Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Fantasía > CONTRATIEMPO
CONTRATIEMPO

CONTRATIEMPO

Autor: : Sophie V. Anota
Género: Fantasía
Toda la vida, Mia pensó que le hacía falta algo. Sentía un vacío que nadie podía llenar. Ni los dos ex novios que tuvo pudo hacerlo posible, he allí que siempre fracasaran sus relaciones amorosas, entonces ¿Qué le faltaba? La muerte la sigue a todos lados, sueña con ella casi todas las noches y muere de diferentes formas, el miedo se apodera cuando se enfrenta con su demonio interno. Es hora de ajustar cuentas, no puede seguir huyendo de su destino, y del pasado. Su alma está siendo reclamada por un demonio, y ella tiene que luchar para que eso no pase. El demonio intenta controlarla, y usa su cuerpo para hacer cosas que ella se niega. Está tomando el control de su vida, de todo lo que le rodea. Hasta que un sacerdote aparece diciéndole que el Demonio es real, y que lleva viviendo dentro de ella desde que era una niña. Ella tiene que matarlo o el demonio la matará a ella. ¿Mia podrá tener el coraje suficiente de defender su vida? ¿Quién es realmente ese demonio, y que busca de ella? ¿Su alma podrá ser salvada o le será arrebatada por el demonio?

Capítulo 1 Capítulo 1

Parecía que vosotros no ibais avanzar, que cada vez que intentábamos dar un paso, también dábamos un paso hacia atrás.

La sonrisa que tenía en el rostro no me estaba siendo suficiente para seguir con nosotros, o no sé si al menos seguíamos siendo un "nosotros". Porque encontraba en muchas ocasiones, que ya éramos un trío. No uno donde tienen sexo consentido. Nuestro trío era ciego, porque una persona no sabía sobre las otras dos, es allí cuando sabes que todo acabó. La venda en mis ojos se retiró y miré el cielo, vi luz cuando solo estuve viendo oscuridad.

Estoy aquí varada en la nada, sosteniendo todo esto sola.

Vos seguir como si nada, sentado mirando cómo se derrumba todo a su alrededor. Veo un atisbo de una sonrisa en sus labios ¿le gusta que suceda así? ¿quiere ver todo en ruinas? Aprieto las manos en puños, quiero ir y golpear su cara, su hermosa cara. El hecho de que siga pensando que su rostro es hermoso, me hace enojar más.

Sois codependientes de alguien cuando, primero pones a esa persona antes que a ti. Solo por el simple hecho de que te hace feliz en ratos.

Grito para que me escuche, pero mis palabras de ayuda caen en oídos sordos. Quiero que despierte de ese sueño y recobre la compostura, se pare de ese mueble y venga a mi corriendo. Pero hay una ventana de vidrio que impide mis auxilios. Es inútil.

Intento romper el vidrio, pero mis puños no hacen nada.

Estoy cansada.

Intento salvarme, cuando comienza a arder en llamas todo el lugar. Lo dejo allí solo, preguntándome en mi huida si él hubiera hecho lo mismo que yo.

***

Comienzo a preguntarme si realmente todo lo que sueño en algún momento se volverá real. Sé que los sueños siempre tienen un mensaje detrás. Solo que yo estoy ignorándolo.

Dejándome caer en la oscuridad me sumerjo nuevamente.

***

-¿Estás aquí? -escucho una voz, pero no puedo fijar mi atención en ella. Estoy distraída constantemente, no sé a qué se debe. He pasado por esto antes, y siento que me falta algo. Meto mis manos en los bolsillos de mi sudadera, me siento fría, quiero calor. El de una persona. -¿estás ignorándome? -sacudo la cabeza para alejar esos pensamientos.

-No lo estoy haciendo. Es solo que ando distraída. -me cruzo de brazos. Estoy pensando que mejor me hubiera quedado en casa hoy. Pero recuerdo que tengo examen a esta hora. -y tengo que ir a examen -me despido de Susan para ir directo a mi clase. Espero que me vaya bien, ya que por culpa de estar pensando en el sueño que tuve, no lo hice.

Hay una fiesta en casa de un amigo y Susan quiere que vaya. Piensa que estoy cayendo en depresión otra vez. Suele pasarme a veces, no es algo que pueda controlar. Solo pasa. Un día me despierto con melancolía y tristeza profunda, que no puedo entender, ni me da apetito. Esta vez pasó, cuando me desperté ayer en medio del sueño que tuve, me llenó una tristeza profunda y afuera estaba lloviendo.

Solo pasó.

-No estoy de ánimos. -camino con ella hacia la salida. -solo iré a casa y veré unas películas.

-Es viernes, Mia, no puedes solo ir a casa. Tienes que vivir la vida, eres joven.

-Lo haré en otro momento, te lo aseguro. Pero no ahora. -bufo -como tú dices, soy joven, tengo más tiempo.

-Paso por ti a las 7.

Me deja con la palabra en la boca y se va.

Estoy sentada en mi cama viendo NETFLIX cuando Susan llama a la puerta de mi departamento, trato de ignorar sus gritos. Cuando comienza a llamar a mi celular, sé que no se irá de la puerta sin arrastrarme a esa maldita fiesta.

-¿Estás tratando de acosarme? Susan necesito descansar en mi propia cama, no quiero ir.

-Solo estoy tratando de sacarte de esa cama donde nunca vas a poder tener sexo, si no sales -escupió -te he dado tu tiempo a solas. Así que es hora de salir nena -me arrastró hacia mi propia habitación y empezó a hurgar en mi armario.

Solo la dejé hacerlo. Sabía que no tenía otra forma de detenerla.

Al final me encontraba enfrente de mi espejo con una minifalda verde ceñida y un suéter negro con cuello de tortuga ajustado, el atuendo lo usé con unas zapatillas negras de tacón grueso.

Susan miró a mí con satisfacción. Mi cabello negro, estaba en un planchado perfectamente liso.

Aunque realmente no tenía ganas de ir, cuando salgo de fiestas pongo todo mi empeño en arreglarme bien. Una chica siempre debe vestirse como si fuera la última vez que saliera. Amo la moda, y mi estilo cambia constantemente, aunque eso a veces le cueste a mi tarjeta de débito.

Susan se ha hecho cargo de mi maquillaje y accesorios. Y estamos listas para salir.

La fiesta se está dando en un antro. El cumpleañero rentó el lugar. Así que el lugar está llenísimo, trato de calmarme, porque odio mucho los lugares llenos de personas en un lugar pequeño. Me quitan la respiración, y me desespero.

-Vamos por unas margaritas -nos lleva a la barra libre, cortesía del cumpleañero.

Alguien viene directo a nosotras. Es Raúl.

-Chicas, que guapas se encuentran hoy -sonreímos. -Nunca pueden faltar las bellezas de la noche, -reprimo una risa. Raúl siempre está alagándonos en las fiestas, es un caso típico cuando quiere llevarse a la cama a una de nosotras o las dos si se puede en su afán de soltero galardonado.

***

Voy por el pasillo de la universidad y en mi camino mi hombro choca con otra persona, estoy a punto de disculparme cuando mis ojos conectan con él.

Mis labios están entreabiertos, quiero decir algo. Pero no lo hago.

Su mirada se desvía hacia otro lugar, y sigue su camino.

Mis manos se convierten en puños, dejo escapar un suspiro.

Llevo mi mano derecha hacia mi pecho, está acelerado mi corazón.

Y me odio por eso.

***

Tomo un chupito más.

-No creo que pueda bailar -Susan sacude la cabeza. Es su quinto chupito.

-Iremos a bailar -me arrastra fuera de la barra y me lleva a la pista. Nuestros cuerpos se empiezan a mover al ritmo del sonido de fondo.

Después de una ronda de bailes, Raúl se nos acerca y pide bailar con una de nosotras. Huyo excusándome al baño, y Susan se queda enganchada con él.

Cuando encuentro mi cara en el espejo, es notoriamente que estoy un poco ebria y sudada. Me intento secar el sudor de mi frente con papel higiénico (nunca hagan eso, irrita el cutis) pero era lo único que tenía a la mano. Voy a uno de los cubículos vacíos y hago mis necesidades. Después me lavo las manos e intento arreglar mi cabello, ahora me veo un poco presentable. Quiero ir a tomar tequila. Así que me dirijo a la barra por otra ronda de chupitos.

-¿Quieres terminar ebria? -ese es el barman.

-¿Es notorio eso? -me odio por haber recordado esa escena.

-La mayoría de las personas que se han sentado en esa silla donde estás tú, quieren eso. Me cuentan sus desamores, es algo triste de escuchar. Pero para eso estoy aquí, aparte de servir bebidas. Creo que el escucharlos, les hace bien. Necesitan desahogarse con un desconocido. Así que dime, ¿Cuál es tu dolor?

Me toma con la guardia baja.

***

Estoy ebria, lo sé porque mi cara en el espejo me lo dice todo. Necesito irme antes de que cometa una locura. Salgo de allí y voy a mi mesa con mis amigos. Veo de reojo, que él está hablando con una chica de vestido amarillo, es alta, igual que él. Y muy bonita. Cabello rizado y piel morena. Él le dice algo al oído y es mi turno de tomar mi trago.

Centro mi atención en la conversación de mis amigos, algo sobre una fiesta que se dio hace una semana y todos terminaron drogados y ebrios.

Dicen algo chistoso que me hace reír. Estoy pasándola bien. Pero el hecho de que él está aquí al otro lado del lugar, me hace sentir que debo llamar su atención. Que debe ver a la chica que dejó ir. A una que no volverá.

A una que nunca le importó.

Ryan me invita a bailar, y no puedo negarme. Me la paso en la pista más tiempo que bebiendo, para cuando termino el tercer baile, he sudado todo el alcohol que ingerí, o al menos una cuarta parte. Estoy por ir a mi mesa cuando en el camino no puedo evitar mirar hacia su mesa, está mirándome, eso hace que algo dentro de mí se remueva. Empieza otra ronda.

Estoy mirando bailar a mis amigos, cuando veo que él invita a la chica a bailar. Se le da muy bien, es salsero de familia. Su hermano menor igual está allí bailando.

Dicen que los hombres que saben bailar bien, también lo hacen bien en la cama.

He comprobado ese dato.

Recuerdo cuando era yo, esa chica en sus brazos, no la desconocida que tiene ahora en ellos.

Estoy lista para irme. Cuando un chico de la mesa de al lado me invita una cerveza. Le digo que no es necesario. Me pide mi número telefónico y se lo niego diciendo que tengo novio (una gran mentira), pero me deja la cerveza. Ya no quiero seguir bebiendo, así que le dejo la cerveza a mis amigos, y me largo de allí. Él sigue bailando con la chica, así que no se ha de dar cuenta que me largo.

Hace frío afuera, y no me he traído ningún suéter. Compro un cigarrillo en la salida para calentarme mientras espero un taxi que me lleve a casa.

-Te congelarás aquí fuera -es su voz. No me giro, sé que es él.

-Por eso estoy fumando -le doy otra calada a mi cigarro.

-Deberías entrar ¿o ya te vas?

-Estoy por irme -espeto. ¿Qué demonios le importa? -Deberías entrar o el frío te hará enfermar. Recuerda que tienes defensas bajas -me da una sonrisa de lado y eso me mata.

-Todavía lo recuerdas.

-El hecho de que hayamos durado un mes, no significa que me olvidaré de todo.

Su cara se torna serio.

Tengo que largarme de aquí.

-¿Irás a casa?

Asiento, porque no creo poder responder.

-Adiós. Cuídate.

Se introduce al lugar nuevamente, dejándome descolocada de mis sentimientos.

Realmente es un pendejo, hijo de puta.

***

-¿Por dónde empiezo?

Sonríe.

-La noche es larga, chica.

Es cierto. Y yo soy tan paciente.

Capítulo 2 Capítulo 2

Podría creer que todo lo que le dije al barman no fuera real. Pero realmente lo fue. El chico fue paciente escuchándome, y entre ratos iba a atender las bebidas.

Para entonces ya estaba ebria como había dicho él.

Lo que me desconcertó fue la frase que no he podido sacarme de la cabeza desde anoche.

"La vida te pone a esas personas para que te enseñen una lección, si puedes aprenderla, has logrado mucho. Y si no, estarás tropezándote con la misma piedra siempre"

Me he estado tropezando con esa piedra más que meses, pero aprendí la lección en la segunda vez. En mi amor fallido.

El primer amor que tuve, fue desgarrador. Me hizo trizas y me sopló al viento. No quedaba nada de mi confianza y de mi amor propio.

El segundo amor, que me costó lidiar más tiempo, fue "él" el que parecía interesarle un día, y al otro día no. Jugó bien sus cartas, y jugó bien conmigo.

Me enredé con el segundo para superar al primero, y al final me tocó tener que superar a los dos. La vida es una hijueputa.

Al final estoy a punto de llegar a la victoria.

***

-Tuve que llevarte a casa, estabas tan ebria que no podías caminar. -Recuerdo eso. El barman la ayudó. -Creí que al final de todo, sería yo la ebria.

Pongo los ojos en blanco.

-No necesito reproches.

-No son reproches, da igual. Te divertiste.

O si como me divertí. Estaba contándole mis penas a un barman.

***

Mientras tomo apuntes de la pizarra, su presencia se hace presente en la clase que llevo. Se me olvidó decirles que "él" estaba en dos de mis clases. Ignora el hecho que el profesor está exponiendo su tema, y entra y se sienta con sus amigos al final de la clase. Mascando como siempre un chicle.

Hago una pregunta al profesor, y Noah contradice mi pregunta. Siempre está desechando mis preguntas, o cambiando mis respuestas. Él fue mi primer amor aquí en la universidad. Duramos 9 meses, fueron 9 meses de mentiras, hasta que me enteré que ya tenía otra novia y me iba a dejar. Así que terminé con él antes de que él lo hiciera.

Así que tengo a mis dos ex en las clases que llevo.

Que tan jodida podría estar en estos momentos.

Es mi turno de exponer el tema que se me dio la clase anterior.

Estoy segura del tema.

Todo va bien, hasta que al final Noah me ataca con varias preguntas. Le respondo cada una.Y contraataco haciendo mella en su error de pregunta. Puntos para mí. Toda la clase ríe burlándose de él.

Se pone rojo de vergüenza.

Y mi mirada se fija en "él"

Está riéndose por lo que he hecho.

El profesor anuncia que ha terminado la clase.

Estoy frustrada, así que tomo mis cosas y me largo a casa. En mi apuro. Mis amigos me alcanzan y me invitan a festejar esta victoria.

Estoy pensando en no ir, porque es seguro quién va a estar allí. Pero termino por aceptar.

Da igual.

Lucas brinda por mi exposición.

Sonrío.

Me hacen preguntas acerca de por qué me atacó tanto. Pero desestimo a cada una de ellas. No respondo. No me interesa en lo absoluto su persona.

Lo último que me dijeron mis amigos fue que él subía fotos a sus redes sociales, y proclamaba su amor por ella (cosa que nunca hizo conmigo) había visto en su foto de perfil, antes de borrar su número quién era la chica.

Era bonita.

Es lo único que puedo decir.

La puerta se abre y ellos entran. Toman una mesa junto a la nuestra y piden cervezas. Él comienza a jugar cartas.

Cuando uno de sus amigos llama mi nombre, alza la cerveza en mano y celebra por mi exposición.

-Te has cargado a ese hijo de puta. -sonrío en satisfacción. Y en su respuesta le grito: -Y los que faltan -se echa una carcajada. Se levanta de la silla y viene hacia mí. Él solo se queda mirando como su amigo viene a mi encuentro. No es de esperar que sepa que su amigo y yo tuvimos algo que ver antes de andar con él. Y cuando estuvimos juntos igual me enviaba mensajes con su amigo, una de las razones por lo cual nuestra relación fue en declive.

No confiaba en él y en nadie. Nunca supo ganarse mi confianza, y me enteraba de cosas que él hacía en las fiestas por sus amigos. Eran mentiras cada una de las cosas que me decía.

He terminado con esto.

Para cuando vamos por la quinta ronda de cervezas, entra un chico al lugar. Mi mirada se queda fijada en él. Pero me quedo petrificada cuando va directo hacia la mesa de los chicos y lo saluda a todos y le da un abrazo a "él"

Estoy jodida.

Él se da cuenta que los miro, y es cuando la mirada del chico choca con la mía. Veo reconocimiento en su rostro.

No puedo creer que es amigo del barman.

Termino la conexión y le digo a un amigo que me acompañe a fumar afuera. Necesito respirar aire fresco.

-Estoy jodida de todas las formas posibles -espeto a Alan. Es mi amigo desde hace tiempo, y puedo confiar en él.

-¿Qué sucede?

-¿Viste el chico que acaba de entrar?

Asiente.

-Es el barman de la fiesta de ayer. Estaba ebria y le conté todo de él.

Alan sabe a quién me refiero.

-No jodas conmigo.

-No estoy jodiendo. No sé si ya le contó todo, y hasta se han de estar burlando de mí.

Espero que no.

Que ese barman no sea así.

Todavía creo en los milagros.

-¿Y qué harás?

Le doy una calada a mi cigarro antes de responder.

-Entrar con la frente en alto y pensar que no pasó nada.

-Eso es todo. Enséñales quien manda aquí.

Esa es una vil mentira.

Cuando entramos el barman está hablando con él, y riéndose de algo. Espero que no sea de mí.

Me quedo una hora más.

Cuando pido otra ronda al mesero, el barman se me queda mirando alzando una de sus cejas negras. El alcohol está haciendo efecto, y puedo darme cuenta que el chico es inquisitivamente atractivo.

Alzo un hombro y lo dejo caer, diciéndole que me vale emborracharme.

Me da una sonrisa de lado. Trago saliva.

Eres un demonio.

Me siento calibrada después de no sé cuántas cervezas. Y los chicos de la mesa de al lado se unen a la nuestra. Esto no está bien. Debería irme ahora antes de que esto se descontrole.

Para mi mala suerte. El barman queda justo enfrente mío. Lo cual puedo mirarlo cada vez que tome. Veo que en su lugar solo hay un vaso medio lleno de cerveza.

Y aquí va mi estúpida otra personalidad borracha.

-Creí que no bebías -solté. Algunos rostros que estaban cerca de nosotros pusieron atención a nosotros. Entre ellos, él.

-En horas de trabajo, no lo hago. Pero no estoy trabajando hoy. -Respondió.

Sonreí.

-¿También bailas? -cállate ya de una maldita vez.

-Lo hago.

-¿Se conocen? -ese fue uno de los amigos de él.

-¿Lo hacemos? -me preguntó el barman.

Sonreí. No podría creer que haya preguntado eso sabiendo que le conté mi desgraciada vida amorosa.

-Creo que debería irme. -Solté al final.

Estaba en la puerta cuando apareció.

-Estás algo ebria para ir a casa.

-No creo que debería importarte -espeté algo dura.

-Espera. No deberías estar enojada conmigo sino con él. Él me llamó. No sabía que sería de él quien me hablaste.

-No sabía que eran amigos.

-Lo somos desde hace unos años. Es mi mejor amigo.

Joder.

Su. Mejor. Amigo.

-De seguro se rieron mucho de mí.

Se puso serio.

-No le he dicho nada.

Ajá.

-Te lo juro. No le diré nada. Lo que me contaste esa noche no se lo conté a nadie.

-¿Cómo puedo creerte si es tu mejor amigo?

-No sabía que eras tú tampoco de la chica que él me habló.

¿Qué?

-¿Qué te dijo de mí?

-No sabía que tenía novia hasta después de un mes que ustedes terminaron, me contó todo. Como pasaron las cosas. Y puedo decirte que aquí no eres una santa.

No lo soy.

Soy una perra.

-No importa. Ya pasó. Y no puedo dar vuelta atrás. Lo que te conté esa noche, él no puede saberlo nunca.

-Tienes mi palabra -extendió su mano. Suspiré y la estreché.

Él salió por la puerta y miró nuestras manos unidas.

-Confraternizando con el enemigo, Max.

Sonrió.

-Es una amiga, no un enemigo. Miles.

Se me quedó mirando Miles. ¿Me creía un enemigo?

Ni que fuera terrorista.

¿Tanto me odia?

-Me iré -le dije a Max. -Espero cumplas tu parte.

Tomé un taxi y me largué de allí, antes de que cometiera una estupidez más.

Estoy segura que no le di mi número a Max.

"¿quién te dio mi número?"

"se lo robé a Miles de su celular. Todavía te tiene como contacto"

Yo había borrado su número desde aquella vez que me quedé sin dignidad.

"No te lo creo"

"como quieras"

Bueno, había una posibilidad de que todavía lo tuviera. Porque somos compañeros en la misma clase.

"solo lo robé para invitarte a una fiesta"

"¿y eso?"

"Quiero solo salir contigo"

Esto es un error. ¿y si quiere jugar conmigo? ¿y si es un plan entre él y Miles?

"Eso me es algo extraño ¿Qué buscas?"

"No busco nada. Solo quiero verte"

"aún más extraño" "¿no está contigo miles?"

"No."

"......que sospechoso. ¿Qué quieres de mí?"

"Cuando aceptes venir a la fiesta, te lo diré."

Lo pensé....

"ok. Envíame la dirección"

-¿Qué se supone que es esta fiesta? -estaba en una galería de arte. Era una exposición.

-Esto es una fiesta. No como a la que acostumbras ir. Y, por cierto, deberías dejar de beber. No se te da muy bien por lo que he visto.

-No tienes derecho a decirme que hacer.

-¿Qué es lo que tenías que decirme?

-Bueno. En primero, no te invité para cortejarte ni conquistarte. No me gustas, no eres mi tipo. En segundo, Miles no sabe que robé tu número de su celular, y ni sabe que estas aquí conmigo. En tercero, te invité para que conocieras a alguien que podría ayudarte con tus libros.

-¿Cómo sabes de mis libros?

-Me lo dijiste esa noche que estabas ebria.

¿lo hice? no recuerdo eso.

Escribía desde que estaba en la prepa. Y mi carrera soñada era ser escritora profesional. Aún tenía esperanzas.

Era raro que él se acordara de eso.

-¿Por qué estas ayudándome? No me conoces, no somos amigos.

-Eso me dolió -hizo como si su pecho doliera. Empezó a caerme bien. -Creo que es un favor, ya que mi amigo Miles te hizo mucho daño.

-¿Estás tratando de expiar sus pecados? Debería ser Miles que intente hacer eso. No tú.

-Soy su amigo.

-Me largo de aquí.

Estaba enojada. ¿por qué su amigo debería hacer en su lugar lo que debió hacer él? Aunque sea su mejor amigo, no debería hacerlo.

-Oye, espera. Tal vez me expliqué mal. Pero ve esto como una oportunidad para ti.

-Que te jodan.

-Ya lo estoy. Solo trato de hacer las cosas bien. -en mi mano dejó una tarjeta pequeña.

-Por si te arrepientes. Llámalos.

***

En clase ignoré a todos. Miles se me quedaba viendo inquisitivo, lo mandé a la mierda.

Era un idiota.

Max no me envió mensajes otra vez. Estaba cansada de todos ellos, que jugaban conmigo.

Susan llamó a mi celular varias veces para asistir a una fiesta. Apagué mi celular. Salí a correr en su lugar, con la fría noche. Necesitaba despejar mis pensamientos.

Era hora de cambiar.

***

Por favor que alguien me diga que tengo que hacer para dejar de tomar decisiones fatales en mi vida.

Era Halloween.

Amo Halloween.

¿Quién no podría hacerlo? El disfrazarse, el poder comer dulces, las series de terror, todo es tan genial.

Así que obviamente no podría perderme una fiesta de Halloween de la universidad.

Estoy sentada con medias negras y un vestido de tul negro, llevo un antifaz plateado y un sombrero de bruja.

Porque soy una maldita bruja cuando quiero.

Llevo mi vaso a mis labios. Es refresco con vodka.

Dejé esta noche la cerveza a un lado.

Debería de poner atención a mis hábitos de alcoholismo. A este ritmo que voy, iré a dar a AA. Como ya mi madre me había amenazado.

Ahora que lo recuerdo, no le he llamado. Soy una odiosa hija. Lo pagaré con creces.

Me concentro en terminar mi vaso y pedir otro, hay música sonando de fondo, así que pido la mano de mi amigo Cristian y me lo llevo a la pista.

Un pirata bailando con una bruja. Qué ironía.

Mi risa se queda estancada en mi garganta cuando veo pasar a Miles. Está en la cocina, viene con una chica de la mano. He de creer que es su nueva conquista. Susan se le queda mirando curiosa, como si estuviera examinando a una rata de laboratorio, el mero hecho de compararlos, me hace reír.

-¿Estás divirtiéndote? -grita Cris por sobre la música para hacerse oír.

-Lo hago, ahora.

Y eso no significaba del hecho de porque hubiera llegado Miles, debería ahora estar divirtiéndome. Sino del hecho de que ahora que lo veía no podía sentir nada, y lo mínimo que se encontraba dentro de mí estaba como luz apagándose constantemente disminuyendo.

Me la pasé todo el rato bailando con Cris, hasta que mi vejiga pedía a gritos ir al baño.

Salí corriendo hacia allí. Unos minutos después, en la puerta se encontraba un chico disfrazado de la muerte.

Me quedé petrificada.

Mi sangre se heló y comencé a sentirme agitada.

El lugar me empezó a aparecer muy pequeño, así que necesitaba salir de allí o estaría convulsionando ahora mismo.

Hice a un lado al chico y corrí afuera.

Vomité en una maceta.

Susan corrió a mi lado a auxiliarme.

-¿Qué sucede? ¿estás bien?

No lo creía.

Puso en mis manos un pañuelo, el cual usé para secar mi boca. Era asqueroso. Recordé a ese chico, y me volvieron nauseas. Esta vez me obligué a no vomitar.

Odiaba vomitar.

-¿Qué ha pasado? -no podría decirle exactamente, porque ella no me entendería.

El hecho de que ese chico se parezca a la muerte de mi sueño, no es real.

No puede serlo.

Esa pesadilla que siempre termina despertándome a mitad de la noche.

La tuve después del sueño donde ardía en llamas.

Eso anunciaba mi propia muerte.

Siempre que soñaba mi muerte, aparecía esa figura parecida a la parka. Me imaginaba que se refería a que la muerte está muy cerca de mí, lo cual me hace sentir escalofríos.

Tenía que largarme, o podría morir esa misma noche allí.

Llámame loca, pero creo en las supersticiones, y energías que transmiten las personas.

Recuerdo que mi tía abuela, me dijo una vez antes de que muriera. Que yo atraía la muerte.

Y eso me asustó, tenía once años cuando tomó mi mano y la sujetó fuerte. Después se murió. Fui la última con la que habló.

Lo que nunca le dije a nadie, es que esa noche soñé con la muerte y mi tía abuela estaba allí.

Mis ojos surcan lágrimas, pero no las dejaré salir.

-Me estas asustando, Mia.

-Créeme que estoy más asustada yo, que tú.

Eso no la hizo sentirse bien.

Había un chico disfrazado de Demonio, se me quedaba mirando desde el otro lado del jardín, eso me causó escalofríos. No me di cuenta que caminaba hacia él, hasta que me escuché a mí misma gritarle. -Oye tu ¿quién eres? -me sentía paranoica. -¿Qué miras?

El chico huyó.

Mis manos estaban temblando, necesitaba un trago.

En mi adentro a la casa de la facultad, me tropiezo con Miles.

-¿Te encuentras bien? -el hecho de que estuviera bebiendo de mi vaso como una loca sedienta, no ayudaba.

Llené mi vaso, y bebí otro trago.

-¿Mia?

-Estoy bien, solo estaba sedienta.

Lo hice a un lado para ir a buscar a Susan y salir de allí, pero me retuvo del brazo. -Oye, no parece que estés bien. ¿Quieres hablar? -no lo creo.

-No quieras aprovecharte de la situación, Miles. Conozco tus tácticas. Después querrás llevarme a la cama. Y eso ya no va conmigo.

Solté mi brazo de su mano, y me moví.

No respondió, porque sabía que era verdad.

-Nunca me conociste. -Me detuve. -Siempre creíste que era un cretino. ¿Por qué anduviste conmigo, entonces? -me di la vuelta. Su rostro estaba completamente serio. Nunca lo había visto tan serio y molesto a la vez.

-Nunca te gustó mi forma de ser, nunca te gusté yo. Entonces ¿por qué yo?

Oh vaya, después de meses me pide explicaciones.

-No fue así.

-Oh vamos, Mia. Todo lo que hacía te parecía absurdo. Nunca te gusté tal y como soy.

-No hagas esto aquí -presioné. -No hay nada de qué hablar.

-Sabes Mia, vete a la mierda.

Mis labios intentaron decir algo, pero él ya estaba largándose de la fiesta como a un huracán. Los pocos que estaban cerca de nosotros me miraban esperando una reacción.

Nunca esperé eso de él.

Nunca lo vi enojado y mucho menos pensé que lo hubiera lastimado. Siempre estaba riéndose, y tomando con sus amigos. Parecía que le valí un carajo después de que terminamos, al contrario de mí. Y eso se lo di a conocer muy bien.

Posiblemente necesitaba una respuesta de mi parte, pero no estaba en las condiciones de dárselas ahora, después de lo sucedido con el chico demonio que encontré allí afuera.

Esta no había sido mi noche.

***

-¿Puedes repetir eso? -claramente estaba escuchando decir a Susan que Miles había contado algunas cosas a sus amigos, pero eso no podía ser cierto. Miles no podría hacerme eso.

-Lo escuché anoche de la boca de Zach, mientras cogíamos. -intenté controlar lo que estaba sintiendo allí mismo. La indignación pudo más que sobre todos los sentimientos que estaba sintiendo ahora. -Estaban bebiendo en su casa, cuando le hicieron la pregunta de si habían estado juntos. Respondió que sí, que para él no te resististe mucho. Que todas caían a sus pies -empuñé las manos. Quería ir y golpearlo.

-Escucha, todo es mentira.

Mentí, aunque ella sabía la verdad.

Solo no quería dar explicaciones a Susan.

Tomé mi mochila y me fui sin entrar a clases, no quería ni verlo. En su lugar tomé mi botella del estante donde la guardaba y pedí pizza a domicilio. Me pasé viendo toda la tarde películas de amor, mientras lágrimas surcaban mi mejilla.

Recordé lo que me hizo Noah, la asquerosa verdad de persona que me encontré al final del pasillo. En esta vida todos fingimos ser alguien que no somos, para saber sobre las debilidades de las personas y de esa forma podremos desenvolvernos tal y como queramos. Creamos una máscara para cada tipo de persona con la que convivimos. Y Noah me engañó siendo alguien que no era, fingió tan bien que me creí todo.

Al final de lo que pasó, me sorprendí a mí misma viendo que no podía odiarlo, de todas formas, un corazón que está lastimado por la persona a la que amó, no puede odiarse.

Intenté, pero fracasé.

Solo le deseé lo mejor en su vida.

Pero en mi vida, ya no tenía espacio.

Miles entró en la escena correcta de la obra de teatro.

Salvó la noche con botellas y risas.

Y creó la escena más falsa que pude actuar.

Fuimos dos actores, sabiendo que solo estábamos interpretando un papel para ganar la obra de teatro. Cuando ha terminado la obra de teatro, también lo han hecho los actores, era hora de quitarnos el personaje y dejar los guiones escritos a un lado. Para enfrentar a las dos personas reales con voces reales para hablar. Lo contrario de las personas de la obra que interpretábamos, es que a nosotros no nos gustó la versión de cada uno. He allí encontré el final del guión de la vida real.

***

Podría darle a Miles todas las respuestas que quería esa noche. Pero realmente tampoco las tenía.

Esa noche sueño con muerte.

Voy en el auto de Susan y un camión golpea la parte trasera de su auto, me golpea la cabeza y me quiebro el cuello. Susan sale de su auto. Ella vive y yo muero.

Recibo un mensaje de un número desconocido.

Solo dice, hola.

No respondo. Envía otro preguntando si estoy bien. No pienso responder, quiero pensar que se ha equivocado la persona.

Pero no creo que lo haya hecho.

Me envía mensajes tres veces más en la semana. Por lo cual opto por responder.

"¿quién eres?"

"Creí que tenías mi número registrado"

No respondo.

"Mañana me presento en persona otra vez"

Eso me deja con intriga. Eso significa que va a la universidad conmigo o es de mi clase. Por lo cual repaso en mi mente a todos los de la clase y no encuentro a nadie que pueda gustarle como para que me moleste con mensajes de texto.

Cuando llego a clase, lo primero que hago es inspeccionar a cada uno, nadie parece extraño. No envía mensajes durante la clase, la mayoría está escribiendo en su libreta.

Miles no ha llegado a clase, por lo cual no puede ser él.

Para cuando termina la hora, recojo mis cosas y me llega un mensaje de esa persona.

"Gira a tu derecha"

Lo hago. Y allí está mi extraño con mensajes.

Mi boca se abre ligeramente, pero no del todo. No puedo aparentar que me ha sorprendido, aunque si lo ha hecho. ¿por qué lo hará?

-¿Tú? ¿A qué viene esto? -estoy algo enojada por su forma de actuar tan infantil. Por qué no decirme las cosas a la cara. Era definitivamente un cobarde.

-No parecía que estuvieras a gusto conmigo, por lo de la última vez -asentí. No lo estaba.

-Trataste de joder mi exposición por lo cual no puedo darte puntos en eso.

-Lo sé, por eso quería saber cómo estabas. Pero no pude hacer la pregunta directamente porque me di cuenta que ya no tenías mi número registrado.

-Termínanos, Noah. Ya no necesitaba tu número -usé toda la información que tuve y la borré ¿por qué ibas a guardar el número de tu ex? ¿para llamarle cuando estuviera llorando y borracha? Quería evitarme esa parte.

-Lo sé, pero eso no evita que seamos amigos. Disculpa, lo de tu exposición.

Oh, vamos. -Dime que no estas tratando eso ahora, después de meses. -puse los ojos en blanco. -Te tomó tanto tiempo querer ser mi amigo, que ahora ha expirado la oferta. No creo que se pueda hacer eso, Noah.

Terminé de meter mis cosas a mi mochila, lista para irme.

-Solo quiero platicar las cosas contigo, por como terminaron las cosas.

-No hace falta, hace mucho tiempo que lo superé. No necesito respuestas.

-Pero quiero dártelas.

-Mira, si lo que quieres es calmar tu conciencia, no hagas esto. Ve a una iglesia y confiésate con el padre por tus pecados. Que yo no escucharé nada que venga de tus labios.

-Mia -sostuvo mi brazo, miré a donde sus manos me tocaban. -Solo dame una oportunidad.

-La tuviste y no la quisiste. Ahora quita tus manos de mi brazo o no te darás ni cuenta cuando yo lo haga y estés del otro lado del salón.

-Está bien. Solo quería hacer las paces contigo.

-Ve a tomarte por culo, Noah. No necesito esto ahora.

Tomé mu mochila y Salí a zancadas del aula. Primero Miles me pedía explicaciones y ahora Noah quería hacer tregua conmigo. El pasado debería quedarse donde está. Yo ya tengo suficiente con mi muerte anunciada y mis cambios de humor.

Me importaban una mierda.

***

-Creo que algo ha cambiado en vacaciones. Eres diferente ¿hay alguien más? -habíamos regresado a clases después de vacaciones de navidad. Y él había estado dejando de responder mis mensajes, se mostraba poco afectuoso a mi persona, es como si quisiera deshacerse de mí. Y eso dolía. -Solo dímelo, no importa. Solo necesito la verdad.

Su nariz estaba roja. Pareciera que quería llorar. Cuando habló su voz se quebró.

-No hay nadie. Es solo que estoy pasando por algo familiar, es un problema muy grave. Por favor, dame tiempo.

Desde que lo conocí siempre estuvo cargando un peso y responsabilidad con su familia. Eso hizo que me enamorara de él, lo fuerte que era y no se dejaba vencer por nada ni nadie. Era ambicioso de una forma que me incitaba a ser como él.

Respiré profundo.

Tomó mis manos y no podía dejarlo irse así. Estaba pasando por algo difícil, cuando quieres a alguien no lo dejas ir a la batalla solo y no sería esa persona. Ni quería serlo.

-Decide que vas hacer con lo nuestro -no podía hacerme esto. Decidir yo.

-No me hagas hacer esto.

Lo pensé por un rato. Lo quería mucho. Y solo era un mal rato que estábamos pasando, podríamos hacer esto juntos. Creía en un nosotros.

-Vamos a poder con esto. Nos daremos esta oportunidad. -dicho eso él sonrió, pero su felicidad no llegó a sus ojos. Tomamos nuestras cosas y nos fuimos. Cuando me despedí de él con un beso, lo cortó a la mitad. Sentí que estaba rechazándome, el beso lo sentí como si fuera el último.

Y entonces lo supe.

Aunque él quería seguir intentando esto. El ya no me quería, no soportaba estar cerca de mí. Y eso se sintió tan vilmente asqueroso.

Dolor puro, del que solo te dan las personas a las que quieres.

***

Ven y mírame desde abajo. Siempre estuve allí mirando como tenías éxito en todo. Ahora te toca verme a mí.

Aunque no crea que esté teniendo éxito.

La llaga está siendo abierta de nuevo y no puedo controlar el dolor brotando de ella. Quema y mata lentamente.

Es ahora cuando se disfruta más el dolor. Cuando sabes que es una herida vieja y seca. Y solo saca pus.

Capítulo 3 Capítulo 3

Mis zapatillas deportivas tocan el pavimento de casa de mamá. Ella no sabe qué iba a llegar hoy de visita.

Cuando abre la puerta una sonrisa se extiende por sus labios. Amo a mamá.

Sus brazos me envuelven y me hacen olvidar lo que viví los últimos desagradables días.

-No avisaste que venias -me lleva dentro de casa y me sienta en uno de los sofás de la sala de estar.

-He estado en exámenes -miento. Me odio.

-Lo entiendo. Siempre quiero que pongas primero a tus estudios -no, mamá.

-Estaba por servir la comida, papá está por llegar. -papá me dirá mis verdades. Es el único que lo hace. Solo espero que no sea tan severo conmigo, porque ahora necesito cariño no regaños.

Cuando llega papá, corro a sus brazos y lo tomo desprevenido. Cuando se da cuenta quien soy, me envuelve en un abrazo de oso. -Estaba pensando en recortar tus gastos para que vinieras. -refunfuñé.

-No era necesario, papi. He estado en semana de exámenes, es algo estresante. Lo siento. -Suspira. Lo he convencido, soy una odiosa hija. Necesito dejar de mentir, esto se me está haciendo muy habitual.

-Está bien. Pero al menos llama. Mamá estaba preocupada -caminamos a la cocina donde mamá ya tiene servido la comida. Nos sentamos y charlamos a cerca de la universidad y de su trabajo.

-Creo que en la próxima semana te depositaré menos, hemos estado teniendo algunos problemas con unos cargamentos que no han llegado a Sydney. Pero solo será por unos días. Así que no gastes mucho, nena

-toma mi mano para reconfortarme. Le respondí que no se preocupara, y que podría encontrar un trabajo a medio tiempo. Se negó rotundamente. Aunque tenía algunos ahorros, pero esos eran para imprevistos, y no quería tocarlos para nada.

-Papá, confía en mí.

-Lo hago. Pero no quiero que descuides tus estudios.

-¿Tú que dices, mamá?

-Ray no me parece mala idea, pero igual pienso en tus estudios, Mia. No quiero que bajen tus calificaciones y pierdas la beca.

Estudio en la Universidad de Melbourne, por lo cual las universidades en Australia suelen ser caras. Melbourne es la capital costera del estado de Victoria en el sureste de Australia. Nos mudamos aquí hace 3 años, por trabajo de papá. La compañía lo transfirió. Comencé de cero y acepté estudiar Negocios y Economía.

Aunque en realidad me apasiona escribir ciencia ficción.

Pienso en la tarjeta que me dio Max en la galería de arte. No la deseché. Podría contactarlos y enviarles mis escritos para que puedan ser revisados y si son buenos para publicar. En estos días publicar un libro te deja dinero y es lo que necesito.

-Ya pensaré en algo mamá. No se preocupen por mí. Estaré bien.

***

Sostengo en mi mano la tarjeta blanca con letras intrínsecas color dorado. Parece ser una editorial cara. De las mejores. Busco en Google antes de enviar un correo.

Es la mejor en la zona de Melbourne.

Estoy indecisa, debido a que Max me la dio para aliviar el pecado de Miles, que, por otro lado. No sé de qué pecado podría liberarlo.

Escribo el correo.

Por obvias razones no responden inmediato.

Cierro mi laptop y salgo por un café.

Cuando estoy subiendo al elevador todo se mueve, y estuve a punto de caer sino me sostengo en la pared. ¿Qué rayos? Tomo respiraciones hasta que se me pasa. Cuando bajo al vestíbulo lo hago lento, tratando de calmarme.

Recibo un mensaje de Susan, quiere verme. La cito en el café.

-Eres difícil de conseguir chica. -reprende, pongo los ojos en blanco. -He querido que me acompañaras a una fiesta anoche -lleva gafas de sol, me he dado cuenta que tiene ojeras y parece que la noche estuvo buena, lleva puesta una bufanda con este calor.

-He ido a visitar a mis padres. Regresé hoy.

Susan es hija de un hombre de negocios. Su padre es ejecutivo de una empresa que transporta miel a todo Europa. No tiene necesidades de trabajar para tener dinero. Tiene una tarjeta sin límite. Niña mimada.

-Entonces debes estar libre mañana. Quiero que me acompañes a hacer unas compras. -pongo los ojos en blanco.

-Sueles tardar demasiado para escoger ropa y zapatos -bufa.

-Una mujer tiene que gastar lo que tenga en mano, chica. Y este dinero no se gasta solo.

Recibo un mensaje de Noah, pidiendo disculpas por si me incomodó lo de la otra vez. No respondo, debería bloquearlo y es lo que hago.

No quiero a nadie molestándome.

Le comento a Susan de lo que hizo Noah y ella refuta en cólera.

-¿Lo ha hecho? ¿Cómo ha podido después de lo que te hizo? -parece muy molesta. Es mi amiga, entiendo su cólera.

-No quiere dejar el pasado enterrado. Yo acabé con eso hace mucho tiempo.

-Lo sé, guapa. Solo que no sé por qué ahora pide perdón. Es un idiota. No respondas sus mensajes ni llamadas.

-Lo bloqueé.

-Eso me parece genial.

Sonríe, enseñando sus dientes.

Termino agotadísima de las compras, he visto un vestido plateado de lentejuelas, el cual quise comprar, pero recordé que iba a estar corta de gastos esta semana. Así que no lo compré.

Miro el vestido en mi cama, Susan insistió en comprármelo, dijo que era un regalo. No le quise contar sobre los problemas financieros que iba a tener, porque se iba a ofrecer a darme un préstamo que no iba aceptar.

Quiere que asista a una fiesta mañana en la noche con ella, el fin del vestido.

Estoy preparando mi cena, cuando un recuerdo me llega a la mente. Estoy comiendo dulces en la entrada de mi vieja casa en Kansas, llevo un vestido floreado. Un hombre alto vestido con una túnica negra está del otro lado de la calle, extiende su mano como queriendo alcanzarme y llama mi nombre. Inclino mi cabeza, tengo 7 años y todavía lo recuerdo. Me levanto y camino hacia él, estoy hipnotizada como si me atrajera para cruzar y alcanzarlo.

Alguien agarra mis brazos y me tira al pasto. Un auto pasa cerca de mí, sonando el claxon. Me he raspado los codos y arden mucho.

-¿En qué estabas pensando? -mamá grita.

Estoy desorientada. La miro sin entender.

-Estuviste a punto de ser atropellada. ¿Por qué cruzarías la calle? Mia sabes que no debes cruzar la calle sin un adulto.

Mamá empieza a llorar.

La sigo mirando no entendiendo la escena que acabo de presenciar. Restándole importancia a que pude ser atropellada hace unos momentos.

-¿Por qué querías cruzar?

-Había un hombre vestido de negro que me llamaba.

Mamá mira hacia el otro lado de la calle, no hay nadie.

Parpadeo varias veces, creyendo que fue mi ilusión.

Del otro lado de la calle no hay nadie.

Salgo de mi trance, y en mi desconcierto corto mi dedo con el cuchillo. Había sangre, abundante. Lavo el dedo y enrollo con una toalla, presiono hasta que deja de sangrar.

Pienso en el recuerdo que he tenido hace unos momentos, no recordaba eso. Debería de preguntar a mamá la próxima vez que vaya a casa. No recuerdo tener un vestido floreado, o lo he olvidado absolutamente todo.

En todo caso, no recuerdo mi infancia. Aunque al principio me pareció raro no recordar nada, pero creo que la mayoría no lo hace a una edad adulta. Los humanos solo guardamos recuerdos que nos creen servir en un futuro, y desechamos lo que no sirve.

Basura.

Un recuerdo basura, eso fue lo que recordé.

Esa noche tengo una pesadilla.

Estoy tomando clases en la preparatoria, cuando miro por la ventana, veo a un extraño mirándome, pienso que está mirando a otra persona, pero miro alrededor y todos están concentrados en la clase. Es una chica de cabello rojo, va vestida de negro, extiende su mano hacia mí.

Leo en sus labios mi nombre.

Está llamándome.

Mi cuerpo reacciona a su llamada, quiere ir con ella.

Me levanto de mi silla, nadie parece tomarme importancia. Me acerco a la ventana, mi cuerpo quiere ir allí no importa qué. Mi mano golpea el vidrio, no cede. Todos están concentrados en la clase, no les importa que intente romper el vidrio. Golpeo más fuerte, ahora lo hago con las dos manos. Puños con fuerza y dureza hasta que una grieta se forma en la ventana, sigo golpeando. Golpeo y golpeo hasta que mis puños sangran, ella está esperándome del otro lado. Quiero ir con ella.

El vidrio cede y se rompe. Con mis manos quito los pedazos, cortándome en el intento, pero no siento dolor. Me subo a una silla y salgo en su busca. Mi clase sigue inmerja en escuchar al profesor.

Cuando toco tierra, por mis piernas suben serpientes, están por todo mi cuerpo, pero eso no me impide seguir caminando, en el transcurso las aplasto y ellas me pican. No hay dolor, se enrollan en mi cuello, una pitón está ahorcándome. La chica pelirroja sigue con la mano extendida, me falta poco. Las serpientes me hacen caer, y me arrastro, no puedo respirar, están matándome.

Me levanto ahogándome. No puedo respirar, toso y trato de tomar bocanadas de aire, pudiendo así controlarme.

Toco mi cuello, duele, se siente tan real.

Me levanto de la cama y voy al baño, me miro en el espejo.

Siento mi bilis en la garganta.

Mi mano está temblando cuando recorre la marca en mi cuello. Está rojo y se muestra la marca de como si me hubieran ahorcado.

Estoy siendo paranoica.

Voy a la cocina y preparo un té.

Repaso el sueño en mi cabeza, se sentía tan real a como lo han sido las demás pesadillas. Pero este ha sido más real que todos.

Tengo miedo de dormir, así que voy a la sala y enciendo el televisor. No me doy cuenta cuando me quedo dormida, hasta que suena mi alarma.

Es hora de ir a clases.

Me meto a bañar y me miro al espejo. La marca ha desaparecido.

Eso me deja atónita.

Anoche, yo misma la había visto.

Pudiera que la imaginé, estaba todavía sonámbula. Descarto la idea y despabilo mis pensamientos.

***

Las cosas se ponen interesantes cuando llego a la universidad y me encuentro a un chico que me entrega una nota. Cuando la abro, mis piernas flaquean.

La nota dice:

"NOS PERTENECES. ES HORA DE QUE VUELVAS A CASA"

Miro desconcertada la nota, no vislumbro al chico que me la entregó por ningún lado. ¿Qué tipo de broma es esta?

Estoy por caerme, cuando unas manos me sostienen.

-¿Te encuentras bien?

Es Miles.

Nauseas me atacan, pero no estoy cerca del baño. Otro mareo viene y casi caigo de no ser por Miles que me sostiene en sus brazos.

-Te ves muy pálida. Estás fría. ¿Seguras que estas bien?

En otra ocasión le hubiera respondido sarcásticamente. Pero no tenía fuerzas.

-Siéntate aquí, -me llevó a unas sillas que estaban a nuestro lado.

-Creo que deberías dejarme aquí -respondo débilmente.

-No puedo hacer eso -rezonga.

-Creo que ya estoy mejor.

-No lo creo. Debería llevarte al consultorio. Te ves muy mal, estás muy fría.

Sacudo la cabeza.

-No es necesario.

Intento levantarme y cuando eso sucede caigo de bruces con el suelo.

-Mierda.

Miles me levanta y carga en brazos. Estoy delirando, me siento agotadísima, mi lengua se siente pastosa. No tengo fuerzas para hablar.

-Tendré que llevarte yo mismo.

Pierdo el conocimiento.

Estoy en la nieve descalza, llevo un vestido blanco, mi cabello está suelto y estoy muriendo de frio. No hay abrigo, solo el fino vestido transparente. Hay marcas en la nieve de pies humanos, necesito buscar ayuda. Así que sigo las huellas.

Tiritando en todo el camino, abrigándome con mis brazos para darme calor.

Llevo caminando más de 3 metros y caigo en la nieve, no puedo seguir. Voy a morir aquí.

-Mia -hay eco en la nada.

No hay nadie. Me levanto y sigo caminando.

En el transcurso van apareciendo manchas de sangre.

Temo por lo que voy a encontrar, rantelizo mi caminata, temiendo lo peor.

Las manchas son más abundantes. Sea quien haya perdido sangre, ya debería estar muerto.

Todo mi cuerpo está temblando cuando encuentro el dueño de la sangre y de las huellas. Ahogo un grito en mi garganta y el sujeto se da cuenta. Mira a donde me encuentro.

En la nieve hay un venado con estomago abierto. Las tripas están fuera, a su lado hay un hombre desnudo que está comiéndose el hígado del animal. Tiene sangre en toda la boca y cuerpo. Sus ojos son negros y me miran con hambre, hace un ruido chillón que me hacen cubrir los oídos, abre la boca mostrándome sus colmillos. Deja el hígado restándole importancia y corre hacia mi como si fuera un lobo.

Me despierto sudorosa y gritando.

A mi lado se encuentra Miles y sostiene mi mano. -Está todo bien. No te preocupes. -sostengo su mano tan fuerte que creo poder quebrarla. Mis labios se abren en un intento de decir algo, pero no sale nada. Estoy paralizada. -¿Mia? ¿Me escuchas?

-Está en shock, parálisis posiblemente -escucho una voz de una mujer. Trae una bata blanca, estoy en el consultorio de la Universidad. -Se le va a pasar, no te preocupes. El veneno todavía sigue en su sistema, hay que dejarlo salir. Llevará unas horas.

Quiero hablar, preguntarle de qué veneno habla, pero nada sale de mi boca.

-Estaré aquí cuidándola, entonces.

-Está bien. Saldré un rato.

-¿Me escuchas, Mia? -cierro los ojos para decirle que sí. -Estarás bien. Al parecer la serpiente que te picó no era tan mortal. La doctora te inyectó una dosis para contrarrestarla y que salga de tu sistema. Estarás bien.

¿serpiente? ¿de qué está hablando?

-¿En dónde encontraste una serpiente? Si no hubiera sido que te encontré. Posiblemente no estaríamos aquí y quién sabe dónde.

Sacude su cabeza.

-No me gusta pensar en esa idea, Mia. Lo siento por todo -besa mis nudillos.

Mi respiración se atasca en mi garganta.

Me siento cansada. Quiero dormir y es lo que hago. Antes de cerrar los ojos, lo último que escucho es decir a Miles que me quiere.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022