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Casada Por Contrato Con El CEO... Y El Cometió Su Peor Error

Casada Por Contrato Con El CEO... Y El Cometió Su Peor Error

Autor: : uva_fresa
Género: Romance
Sofía Adams lo tenía todo bajo control: una carrera brillante como doctora, un matrimonio que parecía sólido y un futuro que prometía estabilidad. Sin embargo, su vida se derrumba cuando descubre que su esposo, el poderoso CEO Matt Stone, la traiciona con su secretaria, Anaís, y planea construir su legado lejos de ella. Lo que Matt no esperaba era que Sofía no fuera una mujer débil dispuesta a desaparecer en silencio. Tras un divorcio mediático, una manipulación pública cuidadosamente ejecutada y un embarazo convertido en arma de guerra, Sofía entra en un juego peligroso donde la venganza, el poder y la estrategia se entrelazan. Con la ayuda de Leandro Ricci, un enigmático empresario vinculado a la mafia italiana, Sofía comienza a desmantelar la vida de Matt pieza por pieza: su empresa, su reputación y su futuro. Mientras Matt y Anaís intentan sobrevivir aliándose con la mafia peligrosas en Asia, Sofía aprende las reglas del verdadero poder: anticiparse, manipular y atacar donde más duele. Guiada por Matteo Ricci y respaldada por Leandro, los mafiosos mas peligrosos y respetados de toda italia comienza a construir su propio legado, uno que no solo busca justicia, sino control absoluto. En un mundo donde la traición se paga con sangre y los errores no se perdonan, Sofía deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar. Porque cuando el pasado regresa reclamando venganza y el enemigo aún respira, solo hay dos opciones: caer... o convertirse en alguien imparable.

Capítulo 1 01. El comienzo de todo

El comienzo de todo

-Doctora Sofía, ¿está segura de que quiere firmar el documento y realizar el tratamiento? -preguntó el médico de cabecera de familia.

-Sí, Edwards, quiero terminar con esto lo antes posible -dije mientras sostenía con fuerza el lápiz de tinta en mi mano.

-Bueno, entonces quiero que sepa que una vez que firme no hay vuelta atrás. La dejaremos en observación por tres días y luego podrá ir a casa.

-Claro, doctor.

Aún no podía creer que mi esposo Matt estuviera siendo el causante de todo eso. Desde que su secretaria, Anais, su amor de la infancia, había vuelto de Estados Unidos, él era un hombre irreconocible, como si no tuviera tiempo para mí.

Con el dolor de mi alma bajé la mano con el lápiz para firmar los papeles del aborto. Así es, estaba embarazada. Embarazada de mi esposo, que ya no estaba enamorado de mí, que cada vez que podía elegía a Anais antes que a mí.

Él se lo pierde, me dije para mis adentros, conteniendo las lágrimas. Si no hubiera sido por el correo electrónico que me envió Leandro en ese momento, habría cometido el error más grande de toda mi vida.

-Lo lamento, surgió algo -dije mientras tomaba mi abrigo y salía del lugar.

Lo curioso fue que, al momento de salir de la consulta, Matt estaba frente a mí, junto con Anais. La chica se sujetaba fuertemente el estómago, con gestos de dolor y quejidos. No pregunté qué hacían ahí; ¿qué otra cosa estarían haciendo en el área de maternidad?

-Sofía, puedo explicarlo -dijo Matt mientras sonreía nervioso.

-No expliques nada -dije, desviando la vista.

-¿Qué haces aquí? -me preguntó, incrédulo.

-Matt, trabajo aquí. ¿Se te olvidó?

Nuestra conversación fue interrumpida por un falso quejido de Anais. Rodé los ojos y me marché.

¿Cómo podría describir mi relación con Matt? Digamos que yo, Sofía Adams, de veintisiete años, egresada de medicina hace algunos años, un día, durante mis prácticas matutinas, conocí a Philip Stone, un gran empresario multimillonario con un carácter odioso. No lo juzgo: era mayor, estaba cansado y además enfermo.

Ese sábado por la mañana me tocó ser su doctora. Lo atendí como nunca, no porque fuera uno de los CEOs mas famosos de todo le continente, sino porque ese hombre estaba perdiendo su humanidad. Sentía lástima por él.

Su hijo, Matt Stone, llegó esa misma tarde, ebrio como nunca. Luchaba contra los guardias mientras intentaba entrar a la habitación. Se veia un hombre completamente fuera de sus cabales, desorientado y perdido en la vida.

-Alto, déjenlo pasar, es el hijo del paciente -les dije.

Esa fue la primera vez que Matt me miró a los ojos con ese brillo inexplicable.

Dentro de la habitación, Matt discutía con su padre. Poco corazón tenía al seguir discutiendo con un hombre que estaba a punto de fallecer. La actitud del chico me parecia en extremo arrogante y yo no toleraria ese tipo de comportamiento dentro de mi hospital, y menos para un padre.

-¡Silencio! -grité con firmeza-. El paciente debe descansar. No es momento para disputas familiares. Si te comportas como un niño, mejor lárgate.

En ese instante, el señor Philip sonrió como si hubiera encontrado oro.

-Tú -dijo firmemente-. Tú serás la esposa de mi hijo.

Quedé boquiabierta. Había conocido recién a aquel muchacho malcriado y su padre quería que nos casáramos.

- eres perfecta, mirate ! Tu caracter es lo que este niño necesita en su vida, un orden. Oh.. querida doctora - dijo el hombre extendido en la camilla mientras me sonreia de oreja a oreja - casate con mi hijo para que asi el pueda ser un mejor hombre, la muerte de mi esposa le afecto demaciado y yo estoy pronto a irme de este mundo, no puedo dejar a mi pequeño sin control- sus ojos me suplicaban.

La propuesta me parecia absurda, como iba a casarme con conveniencia con el hijo de un CEO solo para poder poner orden en su vida, pero habia terminado mi carrera hace poco y no tenia el suficente dinero para poder pagar todos mis estudios, era una propuesta tentadora. Sin mas acepte, el muchacho era atractivo pero tenia un caracter desagradable, pero con el paso del tiempo eso cambiaria.

Eso ocurrió hace aproximadamente cinco años. El señor Philip estaba fascinado conmigo, una doctora joven que podía controlar a su hijo. Lamentablemente, Matt no sentía lo mismo. A pesar de que aceptó sin hacer reproches, sabía que su corazón no me pertenecería. Solia ser dulce y cariñoso cuando nadie nos veia, pero en los medios solo usaba una carte ade nuestro matrimonio.

Ambos ganamos en ese matrimonio arreglado, el mejoro como persona y se intereso un poco mas por el negocio de su padre, mientras yo pude pagar todos mis estudios y comenzar a ahorrar con el sueldo que ganaba.

Acepté porque me ofrecieron una gran cantidad de dinero. Lamentablemente, no tenía a mis padres conmigo para que pagaran mis estudios; tuve que endeudarme para poder ejercer. Esto cayó como un regalo del cielo. Lo bueno era que se trataba de un matrimonio de puertas hacia afuera: solo fingíamos para los noticieros, y eso no me molestaba.

Pero, como era de esperarse, estar tantos años con ese hombre hizo que generara sentimientos por él. Por un momento pensé que Matt también los sentía por mí. Éramos una pareja feliz y muy enamorada... hasta que su padre, Philip, el CEO de K.O. Company, falleció.

Matt se convirtió en el nuevo CEO. Pasaba más tiempo trabajando que conmigo. La distancia se hizo aún mayor cuando Anais, su ex amor de la infancia, volvió de Estados Unidos por la muerte de Philip, con la excusa de querer ver a su viejo mejor amigo. Yo estaba segura de que regresó porque sabía que Matt ahora era el CEO con mayores riquezas del continente.

Pensé que solo sería una burda visita, pero no contaba con que Anais fuera contratada por Matt como su secretaria personal. Estaban juntos en todos lados, incluso se veían más que conmigo.

No estaba lista. No quería ser madre soltera si el hombre que amaba estaba enamorado de su mejor amiga y dispuesto a criar al bebé que ella supuestamente llevaba en su vientre. ¿Cómo podía competir con eso?

No quería luchar contra una mujer más joven que yo. Preferí concentrarme en mi trabajo, así como Matt lo hacía con el suyo. De esa manera, todos seríamos felices. Pero, sin darme cuenta, yo ya no era feliz junto a él. Lo mejor sería que firmáramos el divorcio.

La pena en mi corazón era enorme, pero mayor era la lástima que sentía por Philip. Juré que amaría a su hijo y lo guiaría por el camino del bien, pero no pude hacerlo. Matt estaba más concentrado en otras cosas que en su esposa embarazada; estaba concentrado en su secretaria embarazada, que cargaba un hijo que ni siquiera era suyo.

Una idea se iluminó en mi cabeza. Como doctora tenía acceso a los archivos del hospital. Sabía que era poco ético, pero necesitaba sacarme la duda. Busqué los datos de Anais Carrera y, como esperaba, estaban vacíos. No había rastro de embarazo. Era mentira, una total farsa.

Sonreí para mis adentros. Podría usarlo en su contra, pero esa no era yo. Preferí cerrar los expedientes y seguir con mi vida. No caería tan bajo como ella.

Cuatro años atrás...

Ahí estaba yo, esperando a Matt con una cena por nuestro aniversario de bodas. Cumplíamos un año juntos y nuestra historia recién comenzaba. Era momento de celebrar. Philip estaba en un viaje de negocios en China, mientras nosotros vivíamos en Canadá.

Matt estaba más cansado que nunca. Su padre lo estaba preparando para ser el próximo CEO de K.O. Company, así que, notando su esfuerzo, le preparé su cena favorita: filete con ensaladas.

Mi corazón se prendió en llamas cuando lo vi entrar por la puerta con su traje azul marino, el mismo que usó cuando nos casamos. Sonreí feliz y corrí hacia sus brazos.

-Qué linda te ves, mi bella Luna.

Amaba ese apodo. Decía que la Luna era todo para él; cuando su madre falleció, le hablaba para calmarse. Me pareció tierno y romántico cuando me lo contó.

-Te amo, mi rey -comenté mientras besaba sus labios.

Todo era perfecto, pero algunas fotografias que vi de el y una chica en el album de fotos de la familia Stone desperto mi curiocidad. Ambos eran pequeños y sus rostros ern irreconocibles, pero me genero un mal sabor de boca. Cuando vi el ticket de avion de un vuelo de Estados Unidos a Canada mi curiocidad desperto aun mas. Habia pagado el voleto para una mujer de extranjero para que viniera a Canada.

Su amor de la infancia vendria a Canada para quedarse con lo que me pertenecia.

Capítulo 2 02. El fin de una vida

El fin de una vida

Todo iba con calma aquella noche. La ciudad parecía respirar en silencio mientras las luces iluminaban tenuemente las calles, y en nuestra casa el ambiente era cálido, casi perfecto. La noche fue espectacular y celebramos el aniversario de nuestro matrimonio como se debía, con risas, miradas cómplices y promesas susurradas entre copas de vino. Por un momento, olvidé por completo el peso del hospital, las largas jornadas y las responsabilidades que cargaba sobre mis hombros.

Me alisté con rapidez para ir al hospital, revisando mentalmente mi agenda y los pacientes que debía atender esa mañana, cuando una frase de Matt me sacó de golpe de mis pensamientos.

-Mi Luna, quiero un bebé -dijo de pronto.

Su voz era firme y seria, sin rastro de broma alguna, por lo que me giré lentamente para mirarlo. Sus ojos estaban clavados en los míos, brillantes, llenos de una determinación que me dejó sin aire.

-¿Matt... hablas en serio? -pregunté, completamente atónita, intentando encontrar alguna señal de que estuviera jugando conmigo.

-Sí, mi Luna -respondió acercándose-. Quiero que tengamos un hermoso hijo, un heredero de K.O. Quiero que lleves en tu vientre el fruto de nuestro amor.

Sentí como si mi corazón se partiera en mil pedazos y, al mismo tiempo, se llenara de una emoción imposible de describir. Matt podía ser frío con el mundo, distante con todos, pero cuando se trataba de mí se transformaba en el ser humano más romántico y sensible que conocía. Estaba profundamente enamorada de él, y en ese instante lo supe con una certeza absoluta.

Le sonreí con ternura, intentando ocultar el torbellino de emociones que se desataba en mi interior, y asentí lentamente con la cabeza.

-Está bien, Matt... dejaré de tomar las píldoras anticonceptivas.

No fue una decisión sencilla. Llevaba un tratamiento hormonal desde joven y sabía que no sería fácil desintoxicar mi cuerpo después de tantos años, pero estaba dispuesta a hacer el esfuerzo. Además, debía realizarme los estudios médicos necesarios; existía la posibilidad de que mi organismo ya no funcionara como correspondía debido al uso prolongado de anticonceptivos. Aun así, estaba decidida a hacer todo lo que estuviera a mi alcance.

Ese día en el trabajo fue uno de los mejores que recordaba en mucho tiempo. Atendí a mis pacientes con una sonrisa genuina, con una ligereza en el pecho que hacía meses no sentía. Sin embargo, todo cambió cuando entré a la habitación para ver a mi próximo paciente y mis ojos se abrieron hasta no poder más.

-Philip... ¿qué haces aquí? -pregunté sorprendida-. Se suponía que estabas en un viaje a China por trabajo.

El hombre frente a mí levantó la vista con calma.

-Volví hace unos días, Sofía. Quería hablar contigo.

Su tono serio me puso en alerta de inmediato. Algo en su mirada me indicó que aquella conversación no traería buenas noticias.

-Dime, Philip, te escucho -dejé el historial médico a un lado y lo miré con total atención.

-Verás... no fui a China por un viaje de negocios -confesó tras unos segundos de silencio-. Más bien fui por un tratamiento. Me estoy muriendo, Sofía, y esta noticia destrozaría a mi hijo. Sé que mi enfermedad no tiene cura y ya acepté mi destino.

Sus palabras cayeron sobre mí como un balde de agua helada. Aun así, su voz permanecía tranquila, serena, como la de alguien que había hecho las paces con la muerte. Lo miré con una pena inmensa; pensar que aquel hombre, tan duro y dominante, había cambiado mi vida para siempre.

-¿No se puede hacer nada más? -pregunté, aunque conocía la respuesta.

-Tú mejor que nadie lo sabe -respondió con una leve sonrisa-. No tengo mucho tiempo y quiero dejar todo en orden. Matt será el nuevo CEO de K.O., y quiero que tú te quedes con una parte de la empresa.

Mi rostro se confundió por completo. Lo miré incrédula, tratando de procesar sus palabras.

-Confío en Matt -continuó-, pero solo porque aún estoy vivo. Cuando yo no esté, no sé cómo reaccionará. Antes de que haga alguna estupidez, quiero dejarte a ti el nombre de la empresa. Eres una buena chica, Sofía, y sé que harás lo correcto.

Así fue como, de un día para otro, yo, con apenas veintitrés años, me convertí en dueña de una de las empresas más grandes de todo Canadá.

Los días siguientes pasaron lentamente. Intenté que los últimos momentos de Philip fueran los mejores posibles, acompañándolo, escuchándolo y cuidándolo como médico y como familia. Cuando le contamos a Matt sobre su estado de salud, algo cambió en él; se volvió más callado, más triste, y su dolor era imposible de ocultar.

Philip no viviría más de un mes, por lo que comenzaron los preparativos legales. Matt no volvió a preguntarme sobre el bebé, y yo tampoco le di información al respecto. Sabía que ese tipo de noticias no harían más que empeorar su ánimo.

Según el doctor Edward, médico de cabecera de la familia Stone, yo era infértil. No podría quedar embarazada. Aquella noticia me destrozó por dentro. Médicamente no había posibilidad alguna, pero aun así, en el fondo de mi corazón, creía en los milagros.

Esa noche, cuando llegué a la mansión, Matt estaba rodeado de papeles legales, completamente frustrado. Al verme, me sonrió con cansancio y soltó un profundo suspiro.

-Esto es terrible... no sé cómo papá podía con todo esto -dijo mientras se acercaba a mí.

-Años de experiencia -susurré-. Además, él vive por su trabajo, no tiene otra preocupación.

-Es verdad... no tenía una maravillosa esposa como yo -murmuró en mi oído, acariciando suavemente mi espalda.

Sus ojos volvieron a brillar de esa forma que siempre lograba conmoverme.

-Tal vez deberías conseguir una secretaria -comenté entre besos.

-Tal vez deberíamos practicar para tener a nuestro futuro heredero -respondió con una sonrisa.

No pude evitar que una lágrima se deslizara por mi mejilla. Me dolía saber que Matt ignoraba la verdad, pero no podía decírselo. Estaba demasiado vulnerable.

Horas después, una llamada telefónica rompió el silencio de la madrugada. Era uno de los guardaespaldas de Philip: estaban en el hospital.

Fuimos de inmediato. Matt conducía con los nudillos blancos aferrados al volante, la mandíbula tensa. Yo, aunque triste, estaba más serena; estaba acostumbrada a la muerte, pero no a ver a Matt de esa manera.

El hospital estaba lleno de cámaras y periodistas. Entramos directo a la habitación de Philip, donde yacía casi irreconocible por la enfermedad.

-¡Salgan todos! -ordené a médicos, enfermeros y guardaespaldas.

Matt lloró como un niño entre mis brazos.

Horas después, mientras realizaba los trámites legales, los noticieros anunciaron oficialmente la muerte de Philip Stone, CEO de K.O. Company.

La noticia dio la vuelta al mundo... y llegó hasta Anais.

En ese momento no lo sabía, pero lo que estaba por venir sería mil veces peor que cualquier otra cosa. Philip habia fallecido y finalmente todo saldria a la luz, en ese momento ni siquiera hubiese imaginado que Matt y Philip tenian un complot en mi contra.

Capítulo 3 03. Bienvenida tu

Bienvenida tu

Las cámaras y los noticieros rodeaban el recinto por completo. Matt mantenía su mirada vacía mientras apretaba mi mano firmemente; frente a nosotros estaba el ataúd de su padre, siendo enterrado lentamente bajo tierra.

Había muchos empresarios importantes, incluso el presidente de algunas de las federaciones más influyentes del país. El día estaba completamente nublado y las gotas de agua comenzaban a adornar el suelo, mezclándose con nuestros trajes negros empapados por la lluvia.

Miré a Matt con compasión. Sus ojos estaban vidriosos y sabía que lo único que deseaba era echarse a mis pies y llorar como un niño pequeño. Mi alma se partía en mil pedazos al verlo así, tan fuerte ante los demás, pero tan roto por dentro.

La gente comenzó a retirarse de a poco. Una tormenta se aproximaba y las lágrimas pasaban desapercibidas entre la lluvia que caía sin piedad.

Cuando ya nadie quedaba presente en el lugar, un silencio ensordecedor lo inundó todo. Estábamos Matt y yo frente a la tumba de quien quizás fue el mejor hombre de nuestras vidas.

De pronto, el sonido de unos tacones resonó a lo lejos. Miré en dirección al ruido para saber quién era aquella persona tan impuntual que acababa de llegar, pero me fue imposible reconocer a aquella mujer. Al parecer, para mi esposo no lo era, pues al darse vuelta y verla acercarse, su boca se abrió ligeramente y sus lágrimas se secaron de inmediato.

-Lamento la demora, el vuelo se atrasó un poco y además los periodistas acapararon la entrada -dijo ella con voz suave.

Matt no dijo absolutamente nada. Simplemente soltó mi mano y corrió en dirección a la mujer desconocida mientras sonreía de oreja a oreja.

Algo extraño ocurría aquí. Ellos se conocían, eso era evidente, pero yo no tenía ningún recuerdo ni detalle sobre aquella mujer. Matt nunca la mencionó y eso me parecía demasiado extraño.

Caminé en dirección a ambos para presentarme, ya que al parecer Matt no tenía intenciones de hacerlo. La nueva mujer acaparaba toda la atención de mi esposo.

-Ah, disculpa, Sofía. Ella es Anais Carrera, fue mi mejor amiga en la infancia -comentó Matt mientras se separaba de la chica.

Mi mente intentaba unir los cabos sueltos. ¿Una amiga de la infancia que no veía hace años y de la cual nunca me habló? Fruncí el ceño y miré dudosa a la chica.

-Un gusto, soy la esposa de Matt -dije con firmeza. Quería dejarlo claro, aunque seguramente ella ya lo sabía.

-Ya lo sé, sus rostros están en todos lados. Ser la esposa del CEO de K.O Company no es algo que pase desapercibido. Soy Anais -respondió con una sonrisa educada.

Estreché su mano a modo de cortesía, pero algo en ella no me agradaba. No sabía qué era exactamente, solo sentía una incomodidad difícil de explicar.

-¿Qué haces aquí? Creí que te habías ido del país para seguir tus estudios -preguntó Matt.

-Ah, supe la noticia de tu padre. No podía no despedirme de él, jamás me lo habría perdonado -respondió ella con aparente sinceridad.

-Eres muy amable. ¿Cuánto tiempo te quedarás? -preguntó él.

-Tenía planeado buscar trabajo aquí. Ahora debo ir a buscar mi maleta y hospedarme en un hotel -contestó Anais.

Ambos continuaron su conversación como si yo no existiera. Incluso, parecía que Matt había olvidado por completo que su padre acababa de fallecer.

-Te ayudaré enseguida. Kevin -dijo Matt, dirigiéndose a su conductor personal-. Lleva a Sofía a casa. Yo iré con Anais a buscar el mejor hotel para que se hospede. No me esperes despierta.

Fueron las únicas palabras que salieron de la boca de mi esposo. Matt y Anais se marcharon rápidamente por la puerta trasera, mientras Kevin me escoltaba al auto intentando evadir a los periodistas.

Cuando llegué a nuestro hogar, el silencio era abrumador. Encendí la televisión para distraerme, pero fue aún peor.

"¿Acaso el CEO de K.O Company dejó a su esposa sola luego del funeral?", "¿Se divorcia la pareja más querida del país?", "¿Qué pasará ahora con K.O Company?"

Era horrible. Matt solo había ido a dejar a su amiga Anais a un hotel, ¿por qué todos pensaban que nos divorciaríamos?

Por un momento decidí hacerle caso a mi intuición. Caminé hacia mi computadora e intenté averiguar algo sobre aquella chica. No sabía su apellido, así que fue imposible encontrar información. Sin embargo, en el álbum familiar que Philip guardaba, quizás encontraría algo útil.

Busqué entre las fotos más antiguas y ahí estaba lo que tanto temía encontrar. Un joven Matt llevaba en brazos a Anais mientras la besaba. Bajo la imagen decía: "Mejores amigos de infancia".

No habían sido solo mejores amigos de la infancia. Y ahora mi esposo estaba con esa mujer, solos, en un hotel.

Suspiré frustrada. El sonido de mi celular interrumpió mis pensamientos. Era del hospital; el doctor Edward tenía noticias sobre mi tratamiento. Tomé mi abrigo y salí rápidamente. Seguramente Matt llegaría en unas horas, yo no tardaría mucho.

Al llegar al hospital caminé hacia la oficina. Sonreí al ver al doctor frente a mí con unos papeles en las manos.

-Sofía, tengo los resultados de los análisis que tomé para saber si podíamos acudir a algún tratamiento para que puedas concebir un bebé -dijo mientras me invitaba a sentarme.

-Supongo que son buenas noticias, ¿verdad? -pregunté esperanzada.

-Más que nada, podemos iniciar un tratamiento si estás de acuerdo. Necesitarás tomar pastillas que pueden tener muchos efectos secundarios. Estarás cansada y debilitada, pero aumentan considerablemente las probabilidades de concebir un bebé.

Sonreí feliz. Finalmente podríamos ser una familia y podría darle el heredero que Matt tanto anhelaba.

-Quiero firmar -dije sin dudar.

Autoricé al doctor Edward a darme los medicamentos. No quería contarle nada a Matt aún; quería que fuera una sorpresa. Sin embargo, mi emoción era tan grande que sabía que al verlo le contaría todo.

Salí del hospital cubriendo mi rostro para que los periodistas no me reconocieran. Caminé hacia la limusina y le pedí a Kevin que me llevara a casa.

La cena de esa noche sería el momento perfecto para contarle la noticia. A pesar de haberle dicho a Matt que canceláramos nuestra cena de aniversario, insistió en que debíamos pasar tiempo juntos para distraerse.

Me cambiaría de ropa, usaría un vestido elegante y cenaríamos en el mejor restaurante de la ciudad. Por fin estaríamos solos.

Al llegar a casa todo seguía en silencio. Las mucamas dijeron que Matt aún no había llegado. Tomé mi celular y lo llamé para confirmar nuestros planes.

Marqué una, dos y tres veces, pero no respondió. Mi mente empezó a imaginar lo peor. Encendí la televisión y ahí estaba.

"El nuevo CEO de K.O Company es captado cenando con una mujer desconocida. ¿Acaso ya no está casado con Sofía?"

Mi corazón se rompió en mil pedazos. Ahí estaba ella, Anais, con su larga cabellera blanca y un vestido ajustado, sentada donde yo debía estar. Sonreía al hombre del cual me había enamorado, disfrutando de una cena que debía ser nuestra cena de aniversario.

Intenté convencerme de que no pasaba nada. Tal vez solo querían ponerse al día después de tantos años. Pero... ¿por qué todo esto me dejaba un sabor tan amargo?

¿Acaso Matt canceló nuestra cena solo para poder estar con su amor del pasado

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