La familia Amorielle fue iniciada en 1902 por Alero Amorielle, y conocida por su vasta historia criminal. Fue acusada de fraude bancario, tráfico de narcóticos y armas. Tuvo su lugar garantizado entre las grandes familias mafiosas que llegaron a los EE.UU. . Gran parte de los integrantes de la familia fueron muertos en los conflictos con otras familias y no se conocía el paradero de la familia Amorielle ...
Hasta hoy.
***
- Vittorio. - llamó a Marco Amorielle después de llamar a la puerta del cuarto de su hijo.
El señor de cabellos grises y ojos verdes abrió la puerta y se encontró con su hijo parado frente al espejo arreglando su corbata de moño mientras era observado por su acompañante, una bella mujer de cabello rubio vestida con un glamuroso vestido rojo.
- Oh, perdonadme. - Soltó a Marco de mala gana delante de la escena del hijo con su novia. - No sabía que Eleonora estaba aquí.
- No te preocupes, suegro. - Dijo la joven sonriente hacia el señor de sesenta años. Se alejó de su novio. - Sólo estaba ayudando a este niño a vestirse.
- ¿Niño? No me llamó así hace unos minutos. - Provocó al chico con una sonrisa maliciosa.
- Menos detalles, jóvenes, por favor. - Pidió Marco mientras gesticulaba con la mano. Él sonrió a la nuera y preguntó: - ¿Puedo tener un momento a solas con el cumpleañero?
- Sin duda, suegro. - Dijo Eleonora caminando en dirección a Marco. Ella tomó la mano de su suegro y besó el anillo dorado, con las iniciales de la familia Amorielle, dispuesto en el dedo meñique de Marco, al final él era nada menos que el Jefe de toda la mafia ítalo- americana. - Don Marco.
Él saludó en dirección a la joven que entonces salió del recinto dejando padre e hijo solos. Marco se acercó al hijo que aún luchaba con la corbata que estaba ligeramente torcida, muy diferente de la que llevaba su padre, perfecta.
- Déjame ayudarte. - Pidió el padre que ya ponía sus manos sobre la corbata de su hijo desatando el nudo. - Apuesto que todo eso es sólo nerviosismo. Resulta que no todos los días cumplimos treinta años...
- Y mucho menos en la celebración del aniversario de perlas de sus padres. - Completó Vittorio encarando al padre que no demostró tan entusiasmado como debería con el recuerdo. - ¿Está todo bien, papá?
- Sí, ¿por qué la pregunta? - Respondió Marco con otra pregunta mientras luchaba con la corbata de su hijo.
- Pensé que estarías más alegre con tu aniversario de boda... treinta años de casados no es para todos.
- Es... no lo es. - Marco estuvo de acuerdo sonriendo brevemente a Vittorio que conocía muy bien aquella sonrisa falsa de cuando algo está molestando a su padre.
- ¿Qué pasa, Don Marco? - preguntó Vittorio, en serio. Puso la mano sobre la de su padre impidiéndole seguir arreglando su corbata.
Marco Amorielle se enfrentó a su hijo, por más que lo intentó no podía fingir que todo estaba bien, pues Vittorio lo conocía muy bien. Lo único que le quedaba era decir la verdad.
- ¡Quiere decir que ustedes dos están aquí! - Dijo Antonietta Amorielle entrando en el cuarto, irritada. Ella se acercó a los dos, sosteniendo la cola de su vestido verde musgo, y luego se dio cuenta de que la cinta de su hijo estaba todavía por hacer, aumentando aún más su irritación. - ¿Por qué tu corbata sigue así?
-Hola, mamá. - Saludó Vittorio a su madre con una enorme sonrisa. Él encogió sus hombros conforme fue justificándose: - Mi corbata insistió en quedar torcida y entonces papá decidió ayudarme.
- ¿Tu padre? - Interrogó a Antonietta mientras miraba a Marco. Ella se volvió hacia su hijo sonriendo y entonces dijo: - Don Marco Amorielle puede ser genial en los negocios, pero cuando se trata de una pajarita es a mí , Antonietta Amorielle, a quien siempre recurrió.
- Pues lo es y vean como estoy. - Soltó a Marco apuntando a su corbata.
- Ven, cariño. Déjame hacerlo. - Pidió Antonietta colocarse en el lugar del marido que se alejó y entonces arregló la corbata del hijo con sus manos ágiles mientras decía: - Espero que esa sea la última vez que arreglo su corbata y que la próxima sea hecha por su esposa...
- Ahí viene la señora con ese asunto. Yo y Eleonora aún no estamos en ese grado en nuestra relación. - Explicó Vittorio, en serio. -Acabamos de hacer un año de novios, mamá.
-Aun así, creo que es tiempo suficiente. Tu padre y yo nos casamos en un mes. - Argumentó Antonietta que terminó de arreglar la corbata del hijo que ahora estaba perfecta tal cual de Marco. - Y mira donde estamos...
-Treinta años de matrimonio. - Finalizó Marco antes de respirar hondo, gesto que tampoco pasó desapercibido por la esposa que lo fusiló con sus ojos verdes.
Había algo en el aire entre la pareja que incluso Vittorio se dio cuenta. Conociendo a sus padres, él apostaba que su madre debe haber exagerado en algún punto del evento de hoy y disgustó a su padre, o lo contrario. Al final, los dos siempre pecaron por el exceso y acabaron reprendiéndose entre sí. Vittorio ya había presenciado aquella guerra fría entre ellos, que a pesar de no discutir delante de su hijo, nunca consiguieron disfrazar que algo sucedía.
- Estamos aquí en el cuarto de nuestro único hijo muy amado. - Continuó Antonietta mientras golpeaba levemente el pectoral de su hijo. - Y futuro jefe de esta familia.
- Es hora de irnos. - Interrumpió a Don Marco mientras observaba su reloj. - Eleonora ya debe estar convirtiéndose en una estatua allá afuera.
- Tienes razón, papá. - Estuvo de acuerdo Vittorio que caminó hacia su armario y entonces abrió uno de sus cajones, atrayendo atención de su madre.- No estoy cogiendo un anillo de compromiso, sólo mi reloj, Lady Amorielle.
- No cuesta soñar. - Murmuró Antonietta mientras movía los hombros, brevemente.
***
Los invitados conversaban animados cuando se anunció la presencia de la familia Amorielle que ahora aparecía en la cima de la escalera de mármol: Eleonora sostenía en el brazo de su suegro mientras Vittorio concedía su brazo a Antonietta.
En ese momento eran vistos como la realeza entre todas las familias allí presentes.
Marco inclinó la cabeza a cabeza hacia su empleado que golpeó dos palmas haciendo que los invitados se callaran:
- Bienvenidos, amigos míos. Bienvenidos a otra celebración de Amorielle. Hoy tenemos la alegría de festejar el cumpleaños de mi hijo, Vittorio Amorielle. - Comenzó Marco sonriendo hacia el hijo que lo encaraba, feliz. Don Marco cogió su copa entregada por el camarero que continuaba entregando a sus familiares y entonces continuó su discurso: - ¡Entonces, un aplauso para Vittorio Amorielle, pues hoy es a él a quien celebraremos!
Los invitados aplaudían al chico que ahora miraba a su madre que le sonreía mientras lo aplaudía. Se acercó su rostro al oído de su madre como si estuviera besando su rostro y preguntó:
-¿Qué pasa entre ustedes?
- Hijo mío, te prometo que más tarde lo sabrás. - Aseguró su madre que mantenía la sonrisa en los labios, pero lágrimas en los rabillos de los ojos.
***
La fiesta estaba animada, pero Vittorio ansiaba su fin. Él solo conseguía pensar en las palabras de su madre. El heredero de Marco se mantuvo sentado en la mesa mientras observaba a los padres que a pesar de la interacción entre ellos, había notado que no se tocaban ni por fuerza del hábito. Ellos tampoco habían bailado, algo muy inusual tratándose de la pareja que amaba una pista de baile. Quiero decir, ellos ni siquiera habían bailado entre sí, pero tanto Don Marco como Antonietta cayeron en la pista con otras personas. Antonietta eligió a Giuseppe, Consegliere de Marco , como compañero de baile, mientras que Eleonora se encargó de ser la compañera de Marco. Por más que Vittorio no quisiera pensar, la única hipótesis que venía en su mente es que sus padres se estaban divorciando. Sin embargo, aquello era algo imposible en la mafia, aún más cuando se trataba del Capo di tutti Capi ( el jefe de todos los jefes) y su esposa. No es que existiera una ley sobre el divorcio, pero todos seguían lo que la iglesia católica determinaba: hasta que la muerte nos separe. Tu padre no sería capaz de ir en contra de eso, ¿verdad?
-Vittorio. - Llamaste a tu padre del medio de la pista. - Ven , es hora de entregar tu regalo.
Vittorio se levantó y caminó hacia su padre que se reía con Eleonora. Don Marco conduce la mano de la joven hacia su hijo y luego dijo:
-Ve por ella.
-Ese regalo ya lo conquisté. - Bromeó Vittorio sosteniendo a Eleonora por la cintura.
- Lo sé. Entrego a la bella dama para que vaya afuera junto con el resto de los invitados. - Explicó Marco.
-¿En el jardín? - Preguntó Vittorio, sorprendido. Él levanta las cejas y entonces preguntó: - ¿Lo hizo esta vez, Don Marco?
-Ve afuera y averígualo. - Respondió tu padre antes de caminar en dirección opuesta.
***
Todos los invitados, incluido Vittorio, estaban fuera, curiosos por la sorpresa prometida por Don Marco. Sin embargo, el muchacho estaba aún más curioso por la ausencia de su madre aquel momento tan importante. Vittorio buscó el rostro de Antonietta entre la multitud, pero no la encontró. Entonces se volvió hacia su novia y le preguntó:
-Cariño, ¿has visto a mi madre?
- No, querido. Pero apuesto mis fichas a que tu madre debe haber estado indispuesta y se recogió antes.
- Estamos hablando de mi madre, Eleonora. La única persona capaz de dejarla indispuesta es mi padre. ¿Notó algo extraño entre ellos?
- No... - Soltó a Eleonora sin entender la pregunta de su novio. -¿Por qué?
- Tengo la sensación de que los dos se pelearon... - Respondió Vittorio.
- Ah, querido...- ¿Comenzó Eleonora riendo para el novio. -Cuando Don Marco y la Doña Antonietta no pelean? Los dos son italianos de sangre caliente. Apuesto a que tiene que ver con los negocios de la familia. y todos saben que tu madre se entromete en los negocios de tu padre y a Don Marco no le gusta eso...
- Lo sé, pero es extraño... - Empezó Vittorio.
- Querido, relájate. - Pidió Eleonora frotando el brazo del marido. - Créeme, cuando estemos casados, si hay algo que no quiero saber es el negocio.
-¿Y tú lo ves como algo bueno? - preguntó Vittorio, sorprendido por la charla de su novia.
- Sin duda, porque me voy a preocupar de sus asuntos. Usted será el jefe y yo su esposa trofeo. Estaré envuelta en ropa y fiestas... Dicen que es la receta para un matrimonio duradero. - Respondió Eleonora sonriendo para el novio.
Vittorio incluso abre sus labios ya listo para decirle algo a su esposa cuando el ruido del motor del Lamborghini Aventador dorado atrajo su atención. Ese coche era su sueño de consumo y ahora estaba parado frente a usted. Las puertas del vehículo se abren y entonces Marco Amorielle surgió de dentro de él y preguntó:
- ¿Vamos a dar una vuelta en tu coche nuevo, hijo mío?
***
La carretera cercana a la casa de los Amorielle en Nueva York parecía corta ante la velocidad en que Vittorio tomaba con el vehículo. Don Marco solo sonreía hacia su hijo, orgulloso. A pesar de la felicidad por su regalo, el muchacho no consiguió dejar atrás lo que pasaba en su mente:
- Papá, ¿podemos hablar? - preguntó Vittorio mientras paraba el coche en la carretera.
- ¿Qué? ¿No era ese el coche que querías ? - Preguntó Marco, curioso. Se torció los labios: - Fue el color, ¿verdad? ¿Ese bañado en oro se volvió demasiado llamativo?
- No, papá el coche está perfecto... - Negó Vittorio. -Fue algo que noté durante la fiesta...
- ¿Qué pasa? El pastel de 10 pisos, ¿eh? Te casaste mucho, le dije a tu madre... - Dejaste ir a Marco, enfadado.
-Papá , es sobre ti y mamá. - Reveló Vittorio mientras miraba a su padre. - ¿Qué está pasando entre ustedes?
-Nada... No pasa nada. - Respondió Marco encogiendo los brazos.
- Don Marco, no me mienta.
-Está bien. - Dijo Marco mientras respiraba profundamente, rendido. -Vittorio... tu madre y yo tuvimos una acalorada discusión estos días... Dijimos cosas que no nos debíamos el uno al otro... cosas pesadas que ahora no hay vuelta atrás.
- ¿Se van a separar? - preguntó Vittorio, preocupado.
-Oh, Dios no! - Rechazó a Vittorio, rápidamente. - Lo que tu madre y yo necesitamos es... dejar que el tiempo cure nuestras heridas. Cuando se trata de una familia como la nuestra, solo podemos esperar el poder de perdón del tiempo para seguir adelante.
-Entiendo. - Dijo Vittorio acomodándose en el banco. - Espero que todo se resuelva de la mejor manera.
-Yo también, hijo mío... yo también. En fin, apenas la carga de ser el jefe de la mafia. - Admitió Marco, pensativo. Él sonrió para el hijo y continuó: - ¿Puedo darle un consejo?
- Claro, padre. Todo lo que usted tenga. - Respondió Vittorio, animado. Tu padre no era muy bueno para aconsejarte, especialmente si se trataba del negocio familiar.
- Cuando usted elige a su esposa... - Comenzó Marco mientras tocaba el lado izquierdo del pecho de Vittorio con su indicador. - No se guíe por su corazón, sino por su cabeza. - Finalizó tocando con el dedo levemente con la cabeza.
-De acuerdo...
- Primero, encuentra a alguien que pueda serte leal sin importar lo que diga tu corazón. Sea tu corazón o el de ella. - Continuó Marco. -Una persona leal vale mucho más que una persona que te ama. Porque el amor se acaba, hijo mío... Entiéndelo. Sin embargo, la lealtad puede continuar para siempre.. La lealtad le traerá mucho más beneficios a los negocios, la familia y a usted.
- ¿Quieres decir que mamá y tú ya no os queréis? - preguntó Vittorio con los ojos abiertos.
-He amado a su madre desde la primera vez que la vi. Ahora si ella sentía lo mismo... Solo ella puede decirlo. Pero te repetiré: No cometas el mismo error que yo. Antes del amor, la lealtad.
- ¿De qué estás hablando, papá? - Cuestionaste a Vittorio moviendo la cabeza. - No necesito buscar una esposa, tengo a Eleonora...
-Eleonora Gattone no es la mujer para ti. - Reveló Marco, en serio. -Discúlpame, pero es la verdad.
- ¿Por qué dices eso, papá? ¿No te gusta?
-Me gusta, ella parece ser una buena futura esposa, pero no para un Amorielle. Sin embargo, la mujer ideal para ti, que será el próximo jefe, necesita estar dispuesta a todo y al mismo tiempo cuestionar si esa decisión que tomes es la mejor para todos y no solo para ti. Entiende, hijo mío, cuando somos jefes de la mafia, el capo di tutti Capi, tenemos que actuar en función de todas las familias antes que nosotros mismos... Y su esposa tiene que ser mejor que su consegliere, ya que es a esa persona a la que confiará en dormir a su lado todos los días. Y no querrás a una mujer que no es capaz de todo para defender a su familia... La mujer ideal es la que se las arregla para desafiarte, sin tener miedo de ti ni de quién eres, ella te mostrará que eres capaz de hacer mejor... ¿Para ser mejor, Capisce?
-Entendido, Don Marco. Haré de todo para encontrar a esa mujer y si no la encuentro de forma natural, prometo que compraré una. - Jugó a Vittorio con su padre.
- ¿Puedo darte otro consejo? - preguntó tu padre, en serio.
- Claro que sí.
- Acelere, pues caímos en una emboscada. - Reveló Don Marco antes de que el coche fuera ametrallado.
Ellis Barker conducía entusiasmada por las calles del centro de la ciudad de Nueva York hacia Wild Holdings Bank, el banco en el que se contrajo la hipoteca de su casa. La casa fue hipotecada hace dos años para ayudar a su único hermano, Jason, que después de la muerte repentina de su padre se dejó llevar por el camino equivocado y fue arrestado operando juego ilegal. No eran exactamente esos los planes que la joven tenía para la casa de sus padres, pero con las deudas contraídas por su hermano y el abogado que necesitó contratar, no le quedó mucha alternativa.
Ellis cuestionó y mucho el hecho de que el banco ha liberado solo una parte de la hipoteca, pero cargado el valor total de la casa en intereses, el gerente limitó a decir es por ser herencia, ella solo podría hipotecar su parte de la herencia y no la parte que cabía a Jason.
- Sin embargo, si yo no pago mi parte, ustedes toman la casa por completo. Eso no me parece muy justo, ¿no crees? - Interrogó a Ellis mostrándole la cláusula al gerente.
- Comprendo su insatisfacción señorita Barker, pero la vida no siempre es justa. - Respondió el gerente con un tono de libertinaje. - ¿La ayudo con algo más?
- No, ustedes ya hicieron más que suficiente... - Responde Ellis guardando el documento en su bolsa, indignada.
Ella caminó a pasos agigantados fuera del banco jurando para sí misma que volvería un día y quitaría toda la deuda. Y así fue, durante dos años, los cuales Ellis trabajó en dos empleos: El primero era de agente inmobiliario que era para la hipoteca y las cosas de la casa, y el otro era de camarera que el dinero estaba destinado para la clínica de rehabilitación, donde internó a su hermano. De hecho, su hermano también saldría de la clínica ese mismo día, pero primero ella iría al banco a pagar la última parcela y después iría a su hermano.
Aquel día era demasiado importante para Ellis que sentía que nada sería capaz de sacarla de lo serio, algo que no era tan difícil de realizar. Ni el tráfico que ella sabía que enfrentaría, ni la joven que la atiende con cara de asco cada vez que ella va a pagar las cuotas. Sin embargo, hoy parecía un día increíblemente especial. El cielo estaba azul sin ninguna nube, algo raro cuando se habla de Nueva York. Hasta el tráfico estaba tranquilo, que le tomó menos de una hora llegar al banco, algo inimaginable en un día ordinario de la semana.
¿Será que me confundí y hoy es día festivo? Cuestionaba a Ellis entrando por la puerta del estacionamiento del banco. Ella observa el estacionamiento y nota que está lleno. Era demasiado bueno para ser verdad, pensó Ellis mientras conducía despacio por el lugar, buscando cualquier señal de que algún cliente fuera a salir. Finalmente, se detuvo el vehículo y decidió consultar su teléfono para asegurarse de que no era festivo.
Ella miraba su celular cuando un alma caritativa decidió irse. La joven colocó su teléfono de vuelta en la guantera, encendió su vehículo y condujo hasta la plaza, dejando su coche pasar un poco, pues quería aparcar de atrás. Ya se preparaba para hacer su maniobra cuando un Audi RS e-tron GT simplemente estacionó en su plaza.
Ellis queda un tiempo paralizada sin entender lo que había ocurrido, ya que podría jurar haber dejado bien claro su intención de entrar en la plaza. La joven de cabello castaño entonces decide mirar por el retrovisor y ve a dos hombres de traje salir del vehículo, riendo y conversando sin importarles lo que había hecho. Y esa fue la gota que colmó el vaso para Ellis que bajó de su vehículo furiosa.
- ¡Oye! - Gritó al mismo tiempo que andaba detrás de los dos hombres que siguieron caminando sin importarle. Ellis aceleró el paso mientras gritaba: - ¡Eh, imbéciles con traje!
Los dos hombres se detuvieron y se miraron, sorprendidos. Hasta que uno de ellos, el más alto y más fuerte, lo que parecía que el traje negro iba a rasgar en cualquier momento. Justo ese se volvió hacia Ellis, en serio. Sin embargo, no solo se giró, sino que caminó hasta Ellis que no demostró intimidarse con el bruto que respiraba junto a su rostro, como un animal. Animal este que la joven percibió ser totalmente controlado por el otro hombre, con traje gris y gafas de sol que apenas observaba la escena de donde estaba con sus manos en los bolsillos de su casa, tranquilamente.
- ¿Cómo nos llamabas? - cuestionaste al matón.
-Imbéciles en traje. - Respondió Ellis tranquilamente. Ella entonces esquivó al bruto y se dirigió al otro que continuaba solo observando la escena. - ¡Tú robaste mi lugar!
- Oye, no te dirijas al Señor Amorielle. - Ordenaste al bruto sosteniendo en el hombro de Ellis.
-Quítame tu asquerosa mano de encima, o gritaré tanto en este estacionamiento que te arrepentirás amargamente. - Habló Ellis encarando al bruto que retira la mano, sorprendido.
- Quita la mano de ella, Rocco. - Habló el otro hombre, mientras ponía la mano dentro de su traje gris: - Mejor resolvamos esto de forma más... amistosa.
Poco a poco su mano fue saliendo de dentro del traje y entonces con ella vino también un generoso fajo de dinero para la sorpresa de Ellis.
- ¿Pero qué...? - Empezó a decir Ellis siendo interrumpida por el gesto del hombre que lanzó el paquete hacia su secuaz.
- Una forma de pedirle que te recompense por el trastorno causado por Rocco al colocar el coche en la plaza que dices que es tuya. - Explicó al otro hombre bajo la mirada en shock de Ellis.
Rocco extiende el paquete hacia Ellis que da un paso atrás negándose a sostener el dinero. Después de todo, ¿quién daría un paquete que debería tener unos mil dólares fácilmente, sólo por una plaza de aparcamiento?
- No, gracias. No necesito tu dinero. - Rechazaste a Ellis, en serio.
- Todo el mundo necesita dinero, no necesita ser tan orgullosa, joven. - Habló el hombre de traje gris.
- Además de robar mi lugar, por lo visto no conoces la palabra "no", ¿verdad?
- Y parece que te gusta bastante, ¿verdad? - Golpeaste a Amorielle. Él miró su reloj de pulsera y entonces continuó diciendo: - Mira, por más que yo esté disfrutando de esa conversación extraña con una desconocida, necesito ir para mi reunión. Así que coge el dinero y sigue tu camino.
Se enfrenta al dueño del paquete y dice:
-Guarde ese dinero con usted para pagar las clases de cómo vivir en sociedad, pues usted está necesitando urgente.
Ellis entonces volvió a caminar en dirección a su coche al mismo tiempo en que era observada por Rocco y Señor Amorielle. El bruto se volvió hacia el hombre del traje gris y dijo, con la mano dentro de su traje negro:
- Sólo da la orden y yo desapareceré con ese problema, Don Vittorio.
- No. - Rechazó a Amorielle sosteniendo en el brazo de Rocco, evitando así que el arma de su guardia de seguridad surgiera. El Brutamontes lo miró sin entender y entonces él continuó diciendo: - Estamos muy expuestos aquí. Vamos, tenemos mejores cosas que hacer que preocuparnos por esa chica.
Los dos volvieron a caminar en dirección al ascensor siendo observados por Ellis que apretaba su volante con toda rabia.
***
- Don Vittorio Amorielle! - Habló el gerente que abría los brazos y sonreía hacia los dos hombres. - Qué sorpresa agradable.
A pesar del cumplimiento efusivo, de la alegría demostrada por el gerente general del banco, el discurso final indicaba exactamente lo que Vittorio deseaba: él estaba sorprendido y no de un modo positivo. El sudor en la frente del gerente indicaba nerviosismo o miedo. También, quien no tendría miedo de toparse con nadie menos que con el nuevo jefe de la familia Amorielle, la misma que durante décadas siempre se mantuvo entre bastidores dejando a sus socios, accionistas y personas como Rocco resolver sus asuntos: fueran los legales o aquellos entre "amigos".
Al menos así era como actuaban los Amorielle hasta que Vittorio asumió el mando de su familia, demostrando que las cosas iban a cambiar.
- ¿En qué puedo ayudarle? - Preguntó el gerente mientras intentaba mantener la sonrisa nerviosa.
- Tenemos una reunión. - Respondió Vittorio tranquilamente mientras hurgaba en su bolsillo hasta que encontró su cigarro.
- ¿Sí? - preguntó el gerente, sorprendido.
El hombre intentaba buscar en la memoria su agenda de citas del día y no consiguió recordar nada relacionado Amorielle. Quizás lo programó con un nuevo código. O entonces el señor Vittorio estuviera realmente con una reunión programada, pero con la dirección, o directamente con Domenico Wild, el dueño. Incluso podría aventurarse y preguntar, esa figura ilustre, pero sabía que antes de que pudiera completar la pregunta se convertiría en una alfombra con una bala en la frente.
- Puedo estar equivocado, pero siento que no esperabas que lo estuviera, Franco. - Comenzó Vittorio tranquilamente.
- No, de ninguna manera Sr. Amorielle. - Dijo Franco , nervioso tocando su corbata que parecía apretarle la garganta. Él extendió su brazo hacia su sala continuó: - Por favor, vengan a mi sala.
Los dos hombres se quedaron parados esperando a Franco dar el primer paso, dejando al gerente aún más nervioso a punto de comenzar a sonar en su calvicie.
- Adelante, Franco. - Ordenó Rocco, en serio.
- Como quieran. - Concordó Franco que entonces pasó a andar en el frente.
Él caminaba como si fuera a la horca mientras era seguido por Rocco y por último Vittorio que fumaba su cigarro con cuidado.
- Cristine, entraré en reunión con Señor Amorielle. - Avisó Franco a su secretaria que no paraba de exhibirse para Vittorio. - Por favor, no importa quién sea, diga que estoy ocupado. O mejor, cierre mi agenda.
- Como quieras. - Respondió la rubia , pero no sin antes parpadear para Vittorio que la ignoró completamente, diferente de Rocco que le mandó un besito.
El trío entró en la sala y entonces Franco cerró la puerta rezando para que la visita corriera muy bien.
- ¿Cómo que no puede atenderme? - preguntó Ellis, indignada por la audacia de Cristine.
-Fueron órdenes de Franco, Señorita Barker. - Respondió Cristine aún retocando su lápiz labial rojo. Después de todo, nunca se sabe cuando el Señor Amorielle aparecería de nuevo, necesitaba estar preparada.
- Hice una cita. - Reforzó a Ellis mostrando el papel de la cita para Cristine. De hecho, quería restregárselo a la secretaria del gerente.
Cristine sostuvo el papel de la programación y entonces en pocos segundos ya soltó su sonrisa de libertinaje, diciendo:
- Sí, estabas programada para las nueve de la mañana y ahora faltan cinco para diez, así que...
- Sí, sé que llego tarde. Sin embargo, un idiota robó mi plaza de aparcamiento y me vi obligada a estacionar a una cuadra de aquí por el tráfico que decidió embotellar... - Lo explicó Ellis, irritada.
-Discúlpame, pero no puedo ayudarte. Vuelve mañana, querida. - Respondió Cristine con poco caso.
- Cariño, no estás entendiendo. la última entrega vence hoy y aún estoy a tiempo para hablar con él...
- Bueno, si la parcela vence hoy... - Comenzó Cristine encarando a Ellis. Ella se acerca aún más a la joven dándole esperanza que hablaría en su favor. - Usted debería haber hecho el pago antes del vencimiento. Lo siento. ¿Te ayudo con algo más?
-¡Ayudaría si esa mierda de banco hiciera más espacios de estacionamiento! - Habló Ellis en voz alta. - Pero como son incapaces, tendrán que lidiar con las consecuencias.
Antes de que Cristine consiguiera levantarse de su escritorio, Ellis ya avanzaba por dentro en la oficina de Franco y siendo sorprendida con la presencia de Vittorio y Rocco que estaban sentados de frente al gerente.
-¡Perfecto! - Gritó Ellis acercándose al trío. Ella se enfrentó a Vittorio y continuó jactándose: - ¡Ya no bastaba con robar mi plaza del estacionamiento, sino que tuvo la audacia de robar mi horario de atención!
- Señorita, Barker... - Comenzó Franco levantándose. - Por favor, no falte al respeto a mis ilustres clientes.
- ¿Ilustres? ¡No me importa si son ilustres! - ¡Tropezó Ellis. - ¡Ese es mi horario, entonces váyanse!
-Debe estar ocurriendo algún equívoco. - Habló Vittorio encarando a la joven. Le da un trago fuerte a su cigarro y luego deja que el humo se extienda por el ambiente, lo que hizo que Morena se enojara aún más: - Tengo una reunión a esa hora... y la señorita está irrumpiendo... cierto, Franco?
- ¡Cristine! - Gritó Franco que es atendido prontamente por la Rubia. - ¿Por qué la casera Barker está en mi oficina? ¿Por casualidad tenía una cita?
- Correcto, señor. El hecho es que la Srta. Barker perdió su horario de cita. - Respondió Cristine encarando a Ellis con rabia.
-Perdí por culpa de esos idiotas. O mejor dicho, de ese idiota. - Corrigió a Ellis apuntando a Vittorio. Ella entonces apuntó para Rocco y dijo: - Este aquí es sólo el felpudo.
-Cuidado, está pasando de los límites. - Avisó Rocco poniendo la mano dentro del traje. Él miró para Vittorio y preguntó: - ¿Señor...?
- Déjala, Rocco. - Le pidió a Vittorio que se quitara las gafas de sol y luego se enfrentó a Ellis que se sorprendió con los ojos negros del hombre. Por alguna razón había imaginado sus ojos azules o verdes, hasta miel... - ¿De qué trata su asunto, señorita Barker?
- No es asunto tuyo. - Respondió Ellis, risueño.
- ¿Su asunto es rápido, señorita Barker? - reforzó a Vittorio después de respirar profundamente, indicando que no estaba tan paciente.
- Sí. - Respondió la joven mirando a Franco. Ella abrió la bolsa y entregó la última bolsita donde guardaba todo su salario. Franco saludó a Cristine que cogió la bolsita a regañadientes de las manos de Ellis. - El señor necesita hacer del término de descargo hipoteca de la casa.
-Está bien, más tarde lo haré para la señorita y envío. - Respondió Franco.
-Lo necesito ahora. - Reforzó a Ellis.
-Ya dije que lo haré más tarde. - Repitió Franco sin mucha paciencia.
-Y yo no salgo de aquí sin el término en manos. - Dijo Ellis que miraba a Franco, irritada.
-Franco, hazlo. - Dijo Vittorio tranquilamente mientras volvía a apreciar su cigarro.
-Como quiera, Señor Amorielle. - Respondió Franco saliendo de la sala con su secretaria, dejando solo a Rocco, Vittorio y Ellis.
-Eres insistente. - Comentó Vittorio rompiendo el silencio.
-Te crees muy importante... - Comentó Ellis sin recurrir a Vittorio.
- ¿Sí? - preguntó Vittorio arqueando su ceja automáticamente. El tono de voz de Ellis lo molestó, nunca nadie se atrevió a cuestionar su poder e influencia. Se quedó tan incómodo que se levantó, arreglando su traje mientras le decía a la joven: - ¿Usted no me considera importante? Lo hice ir a elaborar su término...
- Lo que yo pienso es irrelevante aquí. Eso quedó bien claro para mí. - Afirmó Ellis encarando a Vittorio. - Después de todo, ¿qué importancia tiene una simple mortal en bancarrota?
-No se desprecie así... - Pidió Vittorio que se sorprendió. No era para aquellas palabras haber salido por sus labios. Por lo menos pudo controlar su mano a tiempo para no ir a los cabellos peludos de Ellis que insisten en tomar su rostro.
- No me estoy despreciando. - Negó Ellis alejándose de Vittorio. Ella caminó hasta la ventana, donde quedó mirando para la calle: - Ustedes que creen que pueden hacer lo que quieran por tener dinero. Déjenme decirles un secreto: no pueden comprar todo.
- ¿En serio? dime algo que no pueda comprar? - desafió a Vittorio mientras observaba a la joven.
- La felicidad. - Respondió Ellis observando el movimiento de la calle. Ella se encontró con una pareja enamorada besándose apoyado en el muro de una tienda y entonces soltó: - El amor...
- La felicidad viene incluida en los bienes que adquiro. - Respondió Vittorio acercándose a Ellis que lo encaró, sin manera delante del gesto.
Ella no se había dado cuenta de lo alto que era hasta ese momento. Tal vez fue porque Rocco era casi dos veces el tamaño del jefe. Pero él, tan cerca de ella, la obligaba a alzar la cabeza para enfrentarlo.
- ¿Y el amor? - ¿Preguntó Ellis intentando no tartamudear. - ¿Ya consiguió comprar?
- Algunas veces... - Respondió Vittorio apreciando su cigarro. - ¿Algo más? ¿Hay algo más que creas que no soy capaz de comprar?
-Existe sí... - Dijo Ellis acercándose a Vittorio. Si realmente pensaba que se acercaría a ella así, con esa colonia invadiendo la nariz de la morena la haría sentir intimidada, estaba muy equivocado. Ella se queda en punta de los pies que estaban de tenis, consiguiendo así alcanzar la oreja de él y susurró: - A mí.
- ¿Tú? - Preguntó Vittorio, sorprendido, pero no sabía si por el escalofrío que de los labios de Ellis tan cerca de su oreja o por la respuesta atrevida y desafiante.
- Trataste de comprarme en el estacionamiento, ¿lo olvidaste? - Recordó Ellis alejándose. - Pero, créeme, nunca serás capaz de comprarme.
- ¿Me está desafiando, Srta Barker? - preguntó Vittorio, sorprendido.
Observaba cómo los labios de Ellis se abrían lentamente , listos para responder...
- Bien, Srta. Barker- Habló Franco entrando en su habitación. Él extendió el papel hacia la joven que se acercó a él, tomó el papel y comenzó a leer: - Confía en mí, está todo bien.
Ella ignoró completamente la petición del gerente y continuó leyendo el documento tranquilamente. Al terminar, sonrió hacia Franco y dijo:
- Discúlpeme si no confío, pero no estoy dispuesta a perder la casa. - Ella se volvió en dirección al Señor Amorielle y se despidió diciendo: - Adiós, poderoso padrino.
Ella salió de la habitación sin esperar respuesta dejando a Vittorio observándola, movido ante toda aquella situación.
- ¿Dónde estábamos? - Preguntó Franco volviendo a su mesa. - Ah, usted dijo que tenía una propuesta que hacer para nuestro banco...
- ¿Cómo se llama esa mujer? - preguntó Vittorio mirando a Franco.
- Disculpe, pero no entiendo su pregunta... - Comenzó Franco, confundido.
- Esa mujer que estaba aquí, ¿quién es ella? ¿Qué hace? ¿Su dirección?
- Señor Amorielle, lo siento, pero estos son datos confidenciales... - Explicó Franco, cautelosamente. - Nuestro banco tiene la política de no pasar información a terceros.
- Y usted dijo que soy uno de sus clientes más ilustres. - ¿Recordó Vittorio arreglando su traje. - Eso debe tenerse en cuenta, no?
- Lo siento, pero esa información solo puede ser transmitida con orden expresa de la dirección. - Habló Franco revolviendo los papeles en su mesa. - En fin, volvamos a nuestra reunión...
- Bueno, si yo soy el dueño del banco, ¿puedo acceder a ti? - preguntó Vittorio, en serio.
- ¿Cómo? - preguntó Franco, sorprendido.
- Si yo fuera el dueño tendría acceso, ¿verdad? - preguntó nuevamente.
- Sí... quiero decir... en una situación hipotética, podría sí. - Franco respondió ofreciendo una sonrisa sin gracia mientras pensaba en la prepotencia del hombre frente a él.
-Está bien, quiero comprar ese banco. - Reveló Vittorio viendo los ojos de Franco se abren. - Siempre es bueno tener el control de las cosas... bien, haz el contrato y lo firmaré.
- Señor Amorielle, ese banco es del señor Domenico... usted no puede comprarlo aquí... quiero decir... no tengo autoridad para venderle el banco.
- ¿Quién tiene? - preguntó Vittorio.
-¿Quién?
- Sí. ¿Quién tiene que autorizar a Domenico?
- Sí...
-Bien. - Respondió Vittorio, sonriente.
Él movió la cabeza hacia Rocco que se acercó con su celular ya marcando un número. Tres toques y respondieron:
- Rocco, habla. ponlo en línea. - ordenó Rocco que le diera el celular a Franco.
-Franco hablando. - Dijo Franco identificándose. Entonces su rostro queda pálido. - ¿Señor Domenico... está seguro? Okay, esta bien... esta bien... Tiene que firmar... está bien.
- ¿Entonces...? - preguntó Vittorio amasando su cigarro en el cenicero.
-Él confirmó... - Respondió Franco entregando el teléfono para Rocco. El gerente enfrentó a Vittorio aún sin creer lo que sus próximas palabras dirían: - Felicidades, usted es el nuevo dueño del Wild Holdings Bank...
- Rocco concluye el contrato. - Pidió Vittorio sin demostrar ninguna emoción.
- Pueden finalizar el contrato. - Habla Rocco en la línea hasta escuchar los disparos. -Transacción efectuada, señor.
-Perfecto. - Él acercó su rostro a Franco y entonces dijo: - Ahora, las informaciones de la Señorita Barker