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Cambio Mi Destino En La Noche del Incendio

Cambio Mi Destino En La Noche del Incendio

Autor: : Mo Xiaoxiao
Género: Moderno
El olor a humo y vino barato fue la asfixiante bienvenida a mi muerte. Máximo, mi propio hermano, me encerró en la bodega de la familia Castillo, mirándome con un odio incomprensible mientras las llamas devoraban nuestro hogar, todo por una estúpida obsesión con Isabella. Fui traicionada por mi sangre, acusada por una víbora que se hizo pasar por mi hermana adoptiva, y abandonada a mi suerte por la única persona que se suponía que me amaría, mi prometido, Patrick. ¿Cómo pudieron creer las mentiras de Isabella, esa serpiente que nos destruyó desde dentro, y por qué mi hermano me sentenció a una muerte tan cruel? Pero la noche más oscura de mi vida se convirtió en el grito más potente de un nuevo amanecer: ¡regresé! -aquel mismo día fatídico, con el fuego ardiendo, y una sed insaciable de venganza lista para reescribir mi destino.

Introducción

El olor a humo y vino barato fue la asfixiante bienvenida a mi muerte.

Máximo, mi propio hermano, me encerró en la bodega de la familia Castillo, mirándome con un odio incomprensible mientras las llamas devoraban nuestro hogar, todo por una estúpida obsesión con Isabella.

Fui traicionada por mi sangre, acusada por una víbora que se hizo pasar por mi hermana adoptiva, y abandonada a mi suerte por la única persona que se suponía que me amaría, mi prometido, Patrick.

¿Cómo pudieron creer las mentiras de Isabella, esa serpiente que nos destruyó desde dentro, y por qué mi hermano me sentenció a una muerte tan cruel?

Pero la noche más oscura de mi vida se convirtió en el grito más potente de un nuevo amanecer: ¡regresé! -aquel mismo día fatídico, con el fuego ardiendo, y una sed insaciable de venganza lista para reescribir mi destino.

Capítulo 1

El olor a humo y vino barato me asfixiaba. Mis pulmones ardían.

La última imagen que vi en mi vida anterior fue el rostro de mi hermano, Máximo. Sus ojos, llenos de un odio que nunca entendí, me miraban mientras me encerraba en la bodega de la familia Castillo.

"Lina, esto es por Isabella", susurró. "Ella sufrió por tu culpa, ahora tú pagarás".

Grité su nombre, golpeé la puerta de roble macizo hasta que mis nudillos sangraron. Pero él no volvió. Me dejó allí, en la oscuridad, mientras el humo del incendio que él mismo provocó llenaba el pequeño espacio.

Todo por Isabella. Nuestra hermana adoptiva, la niña inocente y dulce que lo tenía completamente hechizado.

Esa misma mañana, en plena Feria de Abril de Sevilla, Máximo había hecho una locura. Para impresionar a Isabella, que quería ver un "encierro privado", usó las influencias de nuestra familia para soltar los toros de la corrida del día siguiente en las calles abarrotadas de la feria.

El caos fue total. Toda la policía, toda la seguridad de la ciudad, corrió a contener a las bestias.

Fue la distracción perfecta.

Nuestros enemigos, la familia Salazar, aprovecharon ese momento para atacar nuestra finca. Prendieron fuego a todo. Yo estaba con mi madre, Sylvia, cuando una viga en llamas se desplomó sobre ella.

Llamé a Máximo una y otra vez. Le supliqué que volviera, que nos salvara. Pero su teléfono estaba ocupado. Estaba ocupado siendo el "héroe" que controlaba el caos que él mismo había creado.

Cuando finalmente regresó, era demasiado tarde. Mi madre estaba paralizada. Y Isabella había desaparecido, dejando una nota donde me acusaba de haber planeado el ataque por celos.

Máximo quemó esa carta delante de mí, me prometió que todo estaría bien. Y yo, estúpida de mí, le creí.

Esa noche, mientras la ciudad lo celebraba y el alcalde le entregaba una medalla por su "valentía", él me arrastró a la bodega y me sentenció a muerte.

Muriendo en esa oscuridad, juré que si había otra vida, protegería a mi madre. Y destruiría a cada persona que nos traicionó.

Máximo Castillo. Isabella Salazar. Y mi prometido, Patrick Lawrence, que siempre creyó sus mentiras.

Los destruiría a todos.

Capítulo 2

Un grito desgarrador me sacó de la oscuridad de la muerte.

"¡Señorita Lina! ¡Fuego! ¡La casa está en llamas!"

Abrí los ojos de golpe. El aire ya estaba cargado del mismo olor a humo que recordaba de mis últimos momentos. No era una pesadilla. Estaba de vuelta.

Estaba en el pasillo del segundo piso de nuestra finca, justo fuera de la habitación de mi madre. El grito venía de María, nuestra ama de llaves.

Miré mis manos. No estaban ensangrentadas. Mi vestido de flamenca estaba intacto, sin las manchas de hollín de mi muerte.

¡Había vuelto! Justo al momento en que el ataque de los Salazar comenzó.

"¡Mamá!", grité, irrumpiendo en su habitación.

Sylvia, mi madre, estaba en el suelo, tosiendo violentamente. La viga del techo, agrietada y humeante, estaba a punto de ceder. Era la misma viga que la había dejado inválida en mi vida pasada.

El pánico y la determinación luchaban dentro de mí. No había tiempo para pensar.

"¡María! ¡Ayúdame! ¡Tenemos que sacarla de aquí ahora mismo!"

Juntas, arrastramos a mi madre, que estaba débil y confundida, fuera de la habitación. Segundos después, la viga se desplomó con un estruendo terrible, levantando una nube de polvo y cenizas.

Estábamos a salvo. Por ahora.

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