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Cariño, déjalo y ven conmigo

Cariño, déjalo y ven conmigo

Autor: : Amelia
Género: Moderno
Durante diez años, Daniela colmó a su exesposo de un amor inquebrantable, solo para descubrir que no era más que un chiste para él. Humillada, pero decidida, se divorció de él. Tres meses después, Daniela regresó a lo grande. Ahora era la CEO oculta de una marca líder, una diseñadora codiciada y una rica magnate de la minería, y su éxito se reveló en su triunfal regreso. Toda la familia de su exesposo se abalanzó sobre ella, desesperada por implorar su perdón y suplicar otra oportunidad. Sin embargo, Daniela, ahora querida por el famoso Sr. Phillips, los miraba con gélido desdén y dijo: "Estoy fuera de su alcance".

Capítulo 1 Intento de asesinato

El día en que las familias Bennett y Harper se unieron en matrimonio, los cielos parecieron desatar su furia, tiñendo el firmamento con el profundo carmesí de rugientes llamas.

Vestida con sus mejores galas nupciales, Daniela Harper observó con desesperación cómo su novio, Alexander Bennett, tomaba heroicamente a Joyce Holt en sus brazos y atravesaba el calor abrasador, sin siquiera dedicarle una mirada.

Atrapada debajo de un enorme biombo caído, se quedó inmóvil por su peso, con los ojos llenos de lágrimas de frustración y miedo.

El humo acre se esparcía por el ambiente. Daniela estaba intentando respirar, pero las inminentes sombras de la inconsciencia comenzaron a nublar su visión mientras la terrible idea de perecer en las llamas carcomía su mente.

Sin embargo, justo cuando parecía no haber esperanza, una figura emergió a través del humo.

Unos fuertes brazos la levantaron sin esfuerzo. Los constantes y tranquilizadores latidos del corazón de su salvador contra su oído le dieron un extraño consuelo en medio del caos.

De repente, un siseo penetrante atravesó el ruido sordo de la destrucción.

El inconfundible y horrible olor de carne quemada se apoderó de sus sentidos.

Con una mezcla de miedo y confusión, Daniela reunió fuerzas para abrir los ojos, pero un sofocante velo de humo oscurecía su visión, lo que profundizó su terror.

Mientras sus manos tanteaban a ciegas en la oscuridad, sus dedos rozaron una sustancia pegajosa e inquietante. Instintivamente, el hombre que la estaba cargando dio un paso atrás, pero pronto se relajó y dejó que sus manos lo exploraran sin restricciones.

El implacable y gélido viento rugía en los oídos de Daniela.

Poco a poco, el intenso calor que le quemaba el rostro comenzó a disiparse.

Luchando contra la pesadez de sus párpados, intentó identificar a su salvador.

A través del humo que nublaba su visión, pudo ver a un hombre con un distintivo lunar cerca de su ojo, lo que despertó en ella una extraña sensación de familiaridad.

Mientras volvía a perder la consciencia, Daniela escuchó una gentil voz que atravesaba el aullido del viento. "Señor, ya llegó la ambulancia. La familia Harper está a bordo. Deberíamos irnos de inmediato. Su brazo requiere atención urgente, y además hoy se celebra la boda de la señorita Harper. Si la gente la ve con otro hombre, se convertirá en el chisme de la ciudad".

... ...

Daniela se despertó de su intranquilo sueño en una fría y austera sala de hospital.

La enorme luna se alzaba afuera, bañando todo con su fantasmal y sombría luz. La habitación estaba envuelta en silencio, sin la presencia de su recién esposo.

Sus heridas eran graves: una costilla rota y un corte profundo en la mejilla izquierda. El médico había advertido que, sin un cuidado meticuloso, la herida podría dejar una cicatriz duradera.

Al amanecer, el médico regresó para evaluar su estado.

"¿Dónde está tu familia?", preguntó observando la habitación.

Daniela agitó la cabeza con una sonrisa amarga. Había intentado comunicarse con Alexander muchas veces, pero él no le respondió.

Exhalando un suspiro, el médico aconsejó: "Intenta permanecer quieta. Moverte demasiado podría empeorar tus lesiones. Si no hay nadie que pueda ayudarte, te traeré a un cuidador".

De repente, una joven enfermera intervino: "¿No es usted novia de ese incendio que llegó a los titulares? ¿No está aquí su esposo?".

La enfermera jefa escuchó la conversación y tosió levemente para silenciar a su colega. Inclinándose hacia ella, murmuró: "En realidad está arriba, atendiendo a otra persona".

Los ojos de la enfermera se abrieron con incredulidad. "¿Qué? ¡Pero esa chica solo tiene un pequeño rasguño en la mano!".

Era Daniela quien necesitaba cuidados con urgencia.

La enfermera jefa negó con la cabeza. "Hay un equipo entero arriba atendiéndola. Es muy injusto ¿no?".

La humillación y desesperación se apoderaron de Daniela. Sentada en el borde de la cama del hospital, sintió su sangre helarse y su cuerpo temblar sutilmente.

Apoyándose en la pared, subió las escaleras hacia la sala VIP.

Al detenerse en la puerta, vio al hombre que había amado durante una década alimentando a su hermanastra Joyce. Se miraban a los ojos con un afecto palpable.

Katrina Harper, la madrastra de Daniela, tenía la boca tapada con una mano mientras las lágrimas brillaban en sus ojos. "Caiden, ¿es posible que esto sea karma? ¿Mis errores pasados atormentan ahora a nuestra hija?".

Caiden Harper, el padre biológico de Daniela y esposo de Katrina, tocó gentilmente su hombro para consolarla. "No, solo fue un incidente desafortunado. Nada de esto es tu culpa".

"¡Papá! ¡No fue un accidente, fue un intento de asesinato! Daniela detesta que tú y Alexander le muestren menos cariño que a mí. Es maliciosa. Éramos las únicas durante el incendio y ella me empujó. Quería matarme".

Luego, se dejó caer en los brazos de Alexander mientras las lágrimas caían incontrolablemente por sus mejillas.

Katrina observó la mano arañada de su hija y se inclinó hacia Caiden, buscando consuelo en sus brazos.

"Caiden, tal vez Joyce no sea de tu misma sangre, pero te ha aceptado como su verdadero padre. ¿Quién podría imaginar que ese amor sería un desastre para ella? He renunciado a mucho para mantener a Daniela contenta. Juré no tener más hijos después de casarme contigo, pero parece que nada la satisface. ¿Qué más desea de mí? ¡Puede quitarme todo, incluso mi vida, si es lo que quiere! Pero, ¿por qué Joyce tiene que sufrir? No ha hecho nada malo para merecer esto".

Sus sollozos eran tan intensos y angustiados que cualquiera creería que era Joyce quien tenía una costilla rota y el rostro destrozado.

Daniela estaba escondida afuera, escuchando cada palabra venenosa en su contra.

Desconsolada, vio a los dos hombres que más amaba, su padre y su esposo, dar toda su atención a Joyce, sin decir nada para defenderla.

Su frágil corazón se rompió en pedazos.

Aunque su cuerpo parecía protestar a gritos, había luchado para llegar hasta ahí. Con el dolor abrumándola, se dio la vuelta y regresó a su habitación con pasos lentos y agonizantes.

Tras la muerte de su madre, parecía haber perdido también a su padre.

Y su esposo, con quien había crecido, había entregado su corazón a otra, dejando el suyo hecho pedazos.

Era una terrible traición.

Al anochecer, Alexander llegó a su habitación con un recipiente de comida y se detuvo bruscamente en la puerta.

Sus rasgos tenían un desdén profundo, como si el mismo aire le repugnara.

Sus ojos distantes la atravesaron.

Reuniendo todas sus fuerzas, Daniela se incorporó y dijo con una desesperación dolorosa: "Te juro que yo no empujé a Joyce. Me dijo que su regalo de bodas para mí estaba en el almacén. Pero cuando entramos, las llamas nos envolvieron y la puerta se quedó cerrada desde afuera".

Con una mirada severa e impaciente, Alexander murmuró: "Daniela, deja de engañarte a ti misma. No tiene sentido que sigas fingiendo. Siempre has odiado a Joyce por ser la favorita de todos, ¿pero sabotear el día de nuestra boda con tanta malicia? ¡Jamás pensé que serías capaz de hacer algo tan monstruoso!".

Capítulo 2 Discúlpate con Joyce

De manera tranquila, Daniela le explicó la situación a Alexander. "Hay cámaras de vigilancia en el almacén. Aunque el incendio las haya destruido, debe haber copias de seguridad guardadas en algún lugar".

"¡Suficiente!". Alexander entrecerró los ojos mientras la miraba con rabia. "Solo estás buscando excusas para salir de esto. Las imágenes de vigilancia pueden manipularse. ¡No confío en ni una sola palabra tuya, mentirosa!".

Daniela lo miró fijamente.

Él tenía una mirada aguda e inquebrantable. Siempre que miraba a alguien, parecía atravesarlo por completo.

Durante más de una década, Daniela se había aferrado a la ingenua esperanza de ser capaz de descongelar su gélido corazón, pero jamás imaginó que terminaría así.

"¡Discúlpate con Joyce ahora mismo!", bramó Alexander.

Daniela sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua helada, y su cuerpo comenzó a tambalearse.

"¡Soy tu esposa! ¿Por qué no me crees?", exigió con vulnerabilidad.

"Daniela, ya te lo he dicho. ¡Discúlpate! Si Joyce decide llevarlo a los tribunales, serás tú quien termine llorando y rogando por misericordia".

Sus palabras cortantes se sintieron como un cuchillo afilado que desgarraba el frágil corazón de la mujer.

Esta boda, esos diez años en los que ella había mostrado amor y devoción, habían sido una cruel farsa.

Con un fuerte tirón del cuello, Alexander la llevó a rastras hacia la sala de Joyce.

Una enfermera fue corriendo detrás de ellos. "Tiene una costilla fracturada", dijo con desesperación. "La paciente necesita cuidados y descanso. ¡Lo que está haciendo es un completo abuso!".

Pero Alexander ignoró rotundamente sus súplicas.

Daniela estaba tropezando mientras él la arrastraba por los impecables pasillos hacia la exclusiva sala VIP.

La habitación tenía una ambiente cálido y tranquilo. Joyce yacía en la cama mientras Katrina le ofrecía trozos de fruta a su lado.

Al entrar Daniela, esta última le lanzó una mirada fugaz y luego se volvió hacia otra parte, fingiendo ignorar su presencia.

El rostro de Caiden se torció de repulsión. "¿Tienes la audacia de venir? ¿Sabes cuál es la condición de tu hermana?".

Daniela sintió que su corazón se entumecía y se volvió hacia él. "Papá, ¿has olvidado que soy tu hija de sangre? ¿Recuerdas que prometiste no volver a casarte nunca después de que mamá nos dejó? Prometiste que me cuidarías. ¿Y esto es lo que haces?".

Su padre ni siquiera le estaba dando la oportunidad de aclarar la situación o defenderse.

La expresión de Caiden vaciló un momento, pero entonces frunció el ceño con fastidio mientras le daba una mirada aguda. "¡Eres tú quien arruinó todo! ¿Por qué me echas la culpa? Te has vuelto bastante atrevida, ¿no? ¡No puedo creer que ahora te atrevas a desafiarme!".

En la cama del hospital, Joyce se veía saludable a pesar de su supuesta fragilidad.

Con un gesto exagerado, presionó sus manos contra su pecho como si se estuviera quedando sin aliento. "¿Quieres que papá envejezca y viva solo el resto de su vida, Daniela? ¿Has considerado su soledad cuando no esté casado? ¿Quieres que esté solo en esa casa enorme, sin nadie que lo cuide cuando se enferme y que ni le sirvan un vaso de agua?".

Luego, se volvió hacia Alexander. "Alexander, ¿de verdad crees que yo provocaría un incendio para acabar con mi vida?".

Este último permaneció inmóvil, escuchando en silencio hasta el final. Su expresión se ensombreció por completo.

Con frialdad e implacabilidad, miró a Daniela y le ordenó severamente: "¡Arrodíllate y ruega a Joyce que te perdone!".

Daniela le devolvió la mirada con una expresión desafiante. ¿Por qué haría eso?

De repente, Katrina saltó furiosa de su silla y se acercó a ella. Sin dudarlo, le propinó una fuerte bofetada en la mejilla.

Daniela estaba tan aturdida que, antes de que pudiera reaccionar al repentino ataque, su madrastra se desplomó en un mar de lágrimas.

"¡Daniela!", gritó señalándola. "¡Intentaste matar a mi hija! ¿Cómo puedes quedarte ahí, sin disculparte y acusándola? ¡Oh, mi pobre niña! Yo tengo la culpa de todo. Nunca debí convertirme en madrastra de la hija de otra mujer. ¡Todo es mi culpa! Fui yo quien te hizo imposible estar con el hombre que amas y puse tu vida en peligro. ¡No puedo perdonármelo!".

Caiden sintió una punzada en el pecho ante sus palabras.

Estaba tan molesto que se acercó a Daniela y también le dio una fuerte bofetada.

El impacto la hizo tambalearse hacia atrás, por lo que su cuerpo golpeó la pared mientras intentaba mantener el equilibrio.

Apoyada ahí, su mente dio vueltas mientras las lágrimas nublaban su visión.

Tenía la mirada fija en Alexander, con un toque de esperanza aún presente en su corazón.

Le rogaba en silencio que la defendiera, que incluso le ofreciera una sola frase a su favor.

Pero su respuesta solo destrozó su última esperanza. "¡Discúlpate ahora mismo!", ordenó con severidad. "O tendré que llamar a la policía. Te enfrentarás a cargos por intento de asesinato, Daniela. Es posible que te den cadena perpetua".

Capítulo 3 No hice nada malo

"Alexander...".

Aunque Daniela se había preparado para esa respuesta, sintió un dolor profundo, como si una afilada espada le atravesara el corazón.

¿Cuántas décadas podría vivir una persona?

Había dedicado diez años de su existencia a amar a este hombre e invertir su alma en la relación.

Pero solo recibió a cambio su firme defensa hacia otra mujer.

"¡Hazlo, llama a la policía!", espetó Katrina mientras buscaba frenéticamente su celular. "¡Dejemos que ellos se encarguen de esta asesina!".

En medio del caos, solo Daniela vio a Joyce apretar sutilmente la mano de su madre tras esa explosiva declaración.

Sus miradas se cruzaron fugazmente.

Katrina hizo una pausa, como si ya no estuviera tan decidida.

Fingiendo ser el epítome de la consideración, Joyce declaró: "Alexander, sé que te preocupas por mí, pero este asunto solo concierne a nuestra familia. Llamar a la policía podría llevar al arresto de mi hermana y empañar la reputación de los Harper. Es lo último que deseo. Quizás sea mejor si...". Luego, se quedó en silencio e inclinó ligeramente la cabeza. Su delicada pose ocultaba su mirada astuta. "Quizás sea mejor que lo dejemos pasar".

Caiden se sintió conmovido por su sugerencia, y Alexander frunció el ceño en señal de reflexión.

Los gélidos ojos del último se clavaron en Daniela y ordenó con escalofriante autoridad: "¡No podemos dejarlo pasar! ¡Discúlpate ahora! ¡Arrodíllate y pide perdón!".

A pesar del agonizante dolor en su costilla rota, Daniela se mantuvo firme con la columna rígida, sin mostrar ningún signo de derrota.

Fue entonces cuando se dio cuenta de una cruel verdad: su angustia no era más que una diversión para alguien que no la amaba.

"¡Ya te dije que yo no hice nada malo! ¡Soy inocente, así que me niego a arrodillarme para disculparme!".

Apenas había terminado de hablar cuando Caiden volvió a acercarse y le dio otra fuerte bofetada.

Ya muy débil, Daniela se tambaleó peligrosamente. Su cuerpo temblaba como una hoja en una tormenta. Antes de que pudiera recuperar el equilibrio, le patearon brutalmente la espalda.

Con un ruido sordo, se desplomó sobre sus rodillas.

El sonido de sus huesos estrellándose contra el duro suelo reverberó por toda la habitación. Daniela sintió un dolor insoportable que se extendió desde sus rodillas hasta su pecho.

Estaba apoyada con las palmas de las manos contra el suelo. La sangre empezó a brotar a través de los vendajes en su pecho, tornándolos de un rojo intenso.

En la puerta, la enfermera ya no pudo soportar esa escena, así que corrió a ayudarla.

Luego, se volvió hacia Alexander con una mirada severa. "He visto las noticias. Usted es el esposo de Daniela, ¿no? Cuando dos personas se casan, se supone que deben protegerse mutuamente. ¿Cómo puede tratarla con tanta crueldad? Está gravemente herida y, sin la atención adecuada, su lesión podría afectarla por el resto de su vida".

"Nunca aceptaría a una mujer tan cruel como mi esposa". Alexander fulminó con la mirada a Daniela, quien yacía desplomada en el suelo. La veía como si no fuera nada más que una mota de polvo en su zapato. "Daniela, este incidente no puede ser ignorado. Tal vez Joyce sea indulgente, pero tus acciones fueron graves, así que debes afrontar las consecuencias. ¡Te quedarás arrodillada hasta que reconozcas tu error!".

Luego, le dio una mirada a Caiden. "Señor Harper, se da cuenta de que es necesario, ¿no es así?".

Caiden asintió bruscamente. "Por supuesto, ella necesita reflexionar, así que estoy a favor".

Un médico llamó a los familiares y la habitación se vació rápido, por lo que se quedaron solas Daniela y Joyce.

Sentada altivamente en la cama, Joyce miró a Daniela, quien estaba arrodillada, sosteniéndose con las manos temblorosas. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.

"Daniela, ¿acaso importa que seas la hija biológica de papá? Mírate arrodillada frente a mí. ¡Me gusta Alexander, y si no es mío, no dejaré que sea tuyo!".

Con la mayor discreción posible, Daniela deslizó su mano izquierda en su bolsillo y presionó el botón de grabación de su celular.

Su piel pálida estaba empapada en sudor, y las gotas caían por su frente.

Sosteniendo la mirada de Joyce, preguntó firmemente: "Tú ocasionaste el incendio, ¿no?".

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