he lavado. Aunque me cubro de pies a cabeza no consigo acomodarme en la cama, asi que me doy media vuelta, intentado encontrar una posición cómoda nuevamente.
Y entonces lo veo. Mis ojos, que están adormilados, se abren con sorpresa en cuanto me doy cuenta de la persona que esta conmigo en la cama.
-¿Tu qué demonios haces aquí? – le grito con la voz pastosa mientras él suelta una carcajada – ¿Qué estás haciendo en mi habitación, Trevor? – le pregunto cabreada.
-Buenos días, Maxine – dice a modo de respuesta, siendo tan descarado como siempre.
Lo miro con rabia de arriba abajo y me doy cuenta de que esta vestido con ropa de hacer ejercicio, tiene el cabello húmedo y el rostro brillante y ni aun asi deja de verse bien, Trevor es uno de los hombres mas sexis que he conocido en mi vida, fácilmente podría ser el protagonista de alguna de esas tontas películas románticas para adolescentes, tiene el cabello azabache, oscuro como la noche, lo tiene medianamente largo y desordenado, sus ojos también son extremadamente oscuros, y su tez es más bien trigueña, Trevor siempre ha sido la clase de chico que tiene a todas las mujeres locas detrás de si, pero conmigo es diferente, y por muy guapo que sea, me niego a que esté en mi cama molestándome la vida.
-¿Qué haces aquí? – le grito una vez más.
-Viéndote dormir – dice como si nada, como si aquello fuera lo mas normal del mundo – debes estar feliz de saber que no roncas, Maxine, si quieres puedo firmar un papel que lo compruebe, para la persona con la que te cases.
-A la persona con la que me case no le importará si ronco o no – le digo a la defensiva.
-Puede que eso sea cierto durante los primeros años, pero después se hartará de oírte roncar y entonces te asesinará con tal de no oírte – yo ruedo los ojos y lo miro de mala gana.
-¿Y tú como sabes?
-He escuchado cosas – levanta los hombros con indiferencia – hay muchas historias Maxine, aunque a mi no me importaría soportar los ronquidos de alguien como tu – suelta.
Yo respiro profundo, porque sé que está tratando de provocarme.
-¿Te das cuenta de lo inapropiada que es toda esta situación? – le pregunto, aunque sé que Trevor Scott no conoce la palabra "Inapropiado" para él no existen las reglas y eso yo lo tengo bastante claro, después de todo, lo conozco de toda la vida – tu hermano es mi novio y esto segura de que no le gustará saber que me estas acosando en mi propia habitación.
-¿Eso es lo que crees que hago? – inquiere, con una media sonrisa que me saca de quicio.
-Si, es justamente eso – digo, con rabia – entrar en la habitación de una chica mientras duerme y acostarte en su cama como si nada es una clara señal de acoso.
-No te olvides de la rosa – suelta una carcajada.
Yo miro a su mano y me doy cuenta de que esta sosteniendo una rosa roja, bastante pequeña en realidad, entonces recuerdo las cosquillas mientras dormía y me doy cuenta de que no era un sueño, él me estaba acariciando con esa rosa.
-¡No sé ni porque estoy discutiendo contigo! – le grito, incorporándome en la cama. – ¡Vete de mi habitación! – le grito poniéndome en pie, pero él se queda acostado, como si la cama fuese suya – ¡Joder Trevor, lárgate de aquí! – sigo gritando, pero el chico no me hace caso.
Frustrada y con dolor de cabeza, rodeo la cama y llego hasta donde él esta, intento moverlo, y halo de la camiseta blanca que tiene puesta, pero Trevor es como una piedra fuerte y yo soy como un conejo indefenso, no puedo moverlo y él se está burlando de mí.
-Es gracioso verte intentarlo – sisea, mientras yo suelto un quejido.
-¡Trevor, vete al demonio! – suelto un improperio, y me sorprendo de que mamá aun no haya venido a ver qué es lo que sucede, estoy gritando tan fuerte que ya es hora de que por lo menos hubiera preguntado que es lo que está pasando – Trevor, es enserio – hago un puchero.
Él me ve con desconfianza y entonces se pone en píe, dejándome de frente con su pecho, Trevor me saca una cabeza de altura.
-Ahora déjame sola para que pueda volver a dormir – digo.
-Ruégame – me pide, sonriendo diabólicamente.
-¿Que?
-Que me ruegues.
-Yo no voy a hacer eso – me cruzo los brazos sobre el pecho, viendo lo descarado que es él.
-Entonces puedes quedarte a esperar, porque no voy a irme – se planta como un árbol en mi habitación y a mi me dan ganas de quitarme el cabello de la rabia que siento.
-¡Que te jodan, Trevor Scott, vete al infierno! – grito.
-Solo si me acompañas, cariño – susurra con esa voz ronca y profunda de él.
-Ni en tus sueños – le planto cara, acercándome ligeramente mas a él.
De repente, Trevor mira hacia abajo, más específicamente a mi pecho y levanta una ceja, no se lo que significa aquel gesto, pero lo descubro en cuanto veo hacia abajo, uno de mis pechos se ha escapado de la blusa de seda roja que estoy usando.
-¡Joder! – exclamo, cubriéndome.
-Nada mal, Prior – suelta, llamándome por mi apellido, cosa que sabe que odio.
Me alejo de él con vergüenza y busco una bata en mi armario, mientras lo hago, me fijo en la espalda musculosa de Trevor que esta mojada, probablemente no de agua, si no de sudor, lo que me hace soltar una mueca de asco.
-Dime por favor que eso no es sudor – lo señalo y él vuelve a carcajearse.
-Estaba haciendo ejercicio, Maxine, ¿Qué esperabas que fuera?
-¡Ay por Dios! Eres el ser mas desagradable en el mundo, vete de aquí para poder hervir mis sabanas en desinfectante – grito.
-¿Te molesta la camiseta? Está bien – dice, y entonces comienza a levantar su camiseta, dejando al descubierto su torso bronceado y lleno de músculos, me quedó embobada durante un segundo, viendo las chocolatinas en su abdomen y la V tan erótica que tiene en la parte baja del abdomen, hasta que recuerdo que Trevor es el hermano de mi novio y que no debería estar en mi habitación, mucho menos sin camisa.
-¿No vas a irte de aquí? – le preguntó, tragando saliva y recuperando el aliento que su cuerpo me ha quitado.
-No.
-Entonces me iré yo – me amarro la bata color rosa en la cintura y salgo de la habitación.
Camino hasta las escaleras y comienzo a bajarlas prácticamente corriendo, sé que mamá lo desaprobaría, pero necesito alejarme de Trevor Scott tanto como me sea posible.
-Espérame, voy contigo – me grita, siguiéndome a mis espaldas.
-¡Eres un mal nacido! Pensé que no ibas a salir nunca de ahí.
-Es que si no estas en tu habitación no tengo nada más que hacer allá – suelta como si nada.
Yo suelto un bufido y hago la cosa mas infantil que se me ha ocurrido, alargo el brazo y lo empujo por un costado, Trevor pierde el equilibrio por un segundo, pero lo recupera de inmediato ayudado por la barandilla de la escalera.
-No, no lo hiciste – niega, y entonces sé que debo correr – tu te lo buscaste, Prior – susurra.
Yo corro escaleras abajo, y él me sigue el paso, después me escondo en la cocina, pero mi respiración esta agitada y es fácil encontrarme, escucho a Trevor caminar sigiloso, pero no soy capaz de husmear que está haciendo, hasta que oigo el grifo del agua abrirse.
Asomo ligeramente la cabeza, y Trevor me tira encima el agua que ha recogido en un vaso, me moja el cabello y el rostro y las gotas comienzan a descender hacia mi cuerpo, lo miro con rencor y niego con la cabeza, enseguida la persecución continua, como si tuviéramos cinco años. Yo también tomo un vaso de agua y persigo a Trevor, esta vez es él quien huye de mí.
Ambos corremos hasta que llegamos al salón principal, en donde esta mi madre, mi novio, y la madre de Trevor, están los tres sentados bebiendo café y tal parece que hablando, los tres nos ven con el ceño fruncido.
-¿Qué es lo que está sucediendo? – dice mi madre con voz severa, mientras me escudriña con la mirada, yo estoy mojada y Trevor esta sin camisa, los dos expuestos antes nuestras madres, y mi novio y hermano de Trevor.
-Trevor me estaba molestando – digo, antes de que él pueda hablar.
Trevor rueda los ojos y no dice nada.
-Bueno, de todas formas que bien que ambos estén aquí – dice Adriana, la madre de Trevor y de Nick, mi novio.
- ¿Por qué? – pregunta Trevor con indiferencia.
-Tenemos una noticia que darles – ambas mujeres se miran con complicidad – Trevor y tu vivirán juntos – suelta de sopetón mi madre.
-¿Que? – decimos él y yo al unisonó.
Esto no puede ser cierto, no puede ser verdad, ¡Me niego a vivir con el novio de mi hermano, al que por cierto detesto!
Maxine.
-Como lo escucharon – dice mi madre, con una sonrisa de oreja a oreja, como si de verdad esa fuera la mejor noticia que pudiera darme en este momento.
-No entiendo – Trevor tiene el ceño fruncido y una mueca casi de asco en el rostro.
-Ya no estas tan divertido como ahora que me despertaste, ¿Verdad? – susurro en dirección a Trevor, quien me mira con ganas de querer matarme, tal parece que la idea tampoco le gusta demasiado.
-Yo ya tengo un compañero de habitación, hemos hecho planes – dice Trevor.
-Maxine – mi madre suelta un suspiro y se que está intentado calmarme – es tu primer año en la universidad, no quiero que vivas con cualquier macarra que pueda hacerte quien sabe que cosas – dice con un gesto.
-¡Pero es que él es un macarra! – exclamo señalando a Trevor, hasta que me doy cuenta de que su madre también está frente a mi – lo lamento, Adriana – le digo a su madre – pero no quiero vivir con él.
-Y yo no quiero vivir con ella – dice Trevor, frustrado, igual que yo.
-No quiero que vayas a vivir en uno de esos dormitorios cualquiera, Max, y es mi última palabra – dice mi madre.
-Y yo no te estoy pidiendo permiso, ni te estoy preguntando tu opinión – dice Adriana, mirando con severidad a Trevor.
-Hemos alquilado un departamento, el lugar es agradable, compartiremos los gastos, queda a diez minutos del campus universitario, tiene dos habitaciones, dos baños, una pequeña cocina, es el sitio perfecto para que vivan – dice Rachel, mi madre, como si estuviera trabajando en una inmobiliaria.
Miro en dirección a Nick que no ha dicho ninguna palabra, y entonces le hago un gesto, necesito que intervenga, que le diga a mi madre y a la suya que eso es una locura, y que no puedo vivir con Trevor, pero, o Nick esta muy distraído, o entonces es muy estúpido y no me entiende, porque sigue igual de callado y lo único que hace es beber de su taza de café como si fuera una anciana de mil años, y un chico de dieciocho años.
-Es tu segundo año en la universidad, Trevor, necesito que pongas los pies en la tierra y dejes de andar con esos amigos tuyos, que no me gustan nada – suelta Adriana, parece que ambas mujeres han armado todo un complot, uno al que Nick también se ha unido.
Por primera vez siento que estoy del mismo lado que Trevor, solo porque sé que no es posible que vivamos juntos antes de que nos matemos mutuamente.
-¿Tu qué demonios sabes de mis amigos? – le pregunta Trevor de mala gana a su madre, que abre los ojos como platos en cuanto lo escucha hablarle de esa manera.
-¿No creen que debieron habernos preguntado antes si queríamos vivir juntos? – digo, cruzando mis brazos sobre mi pecho, cosa que hago siempre que estoy molesta.
-En realidad no, no teníamos que preguntarles nada, hemos tomado la decisión que mejor nos parece, ambos vivirán allí, tu entraras en primer año y necesitas tu propio espacio...
-Y Trevor entrará a segundo año, y necesita dejar las niñerías – completa Adriana, armando todo un dialogo entre ambas – todos estamos de acuerdo, a Marcus – el padre de Nick y de Trevor – también le ha parecido una idea fantástica.
¡Bien, es definitivo, todos han tomado la decisión estando drogados! Es la única razón que se me ocurre para que sigan creyendo que esta estupidez es una buena idea.
Yo niego con la cabeza y fulmino con la mirada a mi madre y a Nick, de haber sabido que estudiar en la misma universidad que Trevor iba a hacer que me tocara vivir con él, jamás la habría elegido, es más, habría escogido la universidad en Hawái con tal de estar lejos de él, es que aun no puedo creer como mi madre es capaz de hacerme esto.
-Como sea, yo me largo de aquí – Trevor se rasca la cabeza, y sale de la sala, mientras todos lo vemos irse.
-Vuelvo en un minuto – le digo a mi madre, a Adriana y a Nick.
Trevor ya da la guerra por perdida, pero yo soy mas obstinada y me niego a aceptar esta locura, asi que corro detrás del chico.
-¡Trevor! – lo llamo, pero él no me oye, o finge no hacerlo, y entonces tira la puerta de la casa tras de sí.
Creo que también me toca recordarle que no esta en su casa, y por ende no tiene derecho de tirar puertas.
Abro la puerta y corro hacia él, hasta alcanzarlo y agarrarlo del brazo - ¡Que te detengas! – le digo.
Él se voltea a verme, y por la expresión en su rostro, sé que no esta nada feliz.
-¿Qué quieres, Maxine? – pregunta, sin mucho ánimo.
-¿Vamos a dejar que esto se quede asi?
-¿Tenemos alguna otra opción?
-No lo sé, pero pretendo seguir peleando hasta que lleguemos a la universidad.
-¿Y de que te servirá? Ya sabes como son, no les importara nada de lo que digas, además, han elegido el departamento, probablemente también firmaron un contrato de arrendamiento, y quien sabe si no planearon ya la fiesta de inauguración – dice, y entonces mete la mano a los bolsillos de su pantalón de deporte y saca una cajetilla de cigarrillos.
Yo lo miro mientras él saca un cigarro, toma el encendedor que también ha sacado de sus bolsillos, se pone el cigarro entre los labios y lo enciende, mientras lo veo fumar y me tapo la nariz, me doy cuenta más que nunca que no puedo vivir con él, los hábitos de Trevor me parecen asquerosos, no solo porque fuma como una chimenea, se droga y le gusta irse de fiesta cada fin de semana, sino porque sé que es un mujeriego a morir, y yo no quiero aguantarme los gemidos de nadie en otra habitación de mi departamento.
-¿Entonces ya te resignaste? – le pregunto.
Él levanta los hombros como respuesta, y le da una calada al cigarrillo, tirándome el humo en la cara.
-¡No hagas eso! – le digo con rabia, esparciendo el humo con mi mano.
-Tal parece que seremos roomies, muñeca – me dice, con el cigarro aun entre los labios.
Yo hago un mohín y suspiro, el olor a tabaco me cierra las fosas nasales haciendo que sea más difícil respirar.
-Primero que todo, no me digas muñeca, segundo que todo, si vamos a vivir juntos, tenemos que poner reglas.
Él me mira, y sé que se esta burlando de mí, no necesito que sonría para saberlo, lo conozco como a la palma de mi mano.
-Nada de cigarros en el departamento – esta vez si suelta una carcajada sonora que hace que me sienta mas cabreada de lo que ya estoy – no es un chiste.
-A mi me sonó como a uno.
Suelto un bufido y a riesgo de quemarme, le quito el cigarro de los labios y lo tiro al piso, y si no hubiera sido porque estoy descalza, lo habría pisado hasta hacerlo trizas.
-Te estoy haciendo un favor – suelto y él hace un gesto de desagrado con el rostro.
-Aquí están mis reglas – habla – no hay reglas – termina.
-No podemos vivir sin reglas.
-Podemos hacer lo que se nos dé la gana porque es la universidad, y no voy a dejar que me amargues la vida, ya me parece bastante malo tener que vivir contigo, no voy a aceptar que pongas ninguna condición, esto no es algo que yo quiera.
-Yo tampoco – le recuerdo.
-Ya que estamos claros en eso, vamos a hacer las cosas de la siguiente manera, compartiremos el mismo espacio, pero nos limitaremos a lo estrictamente necesario, me dejaras vivir como se me de la gana y yo no te molestare para nada, ¿Estamos de acuerdo?
-Pero... – intento refutar sus palabras, pero antes de que pueda decir algo más, él me da la espalda y camina hacia su casa que queda a un par de metros de la mía.
-Nos vemos pronto, muñeca – me grita, aun caminando lejos de mí.
-¡Vete a la mierda, Trevor! – le grito, y mi vecino de enfrente, un anciano que todas las mañanas riega sus plantas, me ve con los ojos abiertos.
Yo respiro profundo y entro hecha una fuera en la casa, esto no me puede estar pasando a mí, esto tiene que ser una jodida broma de mal gusto, Trevor y yo hemos sido vecinos desde siempre, nuestras madres se hicieron muy amigas cuando nosotros éramos unos bebes, Trevor me conoció cuando yo era una recién nacida y él apenas tenia dos años, nos hemos visto en pañales, nos hemos visto crecer, Nick, Trevor y yo nos hemos conocido desde siempre, pero yo siempre he sabido que Trevor jamás será mi amigo, no solo porque siempre ha sido mayor que Nick y yo, si no porque nunca me han gustado las cosas que hace, siempre he creído que es alguien inmaduro y detestable, Trevor siempre será el niño que halaba de mis trenzas en el patio de mi casa, es casi mi enemigo.
Y a mi madre se le ha ocurrido la idea de mandarnos a vivir juntos, es que de todas las cosas estúpidas que ha hecho mi madre en toda su vida, esta es la peor, y pretendo hacérselo saber.
-No quiero hablar contigo – le digo a Nick, mientras siento sus pasos caminar tras de mí.
Él suelta un gruñido y me sigue hasta mi habitación.
-Maxi – dice con voz profunda.
-No, no me digas Maxi, de hecho, no me dirijas la palabra en lo absoluto – digo, y me meto en el baño de mi habitación, para no tener que verlo.
Se supone que es mi novio, se supone que conoce a su hermano, y debe saber que Trevor y yo no podemos vivir juntos, aun no sé cómo no fue capaz de decir nada para oponerse.
Abro el grifo del agua caliente y me quito la ropa, después de unos minutos me meto bajo el agua, aun sintiéndome traicionada por mi novio, quien decidió emboscarme con mi madre y con la suya también.
Termino de bañarme pensando en todas las razones que voy a darle a mi madre para que entienda que Trevor no es la persona indicada para ser el compañero de vivienda de nadie, y entonces me envuelvo en una toalla, con cada una de mis razones en mi cabeza, haciendo una lista mental para enumerársela a mi madre.
Cuando salgo, veo mi celular encima del lavamanos, lo observo de reojo, está encendido y hay una notificación de mensaje en la esquina superior de la pantalla.
Lo desbloqueo con mi huella dactilar y lo reviso. Es un mensaje de un numero desconocido.
-Pensándolo bien, no es tan mala idea que vivamos juntos, muñeca – dice el mensaje, que de inmediato sé que es de Trevor, probablemente sacó mi número del celular de su madre o de Nick, yo nunca se lo he dado, jamás hemos hablado por celular porque nosotros no hablamos mucho, a excepción de las pocas palabras que cruzamos cuando estamos en su casa, o en la mía y él se limita siempre a fastidiarme la vida.
Enseguida me llega otro mensaje de él, es una imagen.
Yo la abro y veo la imagen de mi contacto, me ha guardado en sus contactos como "Roomie" y un corazón rojo.
Patético, pienso.
Maxine.
Dejo mi celular bloqueado dentro del baño y salgo de ahí, afuera esta Nick, sentado en mi cama mirando su celular.
-¿Qué haces todavía aquí? – le pregunto de mala gana yendo a mi closet para buscar algo que ponerme – necesito que salgas, voy a vestirme.
Él rueda los ojos y me hace un gesto.
-No es como si nunca te hubiera visto desnuda – suelta.
-No quiero que me veas ahora.
-Maxine – él deja el celular en la cama y va hasta donde yo estoy, me detiene con sus brazos fuertes y musculosos, agarrándome de la cintura – ¿Por qué estas tan molesta?
-¿Enserio me estas preguntando eso?
-Pues si – responde.
-Me dejaste sola, Nick, sabes que no me llevo bien con tu hermano, sabes que es como un dolor en el culo para mí y aun asi no dijiste nada, pensé que ibas a defender mi punto, creí que estabas de mi lado, pero no, tú te quedaste sentado bebiendo café como si fueras la señora Daisy – digo, suavizando mi voz mientras él suelta una sonrisa de medio lado.
-Me quede como la señora Daisy porque no creo que sea una mala idea.
-¿Enserio? – lo escudriño con la mirada y me quedo observando sus bonitos ojos color miel – ¿De verdad crees que esto es medianamente una buena idea?
-Pues sí, Maxine, tu madre tiene razón, es tu primer año y yo tampoco quiero que te elijan un compañero al azar, ¿Qué tal si es una persona que llega borracha de madrugada? ¿Qué tal si se trata de alguien a quien le gusta meter personas en la habitación?
-Es gracioso que lo menciones, porque ese es exactamente el tipo de persona que es tu hermano – suspiro, alejándome de él para poder vestirme.
-Lo conozco, se como es él, pero por lo menos podemos estar seguros de que no intentará asesinarte en la noche con una navaja de afeitar.
-Yo no estoy segura de eso – suelto, poniéndome la ropa interior frente a él – tu hermano es una persona misteriosa y es extraño, no me gustan ninguna de esas dos cosas.
-Trata de verlo por el lado positivo, siempre que Trevor te moleste puedes llamar a mi madre y poner las quejas.
Lo miro aburrida, con el ceño fruncido, yo no voy a hacer eso y él lo sabe
-El punto aquí es que debes darle una oportunidad.
-¿Tengo otra opción?
-No, pero míralo de esta forma, si resulta tan desastroso vivir con Trevor, en un año podrás cambiarte a una habitación o a otro departamento, solo será un año.
-Un año puede ser demasiado.
-En realidad no – él se acerca nuevamente a mí, toma un poco de la crema del cuerpo y comienza a ponérmela en la espalda – aprenderán a convivir.
-Eso lo dices porque tu estarás lejos, a tres horas de mí, no tendrás que aguantártelo – le recuerdo.
Nick continúa poniendo crema sobre mi cuerpo, mientras un sentimiento de tristeza se instala en mi pecho, hasta ese momento no había pensado en mi relación con él, dentro de una semana, Nick se ira a la universidad de Arizona, y yo me iré a la universidad del norte de Arizona, estaremos casi que en extremos opuestos, distanciados por tres horas de camino.
Ambos comenzaremos una nueva vida, él en la ciudad de Tucson, y yo en Flagstaff, dejaremos Prescott atrás, y tendremos que distanciarnos, no se como vayamos a sobrellevarlo, no hemos hablado realmente hasta el momento del asunto, creo que soy tan segura de mi relación con Nick que no he pensado en la posibilidad de que la distancia nos vuelva extraños.
-Nick – digo, volteándome hacia él – ¿Cómo vamos a manejar nuestra relación?
-¿A qué te refieres?
-A nosotros, ¿Qué vamos a hacer ahora que estaremos tan lejos?
Él me mira con sus ojos color miel y sonríe, delatando los hoyuelos que se forman a cada lado de su mejilla – yo conduciré a Flagstaff siempre que pueda y estoy seguro de que tu también me visitaras en Tucson, y siempre tendremos Prescott, este es el punto medio entre nuestras vidas, podemos venir aquí los fines de semana, y pasar el rato, nada va a cambiar, te lo prometo – él aprieta mi cuerpo parcialmente desnudo contra el suyo, y me da un beso profundo en los labios.
Yo aspiro de su aroma, huele a menta y a perfume, no hay rastro de tabaco en su cuerpo, o en su aliento y eso me hace adorarlo aun mas de lo que ya lo amo.
-¿Estás seguro que no te convertirás en un universitario borracho y me dejaras por una chica de segundo año? – pregunto, divertida.
-Yo no sería capaz de dejarte a ti – susurra contra mi boca, llevándome lentamente hasta mi cama, es en estos momentos en que me alegro de lo permisiva que es mi madre.
Ella no es como el resto de las madres, Rachel es la mujer que me llevo a que me enseñaran de planificación cuando cumplí los quince años, la misma que prefiere que tenga sexo bajo el techo de nuestra casa, que en un motel barato, la misma loca mujer que cree que es buena idea que una chica de dieciocho años que entrará en la universidad se vaya a vivir con un universitario de veinte años a otra ciudad.
La mayor parte del tiempo no estoy de acuerdo con ella, pero en este momento, en que Nick mete las manos por dentro de mis bragas blancas con total libertad porque sabemos que ella no entrará en la habitación a armarnos una escena, agradezco que Rachel Prior sea mi madre.
-¿Qué estás haciendo? – le pregunto a Nick, que acaba de quitarse la camiseta gris.
-¿Tu qué crees? – se burla, mordiéndome el labio.
Yo suelto una risita tonta y entonces me retuerzo debajo el cuerpo de mi novio, mientras acaricio su cabello rubio con mis dedos.
-Nick, ¿A ti no te importa que me vaya a vivir con Trevor? – cuestiono entre jadeos.
-No, ¿Por qué me molestaría? – me pregunta de vuelta, besándome el cuello.
-Porque soy tu novia y él es tu hermano.
-¿Y...?
-No sé, ¿No es extraño para ti?
-No, Maxi, te conozco, confió en ti y sé que jamás me traicionarías, además sé que Trevor no se fijaría en ti y de hacerlo, tu no le corresponderías – dice muy seguro de sí mismo, acariciándome el pecho con su mano izquierda.
Por un momento me siento ofendida por lo que dijo, ¿Trevor no se fijaría en mí? Sé que no soy la chica mas guapa del mundo, pero no me considero fea, me gusta mi cabello marrón, me gustan mis ojos grandes y negros, me gusta mi cuerpo, que esta en un límite medio, ni muy grueso, ni muy delgado, si yo fuera un chico, me fijaría en mi – pienso.
Nick no me da tiempo de darle mas vueltas al asunto, porque mete nuevamente la mano en mis bragas, acariciándome el clítoris con suavidad, haciéndome sentir húmeda.
Tampoco le doy mas vueltas porque sé que él tiene razón, Trevor no se fijaría en mí, ni yo tampoco en él.
¿O sí?