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Casada con el heredero paralítico

Casada con el heredero paralítico

Autor: : Amaranthax
Género: Romance
Ethan Thomas es un joven lleno de vida y humor, a pesar de las adversidades que ha enfrentado. Tras un trágico accidente en su adolescencia que le costó la movilidad en sus piernas, Ethan no se ha dejado vencer. Trabajaba arduamente como operario en una fábrica procesadora de alimentos en Illinois y persigue su sueño académico en la universidad, decidido a forjar un futuro brillante. La vida de Ethan da un giro inesperado cuando se convierte en el único heredero de Dominique Walton, un multimillonario propietario de grandes empresas en Estados Unidos. De la noche a la mañana, su mundo cambia drásticamente: de ser un joven humilde, se encuentra en la cúspide de la riqueza. Sin embargo, para reclamar su herencia, Ethan debe cumplir con una condición inusual: casarse con su mejor amiga, Isabella. Lo que comienza como un acuerdo inesperado se transforma en un viaje lleno de emociones, risas y descubrimientos. A medida que Ethan y Isabella navegan por esta nueva realidad, se enfrentan a desafíos que pondrán a prueba su amistad. Juntos, aprenderán que el amor puede surgir en los lugares más inesperados y que los sueños, por más lejanos que parezcan, pueden hacerse realidad. Acompaña a Ethan e Isabella en esta dulce y sorprendente aventura donde la amistad, el amor y la superación personal se enlazan, llevándolos a descubrir que la verdadera riqueza no siempre se mide en dinero, sino en las conexiones que forjamos y en los sueños que nos atrevemos a perseguir. ¡Una historia que te hará reír, llorar y creer en el poder del amor!

Capítulo 1 Prefacio.

Lectura del testamento.

Ethan, mirando a su madre con incredulidad, le dijo:

-No puedo creer que esto esté sucediendo, mamá. ¿El señor Dominique realmente me dejó algo?

Lisa, la madre de Ethan, con una mezcla de emoción y nerviosismo, responde:

-No lo sabemos, Ethan. Nunca imaginé que recibirías una herencia, es absurdo -Ambos se mantienen suspicaces y a la expectativa.

Por otro lado, Jonás Walton, el sobrino del difunto, mira a Ethan y a su madre con menosprecio y les dice de inmediato:

-¿Qué hacen ustedes aquí, buitres? No tienen nada que ver con mi tío, esto es un asunto familiar.

Rápidamente, el abogado interviene antes de que siga con sus groserías:

-Jonás, basta. No es el momento para discusiones. La voluntad de tu tío era que el joven estuviera presente.

El buen Ethan se expresa con calma y asiente:

-Solo estamos aquí porque el abogado nos llamó.

-No son más que chusmas y gentuzas. ¡Paralítico! -exclamó Jonás con desprecio; siempre ha menospreciado a Ethan por ser discapacitado.

-Jonás, te pido que te calmes y respetes a los presentes -dijo el abogado, Chris Davis.

El abogado, con voz solemne y un aire de dramatismo que haría sonrojar a cualquier actor de telenovela, comenzó a leer el testamento.

-Y así, declaro que Ethan Thomas es el heredero único y universal de la fortuna de Dominique Walton.

En ese instante, Jonás casi se desmaya; se le puso la cara blanca como la pared y su expresión era tan cómica que parecía haber visto un fantasma. Ethan, por su parte, se quedó tan sorprendido que, gracias a su silla de ruedas, no tuvo que preocuparse por caerse al suelo. Su madre, por lo tanto, se quedó con los ojos como dos huevos fritos y sintió que su corazón se aceleraba como si estuviera en una montaña rusa.

«¿Creo que necesito una calculadora, tengo muchos ceros en la cabeza?», pensó, sintiendo a la vez un ataque de adrenalina y un cóctel de incredulidad y alegría. ¡Vaya forma de recibir una herencia!

Ethan se detuvo en seco y, en medio de su incredulidad, refutó:

-Espere, espere... ¿Está seguro de que no se equivocó, abogado? ¿Quizá leyó mal? ¿No será que en realidad dice que soy el encargado de cuidar las plantas de la fábrica? -cuestionó Ethan con gracia.

-No, Ethan, no hay error. Esta es la última voluntad de Dominique Walton. Eres el heredero único y universal de toda su fortuna -dijo el abogado, conteniendo la risa; todos los rostros eran un poema.

Jonás se quedó mudo, con la boca abierta, y tartamudeó: -¿Qué? ¿Yo... yo no puedo...?

-¡Jonás, parece que tu plan de heredar la fortuna se fue por el desagüe! -apunta Chris con gracia.

-¡Esto no puede ser real! ¡Necesito un abogado! -exclamó Jonás, recobrando la voz.

-Bueno, parece que ya tienes uno enfrente... ¡Y no te preocupes, prometo no cobrarte tan caro! -dijo el abogado, y miró a Ethan. Ambos se rieron cómplices.

Así fue como el apuesto Ethan Thomas, que hasta ese momento había vivido con modestia, pasó de ser un joven con pocos recursos a convertirse en un hombre rico de la noche a la mañana. La vida de Ethan había estado marcada por retos y sacrificios, pero siempre había mantenido una actitud optimista y un espíritu indomable. Desde su silla de ruedas, había aprendido a hacer frente a las adversidades con una sonrisa y un ingenio que lo hacían destacar entre la multitud.

Cuando el abogado le anunció que era el heredero único y universal de la fortuna de Dominique Walton, el mundo de Ethan dio un giro inesperado. La incredulidad se apoderó de él, pero una chispa de esperanza comenzó a brillar en su interior. De repente, las preocupaciones sobre el alquiler y las cuentas por pagar se desvanecieron y dieron paso a sueños de un futuro brillante.

Capítulo 2 La herencia.

Tiempo después...

En ese momento, Ethan se reúne con su abogado, Chris Davis, para formalizar la posesión de su herencia. Al principio, Ethan dudaba en aceptar la fortuna que le había dejado Dominique Walton, pues se sentía abrumado por la responsabilidad que conllevaba. Sin embargo, Chris, quien no solo se había convertido en su abogado, sino también en su mejor amigo, lo animó a aceptar la herencia. Le explicó que había mantenido una conversación profunda y sincera con Dominique antes de su fallecimiento, en la que le expresó su deseo de que Ethan heredara su fortuna. Dominique estaba convencido de que Ethan podría darle un uso más noble y generoso a su legado que su sobrino Jonás, un hombre ambicioso y prepotente que despreciaba a todos, especialmente a los empleados de la fábrica Walton. Con estas palabras de aliento y la confianza que Chris depositaba en él, Ethan comenzó a ver la herencia no solo como una carga, sino como una oportunidad para hacer el bien y marcar la diferencia en su entorno.

En la mansión Walton, que ahora se convertiría en la mansión Thomas, Chris y Ethan subieron al piso de arriba en un elegante ascensor que reflejaba la grandeza de la propiedad. Al entrar en el despacho, Chris se volvió hacia Ethan con una expresión seria.

-Ethan, hay algo importante que necesitamos discutir -dijo Chris, tomando aire antes de continuar. -Para poder cobrar el resto de la herencia, hay un requisito: debes casarte.

Ethan se quedó paralizado por un momento, con los ojos abiertos de sorpresa y luego nublados de preocupación.

-¿Casarme? -preguntó Ethan, con la voz temblorosa. - ¿Dónde se supone que voy a encontrar a una esposa que quiera casarse conmigo, siendo un hombre con discapacidad?

Chris sintió una punzada de pena por su amigo. Se acercó a Ethan y le puso una mano en el hombro.

-Ethan, no te subestimes. Hay personas que valoran más la personalidad que la apariencia física o la situación. Lo que realmente importa es tu corazón, tu carácter y la vida que puedes ofrecer.

Ethan bajó la mirada, sintiéndose abatido.

-Pero, Chris, ¿quién querría estar conmigo? No tengo nada más que ofrecer.

Chris lo miró con firmeza.

-Tienes mucho que ofrecer, Ethan. Eres una persona generosa, amable y con un gran potencial para hacer el bien. No te dejes llevar por tus inseguridades. La persona adecuada verá en ti lo que realmente eres.

Ethan suspiró, reconfortado por las palabras de su amigo, pero aún dudando.

-No sé, Chris. Esto parece una tarea imposible.

-No lo es -respondió Chris con una sonrisa alentadora. -Empezarás a ver las posibilidades si te abres a ellas. Y recuerda, estoy aquí para apoyarte en cada paso del camino.

Ethan asintió lentamente, sintiendo una chispa de esperanza en medio de su incertidumbre. Chris miró a Ethan con seriedad, sabiendo que el tiempo era limitado.

-Ethan, realmente tienes que pensar en esto. La herencia está valorada en miles de millones de dólares y es una oportunidad que no puedes dejar pasar. Necesitas encontrar a esa esposa.

Ethan se cruzó de brazos y su expresión reflejaba pesimismo.

-Chris, ¿de verdad crees que eso es tan fácil? No puedo simplemente salir y encontrar a alguien que quiera casarse conmigo por dinero. Además, yo no pedí ser rico.

Chris frunció el ceño e intentó hacerle ver la importancia de la situación.

-Lo sé, pero esto no se trata solo de dinero. Se trata de lo que puedes hacer con esa riqueza. Puedes marcar la diferencia en la vida de muchas personas.

Ethan suspiró, sintiéndose abrumado.

-Quizá, pero el destino me ha llevado por este camino sin razón alguna. Tal vez debería conformarme con lo que tengo y no complicar más las cosas.

Chris se acercó un poco más, mirándolo a los ojos.

-No te conformes, Ethan. La vida te ha dado una oportunidad única. No la dejes pasar solo porque te sientes inseguro. La persona adecuada podría estar esperándote, y tú podrías hacer mucho bien con esa herencia.

Ethan se quedó en silencio, reflexionando sobre las palabras de Chris, pero aún sintiéndose atrapado entre su realidad y sus miedos.

-No sé, Chris. A veces siento que el destino tiene otros planes para mí y no estoy seguro de que sean tan grandiosos.

Chris sonrió con confianza.

-A veces, el destino se presenta de maneras inesperadas. Solo tienes que estar dispuesto a buscarlo. Recuerda, estoy aquí para ayudarte.

Ethan asintió lentamente, aunque la duda aún nublaba su mente.

*****

Fundación Un Rayo de Esperanza.

Isabella se sentó en una esquina de la sala de descanso de la fundación con la mirada perdida en el suelo. Lucy, su mejor amiga y compañera de trabajo, se acercó con una taza de té humeante.

-Hola, Isa, ¿quieres hablar de lo que pasó? -preguntó Lucy, sentándose a su lado.

Isabella suspiró, limpiándose una lágrima que se le había escapado.

-No sé, Lucy. Me siento tan mal. Todo fue tan repentino... Solo quería que las cosas fueran más lentas, pero él... él se enfadó mucho.

-Es comprensible que te sientas así. No tienes que apresurarte a hacer algo que no estás lista para hacer -respondió Lucy con suavidad. -Tu virginidad es algo valioso y personal. No deberías sentirte presionada.

Isabella asintió, pero la tristeza seguía en su rostro.

-Lo sé, pero me duele que haya decidido dejarme por eso. Pensé que le importaba más que eso.

Lucy tomó la mano de Isabella y se la apretujó con cariño.

-A veces, las personas no entienden que el amor no se trata solo de lo físico. Si él no ve que eres valiosa más allá de eso, entonces no merece tu tiempo ni tu amor.

-Es difícil, Lucy. Me siento tan sola ahora -Isabella miró por la ventana, donde el sol comenzaba a ponerse. -Pensé que él era el adecuado.

-Quizá no era el adecuado, Isa. A veces, las cosas no salen como esperamos, pero eso no significa que no haya alguien mejor esperándote. Alguien que te valore por quien eres, no solo por lo que puede obtener de ti.

Isabella sonrió débilmente, sintiendo un poco de consuelo en las palabras de su amiga.

-Gracias, Lucy. Aprecio que estés aquí para mí. Solo necesito tiempo para sanar.

-Y eso está bien. Tómate todo el tiempo que necesites. Estoy aquí para apoyarte en cada paso del camino. Recuerda que siempre hay una esperanza, incluso en los momentos más oscuros.

Isabella miró a Lucy, sintiendo una chispa de gratitud y esperanza en medio de su tristeza.

-Tienes razón. Quizás este sea solo un capítulo difícil, y hay más por venir.

Lucy sonrió con picardía y dijo:

-Sabes, Isa, he notado algo interesante. Ethan ha estado viniendo a la fundación más a menudo últimamente. Creo que está enamorado de ti.

Isabella levantó la vista, sorprendida.

-¿Ethan? No, no puede ser. Solo es un amigo.

-Amiga, he visto cómo te mira cuando hablas. Hay algo en su mirada. Además, siempre busca la excusa perfecta para venir a dar sus charlas -Lucy se inclinó hacia ella con una sonrisa traviesa. -¡Quizá deberías darle una oportunidad!

Isabella se sonrojó, sintiendo una mezcla de sorpresa y curiosidad.

-No sé, Lucy. No estoy lista para eso ahora.

-Lo sé, pero no está de más tener a alguien que te admire. A veces, el amor llega cuando menos lo esperas. ¡Y Ethan parece ser un buen chico! A pesar de que es discapacitado.

Isabella sonrió levemente, sintiendo un pequeño destello de esperanza.

-Quizás... solo quizás.

En la fundación, Ethan daba charlas inspiradoras a jóvenes con discapacidad, ayudándolos a encontrar la motivación para avanzar en sus vidas. Su carisma y empatía resonaban en cada palabra, y los jóvenes lo escuchaban con atención, sintiéndose comprendidos y apoyados. Por otro lado, Isabella se encargaba de los asuntos administrativos de la fundación, organizando actividades y asegurándose de que todo funcionara sin problemas. A pesar de la discapacidad de Ethan, había una conexión especial entre ellos que iba más allá de lo físico. Isabella admiraba su dedicación y la forma en que iluminaba la sala con su presencia. Cada vez que Ethan daba una charla, ella no podía evitar sentirse atraída por su pasión y su deseo genuino de ayudar a los demás. La química entre ellos era palpable; sus miradas se cruzaban con frecuencia, y en esos breves momentos, el mundo a su alrededor parecía desvanecerse. Aunque Isabella aún lidiaba con sus propias inseguridades y el dolor de su reciente ruptura, no podía ignorar el pequeño destello de esperanza que Ethan traía a su vida.

Capítulo 3 Extraña propuesta de matrimonio.

Al día siguiente, Ethan decidió ir a la fundación para dar sus charlas motivacionales. Los jóvenes lo esperaban con alegría, ansiosos por escuchar sus palabras inspiradoras. Después de un rato, al terminar su discurso, hizo contacto visual con Isabella y ambos se miraron con cariño, compartiendo un momento que parecía suspendido en el tiempo.

Una vez que despidió a los jóvenes, Isabella se acercó a Ethan con una sonrisa, pero él notó de inmediato que había algo diferente en ella.

-Hola, Isa -dijo Ethan, con una voz suave. - ¿Cómo estás?

Isabella bajó la mirada, sintiendo una presión en el abdomen.

-Hola, Ethan. Estoy... No tan bien, la verdad. Acabo de romper con mi novio.

Ethan sintió un ligero destello de esperanza en su corazón al escucharla.

-Lo siento mucho, Isa. Debe ser difícil para ti. Si necesitas hablar, estoy aquí para escucharte.

Isabella levantó la vista, sorprendida por su amabilidad.

-Gracias, Ethan. A veces solo necesito tiempo para asimilarlo todo.

-Entiendo. Pero recuerda que no estás sola. Siempre puedes contar conmigo -dijo Ethan, sonriendo con ternura.

En ese momento, Isabella sintió que, a pesar de su tristeza, había algo especial en la conexión que compartían y una pequeña chispa de esperanza comenzó a encenderse en su corazón.

Isabella, con una sonrisa traviesa, decidió aprovechar la oportunidad para cambiar de tema y le preguntó a Ethan:

-Oye, Ethan, ¿es cierto lo que dicen por ahí en el pueblo sobre que heredaste la fortuna del dueño de la fábrica?

Ethan se sorprendió y levantó las cejas.

-¿En serio? ¡Los chismes vuelan! Pueblo chico, infierno grande, como dicen. Sí, es cierto.

Isabella lo miró con curiosidad.

-¿Y qué hay de esa fortuna? ¿Es tan grande como dicen?

Ethan soltó una ligera carcajada.

-La verdad es que necesito casarme para cobrar el 50 % de la herencia. Así que, si conoces a alguien que quiera casarse conmigo, ¡estoy abierto a ofertas!

Isabella se rió disfrutando de su humor.

-¿Y qué pasa si no logras casarte? ¿Adiós herencia? -preguntó Isabella, curiosa.

Ethan hizo una mueca exagerada, como si estuviera pensando en lo peor, dijo:

-Exacto. Tendré que poner un anuncio en el periódico: «Se busca esposa, preferiblemente con buen corazón y sentido del humor. No se aceptan excusas por la discapacidad del novio».

Isabella se rió a carcajadas.

-¡Ese sería un gran anuncio! Pero, en serio, Ethan, estoy segura de que encontrarás a alguien que vea más allá de eso.

-Gracias, Isa. Pero, si no lo logro, siempre puedo abrir una fábrica de chismes. ¡Eso seguro en este pueblo me haría rico!

Ambos se rieron juntos, disfrutando de la ligereza del momento, mientras la conexión entre ellos se hacía más fuerte.

De pronto, Ethan, con una chispa de locura en los ojos, decidió aprovechar el momento.

-Oye, Isa -dijo Ethan con una sonrisa traviesa. -¿Qué te parecería si, en lugar de buscar a alguien más, te conviertes en mi esposa?

Isabella se quedó boquiabierta y sus ojos se abrieron de sopetón.

-¿Qué? ¿Estás bromeando? ¡Eso es una locura!

Ethan se encogió de hombros, tratando de mantener la seriedad.

-No, en serio. Piensa en ello. Tú y yo casados. Así podría cobrar la herencia y, además, tendríamos una buena razón para pasar más tiempo juntos.

Isabella comenzó a reírse, aunque en su mirada había un destello de curiosidad.

-¿Y qué pasaría si no me gustas como esposo? ¿Tendría que quedarme atrapada en un matrimonio con un chico que no sabe cocinar?

Ethan hizo una mueca graciosa, como si estuviera herido.

-¡Hey! Puedo aprender a cocinar. Solo necesito un buen libro de recetas y un poco de práctica. Además, siempre podríamos pedir comida a domicilio.

Isabella no pudo contener la risa.

-Eso suena tentador, pero no sé si eso es suficiente para convencerme de ser tu esposa.

Ethan se acercó un poco más, con una mirada juguetona.

-¿Y si te prometo que siempre habrá risas y chistes malos en nuestra casa? ¿Y que nunca te faltará compañía para ver películas?

Isabella se quedó pensativa, disfrutando de la idea.

-Hum, eso suena un poco mejor. Pero, ¿qué dirían los demás en el pueblo? ¡Seríamos la comidilla!

Ethan se encogió de hombros de nuevo.

-¡Perfecto! Siempre he querido ser famoso. ¿Quién necesita la herencia cuando puedes ser el centro de atención?

Ambos estallaron en carcajadas, y, aunque era una idea descabellada, su conexión se sentía más fuerte que nunca.

Ethan miró a Isabella con sinceridad, intentando transmitirle su deseo de que considerara su propuesta.

-Isabella, sé que esto puede parecer apresurado, pero realmente creo que podríamos hacerlo. Sería por poco tiempo, mientras cobro la herencia. Piensa en las personas a las que podríamos ayudar con todo ese dinero -dijo con voz suave.

Isabella suspiró, sintiéndose atrapada entre sus emociones.

-Ethan, apenas ayer terminé con mi novio. No sé si estoy lista para dar un paso tan grande. Suena... extraño -respondió, dudando de la seriedad de su propuesta.

-Entiendo, pero se trata solo de la herencia. Quiero que sepas que me importas de verdad como amiga. Solo te pido que lo pienses -insistió Ethan, buscando en sus ojos una chispa de esperanza.

-Está bien, lo consideraré, pero necesito tiempo para procesarlo. No quiero apresurarme y cometer un error -concedió Isabella, sintiendo que, aunque la idea era arriesgada, había algo en Ethan que la intrigaba.

Ante la extraña propuesta de matrimonio de Ethan, Isabella y él estallaron en carcajadas, disfrutando del buen sentido del humor que él siempre mostraba, incluso burlándose de su propia discapacidad. En un momento, sus miradas se encontraron y la suave brisa del jardín los envolvió, mientras la hermosa luz del atardecer parecía estar a favor de esa insólita unión. Ethan, con dulzura, no podía apartar la vista de Isabella, sintiendo una conexión que iba más allá de la amistad. Sin embargo, a pesar de su simpatía y su capacidad para hacer reír a los demás, Ethan cargaba con inseguridades profundas debidas a su condición. La risa compartida en ese instante mágico ocultaba un trasfondo de vulnerabilidad, el deseo de ser visto y amado por quien realmente era, más allá de sus limitaciones físicas. La atmósfera estaba impregnada de una complicidad que prometía algo más, un atisbo de lo que podría ser un futuro juntos, lleno de risas y desafíos, pero también de un amor que podría florecer en medio de la adversidad.

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