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Casate conmigo: Amor Condicionado

Casate conmigo: Amor Condicionado

Autor: : sxtzambrana
Género: Romance
Lucia es una CEO exitosa, conocida por su frialdad y su mente calculadora, capaz de dirigir su imperio empresarial con mano firme. Sin embargo, la amenaza de una compra hostil está a punto de arrebatarle todo lo que ha construido. En medio de esta crisis, su vida personal se tambalea: la presión de su familia para que se case, junto con la necesidad de mejorar su imagen pública ante los inversionistas, la lleva a tomar una decisión drástica. Carlos, su asistente personal, ha sido leal a Lucia durante años, pero sus propios problemas financieros lo tienen al borde de la quiebra. Con deudas acumuladas y sin muchas opciones para salir adelante, ve en la propuesta de Lucia una salida. Ella le ofrece un matrimonio por contrato: un acuerdo estratégico que les beneficiará a ambos: él resolverá sus problemas financieros, y ella ganará la estabilidad de la imagen perfecta que tanto necesita. Lo que comienza como un trato legal y frío, rápidamente se convierte en algo mucho más complicado. Mientras la relación se desarrolla, las fronteras entre el profesionalismo y lo personal comienzan a desdibujarse. Carlos lucha con sus sentimientos por Lucia, mientras ella se enfrenta a su propio conflicto interno, cuestionando qué es lo que realmente quiere en su vida. A medida que ambos navegan este matrimonio por conveniencia, tendrán que lidiar con sus emociones, sus pasados ocultos, y el juego de poder que puede destruir tanto su carrera como su corazón.

Capítulo 1 Introducción a Lucia

Lucia Martínez se encontraba frente a la ventana de su oficina, mirando la ciudad de Nueva York que se extendía como un mar de luces y edificios altos, una metáfora perfecta de lo que había logrado en su vida. A sus 38 años, era una de las CEOs más influyentes de la industria tecnológica, una mujer cuyo nombre resonaba en las reuniones de los grandes empresarios y cuyas decisiones podían hacer o deshacer imperios.

Su empresa, VanguardTech, había comenzado como una pequeña startup que fundó con unos pocos amigos en un departamento modesto de Brooklyn, pero hoy, casi dos décadas después, era un gigante en el mundo de la innovación.

La pantalla de su computadora parpadeaba con cifras rojas que le daban vueltas al estómago, pero ella no mostró ni una pizca de emoción. En su mundo, las emociones no tenían cabida, solo la lógica y la frialdad de los números. La noticia que había recibido minutos antes no era ninguna sorpresa, pero eso no la hacía menos alarmante. VanguardTech estaba a punto de ser tomada por TechMinds, una empresa de capital privado con recursos infinitos y la capacidad de destruir todo lo que ella había construido. La oferta de compra hostil que había recibido ese día era solo el comienzo de un proceso que podría borrar su nombre de la historia.

Lucia no era una mujer que se dejara intimidar fácilmente. Durante años había trabajado incansablemente para posicionarse en la cúspide, tomando decisiones que otros consideraban arriesgadas, pero que siempre le habían dado resultados. Sin embargo, esta vez, sentía que estaba contra las cuerdas. La oferta de TechMinds era tentadora, pero no estaba dispuesta a ceder sin luchar. No solo se trataba de su empresa; se trataba de su legado. Si cedía ahora, perdería todo lo que había trabajado durante tanto tiempo.

Pero el precio de la lucha era alto. La prensa ya había comenzado a especular sobre la crisis financiera interna de VanguardTech, y las acciones de la compañía caían a diario. Había algo más que la competencia la había notado: un desglose silencioso en las entrañas de su empresa. Sus aliados de antaño, aquellos en quienes más confiaba, comenzaban a retirarse, como ratas abandonando el barco. Los inversores ya no estaban dispuestos a seguir confiando en ella sin más garantías. En esos momentos, la amenaza de la compra parecía más inminente que nunca.

Lucia se apartó de la ventana y caminó hacia su escritorio, donde varias carpetas llenas de informes y propuestas descansaban sobre la mesa. Con la agilidad de un experto, comenzó a hojear los papeles, pero su mente no podía concentrarse en los números. ¿Cómo había llegado hasta aquí? En sus días como estudiante, nunca imaginó que llegaría tan lejos. Provenía de una familia de clase media, sin ninguna conexión en el mundo empresarial. Había trabajado incansablemente para lograr lo que tenía, sacrificando tiempo con su familia y amigos, buscando siempre la perfección y el control absoluto sobre todo lo que hacía.

A veces, incluso se preguntaba si todo aquello valía la pena. Sus relaciones personales habían sido siempre superficiales. Nunca había tenido tiempo para amar ni para ser amada. El trabajo, la empresa, eran su todo. Solo en esas horas de soledad que pasaba en su oficina, mirando la ciudad a través de su ventana, podía permitirse pensar en lo que podría haber sido si las cosas hubieran sido diferentes. Pero no tenía tiempo para lujos como la nostalgia o el arrepentimiento. Las horas avanzaban rápidamente, y la amenaza de TechMinds seguía acechando.

Un sonido interrumpió sus pensamientos: el timbre de su teléfono. Lucia levantó la mirada y vio el nombre de Santiago Ortega, su vicepresidente de finanzas, en la pantalla. Sus ojos se estrecharon, pero contestó sin vacilar.

-Lucia, tenemos que hablar. -La voz de Santiago sonaba tensa, como siempre lo hacía cuando había malas noticias.

-Lo sé. -Lucia se sentó en su silla con determinación, girando ligeramente la misma para mirar el horizonte. Su voz era firme, casi calculadora-. ¿Qué más tenemos sobre la oferta de compra?

-Es una propuesta agresiva. -Santiago respiró hondo antes de continuar-. Lo que me preocupa es que esta vez no es como las demás. Los inversores de TechMinds tienen los recursos para presionar de manera legal y financiera. No solo es una compra; están buscando tomar control total. Nos están acorralando por todos los frentes.

Lucia asintió lentamente, procesando la información. Estaba acostumbrada a enfrentarse a situaciones difíciles, pero esto parecía ser diferente. TechMinds era una de las empresas más poderosas del mundo, con una reputación de absorber competidores sin piedad. Aunque su dinero y sus recursos eran vastos, lo que más la preocupaba era la estrategia con la que estaban atacando a VanguardTech. No era solo una compra, era una jugada maestra para desmantelar y tomar control de todo.

-¿Cuál es la última jugada que podemos hacer? -preguntó Lucia, su tono ahora más decidido.

-Estamos investigando todas las opciones legales, pero no te voy a mentir: las probabilidades de ganar en los tribunales son pocas. -Santiago hizo una pausa, como si pensara cuidadosamente sus palabras-. Necesitamos algo más... algo drástico.

-¿Qué tienes en mente? -Lucia le interrumpió, ahora totalmente enfadada. Su mente ya comenzaba a hacer cálculos y buscar alternativas.

-Lo que necesitamos es un matrimonio estratégico. -Santiago dijo las palabras con tal frialdad que a Lucia le pareció que él estaba hablando de un contrato comercial más que de una relación personal-. Un acuerdo que haga que los inversores vean que aún tienes un futuro sólido. Un matrimonio que cambie tu imagen pública y te dé estabilidad.

Lucia frunció el ceño, pero no dejó que el asco o la incredulidad se notaran en su rostro. Era una mujer de mente rápida, pero también sabía que las decisiones más difíciles a menudo venían con sacrificios dolorosos. Un matrimonio estratégico, ella misma, una mujer calculadora, había sido siempre tan pragmática que no le resultaba imposible considerar esa opción.

-¿A quién sugieres? -preguntó, su tono neutral, como si estuviera discutiendo el próximo proyecto de expansión de la empresa.

-Alguien que ya conozcas. Alguien cercano, alguien con quien ya tengas una relación profesional sólida. -Santiago hizo una pausa, buscando las palabras correctas-. Carlos Herrera.

El nombre de Carlos, su asistente personal, sonó como una campana en la cabeza de Lucia. Aunque su relación con él era estrictamente profesional, ella sabía que era un hombre inteligente, eficiente y absolutamente confiable. Carlos era uno de los pocos que conocían las entrañas de VanguardTech de la misma forma en que ella las conocía.

-Carlos... -Lucia repitió el nombre, pensando. En su mente, ya se formaba la idea de un contrato más que un matrimonio, pero era una jugada peligrosa, y algo en su interior le decía que, si tomaba ese camino, su vida no volvería a ser la misma. No se trataba solo de un acuerdo de conveniencia; se trataba de su futuro.

-Piénsalo. -Santiago finalizó la llamada-. Si te arrastras por el amor propio, perderás todo. Es hora de ser pragmática.

Lucia colgó el teléfono y se quedó en silencio, mirando las luces de la ciudad nuevamente. "Un matrimonio por contrato..." pensó. No era la primera vez que se encontraba en una encrucijada de este tipo. Pero esta vez, lo que estaba en juego era su legado, su imperio. La jugada que estaba a punto de hacer podría salvar todo lo que había construido o destruirlo para siempre.

Sin dudarlo, hizo una última llamada, esta vez al hombre con el que tomaría esa decisión.

Capítulo 2 Introducción a Carlos

Carlos Herrera estaba acostumbrado a vivir bajo presión. Como asistente personal de Lucia Martínez, el trabajo que realizaba no era solo una cuestión de llevarle las agendas, hacer llamadas y organizar reuniones. Para Carlos, ser el brazo derecho de una de las mujeres más poderosas del mundo empresarial significaba estar siempre un paso adelante, anticiparse a las necesidades de su jefa, a las demandas de los inversores y a las tensiones constantes que surgían en VanguardTech.

Su capacidad para adaptarse y mantener la calma en medio de la tormenta era lo que le había permitido mantenerse en el puesto durante casi seis años.

A sus 35 años, Carlos había logrado una estabilidad profesional que muchos en su posición envidiarían. Su desempeño impecable lo había colocado en una posición única, a la sombra de Lucia, pero siempre cercano, siempre indispensable. Sin embargo, su vida personal era otra historia. Mientras su carrera se elevaba, su estabilidad económica se desmoronaba lentamente. Carlos nunca había tenido una vida de lujos, pero en los últimos meses, los problemas financieros se habían intensificado, y su situación era ahora un peso constante sobre sus hombros.

Se encontraba en su pequeño departamento en el barrio de Hell's Kitchen, un espacio austero pero cómodo. La luz del atardecer entraba por la ventana, reflejándose en la mesa de trabajo donde tenía varios papeles desordenados, la mayoría relacionados con las deudas que no lograba controlar. La televisión estaba apagada, y el sonido que acompañaba la soledad de su hogar era el constante tic-tac de un reloj de pared, marcado por el paso de un tiempo que parecía ir en su contra.

Carlos había crecido en un vecindario humilde en el sur de la ciudad, hijo de inmigrantes que lucharon por darle a él y a sus hermanos una vida mejor. Desde joven, había entendido que la vida no era un camino fácil, y que para lograr algo, había que trabajar el doble. A pesar de las adversidades, logró terminar su carrera en administración de empresas en la universidad, pero nunca pudo encontrar una oportunidad que le permitiera despegar de verdad. Fue entonces cuando conoció a Lucia, una mujer con una visión tan clara y un impulso tan inquebrantable que rápidamente reconoció en ella una oportunidad que podría cambiarlo todo.

Al principio, su trabajo para VanguardTech era modesto: tomaba notas, organizaba los viajes de Lucia, atendía las llamadas. Pero pronto, Lucia vio en él algo más que un simple asistente. Su eficiencia, su capacidad para resolver problemas sin que ella tuviera que preocuparse, le valieron la confianza de la CEO. Con el tiempo, Carlos se convirtió en su mano derecha, el único al que le confiaba asuntos delicados, incluso los que no tenían nada que ver con la empresa. A pesar de su lealtad inquebrantable, sin embargo, Carlos siempre había permanecido en la periferia de la vida de Lucia, demasiado cerca para ser solo un subordinado, pero demasiado lejos para ser considerado más que un simple empleado.

Sin embargo, esa cercanía con la jefa tenía un costo. Mientras VanguardTech crecía y se consolidaba como un gigante tecnológico, Carlos se encontraba atrapado en un círculo vicioso. El sueldo que recibía, aunque generoso para alguien en su posición, nunca había sido suficiente para cubrir sus propios sueños. La deuda de su departamento, los préstamos estudiantiles y las emergencias imprevistas lo mantenían en un constante estado de tensión. Había tomado algunos préstamos para intentar invertir en negocios pequeños, pero no había tenido suerte. Cada vez que pensaba que finalmente estaba en la senda de la estabilidad financiera, una nueva emergencia surgía, empeorando su situación.

En ese preciso momento, se encontraba mirando una carta que había llegado esa misma mañana: un aviso de desalojo de su apartamento. Carlos frunció el ceño mientras pasaba su dedo por la fecha límite que se encontraba al pie de la hoja. Tenía menos de un mes para ponerse al día con los pagos, algo que parecía casi imposible en su situación actual. Había considerado pedir un adelanto de sueldo, pero sabía que Lucia no era una mujer fácil de convencer cuando se trataba de dinero. Además, el salario de Carlos no era suficiente para cubrir una deuda tan grande.

El teléfono sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Al ver la pantalla, vio el nombre de Lucia. Su corazón dio un vuelco. Aunque era su jefa, Carlos no podía evitar sentir una presión cada vez que recibía una llamada de ella fuera del horario normal de trabajo. Lucia no era alguien que llamara sin una razón importante, y las llamadas fuera de horas de oficina siempre presagiaban algo grande.

-Carlos, necesito verte. -La voz de Lucia era directa, como siempre, pero había algo en su tono que no pasó desapercibido para él.

-¿Ahora? -Carlos contestó con un poco más de ansiedad de la que normalmente dejaba traslucir.

-Sí. Estoy en la oficina. Es urgente. -Lucia colgó antes de que pudiera contestar algo más.

Carlos dejó el teléfono sobre la mesa y se levantó con rapidez, sintiendo que algo en su interior se había tensado. Sin perder tiempo, se puso su abrigo y salió de su departamento, caminando hacia el edificio de VanguardTech. El aire fresco de la tarde de otoño lo golpeó al salir al exterior, pero no se detuvo a disfrutar del clima. Sus pensamientos estaban centrados en lo que Lucia podría necesitar de él esta vez. Había algo en su tono que indicaba que esta vez las cosas eran diferentes.

Al llegar a la oficina, el vestíbulo estaba prácticamente vacío, algo extraño a esa hora. Solo algunas luces de las oficinas de los altos ejecutivos seguían encendidas. Subió al ascensor sin pensar demasiado en su entorno, pero cuando llegó al último piso, donde estaba la oficina de Lucia, se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta.

Sin hacer ruido, empujó ligeramente la puerta y entró. Lucia estaba de pie junto a su escritorio, mirando una pantalla de computadora, pero levantó la vista en cuanto lo escuchó entrar.

-Carlos, justo a tiempo. -Lucia le hizo una señal para que se acercara.

Carlos caminó hacia ella, con una mezcla de profesionalismo y ansiedad. Algo en su postura indicaba que estaba a punto de decirle algo importante.

-¿Qué pasa, Lucia? -preguntó, tratando de mantener la calma.

Lucia lo miró con una mirada fija, casi calculadora. Por un momento, pensó que podría revelarle alguna nueva crisis de la empresa o algún problema con los inversores, pero lo que dijo a continuación lo dejó sin palabras.

-Necesito que te cases conmigo. -La propuesta de Lucia fue directa, como todo lo que hacía, pero esas palabras golpearon a Carlos con la fuerza de un martillazo.

Carlos se quedó de pie, paralizado por un momento. No entendía lo que acababa de escuchar.

-¿Qué? -susurró, sin poder creerlo.

Lucia, sin perder la compostura, le explicó rápidamente la situación. VanguardTech estaba a punto de ser comprada por TechMinds, y el futuro de la empresa estaba en juego. Había llegado a la conclusión de que un matrimonio estratégico podría ser la única solución. Alguien que tuviera su confianza, alguien que ya conociera los entresijos de la empresa, alguien como él.

-Carlos, no es solo un contrato. -Lucia hizo una pausa, sabiendo lo que esto significaba para él. -Es una oportunidad para asegurar el futuro de la empresa, y el mío también. Necesito tu ayuda para evitar que nos arrebaten lo que hemos construido.

Carlos la miró fijamente, procesando lo que acababa de escuchar. La idea de casarse con Lucia no era algo que hubiera considerado nunca, ni siquiera en sus sueños más extraños. Pero en su mente, ya comenzaron a surgir preguntas: ¿Qué significaba esto para su futuro? ¿Qué pasaría con su vida personal?

-¿Y qué gano yo con esto? -Carlos no pudo evitar preguntar, su voz cargada de incertidumbre.

Lucia lo miró a los ojos, sabiendo que esta no era una propuesta común.

-La seguridad financiera que necesitas. Un contrato como este cambiará tu vida.

Carlos sintió un nudo en el estómago. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar de forma irrevocable, pero también entendía que, con esta propuesta, Lucia le estaba ofreciendo más que una simple solución económica. Ella le estaba pidiendo que pusiera su vida y su futuro en sus manos.

Capítulo 3 La Crisis Empresarial

El sonido del teléfono móvil de Lucia rompió el silencio de su oficina. Era un tono grave, la clase de llamada que indicaba algo importante. Se giró hacia la mesa, donde varias carpetas con informes y gráficos de caída en las acciones de VanguardTech estaban esparcidas. Con una ligera mueca, deslizó los papeles hacia un lado y contestó la llamada sin mirar el identificador.

-Lucia, necesitamos hablar. -La voz del abogado de la empresa, Rodrigo Sánchez, era tensa, y sus palabras llegaron como un presagio de lo peor.

-¿Qué ha sucedido ahora, Rodrigo? -Lucia no ocultó su impaciencia. El último mes había sido un torbellino de problemas: rumores sobre una posible compra hostil, una caída abrupta de las acciones, la desconfianza de los inversores. Ya no quedaba espacio para sorpresas.

-Las cosas se están poniendo difíciles. -Rodrigo hizo una pausa antes de continuar-. TechMinds ha contratado a un equipo legal muy fuerte. Y ya no estamos solo ante una compra. Ellos están buscando tomar control de la empresa, y tenemos pocas opciones para frenar el proceso.

Lucia sintió que su corazón daba un vuelco. TechMinds, la poderosa firma de capital privado, no era solo una amenaza, era el depredador que acechaba su presa. El imperio que había construido con tanto esfuerzo estaba a punto de desmoronarse como un castillo de naipes.

-¿Cómo están las negociaciones? -preguntó Lucia, aunque ya intuyó la respuesta.

-Ya no son negociaciones, Lucia. Están haciendo todo lo posible para ganar el control de la junta. Están tratando de desestabilizar la confianza de los accionistas. Algunos de ellos ya han empezado a vender sus acciones. -Rodrigo suspiró, como si no quisiera ser portador de tan malas noticias-. Estamos a punto de perderlo todo si no tomamos una decisión drástica.

Lucia guardó silencio por unos segundos, su mente trabajando a toda velocidad. ¿Cómo había llegado hasta aquí? Había sido tan meticulosa en sus movimientos, había jugado cada carta con precisión, ¿y ahora todo se desmoronaba?

La llamada terminó, y Lucia colgó con una sensación de vacío. Miró la pantalla de su ordenador, donde los gráficos de las acciones de VanguardTech seguían cayendo, el rojo en las gráficas casi lo dominaba todo. A lo lejos, el horizonte de la ciudad parecía lejano, distante, y ella misma, por primera vez en mucho tiempo, se sintió pequeña.

Se levantó de su silla y caminó hacia la ventana. Las luces de la ciudad se extendían hacia el infinito, pero esa visión que solía darle seguridad ahora solo le transmitía una sensación de impotencia. Lucia había llegado a la cima, pero esa cima parecía tan frágil ahora. Un ligero soplo de viento podría derribar todo lo que había construido.

"No. No puedo dejar que esto pase," pensó con determinación. No era el tipo de mujer que se rendía fácilmente. Había luchado por años, con uñas y dientes, para llegar hasta aquí. No podía perderlo todo por una jugada de mercado.

El sonido de los tacones de alguien acercándose por el pasillo la hizo volver a la realidad. La puerta de su oficina se abrió sin previo aviso, y Carlos entró, tan puntual y serio como siempre. Lucia no necesitaba preguntar por qué había venido. Ya lo sabía. Carlos era su fiel asistente, pero en los últimos tiempos también se había convertido en una figura clave en las decisiones de la empresa, especialmente con los cambios que se avecinaban.

Carlos cerró la puerta tras de sí y la observó en silencio durante un momento. No hacía falta que le dijera nada; el ambiente en la sala ya hablaba por sí solo.

-Lucia... -Carlos comenzó, pero no continuó de inmediato. Parecía sopesar las palabras antes de soltarlas-. Sabes que esto no se resuelve solo con abogados. Necesitamos algo más.

Lucia lo miró, esperando que dijera lo que todos ya sabían. Un plan audaz, un movimiento inesperado. Necesitaba algo que salvase la empresa. Necesitaba que Carlos le ofreciera algo que no estuviera atado a los límites de la ley.

-Lo sé. -La voz de Lucia era fría y calculada, aunque no podía evitar que una sombra de frustración se colara entre sus palabras-. Pero no tenemos tiempo para más movimientos estratégicos. Nos están arrinconando.

Carlos la observó con más intensidad. Estaba claro que había algo en ella que no podía dejar de mostrar: el cansancio. Lucia nunca había permitido que su fachada de invulnerabilidad se agrietara, pero ahora era evidente que el peso de la situación comenzaba a afectarla.

-Es hora de pensar en algo grande. -Carlos dio un paso hacia ella, como si estuviera preparando el terreno para lo que sabía que iba a decir-. Un matrimonio estratégico, como te sugerí antes.

Lucia lo miró fijamente, un destello de sorpresa cruzando sus ojos. Ella había considerado la propuesta de Carlos, claro, pero nunca había pensado que realmente llegarían a hablar de ello. El matrimonio no era solo una estrategia financiera; era una decisión personal que cambiaba todo.

-No puedo. -Lucia negó lentamente con la cabeza. Aunque su rostro seguía imperturbable, sus manos apretaban los bordes de la mesa, un pequeño gesto que traicionaba su tensión interna-. ¿Cómo puedes sugerir algo así, Carlos? ¿Casarme contigo solo para salvar la empresa?

Carlos la miró, sin apartar la vista, y su voz se suavizó, aunque mantuvo una firmeza inquebrantable.

-Es nuestra única opción. -Dijo, su tono firme pero con una comprensión que solo alguien que había trabajado a su lado durante tanto tiempo podría tener-. Este matrimonio no es sobre lo que está pasando entre tú y yo. Es sobre salvar lo que has construido. Y yo... yo estoy dispuesto a hacerlo.

Lucia se quedó en silencio, procesando sus palabras. "Carlos..." Se trataba de algo más que un simple acuerdo. Si aceptaba esa idea, su vida cambiaría para siempre. Ya no sería solo una CEO al mando de un imperio. Su vida personal quedaría completamente entrelazada con un hombre con quien, hasta ahora, había tenido una relación estrictamente profesional.

"¿Y qué más tengo que perder?" pensó Lucia. Había perdido tantas batallas en los últimos días que el matrimonio ya no parecía tan descabellado. Si eso significaba salvar VanguardTech, salvar su legado, entonces estaba dispuesta a considerar cualquier cosa.

-Lo pensaré. -Lucia finalmente contestó, su voz más tranquila. Pero en su mente, las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar. Necesitaba hacer algo drástico, y Carlos tenía razón. Un matrimonio de conveniencia no solo salvaría la empresa, sino que podría devolverle el control que estaba a punto de perder.

Justo cuando Lucia se preparaba para hablar más sobre su siguiente paso, su teléfono volvió a sonar. Esta vez era su madre. Lucia había estado evitando contestar las llamadas de su familia durante semanas, no solo por los problemas en el trabajo, sino porque había comenzado a notar las críticas constantes sobre su dedicación a la empresa y su vida personal, o mejor dicho, la falta de una vida personal.

-Hola, mamá. -Lucia contestó con un tono que intentaba sonar relajado, pero sabía que su madre no dejaría pasar una llamada tan fácil.

-Lucia, cariño, ¿por qué no has venido a cenar? Hace semanas que no nos vemos. -La voz de su madre estaba llena de reproche, pero también de preocupación-. Estamos todos esperando verte. No puedes seguir trabajando todo el tiempo. La familia necesita verte.

Lucia sintió una punzada en el pecho. La misma historia cada vez. Había dejado de ir a las reuniones familiares, las cenas y los cumpleaños. Siempre estaba ocupada, y su madre no podía comprenderlo.

-Mamá, ya te lo he dicho... Estoy ocupada. -Lucia intentó evitar la confrontación, pero no podía escapar de esa sensación de culpa que siempre la invadía cuando hablaba con su familia.

La voz de su madre se suavizó un poco, pero el tono seguía teniendo una carga de preocupación que Lucia no podía ignorar.

-Lucia, te preocupas tanto por tu empresa, pero ¿qué pasa con tu vida personal? Tu padre y yo solo queremos verte feliz.

Lucia cerró los ojos, sintiendo cómo la presión aumentaba. "Soy feliz", pensó, pero sabía que esa no era la respuesta que su madre quería escuchar. ¿Qué le podía decir? Que su vida personal se había reducido a cumplir con las expectativas de los demás mientras su propio mundo se desmoronaba a su alrededor.

-Lo sé, mamá. -Lucia suspiró, más cansada de lo que había estado en mucho tiempo. Pero había algo más en juego. "Tengo que irme ahora. Luego hablamos."

Colgó el teléfono sin esperar una respuesta. Miró a Carlos, que aún la observaba con la misma intensidad.

-Esto no es solo un problema empresarial. -Lucia murmuró, como si estuviera hablando más consigo misma que con él. -Mi familia también está exigiendo mi atención. Hay más presión de lo que parece.

Carlos asintió lentamente, comprendiendo la complejidad de la situación.

-Lo sé. Pero este es el momento de tomar decisiones difíciles, Lucia. Lo que pase ahora definirá todo.

Lucia asintió en silencio. Mientras se preparaba para la batalla final, sabía que no solo estaba luchando por VanguardTech. Estaba luchando por ella misma, por su futuro, por su familia, y por todo lo que había construido.

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