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CAMBIASTE MI VIDA "El amor es la mejor cura para cualquier enfermedad"

CAMBIASTE MI VIDA "El amor es la mejor cura para cualquier enfermedad"

Autor: : taycreaciones
Género: Romance
Ansol, una mujer con un pánico inexplicable a la gente, vive recluida en su hogar, donde trabaja desde su estudio. Su esposo, Gray, es un enigma que se marcha todas las noches sin dar explicaciones. Pero la verdad es aún más sorprendente: ¿Qué secretos oculta este hombre? ¿Y qué destino aguarda a Ansol cuando descubra la verdad detrás de las puertas cerradas de su hogar? 📖💫 Así comienza la intrigante novela de Ansol, donde los hilos del amor, el misterio y la familia se entrelazan en una trama cautivadora. ¿Podrá Ansol enfrentar sus miedos y desentrañar los secretos que amenazan con separarla de Gray? Solo el tiempo y el corazón revelarán las respuestas en esta historia llena de pasión y enigmas. 📖💫

Capítulo 1 1

Ansol Ludovic.

Como cada madrugada helada, caminaba descalza, subiendo y bajando las escaleras de la casa que resonaba con el eco de la soledad. Había una esperanza tenue, casi ilusoria, de que él regresaría antes del amanecer, evitando así la tortura de esperar otra noche entera para verlo.

"Si me preguntan," reflexioné , "no sé lo que es despertar junto a un hombre, ni recibir sus buenos días, sus buenas tardes o buenas noches." Gray era un hombre de pocas palabras, cuya rutina se limitaba a llegar a casa para la cena, ayudar con la limpieza de lo utilizado, y luego, envolverme en una pasión desenfrenada por unas horas antes de desaparecer nuevamente en la noche.

Desde el primer año de matrimonio, me había preguntado a dónde iba Gray, por qué no compartía conversaciones conmigo, incluso durante la cena.

Las dudas sobre si tendría otra familia comenzaban a invadir mi mente una vez más.

Gray era un hombre atractivo de 30 años, y yo, aunque solo tenía 25, sentía la brecha de edad entre nosotros. Mi último cumpleaños, al cual él asistió con su puntualidad característica, fue ligeramente diferente, ya que llegó con rosas y pastel.

"Como si eso de alguna manera llenara su ausencia," Pensé con un toque de amargura.

Quería confrontarlo, exigir una explicación por su comportamiento distante, por las pocas horas que me dedicaba. Pero había algo que me retenía, la inseguridad de no ser suficiente mujer para poner fin a esta situación.

Nos conocimos un 2 de abril, presentados por mi padre, un empresario poderoso y distinguido en la alta sociedad. Gray, el hombre de confianza de mi padre y su mano derecha, era el único en quien mi progenitor confiaba tanto que le entregó a su única hija como esposa.

Particularmente no me molestó en ese momento; después de todo, el atractivo de Gray capturó mi atención como ningún otro hombre y acepté de inmediato la propuesta de mi padre. Quien hasta el día de hoy solo me decía: "Entiéndelo."

Pero no podía entenderlo. ¿Qué mujer podría aceptar que su esposo solo apareciera por la noche para la cena, ayudara con la limpieza, cumpliera en la cama y luego se marchara hasta el próximo día a la misma hora? ¿Vivía Gray bajo algún encantamiento que le permitía estar a mi lado solo por ese breve tiempo, o tenía a alguien más?

Sin importar la razón, sabía que seguiría sin entender hasta que Gray decidiera sentarse frente a mi y aclarar todas las dudas que me atormentaban.

Con cada madrugada, mis días se volvían más amargos y solitarios.

-¿Qué tengo que hacer? -me preguntaba, mirando el móvil en la mano con el número de Gray en la pantalla.

Bajé la cabeza, dejándola reposar en mis brazos mientras un suspiro se escapaba entre mis labios.

"Ya no soporto la incertidumbre, ser ajena a lo que pasa en su vida."

Decidí que lo mejor era esperar, como lo había hecho durante los últimos tres años.

Me puse de pie y volví a la habitación que era el único lugar donde podía recordar a Gray, solo por el perfume que quedaba en el aire antes de que se fuera.

A las 6 de la mañana ya estaba vistiéndome, dispuesta a retomar mi día laboral y continuar con la rutina que me esperaba.

Estaba decidida: después de la cena, no permitiría que Gray me toque a menos que estuviera dispuesto a hablar. Si se niega, no tendré más opción que pedir el divorcio y marcharme de esta casa, una en la que había tenido escasos recuerdos con él.

Al llegar a la cocina, me servi mi taza habitual de café y me dirigi a la mesa para separar los archivos que mi asistente había entregado la tarde anterior. Aunque tenía bastante tiempo libre para hacer todo esto, sentía que al ocuparme por la mañana, de alguna manera negaba la realidad en la que vivía, una realidad marcada por mi eterna soledad.

 No tenía amigas con quienes hablar sobre mis asuntos personales, ya que desde pequeña había sido alguien a quien no le gustaba rodearse de muchas personas debido al desconocido pánico que despertaba repentinamente en mí. Angie, mi única persona cercana, era quien se encargaba de suplantarme en las reuniones de la empresa y de cerrar tratos.

También desconozco la causa del repentino temor a ser rodeada por personas fuera de mi círculo íntimo, pero mientras me sintiera bien de esta manera, supongo que lo mejor era seguir así.

Soy quien se encarga de la limpieza, la comida y todo lo necesario en casa. Si estoy demasiado cansada y no puedo hacerlo, una señora de la limpieza escogida por Angie venía los días en que visitaba la empresa.

Era extraño que no tuviera ese raro ataque de pánico cuando conocí o estuve con Gray, pero quería creer que se debía a la confianza que él me había brindado desde el principio.

-Angie, estuve revisando los archivos que me enviaste ayer por la tarde y no encuentro el registro de contaduría -hablé luego de encender el auricular y que mi asistente respondiera del otro lado -No lo envíes ahora, solo tenlo preparado en mi oficina, cuando llegue lo revisaré -la escucho llamarme por un "Solci", como siempre me decía, pero el sonido de la puerta abriéndose llamó mi atención -luego hablamos, alguien acaba de llegar.

Y finalize la llamada, esperando ver a papá atravesar la puerta de la cocina, ya que solo él y Gray tenían la llave de casa. Claro, la señora de la limpieza también.

Después de esperar un rato a que apareciera quien había llegado, me sorprendí al ver a Gray parado en la puerta, dirigiendo una mirada en mi dirección.

-¿Gray? -pronuncié, sin poder creerlo aún.

-Ansol, gracias a Dios aún estás aquí -dijo él, y negue sin entender a qué venía su repentina aparición.

-¿Qué haces aquí? -pregunté, sin darme cuenta de lo mal que sonaron las palabras.

-No sabía que tenía prohibido llegar a casa.

Capítulo 2 2

AnSol Ludovic.

¡Claro que era bienvenido en nuestra casa! Pero la sorpresa del momento me hizo formular muy mal mi pregunta, lo que claramente parecía disgustar a mi esposo quien me observaba.

-Lo siento, use una mala expresión -dije mientras dejaba mi taza de cafe y tomaba las carpetas con los archivos revisados -me extrañó verte en este horario, solo eso.

-Hay algo de lo que tenemos que hablar y quise aprovechar antes de que cada cual vaya a su trabajo -respondió y sentí mi corazón palpitar.

No dije nada por una serie de minutos. En los cuales me puse a pensar en el tema de conversación, pasando mil ideas por mi cabeza.

¿Cual era el asunto en esta ocasión? ¿Quizas el divorcio? ¿Quizas el anunciarme que tiene a alguien más? ¿Tal vez informarme de una vez la razón de su desaparición diaria?

Sea cual sea la razón, estaba provocando que mis nervios se disparen y mi cuerpo comience a temblar ante las ideas.

-¿Podríamos sentarnos un momento en la sala? -preguntó y muy temerosa asentí.

Luego de que él se fuera rumbo a la sala, mi boca dejó salir un fuerte suspiro, uno que quizás había retenido luego de sus palabras.

No sabía con exactitud que era lo que estaba pasando, pero decidí tranquilizarme preparando café antes de llevar mi presencia ante él.

Una vez obtuve las dos tazas listas, caminé a la sala dejando una delante de él y sentándome sin querer soltar la otra.

-Gracias -pronunció tomando la taza y bebiendo un sorbo del contenido.

Pese a que sólo fueron segundos, para mí pasaron horas viéndolo beber y llenándome de ansiedad al tener que oir aquello que tanto me atormentó durante dias, semanas, meses y años.

-Recibí tu mensaje en la madrugada, pero para cuando volví ya te encontrabas durmiendo -comentó dejando la taza sobre la mesa de centro, momento que aproveché a tomar mi móvil y revisar aquel mensaje que él decía le envíe.

Cariño:

Me gustaría hablar contigo ceniciento. esto de que te estés yendo todas las noches me llena de dudas y quisiera que por favor aclares lo que está sucediendo.

No pensaba decir nada, pero son tres años que vengo soportando lo mismo y la verdad llegó a cansarme.

Si es alguien más quien te está reteniendo, quiero que te sinceres conmigo y lo dejes claro. De esa forma cada quien podría continuar con su camino sin irrumpir en la vida del otro. ⁴:⅝√√

Mi cara fue un poema al leer el mensaje, pues no era consciente de haberlo enviado, pero si de escribirlo.

Recuerdo que borré varias veces antes de escribir éste y para cuando finalicé mis ojos se cerraron poco a poco.

-Puedo explicarlo -dije levantando mi mirada a él, notando como movía su cabeza negando.

-No vine hasta aquí para hacer acusaciones, sino porque considero que tienes razón y mereces una explicación ante lo que está sucediendo -contestó y deje la taza sobre la mesa debido a que mis manos comenzaron a sudar -AnSol, cuando tu padre me hizo la propuesta de matrimonio sabía que mi vida no era fácil. Por ello prometí ser un esposo atento, que pueda estar el tiempo suficiente en tu vida y del cual no tengas quejas -comentó -pero así como yo le informé de acontecimientos en mi vida diaria, él mencionó el hecho de que eras una mujer con problemas para socializar y que el involucrar más personas en tu vida pueda provocarte un ataque del cual no puedas reponerte.

-¿Entonces la razón de tu marcha se debe a que soy una mujer con problemas para rodearse de más personas? -pregunté y él negó.

-Como lo dijiste en aquel mensaje, hay alguien más en mi vida, alguien que me necesita más de lo que tu puedas hacerlo -añadió y sentí las lágrimas picar mis ojos, extendiendo mi mano para que se detuviera y me dejara procesar lo que estaba diciendome.

No todos los días tu esposo se sienta frente a ti y te dice que hay alguien más en su vida, por ello es que el tener que procesar todo repentinamente puede llegar a doler de una forma inexplicable.

-No es lo que estás pensando -agregó y negué poniéndome de pie, caminando de un lado a otro mientras sacudía mis manos y ahogaba ese desgarrador llanto que quería desprenderse de mi garganta -por esta razón no quería hablarlo antes contigo, sabía que podría hacerte daño -lo escuché decir mientras corría a la cocina.

Sentía que me ahogaba, que algo pesado caía dentro de mí y me destrozaba el alma.

-Bebe un poco de agua -dijo al volver y acercar un vaso hasta mis manos.

-¡NO QUIERO BEBER NADA! -grite lanzando aquel vaso, agachandome luego con mis manos temblando para recoger el desastre que hice.

-¡NO HAGAS UNA LOCURA, ANSOL! -grito tomandome de la cintura y alejándome de los fragmentos de vidrio.

-Sueltame por favor -pedí mientras respiraba con rapidez -solo quiero recoger el lío que hice, no soy una loca que vaya a lastimarte.

-No me preocupa que me lastimes a mi, me preocupa que te lastimes tú -respondió y rei ante sus palabras, forcejeando con él hasta soltarme y caminar hasta lo que alguna vez fue un vaso.

-Que tenga problemas para socializar no me convierte en alguien capaz de lastimarse a sí misma por no poder aceptar la realidad que cae en mi cabeza -mencioné mientras juntaba los vidrios muy despacio y los llevaba a tirar en el tacho de la basura para luego apoyarme por la mesada y dejar salir ese pequeño llanto.

-Sol...

-Viniste por el divorcio ¿verdad? -pregunté con mi voz herida.

-Vine por una conversación, pero claramente no estás preparada para oírme.

-¿Y quien está preparada para oir que su esposo la vista por unas horas todos los días y luego se va porque tiene a alguien más? -pregunté sin girarme a verlo -Gray, dejame preguntarte algo -me giro a verlo -¿Alguna vez me amaste siquiera un poco?

Capítulo 3 3

Narradora.

Nada correspondía a lo que Ansol había creado en su mente, pero Gray era consciente de que, sin tranquilizarla primero, resultaría imposible revelarle la verdad. Estos tres años de matrimonio habían transcurrido en silencio, rehuyendo revelar la realidad por temor a una reacción adversa o a que Sol sufriera más de lo que lo hacía por sus declaraciones. Pues no era ajeno a la realidad que lo golpeaba y al suponer que como mujer, desconfiaba de sus escapadas nocturnas.

Ella jamás había sido una persona de actos impulsivos o agresivos, pero existe una primera vez, y él quería evitar de cierta forma que sus palabras la lleven a cometer un terrible error.

-Desde aquel instante inicial en que cruzaron nuestras miradas -expresó él, abordando la pregunta planteada por su esposa.

-Eso es mentira -repuso ella, mientras las lágrimas irrigaban sus mejillas y un tinte carmesí adornaba su nariz pequeña y perfecta-. Si realmente me hubieras tenido afecto, no estarías aquí revelándome la existencia de otra persona.

-No hablo de otra mujer, Sol -rectificó Gray, notando cómo el asombro se entrelazaba con las lágrimas en los ojos de su esposa.

Con decisión, se aproximó a ella y la cobijó entre sus brazos, procurando tranquilizarla y ansiando su comprensión. Era consciente de que, si Ansol lo repudiaba tras esta confesión, no tendría alternativa más que disolver su matrimonio y, por ende, perder a la mujer con la cual deseaba despertar cada día.

-Estoy confundida -manifestó ella, zafándose del abrazo y exigiendo con su mirada una explicación definitiva.

-¿Podrías acompañarme al salón y permitirme concluir mi relato? -propuso Gray, acariciando sus mejillas y contemplando esos iris verdes que tanto le fascinaban.

-De acuerdo -accedió ella, retornando con él al salón y acomodándose uno junto al otro.

-Sol, narraré desde el origen para que logres entender -precisó él, tomando aire y preparándose para lo que vendría-. Antes de nuestro encuentro y compromiso, tu padre estaba al tanto de que poseía una obligación más allá de mi profesión, razón por la cual vacilé al aceptar su proposición matrimonial -sujetó sus manos-. Mucho antes de conocerte, tuve un romance con otra mujer -notó la repentina tensión-, aunque nunca fuimos más allá de ser pareja esporádica -se mordió el labio-. El dilema surgió cuando ella quedó embarazada y... falleció al dar a luz a mi hija.

-Oh... -articuló ella, atónita y sin desviar la vista de la consternación en los ojos de su marido.

-Desde aquel entonces, al ser rechazada la pequeña por sus parientes maternos, asumí la custodia -continuó-. Mis padres me respaldaron y siguen haciéndolo, ocupándose de ella durante el día por mis ocupaciones laborales, conscientes de que por las noches debo visitarte y después regresar para cuidar de mi pequeña -exhaló-. Lo correcto hubiera sido discutirlo antes de casarnos, pero tu padre me incitó a omitirlo, considerando tu recelo a entablar relaciones o conocer a alguien nuevo -expuso, desviando la vista mientras acariciaba las manos de su esposa-. Por ello opté por este método, frecuentándote tras mi jornada laboral y volviendo a casa de mis padres para pasar la noche con mi hija hasta el amanecer.

-¿Qué edad tiene la niña? -indagó ella con interés, observando cómo su esposo alzaba la vista para encontrarse con la suya.

-Cuatro años -respondió él, y ella asintió con la cabeza-. El motivo por el que deseo esclarecer todo, además de que lo mereces, es porque mi madre ha caído enferma y ya no puede encargarse de mi hija y... -suspiró-, tal vez necesite contratar a una cuidadora, pero eso alteraría el tiempo que puedo brindarte y...

-¿Por qué no la traes aquí con nosotros? -sugirió ella, viéndolo sorprenderse y negar-. ¿Temes que yo le cause algun tipo de daño, cierto?

-¡De ninguna manera! -aseguró él con prisa -. Mi inquietud es que te afecte incorporar a mi hija en tu vida y... no deseo que pases por ello -respiró hondo-. Ignoro cómo repartirme, pero intentaré organizar mi agenda para que puedas...

-No -lo interrumpió ella con decisión, avivando la preocupación en su marido.

Aunque era consciente de que revelar la verdad podría empujarlo a perder a su esposa, no estaba dispuesto a seguir ocultándole la realidad ni a desamparar a su princesa.

-Gray, deseo que traigas a la niña aquí -prosiguió ella, observándolo ponerse en pie y ocultar su rostro entre las manos, confundido, inquieto y hasta quizás sin saber que hacer -. No es justo vivir un matrimonio bajo estas circunstancias, ni es saludable para la niña que no compartas ciertos momentos con ella -se levantó y tomó las manos de su esposo-. Es hija, y como tal, la acogeré en mi vida y le proporcionaré el cariño materno que le ha sido falta desde su nacimiento.

-No es tu obligación, Sol -objetó él.

-Lo es desde que me convertí en tu compañera -afirmó ella, acariciando sus mejillas-. Soy capaz de hacerlo -insistió-. Confía en mí.

-Confío en ti -respondió él, envolviéndola en un abrazo-. Solo temo lastimarte al prácticamente forzarte a aceptar a mi hija.

-Nuestra hija -corrigió ella con dulzura-. Es nuestra hija ahora, y nada me colmaría más de alegría que cuidar de ella y permitirte descansar en casa, dedicando el tiempo que desees a ambas, sin tener que estar dividiendote para no abandonar a ninguna o quizás, pensar en perder lo que llevamos tres años construyendo con pocas piezas.

-Mi amor... -sollozó él, sintiéndose aliviado de una carga que lo agobiaba.

Ya no podía más; a veces pensaba en renunciar a una para descansar, pero ahora se cuestionaba por qué no había dialogado antes con su esposa. Quizás así las cosas podrían fluir y finalmente estaría en un solo lugar con las dos mujeres de su vida.

-Calma, todo se resolverá. Seré tu pilar -lo consoló ella, incapaz de reprimir las lágrimas al escuchar a su amado llorar-. Ve por ella, hoy nos dedicaremos a conocernos y a acomodar el cuarto de la pequeña en este nuevo hogar que le brindaremos.

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