Alemania Dresde, después de unos meses.
El tiempo había pasado. En una parte de Alemania, en la ciudad Dresde, se encontraba Lillie con su familia.
Algunos meses después de que su vida había dado un gran giro inesperado. Lillie seguía con su vida normalmente. Su familia se había unido más, y el padre de ella, Lionel Bachman nunca dejaba de estar al pendiente de ellas.
Todo iba tan bien hasta que sucedió algo trágico, algo que el padre de Lillie temía desde hace años, una de las razones por las que él se alejó de ellas. Lionel no era solo un simple hombre de negocios como muchos creían, él tenía otro mundo muy distinto al que mostraba a los demás.
El elegante, bien portado Lionel Bachman, era más que nada el líder de la mafia Alemana. Sus negocios turbios, los disfrazaba con sus empresas, y otros comercios que había adquirido con los años.
Lillie y su hermana no estaban al tanto de la verdadera profesión del hombre educado, solo Elena. Otra de las razones por las que ella lo había dejado, o quizás fue él.
Las cosas aún no se aclaraban, Lilli seguía sin hacer las preguntas que le atormentaban en su cabeza, ella prefería solo enfocarse en su vida, sus estudios y ahora en sus pequeñines. Que seguían creciendo en su vientre.
Pero un día de verano, en un fin de semana por la noche, Alexa le había planeado una fiesta sorpresa a Lillie, por su vigésimo cumpleaños. Su hermana se había puesto de acuerdo con otras amigas de la universidad que habían hecho ese tiempo. No eran muchas, pero si las suficientes para divertirse.
Tenían que viajar hasta la ciudad de Berlín donde sería la sorpresa, Alexa había planeado llevarla a un antro, uno de los más conocidos y famosos del país. Seria el cumpleaños más divertido que tendría su hermana, pensó Alex. Pero no contó que esa noche en vez de terminar con un festejo, acabaría con una tragedia, una gran desgracia, que se arrepentirían por haber ido a ese lugar ese mismo día.
10 años atrás... Italia Sicilia.
En la mansión Mancini, en una noche fría de invierno fue cuando comenzó el infierno de Dante.
Él, acostumbraba a divertirse sin preocupaciones sabiendo que tenía responsabilidades que su padre le había asignado en una orden.
Dante Mancini, tenía casi veintiuno años cuando el legado de su padre Demetrio Mancini fue pasado a él. No es algo que él haya elegido, pero su futuro ya estaba formado y no podía dar paso atrás para rechazar su crudo y oscuridad destino.
Por eso él prefirió divertirse el tiempo que le quedara, después vendría el trabajo, las responsabilidades. Desde los quince años comenzó a trabajar a lado de su padre, quería enseñarle todo lo que era el negocio y la organización que estaba creada desde décadas.
Al principio para Dante todo eso fue como un entretenimiento, más que trabajo. Nunca desobedeció a su padre, siempre fue un buen hijo, como cualquier hijo de un mafioso poderoso. Pero aún así él aprovechó cada minuto, cada momento para divertirse a su manera.
Esa noche se encontraba en un burdel tomando y divirtiéndose con sus amigos de casi toda la vida. El trío chiflado, como él les llamaba. Siempre lo acompañaban a sus juergas.
Lo único que quería era pasar el rato e intentar olvidar por un momento lo que le deparaba el futuro. Y no es que no quisiera ser un líder del cartel de Italia, sino que dudaba de llegar hacer tan bueno o más que su padre, creyendo de que las alianzas no lo llegaran a respetar al igual. Y ahí era cuando el temía decepcionar a su padre.
No quería que eso sucediera, por eso tenía que esforzarse hacer mejor cada día. Su padre lo amaba, estaba orgulloso del hijo que había formado, solía decir que ya estaba preparado para irse y poder así descansar tranquilamente, para dejarlo ya a cargo.
En las mafias así suele pasar, un líder debe dejar su lugar ya sea por retiro de envejecimiento o por disfunción. En el caso del padre de Dante fue por la muerte. Y es así como subió al trono, como muchos le dicen.
Dante salió del lugar muy ebrio, a su lado llevaba a una chica despampanante y guapa con la que había pensado tener sexo lo que restaba de la noche. Ya se habían divertido en cada esquina del burdel, así era él, un hombre sin contemplaciones, que iba por lo que se le plazca.
Sus amigos se habían quedado en el sitio mientras seguían tomando y tenían sexo con otras chicas. Él ese día salió sin sus guardias, pues en ese entonces Franco era el encargado de proteger al actual líder de la mafia Italiana. En ese entonces él no era el jefe del escuadrón armado, sino otro hombre, que desapareció el mismo día que el señor Demetrio.
Dante subió a su auto junto con la chica, mientras ella iba metiendo mano por debajo de su camisa. Después de encender el vehículo y tomar camino por las calles de Sicilia, la morena seguía en lo suyo, y sus caricias fueron subiendo de tono hasta comenzar de complacerlo con su boca por de bajo de sus pantalones.
Mientras la chica hacía lo suyo, él intentaba concentrarse en el camino, pero también estaba demasiado ebrio para distinguir muy bien al su alrededor.
Pero de un solo golpe el auto se estampó contra otro. Las bolsas de aire salieron en una gran expulsión, el impacto hizo que él quedara aturdido y con un dolor de cabeza, pero aún seguía consciente.
La chica estaba completamente inconsciente debajo del volante y en sus piernas. Cuando intento reaccionar para poder salir de ahí. Alguien abrió bruscamente la puerta del lado del piloto.
Era un tipo grande, vestido completamente de negro, con el rostro cubierto por un pasamontañas. La vista de Dante no lograba visualizar bien al hombre, pero aún así no se dejó agarrar cual el sujeto intentó sacarlo. Era como una alarma que se había actuado en su cabeza, diciéndole que se acercaba el peligro.
Mientras el luchaba contra su contrincante, el hombre saco un arma y golpeó con mucha fuerza detrás de la nuca de Dante, haciéndolo caer en un sueño profundo.
Minutos más tarde, se encontraba amordazado y atado en una silla. Al abrir los ojos intentó comprobar en donde se encontraba, comenzó a moverse inquieto para desatarse, pero era inútil si lucha.
En ese momento entro un hombre junto con otros, estaban vestidos igual que el otro hombre que lo había secuestrado.
- Vaya, vaya. Por fin tenemos al primogénito del gran Demetrio Mancini. - mascullo uno de los tipos.
Las risas se escuchan en el sitió, pero eso solo hace enfurece más a Dante, los mira con despreció y asco.
Uno de ellos le quita la mordaza para que hable.
- ¿¡Qué mierda quieren!? - lanzó sus palabras en el momento que le descubrieron la boca.
- Lo queríamos la lo tuvimos - se acerca uno de ellos hasta él y pasa su arma por su cara - Tu padre es un gran imbécil, teniendo una mujer tan bella como esposa y no sepa complacerla como se deba.
Vuelven a reír en unas carcajadas malévolas que resuenan en la oscura habitación.
- ¡Ni se les ocurra tocarla! - grita Dante.
El tipo chasquea la lengua mientras niega con la cabeza.
- Demasiado tarde para decir eso. - se acerca y le susurra - Esa perra es muy buena en la cama...
No terminó de seguir con su confesión porque Dante le escupió en la cara, se sentía asqueado y muy, muy enfurecido, mientras volvía a luchar por desatarse. Deseaba sacarle los ojos y quemarlo vivo, eso pensó.
Se habían atrevido a tocar a su santa y hermosa madre. No se los perdonaría. Pero no entendía porque razón se empeñaban con hacerle mal a ella, efectivamente eran enemigos de su padre, pero no comprendía porque se ensañaban con una mujer que nunca le haría daño a nadie.
Quiso llorar por ella, por el dolor y terror que a deber vivido cuando la violaron. Pero se tragó sus lágrimas, para que no lo vieran derrotado, y afectado por sus asquerosas palabras.
- ¡Malditos! - siguió gritando y luchando - ¿Qué han hecho con ella?
- Pronto sabrás que haremos con ella, y con el desgraciado de tu padre. Pero lo mejor de todo, es que tu lo podrás presenciar.
El hombre que hablo con Dante, les dio una orden a los otros, hablan ruso. Con eso se dio cuenta él que eran los enemigos de su padre. Demetrio le había enseñando todas las habilidades de matar, torturas, trabajar con la mercancía y otras cosas más, pero lo primero y que mejor le mostró fue tenerlo al tanto de quien era el enemigo y como se trataba a uno y el como también se le hace pagar a un traicionero.
Un traidor, eso era el jefe encargado de proteger al líder de la mafia Italiana. Carlo, no era la mano derecha de Demetrio pero si en alguien que el confío mucho, y fue el que lo apuñaló por la espalda, llevándolo a él y a su familia a la boca del lobo.
Dante se dio cuenta de eso, cuando el tal Carlo entró por la puerta como si nada junto con otros que jalaban a sus padres.
El señor Demetrio estaba completamente golpeado hasta estar casi inconsciente, y Fiorella, su madre, estaba casi en las mismas condiciones, solo que consciente, pero muy apenas podía sostenerse de pie. Su maquillaje estaba corrido por su cara, parecía que había llorado, sus ojos rojos por el llanto y muchos moretones le cubrían su cuerpo y rostro. La habían golpeado hasta casi cansarse.
Dante quería matarlos a todos por haberles hecho daño a sus padres, pero lo que no esperaba era lo que iba a suceder en unos momentos más y ante sus ojos.
- ¡¿Porqué haces esto?! - dice Dante - Mi padre confió en ti. - con sus palabras se dirigía a Carlo.
- Siempre te lo dije, los negocios son solo negocios, y tu eres un estúpido niño que no entiende. - respondió.
- Pero traicionar del que te dio de comer en su mano y te recibió como parte de la familia - sigue cuestionándolo.
- Ya te dije. Yo solo cumplo órdenes.
- Al fin de cuentas eres un maldito perro - se burla Dante - Creí que eras un hombre inteligente y respetable, pero me equivoqué. Me das asco.
- Y yo por un momento creí que en el futuro hubieras sido un buen líder. Pero también me equivoqué. Solo eres un niño mimado y problemático. - Carlo se la regreso.
No agrego nada más y se alejó para ayudar a los otros a colocar al padre de Dante con unas cadenas, quedando colgando con los pies casi tocando el suelo. Estaba solo atado de sus muñecas.
La madre de Dante se encontraba sujeta por un tipo, el hombre que había confesado lo que habían hecho con Fiorella, la tomo del cabello y jalo de ella, tan fuerte que hiso que un quejido de dolor saliera de su boca.
- Quiero que veas esto y se te quede bien grabado en tu mente, bueno.. por el poco tiempo que te quede de vida. - dijo el tipo malo.
Fiorella traía un vestido que casi ya no le tapaba ya que lo habían rasgado anteriormente. Y ahora lo estaba volviendo hacer ese malnacido como decía Dante. Tomo a la madre de Dante y la inclinó en una mesa que se encontraba en la habitación, levanto la tela de la prenda y después de ello, él sacó su miembro para penetrarla de una sola estancada.
La mujer gritó como si la estuvieran matando, era un grito desgarrador y u bramido de dolor mientras suplicaba para que parara esa dolorosa tortura.
- ¡No! - Dante se unió al grito de su madre, pero era muy distinto - ¡Te mataré maldito cabron!
El sufrimiento era atroz, repulsivo, pero el no podía hacer nada, más que insultos y gritar. Quito su mirada de esa escena, no soportaba más ver eso, era algo que definitivamente lo iba a marcar de por vida.
Minutos después, cuando habían terminado de torturar a la pobre mujer, que se encontraba casi desmayada sobre la mesa. El hombre que se encargaba de dar órdenes, les pidió a los otros que le inyectaran una sustancia al padre de Dante.
Luego de esperar a que hiciera efecto la droga que le colocaron, el sujete se dirige a él para hablarle.
- Por fin.. necesitaba que ya despertarás, me urge desarme de ese malcriado - le dice como en una charla normal, mientras señala a Dante con el arma. Demetrio aún no respondía del todo, pero abrió los ojos y fijo su mirada en su hijo, que se encontraba unos cuantos metros frente a él - Sí hoy toca matar al niño de papi. Veremos, primero le estamos dando una despedida hermosa, para que se vaya tranquilo al infierno, y pueda descansar tu maldito bastardo - mascullo lo ultimo. - Podría decir que nunca olvidaría este día si quedara vivo, pero eso es una lástima.. no será así, hoy le toca morir.
El señor Demetrio reaccionó cuando dijo que "hoy le tocaba morir a su hijo" pero antes de que dijera alguna palabra. El sujeto hizo una seña con su mirada para indicar algo.
Los dos hombres grandes y corpulentos comenzaron a golpear al padre de Dante, usaron armas blancas para torturarlo. Otra vez tenía que ver como torturaban a uno de sus padres, mientras el seguía atado a una silla sin poder hacer nada, y mientras luchaba por liberarse y matarlos a todos.
- ¡Paren! - pidió - Haré lo que quieran pero no sigan golpeándolo. - súplica.
- Lo único que me interesa de ti es tu vida, bueno.. es un trabajito que tengo pendiente y lo tengo que cumplir. - responde.
- Cara - lo llamo Carlo, se dirigió así a él con ese apodo - Creí que solo estaríamos a Demetrio y a ellos solo los torturarían.
- Cambio de planes - mascullo - Yo trabajo más que nada con él que quiere ver muerta a esta familia.
- Se muy bien que él te lo pidió, pero tu quedaste con el jefe en matar solo a Demetrio, ya sabes a quien me refiero. - dice Carlo.
- Me vale mierda lo que haya pedido, debo liquidar a este hijo de puta, de una vez por todas. - levanta la voz - No debo impedir que este sea el líder de la mafia Italiana en el futuro, ese trono es para otro y su rey está esperando que quite su maldito estorbo con una bala en la cabeza.
Dante, no sabía a quién se referían, hablaban de varios, no se dirigían a solo un jefe, eso quería decir que entre ellos mismos se traicionaban todo por obedecer órdenes de eso jefes que querían el territorio de Demetrio.
No siguió discutiendo con su compañero y se dirigió a Dante, con la arma en la mano le apuntó en la frente, entre ceja y ceja.
Estaba apunto de asesinarlo, Dante se calmó y solo dejó que pasara lo que tuviera que pasar.
Cuando el seguro de la pistola fue quitado, la voz del padre de Dante, de tuvo la escena mientras suplicaba.
- ¡Detente por favor! - con algo de dificultad levanto la voz para que lo escucharan - Toma mi vida por la de mi hijo. - pidió.
El hombre malévolo carcajeo a risa muy fuerte y que daba miedo para los débiles si lo escucharan.
- Eso no creo que pueda ser posible - negó con la cabeza. Mientras seguía apuntado con el arma en la cabeza de Dante.
- Él dice que quieren la mía - se refería a Carlo - Te doy mi vida por la de mi hijo. Y sino te importa eso, te ofrezco también dinero, ¿cual es tu precio? - dijo Demetrio.
Él haría todo por salvar a su hijo, si era necesario dar su vida a cambio, lo haría sin pensarlo.
- Si estuvieras muerto, ¿cómo piensas darme el dinero? - cuestiona el asesino.
- Le diré a mi hijo y mi mujer que lo hagan, ellos te entregarán el dinero que podías - concluye - Pero necesito que los dejes libres y fuera de esto, a los dos.
- Déjame pensar - finge estar concentrado mientras piensa - Bien.. quiero diez millones de dólares. Y un cargamento completo de cocaína.
- Esta bien, lo tendrás - respondió.
- Pero primero tengo que hacer algo, el nene se tiene que despedir de papá. Y que mejor forma que así. - finaliza al momento que le tira un golpe en la cara a Dante.
Golpea varias veces más, dándole con el metal del arma. Hasta hacerlo sangrar engañan hilos de sangre, dejando moretones en su rostro y un ojo hinchado.
- ¡Maldito, ese no era el trato! - grita Demetrio.
- Lo sé, pero me gusta divertirme. Y que mejor para que te vayas con una gran despedida. - les hace señas a los mismos tipos que golpearon al padre de Dante, y les ordena que hagan lo mismo con él - Mientras tú miras como golpean a tu querido hijo, yo disfrutaré torturarte a ti, así. - termina de decir.
Da un disparo en una de sus piernas, el grita de dolor. Los otros siguen golpeando a Dante, a diestra y siniestra, sin ninguna contemplación, sin parar en ningún momento, al igual lo apuñalan haciéndole dos heridas en el abdomen y una al costado.
La sangre brota por su boca escupiéndola automáticamente, se encuentra débil pero aún sigue consiente y puede presenciar lo que está pasando frente a él.
El tipo que lo apodan Cara, se quita el pasamontañas, mostrando su rostro a Demetrio.
- Para que no me olvides, y te lleves contigo mi bello rostro hasta la tumba. - le dice.
De bello no tenía nada, su rostro estaba lleno de cicatrices, pero en su mejilla izquierda tenía una, como rajada muy larga, que llegaba desde su labio a casi el ojo. Su fachada era repugnante, como el lo era todo. Era un tipo que daba miedo y que hacía temblar a sus víctimas, con solo verle.
Dante ve como ese hombre hace sufrir a su padre mientras dispara en varios lados de su cuerpo, pero lo que termina por hacerlo reaccionar y gritar en un alarido. Es lo que termina acabando con él. Cual una bala atraviesa la cabeza de su padre para acabar con su vida.
Podría decirse que le dolía más eso, que los golpes y las heridas que tenían su cuerpo. No sentía dolor por ello, dolía más ver morir a su padre, ver como se le apagaban los ojos y solo miraba frío atreves de ellos. Era algo devastador y un dolor muy fuerte para él, uno que nunca pensó que llegaría a vivir.
Las lágrimas amenazaron por salir otra vez, pero quiso seguir mostrando fuerza. Su madre seguía débil y viva, recostada en la mesa. Ella al notar lo sucedido también grito y intento moverse para llegar hasta su amado esposo. Pero fue detenida por el mismo hombre, la jalo nuevamente del cabello y la hizo retroceder.
- No te preocupes por eso, tu también le harás compañía a tu estúpido esposo - le escupe las palabras en su cara - Es una lástima, deseaba divertirme más contigo - pasa su rostro por su cuello y su melena - Te extrañaré, eres lo mejor que me he follado.
Jala de su cabeza hacia atrás para que su cuello quede estirado y lo vea a la cara. Después hace que fije la mirada en su hijo y ella lo ve. En sus ojos hay dolor, tristeza, pero esperanza para su hijo, ella sentía que el saldría de esto, y era lo que más deseaba en ese momento.
- Despídete de tu bastardo - dice el asesino. Sigue jalando de ella.
Ella aprieta los dientes del dolor que le está haciendo sentir, varias lágrimas caer de sus ojos.
- Siempre estaré contigo.. me llevarás ahí... - digo refiriéndose en su corazón - Nunca.. lo olvides.. - se había forzado para sonar bien, sin ninguna dificultad, pero aún así salió todo en sollozo.
- Madre... tú no... te necesito... - pedía Dante como si hubiera sido decisión de ella morirse.
- Solo recuerda eso, mi niño. Te amo - dijo.
- Y que conmovedor, madre e hijo. Me parte el podrido corazón que tengo. - se burla el Cara.
- Yo también te amo, madre - Dante ignoró al desgraciado. Para así decirle las últimas palabras a su madre, que nunca creó que así sería.
Los ojos de ella se encontraban llenos de lágrimas, no dejo de mirar a su hijo hasta el una bala atravesó su cabeza, al igual que su esposo. Haciéndola caer al suelo de golpe, cual el tipo la soltó.
Dante gritó - ¡No! - un "no" completamente desgarrador y lastimoso, se sentía a morir el también, deseaba irse con ellos. Una que otra lágrima se le escapó, no podía aguantar más, lloro de tristeza, dolor e ira. Ver los cuerpos de sus padres sin vida y como los asesinaron, era algo que nunca olvidaría, era algo que nunca podría superar, sería una gran pesadilla de la que nunca despertaría. Vivir ese momento era lo peor que podría presenciar, era el comienzo de su infierno.
En eso timbra un celular, toma la llama Cara, era su móvil. El jefe le llamaba y pedía de su presencia rápidamente.
- Desháganse de los cuerpos, y de él también - pidió el tipo, después de finalizar la llamada.
- ¿Lo dejas libre? - pregunta Carlo.
- Por supuesto que no, hazte cargo. Yo tengo otros asuntos pendientes - responde - Pero dale cuello. Es una orden.
Carlo asiente y les pide a los otros que le ayuden con los cuerpos.
Media hora más tarde se encontraban en un muelle, los cuerpos del señor Demetrio Mancini y su esposa, son arrojados desde el muelle. Enrollados en mantas y cordones.
A Dante, lo habían vuelto a golpear y lo terminaron por drogar con una gran cantidad de heroína hasta quedar casi muerto. A él lo fueron y lo tiraron más retirado del muelle, rumbo a una carretera.
Ya lo daban así por muerto, pues no creían que iba a salir de esa, ya con mucho veneno en sus venas, y sin que nadie lo encontrara.
Pero no fue así, se habían equivocado. Habían cometido un error en no haberle matado como sus padres. No contaban con que gente de confianza llegarán a dar con él. Y es que nunca habían dejado de buscarlos.
Edgardo, el amigo y mano derecha del padre de Dante, no se dio nunca por vencido, dio con él y después con los cuerpos de sus padres.
Pasaron dos días para que lo encontraran y cinco para encontrar a sus padres. Después de eso él estuvo en recuperación por un largo tiempo, el en pasado había tenido problemas con las drogas, y con la sustancia que le inyectaron en las venas era casi mortal para él. Pero con el tiempo pudo salir adelante, dejando atrás el vicio maldito.
Logro enterrar a sus padres como era adecuadamente y como el lo había querido. Se despidió de ellos, pero ahí mismo les prometió vengar su muerte, aunque le costará su vida, pero no iba a dejar a ninguno de los asesinos vivos.
Dos meses después de la muerte de Dante.
Mientras tanto en Italia. Se había desatado una guerra por la muerte de su líder, el Diablo de la mafia italiana.
Iván y sus amigos estaban furiosos y querían dar con el enemigo. Se enteraron de ello, cuando Renzo volvió a Italia, con ayuda del Árabe.
Después de que los habían emboscado en el desierto, Renzo buscó e intentó comunicarse con Dante, pero nada, no había señal de él, ni de Franco. Habían sido los únicos desaparecidos, ya que todos los cuerpos del escuadrón se habían encontrado tirados en el desierto.
Renzo, con ayuda del Árabe, volvió al mismo sitió, en busca de su jefe, pero no había rastro alguno de él. Fue ahí cuando recogieron y limpiaron toda la masacre que se vivió allí.
Estando él ya con sus amigos, les explicó lo sucedido y también que buscaron por todos rincones y no había señales del Diablo. Para Iván era difícil creer que su hermano del alma estuviera muerto, también le preocupaba la organización y quién también estaría a cargo ese tiempo mientras aparecía Dante.
Él, definitivamente no lo quería dar por muerto, por eso intentó esconder eso con los demás socios, no quería que se enteraran de ello. Y es que si sucedía se iba armar una revolución por el puesto de Dante, ya que ese lugar necesitaba ser ocupado.
Iván ordenó al los guardias que trabajaban para ellos, que siguieran buscando. Mando a otro escuadrón a Marruecos, y que revisaran cada ciudad, pueblo, todos sitios de ese lugar y sus alrededores. Pero que no regresarán hasta encontrar a su Líder.
Jamás se daría por vencido, hasta no ver su cuerpo. Iván no tenía cabeza para liderar con otras cosas, por esa razón en esos momentos no recordó a la fiera del Diablo, si no se acordaba de su morena despampanante, mucho menos de otras mujeres lo iba hacer. Él lo único que quería era encontrar a su amigo, y mientras los hombres que mando lo hacían, él se puso a cuidar de la organización en Italia, era lo que hubiera querido Dante, por eso lo dejaba muchas veces a cargo.
Pero él no se sentía bueno para ello, así que llamó a su padre para que viajara a Italia y lo ayudará. El sabía más de ello, y era bueno dirigiendo y dando órdenes, Iván servia más para asesinar y contrabandear. Eso era lo suyo. Para los negocios definitivamente el perfecto era Edgardo.
Su padre había llegado una semana después de que se enteró de la desaparición de Dante. Solo él, Edgardo, Renzo y Leo, sabían de eso. No querían que nadie más lo supieran. Y también el Árabe, que se había ofrecido ayudarles, estaba apenado por lo que había sucedido, y sentía que debía ayudar, aparte que le tenía un gran apreció al Diablo.
Pero cuando creían que tenían todo bajo control y que nada, ni nadie llegaría a meterse. Se habían equivocado, pues no era así. Bruno Mancini, primo de Dante, había entrado por la puerta grande como un gran triunfador, como si se hubiese sacado la lotería.
Venía por el puesto de su primo, se había enterado de su supuesta muerte, porque los que se enteraron así lo dijeron. Con una gran sonrisa y con arrogancia se dirigió a Edgargo y los otros, que se encontraban reunidos en la sala de la mansión Mancini. La siverdumbre le recibió y lo dejó pasar. No era bien recibido, pero aún así nunca no le prohibieron el paso, más bien el les amenazó.
- Lo que nos faltaba, la peste - dijo entre dientes Leo, cuando Bruno entró a la estancia.
- Recuérdame más tarde de sacar la suciedad de aquí. - comenta Bruno a su hombre que lo acompaña a su lado derecho.
Llega hasta ellos y les sonríe falsamente.
- ¿Qué quieres? - masculle Iván molesto. Edgardo, intenta calmar a su hijo cuando le palmea con su mano en el hombro y niega con la cabeza. Él suspira en respuesta y prosigue - ¿A que has venido? - preguntó, intentado sonar calmado.
- Por mi trono - respondió como si nada.
Leo comienza a carcajear, Iván no hace nada más que solo mirarlo mientras lo asesina con su mirada, Renzo también se encuentra molesto y Edgardo intenta analizarlo con su mirada. Por supuesto no estaban contentos con ellos y mucho menos con su presencia.
- Por favor, no nos hagas reír - dijo Leo - Esto es una broma ¿verdad?, porque eres pésimo haciéndolas.
- No hablo con los perros - le responde Bruno.
En eso Leo se encamina para acercar a él y golpearlo, pero Iván lo detiene, lo agarra fuerte del brazo para evitar que su amigo haga una estupidez.
- Solo ignoralo - le dice Iván, a Leo, él gruñe molesto, pero intenta controlarse, deshace el puño que había hecho y solo asiente. Más tranquilo, se aleja un poco para acercarse a la chimenea y se queda ahí - No se quien demonios te dijo que podías venir aquí como si nada y tomar el lugar del Diablo, ese sitió solo le corresponde a él y a nadie más. - finaliza Iván.
- Yo no necesito que me lo digan. Todos los que estamos aquí sabemos que yo soy el sucesor de la familia, si el falta, el lugar me correspondería a mí. Por ser un Mancini.
Iván resoplo furioso, ciertamente tenía razón en sus palabras, y no era de dudar de que tarde o temprano vendría por lo que supuestamente le correspondía. Pero lo que él se preguntaba era ¿cómo se había enterado?, se suponía que solo sabían él y los otros que se encontraba en esa habitación, a excepción del primo.
- Él no está muerto - dijo Iván.
- Eso no lo sabes tú, pero si sabes que esta desaparecido, hace más de dos meses más o menos, ¿no? - cuestiono Bruno.
Iván estaba enfureciendo más, ese sujeto había dado en el clavo, quien sabe cómo estaba al tanto, pero lo que más le preocupaba era que tenía razón, y él podía aclamar por el lugar de Dante, sino lo aceptábamos, podría ir a pedir ayuda a los otros líderes y asociamos de las mafias que estaban alianzadas con la del Diablo.
Tenían que resignarse y aceptar al tal primo, solo sería por un tiempo mientras regresara Dante, Bruno no era el correcto para tomar el lugar, pero no había otra salida, no había otro heredero, ni nada que los salvara de eso.
Edgardo asintió resignado, no quedaba nada más que decir. Les hizo seña a los demás para que también aceptaran, pero Leo solo los ignoró y salió de ahí furioso, Renzo negó con la cabeza y suspiro, asintió y se marchó por donde se fue su amigo. Solo faltaba Iván, su padre toco su hombro en señal de que todo estará bien. Inhalo aire y después lo expulsó, de un largo momento asintió por igual.
Bruno seguía sonriendo y después volvió hablar.
- Así me gusta, que vean quién manda. Además por el momento los necesitaré, ya después quizás haga unos cambios, no confío en la gente del Diablo, no creo que muchos me vayan a tener lealtad, aunque otros tal vez sí lo hagan. - dice. - Mañana regreso para tomar posesión de lo que me pertenece, mandaré a que traigan mis cosas, así que vayan sacando todas las cosas de mi querido primito.
Termina de decir para girarse e irse con su guarura. Iván estaba que no lo calentaba ni el sol, no sabía como iban a salir de esto y deshacerse de ese imbécil.
- Deseo matarlo - dice entre dientes.
- Calma hijo, debemos tener la cabeza fría y concentrarnos en que debemos de hacer.
- Creí que te habías rendido cuando aceptaste a tu nuevo líder - dice Iván, confundido.
- Eso jamás, si tenemos esperanzas de encontrar aún a Dante, no debemos tirar la toalla.
- Pero.. ¿y si esta..? - no quiso terminar su pregunta, no es algo que pensara o deseará que fuera, pero también le había cruzado por la mente esa opción desagradable.
- No hijo, tú mas que nosotros sientes que el sigue con vida, yo también lo presiente. Solo hay que seguir buscando, hasta encontrarlo.
Iván estaba completamente de acuerdo con su padre, sabia que era lo que tenían que hacer hasta dar con él, en algún lado del mundo tenía que estar, vivo o muerto.. pero querían encontrarlo.
Al igual iba a intentar investigar cómo fue que Bruno se enteró de la desaparición de Dante, tenía que llegar a la verdad de todo y si averigua que él tenía algo que ver con ello, se las iba a pagar, iba vengar la pérdida de su amigo a cualquier costa.
Mientras tanto en la mansión Mancini nada iba por buen camino. Después de unas semanas más, Bruno se había encargado de cambiar personal de casi todo el equipo que en algún momento trabajaron para el Diablo.
No confiaba en nadie que haya servido a su primo y mucho menos los hombres de confianza de Dante. Por esa razón tenía muy vigilados a Iván, Leo, Renzo y Edgardo.
Mientras se encontraba sentado en el lugar del Diablo, su despacho, su asiento. Uno de sus hombres llegó. Era un tipo tatuado, tenía un aspecto que daba miedo y con su oscura aura cualquiera podía sentir escalofríos por lo que provoca terror.
- Jefe - dice el tipo tatuado - ¿Me mando a llamar?
Bruno, no respondió en seguida, solo se limitó a mirar por la ventana.
- Necesito que hagas otro trabajito - respondió Bruno.
- ¿A quién tengo que cargarme? - Sonó malicioso.
Bruno niega con un dedo mientras fija su mirada en él.
- A nadie. Por el momento solo será un secuestro. - informa.
- Tú dirás, yo solo te obedezco.
Junta sus manos y apoya sus codos en el escritorio para inclinarse un poco hacía enfrente.
- Iras a Dresde Alemania - prosigue - Y me traerás a la hija de Lionel Bachman.
- Pero.. que no habías dicho que querías unir las mafias. Si haces eso, lo único que querrá ese viejo de ti será tu cabeza.
- Así es, pero tengo un plan. Y necesito deshacerme primero de los estúpidos amigos de mi primo. - dice Bruno - La única forma es secuestrando a esa niña y después haremos creer que fueron los hombres del Diablo. Y así serán dos pájaros de un solo tiro.
- ¿Después la matarás - preguntó.
- No, su destino será mucho mejor - responde - La haré mi mujer. La puta de del Diablo será mía.
El hombre tatuado se carcajea.
- Tú sí sabes. Fuera el Diablo de la organización, ya te puedes quedar con el lugar que te corresponde, y no solo eso, si no que también te quedarás con su mujer. - sonríe con malicia.
Bruno había hecho un plan para que culpaban a los amigos de Dante, y así pudiera deshacerse de ellos.
- Ella será mía, a cualquier costa. Todo lo que era del Diablo será mío. - asegura con su tono de voz serio.
- ¿Cuando será el día del atraco?
- La madrugada de su cumpleaños. Me entere que Lionel dará una fiesta por sus vente años. Que mejor regalo para ella que secuestrarla. - sonríe malévolamente.
Pero para él su gran plan era acercarse al líder de la mafia Alemana y hacer alianza con él, para después destruirlo y quedarse con su imperio, su organización y con su mayor tesoro su hija.