Aracelis Ceballos una joven cansada de los duros golpes que la vida le ha dado, decide olvidarse de todo, inclusive su madre, para por primera vez en mucho tiempo pensar en ella, en sus sueños que debió dejar pausados por culpa de la adicción de su madre, pero cuando creía que podría con todo, su madre sufre una sobre dosis que la deja en coma y ella deberá decidir si dejarla a su suerte o trabajar en el Club con más prestigio de la ciudad.
¿A qué precio?, ¿La vida no se cansa de hacerla añicos? ¿Cuantos golpes más faltan para que el ser supremo que se encarga del destino la deje en paz de una vez por todas?... Son las preguntas que la agobian cada noche desde aquel día.
Mauro Jones el hombre más arrogante y carente de corazón contra quienes osan traicionarlo aunque sea con el pensamiento. Se siente con derecho a destruir a cuántas personas se le antoje, por el simple hecho de creer que la vida le debe mucho después de arrebatarle lo que más amaba; convirtiéndose así, en un ser frío y al que todo el mundo teme.
Sus vidas de por sí ya eran un desastre, pero ¿Que pasa cuando dos personas completamente destruidas coinciden? ¿Se ayudarán a reconstruirse o terminarán de romperse hasta quedar vacías?


Aracelis Ceballos una joven cansada de los duros golpes que la vida le ha dado, decide olvidarse de todo, inclusive su madre, para por primera vez en mucho tiempo pensar en ella, en sus sueños que debió dejar pausados por culpa de la adicción de su madre, pero cuando creía que podría con todo, su madre sufre una sobre dosis que la deja en coma y ella deberá decidir si dejarla a su suerte o trabajar en el Club con más prestigio de la ciudad.
¿A qué precio?, ¿La vida no se cansa de hacerla añicos? ¿Cuantos golpes más faltan para que el ser supremo que se encarga del destino la deje en paz de una vez por todas?... Son las preguntas que la agobian cada noche desde aquel día.
Mauro Jones el hombre más arrogante y carente de corazón contra quienes osan traicionarlo aunque sea con el pensamiento. Se siente con derecho a destruir a cuántas personas se le antoje, por el simple hecho de creer que la vida le debe mucho después de arrebatarle lo que más amaba; convirtiéndose así, en un ser frío y al que todo el mundo teme.
Sus vidas de por sí ya eran un desastre, pero ¿Que pasa cuando dos personas completamente destruidas coinciden? ¿Se ayudarán a reconstruirse o terminarán de romperse hasta quedar vacías?


Título:
Sin Empleo
La pizzería está a rebosar, teníamos tres cumpleaños, eso sin mencionar que todos los padres del lugar han decidido traer a sus hijos en el día de hoy. Sin mentir, hemos hecho la venta del mes en tan solo un par de horas, las cuales han sido un completo caos.
Por cierto, soy Aracelis Ceballos, la cajera de Wendy's Pizza, trabajo aquí desde que tengo dieciséis, sí, ya sé que aún era menor de edad y qué tal vez ustedes dirán que a esta edad deberia estar en la escuela y no preocuparme por un empleo, ya que para eso estaban mis padres o algo así.
Pero mi padre murió cuando apenas tenía quince años, mientras el vivió se encargó de mi, ya que mi madre era una adicta. A su lado mi vida era normal; tenía amigos, iba a la escuela, todo era perfecto... hasta aquel trágico día que recibí la noticia de su muerte, la cual fue de la peor manera; hubo un incendio en el edificio en el cual laboraba y fue consumido por las llamas, dejando solo cenizas.
A mi corta edad no pensé en nada más que querer morirme, pero los deseos aumentaron el día en el que el estado volvió a entregarle mi custodia a mi madre, acompañado de una gran indemnización por parte de la empresa donde mi padre perdió la vida. No saben cuánto me arrepiento de no haber tenido el valor aquella noche de cortar mis venas, ya que mi propia madre se encargó de hacer mi vida un infierno. En menos de un año despirfarro todo el dinero y me dijo que si quería seguir viviendo bajo un techo tendría que dejar mis estudios y trabajar y es así como llegue a ser cajera del lugar.
-¡Ara!- mi compañera Abigail me saca de mis pensamientos
-¿Qué pasa?- pregunté un tanto espantada
-necesito que me ayudes con algunas órdenes- dijo apresurada
-no puedo dejar la caja sola- miré hacia todos lados
-la señora Consuelo así lo ha ordenado y órdenes son órdenes- tome un largo suspiro, le puse seguro a la caja y seguí sus pasos
-necesitaras esto- me lanzo un mandil
-no soy experta en estas cosas- reprocho mientras hago un puchero
-y, es por eso que solo llevarás esto- me extiende una bandeja con algunas hamburguesas -asi evitaremos un gran desastre- empieza a caminar luego de haber tomado una bandeja y se detiene al verme aún de pies -vamos Aracelis, no tenemos todo el día- seguí sus pasos apresurados hasta llegar a la mesa.
Ayude con varias órdenes hasta que sentí calambres en mis pies, fui por el último, pero la señora Consuelo me detuvo y me pidió que volviera a la caja y allí me encuentro un verdadero caos al ver a los padres algo molestos por la lentitud en la que eran atendidos
-¡Que bueno que llegas!- dice Alec, el compañero que se encargo de la caja mientras terminaba, le sonreí y procedí a terminar de cobrar, acto que solo duró unos segundos ya que tenía gran destreza en el puesto.
-¡Vaya!... Te admiro, si que eres buena en esto-
-ya son cuatro años en esto, así que - me encogí de hombros y ambos reímos.
Hoy tenía turno completo, así que me alegré al ver que solo faltaban unos cuantos minutos para concluir la jornada, aunque todo seguía siendo un caos en el lugar
-Ara, necesito que lleves estos refrescos a la mesa nueve- era Consuelo entregándome una bandeja -no te preocupes por la caja, yo cuidaré de ella- me sonríe amablemente mientras tomo la bandeja. Mis piernas a cada paso que daba se volvían gelatina, no era muy buena, en estas cosas del equilibrio
"vamos Ara, tú puedes, solo camina un poco más, solo son dos refrescos, nada malo puede pasar" decía mi yo interno para darme ánimos, pero de un momento a otro aparecieron unos niños correteando por el lugar, uno de ellos se agachó en mis piernas por la parte delantera mientras que el otro le buscaba por detrás de mí y en un abrí y cerrar de ojos hicieron que mi bandeja cayera sobre uno de los integrantes de la mesa a la cual se supone debía entregar los refrescos, no tirarlos
-perdón señor, no quise que esto pasara- hablé rápidamente mientras le ayudaba a limpiar torpemente el desastre, pero sus manos me detuvieron con brusquedad
-yo puedo hacerlo solo- su voz fue un poco austera y demandante y fue cuando me di tiempo de mirar al hombre que tengo en frente, tenía sus ojos azules que podrían hacer perfectamente a cualquiera quedar petrificado de miedo, su rostro enmarcado y su mandíbula estaba tensa -¿Te quedarás ahí viéndome?- dijo aún más molesto trayendome del embrujo en el que estaba ante su mirada
-lo siento mucho señor, no se preocupe por su cuenta, yo me encargaré de ella- dije con voz titubeante, pero este solo río con desgano
-niña, en esta mesa hay más dinero del que ganas en un mes- dijo con arrogancia
-no importa, igual lo pagaré- tenía que conseguir que aceptara la disculpa, la señora Consuelo no perdonaba errores y temía perder mi empleo
-Marcelo, no seas tan duro con la joven, ella solo intenta compensar el daño causado- hablo una de las mujeres que estaba en la mesa
-¿Sabes lo que quiero?- pregunto mirándome fijamente
-no señor- tragué duro, si que su mirada era fría
-que te largues en este momento, no soporto la gente inepta- intenté hablar, pero Consuelo llegó en ese momento y me pidió que por favor volviera a la caja, que ella se encargaría de solucionar todo y bien que lo solucionó, porque al terminar el día, me espero en su oficina con mi cheque de liquidación, me dijo que no dejaría que su negocio tomara mala fama por un "estupido error".
Y aquí estoy, sentada a la orilla del pavimento mientras miro el cheque, no sé qué haré con el dinero, ya que si se lo entrego a mi mamá acabará malgastandolo. Suspiré profundo y volví a guardarlo en el pequeño bolso que colgaba en mi cintura. Pegue mis rodillas en mi pecho y las abrace, necesitaba encontrar un empleo, mientras me perdía en mis pensamientos escuché un claxón y alce la vista para mirar
-¡Ara!, Creí que ya no vivías aquí- vi a mi antigua mejor amiga Matilde bajar de un lujoso Porsche Cayenne de color rosa
-¿Mati?- me sorprende verla después de tanto tiempo y sin pensarlo me apresuro a ponerme de pies, sacudo un poco mi pantalón y la abrazo tan pronto ella llega hasta mí, era lo que más necesitaba en estos momentos
-la misma- dijo una ves nos separamos -le he preguntado a media secundaria por ti, pero nadie a sabido dar razones de tu existencia y por casualidad he pasado por aquí y mira que grata sorpresa- vi como sus ojos se tornaron brillantes para luego empezar a derramar aquel líquido cristalino también conocido para mí
-no sabes cuánto te he extrañado- me abrazó nuevamente y, cómo era de esperarse no pude contener mi llanto tampoco.

Título:
Reencuentro
-tenemos tanto de que hablar- dijo Mati mientras limpiaba sus lágrimas para luego limpiar las mías
-ven, te invito a mi casa- abrí la puerta y caminamos para ir hasta mí habitación, pero nos detuvimos abruptamente al escuchar algunos gemidos proviniendo de la sala, con pensamientos incrédulos y piernas temblorosas decidí ir a ver antes de pasar con Matilde para encontrarme con la escena más asquero de mi vida:
Mi madre estaba sosteniendo relaciones con dos hombres mientras que un tercero grababa la escena
-¡Mamá!- grité cargada de enojo, no creí que me pudiera decepcionar más de lo que estaba, pero me equivoque
-¡ARACELIS!- grito mientas se despegaba de aquellos hombres con dificultad -¿NO SE SUPONE QUE IRIAS A CASA DE TU AMIGA?- se puso de pies frente a mí completamente desnuda y, los hombres de los cuales se separó ahora estaban detrás de ella con sus erecciones al aire libre
-¿Qué tal si hacemos un dúo?- dijo uno de ellos con una amplia sonrisa, mi madre solo le mire para luego darle un costado en su estómago -piensalo Clara, podrías ganar más- dijo con cierto cinismo, causando un gran asco y unas inmensas náuseas
-¿Se supone que ahora eres actriz porno?- cruce mis brazos tratando de ignorar aquellos hombres que no dejaban de verme con lujuria
-Ara te puedo explicar- miró a los hombres que estaban a su costado -continuaremos otro día- fue lo único que les dijo para que ellos entre balbuceos empezaran a recoger sus ropas
-no tienes nada que explicar- fuí hasta el recibidor donde estaba Matilde y le pedí que saliéramos de la casa, mi madre gritaba mi nombre, pero no me detuve, solo quería salir del lugar.
Minutos después llegamos hasta un café, ambas tomamos asiento, Matilde pidió dos malteadas de fresa y luego fijo su mira hacia mí cuando tomos asiento
-cuentame, ¿Qué ha sido de tu vida estos cuatro años?, Desde la muerte de tu padre no supe nunca más de ti, te marchaste sin explicación alguna- dijo un tanto triste, pero al mismo tiempo agradecí que no preguntase por lo ocurrido en mi casa.
Le redacte toda mi vida en fracción de segundo mientras disfrutábamos de una segunda malteada
-si que has pasado por mucho- agarró mis manos -no sabes cuánto lamento no haber estado ahí para ti- la apretó ligeramente
-y para completar, por culpa de un imbécil me he quedado sin empleo- suspiré
-¡Santo cielo chica! Deberías hacerte algún despojo - dijo la mesera mientras se acercaba a retirar nuestras bebidas trayendo consigo otras -no quise escuchar la conversación, pero fue inevitable- colocó las nuevas malteadas -estas son de parte del joven de allá- señaló discretamente a un joven que estaba sentado en uno de los taburetes del mostrador, este al percatarse de que le estábamos mirando nos sonrió amablemente y nosotras hicimos lo mismo
-gracias- dijimos ambas al unísono
-¿Qué hay de ti?, Estás hermosa y veo que andas en un auto muy costoso- Matilde era una chica hermosa, no había cambiado tanto, bueno, en realidad solo sus senos se veían más grandes, pero después seguía siendo la misma chica delgada de ojos color avellana, cabello castaño ondulado y aquella armoniosa sonrisa realmente era linda y lo mejor de todo es que era super simpática
-bueno, ya sabes que siempre soñé con una vida de lujos y decidí que yo misma me la daría, no soy esa princesa que espera por un príncipe azul en lugar de ella misma bajarse el universo completo- aquellas palabras profundizaron en mí, sé que esa no era su intención, pero yo siempre e sido de esas chicas a las que la vida golpea y se queda tirada, nunca supe ser aguerrida y luchar por lo que quería, solo... Dejaba que todo fluyera
-¡Hey!- Matilde se percató de aquello -no dije eso para que te sientas mal, no lo digo por ti, sabes que siempre he sido algo codiciosa- ambas reímos -deje los estudios un mes después de que desapareciste- tomó un sorbo del popote
-¡¿Cómo?!- aquello si que me sorprendía, Mati era muy aplicada, tanto o incluso más que yo
-asi como lo escuchas, decidí empezar a buscar aquello que quería para mi vida que sabía que una universidad no me daría y me casé con Kalvin- dijo lo último con tristeza
-¿Aquel novio misterioso?- sonreí al recordar todas las travesías que hacíamos para colarnos al tercer año para poder ver aquel chico
-si- dijo con pesar -no duramos tanto como creímos que sería...salí embarazada al poco tiempo y luego, luego...- de pronto empezó a sollozar - luego de una golpiza perdí al bebé y gracias a ello no podré tener un hijo nunca más, aquel hombre se encargó de dejarme vacía- agarre sus manos y la apreté tratando de aminorar su dolor - caí en depresión, estuve internada en un psiquiátrico durante seis meses, luego de eso volví a casa de mis padres, quienes se dedicaron a llenarme de mimos cada momento del día
»luego conoci a Kandall, una chica que se mudó justo frente a mi casa, nos hicimos grandes amigas y me sorprendió el saber que ella apenas tenía veintidós y se costeaba toda su vida, una vida bastante ostentosa, hasta que una noche me confesó que trabajaba para un club, llamado CLUB DEL MILLÓN y desde entonces mi vida cambió por completo y soy una de esas chicas millonarias- sonrió limpiando sus lágrimas
-y pensaba que mi vida era un desastre- murmuré casi sin pensarlo
-¿Supongo que Kalvin está preso?-
-lo estuvo, ahora está muerto- me atragante con la malteada -si, en la cárcel en la cual estaba se armó un motín, el intento escapar y un policía le disparó, ¿Sabes cómo le llamo a eso?- negué -karma instantáneo- sonrió
-¿Y que se supone haces en ese club?- deje de lado la malteada sentía que iba a congelarme
-ofrezco mi cuerpo- su voz se escuchó con tanta naturalidad que me asombro
-¿Eres una prost...
-no, soy una flor del lugar, solo acompaño a los hombres para desestrezarlos, solo hay sexo si aceptas, de lo contrario solo flipeo o tontas caricias, aunque cuando tienes relaciones las comisiones son más, pero aquello no es lo mío- ahora estaba más confundida
-¿Cómo es eso de una flor?- la curiosidad me ganó
-ya sabes cómo es el rollo de las flores- empezó a enumerar con sus dedos -debes cuidarlas, regarlas, ya sabes, tratarlas bien para que puedan seguir con vida y no se marchiten, esa es la política del lugar, cuidar a cada una como si fuéramos rosas o flores de un hermoso jardín-
-ya...
-pregunta, no te quedes toda pensativa- sonrió para luego acomodar su cabello detrás de la oreja
-es que no sé qué decir, nunca había escuchado de algo así- mi mente realmente se había quedado en blanco, nunca me imaginé a Mati hacer algo así
-¿Quieres que te lleve al lugar?-
-no, gracias- dije rápidamente
-vamos, no es cómo piensas, aquel lugar es muy prestigioso y solo los socios pueden pasar, además, no te obligaré a acostarte con nadie...amenos que quieras- dijo lo último con picardía
-aunque sea sofisticado o como le digas, es un prostíbulo, además no me acostaria con nadie...aún soy virgen-
-anda Ara, solo será un momento, hoy es mi día libre y quiero presentarte a Kendall, es una gran amiga y se que ambas lo serán también- asentí
-esta bien, solo un momento- olvide lo insistente e intensa que era está mujer
-pero antes, debes de cambiarte- tomó mi mano dejando algunos billetes sobre la mesa.
-pero antes, debes de cambiarte- tomó mi mano dejando algunos billetes sobre la mesa