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Casados e Indiferentes

Casados e Indiferentes

Autor: : Amunet J.D
Género: Romance
Alberto y Daniela han mantenido una relación disfuncional, cuando están lejos se extrañan, pero cuando están cerca el infierno se alborota en segundos; todos están cansados de sus contantes arranques de vanidad. La fortuna que ambos poseen les da para alimentar a todo el mundo y les quedaría para unas siete generaciones más, sin necesidad de mover un solo dedo. Un día cargado de presión y una noche de diversión, se convirtió en una boda inesperada de la cual no tienen ni la más mínima idea que sucedió; para ellos solo fue una noche y se acabó. ¿Qué pasara cuando descubran que han estado casados? ¿Cómo enfrentaran esta nueva etapa? Será acaso que aplicaron la vieja frase, "Al amigo hay que tenerlo cerca, pero al enemigo más"

Capítulo 1 ¡Eres imposible!

- ¿Te das cuenta lo que acabas de hacer?

-Sí, y no me arrepiento. Eso y más se merecen por molestarme, ya me canse de que me agarre de su puerquito una y otra vez.

-Si sabes que ahora estamos en problemas, ¿me quieres decir como se lo vamos a explicar a tus padres?

-Así como te lo estoy diciendo a ti, si mi padre no está de humor para escuchar lo que tengo que decirle, lo siento mucho.

- ¡Eres imposible!

-Gracias, mi reputación me precede.

En los últimos días he tenido mucha presión en casa y en el trabajo, me negué a casarme con el chico que ellos consideran que es perfecto para mí, la verdad es que también lo creo. Solo que me agarro de sorpresa y no supe que decir, no me esperaba que las cosas pasaran de esa forma.

Algún día me arrepentiré de ello, pero por el momento debo continuar con mi vida. Cada vez que recuerdo lo que paso me siento como una garrapata pegada al piso, verlo tan lindo y dispuesto a todo por mí, me hizo morirme del miedo; lo único que se me ocurrió fue salir corriendo del lugar mientras se quedaba ahí de rodillas esperando mi respuesta.

- ¿De verdad no piensas ir a buscarlo, Daniela?

-No, que regrese cuando tenga que hacerlo. No voy a rogarle por nada del mundo.

-Vaya que eres terca, ya te dije que eso no es rogar, solo es poner las cosas en claro. Alberto debe de saber porque saliste de esa forma. Estoy segura que él te lograra entender cuando le expliques que fue lo que paso ese día.

- ¿Tú crees? Recuerda que es el tipo más orgulloso del mundo.

-El burro hablando de orejas, tu eres la tipa más necia que he conocido en mi vida, puedes hacer que hasta una roca sonría cuando te lo propones. Debes de aceptar que esta vez te equivocaste y está en tus manos remediar lo que pasa con ambas familia. ¿Quieres que tus padres y tus tíos sigan distanciados?

-Tengo miedo, no sé cómo vaya a reaccionar cuando le diga todo lo que siento.

-Es un riesgo que debes correr, aunque te garantizo que tendrás mucho éxito. Todo depende de las ganas que tengas de arreglar la situación entre los dos.

-Lo pensaré un poco, ya después veo que hago, por ahora solo quiero comer algo antes de que mis tripas me dejen muerta.

-Como quieras, solo no vengas a llorar después que todo te sale mal porque entonces me voy a reír en tu cara y te voy a ignorar como lo estás haciendo en estos momentos. Aceptar tus errores no te debe de costar nada, pero la necedad no te deja ver todo lo que puedes ganar si logras hacerlo.

Sé que mi amiga puede ser muy persistente cuando quiera decirme algo, pero no voy a dejarme influenciar por ella esta vez ¿o si? Nunca imagine que todo esto pudiera causar tantas controversias en mi vida, si yo solo quiera hacerlo sufrir un poquito como siempre.

Capítulo 2 Lo han encontrado.

Ciudad de México

Bien dicen que las penas con pan son buenas pero si las acompañas con vino saben mejor.

En un pequeño bar de la Ciudad de México, Alberto ahogaba sus penas al pensar en su chica ideal. Ella era todo lo que necesitaba para ser feliz, pero de nuevo lo había echado a perder, por su arrogancia. En lugar de hablar con ella desde el inicio, se dejó llevar por ese juego absurdo, cuando descubrió su otra identidad, lejos de sentirse feliz por ella, se sentía traicionado y burlado.

Uno de sus mejores amigos, había dado con su paradero después de mover cielo, mar y tierra para dar con él, gracias a unos amigos en común que hizo en una de las tantas veces que fue a visitarlo a la ciudad.

Desde ese día lo había seguido para hacerlo entrar en razón, pero todo era imposible. Del chico carismático ya no quedaba casi nada, se la pasaba borracho en los bares, como si quisiera olvidar sus penas «ni aguanta nada»

- ¿Dónde está? -pregunto Caleb a su amigo, para que le indicare el paradero de Alberto.

-Por allá, lleva muchos días de la misma manera, nos hemos acercado pero no quiere estar con nadie, ayer invito dos rondas seguidas a todos los que estaban y mando a llamar a los mariachis -menciono su amigo.

-Gracias, te agradezco mucho que me informaras, pero sobre todo de hacerte cargo en lo que llegaba - dijo Caleb. -A partir de ahora yo me hare cargo, no olvides en buscarme si necesitas algo, nunca olvidare que cuidaste de un buen amigo.

-Para eso estamos los amigos, ya pase por lo mismo que el pasa, así que solo debemos aguantar en lo que se da cuenta de cómo se destruye solo.

-Solo espero que no sea demasiado tarde para eso -dijo Caleb triste al ver a su amigo del alma en las condiciones en las que estaba, un vagabundo se miraba mejor.

Camino a donde se encontraba sentado Alberto, que se mostraba literalmente como una piltrafa humana, nunca espero llegar a verlo de esa manera, él era un chico orgulloso, que disfrutaba verse bien, pero en esos momentos no quedaba huella alguna de lo que un día fue. Estando a unos pasos de él, el DJ puso la canción del grupo Pesado, sumiéndolo por completo en la desdicha.

Todo era tan bello entre los dos, con caricias y besos me dabas tu amor, Juntos caminamos hasta el sol, pero al fin de cuentas ya nada sirvió. Porque dejaste que me enamorara de ti, si nunca me quisiste, porque me dañas tanto el alma si yo te di mi corazón, con qué derecho me desgarras.

Solicito que la repitieran más de cinco veces. Se podía sentir un sentimiento de culpa, dolor, tristeza, sentimientos encontrados.

«Eso si era una revolución de sentimientos, pero quien lo manda hacer tan sope con la pobre muchacha que no tiene la culpa de nada»

Por más que Caleb intentaba decirle lo que Daniela les comento al darse cuenta que había escapado de todos ellos, él no permitía que mencionara su nombre, ni nada que tuviera que ver con ella. Se sentía perdido por todo lo que estaba pasando, no podía pensar, algo tenía que hacer para volver a ser el Alberto de antes y poner en orden su vida.

Unas cuantas botellas de tequila, bastaron para que Alberto no pudiera pararse de donde estaba, mucho menos estaba consciente de lo que decía o hacía. Era un total bulto «si no sabe tomar señor, mejor no lo haga», que su amigo tuvo que cargar hasta el departamento.

Desde que llegaron no dejaba de decir el nombre de Daniela y de hablar de ella, tanto que Caleb quiso amarrarle la boca para que se callara «o que la canción, ¿Quién lo entiende? Primero que no hablan de ella y ahora que si» y dejara de decir sandeces, su límite ya estaba por encima desde que tomo el vuelo rumbo a México para ir a buscarlo.

Era su amigo, no pensaba traicionarlo, verlo tan devastado cuando él sabía la verdad de lo que paso lo hizo dudar. Cuando Alberto empezó a llorar de nuevo por el amor de su chica, no le quedo duda que tenía que hablar con ella y decirle donde se encontraba, pero antes comprobaría que ahora ella no lo lastimara de nuevo.

Caleb: Hola buenas noches, necesitamos hablar.

Daniela: Hola Caleb, si claro ¿Te marco o me marcas?

Caleb: No, voy hacer un grupo donde agregaré a los chicos. Espera un minuto por favor.

Daniela: Ok, espero, pero te advierto, si es para salir, de una vez por todas te digo que no pienso ir, para mí lo más importante es dar con Alberto.

No solo Daniela debía saber el paradero de Alberto, también sus padres y sus amigos que estaban desesperados por encontrarlo. Era tiempo de ver por su amigo, si en sus manos estaba, con gusto lo haría.

Caleb: Buenas noches a todos, espero no me lo tomen a mal por no decirles antes pero he encontrado a Alberto, quería asegurarme que la información que me dieron fuera cierta. Así que viaje personalmente a verificarlo.

Sra. Glenda: ¿Cómo está mi hijo Caleb?

Daniela: ¿Dónde están? Quiero hablar con él comunícamelo en esto momento, es una orden.

Alicia: Vaya, por fin aparece mi cuñadito.

Caleb: Alberto no está en condiciones de hablar con nadie, mucho menos contigo Daniela deja de ser tan mezquina. Desde que lo encontré todo el día se la pasa tomando, el poco tiempo que esta sobrio no quiero saber nada de nadie. Está encerrado en su cuarto, cuando sale es para regresar a los antros, siento mucho no avisarles antes, pensé que solo eran unos días, ahora veo que necesita la ayuda de todos y yo debo regresar a Grecia antes de que me corran de mi trabajo.

Sr. Kurt: Ahora entiendo tú enfermedad de repente, date por despedido en este mismo instante, jovencito y da gracias que me agarras de buen humor.

Daniela: ¡Por Dios papá! Caleb encontró a Alberto y eso es lo que importa. No te atrevas a despedirlo o me conocerás enojada.

Sr. Leonardo: Hasta que alguien te puso en tú lugar, viejo lobo de mar ja ja ja.

Sra. Martha: ¡Basta!, no estamos aquí para hablar de trabajo, estamos aquí por Alberto. Caleb, no te preocupes por tú trabajo, tomate el tiempo que consideres para estar con él, seguirás conservando tú trabajo cuando regreses, gracias hijo por cuidarlo.

Sr. Leonardo: Tómala barbón, ahora si tus mujeres mandan.

Sr. Kurt: Grrr. Ahora todas mandan en mis empresas.

Daniela: Papá por favor compórtate o quieres que me vaya como lo hizo Alberto y que no sepas nada de mí por muchos años.

Sr. Kurt: Esta bien, está bien, ya no digo nada. Caleb ¿Dónde están para ir por ustedes?

Caleb: Estamos en México, en la guarida de Alberto que solo el Club de Toby conoce. Espero no arrepentirme, pero la única que puede sacar a Alberto de las condiciones en las que se encuentra es Daniela. Si lo regresamos a la fuerza corremos el riesgo de que se vaya de nuevo sin avisarnos, entonces sí lo perderemos por completo.

Andrew: Gracias por encontrar a mi hermano, no sé qué haría sin él. Ya había hablado con Roberta para posponer la boda, pero ahora que lo encontraste, puedo celebrarla sin problemas.

Sr. Kurt: ¡Muchacho del demonio!, ni se te ocurra, eso no sucederá. Mi cachorra es una niña, y no pienso perderla contigo.

Roberta: ¡Papá! Contrólate, Andrew está bromeando, sabes que le gusta hacerte enojar y siempre caes en sus juegos.

Sra. Glenda: Caleb, por favor háblanos con la verdad, no ocultes nada, todos queremos ver a Alberto, pero sobre todo queremos que regresen pronto a nuestro lado.

Daniela: Caleb, te exijo que me digas la dirección en este momento o te aseguro que desearas no regresar a la Ciudad por muchos años.

Bruce: Tranquila fiera, Caleb solo está cuidando de Alberto como cualquiera de nosotros lo haría. Será mejor que descansemos y dejamos que él se haga cargo en lo que viajamos a verlos, yo mismo te llevare a donde se encuentran.

Daniela: ¿De verdad?

Bruce: Claro, se te olvida que soy parte del Club de Toby y se la ubicación que a mencionado.

Sr. Leonardo: Nadie me ha preguntado si también quiero ir, soy su padre. Soy consciente que no es a mí a quien quiere ver si no a Daniela, así que pueden llevarse mi avión. Mañana a primera hora pediré que lo tengan listo para la noche, así todos tendrán tiempo de arreglar sus cosas para marcharse sin problemas.

Daniela: Gracias tío, te amo, gracias por dejarme ir por él. Se fue por mi culpa es mi deber traerlo de regreso, te prometo que pronto lo veras de nuevo, así tenga que amarrarlo a una silla el resto de su vida, regresara a Grecia.

Sr. Kurt: ¿Cómo que lo amas? ¿Qué hay de tú padre?

Daniela: Papá sabes que eres el amor de mi vida, pero mi tío también. No estés de celoso, que con Alberto tengo suficiente por el momento.

Todos: ja ja ja ja

Bruce: Caleb, trata de mantener a Alberto ocupado, mañana por la madrugada estaremos con ustedes. Te mandare un mensaje cuando estemos cerca del departamento, no olvides dejar las llaves con el portero.

Caleb: Entendido, pero no garantizo mucho, más bien nada. Está muy sentido por lo que paso, piensa que es su culpa. Nunca la había visto tan deprimido.

Sra. Glenda: Gracias a todos por buscar a mi pequeño, no saben cómo se los agradezco desde lo más profundo de mi corazón. Daniela, hija, sé que Alberto no es nada fácil, pero por favor, ya no le rompas el corazón, mi muchacho te ama.

Daniela: Tía, te aseguro que no voy hacer nada para dañarlo, como les explique ese día no podía hablar por todo lo que me entere. Mi voz me traiciono, no quería decir nada. Lo que escucho fue una equivocación, no me dejo terminar y se marchó. Déjalo en mis manos, regresara conmigo, así tenga que amarrarlo al asiento del avión o dormirlo, te aseguro que lo tendrás de regreso.

Sr. Kurt: Esa es mi hija. Así se habla, demuéstrale quien manda.

Alicia: Papá ¿Estás seguro de lo que dices?, por si no te has dado cuenta, tu princesa se ira con él, ya no la tendrás en casa «ya dile que no podrá tenerla vigilada a como tanto le gusta»

Sr. Kurt: No metas cizaña, aprendiz de rebelde, que mi princesa solo ira por el para que vuelva a casa de sus padres, después ella regresara a la casa con nosotros.

Anastasia: Pago por ver tío, no sabes las ganas que tengo de ver el final de esta historia, que es mejor que las que pasan en la televisión.

Sr. Leonardo: Eres bienvenida a la casa siempre hija, por nosotros encantados que vivas con Alberto aquí, así le haces compañía a este par de viejos.

Sr. Kurt: ¡No!, mi niña se regresa a su casa, ella no está en edad de irse a vivir con nadie. Antes muerto que eso pase.

Sra. Martha: Cuando empiezas con tu drama, la verdad nadie puede pararte, luego no preguntes porque tus hijas son así.

Caleb: Bueno, les dejo, debo descansar algo. Nos vemos mañana a los que vengan.

Capítulo 3 En el bar.

Sus padres eran consiente de lo que pasaría si no iba por él, conociéndola era posible que armara un pleito de nuevo cuando lo viera, pero tenían la confianza que se entenderían. Lo que paso después de su partida no fue fácil para ella, ahora era Alberto quien estaba en las mismas condiciones y quería ayudarlo a salir adelante.

Tanto su madre como su tía hablaron con ella durante todo el día, solo le pedían paciencia para un chico que estaba completamente destrozado y que no esperaba ya nada de la vida.

«Luego dicen que las mujeres somos las dramáticas»

El reloj marcaba las 16:00 horas tiempo de Grecia, cuando abordaron el avión privado de los papas de Alberto que los llevaría a la Ciudad de México. Emprendían un viaje de trece horas, donde pensaría todo lo que haría cuando lo tuviera enfrente y lo que haría para traerlo de regreso con sus padres.

Era una misión casi maratónica, pero no imposible. Su corazón se destrozó al saber las condiciones en las que estaba Alberto, nunca imagino que la amara tanto. Las fotos que le compartió Caleb calaron su alma y algo más, el video donde lloraba, gritando su nombre le enchino la piel, llorando junto con él.

A las cinco de la madrugada, tiempo de la Ciudad de México, el avión aterrizaba sin contratiempo. Los esperaba el chofer que contrataron para ser llevados sin demora a donde se encontraban.

Caleb estaba nervioso porque Alberto no quería irse del bar donde se encontraban, tanto tiempo tomando se había hecho resistente al alcohol, pero ese día en especial Alberto se embarcó con unas chicas que estaban en la mesa de alado. Quería olvidarla a la chica que estaba arraigada en su corazón, necesitaba sacarla de su mente y olvidar esos dos lunares que lo volvían loco cada vez que la miraba, esos lunares que lo invitaban a pecar cada vez que la tenía enfrente.

Alberto era un chico de apenas 30 años, con unos ojos negros como la noche que invitaban a pecar, cada vez que los mirabas fijamente haciendo un contraste con su color de piel apiñonada y un cuerpo de infarto que más bien parecía modelo. Su identidad siempre fue bien protegida por todos, para que nunca fuera relacionado con las empresas de su familia, y así poder correr en cada uno de los circuitos que se presentaban en todo el mundo.

-Debemos irnos Alberto, ya no estás en condiciones de beber una gota más de alcohol o te aseguro que terminaras en el hospital por un coma etílico -menciono Caleb enojado con su amigo que lo ignoraba.

-Achís, achís los mariachis... de cuando acá tengo guarura o niñera. Qué recuerde no me gustan las nanas y mucho menos mande a pedir una -manifestó Alberto.

-Estas borracho, vámonos. Debes descansar -replico Caleb restándole importancia a su comentario.

«Yo que tú lo agarro a golpes, hasta que saques toda la frustración que traes»

- ¡Vete!, yo aquí me quedo, no me sigas amargando la poca vida que me queda, lárgate de una buena vez antes de que me desquite contigo todo el enojo que traigo, además ya asustaste a las chicas que venían a divertirse conmigo -grito Alberto.

-Si me voy, pero te vienes conmigo, así te tenga que sacarte amarrado como puerco de este lugar. Vendrás conmigo por las buenas o por las malas, tú decides de qué forma lo hacemos -dijo Caleb.

Como era de esperar el pleito empezó entre ellos dos, fue muy fácil para Caleb poder controlar la situación, su amigo estaba muy tomado «ya métanlo al anexo, aparte de borracho pleitista», no podía ponerse de pie solo ni por un segundo. Estaba claro que sin la ayuda de su amigo no llegaría a su departamento.

Por tratar de huir tropezó con una de las sillas que se encontraban a su paso, cayendo de frente hasta golpearse la cabeza con la pata de una mesa, quedando completamente noqueado al instante «para eso me gustabas, aparte de borracho, torpe». Las pocas personas que se encontraban en el lugar se acercaron asustados, para ver qué pasaba con el chico y como podían ayudarlo.

-Creo que debes hablar seriamente con tú amigo, el dolor que trae en el alma, no se cura ni con todo el alcohol del mundo; si no resarciendo lo que ha hecho a esa chica que tanto menciona -dijo una mesera que se acercó hasta donde estaba Alberto para ver si respiraba poniendo su mano cerca de su nariz.

Tantos años trabajando en los antros, que ya podía distinguir a las personas que sufrían por amor o por otras situaciones, ya le había tocado atender a muchos de ellos.

-Ahora resulta que eres doctora y no mesera -respondió Caleb enojado, mientras miraba a la chica de arriba abajo como si se tratara de un bicho raro o un extraterrestre hablando con los príncipes del parlamento.

- ¡Ayúdame a levantar a tu amigo! Soy mesera con mucho orgullo, no un estúpido arrogante que no puede cuidar de un amigo cuando más lo necesita como tú comprenderás la situación -menciono la mesera en un tono mordaz.

Ella no se dejaba intimidar por nadie, conocía su lugar pero siempre se hacía respetar ante la gente que consideraba que ser mesera era un trabajo deplorable.

- ¡Cuida tus palabras!, se me puede olvidar que eres mujer -refunfuño Caleb alzando una ceja, esa chica lo estaba regañando sin saber lo que pasaba con su amigo y él no era hombre para que una chica lo tratara mal, mucho menos indicarle lo que debía de hacer.

«Hay sí, niño mimado hay sí, niño mimado»

-He conocido a personas peores que tú, ¡No me asustas! Tú amigo respira, será mejor que te lo lleves a descansar para que deje de tomar como loco. Prepárale un par de aspirinas con jugo de naranja para la resaca de mañana, digo, si es que puedes hacerlo sin que se te caiga de las manos también -menciono la chica de manera picara.

Caleb no estaba acostumbrado a que nadie le marcara la pauta, mucho menos una mujer como ella. No es que fuera despectivo, solo que era muy selectivo «fíjate, no sabía que se llamaba de esa forma, ahora cuando me digan algo diré que soy selectiva con las personas que me rodean».

Pensaba que las mujeres eran para estar en su casa y dedicarse al cuidado de los hijos «en que época vive este cuate». Los prejuicios de la alta sociedad lo mataban «qué bueno que lo aclaras, porque si no lo mato yo», más bien era que nunca había conocido a alguien como ella, alguien que tuviera las agallas de responderle sin perder la calma y cantarle sus verdades a la cara.

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