-¿Has pensado como sería nuestro futuro? -estaría mintiendo si digo que no. La verdad que consecuentemente pensaba sobre mi futuro. ¿Dónde estaría? ¿con quién? ¿Qué me pasaría en el camino para llegar a él?
-A veces -termino respondiendo a Judas.
Estábamos acostados en la cama comiendo gomitas y con los pies en la pared.
-No me gusta pensar en mi futuro, porque siento que no estaría viviendo el presente. Es como si me quedara en esa burbuja de pensamientos y si dejo que me atrape, créeme que nunca saldré de la misma rutina. Seré un prisionero del futuro. Es lo que les pasa a muchos. Se vuelven prisioneros de su propio futuro, uno que no ha sido escrito y que puede cambiar en cualquier momento.
-¿Crees en el destino?
-Si.
-¿Y tú?
-No sé.
-Eso no es una respuesta, Judas.
-Lo sé, pero la vida me hace querer cambiar de opinión a cada momento.
-¿La vida o las personas?
-Todas las personas con las que he compartido parte de mi vida, me han lastimado. Creo que eso me hizo decepcionarme mucho y querer empezar a jugar un poco. Si entregas tu corazón, estarás sentenciando tu muerte.
-Eso es muy retorcido. No suele ser así, cariño.
-A veces lo es, no puedes esperar nada de nadie. La persona que amas, a veces puede apuñalarte por la espalda. La confianza está sobrevalorada.
-Cruel.
-Todas las personas lo somos, amor. Deberías empezar a saber cómo seleccionar con quién compartes tu vida.
-Tal vez.
-A veces la persona en la que más confías y amas, puede traicionarte y matar.
-¿Tú me matarías?
Sus ojos se oscurecieron, y semblante cambió. Mi piel se erizó.
-¿Enserio lo harías? -estaba empezando a asustarme.
De pronto, una sonrisa se asomó en sus labios y reventó en risotadas. -No, tonta. Te amo demasiado, como para hacerlo.
Dejé escapar un suspiro. -Me has asustado, enserio. -sonreí.
-¿Verdad que sería bueno actuando?
Asiento. -Te creí. Pensé que me matarías ahora mismo.
Querido Crush...
He pensado en ti todos estos días, no te he visto en mucho tiempo. Creo que nuestro amor no es mutuo. Por eso he decidido soportarlo sola, mi enamoramiento por vos, es infinito. No hay palabras para expresar todas las sensaciones que me causas al verte.
Aunque sé que no es mutuo. Puedo sostener este sentimiento, que por años he llevado conmigo, y lo he salvaguardado junto a todos los recuerdos que me has dejado cada vez que vienes.
Espero algún día, ser valiente y confesarte todo esto que siento por ti.
No será pronto, así que no me esperes. Me llevará algo de tiempo encontrar el coraje de cruzar unas palabras contigo, que no sea fuera de mi trabajo.
Mientras tanto, sigue regalándome esas conversaciones inteligentes que solo tú sabes sostener conmigo. Me encantan, espero algún día que pronuncies mi nombre y sonrías al recordarme.
Atte.
La chica de los anteojos.
Capítulo 1
Enamorarse, no era algo que aconsejaría a las chicas.
Un enamoramiento era de dos personas, pero todos sabemos que nuestro corazón no elige a quien amar, y siempre se termina enamorando una persona en la relación, si tienes suerte, tal vez ambos.
En el mundo hay una sola cosa que los humanos no podemos controlar, y eso es, los sentimientos.
Los sentimientos, son algo característico que nos hacer tener humanidad, sin ellos nosotros no podríamos ser más que un cascarón vacío y sin gracia.
Estúpido, pero era verdad.
Estaba enamorada de un chico, que llegaba casi todos los días a comprar a la tienda, donde trabajo de cajera. Conversábamos sobre sus clases y su día. Yo lo escuchaba como una tonta. Cualquiera que me mirara, podría decir que estaba super embobada con lo que dijera. Mi jefa, solía regañarme porque solo me concentraba en él y no en los otros clientes. Pero no me importaba, tenía que darle toda mi atención cuando él hablaba.
Trabajaba en 7eleven, los fines de semana.
Era mi primer trabajo, así que cuando comencé se me dificultaba.
A veces no quería ni levantarme para ir a clases los lunes, pero debía. Porque quería ir a una universidad, y estaba ahorrando para ello. Mi madre solo podría costear una parte de mis estudios, así que tenía que hacerlo por mí misma. Y mi padre, bueno era otra historia. Había muerto hace unos años, fue uno de los motivos por lo cual tuve que empezar a trabajar. Necesitaba ayudar en casa, no podía dejar a mamá sola.
-¿Crees que Azael venga hoy? -pregunté a mi mejor amigo.
-Lo hará, como todas las veces que lo acosamos. Le gusta tener buenas calificaciones.
Bufo. Estamos en la biblioteca.
-Es uno de los chicos de promedio medio, al igual que yo. -respondo. No era muy inteligente, pero al menos destacaba con mis calificaciones. Estábamos en la misma preparatoria, diferentes salones, divididos en grupos. Él pertenecía al grupo A y yo, al B. Eso decía que nuestros salones estaban juntos.
-Natalia, por favor.
-¿Qué? Sé casi todo sobre él. Ha sido mi primer enamoramiento desde que llegué a España.
-Lo sé. Es tu crush. Soy tu mejor amigo y él único del instituto.
Era cierto, solo tenía un amigo y era Judas.
Azael entró por la puerta y se sentó en una de las mesas del fondo, no miró a los exteriores, y se concentró en su libro. Nosotros nos pasamos haciendo los deberes que entregaríamos mañana, pero entre ratos lo espiaba por sobre mi libro. Me hacía suspirar y embelesar.
-Pobre chico, deja de mirarle así. -dice Judas, lo cual no me importa. -creo que deberías confesarle tus sentimientos. Ya ha pasado mucho tiempo.
Sacudo la cabeza. -Ya te lo he dicho. No lo haré nunca. Es mi crush, y así se quedará.
-De todas formas, ya es tarde. Tengo que irme. ¿Vienes?
-Todavía no termino algunas cosas, -él mira en dirección de Azael.
-Como quieras. Te veo mañana.
Asiento. Trato de concentrarme en resolver algunos problemas algebraicos, y justo cuando he terminado, unos libros caen sobre mi mesa. Mis ojos recorren los pantalones de mezclilla, subiendo hasta su jersey, y esos labios carnosos tan rojos y nariz respingona. Sus ojos verdes olivo me miran inquisitivos.
-Nat ¿Qué haces aquí a esta hora? -las conversaciones con él podían fluir de manera normal, desde hace dos años que nos conocemos en mi trabajo. Es normal que me hable por ese nombre para mí. Aunque antes solía decirme muchacha, y odiaba ello.
Dejo salir la respiración que estaba reteniendo. -Ah, hola. ¿Azael? ¿Qué haces aquí? -trato de parecer que no lo he visto desde que llegó, aunque he estado acosándolo. Sube sus comisuras levemente en una sonrisa. Me embeleso. Es hermoso, todo él es perfecto.
-Creo que te hice la pregunta primero, Nat.
Sonrío nerviosa. -Oh, lo siento. Estaba terminando unas tareas de álgebra. De hecho, desde temprano estoy aquí, haciendo mis deberes.
-Que tonto, no me di cuenta de que llevabas tiempo aquí. Cuando entré solo me concentré en leer un libro para la clase de inglés. -se pasa la mano por su cabello. Y ajusta sus gafas. -De hecho, ya me voy. ¿Quieres que te lleve a casa?
No dudé en responder, era mi oportunidad de estar a solas con él y la primera vez que me ofrecía llevarme a casa.
-Está bien, solo recojo mis cosas. -intenté parecer lo más normal y desinteresado por el hecho, que íbamos a estar a solas en el auto. Estaba hiperventilando.
Me apuré a meter mis útiles esparcidos en la mesa a mi mochila, con torpeza tomo esta y salimos de la biblioteca. Estaría mintiendo, si no estoy nerviosa a su lado. ¡Mi crush me llevará a casa! Le digo la dirección y nos montamos al auto.
-¿Cómo van las clases? -pregunta cuando estamos en el interior del auto. Trago salvia.
-Va bien, ya sabes. Últimamente hay demasiadas tareas, se acercan exámenes.
Asiente. -Es cierto, están cerca los exámenes, creo que esta vez se les está yendo la mano a los profesores. -chasquea su lengua. Me atrevo a mirarle de perfil, mientras maneja, su mano izquierda mantiene el volante mientras la derecha busca algo de música en la radio. Su rostro es angelical, podría pasarme horas mirándole sin que me molestara. Él me mira y atrapa. Sonríe. ¿soy tan obvia?
-¿Sucede algo?
Tartamudeo al responder. -No. Cla-ro que no pa-sa nada.
Sus hoyuelos se hacen reveladores. Como amo esos hoyuelos. Llegamos a casa y me despido.
***
-Estas avanzando, enserio eres rápida. -ese es Judas, después de que Azael me dejara en casa, corrí a llamarle y contarle todo. Estamos en la cafetería de la preparatoria, tenemos algo de tiempo para charlar.
-Es de ensueño ¿Cómo puede ser perfecto? Es inteligente, guapo, caballeroso, carismático, lo tiene todo.
-Es un sabiondo -bufa. -Se la pasa en los libros, y videojuegos. Típico nerd, esos son los tuyos.
-Judas, sabes que me atrapan los nerds.
Rueda los ojos.
-Cómo sea, eres tú. -se encoge de hombros.
Visualizo a Azael en una mesa con sus amigos. Él no es el típico nerd, que se refugia en la esquina de la cafetería solo. Es todo lo contrario, el chico tiene popularidad con las chicas, además de ser inteligente. Es por ello que no le he confesado mis sentimientos, ellas son más bonitas que yo, y tienen mejor cuerpo.
Judas me saca de mi burbuja, diciéndome que aterrice. -¿Has cruzado palabra con el chico nuevo? -señala la mesa que tiene solo chicas a su alrededor y unos pocos chicos. Sacudo la cabeza. El chico llegó hace unos meses, ha sido transferido debido a una mala conducta en su anterior escuela. Pero eso no le quita la popularidad de las chicas, todas en su mesa babean por él. ¿Por qué? Es guapo, cuerpo atlético, inteligente y adinerado. Si señores, el típico niño rico y hermoso, que parece tallado por los dioses, ¿Mi Dios está castigando a los mortales enviando algo como él?
Bufo. -¿Cuál era su nombre? -pregunto a mi amigo.
-Dante.
-¿Dante? ¿Cómo la Divina Comedia? -asiente.
-Al parecer suele ser un chico misterioso e interesante.
Miré de nuevo a su mesa. El chico era mono, el uniforme de la escuela le quedaba de maravilla, parecía ese tipo de modelo estudiantil. No tardaban en ponerlo en las lonas de la entrada de la escuela, para publicidad. Solté un resoplido.
-Ya veo, las chicas lo siguen a todos lados.
-Pero tú solo tienes ojos para Azael, ¿no es así? -miré la mesa de Azael de nuevo y solté un suspiro. Estaba enamorada de ese chico desde que tengo memoria, nadie podría quitarme de la cabeza a esa escultura monumental, y mucho menos un chico que parecía ser enviado por los dioses, un ángel caído.
Estudio en un colegio de paga en España, soy mexicana, pero debido a la muerte de mi padre, mamá decidió mudarse de México y venir aquí para olvidar el pasado, ya que ella siempre quiso venir, no es que me vaya bien pero no me quejo.
Mamá quiere lo mejor para mí, así que se mata trabajando para pagarme los estudios. Tengo beca completa, así que no paga mucho. Es agente inmobiliario. Aunque apenas y nos da para sobrevivir, decidí apoyarla con los gastos de la casa, empecé a trabajar. Mamá decía que no debía, pero quise, ella llegaba cansada a casa, con los pies hinchados. Me partía el corazón verla sufrir tanto por mi culpa, después de tantos ruegos ella aceptó que trabajara, con la condición de que no descuidara mis estudios. Se lo prometí. No soy la mejor, pero estoy sobre el mar, nadando para sobrevivir entre tiburones. Apoyo en casa y ahorro para mi universidad. No es que me paguen mucho, pero al menos es una esperanza para algo mejor.
Suspiro, no he dormido bien últimamente. Los profesores nos han dejado demasiadas tareas, y con mi trabajo de los fines de semana, tengo que desvelarme para terminarlas. Uso lentes, porque mi vista no es la mejor, debido al deterioro por leer demasiado electrónicamente me ha empeorado ver a distancia; el oftalmólogo dice que mi astigmatismo es avanzado y pronto llegaré a la miopía. Le sonreí a mamá cuando me dijo que dejara de leer en pdf, éramos pobres, no en extremo, pero no podía costearme un libro en físico cada semana ya que leía demasiado, tenía una pequeña colección, pero no eran muchos; salía más barato comprarlo en electrónico, pero mamá no estaba de acuerdo. A regañadientes, tuve que disminuir mis lecturas.
Mi cabello castaño oscuro, se ondea con el aire cuando salgo del instituto, la tarde está fresca, ha llovido esta mañana. Respiro el aire puro que proviene por todos lados, vivir me parece la idea más maravillosa hasta ahora. Sonrío con melancolía, no sé por qué antes pensaba diferente. Miro mi mano izquierda, yacen unas cicatrices en diagonales, es un vivido recuerdo cada vez que las veo. Sonrío.
-Hemos salido temprano de clases ¿Vamos por un helado? -dice Judas, asiento. Tenía tiempo que no iba por un helado con él.
-¿Cómo vas con ese chico que me has contado antes? ¿está como un tren? Como ustedes suelen decir, -Judas, es de aquí. Lo conocí cuando ingresé al instituto, me ayudó mucho. Ya que, por ser de diferentes nacionalidades, a veces hay personas que solo no te hablan. O si no tienes dinero, como yo. Y eres becada. Todavía existen ese tipo de personas, pero Judas, a pesar de tener dinero y estatus social, dejo todo de lado para hablarme cuando ingresé a la primera clase con él. Fue mono, el tipo. Se ofreció a enseñarme las instalaciones y decirme todos los chismes más recientes, créanme, que mi mejor amigo, sabe todo de esta escuela. Y también sobre chicos.
Él fue quien se dio cuenta, que me gustaba Azael, lo miraba a la distancia, ya que no era de mi clase, y una vez me lo topé en la cafetería, solo sonrió. Siendo Judas, empezó por su vida privada terminando en sus más oscuros secretos, cosa que no tenía, porque él era perfecto. Lo único que sé de Azael, es que tiene dos hermanas y un hermano pequeño, que me ha tocado ver cuando lo lleva a mi trabajo a comprar, y sus papás son geniales. Muy humildes, a pesar de ser grandes doctores reconocidos aquí en España.
-¿Por qué estas tan despeinada? -me había dicho el niño esa tarde que estaba cobrando su mercancía en la tienda donde trabajo. Me tocaba cubrir un turno el viernes, porque la otra chica no había llegado. Llevaba años de conocerlo, pero él ni me conocía. Mis mejillas se tiñeron de rojo. Había salido de clases deprisa, que me había topado con aire de esos que parecen huracanes, llegué al trabajo despeinada y fui directo a caja porque llegaba tarde, no me había dado tiempo de ir al baño a arreglármelo.
Azael se sonroja y sonríe. Su hermano era muy diferente de él. A pesar de ser un niño de siete años, era muy honesto.
-Lo siento, he tenido que traerlo, porque mis padres están de guardia. -asiento. Aunque estaba muerta de vergüenza.
-No te preocupes. -miré al niño. -He venido del instituto directo al trabajo y me he topado un huracán de aire, me he despeinado. Disculpe su majestad, por no estar presentable para usted. -Azael reprimió una sonrisa. Y el niño me miró con el ceño fruncido. No había entendido nada de esto.
-¿Huracán? No ha habido ningún huracán, muchacha -miró a su hermano por una respuesta. -¿Azael cuando ha pasado? No me he dado cuenta.
-Liam, te lo explicaré en casa. Es hora de irnos, le hemos quitado mucho tiempo a la muchacha -me molestaba que me dijera 'muchacha' es como si no supiera mi nombre, varios de mis compañeros, me había llamado por Natalia cuando él estaba presente. Pero se negaba a decirlo, en todo el tiempo que lo conocía, nunca llegaba a pronunciarlo, me preguntaba como sonaría mi nombre en sus labios. Hasta que lo hizo en el instituto semanas después.
Esa tarde se despidió en su auto y me dejó allí sola, con el corazón latiendo a mil por hora. No sé en qué momento empezó ese enamoramiento. Solo que con el tiempo te das cuenta, que cuando solo comienzas a mirarlo y escucharlo, estas jodida.
Estás enamorada.
-¿Sigues aquí? -Judas me sonríe con sorna. Sabe que estoy en la nube justo ahora pensando en Azael. Mis mejillas se tiñen de rojo por la vergüenza. -Amo ese color rojo en tus mejillas. Eres tan linda cuando te atrapo pensando en él.
Cualquiera que nos viera, pensaría que mi mejor amigo está enamorado de mí. Pero no es así, sé que me mira con amor, así como hago con él.
Amo a este chico, un amor incondicional de esos que ya no existen.
-Déjame.
Tomo una cuchara de mi helado, para ya no hablar. Judas, ondea su mano llena de anillos desechando mi comentario y lleva un poco de helado a su boca.
Judas podría tener a cualquier chica o chico a su lado. Es alto, con un cuerpo delgado, su cabello es lacio color negro y un poco largo, es ese tipo de chico sexy que con solo revolver su cabello ya tiene babeando a miles de mujeres, su rostro es cincelado y delicado, tiene una piel tan suave y tersa, que moriría por tener. Labios delgados, con una pequeña barba que empieza a crecer, pero que corta cada vez que sale. Usa aretes en ambas orejas, y un montón de anillos en sus manos. Siempre viste a la moda, ya que es hijo de una diseñadora de modas más reconocidas internacionalmente, y su padre es dermatólogo. Creo que nació con un balance de materia bastante bien.
A pesar de mostrar una frialdad con otras personas que no conoce, es tan tierno cuando se encariña con alguien. Le han roto el corazón, así que se volvió muy celoso con las personas que le rodean, desconfía de todos, excepto de mí, claro está. Soy la única persona que puede decir que le conoce todos sus demonios, y el único secreto que guarda conmigo.
-Cariño, ¿Cuándo le dirás sobre tus sentimientos? -sacudo la cabeza.
-No es fácil. Siento que me rechazará.
-No puedes saber con certeza ello, si no lo intentas. Además, dices que él te habla en tu trabajo.
-Lo hace, pero me ignora en el instituto.
-Cabrón.
-Tal vez le da vergüenza que lo vean hablando conmigo.
-No digas eso, esperemos que no sea nada así. Lo mataría si te rechaza por ello. -su semblante es serio, sé que lo haría. A pesar de que puede tener a veces gestos afeminados, mi mejor amigo sabe defenderse de una pelea. Tomó clases de Judo cuando era más joven.
Sonrío. Amo su sobreprotección con mi corazón. Tomo su mano y le doy un apretón.
-Te amo.
Sonríe. -Te amo, más.
Esa es nuestra respuesta siempre que terminamos una conversación. En verdad, lo amaba.
-Creo que realmente será un examen sorpresa, -Hania estaba diciendo que había visto a varios profesores salir con papeles en manos de la junta directiva que acababa de ser convocada. Todos estábamos con las manos sudando, no era que no estudiara, de hecho, odiaba los exámenes sorpresas. Había pasado dos minutos desde que Hania empezó a decir. La puerta se abre, y todos miramos con suspenso para ver quien entrará. Cuando vemos a Matías pasar. Un alivio corre por nuestro cuerpo.
-¡Ostias, que me cagas tío!
Ese había sido uno de sus amigos, abucheándolo. Matías entro y se sentó junto a Dante, al parecer eran muy cercanos o ya se conocían de antes, porque enseguida había entablado conversación.
Matías le susurraba algo al oído, y vi que le dio un papel envuelto, apenas visible. Creo que sintieron mi mirada, porque ellos me miraron. Inmediatamente dejé de verlos y me puse nerviosa, no sé por qué. Tal vez por la gélida mirada que me dio Dante, esos ojos azules me perturbaron.
-¿Sucede algo? Estas sudando -Judas me miraba asustado.
-No es nada, solo que he visto a ese par susurrarse cosas, y Matías entregarle un papel.
-¿Será que están pasando las respuestas del examen? Oh por todos los traseros buenos de este mundo, que no sea eso. Porque lo mataré. ¿Cómo se atreve a pasarle las respuestas a un chico que apenas lleva de conocer, y no a mí? Ósea, lo conozco desde que estaba en pañales.
-Judas, no te adelantes. Puede que solo sea un recado de una chica que quiere verle.
-Quien sabe, pero si llegase a ser verdad eso. Al menos debo de saber con quién se verá. Dante esta como un tren, que hasta yo me lo comería. Lástima que no es bisexual.
Bufo.
-¿No pierdes las esperanzas aun?
-No. Yo siempre obtengo lo que quiero. Y al que quiero ahora, es a Dante en mi cama, gimiendo.
Ruedo los ojos. La imaginación de Judas, estaba descontrolada.
De hecho, me había contado que tenía fantasías sexuales con él. Joder, el chico estaba bueno, de lo que sigue de bueno. Pero no se veía como si fuera bisexual. Pero quien sabe, tal vez nos daba una sorpresa.
Miré otra vez a su mesa, y fue un error. Porque seguía mirándome, pero ahora era con curiosidad. Desde que había llegado al instituto, no habíamos hablado en ninguna ocasión, solo unas cuantas miradas, ya que estar cerca de su presencia me ponía nerviosa y un poco tensa. Es de las personas que imponen su presencia. Sabes que está ahí, y no puedes dejar de admirar.
Su belleza parecía ser de otro lugar. El cabello largo y color ceniza, le cubría una parte de su rostro, y eso hacía que lo viéramos como un ángel caído, llevaba las mangas de su camisa arremangadas hasta el codo, la corbata estaba deshecha, y mostraba ese aire de niño malo. Vislumbré una cola de un tatuaje en su antebrazo. Me vi a mí misma, queriendo conocer ese tatuaje.
La puerta que estaba siendo abierta, me saco de mis pensamientos sobre Dante.
-Creo que estamos jodidos.
Escuché susurrar a Judas a mi espalda. De hecho, lo estábamos, el profesor llevaba bajo su regazo una paca de hojas, nuestra perdición e infierno.
Dejé caer mi cabeza en el pupitre.
Estábamos jodidos.
Examen sorpresa.
***
-¿Crees que pasemos? Al menos las preguntas que hacía eran lógicas. Habíamos tenido esa clase.
-Habla por ti misma, he cagado en más de cinco preguntas.
-Creo que solo en tres. No recordaba la respuesta de la pregunta ocho.
-Era B, eso es obvio. -dijo Judas.
-¿No era A? creo recordar de una clase, que el profesor dijo que era lo más certero si nos llegase a tocar esa pregunta.
-Joder, anexa seis preguntas erróneas, entonces. Creo que reprobaré.
-Esperemos los resultados la próxima semana.
-Ni modos. Mientras debemos ir por algo de comer.
-Ok. Muero de hambre.
Después de comer e ir a nuestra última clase, judas y yo, decidimos ir a bailar esa noche. Ya que mañana era día libre de escuela, debido a una junta general de profesores del instituto, nos había dejado ir. Debía disfrutarlo, ya que los fines de semana trabajo y no puedo salir de fiesta con mi compinche.
No tuve problema en convencer a mamá, ella sabía lo que me esforzaba por mis buenas notas y en mi trabajo.
-Te quiero a la una. No más.
Corrí abrazarla y Sali por la puerta, donde Judas ya me esperaba con su auto. Manejaba un kia rojo, regalo de sus padres.
-¿Lista amor?
-Contigo, hasta el fin del mundo.
Nos reímos.
Cuando llegamos al club, pasamos por toda una fila esperando entrar a uno de los más exclusivos antros de la zona. Obviamente, mi amigo tenía preferencia en lugares, y solo necesitaba saludar al portero y dejarlo entrar, con la protesta de los que estaban esperando por horas para hacerlo.
La verdad que te llegas acostumbrar a este tipo de cosas, porque con mi estatus social, seria de las chicas que estuvieran en esa fila esperando para entrar. Estaba feliz, por al menos tener un poco de recompensa de parte de la vida por cómo me había tratado antes. Bien dicen, que después de la tormenta viene la calma.
Estoy teniendo mi recompensa.
Judas tiene reservado en su área VIP, un asiento para los dos. Llegamos a nuestro lugar, y nos pide dos cocteles. En la sala, hay más personas, conocidas para Judas, pero no para mí. Aunque llevo tiempo en el instituto, aun no logro hacer más amigos.
-Hola, que encantador encontrarlos aquí, -Derek se acerca a nosotros con una copa en mano. -Parece que hoy estamos festejando nuestras muertes -ríe.
-¿Hablas del examen? -Derek está en el instituto, pero no en nuestra clase. Pertenece al C. Es amigo de Judas, pero no mío. Apenas y cruza palabra conmigo y eso porque judas está a mi lado.
-Nadie se esperaba eso, fue un golpe bajo de parte de los profesores.
Mi amigo se encoge de hombros. -Hice lo mejor que pude, salud por ello -chocan copas, y es cuando soy visible para Derek.
-Natalia, que genial que estés aquí celebrando con nosotros -choca mi copa con la suya. Le doy una sonrisa forzada. -Bueno, os dejo. Iré a divertirme.
-Odio cuando hace eso.
-¿Qué?
-Ignorarte, hasta que se da cuenta de tu existencia.
Me encojo de hombros. -Sabes que no me saludaría sino estuvieras conmigo. Ya sabes, que le importa mucho su estatus. Así son la mayoría del instituto. Eres el único que ve a través de las personas. Tienes una gran alma, cariño.
Sonríe. -Lo sé, bebé. Por eso me amas.
Rio y tomo de mi copa. -No cabe duda, que estoy enamorada de vos.
Se ríe a carcajadas.
Después de unas copas, bajamos a bailar un rato. En la pista me encuentro con caras conocidas de la clase, pero a quienes no hablo ni me hablan. Me centro en mi mejor amigo, el sexy chico que tengo tocándome por todos lados y haciendo movimientos sensuales. Cuando volvemos a nuestros asientos, decido pedir otro coctel, mientras Judas se dirige al baño, yo me acerco a la baranda para mirar abajo a las personas bailando, mientras tomo mi coctel. Mis ojos barren el lugar hasta llegar al otro lado de la baranda, un chico está mirándome. Pienso que es alguien más, así que miro detrás de mí. No hay nadie. Trato de divisarlo a lo lejos, pero no puedo verle bien, ya que no he traído mis lentes. Entrecierro los ojos, pero no ayuda mucho. Un chico se acerca a él a decirle algo al oído y después desaparece.
Cuando mi amigo llega conmigo, le cuento.
-Debe ser alguien que le gustaste.
-No creo.
-Todo puede pasar aquí, cariño.
-De hecho, creo que es hora de que te lleve a casa. Tu mamá te dio toque de queda.
Miro el reloj, es cierto.
Bajamos las escaleras y nos dirigimos fuera del lugar, cuando estamos en la puerta del club listos para ir por el auto. Dos motos se estacionan delante de nosotros, los chicos van vestidos de jeans y chaquetas negras de cuero, se quitan el casco y sacuden su cabello. No puedo dejar de mirar esa belleza masculina, así como las chicas de la fila.
Todos estamos embelesados.
Matías, maneja una moto, y la otra le pertenece a Dante.
Su cabello color ceniza cae sobre sus mejillas y frente, así que utiliza su mano para llevarlo hacia atrás. Ese mero gesto, hace que todas las chicas mirándolo, me incluyo, tengamos un orgasmo visual. Trago saliva.
-Pero mira, que trajo la noche. ¿Qué hacen vosotros aquí?
No puedo dejar de mirar a Dante, su belleza me es tan inexplicable.
-Iremos a otro lugar -responde Matías a Judas.
-¿Cuál?
-Casa de Derek. La fiesta sigue allí.
El chico que ignoró mi presencia hace unas horas cuando estaba con judas.
-¿Vienes? -pregunta mi amigo.
Sacudo la cabeza. -recuerda el toque de queda.
Asiente. -Me lamento, pero nuestra presencia será ausente por esta vez.
-¿Toque de queda? -resopla Dante. -¿Tienes diez años? -burla.
Tiene esa sonrisa de lado, que hace que se miren sus hoyuelos.
-Como sea, si cambian de opinión. Conoces la dirección Judas. -ese es Matías. -Hasta luego.
Dos chicas que no vimos de donde salieron, se montaron detrás de las motos de cada uno. Y se fueron.
-¿Querías ir? -ese fue Judas. ¿Quería? Por un pequeño momento lo pensé. Quería ir porque estaría allí Dante, lo cual me desconcertó ese pensamiento ¿De dónde había venido? ¿ahora me interesaba Dante? No había cruzado palabra con él desde que entró a nuestra clase. Era el chico que solo se sentaba detrás de todos y no hacia ruido, más que para hacer chistes narcisistas, lo veía como el típico niño rico que conseguía lo que quería, cuando chasqueaba los dedos.
-No, para nada.
Nos dirigimos al auto y nos fuimos.
***
Aunque era viernes, y día de descanso para nuestro instituto, fue una oportunidad para mí de ir a explorar lugares. Me encantaba la fotografía, así que tomé mi cámara profesional y fui por allí tomando fotos encantadoras. No llamé a Judas para que me acompañara debido a que este día realmente quería que solo fuera solo mío.
El día de Natalia, le llamé.
Voy por las calles, tratando de capturar momentos perfectos en parejas y amigos. Tomo unas cuantas fotos, que creo son algo genial. Pido un café negro sin azúcar, mientras descanso.
Voy por mi segundo sorbo, cuando veo pasar a una hermosa chica. En pocas palabras, perfecta. Es de ojos azules, con cabello castaño que le llega hasta la cintura, su cuerpo es curvilíneo que a cualquier hombre haría suspirar por tener en sus sabanas, su rostro es angelical. Me ha capturado el verle pasar por sobre la calle del café donde me encuentro, miro mi cámara y no puedo pensar nada más en querer capturar una sonrisa a la luz del sol.
Pago mi cuenta, y corro detrás de ella, para no perderla de vista. Se que me veo como a una acosadora, pero dios mío, deben de verla. Es hermosa, como si un ángel hubiera bajado a la tierra.
Camina como si no tocara el suelo, sus pasos son delicados, su cabello se ondea con el aire que la tarde nos ofrece. Veo que algunos chicos la miran con grandeza admiración y unos pocos con lascivia, detesto ese tipo de miradas morbosas. Ella entra a una librería y compra unos libros de dirección de empresas, no se ve cómo el tipo de chica que le guste direccionar algo, al contrario, la miro como alguien que le va la veterinaria o ambientalista. Aunque le quedaría bien el papel de periodista.
Sale con una bolsa y una sonrisa, capturo esa imagen. No puedo creer que he seguido a una chica, solo por fotografías perfectas. De todas formas, ya estaba aquí, no podía regresar.
No me di cuenta, y al parecer era tarde, estaba oscureciendo. La chica había pasado por un helado y después por la tienda de comics. Por lo visto, también le gustaba todo sobre Marvel y DC, no me quejaba. Amaba las películas producidas por ellos. Entonces entendí, que vemos personas y no sabemos lo que esconden en el interior, solo percibimos el exterior. Al principio que la vi, creía que era la típica chica hermosa que solo iba de compras por vestidos y zapatos; chica superficial. Pero al seguirla, me he dado cuenta, que tiene más allá de belleza, es inteligente, culta y carismática.
Veo que me he pasado la tarde siguiéndola, así que decido terminar por hoy. Estoy por darme la vuelta para ir a casa, cuando escucho una voz pidiendo ayuda y llorando. Mis pasos se detienen, pienso que he escuchado mal, así que prosigo caminando. Pero de nuevo, la voz llega a mis oídos, y eso me desconcierta. No hay nadie a mi alrededor, la chica desapareció de mi vista ya hace unos minutos, por eso he decidido regresar. Los gritos vuelven a escucharse, me alarmo, lo primero que hago es llamar a la policía y digo que alguien está siendo atacado. Después hago lo que cualquier persona debería hacer cuando alguien pide ayuda, ir.
Sigo los gritos de auxilio, pero me preparo antes, conmigo siempre llevo un gas pimienta y un bastón despegable para autodefensa, cabe perfectamente en mi bolso. Lo despliego y enfrente de mi encuentro un arma con la cual defenderme, he tenido clases de autodefensa en este tipo de situaciones, mamá creía que era necesario por ser mujer, lo cual somos seres vulnerables, aunque esa es otra historia. Mi corazón latía a mil por hora, no puedo negar que no estaba asustada, no sabía con qué tipo de personas me podía encontrar, pero una persona estaba pidiendo ayuda, y yo no podía abandonarla. Camino sigilosamente hacia el callejón que vi que hace unos minutos la chica entró, está todo oscuro.
-¿Hola? -pregunto, soy una estúpida. Nadie va a responderme. -¿Hay alguien aquí?
Silencio.
-¿Hola? -estoy muriendo de miedo. No oigo respuesta alguna. -He llamado a la policía, vendrá en cualquier momento, -amenazo. Pero no hay ruido.
Decido darme la vuelta e irme. Creo que solo fue mi imaginación, y eso que tengo mucha. Cuando estoy por irme, alguien grita.
-¡Ayuda! ¡por favor! -me doy la vuelta inmediatamente. Entre la oscuridad, diviso tres cuerpos que están forcejeando, debido a que mi vista no es buena, solo logro ver los bultos y no los rostros, la oscuridad no ayuda.
Mis manos tiemblan, pero me aferro al bastón. Es la primera vez que pondré en acción todas las autodefensas que me enseñó mi entrenador. Estoy asustada hasta la mierda, pero me paro firme. Alguien necesita mi ayuda, y no puedo abandonarla. Cierro los ojos y recuerdo el mismo momento de hace años. Eso me da más fuerza, alimenta mis demonios para vencerlos ahora. Eso no se volverá a repetir, no cuando esté presente. Reúno mi coraje y furia, recordando todo. Imágenes desgarradoras inundan mi mente, y es como si un demonio me hubiera poseído, grito.
-¡HEY! -Rujo.
Mi valentía hace que de dos pasos más. El miedo que les tenía antes ha desaparecido, ahora soy más fuerte.
-¿Quién eres? -dice uno. Aprieto los puños. -Maldita puta, lárgate.
-¡DEJENLA!
-¡Vete a la mierda! -un cuerpo se acerca a mí, puedo divisar más o menos su rostro, pero debido a la oscuridad y mi mala visión no lo veo bien. -¿A qué has venido, perra?
-He dicho que la dejes ir, -sostengo el bastón en mi mano derecha. Él lo mira.
-¿Qué me vas hacer? ¿Pegarme con eso? -ríe a carcajadas.
-Te mataré.
Una sonrisa se forma en mis labios. Eso no lo hace retroceder.
-Atrévete, maldita perra.
En el instante que él pronuncia perra, mi gas lacrimógeno es puesto en sus ojos, y mi bastón pega en sus costillas, tiene guardia baja, así que decido ir por sus rodillas, golpeo fuertemente que lo hace caer. Su amigo viene a mi como una bestia, pero estoy preparada para el tercer golpe. Mi bastón golpea su cabeza y estómago. Entonces decido tomar control sobre la situación, mi cuerpo entra en acción. Mi pierna se levanta en una patada hacia su pecho que hace retroceder al primer criminal.
-¿Qué mierda haces puta? -escupe, cuando mi pie está sobre su garganta. -te vas arrepentir, te mataré.
El miedo que antes tenía, ha sido reemplazado por odio y furia.
Mi pie aprieta su garganta más fuertemente, quiero matarlo. Y el mero pensamiento no me asusta. Su compañero arremete contra mí y me tira al suelo sin darme cuenta de su movimiento. Ahora me encuentro bajo su cuerpo, me encuentro indefensa, el gas lacrimógeno ha quedado fuera de mi alcance, él está apretando mi garganta. Mi bastón lo he perdido.
-Te mataré.
-Inténtalo y te llevaré al infierno, conmigo -logro articular.
Sus manos se volvieron pesadas en mi garganta, mi visión empezaba a verse borrosa y negra. No creía que pudiera llegar a esto, morir de esta forma tan miserable, pero al menos sabía que tal vez estaba salvando a un alma.
A lo lejos empezaba a escuchar sirenas y un motor de una moto. Creo que la ayuda estaba por llegar, pero no creo que llegaran a tiempo para salvarme de la muerte. La oscuridad estaba invadiéndome, cuando sentí que el cuerpo encima de mi se levantó, escuché voces lejanas, estaba yendo al infierno. Tosí para poder respirar, mi garganta se sentía tan cerrada y sé que estaba por morir, dos cuerpos en la oscuridad estaban siendo mutilados a golpes por otras dos personas.
Mi vista estaba borrosa, pero vi a la chica que estaba siendo levantada en brazos de un chico, y a otro viniendo a mí.
-¿Eres el príncipe demonio? -logré articular con mi garganta inflamada.
-No. Soy tu ángel guardián.
Me levantó en sus brazos, escuché a los lejos las sirenas. Estaba segura de que había muerto, y el príncipe demonio había venido por mí.