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Casados por accidente

Casados por accidente

Autor: : Isavela-Robles
Género: Romance
Lorena está comenzando su primer semestre en la universidad después de un año de haberse graduado de bachiller. Aunque, vive un infierno en su casa por culpa de sus hermanas. Después de la propuesta de su novio Cristian de irse a vivir con él a su apartamento, la vida de la joven cambia radicalmente. Por culpa de un anillo en la mano de Lorena, las dos familias de la pareja comienzan a planear una boda y, para colmo de males, Flor (la hermana de la joven) le dice que se vaya a vivir con su prometido ya que muy pronto serán esposos. Todo esto sería buena idea, solo que hay un pequeño problema, ¡Cristian nunca le pidió casarse con ella! Ay, Lorena, vives metiéndote en problemas, ¿y ahora cómo harás?

Capítulo 1 Una mañana

Allí estaba Lorena, frente al computador con unas enormes ojeras, a su lado una taza de café a medio tomar y de fondo se escuchaba la canción del grupo Morat "Mi suerte".

La joven dejó salir un suspiro y después estiró sus brazos mientras desplegaba una sonrisa.

-¡Por fin lo terminé! -soltó.

En aquel momento sonó la alarma que había puesto en su celular. Lorena voleó a su derecha donde reposaba el objeto vibrando y sonando como gallo al ver los primeros rayos de sol.

-¡Mierda! -soltó la joven al tomar el celular y quitar la alarma.

Rápidamente corrió a buscar su toalla en la habitación y para salir rumbo al baño. Aunque, se detuvo en seco al encontrar la puerta del baño cerrada y con seguro.

Comenzó a forcejear la manecilla de manera descontrolada y a dar golpes en la oscura madera.

-¡Sal, necesito bañarme, se me hará tarde!, ¡hoy tengo parcial! -gritó bastante desesperada.

Pero por más gritos que diera, quien estaba en el baño no tenía intenciones de salir. La gota que rebosó la copa, fue cuando escuchó una canción dentro del baño.

Lorena pegó su oreja derecha en la puerta para escuchar mejor.

-¡Flor, sal ya del maldito baño! -gritó bastante enojada.

-¡Deja de joder, estúpida! -escuchó del otro lado.

Lorena soltó un grito bastante encolerizada y le dio una patada a la puerta, aunque, se arrepintió de esto al sentir sus pequeños dedos palpitar del dolor. Comenzó a cojear mientras se dirigía escaleras abajo soltando el llanto.

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La señora Camila terminaba de hacer el desayuno cuando escuchó el llanto de su hija menor.

Ahí estaba otra vez el mismo problema de todas las mañanas. La mujer respiró hondo para calmarse y no matar a sus dos hijas.

-¡Mami!, ¡Flor no quiere salir del baño y se me hará tarde para ir a clases, sabes que demoro una hora en llegar a la universidad en bus! -dijo Lorena detrás de la mujer.

La señora Durán volteó a ver a su hija con rostro serio.

-Dile a la señora Carmelina que te preste su baño, habían acordado eso, ¿no? -sugirió.

-¡¿Cómo voy a molestar a una anciana a las seis de la mañana?! -gritó la joven-, además, su esposo siempre me mira raro, se nota que ya está harto de que los moleste pidiéndoles prestado su baño a las seis de la mañana. ¡Ay! ¡Esta es la única casa que solo tiene un baño!

-¡Mira jovencita, nosotros somos pobres, no tenemos dinero para hacer un baño en cada cuarto, no somos tus amigos millonarios! -dejó salir un resoplido-, deja de molestarme o terminaré arrancando tu estúpida cabeza.

-¡Pero necesito bañarme! ¡No dormí en toda la noche por estar editando un video que seguramente no podré entregar si no me baño ahora!

-¡Entonces, lárgate sin bañar porque tu hermana no va a salir de ese baño por ahora, ya la conoces!

Lorena llevó una mano a su cabeza mientras soltaba un grito de rabia. Comenzó a salir de la cocina soltando el llanto y tirando cuanto objeto se encontraba en su camino.

El señor Durán estaba sentando en la sala intentando leer un libro cuando Lorena llegó a él.

-Papi, dile a Flor que salga del baño -suplicó.

-Ay, hija, sabes cómo es tu hermana, lo hace de maldad -dijo el hombre tratando de calmar a la chica-. Mira, báñate en el patio, tomas un balde con agua y te bañas allí.

-Ay, no... sabes que el vecino ese le encanta morbosear por la ventana -replicó la joven.

-Solo por hoy, para mañana, alcanzas el baño primero -explicó el hombre.

Y allí estaba Lorena, sacando agua de la alberca subterránea con un balde mientras balbuceaba groserías mientras pensaba en su hermana y en las mil formas en las que podría matarla.

Mientras se bañaba soplaba una fuerte brisa que la hacía temblar del frío.

-¡Pero ya verá, cuando la vea...! -dijo para sí Lorena.

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Cristian dio un salto de su cama cuando escuchó que su celular comenzó a sonar. Quedó paralizado viendo la gran ventana frente a él como si allí hubiera algo interesante. Después, recordó que estaba entrando una llamada y buscó su celular entre las almohadas blancas.

-¡Ay, Lorena, ¿ahora qué pasó?! -gruñó.

-¡Necesito que vengas a recogerme, no llegaré a tiempo! -respondió la joven con voz afanosa.

-¡¿Y eso a mí qué?! ¡No soy tu chofer!

-¡Pero sí mi maldito novio! -la llamada se cortó en ese momento.

Cristian miró su celular fijamente con bastante impotencia y después lo aventó hacia la ventana frente a él.

-¡Esta idiota, ¿por quién me toma?! -gritó.

Lorena bajó rápidamente las escaleras que comunicaban el segundo piso de la casa de sus padres y corrió hacia la puerta principal. Al fondo se escuchaba el pitido de un auto, Cristian había llegado y no se encontraba de buen humor.

-Lorena, ¿no vas a desayunar? -preguntó su padre acercándose a ella.

-No, no tengo tiempo -respondió mientras abría la puerta.

Lorena al salir de la vivienda acomodó su bolso en sus brazos y corrió hacia el auto de Cristian. Abrió la puerta del copiloto y entró.

-Menos mal llegaste a tiempo -dijo la joven al ya estar sentada.

Cristian comenzó a manejar en silencio y Lorena sabía que había algo que no andaba bien.

-¿Estás enojado porque te hice madrugar? -preguntó.

Cristian parecía que no tenía intenciones de contestar.

-Cristian, lo siento, sabes que en mi casa vivo un mismísimo infierno por culpa de mis hermanas -explicó-. Por eso se están quedando solteronas.

Cristian le pasó una bolsa de papel a Lorena al detenerse en un semáforo.

-Come esto, no podrás concentrarte si no has dormido y mucho menos si solo has tomado café -dijo el joven con tono serio.

Lorena tomó la bolsa y sacó de su interior un sándwich preparado como a ella le gustaba y una botella de jugo de fresa.

-Cristian... no debías ponerte en estas... -soltó la joven un tanto apenada.

-Deja de pelear con tus hermanas -pidió Cristian mientras volvía a conducir.

-Es que... -Lorena comenzó a mascar un bocado de sándwich- Flor me odia, sabe que tengo clases todos los martes a las ocho de la mañana y no le importa, entra a bañarse y demora una hora. Imagínate, si un bus demora una hora para llegar desde mi casa a la U, ¿a qué hora voy a llegar?

-Por eso te dije que buscaras un apartamento cerca de la universidad, hay muchos.

-¿Ah sí? ¿Y con qué voy a pagarlo? -cuestionó ella.

-¿Tus padres no pueden pagarlo?

-¿Estás loco? Claro que no -Lorena le dio un sorbo a su jugo-. Mi familia no tiene dinero para estar malgastándolo de esa manera. Ese eres tú, que se te metió el arrebato de independizarte y te fuiste a vivir a ese estúpido edificio para ricos.

-Oye... deja de ser envidiosa.

-Sabes que no estoy para nada de acuerdo que hicieras gastar a tu padre tantos millones solo por tu estúpido capricho -replicó Lorena.

-¿Ah sí? Bueno, ese es mi problema.

-Ay, Cristian, ya, no quiero discutir contigo.

-¡Pero tú comenzaste! -se enfadó Cristian.

-Bueno, ya, ya -Lorena llevó una mano a su cabello y respiró hondo-. Perdón, estoy muy estresada, no es justo de mi parte meterte en todos mis problemas. Lo siento.

-Tranquila, amor, entiendo totalmente todo lo que estás pasando. Por eso te digo que sería muy bueno si te mudaras cerca de la universidad, te quitarías muchos problemas.

-Sí, a mí me encantaría y sé que es una muy buena idea, pero, Cristian, yo no tengo cómo pagar un cuarto y mucho menos un apartamento.

Cristian comenzó a estacionar el auto en el parqueadero de la universidad mientras meditaba en una solución para los problemas de su novia.

-Podrías vivir conmigo -sugirió.

Lorena dejó de tomar su jugo y clavó su mirada en sus manos al no saber cómo actuar ante semejante propuesta.

-No tendrías que pagar nada y vivirías a una cuadra de la universidad -explicó Cristian.

Lorena comenzó a tomar su bolso para salir del vehículo en silencio. Se sentía demasiado incómoda y con una ligera apatía hacia Cristian.

-Pero, si no quieres, está bien -dijo el joven al ver que a Lorena no le sonó la idea en lo absoluto.

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Camilo pasó los dedos de su mano derecha por la columna vertebral de Laura, quien dormía plácidamente en la cama boca abajo.

A Camilo le encantaba verla dormir. Aquel rostro tierno lo embriagaba de amor y le satisfacía el hecho de saber que podía recorrer hasta el rincón más pequeño de aquel cuerpo.

Le dio un beso en la frente antes de levantarse de la cama para irse a duchar.

Laura se despertó minutos después cuando sonó el despertador. Recorrió con la mirada la habitación y después apagó el molestoso objeto.

Eran las ocho de la mañana y tenía clases a las nueve, así que debía arreglarse.

Se levantó de la cama y caminó hasta el baño donde pudo escuchar el sonido del agua caer. Entró y tomó un cepillo de dientes de la repisa y echó un poco de crema dental para después comenzar a lavar su boca.

-Amor, ¿hoy dormirás en casa de tus padres? -preguntó Camilo desde la ducha.

-Sí, mi madre se está quejando porque muy poco estoy en casa, así que, hoy no puedo quedarme -respondió Laura.

-Qué mal, estaba pensando en hacer algo rico entre los dos después de llegar del gimnasio.

Laura terminó de lavar sus dientes y después entró a la ducha sonriente. Camilo se acercó a ella y rodeó la cintura con sus brazos para después darle un beso bastante profundo.

-Lo siento, pero será para otro día -dijo Laura después de acabarse el beso.

-Me encantó lo que hicimos anoche -susurró Camilo al oído de la joven-. Quiero que se vuelva a repetir muy pronto.

Laura comenzó a reír al sentir cosquillas en su cuello por los besos que Camilo le daba en esa zona.

-Camilo, basta, debo ir a clases -dijo la joven.

Pero su novio no tenía pensado parar, al contrario, su excitación crecía cada vez más.

Camilo recostó a la pared del baño a la chica y después hizo subir sus caderas hasta que sus piernas pudieran rodearlo. Comenzó así un beso mientras Laura podía sentirlo en su interior obligándola a soltar gemidos.

Al parecer, ese día Laura llegaría tarde a clases.

Capítulo 2 Si no eres tú, ¿quién

-Claro, como ahora Camilo tiene vida sexual activa, se cree el gran macho -se burló Miguel.

-No me creo el gran macho, -replicó Camilo- no harás que cuente mi vida íntima con ese tipo de comentarios.

Cristian solo se limitaba a escuchar la conversación de sus amigos mientras tomaba su limonada en silencio.

-Pero, estamos en confianza -dijo Miguel.

-Si dices que estamos en confianza, ¿por qué nunca cuentas sobre tu relación con Marc? -preguntó Camilo.

Miguel se recostó al espaldar de la silla de madera mientras dejaba salir un suspiro y notó que Camilo alzó sus cejas con incredulidad.

-¿Ves? No nos tienes confianza, así que, si tú no hablas, yo tampoco lo haré -agregó Camilo.

El grupo de jóvenes que se encontraban en la cafetería cayeron en un gran silencio, pero no uno incómodo, al contrario, estaban tomando tranquilamente sus jugos naturales.

-¿Qué quieres que te cuente sobre mi relación con Marc? -indagó Miguel.

-No lo sé, -soltó Camilo- ¿qué tal es?, ¿cómo está? Ese tipo de cosas.

-La relación está bien, obviamente. Si no fuera así, no estaríamos juntos -respondió Miguel con tono obvio-. Nos gusta mantenerla muy privada, Marc es muy reservado con su vida.

-No me he dado cuenta -comentó Camilo por lo bajo con cierto sarcasmo.

-¿Cómo te fijaste en él? -preguntó Cristian.

Sus amigos voltearon a verlo, ya que, era la primera vez en toda la conversación que hablaba.

-Bueno -Miguel quedó pensante-. Fue en el colegio, me comenzó a atraer con el paso de los días, y fue en la fiesta que planeé en último grado que decidí hablarle. Las cosas se fueron dando con el paso de los días, y cuando nos quisimos dar cuenta, ya habíamos formado una relación -el joven dibujó una sonrisa en su rostro-. Me sorprendió el ver que nos llevábamos muy bien, es una relación bastante tranquila, yo lo entiendo, él me entiende y... lo bueno es que Marc no me cela, es muy tranquilo con ese tipo de cosas. Me da mi espacio y eso es bastante bueno, porque de no ser así, nuestra relación habría acabado hace mucho tiempo.

-Confía en ti -explicó Camilo.

-Sí, eso es algo muy bueno porque, de esa manera es que nuestra relación ha durado mucho tiempo.

Camilo y Cristian quedaron sorprendidos por la confesión de Miguel. Se notaba a simple vista que estaba enamorado y que su relación era muy buena, tanto, que desató la envidia de sus amigos.

-Ojalá mi relación fuera así -soltó Camilo.

-¿Por qué? -preguntó Miguel-, ¿las cosas no andan bien con Laura?

-Es que... O sea -Camilo no sabía cómo explicarlo-, no está mal, pero, tampoco va bien. No sé cómo decirlo -rascó su nuca un tanto estresado-. Laura es muy buena, lo sé, pero, lo es tanto que... a veces la siento aburrida. Si no le hago preguntas podría pasar horas en silencio pensando en yo no sé qué.

Miguel soltó una gran carcajada que no pudo retener con la explicación de su amigo.

-Sabías que ella era así desde un principio -dijo Cristian.

-Lo sé, pero, pensé que eso podría cambiar. Que, cuando Laura me tuviera confianza, se comportaría como lo es con sus amigos -aclaró Camilo-. Me he dado cuenta que ella es muy extrovertida con sus amigos, hasta con Robert. Cuando está con ellos es una persona totalmente diferente, pero, cuando estamos los dos solos, ella es reservada, sumisa y... no da problemas en lo absoluto, todo para ella está bien, -Camilo subió los hombros- y ya, eso es todo. En eso se resume Laura cuando está conmigo.

-Entonces, allí lo que hay es un problema de confianza -explicó Cristian-. Ojalá Lorena no me diera problemas, pero, nuestra relación se resume a eso. A mí me toca ser el sumiso para que no vivamos peleando.

Cristian hizo un gesto de desagrado y después puso los ojos en blanco. Tomó con su mano derecha su vaso de limonada que dejaba caer pequeñas gotas frías en la madera oscura de la mesa.

-Amo a Lorena, pero, ella vive estresada y me envuelve en todos sus problemas -confesó Cristian con tono aburrido-. Me llama a las seis de la mañana para que sea su chofer, debo prepararle el desayuno, porque, si no lo hago, estoy seguro que pasaría toda la mañana en blanco. Y para colmo de males, muchas veces me toca trasnochar con ella para ayudarla con sus trabajos, ¿se imaginan eso? ¿Tener que aprender el oficio de su novia para ayudarla?

Camilo quedó un tanto pensante dejando que sus labios formaran un pequeño puchero, meneó su cabeza a los lados intentando encontrar un comentario para lo que acababa de relatar su amigo.

En cambio, Miguel ya tenía un comentario para Cristian. Humedeció sus labios y lo miró fijamente.

-Cristian, debes entender que la vida de Lorena no es para nada fácil. Yo he podido escuchar muchas conversaciones en las que ella llora al no saber qué hacer con los muchos problemas que tiene por culpa de su familia -dijo Miguel-. Me he dado cuenta que su familia en sí, no la apoya en nada con su carrera, la tienen descuidada. Lorena es la joven que tú ves ahora porque ella se ha esforzado en salir adelante. Desde que estaba en el colegio pude ver las muchas estrategias que utilizó para poder sobrevivir -dejó salir un suspiro-. En un principio Lorena me parecía rara y por esa misma razón la molesté muchas veces, pero, después pude ver las razones que había detrás de su extraño comportamiento.

-Sí, Lorena trabajaba y estudiaba para poder comprar sus cosas porque sus padres no le daban dinero, aparte que ella es muy orgullosa y tampoco los obligaba a hacerlo -agregó Camilo-. Sus hermanas viven criticándola y haciéndole la vida imposible.

Cristian dejó salir un suspiro y después tomó un poco de su jugo.

-Lorena solo te tiene a ti. Por lo mismo deberías seguir apoyándola como lo has estado haciendo todo este tiempo -sugirió Miguel.

-¿Desde cuándo te volviste consejero de parejas? -preguntó Cristian con una leve sonrisa mientras veía a Miguel.

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Marc repasaba el lápiz varias veces sobre su boceto de diseño mientras mascaba un chicle con la boca abierta.

-¡Por favor, mujeres, entiendan una cosa! -alzó la voz para que sus amigas pudieran escuchar.

Sasha, Lorena y Laura voltearon a verlo.

Marc dejó el lápiz sobre el papel y después acomodó su cabello dejando su espalda bien erguida.

-Los hombres son creaturas de la naturaleza que están con uno cuando encuentran un habitad favorable -explicó-. Si Sasha terminó con su novio fue porque su relación no tuvo un ambiente amigable.

Sasha abrió su boca en gran manera al escuchar aquellas palabras.

-Por favor, Marc, yo terminé con él porque el muy maldito estaba viéndose con otra -replicó la joven.

-Niña, es por esa misma razón que uno debe ver también con qué hombre se va a meter. No puedes darle un sí al primer moscorrofio que se aparezca en tu camino -regañó Marc.

-Ay, ¡lo sé! -Sasha cerró los ojos con fuerza- fui una tonta, ¡no sé qué rayos le vi al engendro apestoso ese!

Lorena soltó una gran carcajada que dejó sus mejillas rojas.

-No te rías mucho, muchachita, que, así como llevas tu relación Cristian en cualquier momento te manda a partir palito -dijo Marc.

Lorena cortó su risa de inmediato y tornó su rostro serio.

-Bueno, si me deja es su problema. Mejor para mí -soltó la chica.

-¿Ah sí? -Marc subió una ceja con incredulidad-, sigue expresándote de esa manera, que en cualquier momento Diosito te hace el milagrito. Vamos a ver cuando pase cómo vas a reaccionar.

Sasha y Laura miraron a Lorena con un rostro un tanto temeroso, haciendo que Lorena se sintiera bastante incómoda.

-Yo por eso cuido a Miguel como si ya fuéramos esposos -dejó salir un suspiro-. Chicas, deben entender algo, una relación debe incluirlas a ustedes, no todo siempre debe hacerlo el hombre. Ustedes tienen que estar pendiente de ellos, escucharlos, no solo ellos a ustedes. Tienen que ser sus amigas, que sus novios se sientan a gusto cuando están con ustedes. Dejen de tratarlos como si fueran máquinas.

Marc pasó una mirada por Sasha.

-Tú, te metiste con el peor hombre de toda la universidad. Sabías perfectamente que él le hecha el cuento a todas, y no te importó. Así que, te pasó eso por pendeja, fueron cuernos a gusto -Marc miró a Lorena-. Te la vives discutiendo con Cristian, lo tienes como tu sirviente, Dios le ha dado mucha paciencia a ese joven para que él pueda soportarte, ¿y para qué? Si ni siquiera lo valoras. Así que no me vengas llorando a pedirme consejos cuando Cristian te deje -rodó la mirada a Laura-. Y tú.

Laura se asustó cuando vio que Marc le iba a dar una crítica bastante severa.

Los grillos se escuchaban al fondo mientras se acercaba la tarde, haciendo así que el pequeño silencio entre el grupo se volviera eterno.

-Mija, reacciona. ¿Crees que con solo sexo vas a tener feliz a Camilo? ¡Por favor! No estás para nada pendiente de él. Estoy seguro que ni siquiera sabes qué hizo ayer.

-Es que, esa es su privacidad, debo respetarla -dijo Laura.

Marc puso los ojos en blanco y alzó la mirada hasta poder ver el cielo.

-¡Dios mío, ilumínala o elimínala! -gritó mientras alzaba los brazos.

Lorena trató de ocultar una carcajada, pero se le hacía imposible. Limpió su garganta para así hacer que se fuera la risa.

-Niña, obviamente que uno tiene que respetar el espacio personal de su novio, pero, tampoco a tal punto que ni sabes con quién habla, qué hizo y qué no hizo -explicó Marc mientras miraba fijamente a Laura-. Vamos a poner un ejemplo -miró a Lorena-, ¿Cristian qué hizo ayer en todo su día y qué hará hoy?

-Bueno, -Lorena quedó un tanto pensante- ayer me llevó a la universidad, después volvió a su apartamento porque tenía mucho sueño, después, según lo que me contó, haría unos trabajos con unos compañeros de clase, después almorzamos juntos, me ayudó a adelantar unos trabajos y volvimos juntos a la universidad. No lo vi en el resto del día, pero imagino que fue a casa de sus padres a cenar como regularmente lo hace -dejó salir una sonrisa- y antes de dormir me envió un mensaje de buenas noches.

-¿Y qué hará hoy? -preguntó Marc.

-Hoy tenía clases en la mañana y también tiene en la noche, por lo regular se queda adelantando trabajos en la universidad después de clases, así que estará todo el día aquí -respondió Lorena-. Y debe estar en este momento con Camilo y Miguel en la cafetería hablando vacuencias, saben cómo son ellos. Ese es su ritual sagrado.

Laura quedó con la boca abierta al escuchar toda la información que Lorena acababa de dar.

-Y para saber eso Lorena no debe estar a todo momento al lado de Cristian, ahí, no dejando que respire -explicó Marc.

-No, él es quien me cuenta, por lo general lo hace cuando me trae a la universidad. Yo también le cuento para que sepa dónde estaré, por si necesita algo. Porque, ya saben que soy una despistada de primera y casi siempre tengo el celular en silencio, nunca le respondo las llamadas -dijo Lorena.

-Lorena, si no discutieras tanto con Cristian, su relación fuera hermosa -confesó Sasha-. Se nota que él te apoya muchísimo por lo que acabas de contar.

Lorena entreabrió su boca, aunque, no supo qué decir. Solo dejó que su mirada recorriera el parque que las rodeaba donde se encontraban mesitas de metal iguales a la suya.

Meditó el resto de la tarde sobre aquella conversación que tuvo con sus amigas. Así que, al final de su última clase que terminó a las siete de la noche, decidió esperar a Cristian.

Caminó hasta el edificio en que el joven tenía su clase y esperó a que terminara.

A Cristian se le hizo extraño que Lorena lo estuviera esperando, de hecho, imaginó que había pasado algo malo. Por lo mismo se acercó a ella con paso afanado.

-Amor, ¿sucedió algo? -preguntó preocupado.

Lorena lo vio con rostro confundido y se levantó de la banca.

-No, ¿por qué? -inquirió la joven.

-Entonces, ¿por qué me esperaste?

Lorena sintió que sus adentros se revolvieron, ¿era tan raro que ella hiciera ese tipo de cosas?

-Bueno... -Lorena no sabía qué decir- ¿hay algo de malo en que lo haga?

Cristian quedó viendo a Lorena con rostro extraño, aunque, después recordó que la joven se incomodaba fácilmente cuando se le hacía ese tipo de preguntas.

-Tengo hambre, vamos a comer algo -sugirió Cristian sonriente.

Lorena aceptó acentuando con la cabeza y después Cristian la abrazó bastante entusiasmado.

-Vamos a comprar pizza y la comemos en mi apartamento, ¿qué te parece? -sugirió Cristian-. Vemos una película arrunchados en la cama, los dos solos.

Lorena aceptó al instante, aunque, después su mente procesó la idea de Cristian y se dio cuenta que la intención del joven era otra.

Pues verás, Lorena no había estado íntimamente con Cristian, así que, para ella el estar sola en el apartamento del joven, era algo a lo que le temía.

Cristian le contaba a Lorena sobre su día alegremente mientras esperaba a que tuvieran su pizza lista, pero, Lorena no le estaba prestando nada de atención. Su mente estaba perdida en los muchos mundos paralelos donde ella entraba al apartamento del joven y pasaban muchas cosas. De hecho, su imaginación era tanta que hubo una situación en la que entraban a robarles en pleno acto sexual.

Lorena clavó su mirada en la copa de helado que estaba comiendo. Su mente le advertía sobre la situación en la que entraría cuando entregaran la pizza. Llegaría a un apartamento al cual solo había entrado tres veces, y eso, nunca lo hizo sola. Ese era el día en que perdería su virginidad, había llegado el momento.

-Por eso necesito que me digas si pintar o no la pared, creo que el departamento necesita algo de personalidad. Bueno, tú me dirás si hacerlo o no cuando lleguemos -dijo Cristian sonriente.

Lorena aceptó con un movimiento de cabeza y después metió a su boca una cucharada de helado grande. Aunque, después se arrepintió cuando su cerebro quedó congelado.

-Amor, ¿estás bien? -preguntó Cristian al ver el rostro de sufrimiento de la joven.

En aquel momento un mesero trajo la pizza que Cristian recibió amablemente.

Lorena sintió que su corazón comenzó a latir con mucha fuerza al ponerse de pie. ¡Había llegado el momento!

Como el departamento de Cristian quedaba muy cerca de la universidad, no estuvieron mucho tiempo en el auto, así que, fue cuestión de minutos para que el joven estacionara su auto en el parqueadero del edificio.

Cristian, mientras se quitaba el cinturón de seguridad, volteó a ver a Lorena con una enorme sonrisa desplegada.

-Amor, tengo una idea -informó-, ¿qué te parece si te quedas a dormir conmigo esta noche?

Lorena sintió que su corazón se iba a salir de su pecho cuando sintió la mano de Cristian en una de sus piernas.

-Mañana es sábado y... no tenemos clases, así que, podemos despertarnos tarde. Si quieres, yo te ayudo con los trabajos que tengas, podemos hacerlos mañana.

Sabía que no tenía excusa para decirle a Cristian que no, la había acorralado.

-Está bien, pero... tengo un problema -soltó al tener una idea.

-¿Cuál?

-No tengo ropa -respondió.

Cristian soltó una pequeña risita.

-Eso no es un problema -dijo el joven mientras bajaba del auto.

¿No era un problema?, ¿qué quiso decirle con eso?

Cristian le abrió la puerta del carro y la joven antes de bajar apretó con fuerza la caja de la pizza.

-Hay una película que siempre me he querido ver, pero no lo he hecho porque lo quiero hacer contigo. Estoy seguro que te encantará -confesó Cristian mientras caminaban hacia el ascensor.

-¿Cuál? -inquirió la joven mientras iban en el ascensor.

-No recuerdo su nombre, pero la tengo guardada en mi historial -respondió el chico.

Lorena sintió que sus cabellos se pusieron de punta cuando el ascensor abrió sus puertas y su vista se fijó en el largo pasillo de baldosas de mármol frente a ella. Al fondo se encontraba la puerta de madera de cedro la cual resguardaba en pomposo departamento de su novio.

Cristian salió del ascensor y volteó a ver a Lorena al notar que no lo estaba siguiendo.

-¿Sucede algo? -preguntó el joven al ver que la chica no salía del ascensor.

Lorena con pasos temerosos se acercó a Cristian e intentó dibujar una sonrisa en sus labios.

-Es que, es la primera vez que vengo sola a tu departamento -confesó Lorena.

-Te encantará, la pasaremos muy bien los dos solos -dijo Cristian y después le dio un beso en sus labios.

Capítulo 3 Cuando me enamore de ti

Cristian abrió la puerta del departamento y volteó a ver a Lorena, quien estaba totalmente congelada a unos centímetros de distancia de él.

-Vamos, amor -dijo Cristian con una ligera sonrisa en su rostro.

Lorena entró al departamento y sus ojos se volvieron grandes al ver lo majestuoso que era. Frente a ella había una enorme sala con unos muebles negros, las paredes blancas eran bastante altas y al fondo se encontraba una pared de cristal por la cual se podía apreciar la vista nocturna de la ciudad.

En la derecha se podía apreciar la cocina, ya que, el espacio era de concepto abierto. Todo tan sofisticado y bien organizado, se notaba a simple vista que Cristian era el que vivía allí.

Lorena comenzó a caminar lentamente por la sala apreciando los pequeños detalles, los cuadros grandes de paisajes urbanos grises, la gigantesca vista de la ciudad, que, al acercarse hasta la pared la hizo sentir con claustrofobia.

Cristian, bastante a gusto de tener a Lorena en su apartamento, se dirigió a la cocina y sacó de la nevera una botella de gaseosa que sirvió en dos vasos de virio.

Lorena, mientras, se sentó en una mesa redonda de vidrio que encontró cerca de la cocina sintiéndose un tanto intimidada. Cristian pudo darse cuenta de esto, pero, pensó que era porque todo era nuevo para la joven.

-Amor, vamos a la habitación -informó Cristian teniendo en sus manos los vasos llenos de gaseosa.

Lorena se levantó y tomó la caja de pizza, rodó lentamente su mirada frente a ella donde encontró unas escaleras de cristal que comunicaban el segundo piso. Sabía que allí estaban las tres habitaciones que tenía el departamento.

La joven siguió a su novio hasta poder subir al segundo piso y caminaron hasta el fondo del pasillo donde Cristian le pidió que abriera la puerta, ya que él no podía hacerlo al tener las manos ocupadas.

La joven, con algo de torpeza al tener las manos un tanto temblorosas, abrió la puerta y entró a la habitación. Ésta no tenía muchas cosas, solo lo esencial que nunca le debía faltar a Cristian. Un enorme televisor colgado en la pared frente a la gigante cama de sábanas blancas, un sofá de cuero negro recostado a otra pared blanca, las mesitas de noche a cada lado de la cama y ya.

-Te hace falta personalizar tu cuarto -dijo Lorena.

-Por eso te pedí que me ayudaras, necesito decorar el departamento, le hace falta personalidad -explicó Cristian.

Lorena se acercó a la cama y se sentó en una orilla mientras fingía reparar la habitación, pero no, su mente estaba en un lugar muy recóndito de allí.

Cristian dejó los vasos de gaseosa en una mesita de noche y después comenzó a buscar la película en el televisor.

Lorena debía aceptarlo, quería salir corriendo de aquel lugar, estar en su casa adelantando sus trabajos hasta terminar dormida en el escritorio vencida por el cansancio.

-Debo llamar a mis padres, tengo que avisar que hoy no iré a dormir -informó la joven dejando a un lado de la cama la caja de pizza.

Quitó de su espalda su bolso negro y buscó en el interior de este su celular, después marcó el número de su padre y se levantó de la cama.

-Hola, papi, sí, estoy bien. ¿Cómo está todo en la casa? -Lorena comenzó a caminar en círculos por la habitación.

-Igual como siempre, mija -informó su padre por la llamada.

-Papi, hoy no llegaré a la casa.

-¿Y eso?, ¿te quedarás a hacer trabajos en casa de una compañera? -indagó el hombre.

-No, me quedaré con Cristian -Lorena llevó una mano a su boca un tanto temerosa.

-Hija, ¿cómo que te vas a quedar con él? -preguntó su padre con un tono un tanto molesto.

En eso se escuchó al fondo de la línea la voz de su madre que le decía algo a su esposo, después, un pequeño forcejeo, y al final, como Lorena imaginó, su madre comenzó a hablarle.

-Lorena, si te vas a quedar con Cristian, no vayas a comenzar a discutir, has las cosas bien.

-Ay, mamá, no comiences con lo mismo. Hablamos mañana en la tarde -la joven colgó al comenzar a sentirse enojada.

Detestaba lo interesada que era su madre, lo único que le importaba era la fortuna que estaba detrás de Cristian.

Lorena quedó observando la puerta de vidrio corrediza que daba al balcón. La noche se veía muy hermosa, el cielo nocturno estaba totalmente estrellado y la luna se veía llena, totalmente redonda y gorda.

-Amor, ven, ya va a comenzar la película -informó Cristian.

Lorena se acercó a la cama y se acostó a su lado. Tenía que imaginar que Cristian pondría una película de anime, no entendía cuál era su fascinación por la cultura japonesa.

Como a ella ese tipo de películas no le gustaba, decidió solo concentrarse en comer pizza, sacó una torreja y empezó a darle grandes bocados. Aunque, se sorprendió al ver que su novio estaba totalmente concentrado en la película, se notaba que analizaba hasta el más mínimo detalle.

Lorena mientras tomaba un poco de gaseosa alzó la mirada hasta la pantalla y observó la película.

Se trataba de una niña que quedaba encerrada junto con sus padres en un mundo lleno de dioses, a la pequeña le toca trabajar en un baño oriental mientras buscaba la estrategia para salir de aquel mundo, aunque, tenía un gran problema; sus padres fueron convertidos en cerdos y no sabe qué hacer para que vuelvan a ser humanos.

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Lorena quedó totalmente sorprendida por la animación, el trasfondo de la película y la historia. Nunca había visto una película animada con tanta magia, así que, muy pronto se le olvidó la comida y se metió en la película.

La pareja estaba tan metida en la historia que no hablaron para nada mientras esta duró y la pizza se enfrió totalmente.

-¡¿Y qué pasó?! -gritó Lorena al acabarse la película-, ¿y el niño? ¿Se quedó en ese mundo?

-¿No recuerdas que dijo que él también volvería a su mundo? -explicó Cristian-, por lo que dijo el creador de la película, Chihiro al final no recuerda todo lo que sucedió en ese lugar, de hecho, ni siquiera recuerda que ese mundo existe.

-¡Ay! -soltó Lorena indignada-, ¡qué final tan feo!

-No me parece, creo que la historia tiene su esencia es en todo lo que ella debió pasar en ese mundo. Es una niña muy fuerte.

-Pero, ese final daña todo, ¿cómo que no recuerda nada? ¿Entonces, para qué sirvió todo lo que vivió?

-Bueno, como te dije...

-¡Qué esencia ni qué nada, a mí lo que me interesaba era el final! -replicó Lorena enojada.

-Oye, pero... entiende que esa es una cultura diferente -insistió Cristian-. Allá no piensan igual que aquí.

Lorena tomó una torreja de pizza y le dio un mordisco, pero, al ya estar fría, sintió un gran desagrado, odiaba cuando el queso se volvía duro.

-Ay, esto ya está frío, voy a calentarlo -dijo al joven tomando la caja de pizza.

-¿Busco otra película? -preguntó Cristian.

-No, ira, después de esa película... Tú tienes muy mal gusto con las películas -gruñó Lorena.

Cristian soltó una carcajada y bajó de la cama para acompañar a su novia. Mientras se dirigían a la cocina, Lorena iba renegando por el pésimo final que tenía la película, lo que a ella le hubiera gustado ver y cómo sí habría sido hermosa la película.

El joven solo sabía escucharla en silencio con una ligera sonrisa en su rostro, le parecía que su novia se veía muy tierna cuando renegaba sobre algo que no le gustaba.

Mientras esperaban a que el horno microondas calentara la pizza, los dos jóvenes estaban recostados a la isla de la cocina conversando sobre la película. Pero, en un momento, quedaron en silencio y parecía que la plática había muerto.

Cristian se alejó de la isla y se plantó frente a Lorena, llevó una mano detrás del cuello de la joven y acercó lentamente su rostro hasta el de ella. Aunque, pudo sentir que Lorena estaba bastante tensa.

-¿Qué sucede? -le preguntó.

-Cristian, yo... -Lorena se volvió muy tímida- tengo miedo de lo que pueda pasar hoy.

Cristian volvió a desplegar una sonrisa y después besó su frente.

-Tranquila, no sucederá nada que no quieras -informó.

En realidad, Cristian no tenía pensado hacer nada con Lorena esa noche, sabía que ella era muy asustadiza y sabía que no estaba para nada preparada.

Volvieron a la habitación con la pizza ya caliente. Lorena tenía bastante hambre, así que, fue quien se comió la mayoría de las torrejas.

-...Y, en realidad, no voy a volver a hacer grupo con ella, es una aprovechada, quiere que yo haga todo el trabajo -contaba Lorena.

-Te lo dije desde un principio, pero no me querías hacer caso -dijo Cristian mientras se levantaba de la cama.

Lorena estaba mascando el último bocado de su pizza cuando quedó perpleja al ver a su novio quitarse la camisa.

-Amor, voy a darme un baño -informó Cristian.

La joven acentuó con la cabeza, aunque, su mirada estaba totalmente puesta en aquel cuerpo marcado. Tenía tiempo que no lo veía descamisado y se le había olvidado que Cristian era un chico vanidoso que siempre estaba trabajando en su físico.

Lorena sintió que algo dentro de ella comenzó a emerger, aunque, no entendía por qué. Pero su mente estaba analizando la situación que podría aprovechar, viéndolo de una manera no terrorífica.

Estaba en una habitación completamente sola con Cristian, toda una noche solo para ellos y, como si fuera poco, solo era cuestión de una pequeña insinuación para que comenzara una noche de pasión junto a él.

Lorena olió su aliento e hizo mala cara, olía a pura salsa tártara. Tenía una desventaja, Cristian se estaba bañando y ella todavía estaba maloliente después de aquel largo día de estrés en la universidad.

La joven, ya sintiéndose fuerte ante la situación, se acercó al baño y abrió la puerta.

-Cristian -llamó mientras observaba decepcionada la ducha que era cubierta por el vidrio borroso.

-¿Sí? -preguntó el joven.

Las manos de Lorena comenzaron a jugar entre sí un tanto avergonzada.

-Recuerda que yo no tengo ropa, y a mí también me gustaría darme un baño -informó.

Su idea era que Cristian se tomara la indirecta sobre la excusa de la ropa, aunque, quedó aburrida por la respuesta de su novio.

-Amor, en el closet puedes tomar un camisón, y si quieres bañarte ya, en el cuarto de al lado también hay un baño.

Lorena puso su rostro aburrido. Ella esperaba que él dijera algo diferente, pero, después recordó la conversación en la cocina. Claro, ella había quitado toda idea de la cabeza de Cristian de que esa noche pasara algo entre los dos.

-Bien -soltó Lorena con tono aburrido y salió del baño.

Buscó en el closet una camisa larga de Cristian, aunque, después se dio cuenta que eso podría ayudarla. Si buscaba algo corto, podría provocar a su novio.

.

Cristian terminó de bañarse y salió del baño para buscar su pijama, aunque, se enojó al encontrar toda su ropa revuelta.

Algo característico de Cristian era tener sus cosas en perfecto orden, pero con Lorena eso era imposible. Ella iba dejando desorden por donde pasara.

Después de cambiarse y recoger los vasos y platos donde comió con Lorena, bajó a la cocina para lavarlos. Volvió a subir a la habitación y organizó su cama para dormir, aunque, por más minutos que pasaban, Lorena no volvía al cuarto.

Después de esperarla por media hora, el sueño comenzó a consumirlo y pronto se quedó dormido.

Lorena entró al baño después de su refrescante ducha y se sorprendió al encontrar la habitación oscura, así que, encendió la luz.

Esto desagradó a Cristian en gran manera, odiaba que encendieran la luz mientras dormía.

-¡Ay, Lorena, apaga la luz! -gruñó mientras se acomodaba entre las cobijas.

Lorena se sorprendió al ver a su novio durmiendo como una marmota. No se había bañado tan profundamente para dormir enseguida, de hecho, no tenía ni una pizca de sueño.

-¿En serio? ¿Ya te dormiste? -inquirió Lorena mientras se acercaba a él.

Cristian abrió sus ojos con un pésimo humor y volteó a ver a Lorena, aunque, se sorprendió al verla vestida con su camisa blanca de mangas largas. Podía apreciar la silueta de la joven ya que, la camisa era un poco clara y verla vestida de esa manera hizo que su cuerpo se encendiera al instante.

-Amor -soltó Cristian perplejo.

Lorena subió a la cama y se acostó a su lado.

-Yo no tengo sueño -le informó a Cristian.

El joven se acomodó a medio lado para poder observarla fijamente. Sus ojos curiosos no dejaban de repararla con aquella provocativa camisa.

-¿Y qué te gustaría hacer? -preguntó Cristian con tono bajo.

El corazón de Lorena comenzó a latir con fuerza y sus nervios la hicieron reír por lo bajo, algo que Cristian tomó como una indirecta.

El joven acercó lentamente su rostro hasta el de su novia y le dio un apasionado beso, mientras, con sus manos, atraía a Lorena más hacia él.

Lentamente los labios de Cristian se desplazaron hasta el cuello de la chica, haciendo que su piel se erizara por completo. Aunque Lorena se estaba muriendo de los nervios, a la vez sentía su cuerpo encenderse.

Las manos de Cristian comenzaron a recorrer la espalda de Lorena hasta poder llegar a sus glúteos y apretarlos con fuerza, haciendo que el corazón de la joven se sobresaltara. Pero, para su sorpresa, a Lorena le encantó sentir las manos calientes del joven en aquella parte de su cuerpo.

No supo cómo sucedió, pero terminó sentada encima del cuerpo del joven, dejándolo acorralado entre sus piernas mientras lo besaba apasionadamente.

Cristian comenzó a desabrochar los botones de la camisa y por un momento se detuvo a apreciar el busto de la joven. Después, pareció como si algo lo poseyera, ya que se abalanzó a besarlos desesperadamente.

Lorena sorprendida comenzó a jadear al sentir esto bastante excitante y por un momento cerró los ojos para así poder disfrutarlo más.

Cristian terminó de quitarle a Lorena la camisa y con sus brazos rodeó la cintura de la joven para así sentirla más cerca.

En un momento Cristian corrió el cabello de Lorena de su cuello para así poder besarlo, algo que le encantó a Lorena.

Cristian se sorprendió cuando Lorena le comenzó a quitar su camisa desesperadamente y después lo hizo tumbar sobre el colchón, parecía otra mujer la que estaba frente a él.

Lorena para ese momento no pensaba, solo quería seguir besando y acariciando a aquel sexi hombre, poder besar cada rincón de él.

La joven pasó su lengua lentamente por el cuello de Cristian hasta poder llegar a su oreja que mordió lentamente.

Se notó que aquello le encantó en gran manera a Cristian, quien se excitó cada vez más y de un impulso hizo que Lorena ahora fuera quien estuviera acostada en la cama siendo acorralada por él.

Cristian se veía imponente con aquella mirada ardiente, parecía un animal salvaje a punto de saciarse con una gran presa de carne.

Sus labios bajaron lentamente desde el cuello de Lorena hasta su vientre para después irse mucho más allá.

Los ojos de la joven se abrieron en gran manera al sentir que Cristian estaba besando su entrepierna. Su respiración se agitó a tal punto que dejó salir un grito y sus manos apretaron con fuerza las almohadas.

No supo cómo sucedió, pero, de un momento a otro, sus manos viajaron hasta poder apretar el cabello de Cristian.

Cerró con fuerza sus ojos mientras dejaba salir algunos gemidos. No podía soportar la excitación que recorría en su cuerpo. El trabajo que estaba haciendo la lengua de Cristian con su vagina era impresionante y sentía que en cualquier momento llegaría un orgasmo para volverla loca.

-¡Ah...! ¡No soporto más, no soporto! -soltó sin pensar.

Aquel fue su primer orgasmo, lo sintió glorioso, algo que quería que nunca se fuera, pero, lamentablemente, entre más pasaban los segundos, aquel impresionante orgasmo se marchaba lentamente.

Lorena sintió que su respiración volvía a la normalidad y su cuerpo se volvió ligero, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

Mientras, Cristian pudo alzar su cabeza con alivio al no sentir las manos de Lorena en su cabello. Por un momento pensó que ella lo iba a dejar calvo. ¡Qué bárbara mujer, no conocía eso de ella!

Los jóvenes se miraron fijamente, y, Lorena sintiéndose con mucha confianza, le dio un beso bastante apasionado.

Ella quería seguir, se sentía con el mejor ánimo del mundo. Su objetivo era volver a sentirse como aquel momento lleno de tanto placer.

Hizo que Cristian se quitara su pantalón gris junto con el bóxer.

Los ojos de la joven no pudieron disimular al ver a un hombre totalmente desnudo, así, en vivo en directo.

Nunca imaginó que Cristian tuviera tan buen paquete. Ella trató de averiguarlo varias veces cuando lo vio practicar en sus clases de natación, aunque, nunca tuvo la oportunidad de verlo totalmente al descubierto.

Y en aquel momento se le ocurrió cumplir su primer deseo sexual. Siempre quiso saber qué se sentía hacerle un oral a un hombre, en lo videos porno veía que las mujeres siempre metían todo ese dote en su boca y ella quedaba totalmente impresionada.

A Cristian le pareció gracioso ver que su novia estaba totalmente impresionada de verlo desnudo, se veía ruborizada y no sabía disimularlo.

Lorena, como si se tratara de un bicho raro al cual le daba miedo tocar, intentó acercar una mano hasta el pene del joven con inseguridad. Aunque, se sorprendió al ver que Cristian tomó su mano y la llevó hasta el objetivo que ella deseaba tocar.

Lorena dejó salir una risita traviesa al darse cuenta que el tacto no era como ella imaginaba, juraba que se iba a sentir como un palo duro y rústico, pero no... Era totalmente todo lo contrario, se sentía bastante suave y algo tierno, al igual como un tanto esponjoso en la punta.

Ella intentó mover su mano como había visto en los videos porno, pero, su movimiento era muy lento y Cristian tuvo que ayudarla para que hiciera un movimiento que sí le diera placer.

-¿Quieres hacerme un oral? -preguntó Cristian al darse cuenta que la joven tenía esa intención.

-Pero, no tengo idea de cómo hacerlo -confesó Lorena bastante avergonzada.

Cristian se recostó a la cama y miró de manera atrevida a su novia.

-Aprenderás si practicas -le dijo.

Lorena tomó la parte íntima del joven y lo miró sintiéndose aún rara con él. Lentamente lo sumergió en su boca, aunque, se asustó al escuchar que Cristian soltó un pequeño grito de dolor.

La joven, con bastante miedo, se alejó y miró fijamente a Cristian.

-¡Ay, ¿qué pasó?! -preguntó.

-No muerdas -pidió Cristian.

-¿Cuándo te mordí? -inquirió la joven dudosa.

Cristian soltó una pequeña carcajada que apenó en gran manera a Lorena. Ella quería darle el mismo placer que él la hizo sentir, pero se daba cuenta que sería imposible.

-Imagina que es un bombón que estás chupando -Cristian intentó hacer la mímica para que ella entendiera.

Aunque la joven se sintió avergonzada, entendió lo que él quería explicarle. Y como si fuera una estudiante llegando a la práctica, intentó hacerlo.

Al principio los movimientos de Lorena fueron muy torpes y volvió a hacerle sentir dolor a Cristian, pero él sabía que ella volvería a apenarse si le lo decía. Por lo mismo trató de soportarlo. Aunque, comenzó a ver que la joven movía su cuerpo, y eso, simplemente, se veía muy bien.

Se movía de una manera tan sensual que eso sí lo hizo excitarse, desde allí la silueta de Lorena se veía bastante bien. Sus grandes caderas lo estaban volviendo loco y deseaba poder nalguearla, penetrarla mientras la tomaba del cabello.

Hizo que Lorena dejara de hacerle el oral, ya que, sentía que no iban a llegar a ningún lado con ello.

Lorena quedó de rodillas frente a él y Cristian comenzó a besarla mientras llevaba una mano hasta la vulva de la joven. Se sorprendió por lo dilatada que estaba. Aquello lo tranquilizó, ya que le comunicó que Lorena lo estaba pasando bien y su objetivo esa noche era que así fuera. Solo estaba pensando en que se llevara un buen recuerdo de su primera vez.

Lorena entendió que había llegado el momento de ser penetrada y eso comenzó a asustarla. Aunque, aquellos besos de Cristian y el movimiento que hacía con sus dedos en su entrepierna la estaban excitando bastante.

Después, lentamente bajó hasta poder sentir aquel grosor cerca de su vagina. Lo bueno era que ella podía controlar la rapidez con que iba a pasar. Mientras, Cristian besaba su cuello.

Ella, al sentir un poco de miedo, rodeó el cuello de Cristian con sus brazos y cerró los ojos para así tranquilizarse.

Y con el paso de los segundos, pudo sentir que poco a poco iba pasando y se alivió al no sentirlo como siempre contaron, que se sentía un fuerte dolor que, por lo regular, las hacía llorar.

Al principio las penetraciones fueron muy lentas, pero, pronto subieron de intensidad y a Lorena le encantó poder estar encima de Cristian siendo ella la que se moviera.

Debía aceptar que se sentía extraño sentir algo dentro de ella, aunque, pronto se acostumbró y el movimiento que empleó la estaba haciendo sentir muy bien.

A Cristian le encantaba el buen trabajo que estaba haciendo su novia con aquel movimiento, su cuerpo lo estaba volviendo loco y no quería que parara. Así que dejó que la joven siguiera con aquella libertad.

La noche no podía ser más perfecta para ellos, allí, comiéndose a besos y volviéndose uno solo. Era mágico aquel momento y sus cuerpos lo expresaban al buscarse con tanto deseo.

Lorena no se arrepentía de haber dado aquel paso con Cristian, al contrario, se sentía orgullosa al darse cuenta que no pudo haber elegio a un mejor hombre como él para entregarse en cuerpo y alma.

Esa noche durmieron abrazados dejando que sus cuerpos los calentaran, expresándose así todo el amor que se tenían.

Lorena se dio cuenta que amaba a Cristian, y entregaría todo de ella para hacer que su relación funcionara.

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