Justo en ese momento, Madison odió a su mejor amiga.
-Prometo que si nos dejan ir, jamás diremos nada. Lo juro, fue un completo error. Un juego de niñas. Le suplico, déjenos ir.
Jess suplicó, con una esperanza casi muerta pero aun así lo intentó. Miró a su mejor amiga y ésta seguía en shock.
-¡Qué divertido! -rió el hombre desconocido-. De verdad, es muy divertido... Ver cómo todas las personas que atrapamos juran que sufrirán amnesia. -Volvió a reír burlonamente.
Dió un sorbo a su ron y se posó justo al lado de su hijo.
-¿Qué dices, hijo? ¿Jugamos con ellas un poco?
Presente
-¡Qué día de mierda! -se quejó Madison al teléfono camino a la parada de autobuses -. Necesitamos tener una noche agradable de chicas, Jess.
-¿Contratamos strippers? -bromeó.
-No es mala idea -continúo la broma-, pero justo ahora, no tengo apetito de hombres. Solo tú y yo haciendo cosas cursis tipo película cliché de amigas, eso necesito -dijo cruzando la calle a trotes.
-Estoy de acuerdo contigo, aunque mi jefa es mujer, también se comporta como una perra. Te espero en casa cariño. ¡Pediré pizza!
-Genial, ya estoy en la estación de autobús, nos vemos en un rato colega -colgó.
La estación de autobuses estaba vacía, al parecer, a la media noche no hay muchos autobuses circulando. Solo ella y un chico llamativo esperaban por un autobús. Sin poder evitarlo se fijó en este chico, estaba vestido de negro, con las piernas largas cruzadas, llevaba puesta una gorra. Aunque en la parada había muchos faros de luz, no alcanzó a ver su rostro pues, este chico por alguna razón fingía estar leyendo un libro y su rostro estaba oculto tras él.
-¡Mierda! -susurró Enko. «¿Qué demonios hace una chica a solas a esta hora aquí?» Se preguntó.
Luego de mucho tiempo, empezó a sentirse nervioso. El sujeto estaba tardando demasiado. Treinta minutos de retraso no parecía casualidad. Solo quería volver a casa, la paliza del día anterior aún ardía en su cuerpo, estaba agotado y deseoso de terminar su trabajo para volver a casa y sumergirse en una bañera con hielo y que el dolor desapareciera con el entumecimiento del frío.
Por el rabillo del ojo vió que la chica que había llegado hace un momento estaba caminando en su dirección.
-Disculpa, hola -llamó Madison con una sonrisa amable. El chico por fin alzó la mirada pero no quitó el libro frente a su cara-, lamento molestarte. Quería preguntarte, ¿tienes mucho tiempo esperando el autobús?
Enko la miró de arriba abajo. La chica llevaba un traje ejecutivo para dama y unos tacones no muy altos, todo del maravilloso color blanco. Era de altura promedio, su cabellos era castaño oscuro, casi negro y estaba recogido en una elegante cola de caballo. Sus rasgos eran delicados y sus pómulos regordetes, y poseía unos hermosos ojos café.
-Eh -Madison llamó su atención de nuevo.
Echó un vistazo al edificio frente a él y no había movimiento en absoluto. Con disimulo bajó el libro sobre su regazo y metió la mano en el bolsillo de su chaqueta Armani hecho a medida.
Sin el libro como obstáculo, Madison notó que el chico llevaba lentes, y descubrió unos ojos preciosos cristales. Literalmente parecía cristal. No azules, no verdes, no grises, no cafés, sus ojos eran preciosos.
-Lo siento, no te escuché.
«Por supuesto que me escuchaste, estoy a un metro de distancia». Pensó Madison.
-Pregunté si llevas mucho tiempo esperando el autobús. Nunca he estado aquí a esta hora y me pregunto si realmente llegará.
-Creo que el último autobús salió hace una hora.
-Oh, ¿de verdad? Pensé que tú también esperabas el transporte -dijo tomando asiento junto a Enko, el cual se puso tenso de inmediato.
-No, solo estoy esperando a un amigo hasta que salga de trabajar.
-Al parecer no soy la única con un jefe de mierda que te obliga a trabajar hasta tan tarde -bromeó y rio. El chico permaneció inmóvil, sin ninguna expresión. Si tenía alguna expresión, ésta era una clara demostración de molestia ante la presencia de Madison.
Madison notó que su compañero de espera no era muy animado, así que dio por terminada la charla amistosa.
-Bueno, entonces creo que es mejor que llame a un taxi.
Rebuscó su teléfono en su bolso y torpemente lo dejó caer esparciendo todo su contenido en el piso.
-¡Oh, mierda que estúpida! -se maldijo así misma por su auto-humillación. Se agachó a recogerlo y por fin, el chico decidió ayudarla un poco.
Lápiz labial, estuche de maquillaje, un sándwich a medio comer, un perfume barato, las llaves de su departamento y...
-No pierdas esto. -El desconocido había recogido sus condones y se los ofrecía con lo que parecía ser una sonrisa.
Con mano temblorosa los tomó y terminó de arrojar todo nuevamente dentro del bolso. Se sentía avergonzada. Pero ¡vamos! Son dos adultos probablemente sexualmente activos. No había nada de qué avergonzarse, las mujeres también deben estar precavidas. El lado positivo de esto es que había descubierto que este chico no era por completo un emo, ¡si demostraba emoción! Bueno, Madison juró ver una sonrisa burlona.
De vuelta en el asiento, Madison llamó pronto a un taxi. Mientras esperaba, el silencio la estaba volviendo loca, y más luego del bochorno con los condones.
-¡La Ilíada! -mencionó de pronto.
-¿Disculpa?
-El libro que estás leyendo. -dijo mirando a su regazo.
-Oh, sí. -se limitó a decir y volvió su vista al edificio.
«Vaya, el chico no es muy hablador» pensó Madison.
-¿Qué tal está? La verdad siempre lo quise leer.
-Está bien.
«Ok, deja de intentarlo, claramente no quiere hablar contigo». Pensó Madison dejando de buscar conversación con él.
Para su alivio, el taxi no tardó mucho en llegar.
-Bueno, ese es mi taxi. Fue agradable esperar contigo, que tengas buena noche -se despidió poniéndose de pie y alisando su traje.
-Oye -antes de subir al taxi, el chico la llamó-, siéntate detrás del chófer, si intenta secuestrarte, ahórcalo desde allí -dijo guiñando un ojo-. Oh bueno, quien sabe... tal vez puedas usar esos condones antes de que caduquen -no se resistió a bromear.
-Ja, ja, eres comediante. Pero gracias por el dato, iré por la opción de sentarme detrás del chófer -le guiñó un ojo de vuelta y él por fin sonrío dejando una hermosa dentadura a la vista.
Sin más, se fue a casa.
«Que hermosa y atrevida». Pensó Enko.
¿Cuándo en su vida había visto a una mujer así? Tal vez nunca. Esta mujer gritaba respeto y elegancia por cada uno de sus perfectos poros. Sintió celos del hombre que pudiera usar esos condones.
-Déjate de estupideces. -se regañó así mismo. Estaba en una misión, tenía que centrarse.
Al cabo de unos minutos, por fin había movimiento dentro del edificio, el ascensor estaba bajando. Retomó su posición inicial, con el arma oculta detrás del libro, disparó.
Alguien llamó a la puerta de Enko. Se levantó de la cama e indicó que pasaran.
-¿Cómo fue todo, hijo mío? -preguntó su padre quedándose en el umbral de la puerta.
-Objetivo cerrado.
-Escuché que hubo retrasos.
-Sí, tardó más en salir de lo que nos habían informado. Pero al final, el resultado fue el mismo.
-Sabía que tú eras el adecuado para este trabajo. Solo tú eres capaz de disparar a esa distancia a un ascensor en movimiento sin fallar.
Enko no dijo nada, los halagos de su padre ya no significaban nada para él. Toda una vida complaciendo a ese hombre y ya no significaba nada, estaba cansado de ser su títere.
-Bueno, has cumplido con éxito todas tus misiones. Te demostraré mi amor dejándote una semana libre. Espero los disfrutes y descanses. Salió de su habitación.
Las visitas de su padre siempre le incomodaba, pero al menos esta vez le había concedido un merecido descanso. Una semana completa solo para él. Él y sus pensamientos que ahora se desarrollaban con la imagen de aquella hermosa mujer. Tomó el libro de su mesa y lo abrió.
La pícara y distraída mujer había dejado su identificación olvidada debajo del asiento, seguramente perdida cuando dejó caer su bolso.
-Madison de Freites. -saboreó su nombre en sus labios. ¿Quién era esta mujer?
Sin poder resistirlo, tomó su computador portátil y tecleó su nombre. Veintiocho años de edad, abogada, sin historial delictivo, calificaciones admirables, huérfana a la edad de diecisiete años.
De pronto sintió que un hilo tiró de él, quería conocerla. Tan opuestos y parecidos a la vez. Él tenía treinta años, sin historial delictivo registrado, calificaciones inalcanzables en su campo, huérfano a la edad de un año.
Sí, tenía que conocerla. El programa de su computador le daba toda la información que necesitaba de ella; dirección de habitación y trabajo. Y en su favor, la excusa perfecta para buscarla, su identificación perdida.
-Madison despierta, llegó el strippers que solicité -el grito de su mejor amiga, Jess la sacó de su sueño.
-¿De qué estás hablando?- preguntó medio dormida.
-Hay un Dios griego en la puerta buscándote.
-Ya deja de balbucear, Jess.
-Amiga que debes despertar, alguien te busca. Apresúrate, te está esperando en la sala.
-¿Quién?
-¡No lo sé! -gritó y salió corriendo de la habitación.
¿Quién demonios podría ser que Jess no conociera? Literalmente toda la vida social que tenía, eran conocidos de Jess.
Se levantó, se miró al espejo, recogió su cabello en una cola de caballo y sacudió sus mejillas un poco para no parecer recién despierta y salió a recibir a su visita.
Jess la esperaba afuera con una menta que introdujo en su boca de golpe y le dió un impulso hacia la sala.
- ¡Ve pronto!
¡Pero qué escándalo!, Para su sorpresa era aquel chico de la parada de autobuses. Agradeció mentalmente a su amiga por la menta.
El chico iba vestido de negro nuevamente, pero no llevaba lentes ni gorra esta vez. Su cabello era tan negro como su ropa, y sus mejillas lucían un color que dejaba claro que llevaba mucho sol.
-Hola, lamento despertarte -dijo el chico apenas la vió y sonrió. -. No pensé que una abogada despertara tan tarde en sábado -dijo mirando su reloj que marcaban las 10:30 am.
-¿Cómo sabes que soy abogada? Creo que no lo mencioné. Y no solo eso... ¿Acaso me seguiste? ¿Cómo llegaste a mi casa?
-Buenos días también para ti Madison -dijo acortando la distancia entre ellos-, pero comprendo. El chico desconocido que viste en la parada de autobuses de pronto está en tu departamento, es extraño. Sin embargo, tengo una buena excusa que me salvará de que no llames a la policía.
Sacó debajo de su brazo la Ilíada y buscó entre las páginas.
-Olvidaste esto cuando cayó tu bolso -dijo extendiendo su mano hacia ella ofreciéndole una tarjeta.
Madison la tomó y vió que era su identificación. «Definitivamente soy una estúpida» se declaró.
-¡Oh! Muchas gracias, no te hubieras molestado.
-No era ninguna molestia -sonrió dejando al descubierto un hoyuelo en su mejilla izquierda. «Eso no estaba allí anoche» pensó Madison, o tal vez si, no se había percatado.
-Además, tenía que venir a asegurarme de que el taxista no te hubiera secuestrado -bromeó.
De pronto Madison notó que parecía otra persona, ya no estaba tenso ni serio. Ahora este chico sonreía y se mostraba amable, y por un momento su corazón se aceleró.
-Lindo panda, por cierto -dijo mirándola de arriba abajo-, en definitiva el blanco es tu color favorito ¿verdad?
Madison se percató de que llevaba puesto su pijama de traje completo de panda. ¿Por qué siempre se humillaba frente a él?
-¡Caray! No noté que llevaba puesto esto, que vergüenza -dijo cubriendo su cara.
-No hay por qué avergonzarse, creo que le haces justicia a los lindos y fieros pandas-se burló- . Soy Enko, por cierto -dijo ofreciendo una mano que ella estrechó.
-Un gusto Enko, soy Madison. Agradezco nuevamente por que hayas traído mi identificación, en definitiva a veces soy una torpe.
Ambos rieron.
-Yo también me quiero reír, compartan el chiste por favor -dijo Jess apareciendo de pronto con su gran sonrisa.
-Oh, Enko, esta es mi amiga Jess, Jessica, pero todos le decimos Jess.
-Tú también puedes llamarme así Enko, es todo un gusto.
-El gusto es mío, no me esperaba encontrarme está mañana con dos osos fieros -bromeó de nuevo mirando el conjunto de cuerpo completo de Jess de un oso de polar.
-Si bueno, que te digo Enko... Anoche fue noche de locas -dijo rodeando con el brazo a su amiga.
Madison cubrió su rostro en vergüenza. En definitiva, Jess no sabía comportarse frente a un chico. Bueno, ella era ingenua si esperaba que su amiga se comportara alguna vez en su vida, a veces dudaba de que también fuera abogada.
-No le hagas caso, Enko -dijo quitando el brazo de su amiga de encima- de nuevo te agradezco que hayas sido tan amable en devolver mi identificación. En agradecimiento, si quieres puedo prepararte un café ¿Te apetece?
-Por supuesto, aún está temprano. -sonrió.
-Ups, creo que eso no se va a poder -intervino Jess-, el último poco de café que quedaba lo usamos haciéndonos una mascarilla anoche.
Enko rió a carcajadas.
-¡Vaya! Realmente fue una noche loca.
Madison se sentía tan avergonzada. ¿Qué estaba pagando ella que estaba siendo avergonzada por el universo constantemente?
-Bueno, Enko... Creo que sí ambos quieren tomar café deberías invitarla a tomar uno afuera -insinuó Jess.
Madison le dedicó una mirada taladrante a su amiga por su atrevimiento. Siempre la metía en este tipo de situaciones. La amaba, pero la odiaba por eso.
-Creo que es una gran idea Jess. Si Madison quiere, claro.
-Sabes, creo que es una buena idea, necesito un respiro de ella y su noche loca -Jess fingió estar ofendida-, pero yo invito. Al final soy yo la que está agradecida.
-Entonces acepto la invitación.
-Dame un momento para arreglarme, ya vuelvo -se excusó seguido de dirigirse a su habitación.
Madison y Enko estuvieron hablando todo el rato, conociéndose un poco. Él se burló de ella cuando le dijo que era fan de la música instrumental.
-¿En qué parte de la canción cantas? -se burló.
-Eso es lo genial, es el momento de callar y dejar que la melodía nos haga sentir. Es hermoso.
-Por supuesto -dijo poniendo cara seria-, yo me la paso escuchando todo el tiempo los rins de mi teléfono -rió.
Madison dió un pequeño golpe juguetón a sus costillas pero por un momento vió en su rostro dolor. Sabía que no lo había golpeado fuerte, debía estar bromeando.
-Bueno bueno, dejemos de burlarnos de mi por un momento -dijo dando un último sorbo a su café.
-¿Qué hay de ti?
Nuevamente, tensión en su cuerpo, pero se recuperó rápidamente.
-¿Qué quieres saber?
-Oh, ¿jugaremos a eso? -dijo Madison con picardía- ¿puedo preguntar lo que quiera? -Enko le ofreció una sonrisa en respuesta- Bien, por donde empezamos -fingió pensar-, ¿cuántos años tienes?
-Tengo treinta.
-Oh, qué alivio que no seas menor que yo. Luces más joven.
-¿Dices que tengo cara de niño? -fingió ofenderse.
-Sabes que no, pero tu piel es tan perfecta que no pareces tocar los treinta. Es bueno que no seas menor que yo.
-¿No sales con menores?
-No, pero tampoco digo que estemos saliendo.
-Me disculpo por mi atrevimiento. Pero ya que estamos... ¿Estás saliendo con alguien?
-No, no ando con nadie ni tengo novio ¿y tú?
-Lo mismo, no salgo con nadie ni tengo novio.
Madison rió.
-Y ¿novia? -El negó con la cabeza.
-Me sorprende que no estés con nadie-comentó Enko-. Los condones en tu bolso me hicieron pensar otra cosa.
Madison lo odió por hacerla recordar su vergüenza, pero entendió que estaba molestándola y miró nerviosa al rededor del café con temor de que alguien hubiera escuchado.
-¿Qué tiene de malo? Una mujer debe estar preparada también.
-¿Me estás diciendo que estás pescando un revolcón?
-¿Qué? ¡No!- negó indignada.
-Oye no te ofendas, pero me dices que no tienes novio, que no sales con nadie, y sin embargo, llevas condones contigo que imagino tienes planes de usar, si no buscas una aventura no sé qué más pensar -dijo levantando las manos en señal de rendición.
-Bueno, ya conociste a la joyita de mi amiga Jess, ella los metió en mi bolso para la "suerte".
-No te han dado mucha suerte pues, aún están allí.
-Por favor ya deja de molestarme con el asunto de los condones -dijo tapando su cara avergonzada-, me estás matando.
-Lo lamento -rió- es lindo ver cómo te sonrojas.
Madison mordió su labio inferior pero no dijo nada. Estaba nerviosa. Este apuesto chico le acaba de hacer un cumplido, se sentía como en las nubes, el chico de la estación era otro a este, en definitiva. No puedes ser un cara de culo una noche y al día siguiente un galán encantador. Sacándola de su nube de pronto sonó su teléfono.
-Lo siento, dame un momento -se disculpó y descolgó la llamada-. ¿Diga?
Enko se recostó en el asiento y no apartó la mirada de ella. Estaba terminando su helado de café, cosa que le pareció a Madison muy infantil pero tierno de su carácter. Lo saboreaba de forma infantil igualmente, pero su mirada mientras recorría su cuerpo no era nada infantil. Sus ojos la devoraban con una pasión sofocante que no la dejaba concentrarse en la llamada, constantemente lamía sus labios mientras la miraba. Tanta era la intensidad de su mirada que ella empezó a sentirse excitada. Diablos, ¿cómo podía afectarla de ese modo solo con verla?
-¿Disculpa, qué? - Salió de pronto de su nube erótica cuando creyó escuchar algo de la persona que la llamaba.
-Sí, lo que oíste -dijo su compañera de trabajo Martha-. Anoche asesinaron al señor Farrell. No se sabe qué es lo que pasó. Al parecer alguien lo asesinó en el ascensor, le dieron un disparo en la cabeza. Lo que no se sabe es cómo pasó eso si él iba solo en el ascensor.
-Lo que dices no tiene sentido, Martha.
-Lo sé, es una locura pero es lo que es. Tú fuiste la última persona en verlo con vida. Me sorprende que la policía no te haya llamado aún.
-Me estoy enterando por tu boca. No... No puedo creerlo.
-Bueno, para que sepas. Probablemente en cualquier momento la policía se comunicará contigo. Cerraron el edificio y están haciendo investigaciones. Es terrible... Bueno, tengo que dejarte, ahora hay un montón de cosas que tengo por hacer. Adiós.
-¿Está todo bien? -preguntó Enko apenas Madison colgó la llamada.
-Si... Bueno, no. No lo sé, me acaban de decir que mi jefe está muerto. Al parecer fue asesinado tiempo después de que yo me fuera del edificio.
-Guau, lo lamento mucho.
-Esto no parece real. Él... Él estaba actuando muy extraño, por eso anoche me tuve que quedar arreglando unos papeles, pero... No lo sé, esto está raro.
-Lo siento. ¿Estás bien? Estás un poco pálida.
-Si, si... Oye, ¿tú no habrás visto algo no?
-¿Qué? ¿Qué dices?
-El edificio, el edificio frente a la parada de autobús, en ese edificio trabajo, allí mataron a mi jefe. Parece que alguien le disparó estando dentro del ascensor.
Fue el turno de Enko de quedarse pálido.
-Enko, ¿viste algo? Tú te quedaste en la parada.
-No, cuando te fuiste yo también me fui. No vi nada, poco después de tu partida ví mi teléfono y tenía un mensaje de mi amigo y entonces me fui seguido de ti. ¿Qué dice la policía?
-No lo sé, aún están investigando. Fue asesinado en el ascensor, pero no había nadie con él ahí que pudiera haberlo hecho.
Madison se quedó pensativa y consternada. Enko hizo lo mismo, pero en su caso, estaba nervioso. Había dejado un cabo suelto.
-Lo siento pero tengo que irme -se disculpó Madison al borde de las lágrimas y temblorosa.
-Está bien, entiendo -se recompuso- déjame acompañarte a tú departamento, estás muy alterada.
Al salir del café, el silencio los invadía. Ambos estaban sumidos en sus pensamientos. Enko más que todo.
Había asesinado al jefe de la chica que le gustaba. Y ahora se estaba relacionando con ella, ella había sido testigo de su presencia en la parada de autobús, cuando la policía calculará el ángulo de donde pudo haber sido disparada la bala, corría el riesgo de ser acusado, había un testigo, ella. Ella tenía sus huellas marcadas en su identificación. Si había alguien inteligente detrás del caso, seguirían las pistas y llegarían hasta él. Nunca en sus doce años de ejercer, había cometido un error, nunca había dejado un cabo suelto. Ahora, el cabo suelto era una chica encantadora.
Enko golpeaba con frenesí el saco de boxeo mientras sus pensamientos lo taladraban a mil por hora.
Había fallado. Se había expuesto. Y no podía "atar" el cabo suelto. Mejor dicho, no quería. ¿Qué iba hacer?
-Hermano -lo llamó Lucían-, Nuestro padre quiere verte.
¿Se habría enterado de su falla? No, estaba siendo paranoico. Nadie más que él sabía lo que había pasado.
-¿Dijo para qué?
-Pff, ¿desde cuándo nuestro padre nos da explicaciones?
-Tienes razón, Lucían -admitió lo estúpido de su pregunta-. Gracias por avisarme.
Recogió su toalla y limpió el sudor de su cara. Mientras se alejaba del gimnasio, podía escuchar los puños de Lucían azotando el saco e imagino como le golpeaban cada uno de estos golpes.
-¿Padre? -llamó ya en la puerta, su hermano mayor y eterno rival, Marco, estaba recostado en el umbral de la puerta. ¿Lo había convocado a él también?
-Está atendiendo una llamada, ahora nos atiende.
-¿A ti también te ha llamado?
Marco lo miró de soslayo y lo ignoró. Típico de él, toda la vida Marco había ignorado a Enko por que éste siempre lo superaba en todas las pruebas de entrenamiento. Enko lo quería, quería a todos sus hermanos adoptivos, pero nunca se había ganado el cariño o el respeto de su hermano mayor.
Su padre, un banquero y empresario multimillonario, había adoptado a veinte huérfanos. No es que fuera un hombre muy bondadoso, no. De hecho, era el peor hombre que Enko había conocido en su vida. Su padre, había adoptado a todos estos niños en su beneficio, creó su propia escolta y asesinos a sueldo. Este hombre adoptaba niños pequeños, entre tres años de edad o máximo una edad de cinco años, para que no tuvieran recuerdos anteriores. Los únicos recuerdos que quería que conservarán, era de él como su padre. Moldeando las mentes de todas estas pobres criaturas con la excusa de amor de padre.
Marco había sido el primer adoptado con dos años de edad, él había sido su primer experimento, por cinco años moldeó la mente de este niño, cuando vio que estaba funcionando, el siguiente en ser adoptado fue Enko con un año de edad, un bebé en brazos a penas, pero para su padre, solo una navaja más que afilar. El tercero fue Lucían, él tenía 3 años cuando por fin lo llevaron a la mansión, pero él no fue adoptado, fue como un regalo para el multimillonario por parte de una amiga que no quería abortar ni ser madre, apenas nació, fue entregado a su padre y su verdadera madre desapareció.
Así sucesivamente fueron adoptados diecisiete huérfanos más, los padres de cada uno de ellos habían fallecido, este era el requisito principal para adoptar pues, cuando crecieran, no tendrían padres a quien buscar para conocer. Adoptó finalmente a diez niños y diez niñas. Eran siete hombres adultos y cuatro mujeres adultas que ya estaban en acción. Los únicos en la mansión de esos adultos eran los cinco mayores; Marco, Enko, Lucían, Vanessa y Sam. Los restantes ocho adultos en acción, estaban alrededor del mundo haciendo el trabajo sucio para su padre. Los nueve restantes de todos los huérfanos adoptados, aún estaban en entrenamiento en la mansión. Sin embargo, su padre no paraba de buscar niños súper dotados para continuar creando su ejército personal.
Su padre decía "la lealtad no se compra, por eso no pago guarda espaldas, la lealtad se forja, por eso los amo como a mis hijos". Cosa que solo era un dicho, este hombre no sabía nada del amor y menos del ser padre. Ir por el mundo adoptando huérfanos de cualquier país para criarlos como tus asesinos personales, no era amor de padre.
-Pasen mis muchachos -se escuchó a su padre desde el interior de la oficina.
-¿Si, padre? -dijeron Marco y Enko al unísono. Esperando las órdenes de su padre como buenos soldados.
-Marco, tengo una misión para ti, es simple. Solo tienes que ir a visitar a un amigo en España y enviarle mis saludos. Y Enko, sé que te di esta semana libre, pero es un trabajo simple y rápido, asistirás a tu hermano mayor si es necesario.
Marco apretó los dientes molesto, no necesitaba la ayuda de Enko.
-Si me lo permite, padre -empezó a hablar Marco- creo que puedo hacer este trabajo solo.
-¿Eso crees?
-Sí, padre.
-Oh...mmm. ¿Desde cuándo tienes permiso de creer?
Marco se puso más tenso aún. Estaba prohibido dudar, juzgar, preguntar y sugerir sin ser pedido por su padre.
-Si digo que Enko te asistirá, lo hará -continuó su padre con dureza.
-Lo siento, padre -dijo Marco bajando la cabeza.
-Y te perdono, hijo. Ahora, les enviaré lo que necesitan a su computador. Los quiero listos en dos horas. Pueden retirarse.
-Gracias, padre -dijeron ambos al unísono.
Mientras salían Marco le lanzó una mirada asesina a Enko.
-Más te vale no estorbar, gusano -lo amenazó y continuó su camino a su habitación.
Enko ignoro todo, pero le dolía. Siempre quiso tener en él el hermano mayor que él mismo era para el resto de sus hermanos menores, pero esto jamás había sido posible. Como los dos mayores, siempre estuvieron en constante competencia. Ambos se esforzaban por complacer a su padre y no ser castigados, esa rivalidad los llevó a la enemistad.
Dejando todo el sentimentalismo de lado, se preparó para la misión. Lo que quería decir su padre con " mandar saludos a su amigo" era una amenaza más golpiza. No sabían por qué su padre les mandaba a hacer esto, usualmente cuando mandaba saludos, enviaba un mensaje que probablemente le había dado a Marco. Como estaba prohibido preguntar, se limitaba a cumplir.
-Aún no puedo creer que el señor Farrell esté muerto. Y que yo fui la última en verlo con vida -decía Madison a su amiga Jess-. Me pregunto ¿por qué la policía no me ha contactado si yo fui la última en verlo con vida?
Madison no estaba tranquila, estaba muy inquieta luego de que volvió de la cafetería. Pasó el día encerrada en su habitación hasta que su amiga Jess logró hacerla hablar en la madrugada pues, ninguna podía dormir.
-Amiga, comprendo tu consternación pero ¿por qué insistes en el tema? Es lo mejor del mundo que la policía no te tenga bajo su mira.
-No lo entenderías.
-Entonces intenta explicarme -pidió Jess mientras daba un largo sorbo a su vino.
-Veras, el señor Farrell me pidió que me quedara por que necesitaba decirme algo sin tecnología de por medio. Se supone que el día de mañana debía ir a su casa donde me iba a entregar un sobre cuyo contenido desconozco solo dijo "tú eres la única que lo puedes guardar, de esto depende mi vida" -imitó.
-¿Te dijo eso y no te dijo que era? Es absurdo, si de eso dependía su vida debía decirte el contenido por si pasaba algo.
-Sí, pero tal vez, él pensó que tenía más tiempo. Además, nunca me dijo que necesitara asesoramiento legal, no, literalmente me dijo que yo debía guardarlo. Cómo si debía mantenerlo escondido como un secreto. De hecho me dijo que no podía decirle a nadie que yo lo tenía.
-Eso sí está raro. Suena como una póliza de seguro para su vida solo que... -pensó un poco lo que tenía que decir -No pudo terminar el trámite. ¿Crees que el señor Farrell haya estado metido en líos? Tal vez tenía información de alguien importante y lo usaría como chantaje.
Madison prestó atención, no podía negar que su amiga era muy inteligente, lo que decía tenía sentido solo que... Jamás podrían saber eso.
-Lo único que debes hacer -continúo Jess- es decirle todo esto a la policía. Aclarar que no sabías el contenido, que el señor Farrell quería que tú escondieras un sobre por él -miró a Madison y aún estaba nerviosa-. Por favor cálmate, la ignorancia es tu mejor arma. Si, fuiste la última en estar con él, pero... ¡Recuerda las cámaras! -se le ocurrió de pronto- Allí debe estar registrado cuando abandonaste el edificio.
-¡Eso no me convierte en inocente Jess! -gritó Madison alterada- la bala fue disparada fuera del edificio -recordó a su amiga la nueva información de las noticias, ya habían deducido que la bala vino del exterior del edificio.
-Bueno ok -subió las manos en señal de rendición-, ya no se qué decirte para calmarte, pero si la policía no te ha contactado es una buena señal, eso sí lo sé.
-¿Quieres acompañarme mañana al edificio?
Jess puso los ojos en blanco.
-Y aquí vas a meterte en la boca del lobo. Te acompañaré, pero al medio día debo irme a ver a una clienta, ahora, intentemos dormir un par de horas.
Madison no pudo encontrar el sueño, su mente daba vueltas y vueltas hasta que de pronto pensó en Enko, él era testigo de verla marchar en un taxi. Al menos tenía como probar su coartada, en caso de que la acusaran.
Enko... Quería volver a verlo y no tenía modo de contactarlo.
Cuando el sol salió y partieron al edificio donde trabaja, se toparon con el paso cortado. Ella explicó que podría ser de ayuda para la investigación y sin embargo los policías la mantuvieron alejada.
-Si necesitamos algo de usted, señorita De Freites, la llamaremos. Por ahora, manténgase alejada. Hablamos con el socio del señor Farrell y quedó en comunicarle a todos los abogados del bufete cuándo retomarían el trabajo.
No había nada más que hacer allí, resignada pero aliviada de no estar en la mira, se fue tranquila a su departamento a dormir, lo que la angustia le había impedido durante la noche.
-Estoy cansado de ti -soltó Marco molesto-. Tu misión era quedarte callado y no intervenir mientras yo actuaba.
Iban en el jet privado de regreso a Alemania luego de entregar el mensaje en España. Marco estaba furioso con él con buenos motivos pues, al principio Enko había permanecido callado pero cuando su hermano golpeaba al socio de su padre y le daba el mensaje, intervino.
-El próximo serás tú si vuelves a subestimarme, de ahora en adelante espera ser leal a mí o morirás como Farrell. A mi nadie amenaza.
Enko apartó a su hermano de un empujón al escuchar tal información. Este hombre estaba relacionado con Farrell, debía hacerle unas preguntas y descubrir por qué su padre lo había enviado a matar.
-¿Qué era lo que tramaban contra...? -no podía mencionar el nombre de su padre.
-Piedad, por favor -suplicó el antiguo amigo de su padre- . Fue un error, solo queríamos amenazarlo para sacarle un poco de dinero, él sabía que nosotros teníamos información....-un puñetazo de su hermano Marco lo había derrumbado
-¡Jodido inútil! El único autorizado para hablar soy yo. -con su hermano aún en el piso, decidió dar por terminado el mensaje y con un último golpe, noqueó al sujeto.
Enko se había incorporado y enfrentaba a su hermano con la mirada, sabía que lo que había hecho estaba mal, pero no se pudo contener al saber que las misiones estaban conectadas.
Necesitaba saber por qué había matado al jefe de Madison, su cabo suelto. Nunca en su vida había estado tan nervioso y solo buscaba respuestas para luego solucionar su error. De pronto Marco lo apuntó con el arma.
-¿Qué haces? -preguntó Enko colocando las manos en alto.
-¿Qué haces tú jodido inútil? ¿Desde cuándo haces preguntas? Sabes lo que te hará padre cuando le diga ¿no?
Sí que lo sabía y estaba arrepentido de haber actuado como lo había hecho, pensó que tal vez debió volver luego y sacar información a golpes pero no se pudo resistir en el momento, había actuado por mero impulso y roto las reglas de su padre, Marco no guardaría su secreto y muy pronto estaría encerrado y siendo castigado.
-Lo lamento, por favor baja el arma.
Marco dejó de apuntarle y se abalanzó contra el con otro puñetazo mientras sujetaba el cuello de su camisa.
-Vuelves a actuar por voluntad propia y me encargaré yo mismo de que tu existencia en este mundo termine -amenazó Marco a centímetros del rostro de Enko.
-¿Qué carajos está pasando aquí? -entró alguien de pronto, el hombre era de seguridad. Genial, lo que les faltaba, ahora debían salir peleando de allí, lo había jodido todo.