Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Suspense > Cadenas de Dolor, Lazos de Amor
Cadenas de Dolor, Lazos de Amor

Cadenas de Dolor, Lazos de Amor

Autor: : Kai Stern
Género: Suspense
El chillido de los neumáticos fue el último sonido. Luego, la oscuridad. Y en esa bruma entre la vida y la muerte, escuché voces que helaron mi alma. "¿Están muertas?" preguntó la voz de Carla, la amante de mi padre, con una falsedad que ahora sonaba a pura crueldad. "La chica sí. La vieja todavía respira, pero no por mucho," respondió mi padre, Ricardo Romero, con una frialdad desalmada. Querían mis órganos y los de mi madre, Elena, para su hijo con la amante, un niño con insuficiencia renal. El accidente no fue accidental; fue una ejecución planeada por mi propio padre. Desperté sobresaltada, no en la carretera, sino en mi cama, el sol filtrándose. Estaba intacta. Viva. Miré el calendario: el día del "accidente". Había regresado. Fui al espejo. Mis ojos, antes ingenuos, ahora ardían con una llama fría y dura. No era la hija que buscaba su aprobación. Era la testigo de mi propia muerte, la portadora de una verdad horripilante. Ricardo, el hombre que me despreció por no ser varón. Elena, mi madre, ciega de amor, perdonando cada humillación. Carla, la calculadora, usando a su hijo como llave a nuestra fortuna. Ellos eran los monstruos. "No esta vez," susurré al espejo, mi voz temblando de rabia. "Ustedes pagarán por cada lágrima de mi madre, por cada gramo de mi vida que intentaron robar."

Introducción

El chillido de los neumáticos fue el último sonido.

Luego, la oscuridad. Y en esa bruma entre la vida y la muerte, escuché voces que helaron mi alma.

"¿Están muertas?" preguntó la voz de Carla, la amante de mi padre, con una falsedad que ahora sonaba a pura crueldad.

"La chica sí. La vieja todavía respira, pero no por mucho," respondió mi padre, Ricardo Romero, con una frialdad desalmada.

Querían mis órganos y los de mi madre, Elena, para su hijo con la amante, un niño con insuficiencia renal. El accidente no fue accidental; fue una ejecución planeada por mi propio padre.

Desperté sobresaltada, no en la carretera, sino en mi cama, el sol filtrándose. Estaba intacta. Viva. Miré el calendario: el día del "accidente".

Había regresado.

Fui al espejo. Mis ojos, antes ingenuos, ahora ardían con una llama fría y dura. No era la hija que buscaba su aprobación. Era la testigo de mi propia muerte, la portadora de una verdad horripilante.

Ricardo, el hombre que me despreció por no ser varón. Elena, mi madre, ciega de amor, perdonando cada humillación. Carla, la calculadora, usando a su hijo como llave a nuestra fortuna.

Ellos eran los monstruos.

"No esta vez," susurré al espejo, mi voz temblando de rabia.

"Ustedes pagarán por cada lágrima de mi madre, por cada gramo de mi vida que intentaron robar."

Capítulo 1

El chirrido de los neumáticos fue el último sonido que escuché, un grito metálico que destrozó el aire justo antes de que el mundo se convirtiera en una violenta explosión de vidrio y metal retorcido. Mi cuerpo se sacudió sin control, y lo último que vi fue el rostro aterrorizado de mi madre, Elena, a mi lado, justo antes de que la oscuridad me tragara por completo.

Un dolor agudo me atravesó. No era el dolor del impacto, sino algo más profundo, un eco en mi alma. En esa neblina entre la vida y la muerte, escuché voces. Eran frías, claras y llenas de una crueldad que helaba la sangre.

"¿Están muertas?"

Era la voz de Carla Vargas, la amante de mi padre, una voz que siempre había destilado una dulzura falsa pero que ahora sonaba cortante y ansiosa.

"La chica sí. La vieja todavía respira, pero no por mucho. El hospital confirmará la muerte cerebral. Todo está listo."

Esa segunda voz... era la de mi padre. Ricardo Romero. El hombre que debía protegerme. El empresario tequilero que mi madre amaba con una devoción ciega. Su tono era práctico, desprovisto de cualquier emoción, como si estuviera cerrando un negocio.

"Perfecto. Los órganos de Sofía son compatibles con Mateo, y los de Elena también servirán. Con el seguro de vida millonario que les saqué, nuestro futuro está asegurado. Nuestro hijo vivirá, Carla. Tendrá la vida que se merece, y nosotros también."

La verdad me golpeó con la fuerza de un camión, más brutal que el propio accidente. Mi padre, mi propio padre, había planeado matarnos a mi madre y a mí. El accidente no fue un accidente. Fue una ejecución. Y el motivo era tan monstruoso que mi mente apenas podía procesarlo: nuestros órganos. Quería nuestras vidas para salvar a su hijo ilegítimo, el niño que tuvo con su amante, que sufría de insuficiencia renal.

Nosotras éramos el sacrificio. Un par de piezas de repuesto para su verdadero heredero.

De repente, un jadeo violento me devolvió el aliento. Abrí los ojos de golpe. No estaba en la carretera, ni en un hospital frío. Estaba en mi cama, en mi habitación, con la suave luz del sol de la mañana filtrándose por la ventana. El aire olía a café recién hecho, el aroma familiar de cada mañana en nuestra casa.

Mi corazón latía con una furia descontrolada. Toqué mi cara, mis brazos. Estaba intacta. Viva. Miré el calendario en mi mesita de noche. La fecha marcada en rojo era hoy. El día del "accidente" .

Había regresado.

Una segunda oportunidad.

Me levanté y corrí al espejo. La chica que me devolvía la mirada era la misma Sofía de siempre, pero sus ojos habían cambiado. La ingenuidad había desaparecido, reemplazada por una llama fría y dura. Ya no era la hija que buscaba la aprobación de un padre que la despreciaba. Era la testigo de su propia muerte, la portadora de una verdad horrenda.

Ricardo Romero. Mi padre. El hombre que me despreció desde que nací por no ser un niño. El que obligó a mi madre a sufrir múltiples abortos en su obsesiva búsqueda de un heredero varón, destrozando su cuerpo y su espíritu poco a poco. Y mi madre, Elena, tan enamorada, tan ciega, que perdonaba cada humillación, cada desprecio, creyendo que su amor incondicional algún día lo cambiaría.

Y Carla Vargas, la otra. La mujer calculadora que usaba a su propio hijo enfermo como una llave para abrir la fortuna de mi familia.

Ellos eran los monstruos.

Me miré fijamente en el espejo, y una promesa silenciosa se formó en mis labios.

"No esta vez," susurré, mi voz temblando de rabia.

"Esta vez, no habrá ningún accidente. Esta vez, la verdad saldrá a la luz. Y ustedes dos... ustedes dos pagarán por cada lágrima de mi madre, por cada gramo de mi vida que intentaron robar."

La batalla por mi vida y la de mi madre acababa de comenzar. Y esta vez, yo no era la víctima. Era la cazadora.

---

Capítulo 2

Bajé las escaleras con el corazón martillando contra mis costillas, cada paso era un eco de la determinación que sentía. En el comedor, la escena era dolorosamente normal, una cruel parodia de una familia feliz. Mi madre, Elena, tarareaba una canción mientras colocaba los platos en la mesa, su rostro iluminado por la emoción del viaje que planeábamos hacer hoy, un viaje a un pueblo mágico que, en mi otra vida, nunca terminamos.

Mi padre, Ricardo, estaba sentado a la cabeza de la mesa, leyendo el periódico financiero. Levantó la vista cuando entré, y una sonrisa falsa se dibujó en su rostro.

"Buenos días, mija. ¿Lista para nuestro viaje? Será un gran día."

Su voz, la misma voz que había escuchado en mi lecho de muerte discutiendo el precio de mis órganos, ahora me hablaba con una cordialidad paternal que me revolvió el estómago. Sentí una oleada de asco tan intensa que tuve que apretar los puños para no gritarle la verdad en la cara.

"Sí, papá. Lista," respondí, forzando una sonrisa que se sentía como una máscara de yeso.

Me senté y evité su mirada, concentrándome en mi madre. Ella me sirvió un plato de chilaquiles, su comida favorita, y me acarició la mejilla.

"Te ves un poco pálida, mi amor. ¿Dormiste bien?"

"Sí, mamá. Solo... tuve un sueño extraño," dije, eligiendo mis palabras con cuidado.

Ricardo dobló su periódico y lo dejó a un lado, su atención ahora completamente en nosotras.

"Bueno, espero que este viaje te quite cualquier mal sueño. Un poco de aire fresco nos hará bien a todos. Saldremos en una hora."

Esa era mi señal. El tiempo corría.

"Papá," empecé, mi voz un poco más firme de lo que esperaba. "Antes de irnos... ¿podríamos llevar el coche a revisar? Ayer, cuando lo usé, me pareció escuchar un ruido raro en los frenos."

Fue una mentira, pero una necesaria. En mi vida anterior, no había notado nada. Había confiado ciegamente, como mi madre.

Ricardo frunció el ceño, una sombra de molestia cruzando su rostro.

"No digas tonterías, Sofía. El coche está perfectamente. Le hice servicio la semana pasada."

"Por favor, papá. Solo para estar seguros. No me sentiré tranquila si no lo hacemos."

Mi madre intervino, con su habitual tono apaciguador.

"Ay, Sofía, no molestes a tu padre. Él sabe lo que hace. Siempre se encarga de que todo esté en orden."

La miré, y por primera vez, sentí una punzada de frustración hacia ella. Su amor ciego era el escudo que Ricardo usaba para esconder su maldad.

"Mamá, por favor. Es solo una revisión rápida. ¿Qué perdemos? Más vale prevenir," insistí, manteniendo mi tono lo más calmado posible, aunque por dentro estaba gritando.

Ricardo suspiró, un sonido teatral de exasperación.

"Está bien, está bien. Si eso te hace feliz. Pero que sea rápido. No quiero que se nos haga tarde por tus caprichos."

Se levantó de la mesa, cogió su teléfono y salió al patio para hacer la llamada. Vi su silueta a través de la ventana, y una sonrisa fría se dibujó en mi rostro. No sabía que con esa llamada, estaba empezando a desmantelar su propio plan. Cada segundo que ganaba, cada obstáculo que ponía en su camino, era una pequeña victoria en esta guerra que él ni siquiera sabía que estábamos librando.

Mi madre me miró, con una mezcla de confusión y reproche.

"No sé qué te pasa últimamente, Sofía. Estás muy rara."

"Solo quiero que estemos seguras, mamá," respondí, tomando su mano. "Solo quiero protegerte."

Ella me sonrió, sin entender el verdadero peso de mis palabras, y me devolvió el apretón. Su mano era cálida, viva. Y yo iba a hacer todo lo que estuviera en mi poder para que siguiera así.

---

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022