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Casado con mi secretaria

Casado con mi secretaria

Autor: : guangyue
Género: Romance
"Oliver Anderson, un millonario y apuesto joven de veinticinco años, está a punto de perder la presidencia de su empresa por no llevar una vida formal. Pero de repente su vida da un giro al pedirle a su secretaria, Alexandra Carlin, que sea su esposa durante seis meses. La historia narra el divertido matrimonio odio-amor entre Oliver Anderson y su secretaria cuando las cosas no salen como ellos esperaban."

Capítulo 1 1

El sonido del aparato sobre mi mesa de noche me despierta, aún adormilado extiendo mi mano para lograr apagarlo, luego de tres intentos lo logro, maldita alarma -digo en mis adentros-. Cómo deseara quedarme dormido todo el día, pero tengo cosas más importantes que hacer que holgazanear, las 5 a.m., la hora perfecta para recorrer unos cuantos kilómetros, para relajarme y sacar todo el estrés que me causa ser yo, Oliver Anderson, además, tengo que mantener mi cuerpo, mis abdominales marcados no están ahí por holgazán.

Tomo mi celular, llamo a David, mi compañero de ejercicio, a él también le gusta mantenerse en forma, aunque algunas veces a regañadientes, como hoy.

-David, alístate, paso por ti en 10 minutos -digo, apenas descuelga, ya me he levantado de mi cama y busco algo que ponerme en mi armario.

-Oliver... ¿Qué tal si vamos mañana? -su voz ronca y adormilada me decepciona.

-Ya te lo dije, 10 minutos.

Dicho esto, cuelgo la llamada, me visto con mi buzo gris y calzo mis tenis. David sabe que, para mí, 10 minutos son 10 minutos; salgo de mi casa y camino hasta la casa de David que está a unos cuantos metros de la mía. Este es un lugar tranquilo a las afueras del congestionado Nueva York. Amo vivir aquí.

En menos de 10 minutos llego a la casa de David, mi mejor amigo desde los diez años. Su padre solía ser el chofer de mi padre, muy buenos amigos hasta que el señor Schmitt murió 10 años después. Aunque la universidad nos separó, él estudió Finanzas en Yale, mientras yo estudié Administración de Negocios en Harvard; luego de terminar la universidad, le ofrecí el trabajo de ser el gerente general de mi empresa y debo admitir que no me arrepiento de esa elección.

David sale con la cara más amargada del mundo, con el ceño fruncido, su cabello rubio alborotado y sus ojos hazel más pequeños de lo normal, su barba desarreglada, me mira mientras pone el gorro de su suéter.

-Te odio, maldito Anderson -dice mientras baja los escalones de la puerta principal de su casa-, te deseo que algún día te enamores.

-Mejor mátame, vamos, apresúrate.

Comenzamos a correr, mmm... Qué lindas chicas, dos jovencitas bien tonificadas pasan al lado nuestro con una mirada seductora, sonrío, tal vez debería salir con una de ellas, quizás la rubia, o tal vez debería salir con ambas. David también las mira, es que es imposible no verlas.

Mi celular suena, me detengo unos momentos para contestar, mientras David continúa.

-Buenos días -digo, al descolgar.

-¿Oliver? ¿Oliver Anderson? -una voz de mujer se oye en la otra línea.

-Sí... ¿Quién habla? -contesto vacilando, ni idea de quién pueda ser.

-Soy Meredith -dice, con un tono seductor en su voz. Ahh, esa voz sí la recuerdo. Meredith, la de Wall Street.

-Esta noche estaré sola -continúa su voz seductora, yo sé qué significa eso.

-Lo siento, pero tengo que viajar muy temprano a Inglaterra, Melany.

-Es Mered...

Cuelgo la llamada, la verdad que cuando ya pruebas algo una vez no te apetece una segunda, mucho más cuando el menú es tan exquisito como todas sus amigas, solo recordarlas me hace dibujar una sonrisa de oreja a oreja en mi rostro.

Regreso a mi casa, me ducho y me visto rápidamente para ir a la empresa, mi bóxer de Calvin Klein, mis pantalones Armani negros, de hecho, todo mi guardarropa tiene en su mayoría pantalones, sacos y corbatas de diseñador. Hoy me decido por una corbata gris, la pongo sobre mi adorada cama con sábanas de terciopelo blancas y como siempre mi camisa blanca mangas largas abotonada hasta arriba, tengo como 50 camisas blancas de estas, pongo mi saco y luego termino de acomodar mi corbata correctamente, me gusta todo perfecto, hasta mi cabello que con un leve partido al lado derecho me lo peino hacia atrás. Mi Rolex que nunca puede faltar en mi muñeca derecha, me encamino hacia el comedor.

Bajo las escaleras, Rosa tiene como siempre un rico desayuno, me siento en mi enorme comedor, no sé ni por qué tengo un enorme comedor si vivo solo y soy feliz viviendo solo, nadie te dice qué hacer ni a qué horas regresar, leo el periódico mientras Rosa me sirve un omelet en un plato blanco de porcelana.

«Oliver Anderson, el magnate de Nueva York sigue aumentando sus ingresos al invertir en la cadena de hoteles Beltrán».

Y tienen razón, solo tomo un bocado del omelet, ya que pido mi desayuno en el restaurante frente de la empresa. Rosa me mira con su entrecejo fruncido, y su mirada más malévola de lo normal, algunas marcas de vejez son visibles en su frente, sonrío, Rosa ha sido la única que ha sabido entender la importancia de la perfección para mí, trabajó para mis padres como por 20 años, ahora trabaja para mí, incluso le compré la casa de enfrente para que estuviera lo más temprano posible acá cuando necesito salir muy pronto. Le tengo mucho aprecio, siempre nos cuidó a mi hermano y a mí cuando mis padres estaban de viaje.

-Adiós, Rosa... Te veo luego -digo, tomando mi maletín saliendo de la cocina.

-Adiós, niño Oliver -dice, con una sonrisa.

Me detengo en seco y giro hacia ella, la miro fijamente; ella sabe que odio esa frase. Sonríe mientras gira hacia la cocina amarrando su corto cabello en una coleta.

Me dirijo a mi auto y comienzo a conducir, los árboles ya comienzan a florecer, tanto invierno ya me tenía deprimido. Llego a la empresa y me encanta esa sensación de todos corriendo al verme llegar, amo dirigir una revista tan grande como lo es la revista Anderson, con más de 25 000 empleados; hace dos años, cuando mi padre me dejó a cargo los empleados no superaban los 10 000.

Entro a la empresa, todo en su lugar, eso es bueno, el vidrio resplandeciente que deja ver todo al exterior, la alfombra gris nítida, los escritorios de los empleados de vidrio y mármol resplandecen, las paredes blancas e impecables, puedo oler extrema limpieza acá, eso me encanta.

-Buenos días, señor Anderson -la recepcionista trigueña, me da una sonrisa que no contesto. ¿Por qué lo haría? No quiero que piensen que pueden ser mis amigos, o quieran seducirme... Ya me ha pasado; la verdad, para mí, vida privada y trabajo no se mezclan, eso es algo que tengo bien claro, por eso mis conquistas son muy lejos de aquí.

Entro a mi ascensor privado, no entraría con todos los empleados al mismo tiempo por nada del mundo, aparte de que me es incómodo cómo se me quedan viendo. Mi ascensor tiene letras brillantes que se leen «CORPORATIVO», así que todos respetan este ascensor, no les conviene perder su trabajo por ese insignificante detalle.

Camino por el piso número 25 hasta dirigirme a mi oficina que está al fondo, observo que mi secretaria no está y observo mi reloj, ya es para que estuviese aquí. Alguien tendrá problemas hoy. Entro a mi oficina, la vista de Nueva York desde aquí es extraordinaria, toco mi escritorio de vidrio suavemente con los dedos para asegurarme de que esté bien limpio, al igual que mi silla ergonómica giratoria, los vidrios que semirrodean mi oficina, sí, todo es perfecto.

Saco mi laptop de mi maletín y la enciendo sentándome en mi silla. ¡Ahhh! Podría dormirme en ella, la amo, observo un papel sobre mi escritorio, me parece extraño, lo saco de debajo del prensapapeles y lo observo, es una carta de renuncia de mi secretaria.

La leo detenidamente. ¿Por qué renuncia? «Motivos Personales», eso para mí no es un porqué, no tenía ni un mes. ¡Diablos! ¿Por qué no avisó con tiempo?, tengo un viaje a Inglaterra mañana temprano, odio a la gente irresponsable.

Me dirijo a la oficina de David, ya debe estar aquí, cómo detesto que hagan esto. ¿Por qué no avisar 15 días antes? Yo soy una persona ocupada. Pensando todo esto con rabia en mis adentros camino por el pasillo, perfectamente alfombrado, las paredes color beige, las lámparas finas que cuelgan del techo, observo cómo todas las personas que caminan por este mismo pasillo se apartan al verme, abro la puerta sin tocar, mala idea.

La pelirroja asistente de David, Andi, está sobre sus piernas, y él tiene su mano donde no me atrevo a ver, prefiero cerrar mis ojos; tiene buenas curvas, pero eso de mezclarte con tu asistente no es correcto mucho menos si está casada, al verme ella se levanta, con cara de horror. Aunque a David no le importa, a mí me molestan este tipo de actos poco profesionales dentro de mi empresa.

-David... -mi expresión neutral es más que suficiente para este tipo de ocasiones, Andi pasa a mi lado.

-Lo siento, señor Anderson -agacha la mirada, mientras acomoda su falda y pasa cerca de mí.

Le resto importancia, solo veo a David que está acariciando su barba mientras ve a Andi retirarse de la oficina.

-¿Es en serio, David? -pregunto con un tono un tanto molesto en mi voz cuando Andi ya se ha retirado-. Hagan sus cochinadas lejos de mi empresa.

David simplemente ríe.

-Oliver, es el único momento que puedo verla, su esposo está todo el tiempo con ella el resto del día -enarco una ceja y niego con mi cabeza, si algo yo nunca he hecho es mezclarme con mujeres casadas.

Le resto importancia al asunto de David, tengo que resolver esto.

-Sara renunció -digo esto poniendo la carta sobre su mesa-. ¿Te había comentado algo? ¿Por qué no simplemente decir unos días antes para que nos dé tiempo de buscar otra persona? -David frunce el ceño.

-La verdad no me comentó nada -toma la carta de renuncia y la comienza a leer.

-Mañana voy para Inglaterra, así que necesito que me consigas una secretaria para cuando regrese, tengo muchas cosas que hacer y no puedo retrasarme.

-Bien, no te preocupes, desde hoy le diré a Andi que publique el anuncio de la oportunidad de empleo, el día que regreses ella ya estará aquí

-David toma el teléfono y comienza a darle instrucciones a su secretaria para el anuncio de la vacante de empleo-. Listo -dice colgando la llamada-, no te preocupes Oliver, verás que todo estará bien.

Por esa y muchas razones más es que David es mi mano derecha.

Me regreso a mi oficina más tranquilo, trabajé un poco más de lo normal por no tener una secretaria, puedo sobrevivir sin una secretaria, pero no para siempre. Regreso a casa, estoy cansado, solo me cambio y me quedo dormido en instantes.

Capítulo 2 2

Mi alarma suena a las 4 a.m., David me deja un mensaje que todo está listo para mi viaje a Inglaterra, ya que no tengo secretaria él está haciendo el doble de trabajo, pero un trabajo muy bien hecho. Me pongo mis característicos trajes empresariales, sin ellos me siento que no soy yo, Rosa tiene preparada mi maleta al bajar las escaleras, me despido de ella, el chofer de la empresa me está esperando para llevarme hasta el jet.

Estoy quedándome dormido otra vez cuando llegamos, diviso mi jet con las letras «ANDERSON» a ambos costados desde leguas, es perfecto, yo no viajaría en un avión público, ni siquiera puedo pensarlo.

El viaje es bastante cansado, mientras tanto, reviso correos y busco oportunidades para invertir mi dinero, hay cosas muy interesantes todos los días. Mi día transcurre rápido, como siempre.

La reunión es más que productiva, nuevos socios, nuevas inversiones, oportunidades de negocio.

-Anderson, ¿vienes a la fiesta después? -pregunta Anthony Romanov, un empresario ruso bastante mayor, su cabello y barba grisáceos ya por la edad. Mientras tomo un sorbo de champagne, una jovencita de cabello negro y un escote muy pronunciado (que se le mira más que bien debo admitir) está tomada de su brazo.

-Claro -digo, intentando no parecer interesado en la belleza que está con él.

-Ella es mi prometida, Lauren -agrega, sonrío a Lauren extendiendo mi mano y ella la toma, sus suaves y delicados dedos junto a los míos se sienten más que bien.

Saludo a Lauren y se me queda viendo de una manera muy provocativa por el resto de la velada, sus ojos color miel destellan un brillo especial que casi me dice que me acerque a ella con sus gruesas pestañas arqueadas, el señor Romanov me invita a compartir limusina con él y su prometida para ir a la fiesta, tengo mi propia limusina, pero ir con esta belleza de Lauren a mi lado hace que considere compartir con ellos.

El señor Romanov se va a hablar con algunos socios dejándonos solos a Lauren y a mí en la gran mesa redonda de cristal, comienza a coquetearme con su mirada, solo la observo fijamente mientras tomo una copa de mi vino.

-Nunca me imaginé que Oliver Anderson fuera tan joven y atractivo -Lauren rompe el silencio luego de unos minutos de miradas coquetas entre ambos y su comentario me hace sonreír.

-Gracias, Lauren, y yo nunca me imaginé que la prometida de Romanov fuese tan bella -enarco una ceja mientras pongo mi copa de vino sobre la mesa. Ella sonríe, dejando al descubierto sus perfectos y alineados dientes blancos. La verdad, ni siquiera me imaginé que Romanov pudiese aún tener mujer.

-Señor Anderson, ¿le parece si vamos afuera? La música me tiene un poco desorientada -se pone de pie inclinándose hacia mí mostrándome su escote, bueno, ¿por qué decirle que no?

Como me imaginé, no quería solo platicar. Lauren se dirige a un baño, y yo la sigo disimuladamente, se cerciora de cerrarlo bien, me acorrala en una esquina y comienza a besarme con pasión, no voy a desperdiciarlo, la tomo de la cintura y la ubico sobre un lavamanos, esta gime de placer mientras beso su cuello y acaricio uno de sus muslos, pero este no es buen lugar para estas cosas, su prometido es un socio muy importante, no puedo arriesgarme, y sé que ella no se quiere arriesgar.

-Vamos a otra parte -murmuro en su oreja, haciéndole recorrer un escalofrío por todo su cuerpo.

Ella asiente con la cabeza, tomamos la limusina, y ni siquiera estando ahí se puede contener, si es que esta mujer es fuego puro. ¿Cómo hará el pobre Romanov con tan avanzada edad?

Llegando a mi cuarto de hotel me lanza a la cama. ¡Guau, guau! Se quita el vestido y solo en minutos está sobre mí en ropa interior, sigo su ritmo, pasa sus manos sobre mi torso y literalmente me arranca la ropa, tiene un lindo cuerpo, no es muy alta, pero su piel está muy bien ajustada a sus curvas, tiene un cuerpo perfecto que sé que Romanov ha pagado, porque... Bueno, soy hombre y puedo distinguir entre unos pechos naturales y unos pagados, estos son de los segundos.

Se despoja del resto de las prendas que aún llevaba, saco un preservativo de mi billetera, no hay forma de que me acueste con alguien sin protegerme, no quiero que luego salgan con cuentos de un embarazo o terminar con alguna enfermedad, gime fuerte cuando entro en ella, prácticamente grita con cada embestida, me ensordece, tal vez hubiese sido bueno si sus gritos no fueran tan elocuentes, creo que he quedado sordo, ni siquiera puedo dejarme ir con tranquilidad. ¡Hasta que por fin! Demonios, ya me quiero ir de aquí. Lauren queda dormida en segundos. ¡Gracias a Dios! Reviso el preservativo y me cercioro de que no hayan fallas, me pongo mi ropa, y mientras pongo el reloj en mi muñeca la observo, ya no me parece tan bonita luego de escucharla gritar tanto, me retiro, no quiero que despierte y yo siga aquí y me quiera ensordecer de nuevo y tenga que inventarme una extraña excusa. ¿Por qué es tan difícil encontrar una mujer con quien tener buen sexo? Prefiero dormir en mi jet.

Regreso a Nueva York antes de lo pensado, llamo a David para hacérselo saber, no quiero llegar y que no haya nadie en la empresa.

-David, en una hora llego a Nueva York, espero encontrarte y que hayas cumplido tu promesa -no sé cuánto dormí, pero no me importa.

-No te preocupes, ya todo está arreglado, allá te veo -bosteza. ¿Quién aún duerme a las 5 a.m.?

Mi jet está equipado para estar cómodo acá, viajo constantemente, así que tenía que conseguirme uno como este, tiene una cama como la mía, me siento en casa, baños, muebles, en fin, todo lo necesario; me ducho y me arreglo, mi bóxer y mi pantalón negro impecable, no soportaría usar algo que no esté bien planchado, abotono mi camisa blanca hasta arriba y coloco mi corbata rojo vino mientras preparo un informe de lo hablado en Inglaterra. Al arribar, el chofer me está esperando. Entro a la limusina y vamos hacia la empresa, coloco mi saco perfectamente planchado antes de salir del vehículo.

Entro y veo a todos correr de un lado a otro, amo esa sensación; subo a mi elevador personal y llego al piso de mi oficina, veo a David con el traje gris que le regalé en su último cumpleaños, me saluda de largo mientras hace una mueca de que me acerque, está parado al lado de una joven rubia que mantiene su mirada sobre unos papeles, la miro con desconcierto, no la he visto antes por acá; bueno, no conozco a la mayoría de mis empleados, pero una mujer así creo que no pasa desapercibida.

Llego hasta David y lo saludo.

-Señor Anderson, ella es Alexandra Carlin, su nueva secretaria -David vuelve su mirada a la rubia al lado de él.

Ella levanta la vista y me mira con sus grandes ojos verdes, su mirada casi me emboba, y eso que lleva lentes, no conozco muchas mujeres que luzcan tan bien con lentes, su cara y piel tan finas, parece una muñeca de porcelana, viste con pudor, lleva unos simples pantalones negros y una blusa blanca con cuello alto que a cualquier mujer haría ver como una señora amargada, pero ella parece una diosa. Su cabello rubio con rizos largos, un poco despeinado, pero un lindo despeinado. ¡Maldita sea! ¿Hay mujeres que se miren bien despeinadas? Sí, ella. La observo de pies a cabeza...

Esto no debe ser cierto.

Capítulo 3 3

Miro a David y la miro a ella, no puedo creer que haya contratado a alguien solo porque le ha gustado otra vez. Ella estrecha su mano hacia mí.

-Un placer, señor Anderson -una voz muy dulce sale de sus rosados y carnosos labios.

Yo no estrecho la mano con mis empleados y ella no será la excepción, me pongo a caminar sin importar si me sigue o no, doy mis órdenes, ya David lo sabe y comienza a avanzar tras de mí. Ella también me sigue luego de que David le dice algo que no logro escuchar. Sí, tal vez fui rudo, pero así tengo que ser, de otro modo mis empleados no me tomarían en serio.

-Necesito los papeles arreglados hoy, contacta al tipo encargado del diseño de la nueva portada, necesito verlo hoy, llama al señor Clarkson para cancelar la reunión de mediodía, dile a Kevin que prepare la sesión fotográfica y tráeme un café -espero haya captado, yo no tengo paciencia. Una vez que llego a mi oficina, tomo la manecilla y la giro para entrar.

-Lo siento, señor Anderson. ¿Me podría repetir lo último que dijo? -no puede ser, me volteo para verla directamente a los ojos, levanto una ceja, yo no soporto este tipo de situaciones.

-¿Es en serio? Yo no repito dos veces, si no tienes todo eso para hoy mejor no regreses mañana -digo esto sin titubear, no me importa no caer bien, las cosas para mí son claras y precisas. Giro sobre mis talones y entro a mi oficina, David va tras de mí y cierra la puerta de mi oficina a sus espaldas.

-David -pongo mi maletín en mi escritorio para voltearme a hablar con él-, espero que esta no sea una de tus conquistas, una cosa es la que elijas tú para tu secretaria y otra es la que elijas para mí.

David me mira con sus pequeños ojos claros y frunce el espacio entre su entrecejo, se sienta en el sillón blanco frente a mi escritorio.

-No, Oliver, es cierto que la chica está bonita, pero no es mi estilo, me recuerda a mi hermana solo que con los ojos verdes -saco el informe de Londres de mi maletín y se lo entrego a David-; fue la única que en toda mi vida ayudándote en esto me ha dado una respuesta inteligente.

Me siento en mi silla giratoria al rodear el escritorio y miro a David fijamente una vez que estoy cómodo.

-¿Qué respuesta?

-Cuando pregunté por qué la deberíamos elegir a ella, mientras todas las demás habían contestado sus logros y sus detalles narcisistas, ella solo me dijo que no conocía al resto de chicas, así que no podía contestar el porqué la deberíamos contratar a ella y no al resto -David suelta una risa-, me dejó pensando todo el día. ¿Cómo es posible que yo nunca pensé en algo así? Y es tan razonable. Además, está loca, es la cucharada de azúcar que tú necesitas para endulzar ese carácter amargo que te cargas.

-Bueno, tu misión era encontrarme una secretaria no una cucharada de azúcar, David -él sonríe y se pone de pie acomodando su saco.

-Bueno, lo hecho, hecho está. Ahora, si me disculpas, tengo que ver que Andi haga las cosas como digo.

-Te lo recuerdo, Schmitt, no quiero ese tipo de comportamiento en mi empresa -lo miro a los ojos, con la expresión más seria que pueda tener.

-Por supuesto, jefe -hace una seña de militares con su mano derecha, dicho esto se retira.

Saco mi computador, necesito revisar mi correo.

Alguien golpea la puerta, «adelante» -digo, mientras comienzo a teclear mi contraseña. El fotógrafo de la revista entra por la puerta color beige de madera fina.

-Dime, McGarthy -digo, viéndolo entrar por la puerta, con una enorme cámara colgando de su cuello.

-Solo quiero comentarle que la modelo que se había contratado no se presentó.

-¿Qué? ¡Demonios! Por favor, ve a la oficina de David y coméntale eso, él es el encargado de esos contratos y, por favor, prepara la sesión fotográfica a más tardar hoy. ¿De acuerdo?

-Entendido, señor Anderson -otra persona toca la puerta.

-Adelante.

Alexandra entra a la oficina, trae mi taza de café, estupendo, necesito mucho café esta mañana. Ella lo pone sobre mi escritorio, Kevin se despide y retira.

-Ya le dije a Kevin que preparara la sesión fotográfica, una cosa menos que tienes que hacer -le digo, sin verla a los ojos. Tomo un sorbo de mi café. ¡No puede ser! Tiro el café al suelo, ahora he manchado la perfecta alfombra que pisan mis pies, maldigo.

-¿Qué diablos es esto? -pregunto, ahora sí veo su rostro, puedo observar cómo su rostro se empalidece y agacha la mirada. No puedo ponerme molesto ante ese rostro. ¡Demonios! Maldito David.

-Una chica pelirroja que estaba en la cafetería me dijo que ese era su favorito -su voz dulce casi tirita, esto es otra obra de Andi. Esa chica no está despedida porque David me ruega que no lo haga.

-¿La asistente de David? -suelto un suspiro-. Dejaré pasar esto solo porque eres nueva, por favor, dile a David que venga, espero que hagas el resto de tus tareas bien sin ser influida por alguien -digo lo último entre pausas, golpeo suavemente mi escritorio con mis uñas mientras la miro salir por aquella puerta, es imposible no verla, ese pantalón se le ajusta tan bien. ¿Por qué David me ha hecho esto?

David llega corriendo a mi oficina luego de unos minutos, tengo mucho trabajo, así que ni siquiera levanto la mirada hacia él cuando llega, además, es el único que no toca al entrar.

-Bien, ¿qué ha hecho? -pregunta al pasar por la puerta cerrándola a sus espaldas.

-¿Qué ha hecho Andi, preguntarás? -continúo tecleando en mi computador-. Escucha, no es la primera vez que hace algo a unas de mis secretarias y ya me estoy cansando, esto no es la preparatoria, ni un lugar para ponerse a jugar a ser aquella rubia atractiva de la película que nos obligaron a ver aquellas dos modelitos.

-¿La de la chica que se mudó de África?

-Exacto -levanto la mirada para encontrarme con sus pequeños ojos y está esbozando una sonrisa viendo hacia un punto de mi oficina.

-Aún recuerdo a esas chicas, a ambas -dice, volviendo su mirada a mí.

Sonrío, yo también las recuerdo.

-Quiero que le hagas un memorándum a Andi que me vas a traer para firmarlo... yo... mismo... -enarco una ceja.

-Oliver, estoy seguro de que debe tener una explicación -aquí vamos otra vez.

-No, haz las cosas como te digo, David.

Dicho esto, salgo de la oficina y me encamino hacia una reunión con un socio importante mientras dejo en el escritorio de Alex todas las cosas que tiene hoy por hacer.

-Estas cosas tienen que ser terminadas hoy, ¿entendido? -la miro a los ojos con expresión neutral, pero es que me es casi imposible con esos bellos ojos.

Continúo todas mis tareas del día, Alex se retira aproximadamente a las 7 p.m., al menos entiende que si las cosas no están terminadas no puede irse, tiene una cualidad, no hay que decirle.

---

Me despierto como de costumbre y salgo a correr, al regresar a casa el olor a comida invade mi hogar, ni siquiera voy a ducharme y voy directo a la cocina.

-Buenos días, Rosa -exclamo, suspirando por el olor a tocino que invade mi casa.

-Buenos días, Oliver -contesta, mientras me sirve un plato de esa exquisita comida.

-¿Y qué tal el trabajo?

-El maldito de David me consiguió una nueva secretaria y, ¿adivina qué? -tomo un pan que reposa en una pequeña canasta en la encimera-.Es rubia, alta, delgada, tiene unos enormes y lindos ojos verdes. Estoy seguro de que David anda buscando con quien cambiar su aventura de estos momentos, aunque él diga que no.

Ella me mira y sonríe.

-¿Cómo se llama? -pregunta, mientras tomo lugar en el comedor.

-Alexandra Carlin -hasta su nombre me parece bonito.

-Bueno, debería prohibirle mezclarse con su secretaria, si no otra vez volverá a pasar lo mismo que con aquellas otras chicas -he perdido más secretarias por David que por mi carácter, a todas las termina invitando a salir y luego se pelean con Andi en la oficina.

Me voy de viaje por un par de semanas, amo ir de viaje porque conozco chicas de distintos lugares y como no somos siquiera amigos no tengo ninguna obligación de llamarlas luego, la mayoría salen con otras personas lo que me hace las cosas más fáciles porque no me buscarán después, aunque sí debo admitir que lo han hecho un par de veces, pero a decir verdad no me interesan.

Duermo como un bebé en mi jet, aproximadamente a las 5 a.m., poco antes de que mi alarma suene, mi celular me despierta. Observo el aparato intentando acomodar mis ojos a la luz de la pantalla y ver quién diablos me llama a esta hora. Es mi padre, frunzo mi entrecejo. ¿Por qué mi padre me llamaría?

-¿Hola? -digo al descolgar.

-¡Hijo! ¿Cómo estás? -bien, si tú no me llamaras.

-Bien, papá, ¿y tú? -¡maldición! ¿Ahora qué diablos va a reclamarme?

-Bien, hijo, hoy estaré por Nueva York. ¿Te parece si desayunamos? Quiero hablar contigo.

No.

-De acuerdo, papá. A las 6 estaré en la empresa.

-Bien, te esperaré ahí.

Dicho esto, cuelga la llamada. Yo no tengo una excelente relación con mi padre, por lo cual sé que esto terminará en discusión.

No puedo ni pensar claramente, no puedo ni terminar de realizar el informe de este viaje. Pienso y pienso, me ducho y me tomó más de veinte minutos por estar pensando estupideces, me miro al espejo mientras acomodo mi corbata celeste con tonalidades más oscuras. Pongo en mis hombros el saco azul oscuro mientras salgo del jet.

Ni siquiera me doy cuenta cuando la limusina ya está frente a la empresa. He pensado todo el camino lo que posiblemente mi padre me restregará en la cara.

Llego a mi oficina y ahí está. Observando la ciudad a través del ventanal, con una taza de café en sus manos, su cabello negro con unos tonos grisáceos, sé que así se verá mi cabello a su edad. Voltea a verme al escuchar la puerta abrirse, siempre con su porte de mandatario, con un perfecto traje color beige, me observa con sus pequeños ojos castaños.

-¿Cómo has estado, Oliver? -esboza una sonrisa y se acerca a darme un abrazo.

-Muy bien, padre, ¿y tú? -correspondo a su abrazo y también le sonrío.

-Veo que todo está en orden, Oliver. Es estupendo -le doy una débil sonrisa mientras salimos por la puerta de mi oficina. Todo el camino al restaurante es un completo silencio mientras él observa la ciudad por la ventana.

-Llegamos, señores Anderson -asegura el chofer, quien se acerca a abrirnos la puerta del auto.

Entramos al restaurante, mi padre ya tenía reservaciones. Como si ya tenía planeado desde antes venir aquí a hablar conmigo. Me siento frente a él en una pequeña mesa para dos personas que estaba reservada un poco apartada de otros que desayunaban en el lugar.

-¿Y qué te ha traído por la ciudad, papá? -pregunto, mientras abro el menú.

-Una reunión con unos amigos, Chris Sanders el dueño de la firma de abogados que trabajan con nosotros cumplía años ayer.

Y eso fue todo lo que hablamos por un largo rato. El resto del desayuno es un completo silencio, hasta que finalizamos.

-¿Oliver, cuando te piensas casar? -típica pregunta de él.

-Papá, solo tengo veinticinco años -suspiro, ya estoy harto de esta jodida pregunta.

-¿Y? Tu hermano tiene veintitrés y se casó el año pasado.

-Lo sé, papá, estuve ahí. Ahora dime. ¿Él es feliz? -él me observa por varios minutos.

-Sí, lo es -suelta, luego de varios segundos-. Siempre supe que Henry era el que mejor pensaba de ambos.

Bien, eso fue un golpe bajo.

-¿Solo porque no me caso no sé pensar, a pesar de que he hecho crecer esta empresa más de un cincuenta por ciento? -me cruzo de brazos, me indignan sus comentarios.

-Eso no lo es todo, Oliver. He escuchado miles de rumores por ahí de ti con diferentes mujeres en cada reunión de socios -él pone la taza de café sobre la mesa-. ¿Es en serio? No sabes la vergüenza que me haces pasar.

-¿Por qué crees cualquier rumor por ahí, padre? -pongo mis codos sobre la mesa y lo miro directamente.

-Porque tú no tienes una vida formal, Oliver. Nunca te he conocido una novia al menos.

-Porque a mí no me gusta compartir mi vida privada, padre. Tú criticas todo y estoy seguro de que si te presento a alguien también la vas a criticar -él arruga su entrecejo, haciendo sus marcas de edad aún más visibles.

-¿Es en serio? Yo no quiero que te pierdas con mujeres promiscuas por ahí, Oliver -me mira fijamente a los ojos-. Tu hermano es más precavido, es tan obstinado como tú en su trabajo y es un excelente esposo. Tú solo andas por ahí acostándote con mujeres diferentes cada noche -sonrío, pero no una sonrisa de felicidad o de triunfo, sino una sonrisa de frustración. En serio mi padre me saca de quicio.

-Tú no sabes nada de mi vida. Ahora, si me disculpas, tengo trabajo que hacer -me levanto al decir estas palabras, ni siquiera me importa no terminar todo mi desayuno.

-Sé lo suficiente, Oliver, como para quitarte la presidencia por no tener una vida formal -esta vez levanta un poco su tono de voz y me mira.

-¿Qué? Tú no harías eso -lo miro a los ojos, esos ojos fríos y demandantes que siempre ha mostrado conmigo.

-Sí lo haría y se la daré a Henry, él es tan bueno como tú, Oliver. Y piensa mejor en muchos aspectos -mi padre también se levanta de su silla-, yo no voy a estar poniendo en peligro el prestigio de la revista que tanto me ha costado.

-¿En serio? Si supieras tanto de mí como dices, deberías saber que me casé hace un mes -la peor mentira que haya dicho en mi vida, mi padre me ve con cierta expresión de asombro y al mismo tiempo de incredulidad.

-¿Qué has dicho? -pregunta.

-Que me casé hace un mes, pero es algo que tú no sabes por pasar todo el tiempo criticando mi vida -me encamino de regreso hacia la limusina dejándole un enorme billete al camarero que lo mira con asombro. Mi padre sigue mis pasos, esperaba regresar solo a la empresa, pero no, él quiere llegar al fondo de esto, no voy a negar que me arrepiento de haber dicho esto porque yo no tengo una esposa. Ni quiero tenerla.

-Oliver, ¡detente! -demanda tras de mí-. ¿Qué es eso que has dicho? ¿En serio piensas que voy a creérmelo? Si nadie lo sabe es por algo -sube a la limusina justo después de mí.

-David lo sabe, porque es el único en quien pudiese confiar algo -esta es una mentira muy grande, pero estoy tan molesto como para pensarla bien.

Es un silencio incómodo entre ambos al no contestar ninguna de sus preguntas hasta que llegamos a la empresa. Subo al ascensor sin importar si él va conmigo o no, pero como es de esperarse me sigue hasta la oficina y le hace una seña a David, quien está de pie a un costado revisando unos papeles. David entra a la oficina justo después de él.

-David, ¿cómo es eso que Oliver se ha casado y yo no sé nada de eso? -espeta, con cierto enojo en su voz, mientras mira a David a los ojos y yo me recuesto en mi silla giratoria deseando no haber nacido.

David me observa con cierta incertidumbre, pero lo entiende rápidamente con solo una mirada.

-Ah, se... Señor Anderson -balbucea-. Oliver me dijo que no le comentara a nadie porque es su vida privada.

¡Buena!

Ahora me mira a mí.

-¿Quién es ella, Oliver?

-Papá, baja la voz que no quiero que todos se den cuenta -me levanto de mi silla acomodando mi saco y me acerco al archivero a sacar unos papeles con toda la tranquilidad posible mientras David sigue con su mirada confusa en el otro extremo.

-¿Que baje mi voz? Luego de que me dices que te casaste y yo no sé nada.

Solo me encojo de hombros leyendo unos papeles y vuelvo a incorporarme en mi silla giratoria.

-Hasta tuve que dejar guardado mi anillo de matrimonio porque iba a salir contigo -él me mira, con esos pequeños ojos enfurecidos.

-Bien, quiero conocerla.

-No se podrá, está fuera de la ciudad. Luego iremos a visitar a sus padres y luego tengo una reunión con unos socios en Rusia -digo todo esto con tanta naturalidad que hasta yo me lo creo.

Él me mira, al igual que David, que intenta mostrarse indiferente. Pero sé que quiere salir corriendo. Mi padre sale de la oficina enfurecido. David se cerciora de que él ya esté bastante lejos y se acerca a mí.

-Oliver, ¿qué rayos has hecho? -David me mira a los ojos y se cruza de brazos-. Maldición... ¿De dónde diablos sacarás una esposa?

-De ningún lado, David. Dejarán de insistir cuando les diga todo tipo de excusas -dejo los papeles sobre el escritorio, de hecho, tiro unos papeles sobre el escritorio.

-En serio que yo conozco más a tus padres que tú mismo. Bueno, no me metas en esto, Oliver.

-David, dice que me quitará la presidencia y se la dará a Henry. Y si Henry entra aquí como presidente lo primero que hará es echarte, y lo sabes -lo miro a los ojos, recostado sobre mi silla mientras firmo unos papeles.

David me mira pensativo. No dice nada, sabe que es verdad, él no tiene un buen roce con Henry.

Una vez que sale de mi oficina no puedo dejar de pensar en lo dicho por mi padre. ¿Cómo se atreve siquiera a mencionarme que me quitará la presidencia cuando estos años he sido yo quien la ha hecho crecer? Miles de cosas que hacer y yo por culpa de él no puedo concentrarme. Y así paso el resto de mi día. Ni siquiera pongo atención a lo que están diciendo en la reunión, por suerte tengo a David y estos son los casos que agradezco tener una secretaria porque luego me recordará de qué se habló.

Vuelvo a mi oficina pensativo. ¿Por qué mi padre es así conmigo? ¿Qué le he hecho? Es normal que quiera divertirme, solo tengo veinticinco años. Mi hermano no es feliz, no me imagino yo casado y siendo infeliz. Un golpe en la puerta me hace salir de mis pensamientos, «adelante» demando.

Alex asoma su bello rostro por la puerta con su precioso cabello rubio recogido hacia un lado.

-Señor Anderson, llamó el señor Christopher Depreé para una reunión de hoy y...

No quiero saber nada de reuniones.

-Cancela la reunión -interrumpo rápidamente, asiente con su cabeza y cierra la puerta de su oficina.

Suspendo todo trabajo que tenga por hacer y me quedo como estúpido observando la ciudad por aquel vidrio durante varias horas, quisiera desaparecer de aquí, la verdad no puedo hacer nada mientras mi mente está en otra cosa, lo primero que se me ocurre es irme temprano a un bar.

Comienzo a tomar, trago tras trago, yo solo, sin David y sin nadie, la verdad quiero solo tiempo para mí y pensar en mi amarga vida. Luego de varios tragos me siento mareado, ¡diablos! Mañana me arrepentiré de esto, es como si no pudiera parar, más y más tragos, ya miro nublado, apenas sosteniéndome salgo de aquel bar, busco mi auto, pero me es imposible localizarlo por mi estado; comienzo a buscar la llave para hacerlo sonar y dirigirme hacia él, me quiero sentar, miro una reconfortante banca blanca frente al parqueo y no dudo en ir hasta ella, justo al acomodarme, una voz bastante familiar me interrumpe.

-Hola, señor Anderson, ¿se encuentra bien? -levanto la mirada inmediatamente, y un par de ojos verdes se clavan en los míos.

-Señorita Carlin. ¿Qué hace aquí? -ella me mira con cara de incredulidad. Qué vergüenza que mire a su jefe en este estado.

-Salí con unos amigos, si quiere le ayudo a llamar un taxi -la luz de la iluminaria contra su cabello dorado la hacía parecer un ángel. ¿Por qué diablos Alex me parece tan linda? ¿Pero qué estoy pensando? Tomé demasiado.

-No, gracias, estoy bien, solo vete -quito mi mirada de la suya antes de que me descontrole y la poso en un auto frente a mí.

-¿Sucede algo? ¿Hay algo malo con la empresa? -pregunta, con sus ojos cubiertos de intriga.

-No hay nada malo con la empresa, lo malo es con mi padre -ni siquiera sé por qué le estoy contando esto-; él siempre está esperando de mí algo que no pueda ser, y ahora por eso puedo perder la presidencia, algo que a mí me ha costado. ¿Alguna vez te han arrebatado algo que te haya costado a ti? -levanto la mirada de nuevo y la clavo en sus ojos, esperando una respuesta reconfortante.

-Bueno -menciona, sentándose a mi lado-, muchas veces y creo que así son todos los padres, esperan de nosotros algo que no somos.

-Es que esto es diferente -levanto la voz, ni siquiera sé por qué levanto la voz, ella mira alrededor como esperando que nadie escuche-, quiere que todo sea a como él dice, he hecho lo mejor para esta empresa y él solo juzga mi forma de ser -continúo mi vómito verbal-; siempre está diciéndome que mi hermano piensa mejor que yo y que le dará la presidencia a él. Él ni siquiera sabe qué es luchar por algo... Dime... ¿Qué tiene que ver sentar cabeza con dirigir una empresa?

Ella me mira, con esa bella mirada verduzca solo digna de ella, aunque en estos momentos no se logren ver a la perfección con la luz de la luminaria.

-Bueno, muchos creen que sentar cabeza es para personas responsables -contesta eso con algo de temor en su voz, puedo notarlo.

Yo soy una persona responsable, muy responsable, y no tengo necesidad de casarme para serlo, iba a contestarle, pero en ese momento hasta lo que comí ayer sale por mi boca, luego todo se vuelve oscuro.

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