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Caminos separados

Caminos separados

Autor: : Eilana Osorio Páez
Género: Romance
Hay momentos en la vida en donde pierdes criterio de tus ideales y valores, por muy maquiavélico que parezca olvidas el futuro que habías imaginado con esa persona importante en tu vida. Creo que todo ser humano tiene un pasado que lamentar, momentos para levantar y otros para olvidar. En mi caso por caer en la monotonía creí que no te amaba y por esa mentira creada en mi subconsciente te perdí. No tengo a quien culpar más que a mi mismo y por más que en silencio mi alma le grita a la tuya lo mucho que me arrepiento, es evidente que tu lejanía solo me confirma que no te importo o, por el contrario, no me has olvidado y prefieres poner kilómetros entre nosotros y vivir caminos separados. Espero y anhelo poder tener la oportunidad de pedirte perdón algún día, deseo que hayas alcanzado la felicidad, esa que yo perdí y solo con los meses me di cuenta. Es muy duro ser el culpable de tu desdicha, solo espero que donde quieras que te encuentres Belleza... Me perdones.

Capítulo 1 Fin de Año

La fiesta de fin de años donde nos reunimos todos los amigos y familias estaba en su apogeo, mis amigos Cesar y Maju sacaron adelante su matrimonio. Mandaron a la mierda el qué dirán en el caso de ella que puso su felicidad por delante y César se juró a sí mismo jamás volver a fallar. Al menos para ellos que pasaron por pruebas fuertes se armaron de valor para imponer su deseo de buscar la armonía. Me alegra por ellos.

Sin embargo, para mí, Alejandro Orjuela cada día que pasa era cargar con una cruz demasiado pesada, hoy entre celebraciones era el día en donde desearía mandar todo a la mierda. Las palabras de Maju taladraban referente a buscar a Dios y vivir en la verdad. -suspiré-. Miré a Ana y a Víctor, seis años y siete meses exacto eran los que tenía de no verlos. -pasé el nudo formado en la garganta con otro trago de whisky.

Tenía en mi cabeza que me odiarían... Dejé a su hija casi en el altar, para casarme con otra... ¿Por qué lo hice? ¡¡POR MARICA!! En ese entonces creí que con Virginia ya había llegado la relación a un estado de estancamiento. Por eso ella quiso alejarse y se puso a trabajar y trabajar, nos veíamos cada mes, eso mató algo en mí, -vaya mentira más grande. Las cagué y las seguí cagando por no aceptar el error e hice un mierdero. -sonreí.

No tengo idea porque fui tan ciego, asumí que el amor se había apagado y por ello no era honesto continuar con nuestros planes de matrimonio, en esas atribulaciones de soledad a la que caímos... Ella no quiso dejar ese trabajo, luego conocí a Sandra, la vi tan llena de vida -volví a reírme de mí mismo-. ¡Qué estupidez! He aparentado un buen matrimonio hasta mi viaje a Grecia.

Lo único bueno para rescatar era el nacimiento de mi hijo. Y ahora no me siento tranquilo con el niño lejos con su madre, al menos Mecha como le suele decir Ernesto se fue con ellas, no le pasará nada. Gracias a Julián, el niño no ha vuelto a sufrir maltrato, me recriminé una vez más, por encerrarme a trabajar no me daba cuenta lo que Sandra le hacía a su propio hijo. Puse al niño en terapia infantil. Al menos podía reivindicarme con mi bebé, ya que no pude hacerlo con...

-Toma, están deseando un feliz año.

Aurelio me entregó un celular y no tenía idea de quién era. Ese debe ser Vladímir. Quien no se Encuentra porque tuvieron bebé. Sin embargo, apenas vi la pantalla, todo explotó dentro de mí... No podía ser cierto, no podía estar mirando de nuevo su bello rostro. -Las fotos que aún conservo en nuestro cuarto no le hicieron honor a lo que era Virginia Andrade-

Era una mujer con porte de reina, una belleza europea con raíces colombianas, parecía irreal, con ese aire de hada encantada, sus ojos azules como el Mediterráneo, su cabello rubio. Por eso digo que parece europea, pero era más colombiana que todos nosotros juntos. Su reacción fue igual, sus ojos se humedecieron y los labios comenzaron a temblarle. Era de día en donde se encontrará. Llevaba el cabello corto para como solía llevarlo en mi recuerdo; hasta el cuello, como lo tiene Maju ahora. ¡¿Por qué se cortó el cabello?! Quería decirle mil cosas, no obstante, las palabras no salieron de mi garganta, mis manos temblaban, solo recuerdos y recuerdos de un amor perfecto. Ella intentó hablar sin tener éxito. Sentía que todo me temblaba, solo fuimos presos de la mirada del otro.

-Yo... -No dejábamos de mirarnos.

-Perdóname. -logré decirle y comenzó a negar-. Por favor, no cuelgues.

-Lo siento Alejandro, no...

-Belleza no cuelgues. -Vi cómo le salían las lágrimas, el labio nos temblaba a cada uno.

-No... -va a colgarme y tenía tantas cosas por decirle.

-Escucha; Tu olvido de los Zuletas.

Siempre nos hemos dedicado canciones, era una pasión compartida, a los dos nos gustaba mucho el vallenato. Yo soy de Valledupar, y por sus venas le corre sangre monteriana, aunque nació en Bogotá, su madre era de Montería, ella siempre vivió entre las dos ciudades. Solía decirle que ella llevaba la abarca pintada en la frente, siempre me respondía «a mucho honor». También amábamos a los caballos...

-Adiós, Alejandro. -finalizó la llamada.

-Te amo, Belleza.

Le dije al aire, más de seis años sin verla, el celular en mis manos era el de Maju y de atrevido me mandé el contacto de su número al mío. En ese instante, con el corazón estrujado, volví a enfundarme una vez más en la máscara de relajado que he portado desde mi segundo mes de casado. No tenía idea por qué de la noche a la mañana, en ese entonces, me sentí miserable. La gente estalló en abrazos y la canción tradicional, se escuchaba. Faltan cinco pa' las doce, el año va a terminar...

Todos se abrazaron, se felicitaron, repartieron sonrisas, buenos deseos, y, aunque me hicieron partícipe mis amigos, no se sintió lo mismo. El sentimiento que me estaba embargando debía sacarlo en la soledad del apartamento o si no en mi refugio. Pero su imagen volvía, se veía más hermosa. ¡Qué! Era una mujer divina.

Dios, si tenía alguna oportunidad de enmendar mi error con ella, te pido intervengas. Maju dice que tú siempre te encuentras al lado de uno, si hay algún tipo de recompensa ayúdame a enmendar el daño que le hice. No puedo posponer más mi situación con Sandra. Ya era momento de aclarar, de organizar mi vida.

Me despedí de todos, necesitaba llegar a la casa y hablar con Sandra, acabar la farsa de matrimonio y pelear por la custodia del niño. Llegué hasta donde Maju, César la besaba, luego se arrodilló a besar la barriga de su mujer. Mi ahijado y Casparín también besaban el vientre de su madre, me alegra tanto por ellos.

-Feliz año. -dije, abracé a cada uno.

-Tío, ¿polque se fue Elnesto?

-La mamá se lo quiso llevar Casparín.

Maju se puso la mano en la insistente cintura. En la mañana me reuní con David, César, Deacon y Carlos para hablar de lo que hicieron los niños en Metiches milagrosos. Ellos narraron lo que hicieron, Samuel fue el encargado de entregar las cartas como si fuera un fantasma, además por lo tremendo que era lo bauticé de una y desde hoy comencé a decirle así. Ya Maju me había jalado las orejas, y ahora me dio un pellizco y varios manotazos.

-¡No le digas así a mi hijo!

-Es de cariño, además si dejas ponerle a la bebé María Costanza y le dirán Maco, ¿por qué te enojas si llamo abreviadamente a cáspita y fantasma?

-Mami, a mí me gusta. -César soltó una carcajada al escuchar a su hijo.

-Porque no sabes lo que significa. -Le dijo la mamá. Le entregué el celular a Maju y ella comprendió, su rostro cambió-. ¡¿Hablaste con ella?! -En ese instante el dolor volvió.

-Aurelio me entregó el celular, como solo era para felicitar por el Año Nuevo. Él no sabe y yo pensé que era Vladímir.

César y Maju se miraron, debieron ver algo en mí, se me humedecieron los ojos y mi amiga me abrazó. -Lo necesitaba tanto. ¿Cómo reconozco delante de ellos lo arrepentido que estaba al dejar al amor de mi vida porque sentí que la pasión se había acabado entre ella y yo? Ya suficiente tenía con recriminarme a diario por haber sido un imbécil.

-Lo siento.

-Necesito irme, sacaré las cosas de la habitación y me regreso hoy mismo. No le digas nada a nadie.

-No te encuentras bien para conducir. -dijo.

-Estoy bien.

-No, ya mismo le digo a Jenaro que te lleve.

Ahora fue César quien habló, no discutí con ellos, busqué mis cosas y salí. Jenaro ya esperaba.

-Gracias, Jenaro.

-De nada, señor Alejandro. -hace una semana le pedí un favor muy especial y personal.

-¿Alejandro?

Al girar hacia la voz, ahí estaba la que fue mi suegra, la señora más hermosa del universo después de mi madre. Debía sacar la casta de macho para no quedar como un cacorro llorón.

-Anita...

-No viene al caso lo que yo te diga en este momento. -Se acercó y acarició mi mejilla-. Me di cuenta en estas horas que tu conciencia y la vida te lo ha dejado muy claro, casi que todos los días. ¿Cierto?, y puede sonar a reclamo, pero es más por el hecho de tu abandono, te olvidaste de nosotros. Víctor, aunque no lo diga, sigue extrañando las tardes de domingo para jugar dominó. -sonreí, «¡ahí tienes!», la vida te sigue restregándote en la cara lo que perdiste-. ¿Me equivoqué en mis palabras?

-En ninguna Anita, dile a Víctor que la añoranza en mutua.

-¿Sigues cantando?

Negué, al menos esa promesa se la cumplí, salvo la excepción que hice por mis amigos, pero fue por ella. Virginia sugirió el meter la cucharada.

-Por la tristeza notada en ti desde mi llegada, luego lo sucedido con tu esposa... ¿Me permites opinar y darte un consejo?

-Se los debo.

-Aclara tu vida actual, no marchites esa personalidad arrolladora la cual te caracterizaba. Libérate de las ataduras, luego espera lo que la vida te tiene deparado. Ya sea con mi hija de nuevo o con una mujer diferente, pero que la ames.

-Deberías estarme odiando. -apreté mis manos en un puño.

-A esta edad hijo uno analiza un poco más las cosas. A lo mejor no era el momento de ustedes, tal vez ustedes necesitaban madurar por separado, ya sea para volver a unirse o hacer vidas en caminos separados, eso solo lo sabe Dios. Pero si te he de confesar, oro a diario para que ustedes encuentren la felicidad. Por qué dejo de llamarme Ana Burgos a que esa renuente lejanía de mi hija es porque se siente segura con kilómetros de distancia de ti.

-¿Le hice mucho daño?

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Hola a todas mis lectoras.

Tardé un poco para empezar a subir la segunda novela de la serie Perdóname. Pero ya llegó la historia de Alejandro Orjuela y Virginia Andrade. Esta novela se puede leer independiente a No voy a perderte. Espero se enamoren de esta pareja, qué como la anterior nos hizo sacar enojos, llantos, rabietas, suspiros y reflexiones. Porque todos, si aprendimos del error cometido, merecemos una segunda oportunidad, porque somos humanos. Las quiero mucho y espero amen a Caminos separados.

Capítulo 2 Iniciando el camino del calvario

Esperaba en algún momento los insultos de quien fue mi suegra, pero esa mirada solo me brindaba calma.

-Ay, hijo... Así Víctor, me dé cantaleta, te confieso, dejaste a mi hija muerta en vida.

Todo mi cuerpo tembló, hasta el más fuerte se quiebra, solo fui consciente de los brazos de Ana, dejé salir un gemido de dolor arraigado en el alma. Yo soy el único culpable de mis desdichas.

-Ahora comprendo la mirada de Víctor, cuando nos vimos en la mañana.

-Él te adora como un hijo, así refunfuñe lo contrario. Te reclama el que Virginia no haya vuelto a pasar las Navidades con nosotros en la finca en Montería. Por cierto, hace tres años nos radicamos allá. Vinimos por unos chequeos médicos para él y como Fernanda anda con una llamadera, aproveché a ir a conocer a su gordita y Maju se encontraba en su casa. Por eso estamos aquí. Creo que a tu esposa eso le molestó.

-No te preocupes. Las cosas con ella no están bien desde hace seis años. -La mirada de Anita me hizo sonreír-. Seré exacto, desde que cumplí dos meses de casado me arrepentí de haberlo hecho y no me preguntes Anita, pero de la noche a la mañana caí en una terrible tristeza y arrepentimiento. He ocultado mi depresión, con el paso de los días, siento que algo me hala a gritos.

-Toma mi consejo. Arregla para bien o para mal tu matrimonio, si no hay amor y no hay motivos de querer salvarlo, antes de hacerse daño sepárense.

-Gracias, por el abrazo.

-Elsa no sabe nada de lo que te pasa, ¿cierto? -Esa pregunta confirmó una sospecha, ella y mi madre siguieron hablando.

-Mi mamá nunca aceptó a Sandra. -Ya no viene al caso seguir ocultando las cosas, decidí destapar todo-. Y como siempre ha dicho que no quiere ser una suegra cizañera, prefirió regresar a Valledupar para no verme sufrir a mí.

-No la has descuidado, ¿cierto? Eres su único hijo.

-Cada dos meses viajo a verla y le llevo a Ernesto. Ya debo regresar Ana, me alegró mucho verlos, por cierto, ¿cómo está Leonardo?

Era el hermano especial de Virginia, tenía autismo, era en extremo inteligente, casi un genio, pero no podía hacer una vida normal, era la adoración de su hermana, era extraño que Virginia no viniera para verlo...

-Ese es otro que pregunta por ti.

-¿Puedo visitarlos algún día?

-Cuando quieras.

-Gracias.

Le di un beso en la frente, que diferencia de suegra, Anita era un pan de Dios y Rita era la encarnación del diablo. Por donde me miren, la vida supo cobrarme muy caro el error por haberla dejado.

Habíamos llegado a la casa a las tres de la mañana. Suspiré antes de salir, era tiempo de separarme. Anita tenía razón, ahora que volví a verla, más lo dicho por su madre, y lo que me confirmó ese par de océanos en los ojos de Virginia... confirmo, me sigue amando. También quiero finiquitar el divorcio, no quiero que ella se quede con nada de mi nueva sociedad. Era una interesada, por eso mi madre era quien figuraba como dueña absoluta de todo. Bajo mi nombre tenemos un par de casas, los carros, dinero de mi trabajo, como gerente nada más. Mi madre luego de mi matrimonio nunca quiso entregarme el mando, ella intuyó lo que era Sandra.

-Señor Alejandro, tome. No se lo entregué antes, porque estaban en la reunión.

-¿Ya tan rápido? -Su mirada no me agradó-. No va a gustarme lo que hay en esta carpeta, ¿cierto?

-Eso depende, señor. Si hay amor o no.

-Gracias.

Tomé la carpeta. Bajé del auto e ingresé en la casa, todas las luces se encontraban apagadas, me dirigí a la habitación de mi hijo, dormía con su nana. Pasé por el cuarto de cocodrilo mayor y Rita roncaba como leones, desde lejos escuché sus ronquidos desquiciadores. Según ella, la enfermedad terminal que tenía le genera un mal dormir.

Desde que Julián me sugirió poner cámaras a escondidas me he dado cuenta de tantas cosas, por eso contraté a Mercedes, una señora de cuarenta y cinco años, desplazada por la violencia y hace dos meses cuidaba a Ernesto, no tengo idea mi hijo porque le dice Mecha, en tan poco tiempo él la adora y era porque evitó el maltrato de Sandra. Llegué a mi cuarto, con la cabeza fría le pediré el divorcio. Pero ¡oh! Sorpresa, Sandra no se encontraba, eran pasadas las tres de la mañana, encendí la luz, respiré profundo, la llamé al celular.

-¿Amor? -Fue evidente que la acabé de levantar.

-¿Dónde estás «princesa»?

Así le decía cuando teníamos buenas temporadas, o más bien cuando ella se portaba de la misma manera en que la conocí.

-Durmiendo, me acabas de levantar. ¿Cómo te terminó de ir en la fiesta? ¿Ya estás durmiendo?

-Sí, solo te llamaba para darte un feliz año, ¿estás durmiendo con el niño?

-No, amor. Mi bebé lo dejé dormido en su cuarto y yo en el mío, extrañándote.

No siento nada, solo rabia, a ningún hombre le gusta que le pongan los cuernos, aunque no era que nuestra vida sexual fuera la más activa, si había tiempos buenos, otros semanales, pero desde Grecia, solo hemos estado dos veces.

-Te llamaba, para decirte que llego el dos de enero.

-Bien, tengo sueño. Te amo a si no lo creas.

-Dale un beso a Ernesto de mi parte.

Cerré el celular, odio la infidelidad, en carne propia vi cómo mi madre sufría por lo que mi padre le hacía. La vieja Elsa siempre me inculcó que se debe terminar con la relación antes de serle infiel, eso era no respetarse uno mismo, de ella aprendí a dejar las cosas antes de ofender a la persona. Le he aguantado mucho a Sandra, pero esto jamás. Abrí la carpeta y en efecto mi esposa se veía en varias fotos besándose con otro hombre. En diferentes lugares...

...***...

No he podido ingresar al apartamento, no he podido controlar todo lo que sentí al verlo de nuevo. Años levantando murallas para que de la nada esos ojos negros las derrumben. Las manos me seguían temblando; esta mañana, cuando salí a la obra para poder llamar a mis amigos y desearles un feliz Año Nuevo. Me pasaron a mucha gente, pero no pensé que Maju le entregara el celular a Alejo.

¡¿Cómo pudo hacerme esto?! Y YO COMO UNA ESTÚPIDA ME PUSE A LLORAR EN EL TELÉFONO. ¡Erdaaa! Ahora él va a saber que sigo sintiendo algo. -volví a llorar en el carro. -volví a tomar agua. Debía regresar al apartamento, se lo prometí. De nada valió poner años y kilómetros de distancia. Cálmate, Virginia.

Lo vi triste... Alejo tenía los ojos tristes... ¡Y a ti que te importa! -volví a atarugarme con el agua, respiré profundo, miré el portátil. Desde que salió huyendo de Colombia no escuchaba vallenato, no iba a martirizarme al escuchar las canciones que me cantaba a mí y ahora debe de estarle cantando a su esposa. Sin embargo, cuál idiota masoquista busqué la canción que me pidió escuchar. Tu olvido, cantada por Los Hermanos Zuleta, Compositor: Luis A. Egurrola Hinojosa. Sus versos eran un grito de arrepentimiento.

La reproduje de nuevo, la letra, era un lamento, eso solo me confirmaba que, si tenía razón al concluir lo de su tristeza, Alejandro no estaba bien en su alma. Las muchas veces que he soñado con él, mi alma nunca ha dejado de gritar que vuelva.

IDIOTA, ¡eres un idiota Alejandro Orjuela!, salí del carro, había pasado varias horas en el parqueadero del edificio en donde vivo. ¿Cómo me dedicas esa canción? ¡Cómo eres tan descarado de decirme eso! ¡TE CASASTE! Era imposible que yo dejara de llorar hoy, subí al apartamento, vivo en uno de los mejores lugares de Dubái. No podía quejarme, fracasé en el amor, pero en mi vida laboral he tenido una gran racha de excelentes trabajos. Acreditándome como una de las mejores arquitectas. Ingresé, puse las llaves en el lugar de siempre.

-Señora Virginia, ¿quiere comer algo antes de irme?

Negué, no era eso lo que quería, como quisiera odiarlo, pero no logro hacerlo, a mi llegada salió corriendo la razón por la cual no he podido olvidarlo y menos odiarlo.

-Mami, ¿por qué estuviste llorando?

Capítulo 3 Empieza el Karma

Menos mal no se encontraba Sandra, porque en este estado quien sabe qué hubiera hecho, jamás la golpearía, pero las palabras también hieren. La ira me consumió, solo era el ego masculino herido y no porque se encuentre besando con otro hombre. ¡Era por la burla en la que caí quién sabe desde cuándo!

En mis manos tenía las pruebas de todo, el puto dinero gastado de mi tarjeta de crédito, ese que por castigarme con lo sucedido entre Maju y César, el mismo que era para arreglar el apartamento de su mamá, luego cuando César la confrontó me dijo que la perdonara por la mentira, pero las cosas eran para el apartamento del novio de su mamá.

Por estar enferma a punto de morir quería complacerla, ¡y como marica caí! Yo le pagué la remodelación al amante de mi esposa. -La ira me estaba cegando-. Seguí mirando el resto de los papeles. Descubrí la mentira en la enfermedad de mi suegra, ella solo tenía muchas deudas y por miedo salió huyendo para evitar que la mataran, por eso se vino a vivir a la casa de su hija.

¡Claro! Aquí tenía al marrano de Alejandro. Debía darme yo mismo el premio al PENDEJO HUEVÓN del siglo. Mi celular sonó, no contesté, eran las cuatro de la mañana, volvió a sonar y al mirar era Carlos.

-¿A qué llamas?

-César te ha estado marcando desesperado. -ahora seré el hazmerreír de mis amigos-. Alejo, todo se soluciona, piensa en Ernesto, no cometas una locura.

-¡He sido un completo pendejo! -grité.

-¡Alejandro! -Era Cesar-. Mira, Jenaro dijo que investigó algo para ti y no era nada bueno lo encontrado referente a tu mujer, espero que me lo digas algún día. Viejo, tienes amigos y te apreciamos, un hijo que te necesita y adora, piensa con cabeza fría. Uno de tus mejores amigos es el mejor abogado de Colombia, Socorro, una leona en un juzgado en casos familiares, ellos te podrán representar...

-¡Soy un puto cornudo quién sabe desde cuando!, y ¡le pagué la remodelación al amante de Sandra!

Ni siquiera merece que le diga mi mujer. César se quedó callado, la ira fue subiendo. Esto era la prueba de que el karma existe.

-Sal de esa casa o le digo a Jenaro que tumbe la puerta para sacarte, con rabia puedes agredir a Sandra. -No sé si llegue a eso, pero en este momento quería matarla-. Estoy hablando con Jenaro. ¡Sal ya de esa casa!

-No voy a salir, voy a esperar a esa...

Y llegaron los benditos principios inculcados por mi madre, no puedo gritarle las palabras que deseo, después de todo era la madre de mi hijo.

-Lo siento amigo, te pago el daño de la puerta.

Escuché el estruendo en la parte inferior de la casa. Saqué las fotos con su amante, las puse en la cama, también el último chequeo médico de la señora Rita hace un año, y el de hace quince días. Al salir de la habitación, mi suegra y Mercedes salieron de sus habitaciones y llegaron al pasillo, asustadas. Más se asustó la señora Rita al percatarse de mi presencia. Jenaro llegó al pasillo corriendo.

-Mercedes, empaca tu ropa, la de mi hijo y la mía, por favor. En lo que encuentres, si no caben en la maleta, busca bolsas, cajas, lo que sea, nos largamos de esta casa.

-Pero señor...

-No te quiero gritar Mercedes, cumple con lo pedido, por favor, ahora.

No tenía idea como logré controlarme, todo el cuerpo me temblaba, de imaginarme lo que esa... hacía con mi tarjeta de crédito, ¡sí que fui un güevon!

-¿A dónde te llevas a mi nieto y dónde se encuentra Sandra? ¡¿Qué le hiciste a mi hija?! -Me reí, debo parecer un loco. Le entregué mi celular.

-Llámela, muy seguro debe estar con Mauricio Salcedo, ¿cierto?

Al menos me llevaré la satisfacción de su rostro, de asombro y terror de la cacatúa. Al rato, mientras miraba a Rita, analizando su nerviosismo, se le cayó el numerito. Mercedes dejó dos maletas con las cosas de mi hijo.

-Jenaro, ¿me ayudas, por favor, con las maletas?

-Si señor.

Mercedes ingresó en mi recámara, comenzó a guardar la ropa, por lo rápido que lo ha hecho debe estar embutiendo la ropa.

-¿No va a llamar a su hija?

Me le acerqué, la mujer retrocedió, no me di cuenta en qué momento llegó Jenaro. No perdono engaño, yo jamás le he sido infiel a una mujer, podemos estar en problemas, son embargo se deben cerrar los ciclos para iniciar un nuevo camino.

-Señor Alejandro.

Muy seguro mi expresión corporal demostraba agresividad, no iba a pegarle a una vieja, si falto a un juramento y más a la promesa realizada a mi madre lo haría con Sandra. Sería a la única si llego a hacerlo.

-Mejor no la llame, que se siga revolcándose con su amante.

Le di un puño a la pared de la entrada al cuarto de mi hijo, me jodí la mano en donde tenía la argolla matrimonial. Pero ni eso me hizo sentir alivio. La señora Rita tembló de susto.

» Si llega en este momento, tal vez salga directo a una cárcel. -En ese instante mi hijo se apareció en el pasillo.

-¿Papi dónde está mi, cars?

Me imagino que su peluche de carro lo guardó Mercedes, mi hijo a diferencia de Casparín habla muy bien desde los tres años, solo una que otra palabra complicada la decía enredada. Era menor que Samuel, pero hablaba entendible para su edad.

-Ven hijo, nos vamos.

-¡Estás casado con mi hija!

-¡Desgraciadamente!, cometí el peor error de mi vida al casarme con ella. Dígale que nos vemos en un juzgado si no me firma el divorcio por las buenas en esta semana, de lo contrario con las pruebas que tengo la puedo dejar sin nada o con lo básico.

-Ernesto, mi amor, ven con tu abuela. -El niño corrió a mis piernas. Primero muerto, antes que dejar el niño con tales hienas.

-Señor, su ropa se encuentra lista.

-Jenaro ayuda a Mercedes, ahora ve por tu ropa, nos vamos.

-Lo que estás haciendo se llama secuestro. -Dios, si existes, dame paciencia, «no reveles nada», me dijo esa voz interior.

-No se preocupe, yo regreso una vez deje al niño en un lugar seguro, quiero saber cuánto se demora en regresar a la casa, «la señora», muy seguro, usted la llamará, apenas salga, espero que el tenerla escondida en mi casa con el fin de que no la encuentren sus cobradores la mantenga callada. Porque yo sí tengo un sinnúmero de pruebas contra ustedes.

No tenía idea de donde me sale el cinismo, después de todo aquí supe que ya no sentía nada por Sandra, nunca la he amado, en un principio creí hacerlo... «Te llegó el karma», no quiero pensar, no pienses en eso Alejandro, porque sale el dolor, y recordarla duele, virginia siempre duele.

-¡No tienes consideración! ¡Vas a ser el culpable de mi muerte! -En serio la vieja se pasaba.

-Usted va a ir presa por chantaje emocional, engaño y robo, menos mal que tengo todos los recibos que yo pagué por su supuesta enfermedad.

La mujer se puso pálida, me reí, mi historia quedó para una comedia de la televisión colombiana. «El marrano», deberían ponerle ese nombre.

» Lo sé todo.

Bajé las escaleras con mi hijo en brazos. Mi carro se quedó en Melgar. Jenaro terminó de guardar las cinco maletas, cuatro bolsas, la ventaja era que no tenía nada de trabajo en la casa, mis planos permanecían en la oficina. Mercedes cargó al niño, se sentó en la parte trasera con maletas, me senté al lado del copiloto, las manos seguían temblándome.

-¿A dónde señor?

-Al apartamento de César, mientras consigo otro después de divorciarme, no sea que termine dándole el 50% de ese también.

La mano me dolía, la miré y la tenía hinchada, intenté sacarme el anillo, pero me dolió demasiado. Jenaro condujo, no en dirección al apartamento, me sorprendió verlo aparcar al frente de la iglesia del barrio-. Jenaro, no te pongas con...

-Vi lo mucho que la banca detrás de ese portón le ayudó a al señor César.

Tanto él como Maju han insistido en que sería bueno hablar con el cura de la parroquia. Pero hoy no estaba para eso. Comencé a negar.

» Vengo en una hora, espéreme, dejo a la señora Mercedes y al niño.

-Eres mayor que yo, no me digas, señora. -contestó Mechas.

-Señor Alejandro, con la cabeza caliente, no puede hacer nada más que el ridículo y cometer el peor error de su vida.

-El error ya lo cometí. Jenaro, yo no soy tan creyente a...

-Es solo una banca y un árbol. Cálmese en ese lugar, luego hable con sus amigos, ya vienen. Las señoras se quedaron con los niños. El señor David le trae su carro junto al señor Carlos y en el otro viene el señor César con señor Deacon.

-Ya veo, mis cuernos se volvieron universales.

-Yo no he dicho nada, solo que tuvo problemas con su esposa. Desahóguese. En una hora lo recojo. -Vaya inicio de año.

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