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Caricias de odio

Caricias de odio

Autor: : Rossetica
Género: Romance
Dicen que del odio al amor hay un paso. Pero, ¿Y si hay mucho menos que eso? ¿Y si se odia con la misma fuerza con que se ama? Eric y Kaia, sin conocerse de nada se vieron obligados por el destino a casarse. Ambos huían de un mismo enemigo sin saberlo, y por ese motivo acaban siendo esposos. Se casaron de manera intempestiva y se dieron el adiós en pleno altar, resultando así, que no se conocían más allá de sus nombres. Cuando el hermano de Eric muere en manos de Kaia, sus caminos se vuelven a cruzar y el amor que crece cada día entre ambos, mezclado con la sed de venganza, los lleva a odiarse con desesperación. ¿Cómo sobrevive un amor a tanto odio? Atrévete a conocer la historia de estos dos enamorados, que luchan con uñas y dientes contra una enorme herencia, entre caricias de odio.

Capítulo 1 Prólogo

Estoy en Nueva York, vestida de novia en un ayuntamiento a punto de casarme.

Todo a mi alrededor me produce náuseas y vértigo.

-Señora LaBeouf -repite el alcalde con inquietud -, acepta usted al señor Jackson como su legítimo esposo.

Es la segunda vez que me lo pregunta y los dos testigos que están aquí como únicos invitados, suspiran a la par creando un ambiente de sosobra en el reducido espacio en que nos encontramos.

A mi derecha mi padre me mira por encima del hombro de mi futuro marido y asevera su expresión para presionarme a responder al mismo tiempo que Daniel me toma de una mano y aprieta mis dedos al punto casi de fracturarlos.

En ese mismo momento, sin que yo puedo evitarlo me sube la bilis por la garganta y le suelto el vómito encima lo que lo obliga a soltarme.

-¡Joder!¿Acaso eres estúpida? -brama quitándose el saco de su traje intentando en vano no embarrarse y yo echo a correr fingiendo más arcadas.

Salgo corriendo al pasillo sabedora de que tengo que esconderme bajo alguna piedra si quiero librarme del castigo por lo que acabo de hacer, pero no voy a empeñar mi vida de esta manera.

Doblo en la primera esquina que me encuentro y tropiezo contra un tórax muy bien elaborado porque duele como el demonio. Me frenan sus manos en mis brazos y los dos soltamos un jadeo espontáneo.

-¡Dios...!

El hombre con el que he topado parece de dos metros de altura. Alzo la vista y me encuentro con unos ojos azules que casi se transparentan y me dejan ver su alma. Va vestido de traje, con el pelo negro sudado y espeso sobre su frente y la flor en su solapa me dice que está en este ayuntamiento por los mismos motivos que yo.

-Perdone, tengo prisa -me disculpo e intento salir de allí antes de que me encuentre mi padre y me obligue a arruinar mi vida pero me detiene diciendo...

-¿Te casarías conmigo?

Me freno en el acto y le sostengo la mirada unos segundos. Es evidente que me está proponiendo un negocio porque nadie se casa porque sí con un desconocido y si lo pienso dos veces tampoco hago lo que voy a hacer.

-Si me das cincuenta mil dólares en efectivo.

Cuando salí huyendo no pensé en nada más que en mí y en lo que significaría casarme con ese abusador.

Pero, ¿Y mi madre?¿Y mi carrera?

Haberme tropezado con este desconocido puede solucionar eso y a su vez librarme para siempre del chantaje perpetuo de mi padre.

-Hecho. Pero deberás estar casada conmigo un mes. Y firmarás mañana separación de bienes en el mismo instante en que te daré tu dinero.

Le ofrezco la mano porque me parece justo.

Ni él puede llevar encima tanto dinero ni yo firmaré nada hasta que ambos no cumplamos con la parte del trato que nos corresponde.

-Vamos que no tengo tiempo.

Tira de mí y me mete a una sala parecida a la anterior en la que estaba y por evidencia visual recojo en mi derrape por el sitio, que esta ceremonia es tan falsa como la que iba a protagonizar yo.

El funcionario hace su trabajo mientras el moreno y yo nos sostenemos la mirada unos segundos hasta que los dos decimos sí, y estampamos nuestra firma en el papel que dice que somos marido y mujer.

Nos damos la mano y en el segundo en que voy a pedir su teléfono, para vernos al siguiente día y acabar la negociación, el mío vibra entre mis pechos y lo saco bajo la atónita mirada de todos que ya es la segunda cosa que ven salir de entre ellos. Allí también llevaba mi documento de identificación.

Gracias a esas manías previsoras mías, pude casarme con este desconocido en tiempo récord.

-Selen, ¿Qué pasa? -pregunto a mi amiga alzando el dedo índice y corazón delante de los azules ojos de mi flamante marido para pedir un segundo.

-Tienes que venir ya al hospital -demanda asustada -. George se tomó una copa de vino y no puede asumir la operación y tenemos un aneurisma muy importante sobre quirófano, esperando por tí.

Me quedo muda sin saber que decir y el hombre delante de mí me observa curioso.

Solo soy residente de último año de neurocirugía y a punto de empezar mi doctorado en la especialidad, no me corresponde a mí asistir un diagnóstico como ese.

Sin embargo no puedo negarme.

Si George me necesita tengo que hacerlo y sin tener tiempo de pensarlo dos veces, salgo corriendo de allí y voy diciéndole a mi amiga mientras corro vestida de novia, que prepare todo para operar en veinte minutos.

Mi vida se complicaría mucho después de este episodio. Jamás podría imaginar el cruce de caminos que traería esta fatal situación.

Capítulo 2 1

-¡Dime, por favor, que conseguiste la información de ese hombre!

Mientras avanzo a toda velocidad por los pasillos del hospital, casi puedo jurar que le estoy gruñendo al tío del otro lado de mi teléfono móvil. El mismo que se hace llamar: <>.

Tengo que entrar en cirugía. La más importante que haré en mi vida probablemente y no consigo que me den noticias del hombre con el que legalmente me acabo de casar y al que ni siquiera conozco. ¡Joder!, es que no sé ni cómo se llama.

-Doctora LaBeouf le necesitan con urgencia, por favor entre a desinfección.

La enfermera que me va quitando y poniendo ropa por los pasillos a medida que caminamos prácticamente corriendo, me riñe para que cuelgue el teléfono mientras el otro inepto me dice al otro lado de la línea, que aún no hay datos fiables.

¿Y cuándo los habrá?

¡Maldita sea!

-¡Encuéntralo! -Exijo y cuelgo.

En un necesario acto le paso el aparato a ella mientras entramos al salón de lavado y por el cristal que tengo delante de las pilas de agua, mientras me enjabono hasta los codos y me doy cepillo en la piel, me percato del equipo que tengo esperándome en quirófano y de quién es la persona que yace sin conocimiento sobre la mesa de operaciones.

¡Hostia puta!¡Es Emer, el dueño del hospital!

-¿Cómo voy a operar a Emer, George? -pregunto mientras me amarran la bata a mis espaldas -. Es un aneurisma y es el jefe. No puedes hacerme esto.

-Voy a estar a tu lado, muñeca -le siento el aliento etílico y ruedo los ojos -. Te supervisaré pero necesito que me ayudes.

-Los demás podrían hablar...si algo va mal.

-Kaia, he elegido el equipo precisamente para garantizar que lo que pase aquí, aquí se quede.

-Yo te mato...

Somos muy amigos y alguna vez nos hemos acostado pero es mi maestro, mi jefe y sobre todo mi amigo...tengo que ayudarlo y conozco a la mujer de Emer, no puedo dejar que muera si puedo hacer algo para salvarlo.

Unas horas después ya le he operado, lo llevamos a terapia intensiva para que se recupere y me dispongo a acompañar a George a comunicarle a la familia la situación.

-Lo has hecho muy bien -me facilita y me arranco el gorro de la cabeza mientras camino a su lado, cansada y en pijama quirúrgico todavía -. Gracias, Kaia. Muchas gracias.

-Por lo menos todo salió bien, no te preocupes.

Llegamos al salón de espera y la familia es comunicada por ambos de la situación de Emer Marzzolli. Su mujer se abraza a su madre y todos lloran asustados.

Entre ellos, de repente unos conocidos ojos me atraviesan...<>¿Esto es coincidencia y absurdos?

George me toma de la cintura para irnos y dejarles intimidad y de repente le tengo encima, me agarra de la muñeca y sorprendentemente ordena...

-¡Ella viene conmigo!

-¿Usted quien es? -mi amigo se pone nervioso y luce molesto al preguntar.

-Soy su...

-Vete, George -interrumpo al moreno de ojos asombrosos antes de que cuente todo a mi compañero -. Yo me quedaré con él y ahora subo.

-¿Estás segura? ¿Le conoces? -mientras mi amigo sigue inquieto mi marido le mira altanero y hace presión en mi muñeca.

-Luego te explico. Me quedo con él, no te preocupes.

Con cierta resistencia finalmente George se va y el extraño con el que estoy casada me lleva a rastras casi, por un pasillo sin transitar y me pega a una pared para abalanzarse sobre mí y rabioso preguntar...

-¿Sabías quién era? ¿Por eso te casaste conmigo? Estabas ahí oyendo todo y decidiste actuar.

-No entiendo de qué rayos hablas -soy honesta -. De todos modos quedamos en firmar esa separación de bienes y en un mes estarás lejos de mi vida. Me pagas y todos contentos.

-El tipo que operaste es mi hermano. Si algo le sucede yo seré el dueño de todo el sistema de salud a nivel global que tiene mi familia... no puedo creer que todo sea coincidencia -me acusa.

-No sé qué tiene que ver eso conmigo..

-Sí, lo sabes...eres una trepadora que -le suelto una bofetada y nos quedamos mirándonos con odio los dos.

Me toma de la cintura, alza mi cuerpo contra el suyo y me mete en una habitación vacía, no sé cómo puede hacer todo como si conociera cada paso que da y me empuja contra una pared, me sube las manos y pega nuesttos cuerpos mientras me revuelvo contra él.

-¡Suéltame, maldito! -mascullo y está muy cerca de mi.

-Procura que no le pase nada o no podrás imaginar lo que será de tí -amenaza y su aliento mentolado me marea. Está demasiado cerca, demasiado enfadado, y demasiado guapo -. ¿Te acuestas con ese tipo?

-Y, ¿a tí que te importa?

-Soy tu marido y mi esposa no puede estar con nadie que no sea yo.

-Pero...tú estás fatal de la cabeza. Yo no soy nada tuyo. Es un acuerdo...

-Un acuerdo que cambiará si a mi hermano le pasa algo...no tienes ni idea de lo que acabamos de hacer.

Me quedo callada mirando su boca roja. Como se muerde sus labios y me mira descaradamente por todo el cuerpo que está pegado al suyo.

Este hombre tiene algo que me asusta y me gusta a la vez j su forma de mirarme me preocupa casi tanto como aquello que dice.

-Suéltame. Vamos a hablar como personas civilizadas -propongo agitada. Siento mi cuerpo reaccionando al suyo.

¿Qué demonios me pasa?

-No sé si hablar sea lo que quiero ahora mismo -ni si quiera sabe mi nombre -. Lo siento pero no puedo evitar hacerlo.

Ni siquiera puedo preguntar a qué se refiere cuando ya ha tomado mi boca. Sus labios suaves intentan dominar los míos y trato de resistirme a la invasión de este extraño con el que estoy casado pero algo entre los dos me lo impide.

Finalmente gemimos a la par cuando me relajo y su lengua entra en mi boca. Me arprieta contra la pared con su enorme cuerpo y tengo la sensación de estar activando una cosa muy peligrosa entre los dos.

-No puedo parar...¿Quién eres y por qué sabes así?

Suelta mis manos y las hundo en su pelo. Hace mucho no me besaban de esta forma y todo lo demás desaparece cuando las suyas bajan por mi silueta, entran en mi pijama y me acarician la espalda y luego tocan mis pechos metiéndose debajo del sujetador. No sé lo que estamos haciendo pero no parece que podamos parar.

-¡Oh, joder! -maldice pasando los pulgares por mis pezones duros y le muerdo los labios llena de un placer que hace mucho nadie me da y que no esperaba de un desconocido con el que acabo de casarme.

Cuando su miembro duro se roza con mi entrepierna, siento el busca sonar y con esfuerzo y jadeando le miro por encima de semejante macho posesivo y dominante.

-¡Hostias...tengo que irme!

El aviso de paro cardíaco es lo que me hace salirme de la locura que estaba cometiendo y le dejo jadeando contra la pared mientras como puedo me acomodo la ropa saliendo en estampida a intentar salvarle la vida a su hermano que está muriendo mientras yo retozo con él...esto se va a complicar.

Capítulo 3 2

Eric Marzzolli

No puedo dejar de pensar en ella. No he podido desde que la conocí. Horas intentando entender que demonios sentí cuando la tomé como mi mujer y ahora me ha puesto más inquieto aún.

Recostado contra la pared del salón donde mi hermano me hacía sus demostraciones quirúrgicas cuando estudiaba, me saco la polla dura y empiezo a menearmela con vehemencia sin poder apartar la frente de la pared si quiero mantener el equilibrio. Esa maldita rubia me ha puesto a cien. Ha despertado sentimientos de pertenencia que jamás he tenido por una mujer y nunca he deseado tener tampoco, no soy un tipo celoso y definitivamente no voy jodidamente reclamando hembras para mi por la vida; pero con ella fue distinto. Algo casi instintivo, natural

Una necesidad visceral de dejar claro que soy su dueño y ella me pertenece a mi, sin que nadie más pueda tocarla.

Después que huyó de la boda imprevista, me quedé pensando en la locura que cometimos y entonces vengo a aquí y tengo que verla, al mando de la cirugía de mi hermano y siendo manipulada por las manos de otro tipo cuando es mía. Completamente mía. Soy su marido, ella mi mujer y si Emer no sobrevive las cosas serán más difíciles e irán mucho más allá del mes que ambos pactamos hace un rato.

Esa mujer va a hacerme cometer locuras. Ya lo sé.

Los malditos Zallinskis iban a tener mayoría en la empresa conjunta de la familia si yo no me casaba. De todas las propiedades que tenemos esa es la que más le importa al abuelo y jamás podría dejarla en el aire pero...joder, casarme con una Zallinski no me apetecía. Salí huyendo y me tropecé con ella, esta rubia enloquecedora que se veía tan necesitada como yo de huir de algo parecido. En ese momento se sintió exactamente como lo perfecto pero ahora, ahora que la he vuelto a ver.

..que la he besado, tocado y reclamado...ahora será mucho más difícil de manejar.

Aprieto mi columna de carne con más fuerza hasta que logro que en medio de un jadeo silencioso, me explote el clímax lanzándolo contra la pared. Es inadecuado y mal educado por mi parte pero no puedo ir donde mi familia con una erección de campeonato mientras mi hermano lucha por su vida.

Me acomodo la camisa como puedo y trato de recomponerme, lanzo algo de alcohol a la pared embarrada y me salgo escabulléndome con cuidado para volver con los míos.

Solo necesito doblar por el pasillo para volver a verla. Su pelo saliendo rebelde por su espalda en tanto mi madre le mira, Jenha -la mujer de Emer -le toma las manos y llora. ¿Qué jodidos pasa?

-¡¿Mamá...?! -todos se vuelven a verme -. ¿Qué pasa?

Mi hermano pequeño está en brazos de la abuela. Mamá niega anegada en llanto mientras mi padre sostiene al abuelo que está demasiado pálido y mi hermana Anne corre hacia mi para saltar a mis brazos y darme la respuesta a tan estúpida pregunta:

"Emer ha muerto" "Mi hermano ha muerto y mi mujer le ha matado".

Kaia LaBeouf

Jenha me aprieta las manos tratando de soportar en mi, su dolor. Sabe cuánto quería a su marido. Sabe que soy quien visita cada consulta de su embarazo porque Emer solo confía en mi para cuidar de su mujer y sus hijos no natos pero sin embargo, nadie de la familia al completo que acabo de conocer sabe que me acabo de convertir en parte de ellos además de ser la portadora de la mala noticia.

Yo también lloro. También lo siento y también cargo con el peso de saber que lo hice bien pero que no fue suficiente. George ni siquiera se atreve a venir a dar la cara. He tenido que hacerlo todo en su nombre y no me pesa pero joder... el tipo a mi espalda me mira acusatorio y tengo miedo de que sepa que hubo irregularidades en la cirugía de su hermano más no errores. Simplemente los aneurismas no son fáciles de sobrevivir.

-Te avisaré para que vengas al funeral, Kaia -la viuda me dice como puede -. Él te quería y sé que tú también a él.

-Jenha tengo que decirte algo...

-Luego -ella me corta y se aleja dándome un apretón con la mano -. Hablamos luego tengo que...

Me sorprende verla tan calmada pero la seguiré de cerca. Quiero confesarle que me he casado con su cuñado, que no sabía nada y que todo esto es una locura pero no es el momento, en eso le doy razón.

-¡Ven conmigo!

La voz del hombre con el que tengo una especie de contrato matrimonial me taladra los sentidos. Su mano toma una de mis muñecas y nos guía por el pasillo hasta el despacho de su hermano donde nos encierra con llave, tirando la puerta enseguida de entrar.

-¿Qué crees que haces? -me detengo al recordar que no nos conocemos.

-¿Quién operó a mi hermano? -me aborda directamente.

-Somos un equipo -estamos frente a frente -, y es nuestro equipo el mejor del hospital. Tú hermano nos hizo lo que somos.

Sigo estando sorprendida de que esta maldita casualidad esté pasando pero tengo que seguir tirando para alante. No hay de otra.

-Dame un nombre, Kaia -mi nombre suena fuerte entre sus labios -. Quiero un culpable de la muerte de mi hermano o serás definitivamente tú.

-Pero, ¿Qué estás diciendo? -le empujo intentando poner distancia pero nos sostiene juntos -.Nadie es culpable. Y en cualquier caso un nombre no cambia el resultado, y no puedes asumir que le matamos cuando le salvamos. Joder...¿Cómo te atreves?

En medio de mi insulto forcejeamos y logro abrir la puerta para alejarme de él y enseñarle algo cuando me retiene nuevamente y las cosas se complican más todavía.

-¡Sabía que estarías aquí, maldita cobarde! ¿Te estás acostando con Emer Marzzolli, y por eso no te quisiste casar conmigo?

Daniel está delante de mi fuera de control. Lleva un aspecto peligroso en su expresión y no espera mirar al tipo que sale de detrás de mí que ahora tiene más elementos para dudar de mi persona teniendo en cuenta la sarta de idioteces que acaba de soltar por la boca el tío con el que me obligaron a casarme y del que salí huyendo luego de vomitarle encima.

-¡Perdona, ¿de qué coño hablas?! -el moreno con el que sí me casé le enfrenta y me aparta.

-Estoy hablando con mi mujer, no te metas -Jackson me busca con los ojos y los míos caen cuando...

-Pues resulta que Kaia -se endereza Eric Marzzolli con arrogancia -...es mi mujer. Así que aquí las explicaciones las pido yo que soy su marido.

Esto tiene que ser algún tipo de broma pero sucede...que no tiene ni puñetera gracia.

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